Davos
en Nueva York*
GUILLERMO DE LA DEHESA**
Parece
una contradicción en términos, un pueblecito aislado entre montañas
trasladado a un gran hotel en medio de Manhattan, pero es la realidad
de este año tan capicúa que comenzamos. Por primera vez, desde
su existencia hace 21 años, existían dudas sobre si celebrar este
año el Foro Económico Mundial en Davos, dados los problemas crecientes
de seguridad y coste que esta reunión imponía a las autoridades
del Ministerio del Interior suizo, especialmente en estos últimos
años de grandes manifestaciones de los movimientos antiglobalización.
Los ataques terroristas del 11 de septiembre hicieron mucho más
fácil la decisión. Se celebraría en Nueva York para demostrar
la solidaridad del Foro con el pueblo de EE.UU., y el lema fundamental
de la reunión de este año mostraría el nuevo escenario que ha
surgido tras dichos ataques: ‘Haciendo frente a la fragilidad:
estrategias para recuperar el crecimiento y la cooperación globales’.
Evidentemente,
después de casi una década de auge sostenido, hemos pasado, como
una exhalación, a un tiempo de incertidumbre e inseguridad, del
que casi nadie parece poder escaparse. Esta nueva situación crea
fuertes tensiones. Entre el imperativo de la lucha contra el terrorismo
y la necesidad de proteger los derechos humanos, la privacidad
y la libertad individual. Entre la urgente necesidad de incrementar
la seguridad ciudadana y la importancia de no usarla para reducir
o eliminar el imprescindible movimiento de personas, mercancías,
servicios, capitales y tecnología de todos los países del mundo,
que son las bases sobre las que se ha sustentado este periodo
de mayor auge y bienestar. Entre la mayor dedicación a los problemas
nacionales y la necesidad urgente de tomar una acción seria, por
parte de los países ricos, para resolver los problemas de muchos
países en desarrollo, cuyo futuro depende de que se termine de
liberalizar el comercio agrícola y de manufacturas intensivas
en mano de obra, de que se reduzcan las ingentes subvenciones
agrícolas, de que reciban mayores volúmenes de inversión directa
extranjera y de que se dediquen mayores porcentajes del PIB a
la ayuda a la salud, a la educación y a la reducción de la pobreza
en estos países. Entre la necesidad de volver a una senda de crecimiento
rápido y dar urgente atención a los problemas del cambio climático,
de las emisiones de CO2, de la bioética, de la deforestación,
etcétera. Las mismas tensiones están experimentando las empresas,
que tienen que compaginar su logro de beneficios para dar una
rentabilidad suficiente a los accionistas, con dedicar cada vez
mayores esfuerzos y recursos a hacer frente a su responsabilidad
comunitaria y social, a su comportamiento ético, y a dar igualdad
de oportunidades a la diversidad cultural, étnica y de género
de sus empleados.
Éstos
son algunos de los asuntos que discuten en Nueva York los líderes
empresariales, políticos, científicos, sociales, mediáticos y
artísticos de muchos países del mundo. El éxito creciente de este
Foro radica en que ha sido el primero que ha conseguido reunir
a grandes empresarios, gobiernos, políticos, científicos, pensadores,
artistas, representantes de los medios y, en general, de toda
la sociedad civil -en un solo sitio y una vez al año- para discutir
cómo hacer frente a los retos que enfrenta el mundo. Se le puede
tachar, sin duda, de elitista, ya que son unas mil grandes empresas
las que son miembros y las que lo financian, y el resto de los
que acuden lo hacen por invitación; pero, aparte de que, lógicamente,
intenta contar con las mejores cabezas en cada tema, como en cualquier
conferencia o simposio, tiene que haber unos patrocinadores que
permitan financiar los costes fijos y la presencia del resto de
los invitados (salvo que sean ejecutivos de empresas o políticos),
que son los que aportan su experiencia, sus conocimientos y sus
diferentes puntos de vista. Por otro lado, la reunión tiene que
tener un aforo limitado, que ya se ha excedido con creces, para
que pueda dar lugar a un verdadero debate. Finalmente, el Foro
permite tener contactos y fácil acceso a una serie de personas,
en un solo lugar, que costaría mucho tiempo y dinero poder contactar
en sus países de origen, lo que lo hace mucho más eficiente y
atractivo.
El
hecho es que cada año tiene una mayor demanda por parte de nuevos
miembros e invitados, porque los temas que se suscitan en los
debates son más candentes y globales, y las personas a las que
se invita son más diversas y con puntos de vista más dispares
y los debates son más interesantes. Es decir, se va notando una
mayor apertura a tener en cuenta las opiniones de otras personas
y movimientos que pueden tener intereses muy diferentes e ideas
muy dispares sobre cómo hacer frente a los problemas mundiales
y cómo lograr, en definitiva, un mundo mejor para todos.
*Artículo
publicado en el diario español “El País”, el 3 de febrero de 2002,
examen lo reproduce por el interés que encierra para nuestros
lectores.
**Presidente del Centre for Economic Policy Research.
