ENTREGO UN PARTIDO RENOVADO: DULCE MARÍA SAURI

La jornada que hoy nos convoca tiene un significado muy especial en la historia de México y en el devenir ideológico y programático de nuestro partido: se cumplen 85 años de haber sido promulgada nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Es un hecho que el PRI es el partido que mejor ha honrado nuestra Carta Magna y el que más empeño y esfuerzos ha comprometido por verla plenamente cumplida. Por eso hemos querido que este 5 de febrero sirva no sólo para rendir homenaje a nuestra Constitución y para honrar su espíritu democrático y federalista, sino para saludar la instalación de nuestro Consejo Político Nacional, máximo órgano permanente de gobierno del PRI. .

Nuestro Partido fue, como la Constitución Mexicana, resultado y expresión del movimiento revolucionario de 1910. Pensada y escrita, la Constitución, para regir los destinos de nuestra Nación, correspondió al PRI, en cada una de sus tres etapas, luchar por su reconocimiento y respeto en todos los espacios de la vida pública; pugnar porque todas las instituciones fueran construidas y sobre todo, trabajar para hacerla realidad.

La historia del México moderno y la actuación del PRI corren paralelas, porque desde el Gobierno nuestro partido buscó responder a los reclamos populares de tierra, de empleo, de educación, de abasto seguro, transporte y comunicaciones, de servicios de salud, de energía para el consumo familiar y para el desarrollo del país; supo ser el partido popular que construyó el entramado institucional para garantizar un desarrollo con justicia y libertades; el partido nacionalista que resguardó nuestra soberanía y ganó el respeto internacional para México.

La historia de nuestro Partido, lo decimos con orgullo, es la crónica del cambio en México, del ejercicio del poder con sentido social, de la construcción de la democracia, con acceso al desarrollo para todos. La historia de nuestro Partido es la lucha por el cumplimiento pleno de nuestro lema: democracia y justicia social.

El partido de nuestros abuelos, el Partido Nacional Revolucionario, fue, en su momento, promotor incomparable de instituciones nacionales. Correspondió al Partido de la Revolución Mexicana, al partido de nuestros padres, dar nuevo impulso a las reivindicaciones nacionales y populares, en medio de un mundo en guerra. El PRI, nuestro partido, el de las mujeres y los hombres de ahora, el de los campesinos y trabajadores que luchan por una vida mejor, ha sido y es el Partido que necesita México para alcanzar el desarrollo y materializar las aspiraciones de los mexicanos.

Por eso decimos que el cambio ha sido, históricamente, la divisa del PRI.

Cuando perdimos la elección presidencial, muchas voces se alzaron anunciando la inminente división y desaparición del PRI. Se decía que el PRI no era un partido auténtico y que no podría sobrevivir sin el respaldo presidencial. Incluso hubo quienes también creyeron que la debacle era insalvable, y otros que, arrastrados por el oportunismo, se prestaron a realizar labor de zapa al PRI.

Pasaron semanas y luego meses y el PRI no desapareció ni entró en crisis terminal. Por el contrario, los priístas nos mantuvimos unidos y trabajando, concretando cambios con arrojo y con talento. Han sido, sin duda, tiempos muy difíciles. Ahora es momento de decirlo. Nadie, mejor que yo, sabe lo que costó mantener vivo y unido al PRI.

Y aquí me apresuro a decir que no fue logro de una persona, resultado del esfuerzo de un grupo, ni tampoco obra de uno o de muchos comités. No. Fue la voluntad y determinación de las y de los priístas la que nos permitió cerrar filas y demostrar el papel fundamental que juega el PRI en la vida democrática del país; fue la decisión y el reconocimiento de muchos ciudadanos, incluso no militantes, lo que permitió revalorar a nuestro partido como una pieza indispensable para la estabilidad social y para el desarrollo político plural y equilibrado de México.

El PRI sobrevivió a una fuerte crisis y, para hacerlo, tuvimos que cambiar. Pero no decidimos cambiar sólo para sobrevivir. Cambiamos para servir mejor a la sociedad; cambiamos para ser un partido auténticamente nacionalista, esencialmente popular, definitivamente federalista, decididamente democrático. Cambiamos para ser opción real de poder, para defender el proyecto de Nación que nos hemos dado las y los mexicanos. Cambiamos para cumplirle al pueblo de México, para poder culminar pronto la tarea que dejamos pendiente en la Presidencia de la República.

El proceso de renovación que nos impusimos los priístas tuvo uno de sus momentos culminantes el pasado mes de noviembre con la XVIII Asamblea, la más numerosa y representativa, la más abierta y plural, en suma, la más importante que haya tenido el PRI en su larga y fructífera existencia, por los temas allí tratados, por las decisiones que allá tomamos.

Y aquí estamos, ahora, renovados, fortalecidos, más dispuestos que nunca a sacar adelante el proyecto de Nación que nos identifica y une a los priístas y que nos distingue de otros. Aquí estamos, cumpliendo uno de los mandatos más importantes de nuestra Asamblea y respondiendo a la exigencia de renovación que nos ha hecho la sociedad mexicana.

El mandato de la 18 Asamblea fue ampliar en cantidad y en calidad la representatividad de nuestro Consejo Político Nacional. Las bases del partido votaron para que se abriera y democratizara el procedimiento para elegir a los miembros del Consejo Político Nacional.

Al instalarse este Consejo Político Nacional contamos con un órgano colegiado, electo democráticamente, que habrá de gobernarnos en esta nueva etapa. Estamos hablando de una instancia integrada por mil 142 delegados y delegadas, que son todos ustedes, compañeras y compañeros, que sabemos que representan a todos los sectores y organizaciones, que lo mismo son dirigentes que militantes de base, que vienen de todos los estados y del Distrito Federal, de los municipios, de los comités seccionales del país. Saludo la participación de todos los priístas y felicito a los nuevos integrantes del Consejo Político Nacional.

Nuestro máximo órgano de Gobierno, constituido de manera permanente, está integrado por igual número de mujeres y hombres, con una tercera parte formada por jóvenes hombres y mujeres de todo el país. ¿Qué otro partido en México puede dar muestra similar de coherencia política y de compromiso con la democracia?

Ningún partido ha abrazado la democracia como el PRI.

Ningún otro partido ha convocado a una Asamblea Nacional en un proceso de amplia participación ciudadana.

Ningún partido está en estos momentos renovando su dirigencia en un proceso amplio y abierto como lo está realizando el PRI.

Ningún partido ha abierto espacios a mujeres y jóvenes como lo hace el PRI.

Ahora bien, es importante que, juntos, reflexionemos acerca del contexto que nos ha acompañado en la elección de este CPN. Ésta ha tenido lugar en un momento que puso a prueba una vez más la unidad del Partido. Estoy segura que el CPN que hoy inicia sus actividades va a trabajar de inmediato en las acciones e iniciativas que nos permitan responder con mayor energía a quienes intentan dividirnos, a quienes desean un PRI dócil, que no oponga resistencia a los afanes gerenciales y privatizadores del actual gobierno.

Lo que era una nueva Constitución el 5 de febrero del 2001, por la mañana de hoy fue la actualización de la Constitución, mismo propósito, palabras semejantes, misma intención por parte del Gobierno, del Gobierno Federal. Mismo propósito, misma intención, mismo compromiso del Partido Revolucionario Institucional con la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

En unos días más habrá de elegirse a la fórmula que encabezará el Comité Ejecutivo Nacional en los próximos cuatro años, que deberá tomar posesión el día 4 de marzo, cuando celebremos el 73 aniversario de la fundación de nuestro Partido. También esta elección se hará de manera directa y abierta, entre los militantes y los simpatizantes del PRI. ¿Qué otro partido en México es capaz de practicar la democracia como lo hacemos en el PRI? ¿Qué otro partido se atreve a consultar a la sociedad y está dispuesto a escucharla y a servirla como lo hace el PRI?

Estamos trabajando en el terreno de los hechos. La gente sabe, empieza a percibir que el PRI está cambiando para mejorar. Así lo han hecho saber los mexicanos y las mexicanas que con su voto, el año pasado, en quince elecciones realizadas en catorce entidades del país, los candidatos del PRI obtuvieron poco más del 42% del total de votos emitidos, 12% más que los votos obtenidos por nuestro más cercano contendiente.

La gente es sensible a nuestro compromiso; comprende y simpatiza con la renovación del PRI. Empieza a ver a nuestro partido como un aliado, como uno de los recursos más importante de que dispone para hacer frente a los excesos y a los abusos del Gobierno Federal. Ahora la gente empieza a valorar el sentido social que les conferían y les confieren los gobiernos priístas a las políticas públicas y a las grandes decisiones nacionales.

Los mexicanos empiezan a reconocer la diferencia que hay entre una administración gerencial y un régimen nacionalista y popular. Ahora es que los mexicanos y las mexicanas entienden que el cambio —el cambio que propone este gobierno— no implica, necesariamente, mejoría.

Obviamente, un partido renovado y con apoyo creciente de la ciudadanía, un partido que sabe ser oposición porque sabe cómo gobernar, un partido como el PRI no puede ser bien visto, ni resulta cómodo para un gobierno cuyo ejercicio del poder está plagado de incongruencias y desatinos; un gobierno que no sabe gobernar o que, definitivamente, no quiere gobernar en beneficio del pueblo.

Por eso nos atacan. Por eso urden campañas difamatorias e intentan, una y otra vez, mejorar sus índices de popularidad a costa del PRI o de los gobiernos priístas. No es casual que los ataques al PRI sean perfectamente directos, a la caída en popularidad del Presidente de la República. Lo hemos dicho en repetidas ocasiones y lo reafirmamos ahora: el PRI respaldará toda acción o iniciativa en contra de la corrupción, pero exige de las autoridades apego a la ley y cumplimiento puntual de las normas que nos rigen. No aceptamos, ni aceptaremos, que se utilice la procuración de justicia como arma política o como recurso partidario. Como firmantes que somos del Acuerdo Político para el Desarrollo Nacional exigimos al Gobierno del Presidente Fox respeto, cordura y apego a la ley.

Por cuanto a los rumores y a las llamadas «filtraciones» de canalización y uso de dinero ilegítimo hacia el PRI, en la pasada contienda federal, he sido y seré categórica: el PRI presentó al IFE, en tiempo y forma, un informe detallado de sus finanzas, del origen y destino de los fondos utilizados en la contienda electoral del año 2000. Dicho informe es veraz: el PRI no recibió recursos extras ni manejó fondos distintos a los reportados.

Los ataques y las campañas en nuestra contra no deben desviarnos de nuestra tarea fundamental: defender el proyecto de nación que pone al México libre, soberano, progresista y con justicia social, por encima de cualquier interés de grupo.

El PRI continuará respaldando las causas de las mujeres y hombres del campo; las reinvindicaciones por mejores salarios y condiciones de trabajo justas para las y los trabajadores; las aspiraciones de los padres de familia de contar con empleos seguros, bien remunerados, y educación y servicios sociales de calidad; la esperanza de los jóvenes de encontrar oportunidades de educación y trabajo; el deseo de todos los mexicanos de caminar con seguridad por nuestras calles y encontrar en el sistema de justicia un verdadero dique al crimen y a la impunidad; y la exigencia de que el gobierno hable con la verdad y con apego a la ley y no se esconda en eufemismos y haga uso de simulaciones para elevar el precio de los servicios públicos o para promover reformas que atentan contra la soberanía de la Nación.

En esto radica la fuerza de nuestro partido, en la defensa de nuestro proyecto de Nación que, como hace 85 años, se nutre de las aspiraciones más sentidas de la sociedad mexicana.

Compañeras y compañeros consejeros:

Dado el calendario de eventos en los que se halla involucrado nuestro Partido, ésta será la última ocasión en que pueda dirigirme a un grupo tan amplio y tan selecto de priístas de todo el país, en mi calidad de presidenta del Comité Ejecutivo Nacional.

Una vez conformado e instalado este Consejo Político Nacional, nos resta a este Comité acompañar y apoyar las elecciones locales en Quintana Roo e Hidalgo y la culminación del proceso de elección interna de dirigentes, a efectuarse el próximo 24 de febrero.

Quiero agradecerles, de todo corazón, haberme conferido el alto honor de dirigir a mi partido, a nuestro partido, durante este lapso de 27 meses, etapa crucial para la vida del país y para la vida del PRI. Agradezco en todo lo que vale la confianza que en mí depositaron, el respeto que me han concedido y el respaldo y la solidaridad brindadas. He desempeñado el cargo con entrega, al límite de mi capacidad y sin otro interés que el de servir a mi país a través de mi partido.

Entregaré un partido renovado, optimista, un partido que ha sabido sacar enseñanzas de su derrota y que está dispuesto a recuperar el respaldo mayoritario del pueblo mexicano, el pueblo al que se debe. Un partido, además, con finanzas sanas.

Me corresponderá entregar al próximo presidente o a la próxima presidenta del CEN un partido renovado, plenamente democrático, un partido que ha descentralizado sus tareas y sus decisiones y al que resta por renovar, con los mismos criterios democráticos y participativos, con que se integró este órgano de gobierno nacional, los correspondientes estatales y municipales.

Si algún comentario o recomendación pudiese hacerles a mis compañeros y compañeras en esta nueva etapa sería en el sentido de ser más tolerantes y más respetuosos, lo mismo entre nosotros que con relación al Partido. Es hora de que dejemos de ver como enemigos a quienes no piensan como nosotros; ha llegado el momento de entender que no ayuda a navegar quien se afana en hacer hoyos al casco de la embarcación. Tengamos presente que el PRI ha sido ejemplo nacional de madurez, tolerancia y pluralidad. De ahí la transición de la que algunos quisieran excluirnos. No tengamos miedo de decirlo, y menos aún de practicarlo. Tolerancia, madurez, unidad.

Como organización política hemos avanzado mucho en los caminos de la democracia y en la aplicación de sus procesos; nos falta fortalecer aún más nuestra cultura democrática: una cultura que nos permita asumir que en la democracia se gana y se pierde. Cuando se gana, no avasallar al contendiente, tener la grandeza de honrar y reconocer al que perdió; cuando se pierde, tener la modestia para reconocer nuestras deficiencias y el orgullo necesario para superarlas.

Me siento muy satisfecha de dejar instalado este Consejo Político Nacional y de hacerlo desde un Comité Ejecutivo Nacional que ha demostrado -y hablo por todos los que han pertenecido a él en este complejo periodo- haber antepuesto siempre el interés del partido a cualquier otra consideración. Me siento orgullosa de pertenecer a un partido capaz de renovarse en unidad, capaz de engrandecer el impulso histórico que le dio origen; capaz de responder plenamente a los reclamos de una sociedad que aguarda su liderazgo para alcanzar un mejor futuro.

Espero, deseo fervientemente, que el proceso de elección de dirigentes que está en marcha concluya satisfactoriamente y que redunde en beneficio del PRI, de nuestra unidad y de nuestra fortaleza política. A ustedes, a las y los integrantes del Consejo Político Nacional y a la próxima dirigencia, a la que ustedes deberán guiar y acompañar, les deseo ventura y buenos resultados; buenos resultados para el PRI que implican, no tengo duda, buenos resultados para México.

¡Qué viva el PRI!

*Mensaje de la Presidenta del Comité Ejecutivo Nacional en la Sesión Solemne de instalación del Consejo Político Nacional, Auditorio “Plutarco Elías Calles”, 5 de febrero de 2002.