La
Política...
salida histórica de este momento en el país
VICENTE H. GRANADOS SEPTIÉN*
1°
de diciembre del 2001. Un año de alternancia, un escenario
de mucho ruido y pocas nueces en el país, en el que sólo
la política puede ser cauce para lo que hoy está
viviendo México. Por ello, ahora, las tres principales
fuerzas políticas se aprestan a renovar a sus dirigencias;
ponen al quehacer político como el camino para definir
el rumbo, intentan construir las soluciones que reclama la sociedad
mexicana.
Un
PAN que, aunque de manera tardía, intenta crearse un distintivo
ideológico la democracia cristiana. La definición
evitará que esta fuerza política y el mismo régimen,
continúen moviéndose de manera ambigua, borrosa
y confusa; contribuirá a que caminen con mayor claridad
y objetivos precisos, desde el cuerpo de ideas y propuestas de
la democracia cristiana.
Un
PRI, que después de una insólita XVlll Asamblea,
alcanza la condición de sujeto de pleno derecho en la Internacional
Socialista. Un partido que se define ahora como centro democrático,
aunque algunos de sus grupos, cercanos al foxismo, lo definan
como de centro.
Un
PRD, que en palabras de Rosario Robles, se define como un partido
democrático de centro izquierda, como una fuerza sui generis
de partido socialdemócrata.
Cada
una de estas fuerzas vive un serio proceso de recomposición
y una fuerte competencia interna por su liderazgo; con toda una
cesta de prospectos y con posturas cada vez más claras,
frente a la sociedad mexicana de este principio de siglo y milenio.
En
paralelo, un gobierno federal montado en el optimismo, aún
cuando se le reduce su tiempo, como para poder hacer algo y preparar
su salida en el 2006. Un régimen que sigue hablando de
un país con el que no se identifican las grandes mayorías
sociales, con un discurso que ignora las condiciones sociales
y el quiebre de expectativas de los grandes grupos de la sociedad,
cuando habla de la crisis económica; y, que en materia
política, parece omitir las condiciones en que se desenvuelven
hoy las fuerzas políticas, las cuales están construyendo
los escenarios de la elección del 2003 y sus respectivas
posturas y fuerzas.
¿Por
qué tanta desilusión en el gobierno de la alternancia?
¿Por qué se empeña el régimen en creer
que todo va bien? ¿En qué funda su optimismo? ¿Cuál
será la salida histórica a este estado de cosas?.
Ahora, las principales fuerzas se reconstituyen y anticipan todos
los tiempos en el tiempo.
Estamos
frente al sexenio más breve de la Historia del país.
No
obstante los reveses políticos en este primer año
del sexenio, muchos de ellos autoinflingidos, el optimismo excesivo
del Presidente y del gabinete sólo despiertan suspicacias,
temores: ¿Qué traerán bajo el gabán?
¿Será la carta del hiperpresidencialismo? o ¿No
será que intentarán actuar al margen de las reglas
vigentes del servicio público mexicano, de ahora en adelante?.
El
pecado original del gobierno del cambio, está arraigado
en el mito que ha dominado la imaginación de muchos de
los empresarios mexicanos y de muchos de sus ejecutivos y empleados:
es creer, por principio, en la superioridad de la empresa privada
en relación con el Estado. La euforia del mensaje: los
empresarios al poder, sólo puede causar sorpresa
entre los mexicanos; pues la experiencia mexicana, tan llena de
empresarios ineficientes, los cuales, periódicamente,
han sido rescatados por el gobierno; y, además, cuando
un gran número de ellos, sólo son administradores
de empresas extranjeras, sólo nos provoca desconfianza.
Más aún, es incomprensible que ahora se nos siga
prometiendo un gobierno con eficacia empresarial, en este primer
aniversario de la alternancia.
El
mito ha dado origen a las estrategias políticas del régimen
y éstas han sido diseñadas en el mundo de la mercadotecnia,
la idea de que los ciudadanos somos consumidores a los que
hay que vender un producto y éste está constituido
por las decisiones políticas del gobierno en el que
la política es un mercado en el que se venden productos
de calidad variable, envueltos en buenas presentaciones y una
buena propaganda; muy negativa para el gobierno, no sólo
porque de ella se deriva la discrepancia entre lo que ofrece y
lo que entrega, discrepancia ante la cual los funcionarios mantienen
la suprema indiferencia del vendedor, una vez salida la
mercancía, no se admite reclamación, sino
porque además lo ha llevado a privilegiar la publicidad
por sobre la política, como medio de la tarea gubernamental.
Además,
el régimen ha estado actuando a partir de otra premisa,
falsa también, de que la presidencia mexicana es una institución
imperial y, por ello, ha querido ejercerla de esa manera, con
su propio estilo; una y otra vez se ha enfrentado con las instituciones,
las leyes y un complejo entramado social, que fueron las que les
dieron forma a muchas de las decisiones de sus antecesores. El
régimen parece no haber visto que los márgenes de
discrecionalidad se han venido acotando y normando desde hace
más de dos décadas.
Igualmente,
otra opinión falsa, es pensar que el triunfo electoral
significaba la desaparición de los otros partidos; la realidad
ha mostrado que las otras fuerzas políticas se han recuperado;
y, en tanto, los publicistas del régimen sólo han
gastado, de más, la figura del Presidente Fox.
Parecería
que después de tantos años de luchas sociales y
sacrificios, el único avance real que hemos logrado está
en la construcción de un sistema democrático, que
parece proclive a entregar el poder no a quienes tienen los proyectos
que más beneficien al país, sino a quien más
capacidad tenga para comprarlo, a través del uso indiscriminado
de los medios electrónicos; y, ahora, cuando hay asuntos
que generan tensiones graves en la sociedad como son los de la
seguridad nacional, los derechos humanos, entre otros, los cuerpos
militares ocupan los principales puestos en las estructuras de
la procuración de justicia. Con esa concentración
de poder, no es descabellado pensar que la defensa de los derechos
humanos y la investigación de los desaparecidos de la guerra
sucia, puedan quedar reducidos a una más de las campañas
publicitarias.
Transcurridos
los primeros doce meses del cambio, podemos decir que el régimen
y el sistema de partidos, discurren de manera paralela; además,
en el caso de su propio partido, el PAN, los flancos conflictivos
se localizaron desde la integración del gabinete ni
totalmente panista ni a tono con las expectativas panistas;
luego, el conflicto de Chiapas particularmente en la fase
de la reforma constitucional, y, finalmente, en la reforma
fiscal y el presupuesto.
Las
otras dos grandes fuerzas políticas, el PRI y el PRD, enjuician
severamente a la administración de la alternancia. Hoy,
las fuerzas políticas se dedican a sentar las bases de
la disputa de la intermedia. El tiempo del régimen se achica,
se reduce y/o se pospone para después del 2003.
10
de diciembre del 2001.
Un
breve apunte respecto a cada una de las principales fuerzas política,
en su recomposición. En el PRD, Rosario Robles ya definió
su postura, reconoció que la competencia está afuera
de los aparatos, que se tiene que hacer de frente a la Nación
y en abierta confrontación con el gobierno de Fox y de
frente al PRI.
Se
definió de centro democrático de izquierda, reconoció
a la globalización, pero asumiéndola desde el Estado
Nación. Y, respecto a la competencia en el PRD, propuso,
se deberá de dar en torno a un Proyecto Histórico
de Nación. Hizo un llamado a sus potenciales contendientes,
para debatir con altura, las ideas y las diferentes propuestas.
Sostuvo
que México necesita un poderoso partido de izquierda, una
verdadera alternativa política, comprometido con la equidad
y la democracia. Cuestionó al régimen actual, cuestionando
sus esquemas gerenciales y antipopulares, su falta de contenido
social y su desconocimiento de las raíces, la identidad
y las aspiraciones del pueblo mexicano. Criticó los resultados
del primer años de gobierno de Fox y delineó el
tipo de partido que le gustaría encabezar.
Afirmó
que la izquierda y el PRD tienen una invaluable oportunidad para
convertirse en la fuerza política mayoritaria, con capacidad
de dar rumbo al país, en el 2003 y en el 2006.
Enfática
delineo los trazos de un nuevo partido: ni clientelar, ni de cuotas
de poder; y, que para estar a la altura de los retos, el PRD,
necesita una transformación profunda, una nueva política
de cara a la sociedad; un partido de ciudadanos, ajeno a las formas
corporativas y clientelares, un partido de todas y de todos.
Planteó
que la principal aliada de esta lucha será la sociedad
una izquierda tolerante, solidaria y participativa, compartiendo
las luchas sociales y políticas de México
y, ofreció tener un diálogo respetuoso con el gobierno
federal, sin abandonar los principios.
Al
PRD no le será fácil resolver, con credibilidad,
su recomposición. La campaña a la que se ha visto
sometida Rosario, socavó duramente sus aspiraciones y,
sin olvidar, que buena parte de ésa expresó la magnitud
de los enfrentamientos internos. El PRD está frente a las
dos caras de la moneda perredista: hablar de una izquierda social
y aspirar a ser una poderosa maquinaria político electoral
de signo socialdemócrata.
Hoy,
las diferentes corrientes políticas dentro del PRD, buscan
formalizar los acuerdos para elegir a su nuevo liderazgo.
En
el PRI, millones de votantes patentizan su fuerza; además,
los resultados de los escenarios regionales del 2001 revelan su
peso y su importancia. Pero esta fuerza política, en su
recomposición, enfrenta desafíos que tiene que resolver:
¿Podrá el ser otro, sin renunciar a su capital político;
discurrir en la democracia y la tolerancia y, ejercer con transparencia
el poder, en la gestión pública? El verdadero reto
está sí hoy puede levantarse con una nueva credibilidad:
democrática y tolerante.
El
problema está en la credibilidad, de tal manera que ésta
lo haga competitivo en las elecciones intermedia y la presidencial
del 2006. No puede pasar sí las cúpulas intentan
sólo un gatopardismo. ¿Cuáles son las fuerzas
políticas priístas y los líderes que puede
alcanzar estatura como reformadores de la política y, al
mismo tiempo, del quehacer político del partido?.
Algunos
grupos están haciendo todo para hacerse del poder del partido
aún cuando son más de lo mismo, de lo ya conocido
y, sin autoridad moral frente a la militancia, sin reunir las
condiciones de la credibilidad.
A
otros no les resulta nada fácil aventurarse en esta disputa,
pues el reto es mayúsculo, tanto como superar las inercias
presentes en el partido y sacudirlo; el modernizarlo en forma
democrática; y, sólo así, alcanzar la credibilidad
y la coherencia política frente al electorado de la nación.
Enfrentar los muchos intereses creados, los enormes anclajes fuerzas
e intereses que obstruyen los cambios y que luchan por mantener
al partido con un pie en el pasado y, otro, a punto de tocar tierra,
pero sin llegar, todavía.
El
dilema: ¿Hacia donde se inclinarán la mayoría
de los intereses y fuerzas? ¿Estarán dadas las condiciones
para generar una fuerza hacia un verdadero cambio, romper los
nudos de la incomunicación, desatar las trabas y avanzar
hacia los grandes cambios? ¿Se ventilarán en las
plazas públicas y en las calles los asuntos de la Nación,
encarando a ésta, a sus ciudadanos, para encontrar en el
diálogo nacional, el encuentro con el Proyecto de Nación?
¿En quien recaerá la mayoría del voto priísta?.
Algunas
de estos grupos, es probable, traerán aparejada la mayor
crisis de credibilidad del Partido. No alcanzar la presidencia
en el 2006 y, probablemente, tampoco la mayoría de la Cámara
de Diputados en el 2003. Parecería ser esa su ventaja en
esta alternancia, aún cuando significa la más profunda
desventaja para el PRI.
Además,
con liderazgos políticos autoritarios y pragmáticos,
que no se detiene en consideraciones de ética política
y capaz de movilizar enormes recursos materiales, la renovación
democrática del partido resultará poco esperanzadora.
Además,
lo más preocupante respecto a un grupo de esa naturaleza,
está en el impacto que puede llegar a tener en la propia
transición a la democracia del país. Significaría
el fortalecimiento de la derecha, del autoritarismo; por cierto,
éstas tendencias están presentes en la alternancia.
Cancelaría
las posibilidades del ajuste de cuentas con el pasado y el combate
real a la corrupción; asuntos, uno y otro, de gran importancia
para la consolidación de las instituciones democráticas
en este momento de la transición mexicana.
El
dilema lo viven hoy las otras fuerzas príistas y lo encarna
el propio PRI: podrá o no volver a alcanzar las grandes
mayorías sociales; que éstas le den el voto y lo
hagan volver a la presidencia.
Un PRI de cara al futuro, tiene que hacer de la vía democrática
una forma de vida, una actitud de respeto del gobierno para los
gobernados y, sobre todo, buscar la permanente mejoría
de los mexicanos.
La
dimensión del cambio es el tamaño del reto. Y, ahora
el PRI tiene la responsabilidad de consolidarse en forma democrática.
Los resolutivos de la XVlll Asamblea son significativos tanto
por la presencia de la militancia, como por la urgencia de defender
su derecho a expresarse y manifestar su voluntad.
Hay
quienes quieren minimizar el valor de la competencia en el PRI.
Quisieran tapar el sol con un dedo y apresurar una
resolución de unidad; argumentando que se está
confundiendo a la militancia, que se está complicando todo.
Son
los grupos que plantean que en el PRI no se tiene ninguna
propuesta alternativa frente a la que está haciendo Fox;
que intentan cancelar la posibilidad de que se coloque otro discurso;
que se asumen al lado del Presidente y advierten que el PRI no
podrá posicionarse como de centro izquierda, haciendo causa
común con la alternancia.
Afirman
que los priístas tienen una parte de responsabilidad en
la parálisis legislativa, pues no han propuesto agendas
alternativas y que los priístas tenemos que recuperar
nuestro centro perdido. Que sólo tiene que ser una
fuerza centro progresista, que continúe exigiendo las reivindicaciones
de tipo social, pero que concilien con la plataforma económica,
ya que tenemos que mantenernos en un mundo globalizado,
el cual se ha corrido hacia la derecha. Son los grupos que
pregonan las visiones de universos cerrados, con los que intentan
decirles a sus contrincantes: estas conmigo o contra mí,
pese a la Asamblea Nacional y a los resultados electorales del
PRI en el 2001.
El
proceso para renovar a la dirigencia nacional del PRI representa,
es cierto, un riesgo, pero, éste es y será la verdadera
prueba de fuego; la sociedad le cobrará en las urnas al
PRI sí éste no es capaz de acreditar en los hechos
su credibilidad.
En
el caso de la Asamblea del PAN, se privilegia la suma de esa fuerza
política al poder presidencial, frente a la discusión
frente a la sociedad y la presencia de ésta en la renovación
del partido. Se acomoda para recibir las luces del poder, para
proyectar a sus aspirantes a candidatos en cada entidad y, desde
esta posición, ampliar su capacidad competitiva.
EN
RESUMEN
la
sociedad espera que en la renovación de las dirigencias
de cada una de las fuerzas políticas, se ratifique la decisión
de fomentar la libertad e impedir los autoritarismos. Este primer
trimestre del próximo año será una muestra
de la voluntad social por recuperar la política, impulsar
el cambio democrático de México, fortalecer el sistema
de partidos, recuperar los valores éticos y conformar partidos
vivos, actuantes, responsables con los tiempos presentes.
Los
procesos democráticos permitirán un respiro, ampliarán
la vida política y agilizarán la dinámica
social; por eso, en términos generales y frente a los retos
en curso, este 2002 es fundamental en la recomposición
de la organización política que cada fuerza desea.
Las militancias, es bastante seguro, dejarán del lado a
los pragmáticos, a los improvisados y a las relaciones
de la complicidad, la corrupción, los compadrazgos y los
nepotismos. Las urnas, nuevamente, hablarán.
*Licenciado
en Ciencias Políticas y Administración Pública
por la FCPS de la UNAM. Periodista. Militante de la CNC; coordinó
el Programa Nacional «Campesinos en Campaña»
en 1994.
