Elecciones en Nicaragua y Honduras
ÉRIKA AMOEDO GARCÍA*

Nicaragua y Honduras, consideradas como dos de las naciones más pobres de América Latina concluyeron, tras varios meses de campañas, sus respectivos procesos electorales que culminaron con la elección de nuevos presidentes, vicepresidentes y legisladores.

Los grandes perdedores de estas contiendas fueron sin duda, Daniel Ortega del opositor Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y Rafael Pineda, del oficialista Partido Liberal de Honduras (PL), organización política que, tras 10 años consecutivos, tendrá que dejar el poder luego de haber ganado cuatro de los cinco últimos procesos electorales desde que se instauró la democracia en 1982 y perdiendo únicamente en 1989 frente a Rafael Callejas.

NICARAGUA

En el caso nicaragüense ha quedado en claro que el electorado no está dispuesto a permitir el retorno de los sandinistas y de Daniel Ortega al poder, quien perdió por una diferencia de 13.94% frente al candidato del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), Enrique Bolaños. Ni el cambio en el discurso, ni la imagen proyectada por el líder sandinista fueron suficientes para convencer a los nicaragüenses de que él y su partido representaban la mejor opción de gobierno, con lo que acumulan una tercera derrota electoral que se suma a la de 1990 y 1996, cuando perdieron frente a Violeta Barrios Vda. de Chamorro y el actual mandatario Arnoldo Alemán.

Si bien es cierto que las declaraciones de ciertos funcionarios estadounidenses infundieron temor y desconfianza entre el electorado, y que el sandinismo tuvo que hacer frente a una campaña orquestada en su contra desde el sector privado y la Iglesia Católica, también lo es el hecho de que el FSLN requiere desde hace varios años superar viejas posiciones y dar paso a nuevas ideas que aspiren al cambio para proponerse ante la ciudadanía como una verdadera opción plural y abierta.

Dos semanas después de la derrota, el FSLN realizó una asamblea de la dirección del partido para decidir el camino que deberán seguir en el futuro, por lo que acordó la realización de su próximo Congreso para marzo del 2002 en el que muchos esperan se dé lugar a una verdadera transformación, comenzando por el surgimiento de nuevos y renovados liderazgos.

Por lo pronto, el líder histórico Daniel Ortega, se perfila para conducir la bancada de su partido en la Asamblea Nacional o Parlamento con 37 diputados de un total de 92 escaños que lo conforman, en tanto que el actual presidente Arnoldo Alemán podría postularse para la Presidencia del Legislativo, ya que de acuerdo con una reforma constitucional aprobada en el 2000 entre liberales y sandinistas, el candidato presidencial que se ubique en segundo lugar de las votaciones y el mandatario saliente tienen asegurada una diputación.

El oficialista Partido Liberal Constitucionalista, que se aseguró más de 50 legisladores en la Asamblea Nacional, se encuentra en una pugna interna que ha dividido al partido en dos bandos representados por el presidente electo Enrique Bolaños y por el mandatario saliente Arnoldo Alemán, que puede ser un indicativo de lo que será el próximo gobierno de Nicaragua. Aunque las diferencias entre ambos no son nuevas, éstas se acentuaron después de que Bolaños expresara durante su campaña electoral su intención de castigar la corrupción, lo que incluiría una revisión del manejo público de funcionarios de la actual administración. Asimismo, Bolaños instó al mandatario a declinar su postulación para la Presidencia del Parlamento, pero éste la rechazó al argumentar que la elección de autoridades dentro de la Asamblea Legislativa es parte de la democracia.

De ser electo presidente del Parlamento, Alemán tendría que asumir su nuevo cargo el 9 de enero y su mandato al frente del Ejecutivo concluiría un día después, lo cual le impediría asumir la Presidencia del Legislativo, aunque ha asegurado que ya dispuso el nombramiento de un presidente transitorio, que renunciaría para cederle su puesto.

HONDURAS

Con relación a Honduras, el triunfo del empresario Ricardo Maduro, candidato del Partido Nacional (PN) sobre Rafael Pineda, del Partido Liberal (PL) demostró el cansancio de la población ante los graves problemas que aquejan a este país, en donde se calcula que el 80% de los 6.3 millones de habitantes viven en la pobreza, a lo que se aúnan los altos índices de inseguridad que desalienta la inversión e impide el crecimiento económico.

Este es el país que heredará el presidente electo Maduro, quien basó su campaña en mejorar la seguridad ciudadana y jurídica a través de un plan de “Cero Tolerancia” dirigido a restablecer la seguridad, limpiar la justicia, aplacar la delincuencia y el enriquecimiento ilícito, problemas que terminaron por debilitar a los liberales que a partir del próximo 27 de enero, fecha en que asumirá el nuevo gobierno, necesitará al igual que los sandinistas, llevar a cabo una seria autocrítica y comenzar un proceso de renovación y transformación para recuperar la voluntad de las mayorías a través de propuestas viables que permitan el desarrollo económico con equidad social, lo cual no sólo debe ser realizado por los partidos perdedores de las últimas contiendas electorales en Centroamérica, sino por el resto de las organizaciones políticas de la región.

La democracia latinoamericana necesita de instituciones y organizaciones políticas fuertes y rejuvenecidas para enfrentar los graves y urgentes problemas que nos aquejan con la participación de la sociedad, para que el voto no termine sólo en representación, sino en compromiso de todos desde el poder o desde la oposición.

*Socióloga. Secretaria Técnica de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (COPPPAL)