EL PRI NO ESTÁ MUERTO
ANDREA MANDEL-CAMPBELL*

Mark Twain, el escritor norteamericano, alguna vez escribió que los informes sobre su muerte habían sido exagerados. Lo mismo puede decirse del Partido Revolucionario Institucional. No mucho tiempo después de que perdió la presidencia el año pasado, después de 71 años en el poder, muchos predijeron que el partido que había gobernado un país por más tiempo que ningún otro en el ámbito mundial, rápidamente se transformaría en una mescolanza de campesinos, líderes sindicales, tecnócratas y comerciantes. Sin embargo el obituario fue prematuro. El partido, que realizará durante cuatro días una asamblea nacional para decidir su futuro, no solamente trabajó para permanecer unido, sino seguir siendo ser la fuerza electoral más importante del país.

No obstante que ha perdido cinco de las últimas seis elecciones para elegir gobernador, se ha incrementado el número de votos recibidos en el ámbito local entre 43 y 47 por ciento, y mantiene la mayoría en 20 legislaturas estatales. Aún controla 17 de las 31 gubernaturas y es el bloque más grande en el Congreso. Una encuesta realizada por el periódico Reforma el viernes 16 de noviembre, 54% de los encuestados creen que el partido se está recuperando y 48% piensa que “muy probablemente” ganará las elecciones presidenciales de 2006.

Las perspectivas de mejoría del PRI se deben a los esfuerzos concertados de algunos de los más respetables líderes legislativos, de ser un partido constructivo más que un partido de oposición reactivo. Ni siquiera han sido estigmatizados por las historias de escándalo y corrupción cometidos bajo su mandato.

El presidente Vicente Fox, esperando asegurar el apoyo del PRI en el Congreso para una serie de reformas controvertidas, ha sido muy cuidadoso de no mencionar la ropa sucia del partido. El PRI ha aprovechado esta situación controlando la agenda legislativa. “El PRI está en una situación muy cómoda, con fuerte poder electoral y fuerza política en el Congreso, gracias a Fox”, dice Guillermo Valdez, analista político de GEA, una empresa consultiva local.

Sin embargo el partido todavía no está fuera del bosque. Ha trabajado para mantenerse unido, dice el analista, evitando dificultades y potenciales decisiones divisorias respecto al liderazgo del partido, su estrategia política e ideología. En el pasado, cuando parecía que mantendría el poder de manera permanente, se apoyaba en el presidente, quien también era el líder del partido, dictaba las políticas, imponía la disciplina e inclusive elegía a su sucesor.

En su ansiedad por probar sus credenciales democráticas, el PRI, dicen sus miembros, tendrá la palabra en la toma de decisiones. Esto no será fácil. Los 11,700 delegados a la Asamblea deben construir una plataforma política que de alguna manera sea aceptada por los defensores del ala izquierda de la revolución mexicana del siglo pasado y los tecnócratas neoliberales. No obstante, el gran reto de la Asamblea será establecer reglas transparentes para el financiamiento de la campaña y los procedimientos electorales para elegir al nuevo liderazgo del partido el 24 de febrero.

Elegir al nuevo líder es crucial para revitalizar al partido y llenar un vacío de poder que han dejado los gobernadores del PRI, los líderes del congreso y los ejecutivos que luchan por el control. El único problema, dicen los observadores, es la falta de candidatos. “No hay nadie, es una tragedia”, dice Carlos Ugalde, maestro de ciencia política en el UNAM y simpatizante del PRI:

Pero mientras la combinación del viejo estilo de hacer política y el liberalismo económico puedan tener éxito en la unificación del partido, probablemente no se disipará la imagen de corrupción que tiene el PRI, dicen los analistas. Limpiar su imagen y atraer a los jóvenes son tal vez los retos más grandes que enfrenta el partido. Los miembros jóvenes admiten esconder su lealtad por miedo a las burlas de sus amigos y compañeros de trabajo. “Mis colegas me matarían si supieran que fui priísta”, acepta uno de los miembros.

A pesar de la fuerza electoral del PRI, continúa perdiendo apoyo entre los jóvenes y los trabajadores urbanos. Para muchos, la única forma de revertir la tendencia es que el partido pueda probar su voluntad para descartar a los hombres fuertes de la política en favor de reglas democráticamente establecidas.

*Financial Times, November 19, 2001. London Edition.