PRI:
TRANSFORMACIÓN EN RUTA
VÍCTOR MANUEL BARCELÓ R.*
La
18 Asamblea del PRI terminó sus tareas. Más de 11
mil líderes provenientes de todo el territorio nacional
pudieron demostrar que sabían bien lo que querían
y que el trabajo arduo de más de seis meses, conjuntando
ponencias y puntos de vista provenientes de los seccionales, los
sectores, los grupos, las mujeres y los jóvenes, era la
única forma real de transformación.
Empero
llegaron a las cinco sedes de la Asamblea, con la «espada
desenvainada» dispuestos a superar de un tajo los vicios
del pasado, cuando los documentos que se aprobaban, respondían
al «genio» de quienes interpretaban su sentir. Ahora
las cosas fueron bien diferentes, seguramente para bien del Partido
y del país.
Las
sesiones se iniciaron con un trabajo intenso para la elección
directa de las mesas directivas y no en cinco, sino en 23 tribunas.
Ahí, quienes tenían interés en participar
o eran impulsados por alguien, contendieron en igualdad de circunstancias,
con el simple reconocimiento de su presencia militante y su representatividad,
largamente buscada en sus estados origen. La elección se
hizo -por lo apasionado de los procesos parecía que se
jugaban una posición de poder- salieron electos quienes
mayor trabajo de proselitismo hicieron y tuvieron mayor reconocimiento,
y no hubo ninguna impugnación.
Las
mesas recibieron documentos, preparados por la Comisión
Nacional Electa de Predictamen, que trabajó sin descanso
por más de quince días incorporando todas y cada
una de las ideas presentadas, en todo el territorio nacional,
en miles de reuniones, referidas a las cinco mesas temáticas
y que habrían de ser base del impulso final realizado del
17 al 20 de noviembre.
Tampoco
ahí hubo plena confianza. Se revisaron cuidadosamente los
documentos y se dieron cientos de intervenciones para modificar
o clarificar textos, base para una nueva revisión de éstos,
en que trabajaron los redactores electos en las 23 tribunas, de
las cinco porciones de la Asamblea y miembros de la Comisión
Nacional de Predictamen.
El
resultado fue espléndido. Salvo casos de excepción
que se corresponden más con el oportunismo y lo protagónico,
todas las delegaciones se vieron y leyeron en los documentos finales
y, en casi todos los casos, fueron aprobados por aclamación.
Para unos era un milagro de la tarea realizada, para otros el
simple reconocimiento a la apertura, a la tolerancia de los cuerpos
directivos para que todas las voces se escucharan y todos los
puntos de vista formaran parte de los textos puestos a la aprobación
general.
Lo
que quedó escrito es la opinión definitiva de la
dirigencia nacional, ampliamente representativa y a todos sus
niveles, de: ¿Qué Partido Revolucionario Institucional
quieren?; ¿Cuáles son los compromisos con la sociedad
que defiende? y ¿Cómo, a su interior, se regirá,
sin depender de nadie en lo particular sino como consecuencia
de los consensos que se avancen en cada caso?
Fue
un amplio y abierto ejercicio para imaginar el futuro con viabilidad,
objetividad y compromiso con la sociedad. La madurez de todos
permitió acceder a consensos de gran importancia. Ahora
el PRI que no cambia nombre ni colores se renueva,
se conforma como una entidad progresista y de claro sentido social.
Esa
renovación lleva implícito el compromiso de impulsar
transformaciones en la Nación para que ésta avance
en un desarrollo económico sustentable con toda su
carga de transformación racional de los recursos y la vigilancia
del medio ambiente y se compagine con un desarrollo social,
en que se cumplan las expectativas en educación laica y
gratuita; en salud para todos; en derecho a preservar y acrecentar
la tenencia de la tierra; en vivienda, y en todos aquellos candentes
asuntos que provocaron la Revolución Mexicana, que sigue
siendo base y cimiento de la lucha política y social de
los mexicanos.
Se
pone énfasis en los documentos resultantes, en muy diversos
asuntos que acercan definitivamente al Partido con los grandes
núcleos de la población joven y con las mujeres,
quienes dicho sea de paso lograron con la apertura,
lo que sus compañeras de género no pudieron en otros
partidos nacionales: compromisos paritarios en toda la acción
partidaria y de gobierno y en la nominación en candidaturas
a todos los puestos de elección popular.
Los
jóvenes que también redactaron los párrafos
correspondientes serán pilar de las transformaciones
al interior y motivo de cuidadosa e intensa capacitación,
para que sus afanes de servicio a la sociedad, se reflejen en
posiciones de mando gubernamental y partidario, pero también
en postulaciones a cargos de elección popular.
El
entreveramiento generacional será sustento del Partido
que surge de esta Asamblea.
Ahora
queda la asunción de los pronunciamientos, la puesta en
marcha de los Estatutos, que tendrán su primera prueba
de fuego en la elección de la nueva dirigencia, en que
se esperan nuevos rostros e ideas, nuevas formas democráticas
de buscar el triunfo. Llevar a cabo dicha elección significa
poner en juego nuevos criterios inscritos en la Declaración
de Principios y empeños sociales señalados en el
Programa de Acción. Se trata de darle a los pronunciamientos
de ética partidista, amplia viabilidad de cumplimiento,
de utilizar el ejercicio eleccionario para enviar mensajes: de
lo nuevo, de limpieza, respeto a militantes y participantes; de
superación de aquello que motivó perder el comando
de la Nación y que ahora, con nuevas normas y principios
fortalecidos, estamos dispuestos a disputar. Ya lo dicen los documentos
renovados: «El interés más alto del PRI es
el de Nación Contra la nación nada». Entendámonos:
en la nación estamos todos.
Mientras
tanto, tenemos que avanzar en la oportunidad que tiene nuestro
Partido para montarse en la ola de inconformidad que deja una
administración bisoña, que, ofrece pocas expectativas
para la población, decepcionada de haber cambiado de caballo
a medio río. El PRI tiene enorme ventaja, lo demostró
en los procesos electorales recientes; cuenta con la confianza
espontánea de la mayoría, cosa que lo hizo un partido
fuerte y produjo hombres de Estado comprometidos con los objetivos
primigenios de la Revolución.
El
PRI es el único: que ofrece apoyo a la población
en la inserción de México a la economía global;
que puede no inclinarse ni a derechas, que otorgan privilegios
a minorías, ni a izquierdas que hacen imposible el desarrollo
y el reposicionamiento del país en un nuevo orden mundial.
Esta
actitud progresista es la que le recuperará, a ciencia
cierta, los sufragios populares que perdió.
Unidad
y adelante.
*Licenciado
en Economía. Diplomático y servidor público.
