UNA ASAMBLEA VERDADERAMENTE DEMOCRÁTICA
JULIO ZAMORA BÁTIZ*

Participación, pasión, entusiasmo, discusión, acuerdos, sensibilidad, unidad, nacionalismo, exaltación, son palabras que se agolpan al tratar de describir la décima octava Asamblea Nacional del Partido Revolucionario Institucional. Podríamos decir frustración, preocupación, desilusión y estaríamos describiendo las reacciones de muchos académicos, comentaristas, politólogos y políticos que durante meses anunciaron dramáticamente que esa gran reunión concluiría con el “choque de trenes”, la división del Partido, la disolución de la mayor fuerza política del país, el fracaso total de los esfuerzos renovadores de los priístas, Jesús Murillo Karam y Jaime Aguilar Álvarez, responsables de organizar la Asamblea, merecen amplias felicitaciones por el éxito logrado. Generaron una reunión verdaderamente representativa de la rica diversidad geográfica, social y generacional del Partido. Dulce María Sauri y Rodolfo Echeverría Ruiz lograron la concurrencia de los grupos, sectores y organizaciones del PRI en una decisión fundamental: discutir todo democráticamente, aceptar y acatar las decisiones mayoritarias y preservar la unidad del Partido. Son por ello acreedores a nuestro reconocimiento.

En cuatro días el PRI hizo un cambio fundamental. El partido estructurado para preservar el poder hegemónico se convirtió en un partido que desde la oposición procura ampliar las parcelas de poder que tiene y convencer a más votantes de que su programa de gobierno es mucho mejor entre las opciones de que disponen los ciudadanos. Mauricio López, el joven relator de la tribuna que discutió los estatutos lo dijo en feliz frase: “Entramos priístas a la Asamblea y salimos más priístas, con el mismo escudo, lema y decisión de servir a las causas populares”, pero el PRI es ahora un partido probadamente democrático, abierto a las alianzas, con procesos internos de decisión claros y transparentes, normados por reglas precisas que todos conocen y mecanismos para asegurar que se respeten.

Los entornos críticos del PRI, que desde julio del 2000 –y desde antes– proclaman la muerte del partido por el que votan más mexicanos, sufren hoy de confusión y vergüenza. ¿Cómo van a explicar en sus periódicos, emisiones radiales, conferencias y programas de televisión (que de todo eso disponen en mucho mayor proporción que los priístas) que sus predicciones tropiezan con la terca realidad? Tendrán que admitir que los priístas eligieron democráticamente a sus delegados, en número mucho mayor que cualquier otro partido. Tendrán que reconocer que participaron miles de mujeres y jóvenes, dos grupos sociales que –afirmaban– no aceptaban al PRI. Tendrán que aceptar los seudo expertos que mintieron al hablar de decisiones previas, dictadas por “X” o “Y” grupos o personas, respecto a los documentos que se discutieron; habrán de reconocer que las deliberaciones fueron amplias, libres y respetuosas. Estarán en la triste posición de admitir que se equivocaron y espero que tengan el valor de admitirlo públicamente, con la misma vehemencia con la que dudaron de la capacidad de los priístas para ejercer autonomía y democracia. Es imperativo, si son honestos, que reconozcan que hoy es el PRI el único partido político mexicano –y uno de los pocos en el mundo– comprometido estatutariamente con una auténtica igualdad de géneros y que la entrega a la juventud de una quinta parte de sus candidaturas es un avance social sin precedentes.

Las resoluciones priístas son material rico para análisis, que paulatinamente haremos. Se rechazó firmemente el neoliberalismo económico; se reafirmó el compromiso de preservar la función del Estado como moderador de los excesos del mercado y gestor de la justicia social; se democratizaron las estructuras de dirección y se ampliaron los mecanismos deliberadamente colegiados; se asumió público compromiso de defender los sectores energéticos, de salud y de educación de la privatización y que se refrendó el compromiso progresista, nacionalista y popular de la ideología del PRI.

*Economista. Exdiputado por el PRI. Embajador. Profesor en el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Nacional Autónoma de México.