UNA
ASAMBLEA PRECURSORA
RODOLFO ECHEVERRÍA RUIZ*
¿Qué
significado tiene la Asamblea Nacional del PRI? ¿Cuáles
son los avances esenciales de los trabajos desarrollados en sus
tribunas sobre principios y programa de acción?
La
muy reciente asamblea de la fuerza política mayor del país
constituyó todo un acontecimiento político. Pospuesta
por largo tiempo, discutida hasta sus vísperas, finalmente
se llevó a cabo. Y con una amplísima convocatoria,
por cierto. Fue electa una cantidad sin precedente de delegados.
La inmensa mayoría votados por dirigentes de base y militantes
del llano en el curso de asambleas democráticas, organizadas
desde las secciones y los municipios, los distritos y los estados.
Estos son algunos de sus rasgos principales:
1.
Es la primera que el priísmo celebra sin contar entre sus
filas con el Presidente de la República;
2. Es la más numerosa que haya celebrado partido alguno
en nuestro país;
3. Es la más representativa de los miembros de base del
PRI.
Es,
sin duda, la más participativa organizada hasta hoy. Y
no sólo en lo relativo a sus innumerables reuniones y procesos
previos mediante los cuales se prepararon las propuestas sometidas
a su consideración. Aludo, por supuesto, a sus días
culminantes. Casi 12 mil delegados expusieron puntos de vista
variopintos, explicitaron críticas nuevas y viejas y decidieron,
con su voto mayoritario, una serie de reformas rectificadoras
de prácticas y comportamientos anacrónicos. Ahora
habrá que explicarlas y ponerlas en marcha.
Con
mesura y sin triunfalismo debe resaltarse el carácter abierto
de la Asamblea. Atañe a un partido acusado de antidemocrático,
al que se le han imputado, a veces con razón, excesos de
disciplina y un acatamiento acrítico de la llamada línea»
o instrucción tonante, venida desde las alturas jerárquicas
del poder. El PRI ha sido criticado, y también con razón,
por no ofrecer a sus miembros de base, durante muchos años,
la oportunidad de expresarse con entera libertad, de discutir
en serio y a fondo y de tomar parte en la adopción de las
decisiones que les incumben. El cambio rectificador ha dado principio,
Ya era tiempo.
Ese
mismo partido, tan denostado, ha celebrado una asamblea en la
que no sólo no hubo línea, sino, por
el contrario y de manera descollante, una manifiesta rebeldía:
ante el menor indicio de imposición o directriz, viniera
de donde viniera. Ese mismo partido, tan denostado, ha celebrado
una asamblea en cuyo curso una abrumadora mayoría de integrantes
de su extensa base social, en representación de sus compañeros,
por igual militantes de a pie, expresaron de forma individual,
por cientos en cada lugar, por miles en el conjunto; su sentir
profundo y sus opiniones críticas.
De
igual modo, y no sin dificultades y dilaciones, eligieron sobre
la marcha y en cada lugar a quienes condujeron los debates. Y
votaron con entera libertad las resoluciones más adecuadas
desde su perspectiva mayoritaria. La esencia democrática
de la 18 Asamblea Nacional del PRI será memorable.
Pueden
y deben discutirse, están discutiéndose ya, y van
a discutirse con razón, y con muchas razones, las ventajas
y desventajas de esta suerte de mecanismos democráticos.
Lo que no puede regateársenos es el reconocimiento a la
esencia democrática de nuestra Asamblea.
Despliegue
de buena organización, respuesta a un desafío ineludible,
riesgo previsible y prueba alentadora y alertadora: atestígüelo
la sociedad y adviertan nuestros adversarios la significación
de una asamblea de hondo calado, de amplísima envergadura,
de múltiple espectro representativo, de origen fundamental
en las raíces del Partido y de participación intensísima
de los militantes genuinos de una base alérgica a las consignas
y, por consiguiente, libre y democrática.
Los
más vehementes de sus debates, las discusiones, más
apasionadas, se produjeron, ¡cómo no!, en la «Mesa
de Estatutos» celebrada en Veracruz: se ventilaron cuestiones
relativas al funcionamiento interno del Partido, a la integración
y origen de sus órganos de decisión; a los múltiples
criterios de selección y variados mecanismos de elección
y postulación de sus dirigentes y candidatos. En la tantas
veces heróica ciudad puerto se discutieron y votaron reformas
significativas: reflejan inquietudes de la militancia auténtica
y su frontal oposición a prácticas periclitadas.
Era urgente modificarlas o eliminarlas.
En
cuanto a los otros temas fundamentales de la Asamblea, los enfocados
a los principios y a los programas del PRI, más que debates
intensos, aunque muchos se produjeron con vivacidad y hondura,
se operó la confirmación y el desarrollo teórico
y práctico de algunos de los principios básicos
y de los programas sociales partidarios.
El
priísmo refrendó las grandes líneas ideológicas
del Partido: justicia social, libertades, democracia integral,
nacionalismo...
Esta
asamblea no supone el remedio a todos los problemas del PRI ni
tampoco ha sido la asamblea ideal. Fue, eso sí, un episodio
de intenso aliento democrático, de respuesta a quienes
sostenían que el PRI era un partido de cúpula sin
lugar para los militantes de base, hecho por y para las consignas
de los dirigentes, inercial y dividido.
Hemos
vivido un episodio precursor. Esta Asamblea no es puerto de llegada
sino punto de partida. Acaso el principio de un proceso de continuas,
difíciles e inaplazables mutaciones. Vendrán nuevos
debates y complejos procesos electorales. Contamos con mejor organización
y ánimo democrático renovado y enérgico.
Aún tenemos muchos problemas no resueltos. Hemos iniciado,
sin embargo, el camino de la rectificación. El PRI da comienzo
a una nueva etapa en el México nuevo.
*Secretario
General del CEN del PRI.
