EL
ÉXITO DE NUESTRA ASAMBLEA
GUSTAVO CARVAJAL MORENO*
La
18 Asamblea Nacional del Partido Revolucionario Institucional
mostró que es posible alcanzar la unidad, cohesión
y fortaleza de un partido que, después del 2 de julio,
muchos creían acabado.
La
militancia hizo valer su voz y plasmar sus decisiones en los estatutos.
Las bases determinaron qué instituto político quieren
en esta nueva etapa de la vida política del país
y derivado de ello, los priístas debemos conformar un partido
de avanzada, de gestión, que retome la defensa de las causas
populares y sociales, abandonadas en los últimos 18 años.
La
gran batalla la dieron las mujeres y los jóvenes, en base
a su empuje y su existencia real, lograron conquistar 50 y 30
por ciento, respectivamente, de las candidaturas a puestos de
elección popular. Ahora, no debemos engañarlos,
debemos cumplirles lo establecido, otorgarles opciones reales
de oportunidad y participación dentro del Partido si queremos
ganar en el 2003 y recuperar la Presidencia de la República
en el 2006.
El
PRI es un partido de todos donde caben los diferentes sectores
de nuestra sociedad independiente, con excepción de la
reacción. La vitalidad y fuerza de nuestro Partido quedó
demostrada en las 5 sedes regionales y en las 21 mesas de trabajo
donde todos los priístas que detentamos un puesto de elección,
nos sometimos a las decisiones de las grandes mayorías.
La
XVIII Asamblea no fue un traje a la medida de grupo alguno. Se
debe reconocer la labor del Comité Ejecutivo Nacional y
de quienes organizaron la Asamblea, al dar plena libertad de expresión
a los más de 11 mil delegados.
Después
del 20 de noviembre los priístas debemos olvidarnos de
problemas internos y buscar la unidad del partido. La elección
del próximo dirigente del PRI tiene que dejar a todos tranquilos,
debe prevalecer la conciencia de que la elección será
limpia.
Considero
que una salida es buscar una fórmula de unidad. En el nuevo
Comité Ejecutivo Nacional deben estar representados todos
los grupos, no debe ser una directiva de un solo equipo, de un
solo grupo, debe existir una cohesión muy fuerte, en torno
al dirigente que resulte electo.
Necesitamos
una dirigencia fuerte, con capacidad de liderazgo, como quedó
establecido en la Asamblea cuando la militancia acordó
no disminuirle facultades al Presidente del Comité Ejecutivo
Nacional, ni quitarle 70 por ciento de los recursos para asignarlos
a los Comités Directivos Estatales.
En
Veracruz propuse que 50 por ciento de los recursos se enviarán
a los estados y 50 fueran manejados por el CEN, debido a los múltiples
compromisos que el Partido tiene con la sociedad. ¿De donde
iba a sacar recursos el Partido para sostener a los sectores,
a las mujeres, a los jóvenes, además de la preparación
de la elección intermedia del 2003? Se debatió con
altura hasta altas horas de la madrugada, aceptándose dicha
propuesta.
La
reunión definió el rumbo del Partido, pero la discusión
no se agota, al contrario vienen tiempos de reflexión,
de unidad interna, de lucha para reafirmar nuestros principios
revolucionarios.
En
este nuevo siglo, en un mundo dominado por la incertidumbre respecto
al futuro, el PRI debe pensar seriamente en el relanzamiento de
la Revolución Mexicana, acorde con las demandas de hoy
y de mañana, porque la Revolución no termina si
aún persisten los problemas que la originaron.
La
renovación de la Revolución Mexicana debe combinar
nacionalismo e integración, soberanía e independencia,
eficiencia económica y justicia social, libertad y autoridad,
democracia pluralista y gobernabilidad.
El
PRI tiene que continuar y profundizar su papel al servicio de
los intereses de los que menos tienen. El Revolucionario Institucional
ha cumplido un papel histórico que no debe empequeñecer
las condiciones actuales. La institucionalización de la
Revolución, a través del PRI, le dio a México
estabilidad política y lo mantuvo al margen de los ciclos
militaristas que afectaron a América Latina y al mundo.
La
estabilidad política del país estimuló el
desarrollo económico, social y cultural de nuestro México.
Le dio prestigio internacional. Ahora, el PRI tiene la obligación
histórica de liderar la transformación que permita
la construcción de una sólida democracia multipartidista,
para los mexicanos.
La
formación de alianzas y coaliciones aceptadas durante la
asamblea priísta fue una medida atinada. Ahora, el PRI
junto con otras fuerzas políticas y las múltiples
expresiones de la sociedad civil de México, tenemos que
construir una democracia nuestra, mexicana, que recoja los principios
universales de elecciones limpias y periódicas, de división,
de autonomía, de equilibrio, de coordinación entre
las distintas funciones del Estado, de respeto a los derechos
humanos y a los poderes de la Unión.
El
PRI tiene una rica historia que hay que valorar, preservar y profundizar.
La sociedad que ha sido solidaria con nosotros, espera del PRI
un nuevo empeño y un nuevo avance, no la defraudemos.
*Presidente
del CEN del PRI del 8 de febrero de 1979 al 19 de marzo de 1981.
