LA
UNIDAD DEL PRI DESPUÉS DE LA 18 ASAMBLEA NACIONAL
FERNANDO ORTIZ ARANA*
La
XVIII Asamblea Nacional fortaleció la unidad del PRI. Lo
hizo, al actualizar los aspectos que sustentan la política.
En primer lugar, los principios que inspiran esta actividad y
que se enuncian en la Declaración correspondiente. Sin
principios la política pierde consistencia y rumbo, se
afirma en Visión de futuro.
Luego,
el Programa de Acción, que reúne la visión
que tenemos del país y los compromisos del partido para
convertirla en realidad. Una nación decidida a ocupar el
lugar que le corresponde en el mundo de la globalización,
soberana, justa, con menos desigualdades y mayores oportunidades;
un federalismo auténtico como instrumento del desarrollo
y el despliegue de las potencialidades regionales; una economía
que aliente la prosperidad de todos no sólo de unos cuantos;
gobiernos responsables y eficientes.
Los
Estatutos establecen las reglas de la política. Ahí
se garantiza que la democracia interna no da marcha atrás,
la pluralidad tiene cauces precisos, los órganos colegiados
son representativos, el partido se abre a las alianzas y el acuerdo
con otras fuerzas.
Esta
normatividad, cumplida y observada escrupulosamente, es la mejor
salvaguarda de la unidad priísta en lo diverso, activa,
constructiva e innovadora; una unidad que surge de la política
y en este terreno adquiere su pleno sentido.
Ese
es el significado del acuerdo para elegir la dirigencia nacional
durante el primer trimestre del 2002. La democracia, la apertura,
la pluralidad, el debate lúcido e inteligente, tendrán
que ser los rasgos de este proceso, a fin de que quien resulte
electo tenga la legitimidad y el liderazgo que el PRI requiere
en este momento, para prepararse a las elecciones legislativas
del 2003.
*Presidente
del CEN del PRI del 30 de marzo de 1993 al 13 de mayo de 1994.
