ECOS DE LA ASAMBLEA NACIONAL
GUILLERMO JIMÉNEZ MORALES*

- La Relación con otros partidos

Como seguramente ocurrió en las otras Tribunas, en la que tuvimos el privilegio de coordinar, el debate se dio a fondo y sin otras limitaciones que las establecidas por la normatividad a que toda la Asamblea se sometió.

Por eso los resultados no pudieron ser ni más importantes ni mayormente contundentes.

Se debe recordar que previamente en comités municipales y en reuniones de las organizaciones sectoriales, del movimiento territorial, de los organismos adherentes y con las mujeres y los jóvenes se habían discutido los grandes temas de la convocatoria y hecho señalamientos a la postre integradores del documento base para la discución de los delegados convocados.

Ya hablamos tenido noticia de cómo en prácticamente todo el país, los priístas reiteraron una y otra vez los agravios de las alianzas dirigidas en contra nuestra y tanto que, gracias a ellas, perdimos la Presidencia de la República y si no se hubieran dado -sostuvieron-, muchas gubernaturas no estarían en poder de la oposición.

Este mismo análisis antecedió a las deliberaciones que durante tres días nuestros delegados protagonizaron en Pachuca, de todo lo cual se definieron alcances y modalidades de nuestras relaciones con otros partidos, a saber:

En el ámbito social, para promover acciones de beneficio colectivo el único requisito –sostuvieron-, debía ser que los nuestros las promovieran y, en su caso, asumieran el liderazgo para su ejecución.

En lo parlamentario, se estudiaron las condiciones impuestas por la creciente pluralidad y las establecidas por los gobiernos divididos, que inducen, momento a momento, estrategias para los acuerdos y para los consensos.

Aquí las consideraciones fueron abundantes, y numerosas las experiencias de nuestros legisladores estatales y los de nivel federal; se concluyó en la necesidad de mantener relación permanente entre las dirigencias partidistas y los grupos parlamentarios para que todo acuerdo se inscriba en la perspectiva ideológica del Partido y en la línea del supremo interés de la nación.

Pero el grueso del debate se dio al estudiar las relaciones con otros partidos en materia propiamente electoral. Los delegados convinieron en establecer los siguientes principios previos:

Uno.- Que toda relación se dé sólo con los partidos afines o cerca nos a nuestro espectro ideológico.

Dos.- Que ninguna relación se produzca en contravención a la normatividad priísta.

Tres.- Que en ningún caso la relación se produzca de espaldas a la militancia.

Se abundó en que la nueva política de relación con otros partidos ni era producto de la debilidad, porque la ciudadanía no seguía apoyando con su voto, ni estrategia por ser partido de oposición; antes bien, efecto de la nuevas realidades políticas del país y del mundo, donde los acuerdos interpartldos son una creciente realidad.

Los delegados fueron sumamente cuidadosos de que sus conclusiones en el particular no sentaran la bases para llevar confusión al elector ni dar oportunidad a corruptelas, ni mucho menos a traición a los principios.

Por eso su extensa discusión acerca de la mecánica interna y de la autoridad que debiera, en su caso autorizarla, así como las demás modalidades con relación a candidaturas, cancelación, etc.

Capitulo especial mereció la deliberación de los acercamientos en el nivel del gobierno.

Se hicieron abundantes consideraciones sosteniendo que nuestra relación, en principio, deberla ser como lo que somos, es decir como partido de oposición, pues homologarnos al gobierno, ni nos beneficia, ni sirve a la administración, ni a la democracia; el criterio que finalmente se aprobó, fue en el sentido de convenir con el gobierno y su partido sólo en los casos en que sus pro puestas coincidieran con las nuestras o cuando fuera indiscutible el interés nacional al cual nunca deberíamos rehusar.

Sobre este particular se abundó en nuestra vocación de gobierno, afirmando que la nuestra no podía ser oposición contestataria a ultranza, sino viendo siempre por el bienestar y el progreso de la República.

Finalmente, no dejaríamos de señalar como los delegados hicieron énfasis en una cuestión de previo y especial pronunciamiento: se trata de la necesidad de convenir con los partidos más importantes del país, como ya hacen otros partidos en el mundo, una cuestión relacionada con la transhumancia partidista que entre nosotros ha adquirido dimensiones verdaderamente escandalosas y que ponen en evidencia ambición personal, subdesarrollo político.

Los convenios con los otros partidos buscarían alcanzar los siguientes objetivos:

a).- Que en ningún caso se postulara a cargos de elección en la próxima renovación de los ayuntamientos a un cuadro desertor de otro partido;

b).- Que en los casos de los congresos locales se fijaran tres años mínimos de militancia y cinco para el Congreso de la Unión y para gobernadores.

c).- Que a reserva de legislar sobre el particular, para lo inmediato y vista la gravedad del problema, con un sólo aviso por escrito del partido donde se haya dado la deserción, bastaría para detener o en su caso cancelar la propuesta en favor del desertor.

Bien vistas, nuestras deliberaciones no pudieron ser más oportunas ni, por supuesto, mayormente trascendentes.

*Coordinador de la Tribuna “Relación con otros partidos políticos” de la 18 Asamblea General de Delegados.