IDEAS CLARAS, CONVICCIONES FIRMES
CARLOS ARRIOLA WOOG*

Los temas de la tribuna “Soberanía, Política y Gobernabilidad”, constituyen la piedra angular del programa de acción del partido. De la concepción que se tenga de la soberanía, depende el papel que se asigna al Estado y las condiciones en que se desarrolla la vida política de una nación.

Precisión en los Conceptos.

La discusión del predictamen en lo general enriqueció el texto y permitió aclarar y precisar conceptos y fenómenos como la globalización. Con base en análisis históricos y empíricos se argumentó que la internacionalización de los procesos productivos y distributivos no es un fenómeno inédito, sino una tendencia del desarrollo de las fuerzas productivas que, desde la antigüedad, ha tenido lugar.

Por otra parte se insistió en que la globalización no es un fenómeno ineluctable o inmodificable ante el cual hay que someterse sin protestar o aceptar sin defender el patrimonio de la nación. A este respecto se mencionó que los países que se han agrupado en bloques para sumar esfuerzos en la competencia mundial no lo han hecho de la misma manera.

En los extremos, se indicó, se encuentran los casos de Europa y el de los países asiáticos. Mientras los primeros han creado un denso entramado institucional para aplicar políticas comunes, los segundos operan con la mayor independencia, lo cual no obsta para que ambas regiones produzcan con altos niveles de competitividad. Entre estos dos casos extremos existen otras formas de vinculación económica entre países como los del Cono Sur o los de América del Norte.

Especial énfasis se puso en las particularidades del caso mexicano que se ha vinculado con países y regiones de distintos grados de desarrollo, diversificando sus relaciones y sin que ello signifique abdicar de ciertos principios consagrados en la Constitución. A este respecto se insistió en que dichos principios, como la propiedad original de la nación sobre los recursos naturales, la rectoría del Estado y su papel de árbitro y regulador de la vida social imprimieron modalidades específicas al desarrollo económico de México en el siglo XX, diferentes a las de otros países de Latinoamérica y con mejores resultados. Sí México hubiera seguido las recetas liberales preconizadas por los “científicos” del porfiriato, no hubiera hecho la reforma agraria, ni recuperado el petróleo, ni asumido el control de las industrias prioritarias o estratégicas y por consiguiente su desarrollo social y político hubiera tomado otros derroteros.

REAFIRMACIONES PARTIDISTAS

Las precisiones conceptuales y el análisis de los hechos permitieron, sobre bases sólidas reafirmar el carácter indeclinable de la soberanía, la defensa de los recursos naturales, la rectoría del Estado, “como la gran cualidad para garantizar la conducción de la República, como instrumento privilegiado para cumplir con los fines de la Constitución, como mejor garante del orden jurídico y las libertades individuales y como el mecanismo más idóneo para impulsar el desarrollo social e, incluso, para promover la expansión del mercado”.

También se incluyó que el PRI propone “una visión de Estado que se deriva de los afluentes que han orientado su devenir: el liberalismo político de la Reforma, la política social de la Revolución, el nacionalismo y el compromiso con una vida normada por el derecho y la democracia”.

Con firmeza se destacó que “el PRI postula un Estado social, un Estado con claro compromiso con la justicia social que se empeña en construir las mejores vías para superar los abismos de desigualdad entre grupos sociales, regiones o grupos étnicos”.

“El PRI y sus predecesores son organizaciones políticas que conjuntaron más de 70 años en el ejercicio del poder público, constituyen en este sentido el actor principal de la hazaña democrática de México. En México tuvo lugar la alternancia política porque había democracia. Es falaz y mentiroso pretender que la alternancia del 2000 inaugurara la democracia y que estamos en una transición”.

“El PRI reafirma el nacionalismo como expresión de la voluntad humana para vivir en comunidad, el derecho a poseer una identidad propia y a disfrutar de los recursos de un determinado territorio. El nacionalismo mexicano ha sido y deberá seguir siendo pacifista, sin exclusivismos y respetuoso de la diversidad y, a la vez, celoso de la soberanía y opuesto a las hegemonías. Este nacionalismo es el de la Revolución Mexicana”.

Esta breve síntesis de las posiciones partidistas adoptadas muestran la existencia, en el PRI, de un claro proyecto de nación que es resultado, de un lado, de la reflexión histórica y, del otro, de la oposición al viejo proyecto de la derecha mexicana que nunca ha creído en la capacidad de los mexicanos para erigir una nación democrática, justa y con identidad propia.

En circunstancias distintas, con nombres diferentes, desde que México nació a la vida independiente, se han opuesto dos visiones de país. Ayer fue el imperio y el porfiriato y hoy es la globalización, denominaciones distintas de sometimiento al extranjero y al mercado. Frente a esta negación del proyecto de país, los priístas reivindicamos el liberalismo, la justicia social, el nacionalismo, en síntesis, una clara idea de lo que es una nación, y de un país que quiere seguir siéndolo.

CULTURA POLÍTICA

A raíz de la XVIII Asamblea, Samuel Palma formuló una reflexión de la mayor importancia: “los perfiles de los partidos se tornan evidentes no sólo a través de sus programas, sino también por sus actos, se puede decir que la participación en un partido produce un estilo particular de socialización y de ahí se deriva una manera específica de cultura política, de “maneras políticas”, tan importantes en el trabajo político”.

La participación de 4 mil jóvenes en la Asamblea que “se rebelaron, se indisciplinaron, impugnaron y articularon propuestas”, añade Palma, dejaron huella de tolerancia, diálogo, discusión. “Se trata de un bien intangible de gran relevancia” que explica el oficio político de los priístas y, habría que añadir, no fue ajeno a la larga permanencia en el poder.

Esta cultura política, aunada a las ideas y convicciones entroncan con el pensamiento liberal de la reforma y las aportaciones sociales de la Revolución y constituyen la mejor garantía de la voluntad de los mexicanos para seguir siendo una nación, frente al proyecto del Poder Ejecutivo que se pretende novedoso y, sin embargo, es, como diría el poeta Antonio Machado, de “una vejez cósmica”.

*Vicecoordinador de la Tribuna “Soberanía, Política y Gobernabilidad” y miembro de la Comisión de Dictamen