HEMOS HECHO HISTORIA Y AHORA NOS TOCA HACER FUTURO
MARIO MOYA PALENCIA*

- RENOVACIÓN NO ES BORRAR EL PASADO
-LA NUEVA DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS

Seguirá siendo comentada la espléndida 18 Asamblea General de Delegados de nuestro Partido, en que más de 11 mil militantes, electos por casi dos mil asambleas municipales, representaron a las bases de la organización y en forma ejemplarmente democrática participaron -en algunos casos con vehemencia y hasta con pasión- en las 23 Tribunas a de Debate, para contestar las preguntas fundamentales: ¿Qué Nación quieren los mexicanos para el futuro? ¿Qué Partido debe ser el nuestro para constituir una opción viable de gobierno?

La primera tribuna de la larga lista de reuniones renovadoras fue la de Declaración de Principios cuya preparación tocó al suscrito como Coordinador y después Secretario Técnico, pero que fue presidida por licenciado Juan Ramiro Robledo Ruiz, representante de la delegación sede de San Luis Potosí, en donde se instalaron las tres tribunas de la Mesa de «Principios y Valores» la mañana del 17 de noviembre, después de una elección democrática de la Mesa Directiva se procedió a la lectura y análisis del predictamen elaborado por la Subcomisión Electa que había trabajado en él durante las dos semanas anteriores y que todos consideraron un magnifico documento de trabajo.

Los Delegados registrados en la Tribuna -alrededor de trescientos cincuenta- aprobaron el dictamen formado por 52 artículos en lo general, pero reservaron párrafos del Preámbulo y 42 artículos del texto resolutivo, o sea la mayoría de los mismos, lo que da una idea del interés de las bases en tan importante documento. A lo largo de los tres días de debate -el último de los cuales se concluyó a la una cuarenta de la mañana del lunes 19- se produjeron 250 intervenciones formales y un número muy alto de intervenciones informales durante las cuales, con la mayor libertad y en un ambiente democrático, respetuoso y tolerante, los delegados expusieron sus propuestas y opiniones de modificación o adición al texto y debatieron abiertamente cada uno de sus aspectos, a tal grado que el documento final -como el propio predictamen- debe considerarse producto legitimo de la voluntad de los militantes.

Fue sorprendente ver cómo los modestos pero decididos líderes naturales de extracción campesina; o los trabajadores de la industria, el comercio y los servicios del medio urbano; profesionales, estudiantes, mujeres y un abundante grupo de jóvenes -el 30% de los delegados lo eran-, no sólo con la emoción que el momento generaba sino con la reflexión y los argumentos políticos e ideológicos que están bien enraizados en sus conciencias, fueron construyendo paso a paso el documento final que se publicará en una edición especial de examen y que cada priísta debe leer y entender en su contenido y significado, sino cumplir en todos los momentos de su militancia.

La Declaración de Principios se inicia -por primera vez en la historia de nuestro Instituto Político- por un Preámbulo de 19 párrafos no numerados que hace profundas consideraciones históricas sobre nuestra organización, y en donde los hombres, las mujeres y los jóvenes militantes en ella, como «vanguardia cívica del pueblo mexicano, nos honramos en ser los continuadores de la obra intelectual y material de quienes en el siglo XIX lograron la Independencia del país y animaron el movimiento liberal de Reforma, nacionalizaron el poder político y separaron al Estado de las iglesias, dando origen a la sociedad civil” y también «de aquellos otros que en el siglo XX impulsaron la Revolución Mexicana que, más allá de ser un hecho armado, avivó la conciencia nacional y transformó las estructuras culturales, políticas y socioeconómicas de nuestra Patria.»

Así mismo, los militantes se reconocieron «como herederos del Partido Nacional Revolucionario, fundado por un grupo distinguido de revolucionarios mexicanos en 1929 para conjurar el caudillismo regional y local y darle un sentido unitario a la acción política de nuestra corriente; del Partido de la Revolución Mexicana, que se constituyó en 1938 como un pacto de los sectores obrero, campesino y militar, para defender la expropiación petrolera y el programa del país, en medio del conflicto ideológico que derivó en la Segunda Guerra Mundial; y militantes del Partido Revolucionario Institucional, creado a principios de 1946 para dar paso al civilismo, a la industrialización y modernización del país».

De acuerdo con el sentir de las bases, el Preámbulo declara que la renovación no es borrar el pasado sino apoyarse en él para construir el porvenir: «Hemos hecho historia y ahora nos toca hacer futuro. Así coincidimos en que el PRI se debe transformar reafirmando sus raíces». También se expone y defiende la obra de los gobiernos emanados del PRI en materia de democratización y las grandes transformaciones, no sólo politicas sino socioeconómicas, que han hecho posible la construcción del México moderno con todas las libertades y satisfactores sociales de que hoy disfruta su creciente población, con estabilidad y convivencia pacifica.

Se contiene así mismo una necesaria autocrítica: «Hacia 1989 se reemplazó el modelo económico del nacionalismo revolucionario por otro de marcada tendencia neoliberal, en el que se otorgó mayor espacio al capital extranjero y al redimensionamiento del Estado, así como a un pragmatismo carente de fines sociales. Estos agentes generaron reducciones en el proceso económico y sobre todo en el bienestar social, ampliando aún más la brecha entre los pocos muy ricos y los muchos muy pobres en nuestro país. El modelo neoliberal ha hecho mucho daño a México y deterioró las alianzas tradicionales en nuestro partido con los sectores sociales. Por falta de apego a los valores del Nacionalismo Revolucionario, el PRI perdió identidad ante los ciudadanos y ante su propia militancia»
Y luego de eso vino la derrota, el PRI «enfrentó una nueva realidad y la imperiosa necesidad de renovarse», por ello advino la 18 Asamblea General de Delegados y la nueva definición del Partido como «nacionalista, democrático y popular... una alianza incluyente de ciudadanos, de organizaciones y sectores en la que está representada la heterogeneidad de la sociedad mexicana...

Nuestro nacionalismo revolucionario nos permite interactuar en un mundo globalizado y preservar identidad, soberanía e independencia, defendiendo nuestros recursos estratégicos, bajo los principios rectores de nuestra política exterior que ha merecido respeto en el concierto mundial”. Seremos “un partido de causas, sensible a los más profundos anhelos de la sociedad... que reconozca las nuevas necesidades de la gente», defendiendo a las clases populares contra los embates de la reacción que gobierna y encaminando todos nuestros actos al logro y al disfrute de la justicia social.

Esta Declaración de Principios salió de la entraña misma del Partido. Conviene que se divulgue, se conozca y -sobre todo- que se cumpla sin vacilaciones.

*Coordinador de la Tribuna “Declaración de Principios” de la 18 Asamblea General de Delegados.