EDITORIAL
Del
17 al 20 de noviembre de 2001 el PRI acudió a una trascendente
cita con la historia política de México.
La
Décimo Octava Asamblea General de nuestro Partido convocó
a 11,700 delegadas y delegados; el PRI se renovó con el
fin de continuar participando en la construcción de una
nación más democrática y justa. Este ejemplo
de organización evidenció fuerza interior, entusiasmo,
capacidad y vocación para asumir responsablemente el poder
público.
Hay
quien sostiene que la democracia en México debe pasar por
la desaparición del PRI. En esta dirección, hubo
quienes esperaban una confrontación en nuestra Asamblea
que condujera a la desintegración. Tal idea se inscribe
en una interpretación errónea de la realidad política,
como lo demostró la celebración de nuestra reunión
nacional. En ella se obtuvieron importantes resultados:
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Prevaleció el oficio político para encontrar los
acuerdos fundamentales;
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Se privilegió la unidad sin renunciar a la pluralidad;
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Se integraron todas las fuerzas; el Partido estableció
una política de apertura sin precedente para las mujeres
y jóvenes;
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Se expusieron e incorporaron ideas y propósitos que enriquecieron
nuestro acervo común;
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Los nuevos documentos reafirman la ideología del PRI y
amplían nuestras posibilidades políticas en correspondencia
a una sociedad más abierta y participativa, dispuestos
a integrarnos a un mundo interdependiente y complejo, salvaguardando
nuestra soberanía y garantizando los principios, valores
y libertades plasmados en la Constitución Política;
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Quedó claro el compromiso de mantener la separación
entre el Estado y las iglesias; el único Estado democrático
es el Estado laico;
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El PRI defenderá la educación pública en
todos sus niveles;
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No descansaremos hasta instaurar plenamente el Estado de Derecho:
que el poder se someta a la fuerza del Derecho;
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El PRI está consciente y convencido de que el Estado es
el rector de la economía, responsable de la planeación
nacional del desarrollo y guardián de la propiedad de la
Nación;
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Nuestro Partido habrá de formar parte de los equilibrios
gubernamentales, ejerciendo el poder con la clara conciencia de
que México es la prioridad;
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El PRI representa las causas sociales más sentidas. Integrado
por fuerzas históricas y emergentes de gran densidad socioeconómica
y política, es el único partido con presencia nacional;
constituye una organización indispensable para la estabilidad
y gobernabilidad del país;
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Con responsabilidad política, el PRI habrá de velar
porque se cumplan las legítimas aspiraciones de la mayoría,
hasta alcanzar la justicia social;
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El PRI habrá de denunciar y se opondrá siempre a
quienes pretendan actuar en contra de los intereses de la Nación.
En
la Asamblea encontramos el camino para darnos un liderazgo colectivo,
democráticamente electo, eficazmente organizado y realmente
descentralizado.
El
PRI constató que la convivencia entre las bases y dirigencias
es esencial para acceder al poder y mantenerse en él. Nada
podrá alterar esta forma, de dialogar y resolver los problemas,
inaugurada en la Asamblea: se trató de un ejercicio puntual
de la política.
Respetar,
tolerar, sumar, consensuar, actuar conjuntamente, son prácticas
que dignifican y fortalecen nuestros lazos frente a los adversarios
en el Sistema Político. Venceremos con argumentos, propuestas
y acciones legítimas y legitimadas por la mayoría
de la sociedad: tal es nuestro cometido.
En
estas páginas el lector encontrará un conjunto de
documentos que describen la naturaleza, la forma y el fondo de
la Asamblea. Se trata de una referencia específica a la
culminación de la misma, en espera de la Memoria que habrá
de recoger el esfuerzo de muchos meses y permitirá valorar
la magnitud de este encuentro histórico, el cual no se
hubiese realizado sin la fina sensibilidad y firme conducción
de nuestra Presidenta, apoyada por la dirigencia de todo el país
y desde luego por la Comisión Nacional de Organización.
José
R. Castelazo Director
