Sísifo
ante la globalización
MÓNICA GONZÁLEZ*
«Este
es el pueblo del allright donde todo se encuentra muy mal,
este es el pueblo del very well donde nada está bien».
Nicolás Guillén. Sóngoro Cosongo.
La
inserción de nuestro país al juego del globo terráqueo
inició en 1982, con la crisis financiera y la necesidad
de ingresar divisas, consolidándose en 1986 y la entrada
de nuestro país al GATT (hoy OMC). Luego, en 1990 se integra
a la APEC, en 1994, después de cambiar la ley de inversión
extranjera, viene un nuevo tratado, el TLCAN, y suscribe una serie
de acuerdos bilaterales con países latinoamericanos1. Por
si fuera poco, ingresa a la OCDE en 1994, un reconocimiento a
nuestro esfuerzo por modernizar la economía y nos compromete,
de paso, a participar en el Banco Europeo de Reconstrucción
y Desarrollo (BERD), financiando el gobierno de México
proyectos de desarrollo económico en Europa Oriental. Posteriormente,
la crisis económica de finales de 1994 se verá acompañada
de paquetes de ayuda, y de integraciones al caribe y la Unión
Europea.
Y
mientras por la calle circulan autos de lujo importados, México
vence la barrera psicológica de la exclusión y también
con ello, y quizá esta sea una de las consecuencias más
graves, se genera un estrecho vínculo con los centros mundiales
de desarrollo económico. Pero el resultado real, es que
México refuerza su relación con Estados Unidos luchando
contra su pasado indígena y la marginalización de
la población.
Absorbiendo
un 75% del comercio exterior2, dependiente de importaciones de
leche, frijol, maíz y otros alimentos básicos, con
una deuda externa de cerca de 170 mil millones de dólares,
más de 300 mil cruces ilegales anuales (principalmente
de Zacatecas, Guerrero, Jalisco y Guanajuato, absorbiendo el 10%
de nuestra fuerza laboral), 50 millones de cruces legales anuales
(50% mexicanos, 4% otros), viviendo del otro lado 5 millones de
legales, 15 millones americanos-mexicanos, 2 millones ilegales
principalmente en Los Ángeles, Chicago, San Antonio, y
últimamente las Vegas y Nueva York, y 95 mil millones de
dólares en transferencias de divisas anuales, la globalización
que más cuenta es con Estados Unidos.
Mientras
tanto, con dos de los 30 millonarios del mundo, 40 millones de
pobres, 65% de la pobreza en zonas rurales donde viven principalmente
las 56 comunidades indígenas3, algunos campesinos ganando
menos de un dólar al día, 12% de analfabetismo (10
millones, un número elevado), más de siete años
de levantamiento en Chiapas, grupos terroristas-antigobiernistas,
15,203 manifestaciones en 1998, altos índices de inseguridad,
el problema del FOBAPROA-IPADE, las discusiones en torno a Ley
Indígena y la Reforma Fiscal, ¿qué significa
entonces la globalización para México?
México
no es potencia media, ni económica ni militar. Difícilmente
puede contrarrestar los intereses de las grandes potencias y de
las medianas inclusive. La globalización se ha traducido
para nosotros en una gran dependencia de importar alimentos, exportar
manufacturas, expectativas sobre la inversión extranjera
y esperanzas de que a nuestro vecino le vaya bien para que la
mano invisible (de Adam Smith) se extienda hacia el sur.
La
apuesta al petróleo dejó de ser el incentivo básico
de la economía mexicana desde que le entramos a la globalización,
sacrificando a millones de mexicanos, condenados a la pobreza,
el analfabetismo y la muerte por enfermedades curables, dado el
capricho gubernamental, impuesto o no, de conseguir la inflación
de un dígito, de pagar la deuda externa, de parecer democráticos
con los indígenas sin resolver siquiera los problemas estructurales
más evidentes.
De
acuerdo con la leyenda homérica, Sísifo fue condenado
por los dioses a ocupar para siempre todo su ser en lograr nada:
tenía que empujar una roca hasta la punta de la montaña
solamente para verla caer. Su arrogancia y ambición lo
llevó a rehusar el llamado del otro mundo. Mercurio tuvo
que bajar y arrebatarlo de su felicidad pero desde que llega a
la obscuridad, Sísifo sortea la muerte. La cólera
de los dioses descendió sobre el hombre cuyo amor por la
vida le habían hecho desafiar las leyes eternas. La roca
lo estaba esperando.
La
impotencia del hombre (Sísifo) en un universo indiferente
y a menudo hostil, parece reflejarse en un mudo globalizado con
derecho de exclusión. El sistema internacional no abre
espacios de forma equitativa, sino discriminada y los débiles,
estados y pueblos no cuentan con garantías a su seguridad,
luchan por sobrevivir en el subdesarrollo, por insertarse en un
mundo competitivo desde el rezago.
¿Cuál
es el camino? Elaborar propuestas propias que coadyuven primero
a solucionar los problemas nacionales y concilien los intereses
de todos los mexicanos con la realidad externa. Es apremiante
promover primero la globalización interna, y luego relaciones
económicas que aseguren cierta equidad, diversificaciónNuestro
país registra desde hace más de un siglo una gran
interdependencia con Estados Unidos que no va a desaparecer y
desde la debilidad pero con estricto apego al derecho (sólo
así se puede defender la sardina del tiburón), podremos
mejorar nuestra capacidad de negociación y situación
interna, la que más debe preocuparnos porque pareciera
que los Pinos se interesan más por complacer a Washington
que a los mexicanos.
En
el siglo XVII Marie-Antoinette de Austria decía en Francia:
¿Révolucion? ¿Quelle révolucion? y
es inútil recordar la razón por la cual murió.
Las Marie-Antoinettes de hoy tienden a ignorar las realidades
verdaderas (como dirían los filósofos), evidentes
a primera vista frente a ellos.
1
Como Chile, Costa Rica, Bolivia, Colombia, Venezuela, Honduras,
El Salvador y Guatemala.
2 Principalmente equipo de transporte y partes para maquinaria:
35%, y un 11% de petróleo y sus derivados. Con la UE (15
países), el comercio exterior de nuestro país es
el 6%. Banco de México.
3 Que representan el 26% de la población, 80% de ellos
con problemas de alimentación y 30% severamente desnutridos,
la 5a. causa de muerte en los niños.
*Internacionalista,
profesora e investigadora del ITESM, campus Ciudad de México.
