Geopolítica de la guerra contra el terrorismo
MARÍA EMILIA FARÍAS*

El 11 de septiembre de 2001 será recordado no sólo por los nefandos atentados a las Torres Gemelas de Nueva York y al Pentágono en Washington. Ese día quedará en la memoria de muchos por los cambios geopolíticos operados.

Hay nuevos equilibrios mundiales. Los más importantes suceden en la región euroasiática. La guerra declarada por los Estados Unidos y sus aliados al terrorismo internacional que tiene como blanco inmediato Afganistán, modificó el papel de Rusia y China, que hasta ese momento habían jugado bajo las reglas del vencedor de la Guerra Fría. La India y Pakistán irrumpieron en la escena mundial. En las nuevas coordenadas Irán tiene un lugar privilegiado, y las cinco repúblicas de Asia Central -Kazajstán, Uzbekistán, Kirguizistán, Tayikistán y Turkmenistán- salen de oscuridad para ocupar un sitio importante en el nuevo escenario internacional.

Por ello, los ataques a Afganistán sólo alcanzan plena dimensión si se analizan desde la perspectiva geopolítica.

La religión, el tráfico de drogas y los hidrocarburos son tres elementos escondidos de la operación «Libertad Duradera».

Afirmar que se ataca a los afganos porque el régimen talibán protege a la organización terrorista AI-Qada y al saudita Osama Bin Laden, es simplificar al máximo un complejo problema, cuyas aristas son el opio, el extremismo religioso y la búsqueda de nuevas salidas para. el gas, petróleo y minerales de Asia Central.

Invocar la maldad de Bin Laden para justificar los bombardeos aéreos es conformarnos con la versión que hábilmente la administración Bush, amparada en las imágenes que transmiten las cadenas televisivas norteamericanas, ofrece al mundo.

Para situarnos mejor en el contexto geopolítico. comenzaremos por describir la ubicación geográfica de Afganistán. El país está enclavado en el centro de Asia, al Este comparte fronteras con Pakistán y al Oeste con Irán, ambos paríes cierran el paso de Afganistán al Mar Arábigo. Al Norte sus vecinos son Turkmenistán, Uzbekistán y Tayikistán. Al Noreste colinda con la provincia china de Xinjiang.

La localización geográfica de Afganistán lo convierte en el paso obligado para el transporte de mercancías de Asia Central hacia el Sur, y del Este asiático hacia el Mar Mediterráneo.

Geografía e historia son imprescindibles en el análisis geopolítico. Por eso un breve repaso a la historia reciente, facilita la visión sobre la guerra contra el terrorismo.

En abril de 1978, oficiales soviéticos depusieron al presidente afgano Mohamed Daoud, quien, a su vez, cinco arios antes había derrocado a la monarquía.

A finales de 1979 inició oficialmente la invasión soviética, instaurando el régimen comunista en Kabul. El ejército rojo se retiró nueve arios más tarde, luego de una cruenta lucha contra los mujaidines que recibieron el apoyo de Estados Unidos, Pakistán, China y Arabia Saudita.

El régimen comunista fue sustituido por una coalición de mujaidines que, dividida en facciones rivales, se concentró en bombardear Kabul con la única intención de controlar el país.

Mientras tanto en los campos de refugiados afganos en su mayoría integrantes de la etnia pashtún, a lo largo de la frontera con Pakistán, se establecieron escuelas rurales islámicas (madrassas), en donde los talibanes aprendieron no sólo la doctrina coránica sino que recibieron adiestramiento militar .

Así, a finales de 1996 los talibanes -apoyados logísticamente por el ejército paquistaní-, tomaron Kabul, instaurando un régimen islámico dirigido por el Mullah Mohammed Ornar, «Comandante de los Creyentes».

Dos años más tarde, en agosto de 1998, los talibanes se hicieron de un importante bastión de los mujaidines, ya organizados para enfrentar a los estudiantes del Corán mediante la Alianza del Norte: ese mismo mes, la fuerza aérea de los Estados Unidos bombardeó los campos de entrenamiento de Bin laden en Afganistán, en respuesta a los ataques a las embajadas de Tanzania y Kenya.

En julio de 1999, el gobierno estadounidense acordó imponer sanciones que consistieron en congelar la mayoría de los activos del Talibán en Estados Unidos, así como la suspensión las importaciones y exportaciones provenientes de los territorios controlados, que a la sazón alcanzaban ya el 80% de Afganistán. En diciembre de ese año el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas impuso, mediante la Resolución 1333, sanciones económicas, diplomáticas y financieras contra el gobierno de Kabul.

Este año dos días antes de los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono en Washington, los talibanes asesinaron al líder de la Alianza del Norte, Ahmed Shah Massoud.
Si la historia y la geografía arrojan luces sobre el problema, la heterogeneidad étnica y religiosa de la región explican sus ramificaciones.

La salida de las tropas soviéticas y la larga guerra de guerrillas, aunadas al vacío de poder, abonaron el terreno para la propagación del movimiento talibán. Según Zbigniew Brzezinski (El Gran Tablero Mundial, editorial Paidós, 1998), la guerra santa contra el invasor hizo de la religión la dimensión dominante de la vida política de Afganistán, dando un valor dogmático a las ya de por si profundas diferencias políticas y étnicas.

En ese país de 22 millones de habitantes existen hondas divisiones entre las distintas etn¡as -pashtún, tayiko, hazara y turkmena-, y al interior de ésta abundan también las discordias.

La aparición de los talibanes se dio en un Afganistán atomizado en pequeñas zonas controladas por los mujaidines y en donde la hegemonía pashtún se encontraba desarticulada. La guerra contra el invasor soviético se libró principalmente en el Norte del país, lo que ocasionó una pérdida de influencia de la etnia pashtún mayoritaria en el Sur, así como su dispersión política.

Eso explica el rápido ascenso de los talibanes, quienes enarbolando una doble legitimidad -religiosa y étnica-, se encargaron de ocupar los territorios del Sur. (Olivier Roy, Rivalités ethniques el religieuses, jeu de puissance en Afghanistan, Le Monde Diplomatique, noviembre de 1996)

A ello hay que agregar que el conservadurismo de la sociedad afgana propició que la propuesta de rechazo a la apertura política y social de Bin Laden adquiriera fuerza. El talibán se presentó como un movimiento reformista cuya legitimidad descansaba en la jihad (combate en la vía de Dios contra uno mismo para ser mejor y por extensión guerra santa contra los infieles ). Desprovisto de una concepción de Estado-Nación, el talibán ignora la historia de su país; su conocimiento del Islam es rudimentario y se reduce a una interpretación restrictiva y oscura de la charia. Por ello, AI-Qada ha podido operar en un ambiente permisivo, no es fortuito que se asentara en un país en el que el Estado es débil.

Geopolítica de la religión

El movimiento conformado por los estudiantes de las madrassas, establecidas en los campos de refugiados afganos en Pakistán, tuvo como primer propósito el de pacificar y restablecer el orden y la ley, al tiempo que se proponía desarmar a la población y establecer la ley islámica (charia, que significa palabra de Dios dictada al profeta Mahoma). El objetivo era entonces acabar con la lucha fraticida, provocada por la salida de las tropas soviéticas, entre los pashtunes del Sur y Este de Afganistán y las minorías étnicas del Norte (tayika, uzbeka, hazara y turkmena).

Pakistán además de educación gratuita ofreció alimentación, techo, y entrenamiento militar a los refugiados afganos. La ayuda paquistaní tuvo como objetivo imponer un gobierno afgano favorable a Pakistán, con el propósito de obtener la densidad estratégica requerida para la confrontación con la India. La primera consecuencia del triunfo talibán fue la desaparición de la frontera entre Afganistán y Pakistán.

La situación afgana ha contaminado a sus vecinos y polarizado las posiciones de toda la región, Así, mientras que Arabia Saudita y Pakistán apoyan a los talibanes, Irán, Rusia, India y cuatro repúblicas de Asia Central -Kazajstán, Uzbekistán, Kirguizístán, Tayikistán- sostienen abiertamente a la Aljanza del Norte, que desde principios de año se convirtió en el Frente Unido de la Oposición, integrado por los milicianos de Massoud y Sayyaf en el Noreste, los combatientes de General Rashid Dostom en el Norte y los hazaras chiítas en el Oeste,

El triunfo talibán generó una polarización regional entre Irán y Afganistán. El primero movilizó sus tropas en la frontera afgana y denunció el apoyo paquistaní a los estudiantes de religión. Esta reacción se explica por el rechazo de Kabul al Islam chiíta (el 90% de los afganos son sunitas). Para el gobierno de Teherán, los talibanes brindan apoyo a los movimientos disidentes iraníes y al principal movimiento de oposición armada: los mujaidines de Irak. (Ahmed Rashid, Los talibanes en el corazón de la desestabilización regional. Le Monde Diplomatique, noviembre de 1999)

En la confrontación de los talibanes con la Alianza del Norte, Tayikistán proporcionó a esta última una base importante en la retaguardia para recibir la ayuda militar de Rusia e Irán, La respuesta de los talibanes ha sido ofrecer santuarios a los movimientos de oposición islámicos de Asia Central, como al líder del Movimiento Islámico de Uzbekistán (IMU), Tahir Yuldashed, acusado de preparar el atentado en contra del presidente Islam Karimov, y entrenar a cientos de uzbekos, tayikos y kirguizes, así como a los independentistas ouïgours de origen turco de Xinjiang en China, Según los chinos, las armas y explosivos en posesión de éstos provienen de Afganistán.

En el Cáucaso, el talibán ha prestado ayuda a los rebeldes de Dagestán liderados por Khabib Abd Ar-Rahman Khattab ya Chamil Bassaiev, dirigente independentista chechenio, Así mismo, los talibanes y la red Bin Laden respaldan sin reserva a los insurgentes musulmanes que pelean contra la India en la zona de Cachemira.

Todos los países de la región han sido influenciados por la situación afgana. Sin embargo, Pakistán es el eje de la estabilización, toda vez que el desmoronamiento paquistaní tendría un rebote violento en Arabia Saudita, el Medio Oriente y el subcontinente indio.

Para nadie es un secreto que el gobierno estadounidense desea un ajuste de cuentas con Irak, y en menor medida con Yemen, de quien se dice no ha cooperado suficientemente en la persecución de los que atentaron contra el USS-Cole, el año pasado. A pesar de ello, el Pentágono está midiendo el efecto que tendría excederse en los objetivos centrales de esta guerra -golpear la estructura de AI-Qada o en su defecto castigar a los Estados que la han apoyado-, toda vez que cualquier error equivaldría a exponer a la región al peligro de desestabilización

Geopolítica de las drogas

El avance del movimiento talibán es paralelo al crecimiento de la producción de opio. El 97% de los cultivos se localizan en las zonas dominadas por los estudiantes del Corán. Afganistán produjo 4 mil 600 toneladas métricas del narcótico en 1999, es decir dos veces más que el año anterior

En la década de los 80 el opio se exportaba únicamente vía Pakistán, en la actualidad las rutas se han diversificado y atraviesan Irán, los países del Golfo, Asia Central y el Cáucaso.

En el 2000, el Mullah Ornar prohibió el cultivo de la amapola, hecho que ha sido verificado satisfactoriamente por las Naciones Unidas. Sin embargo, la decisión no obedeció al puritanismo talibán, sino a un frío cálculo de mercado para reducir los voluminosos inventarios de opio a fin de evitar la caída del precio.

Los nuevos equilibrios geopolíticos ha provocado un desplome del precio del kilo de opio. En agosto se vendía en las calles de Afganistán en 600 dólares, después del 11 de septiembre cayó a 180 dólares y a mediados de octubre se cotizaba en 90. Luego de los atentados a dos símbolos estadounidenses, los traficantes pusieron los stocks en el mercado. Se estima que los traficantes tenían alrededor de un año de consumo de opio en bodegas.

Pero el opio no es el único producto de contrabando; alimentos y gasolina, así como otros bienes procedentes de los países de la región centroasiática pasan por Afganistán. Los talibanes reciben no sólo un pago equivalente al 20% de impuesto por el opio que se trafica y transporta, recogen una proporción similar por permitir el paso de mercancías de contrabando.

Geopolítica de los hidrocarburos

Los países de Asia Central son ricos en gas, petróleo y recursos minerales (incluido el oro), lo cual representa una ventaja sobre otras regiones del planeta.

De acuerdo con Brzezinski (1998), el aumento del consumo mundial de energia se duplicará en las próxima década. Por tal razón las reservas del Mar Caspio -que superan a las del Golfo Pérsico, Golfo de México y Mar Negro-, generan expectativas para los países industrializados, especialmente Estados Unidos.

Los expertos estiman que en la zona del Mar Caspio existen aproximadamente 30 mil millones de barriles (4.5 mil millones de toneladas) de reservas probadas, localizadas principalmente en Azerbaiyán, Kazajstán y Turkrrlenistán, con el consiguiente problema del transpone hacia otras regiones.

Hasta antes del 11 de septiembre, Estados Unidos, Rusia e Irán habían mostrado un marcado interés en el control y transporte de hidrocarburos del Mar Caspio a los mercados europeos y asiáticos.

Por su parte, las repúblicas de Asia Central desean rutas alternativas a la rusa e iraní para llegar a los mares calientes (Golfo Pérsico y Mar Mediterráneo). Esta decisión cuenta con el beneplácito de la administración norteamericana que quiere a toda costa evitar el paso de los hidrocarburos a través de Irán.

Los oleoductos en construcción y los nuevos proyectos están en el centro del problema ya que la mejor vía para sacar el petróleo de Asia Central sigue siendo Irán. (La exportación de los hidrocarburos, asunto estratégico de la mayor importancia para Asía Central, Le Monde, 20 de octubre de 2OO1).

Rusia plantea otro problema en razón de sus aspiraciones hegemónicas sobre las ex repúblicas soviéticas de Asia Central. Por ejemplo, el oleoducto que va de Tenguiz en Kazakhstan -uno de los más grandes yacimientos del mundo, estimada en 6 mil millones de barriles, cerca de 90 mil millones de toneladas- al puerto ruso de Novorossiisk en el Mar Negro, le da una ventaja significativa a Rusia.
Sin embargo, Estados Unidos se inclina por la construcción del proyecto Bakou-Ceyhan, para transportar el crudo de Azerbaiyán al Mediterráneo, vía Georgia; por razones políticas para sacar del juego a Rusia e Irán. Cabe recordar que Irán es el gran socio de los rusos en la región y se negó a dar el permiso para que aviones estadounidenses utilizaran su espacio aéreo en la actual guerra.

Otro proyecto que pone nerviosos a los norteamericanos y al gobierno ruso es el proyecto del oleoducto de casi 3 mil kilómetros para alimentar desde Kazajstán a China.

Turkmenistán también busca una salida alterna para su gas, toda vez que Rusia, su principal cliente, lo revende al doble a Turquía y Europa. Sin embargo, la mejor vía sigue siendo atravesar Afganistán. En tanto que Uzbekistán requiere que se terminen los problemas para poder exportar el gas a través de Afganistán.

Queda claro que la posición geográfica de Afganistán es definitiva para la salida de los hidrocarburos de Asia Central.

A manera de conclusión:

Los equilibrios geopolíticos de la última década desaparecieron el 11 de septiembre pasado.

Afganistán atrapado en disputas internas, liderado por un grupo de fundamentalistas, étnicamente dividido y desangrado económicamente es el blanco de la guerra contra el terrorismo conducida por el gobierno de George Bush hijo. Exterminar a la organización AI-Qada y al temible Bin laden son las metas inmediatas, los objetivos de mediano y largo plazo habrá que buscarlos en la nueva configuración de las rutas del opio, gas y petróleo.