Todo está sujeto a revisión
BEATRIZ PAREDES RANGEL*

Quiero, en primer lugar, expresar mi sincera gratitud a la distinguida familia del General Calles y al Comité Ejecutivo Nacional de mi Partido, por esta honrosísima distinción, no sólo por lo significado de esta ceremonia, sino porque a cualquier mexicano o a cualquiera mexicana de mi estirpe, de mi biografía, hablar en el Monumento a la Revolución siempre es conmovedor.

Y hacerlo en un día cuando circunstancialmente coinciden los aniversarios luctuosos de dos grandes de la historia del siglo XX mexicano y de la construcción del país que somos, como el general Calles y el general Cárdenas, es todavía mucho más significativo.

En un entorno de confusión e incertidumbre, nuestra obligación y alternativa es detenernos un momento, pensar, releer la historia, comprender la actitud y altura de mira de los precursores.
Todo está sujeto a revisión, la realidad internacional, el camino y el puerto de arribo de este México nuestro, el perfil del Estado mexicano del siglo XXI, el futuro de nuestro partido como instituto político, la actitud de los mexicanos para no desgarrarse.

Es la hora de transformaciones nacionales e internacionales. En esta hora es un momento, una fuente para la idea y el diseño del cambio, una fuente para ese diseño que es la remembranza.
Las efemérides no son en nuestro México momentos de recreación nostálgica o añoranza, obsesión de aferrarse al pasado y desconocer el presente. No, nada de eso, grave sería que fueran un escape.

Las efemérides con un alto en el camino, un detenerse para abrevar en la razón de la historia, un sabernos sociedad maciza con antecedentes sólidos, con raíces.

Recordar, actitud y propósito ante el desafío, traer a la memoria la capacidad y la visión de nuestros estadistas para diseñar una perspectiva y conducir su tarea hacia ese destino.

Simplificar o estereotipar es una manera de olvidar, de disminuirle importancia a la verdad y al ejemplo.

Es cierto, Calles tuvo el prodigioso don de vislumbrar la eficacia estabilizadora y promotora del desarrollo del Partido Nacional Revolucionario, del Partido de la Revolución Mexicana, del Partido Revolucionario Institucional.

Es indudable la sorpresa con que fue recibida la idea en aquel memorable Informe Presidencial del 28. No fue, sin embargo, una ocurrencia o una solución de coyuntura. Calles no era un hombre de ocurrencias.

Desde el pequeño propietario, el maestro, el inspector de escuelas rurales, el revolucionario combatiente, el general estratega, el gobernador de Sonora, el tres veces secretario, el Presidente de la República, su trayectoria viene a recordarnos que los procesos de gestación de las ideas y las ideas mismas tienen una larga data. Así se forja la visión de estadista.

Estos procesos recomiendan un determinado curso histórico, permiten conceptualizarlo y, sobre todo, llevarlo a la práctica, realizarlo.

Por eso, singularmente nuestra Revolución, más que de ideólogos, arrojó estadistas.

¿Cuál es el pensar y cuál el hacer dentro de instituciones y leyes, si no el situar y privilegiar en el centro de la vida social a la política?

Calles tenía un profundo desprecio por el enaltecimiento de personalidades en la escena histórica.

Pensaba en términos de proceso, de organizaciones y de agrupaciones, en función de alianzas.

Tenía en lo más alto de sus prioridades lo social, lo común, lo colectivo, lo nacional, como superación dialéctica de lo opuesto y de lo diferente, aquello que da sentido y explica un concepto que el abuso convirtió en frase desla-vada: la unidad en la diversidad.

Los estadistas, para enfrentar una difícil coyuntura, hacen el análisis y toman la decisión política que trasciende a ese momento. Calles es uno entre muy pocos.

La creación del Estado mexicano del siglo XX, con sus fundamentos populares, su estruc-turación de gran alianza de fuerza revolucionaria, su proyección como Estado de bienestar, su naturaleza central de Estado de Derecho y su misión reivindicadora como instrumento de la justicia social, fueron algunas de las acciones que en el tiempo de Plutarco Elías Calles dieron cauce y cumplimiento al Pacto Constitucional creado por la Revolución Mexicana.

La Reforma Agraria empezó a afianzarse en la mentalidad de los gobernantes a partir de la tercera década del siglo anterior. Obregón y Calles empujaron en este sentido.

Si bien el reparto de tierras tuvo el propósito de pacificar a los campesinos, de atender sus reivindicaciones sin abrir nuevos frentes de descontento, también fue la expresión clara de atención al mandato de los compromisos de reivindicación social del constituyente del 17.

Del periodo callista de gobierno datan las leyes de irrigación con aguas federales, de dotaciones y restituciones de tierras y agua, las escuelas centrales agrícolas y las nacionales de agricultura y medicina veterinaria, el cuerpo técnico forestal, la Comisión Nacional de Irrigación, así como la construcción de numerosas presas, todo como inicio de lo que Calles denominó con sentido previsor la nueva etapa de la Reforma Agraria.

No fue menor la obra de Calles en materia educativa. La escuela rural y la educación secundaria recibieron un impulso alentador y promisorio, convencidos por su vocación magisterial, de que la educación es la madre redentora de los pueblos, tal como lo aprendió en su formación de maestro.

Al Presidente Calles tocó, igualmente, afianzar la institucionalización del Ejército Mexicano, realizando avances sobresalientes en su profesionalización, lo cual, con el paso del tiempo, configuró el carácter distintivo de las Fuerzas Armadas de nuestro país, preparada para dar seguridad a la nación y la defensa de la soberanía, pero sobre todo para servir a la sociedad en las emergencias con entereza y dirigencia a la altura de su lealtad a las instituciones y a su patriotismo.

Con visión integral de estadista, Calles trazó el perfil de la rectoría del Estado en materia económica, superó magistralmente el déficit hacendario de 1924, racionalizando el gasto público y desechando el fácil expediente del incremento impositivo.

Instituyó la Comisión Nacional Bancaria, promovió la Ley General de Instituciones de Crédito, creó el Banco de México, ejemplo en su época de Banco Central, conductor a la vez de la política financiera y monetaria del país.

Y en materia de crédito agrícola, se crearon bajo su gobierno los Bancos Agrícola y Ejidal, a los que pronto se sumó el Banco Cooperativo Agrícola, emparejado a la nueva Ley General de Sociedades Cooperativas.

Hay que reconocer que no es fácil construir el andamiaje institucional de un régimen, cuando se vive la embriaguez del cambio o la seducción falaz de la destrucción de la vieja sociedad.

Ciertamente Calles vivió una etapa propicia a la creatividad fundacional, pero en ello puso en juego el talento de su liderazgo y la tenacidad y perseverancia de su autoridad.

En momentos caóticos fue capaz de recuperar el orden, porque no basta con tener el poder, sino saber que con él se organiza y se sirve.

El hombre de poder no sucumbe a la anarquía, pero más difícil es liberarse de la proclividad o tentación del autoritarismo o de la autocomplacencia regocijada del espejo que obnubila.

Fue, en virtud de su convicción institucional y de su talento estratégico, que el Presidente Calles triunfó sobre la adversidad y los adversarios que lo acechaban.

Los movimientos soliviantados para abatir la vigencia de los artículos 3°, 5°, 24°, 27° y 130° de la Constitución, los motivos surgidos por tal motivo y la guerra civil conocida como la «Rebelión Cristera», no fueron suficientes para hacer variar el derrotero histórico de la política secular de México.

Aún en nuestros días siguen arraigados en la conciencia nacional sin posibilidades de ser vencidos o doblegados como guías inconmovibles de la nación, los principios históricos de la libertad de credo, la educación laica y la separación de la iglesia y del estado.

Sabedores los mexicanos que la soberanía nacional no es acto de fe sino voluntad de perseverante, de independencia y que la fe religiosa de cada persona no es dogma político sino libertad de conciencia, digna de respeto y de protección jurídica.

En estos tiempos dolorosos de la vida del mundo, el talento, el genio de Juárez, la decisión de los mexicanos de constituirnos como un estado laico, la sabia separación entre los estados civiles y las instituciones religiosas se reivindican. Otra cosa hubiera pasado en el mundo si el fanatismo no dominara acciones en otros países.

Como heredero de Juárez, a Calles le tocó resguardar el patrimonio que significa vivir en un estado laico, como condición de la libertad humana y como escenario natural del estado de derecho y del régimen constitucional.

Los mexicanos estamos dispuestos a proteger el patrimonio juarista y el legado de Calles, sabedores que para gobernantes y gobernados, los cánones religiosos y los dogmas de fe no deben trasponer los umbrales de la intimidad individual y familiar ni los marcos de su conciencia.

En México no hay voluntad que pueda romper el resguardo histórico del laicismo.

Calles afrontó el arrebato de tempestades políticas complejas y peligrosas. En 1927 los bloques parlamentarios en ambas cámaras sufrieron fracturas bajo el impacto de los opositores a la reelección obregonista.

La prudencia de Calles dejó pasar la tormenta del caudillaje, aunque la lucha parlamentaria era incesante y la confusión abundaba, supo prevalecer el espíritu de institucionalidad y legalidad.

Calles trascendió lo inmediato, lo entendió y fue capaz de mirar hacia delante las exigencias del siglo XX mexicano y edificar la estabilidad de 71 años a partir el presente que le tocó vivir.

Supo ver, citando sus propias palabras, un desarrollo pacífico y evolutivo de México como país institucional, en el que los hombres no fueran como no debemos ser, sino meros accidentes sin importancia real, al lado de la serenidad perpetua y augusta de las instituciones y las leyes.

Casi un siglo de estabilidad y de unidad nacional, a partir de una Revolución que había venido a dar cauce y voz a la pobreza y a la desesperanza y que supo superar la historia de un siglo XIX lleno de asonadas y de pugnas intestinas.

La creación del Partido Nacional Revolucionario vio a un horizonte histórico común a la extraordinaria diversidad del pueblo mexicano. A partir de esa lección ¿cuál es nuestra exigencia? Tener la capacidad de recrear para los mexicanos del siglo XIX un horizonte común, que aprecie lo luminoso de nuestro antecedente histórico y avance hacia delante, sin retórica ni nostalgia.

Como lo hizo Calles, tenemos qué entender las dificultades de las circunstancias, ser capaces de trascender la coyuntura y transformar al Partido en la plataforma de una perspectiva viable para el país en el largo plazo.

Entender el momento histórico es, en principio, asumir su complejidad.

No vamos a encontrar ni explicaciones ni causales únicas o inequívocas, la historia real se hace siempre de claroscuros.

Quienes únicamente señalan los rezagos de 71 años de historia, parecerían reclamar que no hayamos agotado esa historia.

Quienes sólo apuntan a los logros y al regreso a los orígenes corren el riesgo de quedarse al margen de la nueva historia.

Tengo la certidumbre de que la 18 Asamblea Nacional del Partido nos va a encontrar con una retrospectiva balanceada de lo que ha sido la trayectoria del PRI, con capacidad autocrítica, siempre necesaria, pero con el deslinde preciso de lo que es la crítica pertinaz y constructiva y lo que es la autodenigración.

No vale la pena autodeni-grarnos, mucho hemos construido por este país.

Las circunstancias obligan al partido a cambiar sus métodos. No se trata solamente de ganar elecciones y tomar el poder, eso se lo propone cualquier partido, un partido con sentido, con ética pública, con visión de la creación histórica sabe que la obtención del poder adquiere legitimidad moral cuando el propósito de ejercerlo se vincula con las reivindicaciones de la ciudadanía, con un proyecto de justicia, con una vocación humanista, es lo que contemporáneamente implica vincularse con las causas de la gente.

Tenemos que repensar para reafirmar o modificar las definiciones fundamentales que sustentan a nuestra organización el día de hoy y rescatar de nuestra historia los valores que le dieron fortaleza, un partido incluyente, progresista, flexible, lideral, comprometido con las causas de las mayorías.

Un PRI no sólo eficaz para la acción electoral sino comprometido con la gestión social, un PRI capaz de interpretar el sentir popular, conceptualizarlo y proponer un proyecto general, una visión de país, una expectativa de futuro que aglutine, un partido que además del legítimo apetito de poder de sus militantes, tenga vocación de trascendencia y responsabilidad en la conducción del futuro de México.
No podemos renunciar a esos valores, son los que nos han distinguido como partido.

La hora en que percibimos que el Partido ha perdido espacio en la función pública, es al mismo tiempo la enorme oportunidad de profundizara nuestro acercamiento y nuestro compromiso con la gente en lo concreto.

Con las causas urgentes inmediatas de la colectividad de los jóvenes en busca de una educación pública de calidad y de oportunidades de empleo, de los hombres del campo que buscan apoyo para la comercialización de sus productos, de los maestros que aspiran a una justa retribución de sus tareas, de las clases medias urbanas que demandan seguridad en sus hogares, acceso a la vivienda, ingreso suficiente.

No es difícil encabezar y sumarnos a las causas de la gente si salimos del claustro de los poderosos y de la ambición.

Tenemos que ajustar nuestras organizaciones a esos fines, redefinirnos en torno a los propósitos populares, no partiendo de un modelo abstracto o voluntarista que no se corresponde a la realidad de la construcción del sistema político mexicano.

El siglo XXI exige imaginación, un entorno inédito lleno de riesgos y a la vez promisorio en el que coinciden la revolución de las comunicaciones y la pobreza y la marginación, el auge comercial de la globalización y la incertidumbre en el empleo, el cambio demográfico hacia una población mayoritariamente adulta, al tiempo que una parte de nuestro pueblo infantil carece de lo más indispensable.

¿Qué papel tenemos por delante qué desempeñar? La defensa vigorosa e irrenunciable del Estado imprescindible y el respeto a una mayor participación ciudadana, el aliento al protagonismo social.
Los mecanismos de mercado no van a resolver los problemas esenciales de nuestra convivencia, tenemos qué defender desde el partido y en las posiciones que ocupemos en el gobierno las causas de la vida, el derecho a la alimentación, la preservación de nuestros recursos naturales, la vida digna de la población de la tercera edad, la equidad efectiva de género, la erradicación estructural y no asistencialista de la pobreza extrema, la universalidad y la calidad de los servicios de salud, la consolidación de la seguridad social, la cobertura amplia suficiente en la educación, el derecho de nuestros jóvenes a la formación universitaria, el derecho de nuestro pueblo a un empleo digno y bien remunerado, el derecho de nuestros ciudadanos a un ambiente de certidumbre democrática y tolerancia, el absoluto derecho de todos a la liberad de expresión y el respeto a las diferencias, el derecho de nuestro partido a seguir siendo una opción política respetada y respetable.

Privilegiar la política, ese es el legado de Plutarco Elías Calles, darle un peso común a lo distinto, darle un mecanismo a las personas y grupos para que transformen su interés personal en pasión, en ideas y en militancia, en proyecto solidario, en el telar en donde el nudo individual se hace tejido y sobra significación y durabilidad.

La política de valores y realizaciones convertidas en instituciones y el valor de la política, constituyen el legado de Calles al que en la circunstancia actual podemos remitirnos y consultar.
Conocedor profundo de la naturaleza humana, encontró la manera de encauzar la ambición sin cancelarla, de convertir la movilidad social en un proyecto colectivo y no en una aventura individual.
Ese fue el Estado que construyó y que descansaba sólidamente en el Partido que vislumbró, el Estado promotor, el Estado rector, el Estado imprescindible, el de instituciones legítimas y legitimadas por encima de carismas y caudillajes.

Es verdad, son tiempos de competencia, ¿qué es lo que compite? compite el dinero, las maquinarias. Los mercadólogos pongamos siempre sobre la mesa hasta la obcecación, que por encima de esa competencia está la oferta de principios y valores, de antecedentes históricos y perspectiva, de datos y realizaciones, actitudes que en el amanecer parecen no rentables, pero que hacia el final del día rinden los mejores frutos.

Se ha hablado mucho en estos tiempos que algunos sólo saben leer como si fueran los de la derrota, de que el sistema del partido hegemónico no estaba preparado para la competencia.

Volvamos a Calles, insistamos en su recomendaciones y en su genio, cuando decía en 1929, que una de las obligaciones del Partido Nacional Revolucionario era aceptar todo triunfo legítimo de contrarios en política, así sean reaccionarios, así representen la más atrasada tendencia, seguros todos de que la opinión revolucionaria del país impondrá en la constitución legítima de mayoría sin que haya necesidad para constituir estas mayorías, de torcer el voto o e burlar la voluntad del país.

Conocía Calles de la complejidad y la volatilidad del fenómeno electora, pero también conocía, estaba cierto de que las mayorías revolucionarias prevalecerán si se actúa con sentido político, con legalidad y con responsabilidad.

Calles concibió el partido de la responsabilidad. Esa es una de las grandes disyuntivas actuales dentro del PRI, o asumimos el debate interno como un combate de protagonismos dentro del partido o lo vivimos como una toma de posiciones ante los problemas de la sociedad y el destino futuro de la nación.

Somos, debemos seguir siendo el partido de la soberanía.

México encara el reto de superar una dependencia inequitativa y complaciente para afirmarse de lleno en su autodeterminación e identidad en el Siglo XXI, en el marco de la globalidad.

¿Cómo beneficiarnos de la globalización sin empeñar nuestra soberanía o incurrir en un aislamiento estéril e histórico? El Partido tiene que plantearse las preguntas y darle la contestación al pueblo mexicano, existe el talento profesional y el sentimiento de mexicanidad para encontrar las respuestas adecuadas.

Nuestra conciencia nacionalista no es chauvinista ni excluyente, es consistente con nuestra identidad latinoamericana y consecuente con nuestra amplia vecindad, compartimos con el pueblo estadounidense, los valores por la libertad y la democracia, con este pueblo, con la sociedad norteamericana interactúan millones de compatriotas, desde la potestad de un país soberano, desde la perspectiva del Partido histórico de México, somos solidarios y amigos del pueblo estadounidense en momento de dolor.

El PRI fue en el Siglo XX, la más amplia coalición social de nuestra historia, cómo recomponer ese tejido, recuperemos los valores esenciales propios del México real, voluntad, honradez, tenacidad, sentido igualitario, capacidad para la alegría, naturalidad.

El Partido no es patrimonio o divisa de unos pocos, por acendrada que sea su militancia y su convicción partidista, el partido es cauce para muchos, la opción para muy diversos, espacio para las nuevas generaciones, así se reconstituirá su fortaleza.

Cuando Calles vislumbró el partido pensó en la nación, capacidad organizativa, actitud de servicio que aprendió del maestro rural, voluntad imaginativa y emprendedora que ejerció por igual como comerciante que como Secretario de Economía, voluntad y firmeza mostradas como Secretario de Guerra y como Secretario de Gobernación, saber hacer a un lado la impertinencia de la intriga inmediata para ver a un México mejor, para ver mucho más adelante, la voluntad de hacer política, todo el tiempo y en todo lugar, parafraseando al inolvidable Luis Donaldo.

En este inicio de siglo, hacer política y reconstruir al Partido es esencial. Hace unos días el Senado de la República tuvo el acierto de homenajear a un ilustre mexicano con la Medalla Belisario Domínguez, a José Iturriaga, decía él respecto de Calles, un comentario que en esta fecha es pertinente recuperar:

“El mandato del gran Presidente Plutarco Elías Calles, estuvo rodeado de intenso dramatismo, de dos guerras fratricidas, de una amenaza de invasión extranjera a México y de ostensible debilidad del Presidente Calles, frente al General Obregón su antecesor. Así y todo, a pesar de tal situación tan precaria y ominosa para el ejercicio certero del poder, Calles pudo superar muchos de esos obstáculos y sin retórica ni metáfora alguna, puedo afirmar qué él abrió”, dijo José Iturriaga, que él abrió de par en par las ventanas del Siglo XX para que entrara su oxígeno a palacio y se introdujera en México la modernización institucional, cuya presencia en el país se había retrasado casi un siglo.

Tiempos dramáticos vivimos en el mundo ahora, tiempos difíciles de nuestra patria, pero que la complejidad de los tiempos de hoy, no nos lleven al retroceso o a la involución.

Si en aquellos tiempos de verdadera tempestad la corriente histórica a la que pertenecemos supo encontrar respuesta, superando mezquindades y abogando por grandeza, en este Siglo XXI, la fuerza de los priístas, su pluralidad, su deseo de recuperar y reivindicar la aportación histórica que han hecho al país, su visión de futuro, nos permitirán salir adelante.

Pareciera indispensable que tanto en el terreno del estado, como en el terreno del partido, reivindiquemos la conceptualización esencial de Calles, cuando el primero de septiembre de 28, expresó: quizá por primera vez en su historia, se encuentra México con una situación en la que la nota dominante es la falta de caudillo.

Esta situación debe permitirnos, va a permitirnos orientar definitivamente la política del país, por rumbos de una verdadera vida institucional, procurando pasar de una vez por todas, de la condición histórica de país de un hombre a la de nación de instituciones y de leyes... esa ha sido nuestra conducción, esa seguirá siendo.

Muchas gracias.

*Mensaje de la Licenciada Beatriz Paredes Rangel, Presidenta de la H. Camara de Diputados, durante la Ceremonia Conmemorativa del LVI Aniversario Luctuoso del Expresidente de México, general Plutarco Elías Calles, efectuada en la explanada del Monumento a la Revolución, el 19 de octubre de 2001.