Tenemos
mucho qué hacer y disponemos de poco tiempo
-
EL DESARROLLO INTEGRAL: LA GRAN EMPRESA NACIONAL
- LA NECESIDAD, LEY SUPREMA DE LA POLÍTICA
- NO SEREMOS APARTADOS DE LA RUTA POR QUIENES DESEAN DESANDAR
LO RECORRIDO
Al
celebrar los cincuenta y dos, años de iniciada la Revolución
Mexicana, la vemos como un patrimonio común de todos los
mexicanos, y a sus ideas aglutinando las voluntades de las grandes
mayorías nacionales en su afán de superar los problemas,
vencer los obstáculos e imponerse a las limitaciones para
continuar la transformación de México que nuestros
grandes de ayer ambicionaron. Ningún tributo mejor ni de
más alta jerarquía se puede rendir a los precursores
iniciadores y realizadores de la Revolución Mexicana, que
el espectáculo que hoy muestra el país a cincuenta
y dos años de ella.
La
Revolución Mexicana en el presente. siendo impulso creador,
es también experiencia. Manteniendo vivo su impulso creador
y aprovechando al máximo la experiencia heredada y adquirida
continuamos alcanzando las grandes metas que derivan de sus ideas
preñadas de vitalidad y aptas aún para responder
a las necesidades y aspiraciones de nuestro pueblo. Y es que en
nuestros días la Revolución no es sólo una
idea en movimiento, sino una realidad en transformación.
Por eso, la Revolución en el México de hoy, o es
constructiva e institucional o deja de ser Revolución y
se convierte en reacción, sin importar bajo qué
signo se ampare.
Cuando
Francisco I. Madero rompió la sociedad pacificada del porfiriato
la paz es orgánica, la pacificación es impuesta
y cuando más tarde cumplió su alta e inequívoca
misión política de morir para servir a su causa,
seguramente vislumbraba el México que habría de
surgir por su lucha y sacrificio.
En
nuestra historia, una generación heroica y dolorosa había
suprimido la amortización de los bienes de manos muertas;
otra generación, interrumpiendo el proceso histórico,
amortizó los bienes de manos de los vivos y, simultáneamente,
amortizó la vida política. Desde la perspectiva
contemporánea que nos permite ver el desarrollo de un país
como desarrollo integral económico, político,
social y cultural estamos conscientes que el estancamiento,
o mejor dicho, la involución porfirista, tenía que
romperse precisamente en su aspecto político, pues era
en éste donde ella se agudizaba y concentraba. Sólo
rompiendo la involución política era posible obtener
el empuje inicial para que en etapas subse-cuentes se pudiera
acelerar la evolución económica, social y cultural
de México y llegar al momento en que el desarrollo integral
fuese la gran empresa nacional.
Entre
las corrientes contradictorias de nuestros días, seguimos
la línea recta ordenada por nuestros muertos y exigida
por las impostergables carencias de nuestro pueblo. Estas sólo
son diferidas en su satisfacción por la infranqueable limitación
que a la capacidad de acción del gobernante impone la necesidad,
ley suprema de la política, que únicamente permite
poder hacer algo todos los días y no todo en un sólo
día.
Tenemos
mucho qué hacer y disponemos de poco tiempo; pero, por
ello, lo que hagamos, debemos hacerlo bien y sólidamente.
Sabemos que una revolución, a sus cincuenta y dos años
de vida, no debe poner parches; que las medidas a medias son medias
medidas y que en la lógica interna de nuestra Revolución
está el cumplirla cabalmente para que pueda defenderse
y consolidarse por sí misma.
Ciertamente
que tenemos graves problemas; pero a ellos nos enfrentamos cotidianamente.
Muchos mexicanos viven en los problemas, carecen de casi todo;
pero ningún mexicano permanece olvidado. Nuestros problemas
existen no por la Revolución, sino a pesar de la Revolución;
ellos, además, son de crecimiento, no de enfermedad o decadencia.
¡Claro que tenemos problemas! Lo raro sería que no
los tuviéramos. Pero en lo que debemos reparar es en que
tenemos una mayor capacidad para resolverlos.
La
Revolución tiene su ruta y su ritmo. De la primera no será
apartada por quienes faltos de imaginación no pueden avanzar
si carecen de un modelo a seguir. Cuando la Revolución
se inició no se disponía de modelo a seguir y hoy
tampoco disponemos de él.
De las necesidades nacionales y populares surgen las directivas,
las ideas esenciales y éstas se mantienen vivas mientras
no se alcanzan las metas trazadas. Nuestra historia revela que
en México hay pueblo y que basta obedecerlo para seguir
adelante.
No
seremos apartados de la ruta por quienes desean desandar lo recorrido
pues tal camino es intransitable. Y en cuanto al ritmo, éste
no será alterado ni por los impacientes que abandonan temporalmente
el mundo de espectros en que viven y confunden su ficción
con la realidad, ni por aquellos que, más activos que la
actividad, ignoran que la acción está precedida
y presidida por la reflexión, por el pensar previo, y que
a México le preocupa tanto la celeridad en los avances,
como la firmeza de los logros. Tampoco será modificada
la velocidad por los inmovilistas, por aquellos que conociendo
la historia quieren detener la Revolución porque saben
que revolución que se detiene retrocede, usando la frase
recordada por el candidato, ciudadano López Mateos. Ni
el impulso superficial de unos, ni la resistencia intransigente
de otros, marcan el ritmo de la Revolución.
Vamos
hacia los ideales permanentes del pueblo de México pero
con los pies sobre la tierra, afrontando día a día
los problemas que la realidad nos depara. En los distintos momentos,
nuestros ideales nos dicen hacia dónde debemos ir; la realidad
y su posible cambio, hasta dónde podemos ir.
Sobre
esta base, el régimen actual seguramente obtendrá
su sello distintivo por los grandes pasos dados en materia de
reforma social activando y complementando la Reforma Agraria extendiendo
y ampliando la seguridad social, reformando la Constitución
para convertir en realidades viejos anhelos del constitucionalismo
social mexicano y, simultáneamente a ello, nacionalizando
industrias básicas y estimulando la capitalización
nacional tan necesaria en un país que quiere al mismo tiempo
progresar económica y socialmente.
Los
críticos pequeños señalan aquí y allá
matices que no le satisfacen. Olvidan que la técnica para
el progreso de un pueblo no es una técnica de precisión
sino de aproximación. Cuando la Reforma Agraria surgió
en México, hubo, a no dudarlo, mucho de audacia e improvisación;
pero la consecuencia de ello es que en México la Reforma
Agraria está, en marcha y en otros países se discutió
tanto sobre los métodos y normas que debían adoptarse,
que se dio tiempo a las fuerzas negativas para impedir su ejecución.
Todo
ello nos afianza en el propósito secular de no desesperar
de conjugar libertad y justicia social. No desesperar porque sabemos
que sin justicia social la libertad es precaria y quimérica,
pues no es libre el hombre esclavo de la necesidad, y que sin
libertad, la justicia social se frustra, pues sólo hay
justicia entre hombres libres y para hombres libres. Por tanto,
conspiran contra la estabilidad y el desarrollo de México
quienes con egoísmo suicida, por no compartir lo que tienen,
podría exponer al país a las soluciones desesperadas.
Y
un resultado de la Revolución, cuyo significado a veces
se subestima, está a la vista: México es uno de
los países de mayor movilidad social y política;
la circulación de la sangre no es interrumpida; la igualdad
de oportunidades se mantiene y se ensancha.
No
hay cuadros políticos cerrados. No hay ni habrá
lucha de generaciones. El ascenso a la responsabilidad está
libre de trabas artificiales. La sucesión de generaciones
es ininterrumpida. No hay generaciones congeladas. La vida política
nacional cuenta por igual con maestros y aprendices; ambos indispensables
para garantizar la permanencia y continuidad de la obra.
Ningún
joven puede imputar su angustia a orfandad ideológica nacional.
La doctrina de la Revolución Mexicana vive y es receptiva
y susceptible de autoperfec-cionarse. Dispone de ideas que perdurarán
en tanto no se realicen, y de programas que actualizan, se ajustan
bajo el imperio de las variables circunstancia. Ni doctrinas,
ni programas permanecen petrificados por un árido dogmatismo.
Este
panorama interno ha permitido a México salir al exterior.
México ya no es únicamente un pedazo del globo;
sino que ocupa un lugar en el mundo. Ya no. somos objeto de la
política internacional, sino sujeto. Somos sujeto activo
porque en un mundo dividido y en tensión, concedemos primacía
a lo valores éticos y espirituales. Porque en un mundo
que frecuentemente parece exponerse a ser divido entre vencidos
y perdidos, no estamos ideológicamente desarmados; tenemos
definición. Tal el mensaje que a través de su Primer
Magistrado, México llevó a países que, como
él. quieren la paz para proseguir trabajando empeñosamente
por sus pueblos, por el mundo de horizontes abiertos que el futuro
puede reservarnos si el hombre. como género, actúa
racional y moralmente.
Y
en ese mensaje hay una clave para entender la línea recta
de México: no deben confundirse las ansias de progreso
y mejoramiento de los países insuficientemente desarrollados
con ninguna tendencia política internacional.
El
proceso de la Revolución Mexicana es un prodigio de síntesis
de ideas y de hombres. Capítulos aparentemente contradictorios
de su historia se armonizan cuando se ven a la distancia. A hombres
que chocaron entre sí, se les ve también a la distancia
laborando por una misma causa y cumpliendo una misma tarea. En
México la historia no es un peso muerto, sino una fuerza
actuante. Hay una continuidad histórica que es coraza de
la Revolución Mexicana. En México los muertos militan,
y militando con nosotros, encontramos el idealismo heroico de
Madero, el ímpetu social de Zapata y Villa, la invencible
voluntad legal de Carranza, la audacia de los radicales sociales
de Querétaro, la imaginación de Obregón y
el sentido institucional de Calles. Los grandes muertos de México
militan por el mañana de México.
Fuente:
Discursos sobre la Revolución Mexicana, testimonios
del 20 de noviembre
Compilación y nota introductoria de Sergio Contreras Cruz.
México, Secretaría de Capacitación Política
del CEN del PRI.
Documento existente en el Centro Nacional de Información
Documental de la Fundación Colosio, A.C.
*Discurso
pronunciado por el licenciado Jesús Reyes Heroles, en el
Monumento a la Revolución el 20 de noviembre de l962
