La guerra de Las Galias*
RAMÓN OJEDA MESTRE**

Hablar de guerra es hablar de política. Una de las obras clásicas de la literatura política no sólo por la significación del autor mismo como militar y hombre de poder omnímodo en su tiempo sino porque Julio César fue un hombre con muchos intereses intelectuales. Además de la gran pasión que tuvo por las letras se preocupó por el estudio de la geografía, las ciencias naturales, la astronomía de la que compuso una obra importante, las matemáticas y otras. Por instancias de él, el matemático griego reformó el calendario al que, en honor de César se le denominó Juliano y empezó a funcionar el primero de Enero del año cuarenta y cinco A.C. Su obra poética se ha perdido aunque las referencias históricas de sus contemporáneos lo refieren como un muy buen poeta y muy buen gramático. Los Comentarios a La Guerra de las Galias tienen un paralelo en nuestra literatura historiográfica que lo constituyen las Cartas de Relación de Hernán Cortés.

El General Félix Galván López, sin duda uno de los mejores Secretarios de la Defensa Nacional que ha tenido México tenía en los libros de Comentarios de La Guerra de las Galias y Guerra Civil como obras guía a las que acudía con frecuencia por considerar que reflejan una profunda lección sobre la transformación sicológica de los hombres del poder. Con frecuencia el culto militar mexicano explicaba que estas obras nos enseñan que es más difícil alcanzar la paz y mantenerla que entrar a la guerra y sostenerla, sin embargo, recalcaba, una guerra se acaba cuando se termina el dinero y la paz desaparece también cuando escasean los recursos económicos de los pueblos. La guerra y la paz son dos caras de la misma moneda: la política.

Sesenta años antes de Cristo, Julio César forma parte del primer triunvirato que gobierna Roma impuesto por el Senado. Un año después, como cónsul, Julio César expide las primeras leyes agrarias cuyas raíces y experiencias serían recogidas en la normatividad jurídica de todas las culturas occidentales. Doce meses después una invasión germánica de suabos abre la oportunidad a este comandante de introducir sus legiones para llevar a cabo durante siete años la llamada Guerra de las Galias.

El diecisiete de diciembre del año cincuenta Julio César cruza el Rubicón a la cabeza de sus tropas, mientras Pompeyo nombrado cónsul único por el senado permite que se desencadene la anarquía por su impericia política que da lugar a una guerra civil de cruenta violencia. En el año cuarenta y cuatro A.C. el dictador vitalicio Julio César ha reformado el estado romano, se empantana en Egipto y se dispone a instaurar la monarquía detonando el complot republicano que lleva a cabo su asesinato a manos de Junius Brutus y Casio el 15 de marzo de ese año. Su muerte desencadena la decimotercera guerra civil encabezada por su hijo adoptivo Octavio y Marco Antonio su lugarteniente y heredero espiritual.

Los hechos que contextualizan este libro imperecedero son el gran conflicto entre Catilina y Cicerón, el primer triunvirato que ya hemos mencionado, el consulado de Cayo Julio César sobrino de Mario en el que le encargan el gobierno de las Galias (hoy Francia y Bélgica), el consulado del año cincuenta y cinco en el que le refrendan el poder sobre las Galias por otros cinco años mientras que a Pompeyo se le entrega la hoy España y a Craso, Siria, la conquista misma de las Galias que lo llevan incluso hasta lo que hoy es Inglaterra, el nombramiento de Pompeyo como cónsul sine collega, el ultimátum senatorial para que el propio Pompeyo se enfrente al César y la llamada guerra civil entre ellos en el que Julio César conquista Roma y toda la península itálica, la derrota de Pompeyo en Farsalia y la guerra alejandrina en la que César llega a Egipto persiguiendo a Pompeyo y toma parte en los problemas internos de la dinastía ptoloméica en favor de Cleopatra con la que finalmente triunfa y llega al trono Egipcio y después el triunfo de César en Zela sobre Farnases de Ponto donde pronuncia su frase inmortal de «Veni, vidi, vinci». En el cuarenta y seis sería nombrado dictador por diez años y prefectus moribus , censor de la moral y las costumbres.

Julio César fue, durante toda su vida un perseguido político, antes de tomar el poder y ya habiéndolo obtenido. Escapó muchas veces de la muerte, más de diez, cohechando o corrompiendo con monedas de oro, talentos, a sus captores. Sin embargo más allá de su genio militar y político, o quizá por eso mismo, Julio César era un estudioso y lector incansable. Aunque de origen noble sus acciones le identificaron siempre más con el Partido Popular que con el Aristocrático aunque era considerado un hombre de «benigno y comprensivo carácter» lo que demostró cuando gobernó España con el carácter de Pretor.

El libro de Comentarios a La Guerra de las Galias nos muestra un Julio César de muy agudo sentido de la observación y experto valuador de las condiciones geopolíticas del universo que él conoció. Su capacidad narrativa le permite describir con gran acuciosidad las aristas psicológicas de cuanto civil o militar conocía lo que le facilitaba prever con gran acierto los pensamientos y acciones de quienes le interesaban. Era además según se desprende de esta obra un sagaz diplomático. Como comandante militar se muestra en la obra, empero, firme y drástico, capaz de reprender ásperamente a los subordinados, utilizando una fértil oratoria que tanto estudió y practicó. Siempre daba más de lo que de él se esperaba fueran bienes, recompensas, castigos o represalias.

Dice en su obra «más vale morir en campaña, que dejar de recobrar nuestra antigua gloria militar y la libertad heredada de los mayores», quien fuera siempre un gran orgulloso de su romanidad, de su identidad nacional, a grado tal que en todas sus batallas y avatares vestía de gala y se desplazaba con aire majestuoso. Jamás acudía a expresiones triviales o frívolas, siempre el señorío y la majestad. Tenía en el más alto nivel de consideración al servicio público. Escribió: «Velen los cónsules, los pretores, los tribunos del pueblo y los procónsules de la jurisdicción de la Ciudad porque la República no padezca menoscabo». Curiosamente su mayor obsesión no era el poder militar sino remediar las necesidades económicas de su pueblo, ello fue la inspiración y aliento de todas sus batallas y de todas sus acciones bélicas y políticas.

En el libro La Guerra Civil los análisis de Julio César son más subjetivos que objetivos como lo hiciera en los Comentarios a la Guerra de las Galias. Así lo explican lo mismo Suetonio que Plutarco en sus Vidas Paralelas. Quizá uno de los datos más importantes que emergen de estas obras sea la constante de la traición y el complot o la conspiración en todos los ejercicios militares y políticos que César tuvo que afrontar, ciertamente, pero también practicar y no con menos maestría.

Lo fundamental: estos libros de Cayo Julio César enseñan que la tarea política requiere de preparación, de disciplina, de lealtad y de un profundo conocimiento de los pueblos y de las circunstancias temporales, pero sobre todo, que sin conocer la historia ni se sirve para el presente ni se es apto para el porvenir.

*Cayo Julio César.
Colección «Sepan cuantos...» Nº 20
México, Editorial Porrúa, 1995
**Miembro de la Corte Internacional de Arbitraje y Conciliación Ambiental.