LA
EVOLUCIÓN CONSTANTE DEL PRI
RENATO ALARCON*
La
Revolución Mexicana no es un hecho histórico aislado.
Es el movimiento social que unifica ideales y conquista la igualdad,
los derechos laborales y el desarrollo; es el derecho positivo
mexicano que se traduce en nuestra Carta Magna.
Los
caudillos de la Revolución son el estandarte de la libertad,
con ellos y por ellos surge el Partido Nacional Revolucionario.
El PNR es la institución que nace para dar estabilidad
política, social y económica a México. Logra
con arreglos institucionales internos dejar atrás los cuartelazos
y las asonadas.
El
PNR entiende su tiempo, se moderniza y busca el apoyo de las mayorías
campesinas y obreras. La institución emanada de la Revolución
aglutina a la fuerza de la Nación en el Partido de la Revolución
Mexicana (PRM).
El
PRI es el heredero original de estas conquistas. El México
moderno no se entiende si no se sabe cuál fue el origen
y la labor del Partido Revolucionario Institucional. Los priístas
de hoy y de antaño somos artífices de la historia
porque heredamos los pilares ideológicos que le dan sustento
e identidad a los mexicanos. Por doctrina y herencia el PRI enarbola
la democracia, la justicia, la justicia social, la soberanía,
el nacionalismo y el Estado de derecho.
La
democracia en México fue impulsada por el PRI. La representación
de las minorías no se dio por un juego de azar. Los triunfos
del PRI se reflejaron en las urnas y se legitimaron con la apertura
hacia las oposiciones. No fueron dádivas sino verdaderas
oportunidades de representación para las minorías.
El Partido Revolucionario Institucional siempre ha entendido que
la democracia se construye a partir del consenso y del disenso.
Por
esa filosofía el voto de la mujer es una realidad irrefutable
desde 1953. Con esa filosofía el PRI impulsó en
1963 la creación de los Diputados de Partido y en 1977
el esquema de Representación Proporcional.
Gracias
a la labor de muchos mexicanos, la gran mayoría de ellos
priístas, hoy tenemos la seguridad jurídica de tener
elecciones creíbles y transparentes y contar con organismos
y tribunales electorales autónomos.
El
PRI ha servido a nuestra Patria como ninguna otra institución,
pero el desgaste natural por el ejercicio de gobierno, el desapego
paulatino sobre los preceptos revolucionarios y la falta de compromiso
de algunos gobernantes emanados de sus filas han puesto al Partido
Revolucionario Institucional en un nuevo contexto; en un escenario
que obliga a una profunda reflexión interna y a una autocrítica.
La
mesura debe caber en los priístas que vivimos esta nueva
etapa porque no se trata de una búsqueda de culpables ni
de una autoflagelación. Debemos estar conscientes que la
crítica exacerbada sólo genera la pérdida
de identidad y la falta de compromiso con la institución
a la cual pertenecemos.
La
renovación y la apertura son las únicas vías
de desarrollo institucional. El futuro del PRI se debe construir
sin miedos ni cortapisas, transformando la crítica en propuesta
y la indolencia en participación. El PRI debe ser un partido
moderno y dinámico que construya con ideas la visión
de futuro que necesita para seguir representando a la mayoría.
La
visión de futuro del PRI implica creer y practicar la democracia
interna sin vulnerar la institucionalidad, tiene que ver con nuevos
paradigmas y no con el antiguo sistema de valores y lealtades.
Los priístas tenemos la obligación histórica
de ser leales a nuestro Partido pero nunca sumisos ante las personas
que lo integran. Por ello se necesitan priístas propositivos,
comprometidos y orgullosos de su instituto político, capaces
de renovar los mecanismos institucionales de participación
y generar los consensos necesarios para dejar atrás las
luchas internas.
Los
priístas debemos entender la pluralidad, ser tolerantes
y reconocer el argumento y la razón ajenos para convencer
con el propio. Tenemos que creer, como hasta ahora lo hemos hecho,
en la fuerza de la razón y no en la razón de la
fuerza.
Los
adversarios, que no enemigos, están hacia fuera, no dentro
del PRI. La claridad en ello es parte fundamental de la nueva
visión del Partido. Debemos dejar atrás el muro
de las lamentaciones, hay que enfrentar la voz del cambio sin
las excusas del 2 de julio y las glorias de antaño.
Un
PRI con visión de futuro debe ser mayoría en donde
hoy todavía lo es, no sólo en las urnas sino en
el reflejo de las ideas; en el debate, en público y en
privado, los priístas debemos ganar con los mejores argumentos,
demostrando que somos una opción viable de gobierno, que
entendemos el presente y nos preparamos para el futuro.
Se
vale señalar los errores de las otras fuerzas políticas,
pero sería muy lamentable fincar el éxito en ello.
El PRI necesita ganar voluntades por lo que representa, no sólo
por lo que critica. Va a ser mayoría por su proyecto y
sus aspiraciones, por ser la mejor opción política
y no porque el adversario se equivocó.
Construir
la visión de futuro del PRI es un proyecto para quienes
son jóvenes de pensamiento. No se trata de concesiones
ni de cláusulas de inclusión, sino de vincular generaciones
y tender puentes entre juventud y experiencia.
En
política no hay verdades absolutas, así es que debemos
dejar atrás los calificativos que denostan la experiencia
y la energía de nuestro Partido. Ni los antiguos priístas
son tan obsoletos, ni los jóvenes tan ingenuos como parecen
serlo.
Un
PRI como el que aquí tratamos de dibujar debe ser el anhelo
de los hombres y mujeres que quieren servir a México y
a los mexicanos.
Con
un partido que se adapte a los nuevos paradigmas de la sociedad
y rescate su origen ideológico traduciéndolo al
nuevo orden, la visión de futuro del PRI será una
realidad.
Así
y solo así habremos demostrado que sí es cierto:
El Partido Revolucionario Institucional no se basa en el oportunismo
sino en las ideas, entiende el devenir de la historia nacional
y se adapta a las nuevas circunstancias para seguir siendo la
mejor opción política.
*Licenciado
en Ciencias Políticas y Administración Pública
por la Universidad Iberoamericana. Coordinador de la Mesa Visión
de Futuro, en Xalapa, Veracruz.
