UN
PARTIDO RENOVADO PARA UNA NUEVA ERA
JOSÉ NATIVIDAD GONZÁLEZ PARÁS*
1.
LA CONSTANTE DEL CAMBIO COMO REFERENCIA OBLIGADA
Aunque
mucho se ha hablado del cambio en las últimas décadas,
ahora sí estamos viviendo un auténtico cambio. Cambio
en el calendario de la historia porque acabamos de cruzar los
umbrales de un siglo y de un milenio; cambio en nuestra vinculación
internacional porque ahora somos sociedades inscritas en el contexto
de la globalización y de las relaciones supranacionales;
cambio en los grandes paradigmas de los modelos ideológicos
que caracterizaron la segunda mitad del siglo pasado, porque cayó
el muro de Berlín y terminó en el mundo la confrontación
secular de la bipolaridad extrema; cambio por las consecuencias
de una profunda revolución tecnológica de las comunicaciones
y de la informática que está transformando los procesos
productivos, la ciencia y el funcionamiento de las organizaciones
sociales.
En
México en el ámbito político el cambio ha
sido profundo y se ha dado particularmente en el capitulo de la
democracia representativa. Hay ya alternancia a nivel nacional
y local; hay mayores contrapesos y balances en el ejercicio de
los poderes públicos; hay participación más
libre y crítica de la sociedad y de los medios de comunicación;
y hay una cultura política más sólida en
buena parte del electorado. Independientemente del abandono parcial
de las causas populares, independientemente de las fallas de estrategia
organizacional y de diseño de campañas comunicacionales,
el signo de los tiempos el del cambio generó,
en el pasado reciente, las condiciones para que por inercia natural,
por sentido común se diera también una propensión
al cambio, es decir, a la alternancia en el funcionamiento de
un sistema político en el cual, por más de 70 años,
nuestro Partido gobernó ininterrumpidamente en la Presidencia
de la República. La sociedad mexicana, en un segmento mayoritario,
por la percepción de la necesidad del cambio, por legítima
curiosidad de vivirlo (en un escenario que presentaba menos riesgos
de desestabilización), o en menor medida por rechazo a
las debilidades, errores o desviaciones de nuestro partido, votó
por el cambio.
En
las pasadas elecciones el país no estaba a la deriva ni
sumido en una gran crisis, al contrario había estabilidad
política, crecimiento económico y credibilidad (consenso
favorable) en nuestros gobernantes.
La
alternancia no significó para la gran mayoría la
condena de muerte o la expulsión del juego democrático
de nuestro Partido. El mandato de la alternancia significó:
o cobrar la factura de nuestros errores para saldar cuentas (influido
también por un eficaz proyecto mercadotécnico de
la oposición) o simplemente producir ese cambio de alternancia
que nos llevaría a vivir, desde esta perspectiva, las condiciones
de una democracia más plena.
En
política como en muchos otros órdenes de nuestra
vida colectiva, estamos ahora viviendo una nueva etapa de nuestra
evolución histórica. Una etapa que por sus características
de diferenciación con las anteriores y por la magnitud
de las transformaciones simultáneas en el contexto externo
puede considerarse como una «nueva era». Nuestro partido
debe en consecuencia plantear un proyecto de renovación
que responda no sólo a los imperativos de la alternancia
sino también de esta nueva era.
2.
UN PARTIDO RENOVADO CON UN NUEVO PROYECTO DE NACIÓN PARA
LA NUEVA ERA
Al
asumir su compromiso de cambio responsable, de cambio democrático
e institucional y si se nos permite de «revolución
institucionalizada», el partido tiene la necesidad de construir,
en el nuevo escenario de la pluralidad, un Nuevo Proyecto para
la nación mexicana. Este nuevo proyecto debe responder
a condicionantes externas e internas distintas que no podemos
soslayar: la globalización; la revolución tecnológica;
la primacía de los mercados y de la competitividad; las
circunstancias de inequidad social y de desequilibrio regionales;
el fin de las hegemonías partidistas; y la urgencia de
reconstruir o resolver los problemas generados por las fallas
o deformaciones del Estado mexicano.
El nuevo Proyecto Nacional que México demanda debe desplegarse
en cuatro grandes ámbitos: el político, el económico,
el social, y el estadual (institucional o de Estado).
En
el capítulo político, debemos profundizar la reforma
política que fortalezca no sólo nuestra democracia
representativa sino ahora particularmente la participativa, así
como mantener y ampliar nuestras libertades y derechos en materia
de expresión, prensa, manifestación de las ideas,
y sobre todo, de información, ya que con la revolución
tecnológica de la informática y las telecomunicaciones,
la información es elemento esencial para aspirar a la equidad
y al desarrollo humano, social y económico de la población.
En
el capítulo económico, debemos aceptar la inercia
irreversible de la globalización, las reglas del mercado
y la libre competencia, pero éstas no deben ser factores
determinantes ya que deben conjugarse con dos imperativos: el
de la justicia social y la defensa y apoyo de los intereses nacionales
frente a la apertura. Tenemos que revisar las experiencias de
otros países que ilusamente creyeron que el liberalismo
económico y la apertura de fronteras eran la solución
mágica al desarrollo. En esto no debemos ser imitadores
tardíos de una tendencia en donde el péndulo del
reloj de la historia viene ya de regreso. Debemos cuidar con esmero
que el Estado siga teniendo rectoría en áreas estratégicas
y socialmente prioritarias. Debemos, como lo hacen los países
industrializados, proteger y apoyar hasta el límite de
lo posible los intereses nacionales y de los mexicanos. Es muy
lamentable que la globalización nos esté empezando
ya, por nuestra promoción equivocada u omisión irresponsable,
a borrarnos como agentes protagónicos de nuestro propio
destino en sectores claves de la vida nacional.
En
el capítulo social debemos cuidar que no crezca más
la brecha de la desigualdad y que progresivamente haya mejores
condiciones de vida para todos, particularmente para los que menos
tienen. El Estado debe procurar, sin prácticas patrimonialistas
ni paternalistas, que haya una auténtica justicia distributiva.
Justicia distributiva en los servicios públicos fundamentales:
ello incluye entre otros la educación, salud, alimentación,
vivienda, el acceso al agua potable, al gas, a la electricidad
y a la red del internet (a la información y al conocimiento
digital), así como a otros servicios que tienen que verse
con un sentido social y no mercantil. Justicia distributiva en
el sistema tributario, que no debe ser socialmente regresivo y
que debe contribuir a una organización equitativa y proporcional
de las contribuciones públicas y del egreso en su expresión
presupuestal.
Por
último, el capítulo de las instituciones públicas
pasa necesariamente por la continuación de la Reforma de
Estado iniciada ya hace algunos años y que debe contribuir
a perfeccionar las instituciones en los distintos poderes y niveles
de gobierno y a innovar, sin tabúes ni prejuicios, la organización
y el ejercicio del poder político. Las reformas que perfeccionen
los poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial y nuevos órganos
autónomos deben abarcar los gobiernos locales y las instancias
que permitan una mayor participación de los ciudadanos
en la determinación y ejecución de las políticas
públicas. Los Acuerdos Políticos que se logren en
este ámbito deben propiciar la gobernabilidad democrática
y un funcionamiento eficaz, eficiente, honesto y transparente
de las instituciones y de los servidores públicos.
En
la XVIII Asamblea Nacional además de revisar la Declaración
de principios; el Programa de Acción y los Estatutos debemos
construir, con la participación de todos, las grandes líneas
de este Proyecto Nacional que debe ser un capitulo especial de
nuestros estatutos. El contenido del «Proyecto Nacional»
deberá además ser revisado en Asamblea Plenaria
cada 6 años al inicio del nuevo sexenio para que, si no
gobernamos en la Presidencia de la República, éste
se convierta en proyecto alternativo que guíe la acción
de nuestros militantes y si recuperamos la posición y gobernamos
desde la Presidencia, este Proyecto Nacional sea nuestro marco
referente en el Plan Nacional de Desarrollo que tiene por ley
una duración sexenal.
3.
UNA NUEVA ERA DE PRACTICAS POLÍTICAS Y DE RELACIONES CON
LA SOCIEDAD.
A
la luz de los cambios que se han generado en México y en
el mundo y particularmente a raíz de los resultados de
las elecciones anteriores, nuestro Partido debe revisar a fondo
y sin prejuicios todo: su naturaleza política, su discurso,
sus prácticas de acción política y particularmente
sus relaciones con la sociedad.
Todo
debe estar sujeto a revisión pero eso no significa que
debamos cambiar todo. Cambiemos lo que está mal o lo que
no corresponde a esta nueva era; conservemos lo que está
bien, lo que ha funcionado, lo que el electorado ve de bueno en
nosotros.
Nuestro
Partido debe abrirse a la sociedad y multiplicar y fortalecer
su interlocución con los distintos grupos de la comunidad,
independientemente de
su
filiación política y debe recoger e interpretar
sus anhelos, problemas y legítimas aspiraciones para que,
en el marco de nuestra plataforma ideológica, nos convirtamos
en interlocutores políticos de sus planteamientos. Ya no
podemos más actuar de manera sectaria y excluyente, ni
rechazar de entrada con un comportamiento maniqueo el discurso
o las reivindicaciones de otros grupos o fuerzas políticas.
Esta nueva actitud, que reconoce la irreversible composición
plural de nuestra sociedad, nos debe llevar a construir alianzas
con otras fuerzas políticas con las que tengamos una mayor
afinidad ideológica. Nos queda claro que en los procesos
electorales que están por venir nuestro Partido debe como
sucede en sistemas pluripartidistas de las democracias modernas
convenir alianzas para participar con candidatos comunes y compartir
en su momento con éstos el ejercicio de la responsabilidad
gubernamental. Las coaliciones o alianzas deben desde luego establecerse
sobre criterios de afinidad ideológica y sobre cuotas razonables
que correspondan al peso y aportación específica
de cada uno de los participantes.
En
las relaciones con la sociedad nuestro Partido debe darle una
amplia prioridad a nuestra vinculación con los jóvenes,
las mujeres, las personas de la tercera edad, y debe desde luego
de manera prioritaria regresar a la defensa de las causas que
tiempo atrás enarboló de manera más plena;
las causas de los trabajadores y de los campesinos de México
que en muchos casos dejamos abandonadas en el camino. Nuestro
Partido debe ratificar su compromiso con las causas populares
que le dieron origen y solidarizarse con los grupos más
necesitados de la población. En este ámbito tenemos
que recuperar la confianza de los campesinos de México
porque con ellos tenemos una deuda histórica. Lo vamos
a hacer retomando una comunicación auténtica con
los ejidatarios, comuneros, indígenas y trabajadores del
campo abanderando sus causas, respetando sus costumbres y apoyando
un desarrollo rural sustentable que sea congruente con la modernidad
del país y con la globalización que estamos viviendo.
En
la relación con la sociedad no debemos quedarnos anclados
en el pasado: requerimos actuar con una audacia realista abanderando
también las reivindicaciones de los nuevos tiempos y estableciendo
contacto con grupos y sectores emergentes que no operaban en el
escenario político nacional sino hasta muy recientemente.
Nuestro trato con las organizaciones ciudadanas y con los denominados
organismos no gubernamentales debe ser creciente y debemos aliarnos
con aquellas causas ciudadanas que coincidan con nuestro proyecto
de nación sin buscar necesariamente compromiso político
de su parte, ni esperar contraprestación alguna. Particularmente
los temas de los derechos humanos, de la preservación ambiental,
de la cultura, del deporte, de la solidaridad social y de la lucha
contra las discriminaciones de todo tipo deben de ser estratégicas
en una nueva relación con la sociedad.
Nuestro
Partido debe constituirse, cuando sea el caso, en una oposición
responsable que defienda sus causas y ejerza una crítica
constructiva y firme ante las autoridades, pero debe también
contribuir con madurez a una gobernabilidad democrática
y respetar las instituciones que ha creado la República.
En esta nueva era debemos no sólo participar en la conformación
de acuerdos nacionales para avanzar en el desarrollo, sino también
en lo posible encabezar las iniciativas en la búsqueda
de consensos con otras fuerzas políticas.
4.
UNA ORGANIZACIÓN RENOVADA PARA RESPONDER A LOS RETOS DE
LA NUEVA ERA
Estamos
obligados a rediseñar la estructura de organización
del partido. La organización debe de fincarse en dos supuestos
básicos: democracia interna y nueva relación con
sectores, organizaciones, militantes de base y ciudadanos.
En
esta nueva etapa de nuestra vida institucional debemos estar decididos
en primer lugar a dejar atrás los viejos patrones del corporativismo
sectorial, del clientelismo excluyente y de la formación
de camarillas de afinidad tecnocrática, caciquil o de cualquier
otro orden. En la selección de candidatos, que deberá
ser por el método democrático y en la designación
de cargos de responsabilidad pública no debe haber consideraciones
que no estén fundadas en el mérito político,
en la capacidad profesional y en el prestigio social. No vamos
a permitir en esta nueva era que en razón de «cuotas»,
muchas veces de validez dudosa, se arriesguen las posibilidades
de éxito electoral o de contar con los mejores cuadros
en los puestos de representación popular o en la función
pública.
Ciertamente,
la militancia debe tomarse en consideración pero no podemos
estar cerrados a la incorporación de valores de la llamada
sociedad civil que puedan enriquecer nuestro patrimonio de figuras
valiosas para competir en los procesos electorales. La época
de las decisiones copulares, de la disciplina ciega y de las imposiciones
clientelares ha quedado atrás.
El
partido renovado que requerimos debe revalorar los órganos
de autoridad nacionales. La Asamblea Nacional es ahora más
representativa y a ella le conciernen las decisiones centrales
de nuestra vida institucional, por eso se ha ampliado el número
de delegados y por eso se han cambiado los criterios tradicionales
que tributaban de manera preponderante a un esquema sectorial
que ya no corresponde a los tiempos presentes. Por ello, en la
nueva Asamblea Nacional sobresale la presencia creciente de jóvenes
y de mujeres y tienen un lugar más amplio los delegados
representantes de la militancia de la base y de los distintos
grupos de la sociedad.
El
Consejo Nacional del Partido debe ser efectivamente un órgano
deliberativo y de decisión para determinar los temas centrales
de la marcha de nuestro instituto político. Su composición
debe ampliarse y ser más representativa y en ella deben
también tener una mayor cabida los jóvenes, las
mujeres, y los representantes de distintos grupos y organizaciones
de la sociedad.
La
estructura sectorial que se expresa en toda la organización
del Partido debe replantearse. Las propias organizaciones sectoriales
están cambiando y ya no pueden más negar su pluralidad
interna ni considerarse como bloques monolíticos unipartidistas.
Su deseable participación en esta nueva era debe orientarse
más a una inclusión como organizaciones políticas
de un sector de actividad social o económico y, su intervención
preponderante que se ha muchas veces sobredimensionado, debe de
ajustarse a las nuevas circunstancias de una nueva realidad diferente.
La
estructura territorial debe mantenerse pero de manera más
realista. La existencia de comités municipales, distritales
y seccionales debe adecuarse a las características socioeconómicas
de las comunidades y estas estructuras no deben excluir la participación
de otros militantes, simpatizantes o líderes vecinales
que muchas veces no desean participar en el marco de la organización
tradicional del partido.
La
estructura de género y de edad debe replantearse. No más
organizaciones de mujeres sino más mujeres en posiciones
directivas de las organizaciones. No más estructuras juveniles
excluyentes sino más jóvenes en posiciones directivas
de las organizaciones. Lo anterior no implica que no haya programas
o estrategias para la participación femenil o juvenil en
campañas electorales o en misiones específicas con
propósitos temporales.
Al
perder la Presidencia de la República y por ende el liderazgo
institucional que para el Partido representaba la figura del Presidente,
debe crearse una figura colegiada que cubra -al menos parcialmente-
desde el ejercicio del poder este espacio.
Nuestro
Partido tiene entonces el reto de edificar un sistema nacional
de coordinación gubernamental que integre a todas las autoridades
surgidas de nuestras filas. El sistema debe estar compuesto por
4 niveles o subsistemas: el de legisladores federales coordinado
por los líderes de las fracciones de ambas Cámaras;
el de los Gobernadores representado por una coordinación
rotativa electa democráticamente; el de los legisladores
locales representado por la directiva de la Asociación
Nacional que los agrupa y el de los Presidentes Municipales. En
este sistema nacional y particularmente en el grupo de legisladores
federales y de gobernadores, radica la fuerza articulada de la
expresión gubernamental del partido y se constituye en
un instrumento de cohesión para la defensa de nuestros
intereses y la negociación con el Ejecutivo Federal de
los grandes temas nacionales.
Cada
uno de los cuatro órdenes del sistema nacional de coordinación
gubernamental debe acreditar una representación en el Comité
Ejecutivo Nacional de nuestro Partido.
5.
EL IMPERATIVO DE LA RENOVACION EN LA CONSTRUCCION DE NUESTRO PROPIO
DESTINO
El
esfuerzo de renovación es condición necesaria más
no suficiente para determinar el rumbo de nuestro Partido en esta
nueva era. En el escenario nacional no somos protagonistas únicos
ni factores absolutos del acontecer político. Del desempeño
de la gestión gubernamental de los otros y de la evaluación
que de ellos haga el electorado, así como de la tarea partidista
que realicen las otras fuerzas políticas depende también
la suerte que nos depare el destino. El destino sin embargo no
ofrece éxito a quien no actúa con oportunidad e
inteligencia y a quien no sabe interpretar las cambiantes circunstancias
y, en congruencia con ellas, transformarse a sí mismo.
Nuestro Partido, para seguir siendo opción de gobierno
y seguir luchando por los ideales de democracia y justicia social,
debe renovarse.
Estamos
comprometidos con el cambio responsable y con las mejores causas
de la nación mexicana. Construyamos el partido renovado
que la nueva era demanda para seguir construyendo el futuro de
México.
*Coordinador
de la Tribuna «Declaración Política»,
de la Mesa «Visión de Futuro» de la 18 Asamblea
General de Delegados
