DESARROLLO SOCIAL, IGUALDAD DE OPORTUNIDADES Y LUCHA CONTRA LA POBREZA
MARIO LUIS FUENTES*

La formación y consolidación de las regiones de desarrollo económico que existen en el ámbito mundial está influyendo, en ocasiones de manera determinante, en el establecimiento de novedosos patrones de racionalidad económica que buscan la máxima generación de riqueza.1 En este contexto, nuestro país ha pasado de un modelo proteccionista de economía fundado en la intervención del Estado, hacia un modelo de apertura comercial, competencia económica y racionalidad en el proceso de las políticas públicas.2

El modelo de creación de riqueza que impera en el plano mundial muestra entre sus saldos más complejos, que 4 mil 600 millones de personas vivan en algún grado de pobreza, que mil 600 millones lo hagan en la «pobreza atroz», y que sólo 16% de la población del mundo concentre más del 70% del producto mundial. Los países que no disponen del capital humano, de la ciencia y de la tecnología, así como de las capacidades de organización para competir en los mercados internacionales, se ven marginados del desarrollo, ampliándose la distancia entre el bienestar y la pobreza.3

Desde esta condición de la humanidad en el mundo es necesario pensar el papel que tienen y habrán de desempeñar los Estados, los gobiernos, los partidos políticos y la ciudadanía en su pluralidad y diversidad para sentar nuevas condiciones de igualdad en la diferencia, que permitan desterrar la pobreza, que conduzcan a edificar condiciones de igualdad de oportunidades para todos, y que permitan potenciar y generar nuevas capacidades en las personas, las familias, las comunidades y los pueblos indígenas, para que puedan responder, desde sus saberes, capital social y tradiciones, a los retos que plantean las nuevas tendencias de la economía global.

Ante la desigualdad mundial y los retos que impone a nuestro país, se hace necesario renovar las vocaciones políticas de transformación y perfeccionamiento de la vida social. En esa lógica, los partidos políticos se ven ante la empresa inédita de transformar su papel en lo social, de actualizar su oferta política ante ciudadanías caracterizadas por la diversidad, la pluralidad, la fragmentación y la heterogeneidad, y de renovar sus estructuras para acercarlas a las demandas de nuevos colectivos que resienten significativamente el conjunto de contradicciones estructurales que transportan las tendencias internacionales del mercado, la producción y las finanzas.4 En este sentido, una política social de Estado debe ser necesariamente el resultado de la deliberación democrática y plural en la República, del conjunto de las fuerzas políticas y sus representaciones en el Congreso de la Unión, del poder ejecutivo federal, de los gobiernos de las entidades federativas, de los centros de educación superior y de la sociedad civil organizada.

La participación de México en los nuevos escenarios internacionales debe obedecer a un sentido mayor y éste consiste en crear las condiciones y las capacidades que permitan a las personas, las familias, las comunidades y los pueblos indígenas, realizar sus proyectos personales y colectivos de vida con autonomía, potenciando sus saberes y capital social y con la posibilidad de mantener y dar vigencia a sus costumbres, valores y tradiciones.

En México debe construirse una política social de Estado en democracia. Los mecanismos democráticos deben garantizar la más amplia participación posible de los ciudadanos y de los grupos sociales en la formación de la política social. En esta tarea nadie puede estar ni ser excluido. Las elecciones motivan la competencia entre partidos políticos y por ese medio la mayoría representada, que es una suma de minorías, decide cuestiones que conciernen al conjunto social, con la mayor participación posible; de ese modo, la democracia debe ser la posibilidad del encuentro para construir políticas para todos y desde todos. Políticas que transportan los asuntos y los problemas de lo social como componentes ineludibles.

El PRI ha sido pieza clave en el proceso de democratización nacional. Este es el papel histórico que le ha tocado desempeñar y lo ha hecho con responsabilidad y congruencia; más allá de sus aportaciones al perfeccionamiento de las normas e instituciones electorales. Nuestro Partido ha sido contundente al aceptar en cada caso la voluntad ciudadana expresada en las urnas. De esta madurez política, de este respeto a las instituciones y de este grado de desarrollo político se ha dado muestra fehaciente el 2 de julio de 2000.

El PRI, en el reconocimiento de las diversidades propias de una sociedad compleja no acepta ni ratifica las desigualdades sociales que generan exclusión y marginación, que levantan fronteras entre los mexicanos, y que perpetúan la pobreza y la vulnerabilidad. El PRI en su historia, ha buscado construir un país de oportunidades para todos, sin excluir algún colectivo social.

Toda democracia que no atiende a los más desfavorecidos se condena a sí misma, pone en riesgo las libertades públicas y fractura los fundamentos éticos de la sociedad. Para el PRI la construcción de un México en donde la justicia sea un hecho, una acción y un criterio institucional, está en relación con la construcción de los consensos políticos que establezcan estos contenidos en el derecho a través de la deliberación legislativa.5

La consolidación y perfeccionamiento de la democracia necesariamente exige el apego a la ley por todos los actores políticos, la existencia de instituciones, la fuerza de la razón, el respeto y tolerancia a los contrarios, la convivencia pacífica, la unidad y cohesión de la sociedad para alcanzar los intereses nacionales, y la aceptación ciudadana de las reglas e instancias públicas y electorales.

Históricamente, el PRI ha manifestado su compromiso con las causas de los grupos marginados y vulnerables de nuestra sociedad. La consolidación de nuestra democracia debe tener uno de sus objetivos centrales en la construcción de un México más justo, libre de desigualdades que erosionan el tejido social, que imponen modelos y formas de vida y que excluyen la diferencia.

Porque la pobreza en sí misma constituye la mayor desigualdad estructural que una persona, una familia o una comunidad pueden enfrentar. La igualdad de oportunidades pasa necesariamente por confrontar las causas estructurales de la pobreza y por otra parte, asegurar a la población el acceso a servicios públicos, así como a los servicios de educación, salud, vivienda y previsión social.

México enfrenta problemas sociales complejos que deben ser atendidos a la luz de los proyectos nacionales que han dado sentido y rumbo a nuestro país. Los compromisos con los derechos sociales, vistos como igualdades fundamentales, y con los principios rectores de la libertad no son discutibles.

Nuestro país posee los acervos filosóficos, políticos e institucionales para construir una vía propia ante las tendencias que se registran en los escenarios internacionales; empero, esta vía propia es un imperativo, si se piensa en la necesidad de construir respuestas desde lo local y lo regional ante los cambios globales. Debe recordarse que entre los efectos del nuevo modelo de creación de riqueza, están la generación de una desigualdad estructural mundial, la destrucción de los modos locales de producción, la homogeneidad que trastoca la posibilidad de la diferencia, y el retorno de patologías sociales, que en claves como discriminación, racismo, xenofobia y antisemitismo, muestran su capacidad para reproducirse en el mundo y en nuestro país.

México es una sociedad abierta, que nunca se ha negado al estudio y aplicación de los avances de la humanidad, lo que se plantea aquí, consiste en analizar si el desarrollo social puede alcanzarse desde la imitación de modelos de desempeño económico e institucional que han probado su capacidad para generar pobreza, desigualdad y marginación. Desde esta aseveración, es que se asume la necesidad de construir entre las fuerzas políticas, la ciudadanía y el gobierno una vía, que sea al mismo tiempo una alternativa, para enfrentar desde las normas y las instituciones los retos que plantea el desarrollo social.

1 DRUCKER, Peter. The Post Capitalism Society. New York, McMillan, 1998, p. 74.
2 Vid. FUENTES, Mario Luis, La Reforma del Estado Mexicano en los Nuevos Escenarios Internacionales, Ed. Diana, México, 1996.
3 SIERRA, Justo. La Evolución Política del Pueblo Mexicano. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1987, p. 17.
4 Vid FORRESTER, Viviane, El horror económico, FCE, México, 1998.
5 SIERRA, Justo. Op cit.

*Coordinador de la Tribuna. “Desarrollo social, igualdad de oportunidades y lucha contra la pobreza” de la Mesa “Proyecto de Nación: Programa de Acción”.