POR
UNA ASAMBLEA VIVA Y VERDADERA
MARÍA LUISA MENDOZA*
Nuestra
ideología es republicana, basada en la revolución
y por ende más inclinada a la izquierda y por supuesto
al servicio del pueblo. Durante mas de setenta años el
partido revolucionario institucional ha servido a México
sin otra Bandera que la de los principios y valores que lo identifican
desde su fundación. Es cierto, a lo largo de su vida ha
perdido la valiosa credibilidad otorgada por los mexicanos íntegramente,
y no es el momento (aunque siempre lo es) de abrir la temible
caja de Pandora, donde cada uno de nosotros conocemos los horribles
alebrijes responsables del deterioro sufrido por el PRI en aras
de así convenir a los intereses, que no principios sino
todo lo contrario de los que prefirieron ser desleales antes
que buscar la permanencia en la moral política, la matemática
política individual, basada precisamente en los principios
y los valores que identificaron al Partido al cual nos debemos.
Esa
ideología ha sido traicionada, bien lo sabemos, y este
es precisamente el tiempo de rescatarla para así volver
a la Presidencia de la República y a la mayoría
en el Congreso. Como bien diría Sergio García Ramírez,
existió «una grave imprevisión con trascendencia
histórica» crecida en los errores conducentes a la
votación de castigo del 2 de julio del 2000. Fecha tan
cruenta y dolorosa como en mucho los últimos acontecimientos
mundiales, depositarios de la guerra desigual y hórrida
contemplada por los hombres del mundo en las pantallas televisoras;
tal «show» nocturno apto para menores, adolescentes
y viejos.
Así
las ideas políticas que nos dieron vida y triunfo en el
pasado, deberán no digo que ser resucitadas, puesto que
bien sabemos cuántos priístas siguen echando hacia
adelante las ideas más preclaras y límpidas sustentatorias.
Y aquí deseo hacer un alto para rendir homenaje a las bases,
compuestas por magníficos seres humanos de ambos sexos
repartidos en los pueblecitos de los municipios, en los distritos,
en los estados, en cada cuarto o edificio de las sedes estatales
priístas, quienes han ofrendado sus días y sus noches
(como diría el quijote: «Las noches de claro en claro
y los días de turbio en turbio») sirviendo ¿digo
a la nación? Desde las tareas más humildes a las
tribunas de los auditorios provincianos, para sacar adelante a
los candidatos priístas: los he visto, me consta su entrega
sin remuneración y sin puesto posterior. Con la venia de
ustedes, esos actos obedecen a principios, esos actos denotan
los valores. Y son ideas políticas en la práctica
y sin sombrerazos.
Bien
sabemos que las ideas políticas, basadas en nuestra ideología
(que existe, que es punto culminante al cual siempre arribar,
aún creyendo y lamentando «estuvimos en la cúspide»,
son la guía insustituible para nuestra diaria labor política.
¿De qué manera? Siendo leales a nosotros mismos,
señalando las fallas, los tropezones, las bárbaras
traiciones de la cuales hemos sido víctimas, si no personalmente,
sí en la gran masa de militantes de la cual formamos parte
e irremisiblemente fuera del llamado poder, sin tener culpa ni
ganancia, la primera imperdonable, la segunda imperdonable.
En
todos y cada uno de nosotros pues, la palabra es esencial para
caminar en la seguridad. Si hacemos uso de la palabra en la denuncia,
en la convicción y también en el aplauso verbal,
haremos el trabajo político más puro y factible.
Esta es la oportunidad de renovar al partido: la próxima
asamblea en la que hemos de participar todos pues el derecho nos
sobra, el trabajo desarrollado a lo largo de los años,
la entrega, el orgullo de pertenencia, y no está por demás
señalar la soledad a la que a muchos se nos ha condenado
en la más tenebrosa práctica del castigo por medio
de la antidemocracia, la intolerancia, e irrespeto a nuestra pertenencia.
A la renovación vamos, citando a mi clásico García
Ramírez «en la renovación de la República:
no a la zaga, por supuesto, ambicionamos la vanguardia...»,
y tenemos pues, por lo pugnado: la palabra. La palabra para defender
e instituir realmente el Estado de Derecho y la justicia social,
no tal palabrerío vano y tedioso, informe por las repeticiones,
mal dicho por la ignorancia de la buena prosa, la transparente,
la dicha bien (por dicha) y certera (por valiente).
Esa
es la libertad en la democracia y por ello valga este paréntesis
de una militante, para pugnar por la asamblea viva y verdadera,
donde oigamos lo que deseamos, incluyendo el debate electivo para
el partido, su conveniencia o no. Merecemos seguir vivos como
lo estamos, y allí están nuestros recientes triunfos
precisamente electorales. Por muchos más vamos, y dentro
del PRI con mayor razón.
*Intervención
de la periodista y exlegisladora priísta en el Foro Nacional
Permanente de Legisladores. Consejo de las Legislaturas. IV Asamblea
Nacional Deliberativa. Sede Nacional del PRI, 19 octubre 2001.
