EDITORIAL
Estamos
en vísperas de la 18 Asamblea Nacional del PRI, la primera
que llevamos a cabo con pleno ejercicio de nuestra libertad.
El
Partido Revolucionario Institucional es una organización
nacional con un impresionante legado histórico. Su origen
popular, nacionalismo e ideología revolucionaria, le llevó
a crear, durante el Siglo XX, instituciones democráticas
para garantizar el apoyo a la mayoría de la población
y a la vez hacer valer la soberanía de México en
un mundo interdependiente y complejo.
Nuestro
Partido recorrió un largo trayecto hasta instaurar el pluralismo
político que refleja la composición social del país.
Desde el poder, el PRI condujo la transformación de la
realidad para construir un sistema de partidos competitivo en
el cual el electorado encuentra la seguridad y confianza del respeto
irrestricto a su voluntad ciudadana. El PRI, paso a paso, fue
modificando las condiciones de participación. Mediante
un proceso gradual, junto a otras fuerzas que se fueron sumando
al esfuerzo de privilegiar la política, dejó de
ejercer un poder hegemónico para pasar a formar parte del
ejercicio de un poder compartido.
En
esta nueva condición nos hemos convertido en una opción
de gobierno. Ahora, tenemos el reto de constituirnos en la mejor
alternativa para la sociedad.
Los
militantes del PRI somos conscientes de nuestro tiempo. Sabemos
que en este momento histórico tenemos la responsabilidad
de renovarnos aplicando nuestro oficio político, caracterizado
por la voluntad de permanecer unidos, nuestra capacidad de diálogo
y entendimiento, así como la permanente búsqueda
de consensos entre nosotros y con nuestros adversarios.
Siempre
hemos tenido claro que primero es México. Con esta premisa
habremos de renovarnos, como lo hemos hecho constantemente desde
nuestra fundación, como se ha manifestado en 28 eventos
entre convenciones y asambleas, para prever y conducir el cambio,
adaptarnos a cada nueva circunstancia interna y externa, y sobre
todo mantener la gobernabilidad democrática. Por nuestra
situación de fuerza mayoritaria, sabemos que nuestro Partido
es el eje alrededor del cual gira la estabilidad del país.
En
este contexto habremos de fortalecer la cohesión indispensable
para la recuperación de la mayoría de la Cámara
de Diputados en el 2003 con el fin de frenar el avance de la derecha,
y ganar la presidencia de la República en el 2006. Vamos
a deliberar y a imaginar el futuro desde ahora; seguramente la
apertura, tolerancia, crítica propositiva, altura de miras
nos llevarán a conformar un partido con nuevo rostro, con
jóvenes, mujeres y hombres comprometidos con México.
Las delegadas y delegados a la 18 Asamblea tienen clara su responsabilidad;
se apegan a la legalidad interna y externa. Han tenido tiempo
para conformar sus propuestas en torno a los temas convocados;
saben que la Asamblea es oportunidad de profundizar en nuestra
tarea colectiva y no pretexto para desestabilizar ni al Partido
ni al país. La responsabilidad política, social
y gubernativa ha sido nuestro principal sello: habremos de darle
lustre.
El
compromiso político de las mujeres y los hombres del PRI
está plasmado en las páginas de este número.
En las múltiples opiniones recogidas, no hay duda acerca
de nuestro cometido: democracia integral entendida como lo señala
la Constitución, «...un sistema de vida fundado en
el constante mejoramiento económico, social y cultural
del pueblo ...»
Además
de las voces referidas a nuestra 18 Asamblea, el lector encontrará
nuevamente una versión abreviada del Reglamento de Debates,
que será herramienta útil en las deliberaciones;
una bibliografía especializada en la Revolución
Mexicana y el discurso que a propósito del 20 de noviembre
Jesús Reyes Heroles pronunciara en 1962, pieza oratoria
comentada para subrayar su vigencia. Además, se incluyen
reflexiones y reseñas de libros respecto de la delicada
crisis mundial que estamos viviendo.
Sen.
Dulce María Sauri Riancho Presidenta del CEN del PRI.
