POLÍTICA EXTERIOR DECEPCIONANTE
MANUEL TELLO MACíAS*

Quisiera, en primer lugar, agradecer a la Senadora Dulce María Sauri, presidenta del Comité Ejecutivo Nacional de nuestro partido, su presencia en esta sesión, así como a los dirigentes de nuestro partido que nos acompañan el día de hoy, en esta reunión en la que se analiza o se pretende analizar el capítulo de Política Exterior del mensaje del Presidente Fox al Congreso, el primero de septiembre pasado.

Agradecer muy especialmente la presencia de mis jefes y amigos, los cancilleres Emilio O. Rabasa y Fernando Solana que nos acompañan en esta sesión.

Recordar a ustedes para empezar, lo que dijo el primero de septiembre, Beatriz Paredes en su magnífico discurso: El gobierno será juzgado por sus actos y sus resultados.

Estoy plenamente consciente de que los temas que se refieren a la reforma del Estado, a la economía, las fuentes del trabajo o a la seguridad, son las que interesan y preocupan más al mexicano de nuestros días.

Dicho lo anterior, la parte del mensaje que escuchamos el día primero sobre la política exterior de nuestro país, fue decepcionante. Lo fue, pues no correspondió a la muy intensa actividad diplomática que ha desplegado el Presidente de la República en estos primeros meses de gobierno.

En su mensaje, el Presidente hizo hincapié en la necesidad de ser más activos en el campo internacional, sin decirnos con qué propósito, sin explicarnos cuál es la meta que se pretende alcanzar.

Del mensaje no queda claro cuáles son los objetivos de política exterior que el gobierno se ha fijado ni cuáles son los medios que se utilizarán para alcanzarlos.

Este afán de protagonismo no se justifica si no nos queda claro qué es lo que se desea obtener. Se nos dice que seguramente seremos electos para formar parte del Consejo de Seguridad, como miembros no permanentes, y no sabemos cuáles son los temas que discute el Consejo de Seguridad que pudieran beneficiar o interesar a México.

De que saldremos electos no me cabe la menor duda. Lo que no acabo de entender es en qué nos puede beneficiar formar parte de ese órgano.

De las operaciones para el mantenimiento de la paz que existen en la actualidad, en la inmensa mayoría de los casos, ni siquiera tenemos presencia en los países respectivos.

Hay misiones para el mantenimiento de la paz en Líbano, ahí sí tenemos una embajada que nos puede informar de lo que está aconteciendo en ese país. Pero estamos ausentes de Chipre, donde hay otra operación para mantenimiento de la paz; estamos ausentes de Irak, Kuwait, del Sahara Occidental, de Georgia, Bosnia Herzegovina, Sierra Leona, Timor Oriental, Kosovo, de la República Centroafricana, Etiopía y Eritrea.

En ninguno de esos lugares donde hay operaciones para mantenimiento de la paz, tenemos una presencia que le permita a la Cancillería y al Gobierno de México, saber cómo están evolucionando los acontecimientos en esos países.

No hay que olvidar que cuando se han presentado situaciones conflictivas en nuestro hemisferio, que sí afectan o pueden afectar el interés de México, formamos parte de los grupos de amigos que el Secretario General conformó para buscar soluciones políticas, esos fueron los casos de El Salvador, Guatemala y Nicaragua.

En todos esos casos participamos activamente sin ser miembros del Consejo de Seguridad. Es más, las negociaciones que condujeron a los acuerdos de paz en El Salvador y Guatemala, se llevaron a cabo en la Misión Permanente de México ante las Naciones Unidas.

A menos que exista una agenda secreta que no conozcamos, no queda claro cuál pueda ser el interés de México en involucrarse en problemas que no afectan al interés nacional.

También cabe recordar, que de acuerdo con el artículo 31 de la Carta, tenemos el derecho como país miembro de las Naciones Unidas a participar en sus discusiones, y cuando lo hemos considerado necesario hemos expresado nuestro punto de vista en sus debates.

Así lo hicieron, así lo hizo el Embajador Moya Palencia, presente aquí con nosotros, así me tocó hacerlo a mí en varias ocasiones entre 1995 y 2000.

Lo que convendría, en mi opinión, es definir con claridad los problemas que deseamos resolver, y en ellos concentrar nuestro esfuerzo.

Como ejemplo de lo anterior se pueden citar: el incumplimiento por parte del gobierno de los Estados Unidos, de los artículos del Tratado de Libre Comercio, que se ocupan del transporte por carretera, en el que hemos visto con asombro y preocupación, que el Congreso de ese país, que aprobó el Tratado en su oportunidad, ahora pretende modificarlo o condicionar su aplicación, lo que resulta totalmente inaceptable; o nuestro empeño en negociar una solución a la presencia de los trabajadores mexicanos en ese país, que les garantice empleo digno, seguridad laboral y remuneración justa.

En estos dos casos concretos, sabemos cuál es el objetivo que se persigue y nos queda claro que la solución que eventualmente se alcance, dependerá del éxito de las negociaciones bilaterales que se lleven a cabo con el país vecino. Estos asuntos que sí afectan directamente a México y a su interés, afortunadamente no se discuten en el Consejo de Seguridad.

Después de haber escuchado con toda atención el mensaje del señor Presidente, seguimos sin saber a ciencia cierta, a qué obedece o con qué propósito se insiste en jugar un papel más activo en la definición del sistema internacional del nuevo milenio.

La afirmación anterior olvida que después de tres años de intensas negociaciones, la definición de lo que deben ser las Naciones Unidas del Siglo XXI, se logró en el año 2000, y se adoptó en septiembre de ese mismo año en la sesión de la Asamblea General del Milenio, que a nivel de Jefes de Estado y de Gobierno, se celebró en Nueva York en septiembre del año pasado.

No nos queda claro, para concluir, a qué obedece este afán de estar en todo, de participar en todo, y esto porque desconocemos cuáles son las metas que se pretenden alcanzar.

*Palabras del Embajador Manuel Tello Macías, Coordinador del Consejo Técnico de Asuntos Internacionales del Consejo Político Nacional, durante el análisis del Informe Presidencial efectuado en la sede nacional del PRI.