EL EJECUTIVO ELUDE SUS RESPONSABILIDADES*

Con su anuencia, Señora Presidenta. Honorable Congreso de la Unión, señoras y señores, pueblo de México: en nombre del grupo parlamentario del Partido Revolucionario Institucional, me permito exponer ante esta soberanía nuestras opiniones y señalamientos como parte de un ejercicio indispensable de pluralidad y participación.

Decimos que este ejercicio es indispensable porque entendemos a la democracia como una causa común y una forma de vida. Esta convicción es la que ha motivado una actitud constructiva de nuestro partido, la que ha permitido un proceso de transición política y una alternancia ajenas a la violencia y al enfrentamiento estéril y aún desgarrador.

El actual Ejecutivo no padece la resistencia encarnizada de nadie para lograr sus fines y cumplir con sus ofertas y promesas de campaña, ni de los partidos ni de las organizaciones sociales. Sin embargo, las cosas no marchan bien en el país.

La impaciencia, la decepción, la falta de entendimiento entorpecen el camino del cambio.

El actual Ejecutivo elude la responsabilidad de reconocer la enorme distancia que existe entre las promesas hechas a los ciudadanos para conseguir su voto y los resultados obtenidos a lo largo de esta primera etapa de la presente administración. Nos dirán que no son magos para resolver los problemas en tan corto tiempo. Les recordamos que fueron ustedes y solamente ustedes quienes insistieron en prometer, una y otra vez, todo cuanto pudieron con tal de llegar al poder. Primero crearon las expectativas y ahora se dedican a cancelarlas.

Aquél 7 por ciento de crecimiento que ofrecieron, incluso con cierto desparpajo en la economía, quedó en un triste 0 por ciento. La explicación de ese fracaso no nos la deben a nosotros, se la deben a sus electores y a la sociedad en su conjunto.

El Presidente en lo económico no supo, no pudo o no quiso desarrollar un planteamiento de propuesta económica surgida de un sistema de planeación democrática en que interviniera en el sector social, el público y el privado, en ese orden, como señalan los artículos 25 y 26 de la Constitución.

En lo social flagrantemente se ignoró la exigencia constitucional. Nuestra Carta Magna tiene un contenido y un sentido profundamente social. Se orienta a garantizar la igualdad y la justicia social. Tiene garantías sociales como aportación al constitucionalismo del mundo. En consecuencia, no queda a criterio del Ejecutivo la creación o no de una política de desarrollo social. Es una obligación constitucional que se prefiere frente a la acumulación de las ganancias simples del capital.

Por eso no hay marco para el desarrollo de la agricultura. Por eso el abandono a las reivindicaciones obreras. Por eso el exceso de confundir el desarrollo social con las prácticas de un filantropismo sustentado en mecenas y decidido fuera del marco institucional.

Y en el campo de lo político, es lamentable que se privilegie la consideración del poder del mercado por encima del poder benefactor del Estado. No estamos de acuerdo con la subordinación de la política a las leyes de la oferta y la demanda, pues la política significa servicio y acuerdo para el logro de fines colectivos, que no pueden quedar sometidos al peso del puro interés del mercado. Nos interesa un poder de Estado que impida las injusticias y modere los excesos, un poder que actúe para servir, no para oprimir o reprimir como el caso de los tres campesinos que hoy son perseguidos por manifestar sus inconformidades con el gobierno.

Se ha sustituido el Escudo Nacional por un logotipo publicitario. Se violentan las formas de protocolo y de respeto entre los poderes. Se revive la política enterrada hace muchos años y se recurre al veto para oponerse a una decisión del Congreso en una cuestión tan delicada como es el sector rural.

¿El Presidente propone y el Congreso dispone? El Ejecutivo ha confundido lo urgente con lo importante. Se mantiene en la reiterada idea de aumentar los impuestos en lugar de acudir al acuerdo de formas distintas para aumentar la disponibilidad de recursos y que no afecten a los sectores más desprotegidos.

No es posible aspirar a una transformación integral si se mantienen rezagos importantes en materia de educación. Es impostergable asignarle el 8 por ciento del Producto Interno Bruto. El país espera una respuesta puntual.La atención a los problemas del campo, insistimos, siguen en lista de espera. Reiteramos nuestro absoluto respeto a la división de poderes con las facultades que marca la Constitución al Ejecutivo, al Legislativo y al Judicial, ¡pero en las conquistas laborales ni un paso atrás!

Pero no pretendo aquí seguir con una reseña de las incongruencias, tropiezos y contradicciones que impregnan al Ejecutivo actual, porque seguro me tomaría varias veces el tiempo del que dispongo.
Su gobierno, hoy por hoy, es un gobierno de interrogantes. Prácticamente ninguno de los grandes temas de la agenda nacional tiene o merece de parte suya definiciones y determinaciones claras. Algunos de sus más asiduos defensores han argumentado que las dudas y la confusión son propias de cualquier proceso de transición, eso no es siempre ni necesariamente cierto.

Las grandes reformas que deberían acompañar a la alternancia, la del propio Estado, la fiscal, la social, la educativa, no prosperan. Se obsesionan por mantenerse en el ensueño publicitario, parecen ignorar que no es lo mismo producir imágenes que formar líderes como los que México necesita. Nuestro deber es señalarlo críticamente, no para decirles lo que tienen que hacer, eso lo sabrán ustedes algún día, esperamos no muy lejano.

A lo que estamos obligados nosotros es a representar los intereses, las demandas y las vías que la sociedad se proponga seguir para resolver sus problemas. Si el gobierno no actúa o no decide, lo haremos nosotros desde el Congreso, junto a las demás fuerzas políticas y en razón de un amplio consenso con los grupos sociales; de eso pueden estar seguros.

Nuestros representantes en ambas Cámaras han insistido repetidamente que no apostamos al fracaso del gobierno, pues sería tanto como apostar por el fracaso del país, pero lamentablemente el esfuerzo, el nuestro, el de los legisladores de distinto origen, el de los propios representantes del partido que condujo al poder al actual Presidente, tienen por respuesta la frivolidad, las ocurrencias, los virajes, las contradicciones y la más abundante arrogancia publicitaria.

Por eso queremos que nuestra participación como partido político en esta tribuna tenga resultados prácticos. Nos interesa sostener nuestro compromiso y como partido que sigue alcanzando resultados y triunfos electorales, que nos tienen como mayoría nacional, habremos de cumplir a la sociedad, al pueblo y a los sectores con mayor rezago, la oferta social de nuestra plataforma y las reivindicaciones de nuestro programa.

Probaremos que para nosotros la política es acción y eficacia y no juego de discursos y promesas vacías.

Nuestras prioridades sociales como legisladores serán: una agenda legislativa que incluye elevar a rango constitucional la seguridad social y el derecho a la alimentación y a la nutrición; una Ley de Desarrollo Social que haga de esta materia tarea esencial del Estado y que comprenda todos los niveles de la sociedad; una Ley de Desarrollo Rural sustentable, mediante la cual los productores del campo eleven sus ingresos y bienestar y sean custodios productivos de la seguridad alimentaría del país. Mostraremos así que nuestro Partido no claudica ni abandona su compromiso social, ¡porque ningún veto nos hará darle la espalda al poder de los votos!

Para este periodo, el Grupo Parlamentario del Partido Revolucionario Institucional se propone legislar para fortalecer el federalismo, dotando a los estados de nuevas facultades y redimensionando la administración federal, para que millones de trabajadores, jornaleros agrícolas y migrantes, cuenten con derechos en la Ley Federal del Trabajo, así como para mejorar el régimen de justicia en nuestro país, justicia y equidad para hombres y mujeres.

Nos preocupa como mexicanos que exista crisis de rumbo en la política nacional y permítase me establecer con toda claridad que de suceder ello sería responsabilidad del gobierno y no de sus opositores.

La principal responsabilidad del Presidente es dar certidumbre y conducción al país. A veces excesos y declaraciones y urgencias, sin conocer la opinión de los otros protagonistas, lo convierten involuntariamente en un factor de confusión.

Nos preocupa que la decepción y el desánimo, lejos ya del revuelo que rodeo a su triunfo electoral, se traslade y afecte a las instituciones. Nos preocupa que en el gobierno se desarrolle una concepción que sólo presta atención a las voces que son iguales o similares a las suyas. Nos preocupa la tendencia al egocentrismo presidencial, eso no funciona, eso no sirve.

El Presidente Fox debe entender hoy que no puede gobernar solo, sin el concurso de las demás fuerzas políticas, el Presidente debe saber hoy que prometer y no cumplir tiene un costo, el Presidente debe comprender hoy que el reto no era llegar a Los Pinos, sino saber qué hacer al instalarse; el Presidente debe asumir hoy (aplausos) que el verdadero cambio no es el mismo ni su culto a la imagen, sino el del rostro diverso de la pluralidad.

Desde esa diversidad tenemos la obligación y la tarea de evitar que la confusión en el Ejecutivo se vuelva la confusión nacional. Por encima de los intereses de cada partido están los de una visión de futuro que nos integre al mundo actual en una vía que reivindique el progreso, la justicia social, el desarrollo sustentable, el esfuerzo compartido y la mejor distribución de la riqueza que producimos.
No debemos permitir que el desaliento y la desconfianza invadan a la República; desde el PRI nos permitimos convocar a una confluencia de fuerzas amplias, respetuosas que resuelvan los problemas de rumbo y precise los contenidos del cambio por el que votaron los ciudadanos en las pasadas elecciones, la ciudadanía decidió distribuir el poder en las entidades y en las Cámaras, de modo que nadie ostentara la mayoría absoluta, ello favorece que triunfen las mejores ideas, las que concitan el apoyo de todos y no de quien dispone de más curules.

De ahí que el mayor reto y el mejor signo de nuestro avance democrático sea lo que logremos juntos y entre todos, esa es nuestra disposición y la mantendremos aún a contrapelo de despropósitos y titubeos.

Los Legisladores del PRI consideramos que esta etapa es crucial para hacer historia, refrendamos que no nos invade ni revanchismo ni nostalgia, vemos hacia delante, nos sabemos opción de Gobierno, nos sabemos fuertes y capaces de definir el contenido social de un verdadero cambio, los Legisladores del PRI no apostamos al fracaso de los otros para sabernos una opción viable de gobierno y de liderazgo popular.

No alentamos la discordia para obtener ventajas ni vemos en los opositores el pretexto de nuestra insuficiencia o incapacidad, asumimos con honradez nuestra responsabilidad histórica y nuestro deber político y electoral.

Como legisladores integrantes de un Congreso plural y democrático, estamos inmersos en la construcción del México moderno, justo, que reclama nuestro pueblo; como representantes de la nación, nos sabemos fuertes y perseverantes, como el mismo pueblo y sólo él y su soberanía habremos de rendir el tributo de nuestro trabajo y de nuestra lealtad.

*Posición del partido revolucionario institucional frente al I Informe de Gobierno, presentada por el Dip. Efrén Leyva Acevedo, en el Palacio Legislativo de San Lázaro, el 1º de septiembre de 2001.