La nueva economía, la globalización*
RAÚL LUNA SANDOVAL**

«Existe una tendencia cada vez más amplia de la economía a colonizar el mundo de la Política; el poder se ha movido de sitio y ha desertado del espacio político, su lugar más habitual.».

En la actualidad la discusión de política económica que permea los círculos intelectuales y políticos a nivel mundial es la de los costos–beneficios del proceso de globalización. En este contexto el libro del periodista y economista español Joaquín Estefanía, «La Nueva Economía, la globaliza-ción», estudio serio y objetivo, tiene, entre otras cosas, la virtud de analizar y centrar la discusión, con estudios comparativos sobre los beneficios y perjuicios que sobre las economías nacionales ocasiona ese proceso.

La globalización es la principal característica de la época moderna, y se entiende como el proceso por el que las economías nacionales se integran progresivamente a la economía internacional, de tal modo que su desarrollo y crecimiento están en función del comportamiento de los mercados internacionales y dependen cada vez menos de las políticas económicas de los gobiernos.

No cabe la menor duda que este fenómeno ha ocasionado bienestar en muchos lugares del planeta, pero tampoco debemos soslayar que ha generado una cesión de poder ciudadano, sin más ni más, casi de manera automática, sobre sus economías y sus capacidades de decisión en su perjuicio y en beneficio de unas fuerzas indefinidas que atienden al genérico de mercados.

En los influyentes círculos intelectuales se ha discutido siempre sobre los orígenes de la globalización. Se ha llegado a mencionar que la globalización ha existido desde siempre, expresada en la necesidad del ser humano, como ser social, de relacionarse con otros grupos para realizar intercambios de productos que no eran capaces de producir dadas sus características de organización para el trabajo. Otra posición señala el surgimiento de la globalización con Cristóbal Colón y el descubrimiento de América en 1492 y la necesidad de expandir y diversificar los mercados de la Europa del siglo XV.

Sin embargo el proceso de globalización, entendido desde la perspectiva actual, como la transición hacia la economía de mercado donde se derrumban todas las fronteras es producto de las transformaciones que se inician en el mundo tras la caída del muro de Berlín y el desmoronamiento de los entonces países pertenecientes a la «cortina de hierro» y del «socialismo real» en 1989.

Como resultado de la caída del muro de Berlín la economía, la cultura y la política tendieron a hacerse mundiales. A principios de los años ochenta se da un nuevo impulso a la desaparición de las fronteras económicas, apoyado por las empresas multinacionales en el que las monedas nacionales pierden su status de encarnación de soberanía; en la década siguiente se acelera la unificación del espacio económico mundial basándose en la volatilidad de los movimientos de capitales y en la formidable revolución informática, que convierte en banales los movimientos físicos de dinero.

Existen tres características principales del proceso de globalización económica: la aceleración de los ritmos de apertura económica y de los intercambios de mercancías y servicios; la liberación de los mercados de capitales que integra las plazas financieras y las bolsas de valores de todo el mundo; y la revolución de las comunicaciones y de la informática, que ha conectado el tiempo real con el espacio.

La globalización de los mercados ha tenido efectos positivos para amplias zonas del planeta y para sus ciudadanos. Ha circulado la riqueza y se ha distribuido con alguna graduación en el mercado sin fronteras; el consumo se ha extendido y ha llegado a lugares inimaginables. Han fluido capitales hacia economías emergentes que les ha permitido financiar su deuda ante la pobreza de sus ahorros internos y ha facilitado el crecimiento de sus economías. La globalización ha permitido la diversificación de las carteras de inversión hacia los circuitos más alejados de las metrópolis. Sin embargo esta apología de lo mundial es más virtual que exacta. La globalización como tal no existe aún en sentido estricto; no hay una mundialización absoluta de los intercambios y de los flujos financieros, hoy día existen zonas enteras en las que los grandes inversores no están interesados, el ejemplo más claro de ello es África.

En fin, este fenómeno redistribuye fondo en algunos casos; pero en otros los concentra y discrimina y no siempre por criterios estrictamente económicos. A su alrededor se han multiplicado efectos desectructuradores de la internacionalización masiva de capitales en forma de nuevas desigualdades, aumentos del paro, ruina de los Estados considerados obstáculos para el libre funcionamiento de los mercados, además, ha generado una crisis de la valoración de la fuerza de trabajo y la rápida erosión del tejido y pacto social que afecta de manera importante la cohesión de los agentes sociales.

En el proceso de la globa-lización las economías nacionales se manifiestan impotentes ante los movimiento de masas enormes de capital, capaces de desplazarse instantáneamente y hacer caer a las monedas más fuertes y a las economías. Cuando un país es atacado por la pandemia de la especulación financiera su gobierno destina todos sus esfuerzos y divisas a la defensa de su moneda y como consecuencia a evitar la salida de los capitales golondrina, fenómeno que si no es atendido en tiempo y forma, pone al país en cuestión en las más absoluta de las precariedades. Recuérdese el caso de México en 1995.

Sus críticos la definen a la economía global como ese extraño prodigio que obliga a desmantelar el estado benefactor, a vivir peor y a sacrificar la política racional en el altar de una economía imprevisible. El mercado global ha suplantado en algunas esferas al poder tradicional de los Estados.
Durante los últimos treinta años el reparto de la nueva riqueza generada ha acrecentado las desigualdades. En 1963 el 20% de los habitantes pobres del mundo obtenían el 2.3% de los ingresos totales, hoy obtienen el 1.4%; por el contrario, los más ricos del mundo se apropiaban, en 1963, del 70% del ingreso mundial, hoy día del 85%. Se ha producido una excesiva concentración de la extrema pobreza y de la extrema riqueza.

Sin embargo el desmantelamiento de Estado benefactor como secuela de la globalización aumenta de manera acelerada los descontentos, como consecuencia de ello aumenta la distancia entre lo que dicen las élites y lo que piensan la gente común, que desconecta de la esfera pública y se aísla de su vida privada.

Con la globalización se da una perdida permanente de autonomía de las autoridades nacionales al momento de la toma de decisiones y al instrumentar sus políticas económicas. En cuanto a la política fiscal, también se han perdido márgenes de maniobra.

Todo esto erosiona sustancialmen-te las estructuras democráticas nacionales, toda vez que se plantea la interrogante de que será lo que movilice a los ciudadanos para votar y participar; qué distinguirá a una opción política de otra; como evitar el regreso de modelos políticos económicos nocivos, como el proteccionismo, la xenofobia, el populismo demagógico. En la globalización ha se generado un déficit democrático que tiene una aplicación concreta en el campo de la economía, no sólo en el de política pura.

El autor muestra, a través de su obra, que la globalización económica es necesaria e ineludible en el contexto del mercado mundial y de las relaciones internacionales, pero que sus efectos sobre los niveles de vida de los más necesitados ha sido completamente negativo, el modelo actual de producción capitalista ha socializado las perdidas y privatizado las utilidades de manera exagerada, ha ensanchado la brecha entre los muchos que no tienen nada y los poquisimos que tienen mucho.

O sea, que el proceso de mundialización de la economía ha propiciado una nueva división internacional del trabajo en perjuicio de los países menos favorecidos, además, se ha ocasionado que el sector financiero (servicios) se convierta en el más importante de la economía, dejando de lado, desde el punto de vista de transferencia de recursos principalmente, los procesos productivos industriales y agrícolas, con la consabida consecuencia de deterioro de los niveles de empleo y de ingreso de la población que se ocupan en estas actividades, incrementando sustancialmente los niveles de los índices de desempleo. Este proceso ha generado la perdida de soberanía de las políticas públicas, y México no es la excepción, hoy la implementación e instrumentación está estrechamente vinculada, y se puede afirmar, depende directamente de las condiciones económicas del entorno internacional, parece ser que hoy la Secretaria de Hacienda sólo sirve para explicar, en el manejo de su política económica, las fluctuaciones y movimientos de los mercados internacionales.

La globalización sustentada fundamentalmente en la actual revolución informática y mediática ha puesto en jaque a las democracias, principalmente a la de los piases de economías emergentes, pues con el análisis del autor se concluye que la integración al mercado globalizado y la dependencia de las economías en este proceso es directamente proporcional a la perdida de los derechos democráticos de los ciudadanos.

Por lo que estamos obligados a la búsqueda de caminos que, considerando que la incorporación al mercado mundial es necesaria y obligatoria, nos permitan como nación la participación en la globalización pero con el diseño de políticas públicas que nos permitan atender las deficiencias de ella y el rezago social del país.

*Estefanía, Joaquín. Madrid, Colección Temas de Debate, 1996
**Licenciado en Economía de la UNAM. Asesor en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.