SIGLO
XXI: NACIONALISMO EN MÉXICO
CELSO
HUMBERTO DELGADO: En el uso de la palabra el licenciado Miguel
de la Madrid Hurtado.
MIGUEL
DE LA MADRID HURTADO: Señora Presidenta, señores
expresidentes y miembros del Comité Ejecutivo Nacional
de nuestro Partido, compañeros priístas:
El
nacionalismo ha jugado un papel esencial en la formación
de México como Estado independiente y soberano. Sigue siendo
el vínculo más fuerte que nos une a los mexicanos
y debemos tomarlo como base de nuestra subsistencia en los tiempos
que vivimos de creciente internacionalización de la vida
nacional.
El
nacionalismo es la actitud y la voluntad de reconocernos como
pertenecientes a la unidad social, histórica, cultural
y política que hemos venido construyendo a lo largo de
nuestra historia y que queremos seguir proyectando hacia el futuro
de acuerdo con nuestras propias determinaciones.
El
nacionalismo mexicano surgió para apoyar la Revolución
de Independencia, sobre todo cuando José María Morelos
dio consistencia ideológica y constitucional al movimiento
insurgente.
El
nacionalismo es una convicción que surge desde la Colonia,
cuando criollos, indios y mestizos proclamaron la necesidad de
constituir a México como nación independiente de
España.
El
nacionalismo siguió siendo el hilo conductor de nuestra
evolución política y social, la reforma liberal
del Siglo XIX reafirmó la soberanía de la Nación
en una sociedad abierta, basada en la libertad y en la igualdad.
Con
la promulgación de la Constitución de 1857, el nacionalismo
estructuró a México como un Estado moderno, de acuerdo
con las doctrinas liberales y democráticas que surgieron
a partir de las revoluciones en los Estados Unidos de América,
de Francia y de la Constitución Española de 1812.
La
dolorosa pérdida territorial de 1847 no hizo sino acendrar
la convicción de los mexicanos, de que el futuro sería
o tendría que ser común o no habría futuro.
La Constitución de 1857 produjo un catálogo avanzado
de los derechos del hombre en su versión individualista,
consagrando, entre otros, la libertad religiosa y logró,
sobre todo a partir de las reformas constitucionales de Sebastián
Lerdo de Tejada, iniciadas por Benito Juárez, la definitiva
separación del Estado respecto a las iglesias y muy concretamente
de la Iglesia Católica. Y efectuó la desamortización,
primero, la nacionalización después de los bienes
de dicha Iglesia que se habían venido acumulando desde
la Colonia y que representaban una proporción enorme de
la riqueza nacional.
En
consecuencia, se estableció el concepto de Estado laico,
abandonando la actitud de la Constitución de 1824 que había
mantenido a la religión católica como única
y oficial, y dejó pendiente de resolver la cuestión
de las relaciones de la Iglesia y del Estado.
La
Constitución de 1857 fue el estandarte de Juárez
y de la excepcional generación de liberales que lo acompañó
para vencer a los conservadores en la guerra de tres años
y salir victorioso de la lucha en contra de la intervención
francesa y el frustrado imperio de Maximiliano.
El
tercer gran momento de nacionalismo mexicano fue la Revolución
de 19101917, que afirmó categóricamente este
principio del nacionalismo en lo político, en lo social
y en lo económico. Así, 100 años después
de la Independencia arribamos a un concepto integral de nacionalismo
y no solamente una idea política del mismo.
De
esta manera, somos nacionalistas porque tenemos conciencia de
un pasado común, solidaridad en el presente y la voluntad
de un futuro compartido. Todos los mexicanos nos reconocemos como
unidad histórica, a pesar de nuestras diferencias étnicas,
culturales, regionales y sociales.
La
Constitución Mexicana reconoce ahora que somos una nación
pluriétnica y pluricultural, pero que nos une una identidad
común a todos y la convicción de que sobre nuestras
diferencias debemos atender el interés supremo de la nación,
sobre los particulares de los diversos grupos étnicos,
regionales y clases sociales.
Los
mexicanos mantenemos la firme voluntad de permanecer unidos en
el futuro, para afianzar y fortalecer nuestro ser nacional, como
unidad independiente y soberana en la comunidad internacional.
Por ello debemos reafirmar con vigor nuestra mexicanidad, y la
facultad de autodeterminarnos políticamente.
Frente
al fenómeno de la globalización, que se caracteriza
por una progresiva interdependencia en los diferentes campos de
la vida social de la humanidad, el nacionalismo mexicano continúa
siendo el lazo fundamental que nos une y a partir del cual debemos
insertarnos en la nueva vida internacional.
Sabemos que la globalización es una tendencia irreversible,
pero queremos beneficiarnos de ella, disminuir sus efectos indeseables
y ser actores en este proceso. Debemos gobernar los efectos de
la globalidad en el ámbito interno, para proteger y promover
nuestros intereses.
Independientemente
de la suerte que corran las formaciones políticas estatales
en otras partes del mundo, la Patria Mexicana es una realidad
histórica y social, fundada y sostenida por un pueblo que
requiere medios de vida propios, para progresar con libertad,
democracia integral y justicia.
La
comunidad internacional continúa siendo integrada por estados
nacionales. Las organizaciones internacionales y regionales están
constituidas por estados nacionales y estos son los sujetos en
la formación y aplicación del Derecho Internacional,
en ejercicio de su soberanía, a pesar de las nuevas asociaciones
mundiales y regionales, que se multiplicaron después de
terminada la Segunda Guerra Mundial.
Aún
la unión Europea, que se está integrando como una
especie novedosa de federalismo, no implica el abandono de las
nacionalidades y sus pueblos desean mantener su identidad política
y cultural y facultades propias de autodeterminación en
lo económico y social, si bien por sus características
propias tienden a la uniformalización gradual y han pactado
normas y organismos supranacionales.
Basta
ver el resto del mundo para observar que el nacionalismo sigue
siendo una fuerza vital en las sociedades del presente. ¿Quién
puede dudar del nacionalismo de los Estados Unidos, tan visible
en estos días, frente al ataque terrorista; los franceses,
ingleses, rusos, chinos, japoneses, alemanes y tantos otros pueblos
que configuran la multiplicidad internacional? Todos siguen siendo
nacionalistas y defienden sus facultades de autodeterminación.
Aún
en América Latina, donde compartimos pasado y cultura,
y nos acompasamos en la evolución de nuestros pueblos,
subsisten fuertes convicciones nacionalistas en cada uno de esos
países.
El
nacionalismo afirma el derecho de nuestro pueblo para autodeterminarnos
políticamente la soberanía, para diseñar
y ejecutar nuestro destino conforme a nuestras propias decisiones
e intereses. El hecho de que México pertenezca a la Organización
de las Naciones Unidas, a la Organización de los Estados
Americanos y a una pléyade de organizaciones internacionales,
entre las que se encuentran nuevas formas e instituciones de libre
comercio y de apertura económica con el exterior, no cancela,
sino exige un renovado y vigoroso nacionalismo mexicano, para
preservar la identidad nacional.
Nuestro
nacionalismo se integra con una visión abierta y generosa
en relación con la vida internacional; recibe y adopta
o adapta las mejores corrientes de todo el mundo; afirma su individualidad
en la universalidad; postula nuestra solidaridad y respeto para
todos los pueblos, ha rechazado y rechaza las formas degenerativas
de nacionalismo o expansionismo, de racismo o de fundamentalismo
religioso, que aún se observan en algunas regiones del
mundo.
Reforcemos
el nacionalismo, nuestra mexicanidad, con un ánimo de tolerancia
y respeto, paz y cooperación con los demás pueblos,
con los que cohabitamos en este planeta.
Nuestro
sistema federal reconoce, frente a la autonomía de las
entidades federativas, de los municipios y de las comunidades
indígenas, la unidad superior de la Nación Mexicana
y rechaza cualquier forma de desintegración de nuestra
unidad política.
Nuestro
nacionalismo ha ido creando un amplio y vigoroso catálogo
de derechos del hombre, tanto en su expresión individual,
como social. No en vano la Constitución de 1917 fue la
primera en inaugurar el constitucionalismo social, garantizando,
además de los derechos individuales, a los sociales. Por
ello a nuestro sistema bien se le puede calificar como un Estado
social de derecho, ya no solamente como un Estado demoliberal.
Nuestro
nacionalismo ha sido el cauce por el que hemos transitado en la
larga e inacabada lucha por la democracia, mediante el perfeccionamiento
y enriquecimiento de los derechos humanos y progresando en el
largo e inacabado proceso de la democratización integral.
Nuestro
nacionalismo mexicanista tiene también una amplia vertiente
económica, al estatuir en el Artículo 27 constitucional,
como derivación de la soberanía, el dominio directo
o la potestad regulatoria de la Nación sobre sus recursos
naturales, tanto de su territorio continental como insular, como
los bienes del subsuelo y ha afirmado su soberanía sobre
el espacio aéreo situado sobre nuestro territorio, nuestra
plataforma continental y la zona marítima exclusiva.
Somos
nacionalistas al establecer las bases constitucionales del régimen
económico mixto, con la rectoría del Estado sobre
el desarrollo y un sistema de planeación democrática
en los artículos 25 y 26.
México
ha buscado en ese terreno, el equilibrio equidistante de toda
forma de estatismo o neoliberalismo, lo que ahora están
pretendiendo muchos partidos políticos con la escuela de
la llamada tercera vía; la tercera vía la inventamos
nosotros desde hace muchos años.
También
en la constitución están señalados los sectores
estratégicos principalmente petróleo, electricidad,
energía nuclear, Banca central que son propiedad y se rigen
y operan por el Estado, mediante los organismos descentralizados
que establecen las leyes de la República y los sectores
prioritarios que ameritan una especial rectoría del Estado
para proteger el interés nacional: ferrocarriles, vías
de comunicación, comunicación satelital, etcétera.
Somos
nacionalistas también en lo que se refiere a la cultura,
porque queremos reafirmarla en su tradición y seguirla
creando, alejados de cualquier sentimiento hostil o aislacionista
respecto a otras culturas, pero queremos que nuestra cultura siga
siendo creada y recreada por los mismos mexicanos, evitando las
influencias que pretendan hacerla naufragar en el anárquico
campo de las comunicaciones modernas.
Queremos
que nuestra cultura sea libre y abierta y no monopolizada por
el Estado; obra de libertad de nuestros intelectuales, científicos
y artistas y de nuestro pueblo mismo.
Debemos
reconocer y estimular las culturas regionales e indígenas
a las que debemos considerar parte de nosotros mismos. Queremos
que nuestra cultura, en una palabra, esté abierta al pensamiento
y al arte de todo el mundo, pero deseamos que estas influencias
internacionales la enriquezcan y la diversifiquen, pero no hagan
desaparecer a esta cultura nacional que, por otra parte contribuye
en forma valiosa a la pluralidad universal.
La
educación y la cultura deben seguir siendo prioridades
destacadas en la acción de la sociedad y del Estado. El
reto actual y por venir de la educación en México
es seguir ampliando y afianzando su cobertura en todo el país
y, sobre todo, elevar sustancialmente su calidad para propiciar
las mejores condiciones para el desarrollo de todo mexicano, así
como para fomentar las capacidades de cada quien, para ubicarse
útilmente y progresar en la vida social.
La
calidad de nuestra nación dependerá de la calidad
de la educación. La cultura es la verdadera frontera de
la soberanía, por ello nunca serán excesivos los
esfuerzos que hagamos para preservarla y fomentar, mediante el
apoyo y el estímulo a los intelectuales, artistas, artesanos
y creadores en general. Debemos difundir ampliamente la cultura
mexicana, además del indispensable apoyo al libro, es ahora
perentorio el aprovechamiento de los medios electrónicos:
cine, radio, televisión, para educar y conocer a la obra
de nuestros creadores.
Por
ello nos pronunciamos por mantener la mexicanidad de estos medios
e industrias culturales, con apoyo en la propiedad mayoritaria
y la gestión directa en manos de mexicanos. Promovamos
en cine, la radio y la televisión de calidad, tanto en
el sector público como en el sector privado.
El
nacionalismo mexicano también postula la justicia social,
valor esencial de la Revolución Mexicana, lo cual nos debe
llevar a luchar enérgicamente en contra de la desigualdad
que agobia a nuestro país y a diseñar, a instrumentar
programas efectivos para luchar contra la pobreza extrema.
Sin
duda, el reto de los mexicanos para el Siglo XXI es, como lo dejó
dicho Morelos, moderar la opulencia y la indigencia, realidades
que todavía nos agobian a más de dos centurias de
vida independiente.
Estas
carencias son una llaga lacerante en nuestro ser nacional. La
grave desigualdad y la extrema pobreza son fenómenos intolerables
y ponen en peligro la existencia de la Nación, no podemos
arriesgar el destino nacional sino encauzar la estrategia del
desarrollo para superar estos obstáculos.
Al
progreso de México como Nación independiente y libre,
democrática y justa. El nacionalismo mexicano deberá
reflejar las demandas de una sociedad dinámica, plural
e incluyente. Debemos elevar el nivel de vida de todos los mexicanos,
pero poner especial atención en los miserables y débiles
y fortalecer los lazos de la coherencia social. Esta debe ser
la gran causa de México en el Siglo XXI. Los intereses
de la nación y la justicia social son inseparables. El
nacionalismo sigue siendo un valor fundamental del pueblo mexicano.
Ahora
bien, el nacionalismo que ha sido una de las guías principales
de nuestro Partido, debe ser reafirmado y actualizado para que
el pueblo mexicano subsista y se fortalezca como unidad autónoma
e independiente en el conjunto de las demás naciones.
Propongo
que el PRI, en esta etapa de renovación y reforma, tome
las siguientes acciones:
Primera:
Reiterar el nacionalismo como uno de los principios fundamentales
de nuestro partido, así lo han de recoger en forma destacada,
los documentos que apruebe la Asamblea General que se realizará
el próximo mes de noviembre, particularmente en la Declaración
de Principios, el Programa de Acción, el Código
de Etica y lo que se ha dado en llamar la Visión de Futuro
que la Asamblea sabrá donde la coloca, yo todavía
no.
Segunda:
Organizar una serie de eventos y programas que ayuden a definir
una concepción actualizada y vigorosa del nacionalismo,
con la más amplia participación de jóvenes
y mujeres.
Tercera:
Pugnar porque la educación y las políticas y programas
de ciencia y tecnología, reciban la atención prioritaria
en los planes, programas y presupuestos de todos los niveles de
gobierno y que estos se orienten a inculcar en los educandos,
el sentimiento del nacionalismo y el amor a la patria, debe enfatizarse
la enseñanza del español, el civismo o valores y
la historia nacional.
Cuarta:
Impulsar el culto a los símbolos patrios.
Quinta:
Defender, promover y apoyar nuestra cultura nacional y los diversos
elementos que la integran. La cultura debe concebirse como un
proceso que reconoce y enaltece nuestras raíces, que son
además, diversas y plurales, y que han caracterizado a
sus diversas manifestaciones en la evolución de la nación,
como una cultura mestiza y a la vez abierta al mundo.
Sexta:
Pugnar por la ampliación de la infraestructura cultural:
escuelas y universidades, bibliotecas públicas, escolares
y universitarias; museos nacionales, locales y municipales; teatros;
instalaciones cada vez más amplias para la cultura del
deporte; programas para apoyar el cine, la radio, el teatro y
la televisión de calidad; impulsar el uso de las modernas
tecnologías de la informática, el internet, para
educar y fomentar la cultura nacional.
Séptima:
Apoyar el desarrollo científico y tecnológico del
país para lo cual el Partido como lo ha hecho, debe seguir
impulsando la formación y retención de investigadores
en todas las disciplinas del conocimiento humano.
Octava:
Seguir impulsando la descentralización de la educación
y la cultura, y reconocer y alentar las culturas regionales.
Novena:
Apoyar la difusión de la cultura nacional en otros países,
particularmente en los de habla hispánica y en las comunidades
mexicanas e hispánicas de otros países, particularmente
en los Estados Unidos.
Décima:
Fortalecer nuestra industria editorial y los programas de fomento
a la lectura, continuar con el programa de los libros de texto
gratuitos que deben ser permanentemente actualizados.
Decimoprimera:
Fortalecer los programas de afirmación y defensa de la
lengua nacional y seguir apoyando la educación bilingüe
y bicultural, respecto a las comunidades indígenas.
Decimosegunda:
Oponernos a la extranjeri-zación de los medios de comunicación
que deben seguir siendo concesionados y operados por mexicanos,
pero con una mejoría sustancial en los contenidos de los
programas.
Decimotercera:
Defender nuestra soberanía y autodeterminación en
los distintos ámbitos en la vida nacional. La globalización
no debe ser pretexto para ceder nuestra soberanía y desfigurar
la identidad nacional. Debemos gobernar los efectos internos de
la globalización y pugnar porque ésta se regule
internacionalmente para que sus beneficios se distribuyan más
equitativamente entre los países. La globalización,
hasta ahora, está beneficiando solo una minoría
de países y dentro de los países, incluyendo el
nuestro, solamente a grupos sociales minoritarios.
Decimocuarta:
Defender y revertir el proceso de extranjerización de la
economía que avanza desde hace varios años en forma
alarmante. Para ello debemos pugnar por la ejecución de
programas de fomenten y apoyen a los productores nacionales del
campo, la industria, los servicios, esto es, comercio, turismo,
sistema financiero, etc., este es un derecho que tenemos los mexicanos
y que ejercen todos los países del mundo.
Recordemos
el artículo 32 constitucional, el cual establece que los
mexicanos serán preferidos a los extranjeros en igualdad
de circunstancias para toda clase de concesiones; para ello, es
decir, para que realmente sean competitivos, habrá que
apoyar a los productores nacionales de bienes y servicios, principalmente
en el aspecto financiero para que sean nuestros connacionales
competitivos e impulsar la mejoría de los productos y servicios
mexicanos, con el objeto de aumentar su consumo interno, pero
también su exportación.
Decimoquinta:
Respecto a los segmentos de la economía, que ya han sido
dominados por extranjeros en forma alarmante como lo podemos apreciar,
promover que el ejercicio de los diversos instrumentos de política,
tengan como finalidad obligar o inducir a las empresas respectivas,
a comportarse en beneficio de los intereses nacionales.
Por
ejemplo, en el caso del sistema financiero, se deben dictar políticas
y normas para que los recursos que capte en México dicho
sistema, sean canalizados a los sectores económicos que
determinen las políticas y programas de desarrollo que
autoricen las autoridades competentes: sector agropecuario y forestal,
agroindustria, pesca, industria pequeña, mediana y grande,
turismo, infraestructura, etc.
Particular
atención debe merecer la aplicación de los fondos
que capten las AFORES, hacia los campos que determinen las políticas
de desarrollo, por ejemplo, infraestructura y vivienda, siempre
que los proyectos sean sólidos y rentables, ya que las
AFORES manejan un patrimonio de la clase trabajadora mexicana
y no hay que invertirla en cosas que no se tengan las características
que acabo de indicar.
Decimosexta:
Fortalecer la banca de desarrollo para apoyar los programas prioritarios
de la política económica y social, cuidando en todo
tiempo su solidez financiera y manejo profesional. Creo que a
la Banca de desarrollo, las leyes respectivas están en
trámite todavía en el Congreso de la Unión,
les deben permitir operar también en el primer piso, debidamente
reglamentadas las operaciones y supervisadas por las autoridades
competentes, para evitar los errores y desvíos en que incurrimos
en tiempos pasados.
Decimoséptima:
Procurar la sanidad y fortaleza de las finanzas públicas,
manteniendo el endeudamiento público, principalmente el
externo, dentro de las proporciones adecuadas. La experiencia
nos ha señalado que un Estado financieramente débil,
disminuye su capacidad de gobierno, creo que en esto no debemos
olvidar la lección del pasado.
Decimoctava:
Elevar el ahorro interno de los sectores público y privado
para sustentar el financiamiento y el desarrollo con menos dependencia
respecto a recursos del exterior.
Decimonovena:
Atraer a la inversión extranjera en los campos que convengan
al desarrollo nacional y procurar su asociación con el
capital nacional.
Vigésima:
Diseñar una nueva política de sustitución
de importaciones, en condiciones de competitividad y eficiencia,
evitando incurrir en los errores del pasando, cuando a través
de una política indiscriminada de subsidios y proteccionismo
de todo tipo, establecimos una planta productiva totalmente incompetente
para enfrentarse a los nuevos fenómenos de la globalización
y de la competencia internacional.
Vigesimoprimera:
Exigir que la política exterior se ajuste en todo momento,
a los criterios que señala nuestra constitución
y que tenga como orientación principal el interés
de la nación.
Estos
principios son el resultado de nuestra experiencia histórica
y debemos mantenerlos incólumes, estos son la autodeterminación
de los pueblos, la no intervención, la solución
pacífica de las controversias, la proscripción de
la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales,
la igualdad jurídica de los estados, la cooperación
internacional para el desarrollo y la lucha por la paz y la seguridad
nacionales, son preceptos que están en la Constitución
Mexicana y que obligan por igual, al Presidente que es el conductor
de la política de relaciones exteriores y al Senado de
la República, organismo ante el cual se deben someter a
ratificación, tratados y acuerdos que celebre el Presidente
de la República.
Me
congratulo que el Partido Revolucionario Institucional haya reiterado
estos principios fundamentales, en ocasión a la grave crisis
derivada del ataque terrorista a instalaciones simbólicas
de los Estados Unidos, pero siempre exigiendo que se respeten
los principios de la política exterior mexicana, que nos
movamos dentro del marco del Derecho Internacional, a través
de las Naciones Unidas, y que México se inserte en la lucha
solidaria en contra del terrorismo, en términos adecuados
a nuestras posibilidades y sin tomar más compromisos de
nuestras capacidades.
Las
políticas y acciones sumariamente descritas deberán
promoverse por el PRI sin hostilidades ni exclusivismos, sin el
nacionalismo rancio que a veces todavía anda pululando
en el país.
Pero
debemos fortalecer el nacionalismo con talento y voluntad, con
un nacionalismo moderno, con un nacionalismo eficaz, un nacionalismo
que sepa insertar a México en términos eficientes,
en la nueva vida internacional.
Queremos
seguir construyendo el México soberano, libre y democrático,
justo y equitativo, que deseamos la mayoría de los mexicanos.
Emprendamos
la marcha del nuevo siglo con renovado vigor, con imaginación
y talento, encaminando nuestros esfuerzos mediante un sistema
de planeación democrática, con visión de
largo plazo. No nos dejemos agobiar por las circunstancias inciertas
y peligrosas del presente.
Refirmemos
la confianza en nosotros mismos. Hagamos honor a las generaciones
que nos precedieron y que supieron vencer en su tiempo los entonces
gigantescos retos animados por un profundo amor a la patria.
¡Viva
México!
CELSO
HUMBERTO DELGADO: En el uso de la palabra, el diputado Juan
Manuel Carreras López.
JUAN
MANUEL CARRERAS LOPEZ: Quiero agradecer a mi partido y en
particular a nuestra Presidente, la invitación que se me
hace para participar en esta mesa redonda, con tan distinguidos
ponentes y asistentes, en relación a un ejercicio que en
lo personal considero de gran actualidad, como lo es el de aportar
ideas para ir delineando el nuevo concepto de nacionalismo mexicano,
que nos permitirá insertarnos en el Siglo XXI unidos y
con un proyecto común como país.
El
nacionalismo, como concepto, sentimiento integrador, está
siempre en constante evolución. Es algo que nos reafirma
las raíces, nos recuerda nuestro pasado, como ya mencionó
aquí en su brillante exposición el licenciado De
la Madrid, pero que también en cada etapa histórica
va integrando, en un proceso creativo, nuevos valores y principios,
de la mano con la propia evolución de los países.
Decir
que el mundo ha cambiado de manera acelerada en la última
mitad del siglo pasado, cuya inercia sin lugar a dudas se prolongará
en los próximos años, no es cosa nueva.
Las
transformaciones en marcha son profundas y constantes. De ahí
que para poder aportar elementos que construyan nuestro nuevo
nacionalismo, debemos mencionar, aunque sea brevemente, algunas
de las características que definen a nuestro país
y al mundo en este inicio de siglo.
En
primer lugar, habitamos ya este planeta muchas personas. En el
año 2025 se espera que el mundo albergue a más de
8 mil 500 millones de seres humanos. Ello significa que en menos
de 30 años se habrá de sumar a la población
mundial actual una cifra similar a la que había en todo
el planeta en el año de 1940, es decir, poco más
de 2 mil 700 millones de personas.
En
este mismo periodo, esperamos, nuestro país estabilizará
su población en alrededor de 130 millones de mexicanos,
pero no sólo hay más gente, sino que podemos dar
por hecho que vivirá más tiempo por el crecimiento
de la esperanza de vida.
En
segundo lugar, debemos tomar en cuenta también la enorme
inercia de cambios y transformaciones políticas que el
siglo pasado nos dejó y que todavía continúan.
Hubo en él guerras mundiales y con una rapidez que sorprenderá
a los historiadores de este siglo, el imperialismo se vino abajo.
Nacieron más de 120 nuevos estados soberanos y se vivieron
horrores contra la humanidad, al amparo de regímenes totalitarios
de distinto signo.
Hoy
en día, increíblemente la sinrazón del ser
humano, la violencia, vuelve a recorrer el mundo y nos amenaza,
nos atemoriza en manifestaciones terroristas, que son expresiones
de conflictos distintos, diferentes y aún poco definidos.
Además,
prácticamente todos los estados no encontramos en la actualidad
en plenas tareas de reformas de Estado, porque los gobiernos parecen
resultar, en esta etapa histórica, pequeños para
lidiar con los flujos de capital, las divisas y los productos
que se mueven alrededor del mundo y, por el otro lado, muy grandes
para reaccionar a tiempo, frente a la diversidad de problemas
que se presentan en el nivel local de las ciudades y comunidades.
En
el nivel económico y hasta cierto punto también
en el político, se hace el esfuerzo para crear entidades
supranacionales por regiones, tales como la Unión Europea,
con su moneda única, y el Tratado de Libre Comercio entre
Canadá, Estados Unidos y México.
Y
en el nivel regional local marca la pauta, por el contrario, el
principio de descentralización de recursos y atribuciones
para las unidades más pequeñas de gobierno.
Así
encontramos, cada vez más, por una parte, la integración
económica, la globalización y por la otra, la fragmentación
política de las unidades de gobierno en demanda de autonomía
y capacidad de autogestión.
Por
último, debemos mencionar los cambios a nivel de los patrones
culturales, personales y familiares. El clan se ha transformado,
la familia rural era una unidad interdependiente discreta, contenida
y con una estructura de férrea disciplina vertical.
La
vida urbana, en contraste, reclama menos hijos y una educación
para ellos más intensa y extendida fuera del núcleo
familiar. La enseñanza también requiere de mayor
especialización y cada vez más tiempo y la participación
de un mayor número de personas.
Asimismo,
el cambio en el rol de la mujer no tiene paralelo en la historia.
A principios del siglo pasado se le relegaba de la política
y de prácticamente todas las profesiones. Sus derechos
de propiedad eran limitados y tenían pocas alternativas
de equidad legal con los hombres. Hoy, el papel de la mujer, por
el contrario, es preponderante e igual en todos los órdenes
de la vida. Lo anterior constituye, sin duda, algunas de las premisas
de convivencia de la sociedad mexicana en la actualidad. Es sobre
esta nueva realidad, entonces, que tenemos que concebir y adecuar
los valores y principios de nuestro sentimiento comunitario para
el presente y hacia el futuro.
Por
ello, a continuación quiero subrayar algunas de las características
que ya mencionó el licenciado De la Madrid y que me parece
importante integremos en nuestra visión moderna de nacionalismo.
La
primera es la de reafirmar nuestra vocación pacifista y
universal. Es decir, como nación debemos estar abiertos
al cambio y a las transformaciones globales, tanto económicas,
comerciales, tecnológicas y ecológicas, en un marco
de libertad que respete las ideas y costumbres de otros para no
incurrir en actos que atenten contra el ser humano.
La
segunda de las características tiene que ver con nuestra
vocación del respeto a la dignidad humana, de ser una Nación
que privilegia el sentido humanitario.
No
hemos sido un Estado que haya incluido en nuestro nacionalismo
conceptos, ni racistas ni de orden fundamentalista o religioso;
por el contrario, el respeto a nuestra pluralidad cultural y étnica
y a las creencias religiosas de todas las personas, ha sido nuestra
divisa. Lo debe seguir siendo en el futuro como requisito elemental
de nuestra convivencia social.
Tercero.
Tenemos que reafirmar también nuestra convicción
en el Estado de Derecho. Sólo con la ley podemos asegurar
una convivencia armónica. El crimen organizado y la inseguridad
pública no deben ser amenazas que nos fragmenten como Nación.
La
red de intereses económicos y la corrupción que
se genera alrededor de ambos, debe ser combatidos en el marco
de un Estado de Derecho que nos garantice a todos los mexicanos
la necesaria justicia en nuestro cotidiano convivir.
Nuestra
vocación democrática debe ser también un
valor de nuestro sentimiento nacionalista.
Los
mexicanos hemos construido un sistema democrático imparcial,
transparente y plural, como base de la competencia política.
Esto implica que la tolerancia y la construcción de consensos
entre distintas fuerzas políticas forman parte de nuestra
convivencia pública. En ello destaca el respeto a la decisión
del voto de los ciudadanos mexicanos como eje central de este
arreglo político.
El
combate a la pobreza y a la desigualdad constituyen un reto constante
que marca el rumbo para el desarrollo del país.
Todos
debemos estar conscientes que la cancelación de expectativas
y la insatisfacción en los niveles de vida de una gran
parte de la población no sólo son injustas, sino
que además generan tensión en las relaciones del
conjunto social. Por ello, es imprescindible la conducción
económica seria y responsable.
Este
reto es colectivo. La indiferencia o falta de solidaridad de la
sociedad, aunque sea por omisión, nos hace a todos responsables
de la violencia o de los desacuerdos que la inequidad social pueda
generar.
La
creencia en los valores educativos y culturales debe ser un vértice
más de nuestro nacionalismo. Sólo con mayor educación
para más mexicanos y con mejor calidad de la misma es que
lograremos construir una sociedad más equitativa y ser
un país menos desigual.
Además,
tenemos que reconocer y acrecentar nuestro legado cultural, ya
que el mismo no solamente nos proporciona tradiciones y manifestaciones
artísticas del ser humano en las que nos reconocemos, sino
que además nos enriquece, nos hace disfrutar nuestra vida
colectiva y personal.
Por
último, nuestro sentimiento nacionalista deberá
implicar el orgullo de ser capaces de crear un desarrollo regional
equilibrado.
Requerimos
ser un Estado que genera igualdad de oportunidades en todas las
regiones, para lo cual es necesario que existan tanto oportunidades
laborales y de negocios en todo el país, como desarrollos
de asentamientos humanos equilibrados y con calidad de vida. Para
ello se debe construir la infraestructura que haga frente a las
nuevas realidades tecnológicas en materia de telecomunicaciones
y de los sistemas de información, procurando el acceso
a las mismas del mayor número posible de mexicanos.
Como
podemos ver, nuestro sentimiento nacionalista se configurará
en el futuro por valores y principios, pero también por
retos comunes que tenemos como mexicanos, como nación.
Es precisamente en el esfuerzo cotidiano de reafirmación
de estos principios y valores, y de superación de nuestros
retos, que daremos el sentido de modernidad y actualidad a nuestro
nacionalismo con orgullo, con confianza, con patriotismo.
Y
este nuevo nacionalismo mexicano que construyamos no sólo
reafirmará nuestra soberanía nacional, sino que
también será nuestra principal aportación
a una convivencia mundial, armónica y pacífica,
que para serlo no sólo exige actitud para insertarse en
la globalidad económica, sino también principios
políticos claros que permitan superar la violencia, la
exclusión social y la opresión de las identidades
culturales.
CELSO
HUMBERTO DELGADO: A continuación hará uso de
la palabra la licenciada Helena Buscarón Soteno,
HELENA
BUSCARÓN SOTENO: Señoras y señores; con
su permiso, compañera Presidenta.
El
nacionalismo es el contenido, el Estado es el continente. Por
tanto, considerar la problemática del nacionalismo mexicano
del siglo XXI exige de hecho plantear la problemática del
EstadoNación mexicano del siglo XXI.
Durante
mucho tiempo, a lo largo de la historia se consideró que
la Nación era un instrumento al servicio del Estado. Hoy
en día tales aseveraciones son por mucho inciertas, toda
vez que en este reacomodo de circunstancias, a la luz de los procesos
de internacionalización, regionalización y globalización,
tiene lugar el redescubrimiento de la cuestión nacional.
Ciertamente,
tal y como lo señala el licenciado De la Madrid, si existe
algún fenómeno auténticamente global, es
el del Estado y el de la nación, ambos constituyen una
realidad que indiscutiblemente condicionan nuestras estrategias
políticas.
Es
por eso que en este ejercicio prospectivo tenemos que pensar el
nacionalismo, el Estado-Nación mexicano, en dos órdenes,
el global y el local.
Terminó
la Guerra Fría, experimentamos hoy más que nunca
el proceso de trasnacionalización del capital y una política
internacional que opera bajo otros cánones.
En
este contexto, ¿es realmente necesario el EstadoNación?
Si lo es, ¿bajo qué parámetros se ha de legitimar?
En
términos de la praxis económica, que son los términos
prioritarios del capitalismo mundial, realmente pareciera que
no lo es. Ya no controlan sus tasas de intercambio ni su moneda.
En la actualidad son las empresas trasnacionales las que deciden
las opciones, las que definen las directrices de la economía
global.
En
este orden de ideas, en el comienzo del siglo XXI, de acuerdo
con concepto de nacionalismo integral propuesto para efectivamente
no sólo considerar la idea política del mismo, no
podemos estructurar al Estado-Nación sin entenderlo primeramente
como unidad económica, para que en el marco de los procesos
de globalización tenga, en consecuencia, viabilidad, comunidad
política, sociológica y legal.
El
capitalismo expansionista hizo del Estado-Nación su sustento,
pero el capitalismo global, desde los años 80, ha hecho
del Estado-región su principal operador.
Entre
el EstadoNación y el Estado-región vagamos
entre dos realidades, una se resiste a la extinción y otra
incapaz de emerger.
Los
EstadosNación no poseen recursos suficientes, carecen
de los mercados de capital necesarios o de los mecanismos para
transferirlos más allá de sus fronteras nacionales.
Los
EstadosNación han perdido su papel como unidades
significativas de participación en la economía global.
Las instituciones sobre las que tenían control hoy son
vulnerables, requieren de una refuncionalización.
Pero
mientras lo hacen, la economía avanza en otros tiempos,
a otros ritmos.
Sin
duda alguna, en lugares como Hong Kong, Malasia o Singapur no
se oye hablar de explosiones nacionalistas, ni de las reivindicaciones
a los derechos indígenas, ni de cómo mantener en
el poder a un gobierno. Su única preocupación es
cómo mejorar las condiciones económicas y materiales
de sus miembros.
El
Estadoregión es una unidad económica, el EstadoNación
es una unidad política.
Para
el Estadoregión el interés nacional, entendido
como soberanía política, se quedó sin fundamento
al no reflejarse en una distribución equitativa de la riqueza,
es por eso que para el Estadoregión, soberanía
política es indisoluble de la soberanía económica,
puesto que la soberanía no se defiende, la soberanía
se ejerce.
Los
estadosNación no son la etapa final, son una forma
transitoria de organización que el capitalismo fortaleció
para gestionar los asuntos económicos, como prerrogativa
se les otorgó el poder militar, el control sobre los recursos,
la centralización de las decisiones políticas y
su legitimación jurídica.
Si
en su momento los estadosNación fueron generadores
de control, hoy en día los estados-región son generadores
de riqueza.
Todos
estos razonamientos nos obligan a prospectar el nacionalismo mexicano
del Siglo XXI, de manera diversificada, definiendo estrategias
simultáneas para su consecución,.a nivel externo,
a nivel global. El nacionalismo debe entenderse como el regionalismo
mexicano del Siglo XXI, como una realidad que contribuye al fortalecimiento
como unidad económica y, asimismo, coadyuve principalmente
en la erradicación de la pobreza del pueblo de México.
A
nivel interno, a nivel local, debe entenderse como un cuerpo ideológico
que conjugue libertad, igualdad, legalidad, laicismo y democracia,
un nuevo nacionalismo incluyente, moderno, firme en la defensa
de los intereses de la sociedad como único motor de las
transformaciones del país, todo lo cual presupone la lealtad
imprescindible a la nación, en cuanto única fuente
de poder político que reivindique los permanentes esfuerzos
a favor de la soberanía popular y la democracia.
Un
nacionalismo que contribuya al fortalecimiento del Estado como
unidad política, un nacionalismo que se fundamente no sólo
en una historia colectiva, valores e instituciones comunes, sino
que se fundamente con nexos más fuertes aún, en
un proyecto a futuro. La democracia económica, que no es
otra cosa que efectivamente moderar la opulencia y la indigencia.
Finalmente,
de la excelente aportación intelectual que hace De la Madrid,
destaco la que se refiere a la educación como pieza clave
del nacionalismo mexicano, que fortalece nuestros orgullosos orígenes,
riqueza cultural y el civismo; asimismo, las alusiones a nuestra
política exterior que debe apegarse a los principios establecidos
en la Constitución de la República, con mayor razón,
cuando el régimen actual de perfiles serviles al imperio,
violan sistemáticamente la Carta Magna y las más
elementales normas de la tradicionalmente respetada diplomacia
mexicana.
Es
por eso que el nacionalismo mexicano como estrategia de partido,
deberá entenderse como el respeto a la ley, como la defensa
de los intereses de la nación, como ideología, como
fundamento de nuestros principios y valores, con la democracia
integral como la única forma de hacer política,
para que de este modo el PRI defina en los albores del nuevo siglo,
la nacional democracia, el nacionalismo democrático como
su proyecto de partido, como su razón de Estado, como su
proyecto de nación.
CELSO
HUMBERTO DELGADO: A continuación el Senador Miguel
Ángel Navarro Quintero.
MIGUEL
ÁNGEL NAVARRO QUINTERO:
Muchas gracias, con su permiso señora Presidenta, distinguidos
asistentes.
Hemos
escuchado con gran interés la sólida y honesta disertación
sobre nacionalismo, hecha por un hombre que nos merece respeto,
que tuvo la enorme responsabilidad y honor de conducir a la nación
y vivir lo que ha representado el sentimiento nacionalista para
los mexicanos.
Compartimos
totalmente su afirmación, de ser el nacionalismo el vínculo
que nos une, además del hilo conductor que bajo ninguna
circunstancia debe interrumpirse, sí actualizarse, que
tiene como momentos relevantes en nuestra historia el movimiento
de independencia, la reforma liberal y la revolución y
que deberá continuar siendo motivo de cohesión e
identidad en este Siglo XXI.
Sus
reflexiones, licenciado, nos provocan, nos alientan y nos dan
claridad, para desechar comentarios simplistas que consideran
al nacionalismo como un sentimiento anacrónico.
Hoy,
como ayer, deberá incorporarse al contenido constitucional
ante la exigencia de una nación que de ninguna manera acepta
la destrucción de su propia historia y de nuestro derecho
nacional a mantener una identidad propia, esa que viene del pasado,
de nuestra memoria y tradiciones pero que también está
en gestación, pues nunca ha sido estática o petrificada
y está en espera de los desenlaces del presente que deberán
ser ajenos a toda confusión, duda o temor.
No
habremos de abandonar por tanto, nuestros derechos a la autodeterminación
política, económica y social como usted lo menciona
y deberemos ser consecuentes con nuestras propias decisiones e
intereses.
Hoy
los mexicanos no podemos quedarnos con una visión estática,
con una actitud desconfiada frente a fenómenos y procesos
de intercambio e integración que se viven en el mundo,
pues ello nos marginaría de los avances que se pueden lograr
de la vida en sociedad, en áreas como las comunicaciones,
la ciencia y la tecnología y el desarrollo sustentable.
Sin
embargo, nuestra inserción en el mundo actual debe ser
inteligente, sin poder ignorar las lecciones y enseñanzas
que fortalecen nuestra identidad, debemos saber traducir los retos
en oportunidades, en el marco de impresionantes asimetrías
y desigualdades, entre países, continentes o grupos sociales,
impidiendo que los intereses de las poderosas potencias, de los
plutócratas universales atenten contra nuestros derechos,
necesidades y reivindicaciones.
Aquí,
nuestro Partido ha enriquecido, como usted lo ha mencionado en
el marco del nuevo nacionalismo mexicano que propone, habrá
de continuar siendo útil a la nación, en el fortalecimiento
de la conciencia colectiva, en un nacionalismo que deberá
agigantarse y no agotarse en el mero recuerdo, pues nuestros compromisos
ante una sociedad demandante y desigual son inmensos.
Coincidimos
con las propuestas que hace para nuestro partido, en esta etapa
de renovación, las cuales deben tener visión de
futuro, sustentadas en los grandes valores nacionales, considerando
dar cauce al nacionalismo razonado y democrático, que impida
conductas autoritarias, que acompañe un desarrollo económico
con pleno derecho para los pobres, que sea tolerante con las diferentes
corrientes de pensamiento, que respete a plenitud el mosaico pluricultural,
que acerque cada vez más a los postulados constitucionales
con la realidad nacional.
Que
los cambios que requiere el país no se procesen avasallando
a nadie, por el contrario, incluyendo a todos.
Teniendo
total convencimiento que la unidad fundamental que debemos y podemos
construir los mexicanos, tiene en el nacionalismo, en la soberanía
y en nuestra identidad nacional, un referente perfectamente claro,
ya que los mexicanos estamos convencidos que para ser una nación
fuerte y justa en la globalidad, no debemos ni necesitamos dejar
de ser nación.
CELSO
HUMBERTO DELGADO: En el uso de la palabra el maestro Carlos
Arriola.
CARLOS
ARRIOLA: En primer lugar, creo que nadie mejor que el licenciado
De la Madrid para presentar esta ponencia. No hay que olvidar
que su sexenio fue el del nacionalismo revolucionario, que a la
vez también modificó la Constitución para
incluir la planeación democrática, con lo cual reforzó
el papel del Estado en México y esto es importante porque
también él fue quien abrió la economía
al ingresar al GATT.
Entonces,
supo juntar apertura al exterior, por un lado, y reforzamiento
del papel del Estado y de la idea de nacionalismo revolucionario,
en su sexenio.
Dicho
esto, me siento obligado a mencionar al maestro Rafael Segovia,
que todos conocemos y quien ha estudiado al nacionalismo hasta
el punto de escribir un libro que acaba de reeditar El Colegio
de México, «La politización de los Niños
Mexicanos: el Nacionalismo», él señala que
las definiciones que se han dado son muy numerosas y muy heterogéneas,
ya que puede ser nacionalista un país con desarrollo capitalista
muy avanzado y los países socialistas también fueron
o son nacionalistas.
Entonces,
señala dos grandes definiciones de nacionalismo: uno, la
voluntad de una comunidad que por diversas circunstancias ha tomado
conciencia de su individualidad histórica, para crear o
desarrollar un EstadoNación y esta idea se aplica
a los lugares donde el Estado no está aún jurídicamente
constituido.
La
segunda gran definición es un sistema de pensamiento, de
sentimientos o de emociones, esencialmente centrado en la defensa
o exaltación de la idea nacional. Esta segunda idea correspondería
a aquellos estados que ya están estructurados.
Podría
señalar algunos párrafos más, debidos a la
erudición y a la inteligencia de Rafael Segovia, pero también
él, después de todas sus exposiciones eruditas en
clase, citaba el caso de un sargento de la Guardia Civil Española,
en tiempos de Franco, que después de tratar de explicar
a los reclutas qué era el nacionalismo y hacerse bolas,
concluía muy sencillamente: es lo que todos sentimos decía
el sargento al ver un francés.
Y
es que el nacionalismo también lleva una parte negativa,
es decir, es algo que está en contra de alguien, lleva
esa parte negativa: lo que puede sentir un polaco frente a un
ruso o un mexicano, durante algún tiempo por lo menos cuando
yo era joven, al ver un americano. Entonces, el nacionalismo también
tiene ese otro lado.
Pero
creo que el problema principal que plantea el licenciado De la
Madrid es nacionalismo para el Siglo XXI, quitándole estas
partes negativas.
Y
creo que el verdadero dilema lo planteó entre nacionalismo
y globalización y podríamos añadir, como
lo hizo la compañera Helena Buscarón, también
entre mercado y Estado. Creo que todo esto va íntimamente
ligado.
Y
si vemos ya de nacionalismo un poco, pero también al ver
la parte de globalización, yo quisiera recordar que el
fenómeno no es del todo inédito en la historia,
es decir, los romanos globalizaron el mundo de su época:
España creó un imperio donde no se ponía
el sol y las mercancías de la Nao que venían de
Filipinas se iban a Europa.
Inglaterra
en el Siglo XIX globalizó el mundo, hubo una etapa y estamos
viviendo un nuevo fenómeno y esto es importante recordar,
porque a este fenómeno, a mí me gusta más
la palabra internacionalización, que la mencionó
el licenciado De la Madrid, porque globalización ni siquiera
existe en el diccionario, esta internacionalización de
la economía ha adquirido una dimensión mayor, una
fuerza mayor por la revolución tecnológica, etcétera.
Entonces,
creo que México ante el avasallamiento de la globalización
del Siglo XIX en el porfiriato, que no es muy distinto a lo que
está ocurriendo ahora, supo responder en 1910 con una idea
nacional que fue bien mencionada por el licenciado De la Madrid.
Y
creo que esto nos da un precedente para ver cómo debemos
reaccionar en el Siglo XXI, frente a esta nueva modalidad que
parece más avasalladora, más imponente y frente
a la cual pareciera que no hay defensa.
Entonces,
creo que el planteamiento que hizo el licenciado De la Madrid
es muy adecuado. Creo que a priori y más teniendo en vista
la 18 Asamblea, he escuchado en muchas discusiones como una especie
de disyuntiva: o somos nacionalistas y cerramos nuestras fronteras
o somos globalizadores neoliberales, etcétera.
Yo
creo que la disyuntiva no es tal. Hay muchas disyuntivas que sí
se plantean a un país, a un gobierno, a un Estado, muy
concretamente y ésta es una de ellas, pero para esto hay
las soluciones que se inventó la política y el licenciado
De la Madrid, en sus últimos 21 puntos, fue tratando de
compaginar lo que es el fenómeno de la internacionalización
de la economía y cómo puede responder un Estado-Nación.
Porque
yo creo no hay ni respuestas pasivas ni totalmente negativas de
cerrarnos. El licenciado De la Madrid citaba a Europa, con toda
razón, como los nacionalismos han subsistido y casi podríamos
añadir los regionalismos.
Es
muy importante, por ejemplo, Cataluña, cómo se ha
cerrado. En Bélgica, balones y flamencos siguen aborreciéndose
como antes de la Unión Europea y podemos ver a Italia del
Norte e Italia del Sur y varias regiones de Francia. Entonces,
los sentimientos nacionales e incluso regionales, no han desaparecido
del todo.
Yo
no creo que el Estado nacional vaya a desaparecer ni mucho menos,
es la unidad política de la nación.
Por
otro lado, viendo la disyuntiva mercado-Estado, también
tenemos que pensar que una comunidad no la cohesiona ni la une
el mercado. El mercado, por el contrario, separa, porque introduce
la competencia y una competencia feroz en estos tiempos.
En
cambio, sólo el Estado, a través de la educación,
como muy bien subrayó usted lo que dijo el licenciado De
la Madrid, es la educación la que puede integrar una comunidad,
es el Estado mediante la justicia social, que también lo
señaló usted, el que puede integrar una nación.
Son los valores comunes de un país lo que pude integrar
una nación.
Entonces,
yo creo que la disyuntiva tiene una solución como la que
ha dado el partido, siempre política. Ahora vemos el Siglo
XX hacia atrás y pareciera que desde el principio contamos
con una ideología nacional revolucionaria. Yo creo que
esta ideología se fue elaborando a lo largo del siglo,
cuando don Jesús Reyes Heroles nos habla de liberalismo
social, después de publicar su libro, ya estamos a mitad
del siglo, es algo que ya se fue forjando a lo largo de esta conjunción
de 1857 y 1917 y que le fue dando forma e ideología al
partido.
Yo
creo que en la próxima convención, por ejemplo,
para el Siglo XXI tenemos aquí un buen documento base,
pero será únicamente desde el Estado donde podamos
llevar a cabo esta conjunción de nacionalismo y globalización
o internacionalización de la economía.
Creo
que hay que felicitar al ponente por su síntesis de estos
fenómenos tan complejos, tan disímbolos y que a
veces plantean disyuntivas que hay que resolver sobre la marcha
en la política y como estoy seguro que lo resolverá
la XVIII Asamblea.
CELSO
HUMBERTO DELGADO: Hará uso de la palabra para clausurar
el evento, la Senadora y Presidenta del Comité Ejecutivo
Nacional, Dulce María Sauri Riancho.
DULCE
MARIA SAURI RIANCHO: En primer término, un agradecimiento,
al licenciado Miguel de la Madrid por su ponencia magistral que
permite sintetizar en un documento, un conjunto de reflexiones
respecto al nacionalismo mexicano en el Siglo XXI.
Y
un reconocimiento, asimismo, a quienes comentaron este importante
documento. Desde luego, a Juan Manuel Carreras López, a
la capacidad para sintetizar en las características del
nacionalismo, los elementos que permitan orientar la acción
de la sociedad mexicana, así como también los elementos
que Helena Buscarón aportó a la discusión
respecto a la función del Estado, Estado-Nación,
hacia la política, Estado-región hacia la economía.
Y,
desde luego, la aportación del senador Miguel Ángel
Navarro, de quien rescato especialmente una frase feliz que ilustra
lo que sucede en muchas ocasiones cuando se habla y se discute
respecto al nacionalismo: «El nacionalismo no es un sentimiento
obsoleto, no es algo que debamos de meter al cajón de los
recuerdos como parte de un pasado que ya se fue en definitiva,
sino es una actualidad vibrante e indispensable para orientar
el futuro».
Y
en el caso de Carlos Arriola, rescatar precisamente lo que también
en un ejercicio de debate y discusión hacia la Asamblea
Nacional se está presentando; no hay dilemas, no hay disyuntivas
que no puedan ser resueltas mediante el ejercicio de la política
que trae consigo el reconocimiento de nuestra experiencia histórica
como país, como sociedad y como partido político.
Que
debemos analizar con especial atención y cuidado las reformas
a nuestros documentos básicos y, en particular, aquél
documento que será la nueva Declaración de Principios
de nuestro Partido, y la llamo nueva declaración porque
seguramente recibirá por parte de los delegados y delegadas
a la Asamblea, una nueva dinámica en los conceptos que
le dan raíz a este partido.
Al
decir nueva, estoy significando precisamente lo que aquí
se señala, al denominar este evento como El Nacionalismo
Mexicano en el Siglo XXI. Así tendremos que orientar la
discusión sobre temas fundamentales en materia de principios,
de valores y, sobre todo, en materia del papel del Estado Mexicano.
El
gran debate hacia la Asamblea, es el papel del Estado Mexicano.
En este momento lo hemos visto desde la perspectiva del nacionalismo,
tendremos que verlo desde la perspectiva de su relación
con la sociedad y de su inserción en el mercado.
En
un debate en el que se intenta minimizar ideológicamente
el Estado en su papel frente a la sociedad, es justamente vinculándolo
al nacionalismo como podremos reforzar y dar una nueva orientación
a su papel en el Siglo XXI. Un Estado que lucha por la justicia
social, un Estado que ejerce plenamente su soberanía y
la soberanía del país.
Un
Estado que busca que el mercado sea una herramienta para desarrollar
a la sociedad y no un fin en sí mismo. Así, el nuevo
estado mexicano que formará parte del Proyecto de Nación
que el PRI habrá de impulsar, surgirá, en su paradigma,
de los debates y de las decisiones que tomen los delegados y delegadas
a la XVIII Asamblea General del próximo mes de noviembre.
Reitero
mi agradecimiento al licenciado Miguel de la Madrid, y mi reconocimiento
a quienes hicieron estos interesantes comentarios.
Mesa
Redonda «El Nacionalismo Mexicano en el Siglo XXI»,
organizado por el Consejo Político Nacional, con la conferencia
magistral del licenciado Miguel de la Madrid Hurtado, comentada
por el Dip. Juan Manuel Carreras López, la Lic. Helena
Buscarón, el Sen. Miguel Ángel Navarro y el Maestro
Carlos Arriola Woog, en el Salón de Usos Múltiples
de la sede nacional del PRI, 20 de septiembre de 2001.
