SIGLO XXI: NACIONALISMO EN MÉXICO

CELSO HUMBERTO DELGADO: En el uso de la palabra el licenciado Miguel de la Madrid Hurtado.

MIGUEL DE LA MADRID HURTADO: Señora Presidenta, señores expresidentes y miembros del Comité Ejecutivo Nacional de nuestro Partido, compañeros priístas:

El nacionalismo ha jugado un papel esencial en la formación de México como Estado independiente y soberano. Sigue siendo el vínculo más fuerte que nos une a los mexicanos y debemos tomarlo como base de nuestra subsistencia en los tiempos que vivimos de creciente internacionalización de la vida nacional.

El nacionalismo es la actitud y la voluntad de reconocernos como pertenecientes a la unidad social, histórica, cultural y política que hemos venido construyendo a lo largo de nuestra historia y que queremos seguir proyectando hacia el futuro de acuerdo con nuestras propias determinaciones.

El nacionalismo mexicano surgió para apoyar la Revolución de Independencia, sobre todo cuando José María Morelos dio consistencia ideológica y constitucional al movimiento insurgente.

El nacionalismo es una convicción que surge desde la Colonia, cuando criollos, indios y mestizos proclamaron la necesidad de constituir a México como nación independiente de España.

El nacionalismo siguió siendo el hilo conductor de nuestra evolución política y social, la reforma liberal del Siglo XIX reafirmó la soberanía de la Nación en una sociedad abierta, basada en la libertad y en la igualdad.

Con la promulgación de la Constitución de 1857, el nacionalismo estructuró a México como un Estado moderno, de acuerdo con las doctrinas liberales y democráticas que surgieron a partir de las revoluciones en los Estados Unidos de América, de Francia y de la Constitución Española de 1812.

La dolorosa pérdida territorial de 1847 no hizo sino acendrar la convicción de los mexicanos, de que el futuro sería o tendría que ser común o no habría futuro. La Constitución de 1857 produjo un catálogo avanzado de los derechos del hombre en su versión individualista, consagrando, entre otros, la libertad religiosa y logró, sobre todo a partir de las reformas constitucionales de Sebastián Lerdo de Tejada, iniciadas por Benito Juárez, la definitiva separación del Estado respecto a las iglesias y muy concretamente de la Iglesia Católica. Y efectuó la desamortización, primero, la nacionalización después de los bienes de dicha Iglesia que se habían venido acumulando desde la Colonia y que representaban una proporción enorme de la riqueza nacional.

En consecuencia, se estableció el concepto de Estado laico, abandonando la actitud de la Constitución de 1824 que había mantenido a la religión católica como única y oficial, y dejó pendiente de resolver la cuestión de las relaciones de la Iglesia y del Estado.

La Constitución de 1857 fue el estandarte de Juárez y de la excepcional generación de liberales que lo acompañó para vencer a los conservadores en la guerra de tres años y salir victorioso de la lucha en contra de la intervención francesa y el frustrado imperio de Maximiliano.

El tercer gran momento de nacionalismo mexicano fue la Revolución de 1910–1917, que afirmó categóricamente este principio del nacionalismo en lo político, en lo social y en lo económico. Así, 100 años después de la Independencia arribamos a un concepto integral de nacionalismo y no solamente una idea política del mismo.

De esta manera, somos nacionalistas porque tenemos conciencia de un pasado común, solidaridad en el presente y la voluntad de un futuro compartido. Todos los mexicanos nos reconocemos como unidad histórica, a pesar de nuestras diferencias étnicas, culturales, regionales y sociales.

La Constitución Mexicana reconoce ahora que somos una nación pluriétnica y pluricultural, pero que nos une una identidad común a todos y la convicción de que sobre nuestras diferencias debemos atender el interés supremo de la nación, sobre los particulares de los diversos grupos étnicos, regionales y clases sociales.

Los mexicanos mantenemos la firme voluntad de permanecer unidos en el futuro, para afianzar y fortalecer nuestro ser nacional, como unidad independiente y soberana en la comunidad internacional. Por ello debemos reafirmar con vigor nuestra mexicanidad, y la facultad de autodeterminarnos políticamente.

Frente al fenómeno de la globalización, que se caracteriza por una progresiva interdependencia en los diferentes campos de la vida social de la humanidad, el nacionalismo mexicano continúa siendo el lazo fundamental que nos une y a partir del cual debemos insertarnos en la nueva vida internacional.
Sabemos que la globalización es una tendencia irreversible, pero queremos beneficiarnos de ella, disminuir sus efectos indeseables y ser actores en este proceso. Debemos gobernar los efectos de la globalidad en el ámbito interno, para proteger y promover nuestros intereses.

Independientemente de la suerte que corran las formaciones políticas estatales en otras partes del mundo, la Patria Mexicana es una realidad histórica y social, fundada y sostenida por un pueblo que requiere medios de vida propios, para progresar con libertad, democracia integral y justicia.

La comunidad internacional continúa siendo integrada por estados nacionales. Las organizaciones internacionales y regionales están constituidas por estados nacionales y estos son los sujetos en la formación y aplicación del Derecho Internacional, en ejercicio de su soberanía, a pesar de las nuevas asociaciones mundiales y regionales, que se multiplicaron después de terminada la Segunda Guerra Mundial.

Aún la unión Europea, que se está integrando como una especie novedosa de federalismo, no implica el abandono de las nacionalidades y sus pueblos desean mantener su identidad política y cultural y facultades propias de autodeterminación en lo económico y social, si bien por sus características propias tienden a la uniformalización gradual y han pactado normas y organismos supranacionales.

Basta ver el resto del mundo para observar que el nacionalismo sigue siendo una fuerza vital en las sociedades del presente. ¿Quién puede dudar del nacionalismo de los Estados Unidos, tan visible en estos días, frente al ataque terrorista; los franceses, ingleses, rusos, chinos, japoneses, alemanes y tantos otros pueblos que configuran la multiplicidad internacional? Todos siguen siendo nacionalistas y defienden sus facultades de autodeterminación.

Aún en América Latina, donde compartimos pasado y cultura, y nos acompasamos en la evolución de nuestros pueblos, subsisten fuertes convicciones nacionalistas en cada uno de esos países.

El nacionalismo afirma el derecho de nuestro pueblo para autodeterminarnos políticamente –la soberanía–, para diseñar y ejecutar nuestro destino conforme a nuestras propias decisiones e intereses. El hecho de que México pertenezca a la Organización de las Naciones Unidas, a la Organización de los Estados Americanos y a una pléyade de organizaciones internacionales, entre las que se encuentran nuevas formas e instituciones de libre comercio y de apertura económica con el exterior, no cancela, sino exige un renovado y vigoroso nacionalismo mexicano, para preservar la identidad nacional.

Nuestro nacionalismo se integra con una visión abierta y generosa en relación con la vida internacional; recibe y adopta o adapta las mejores corrientes de todo el mundo; afirma su individualidad en la universalidad; postula nuestra solidaridad y respeto para todos los pueblos, ha rechazado y rechaza las formas degenerativas de nacionalismo o expansionismo, de racismo o de fundamentalismo religioso, que aún se observan en algunas regiones del mundo.

Reforcemos el nacionalismo, nuestra mexicanidad, con un ánimo de tolerancia y respeto, paz y cooperación con los demás pueblos, con los que cohabitamos en este planeta.

Nuestro sistema federal reconoce, frente a la autonomía de las entidades federativas, de los municipios y de las comunidades indígenas, la unidad superior de la Nación Mexicana y rechaza cualquier forma de desintegración de nuestra unidad política.

Nuestro nacionalismo ha ido creando un amplio y vigoroso catálogo de derechos del hombre, tanto en su expresión individual, como social. No en vano la Constitución de 1917 fue la primera en inaugurar el constitucionalismo social, garantizando, además de los derechos individuales, a los sociales. Por ello a nuestro sistema bien se le puede calificar como un Estado social de derecho, ya no solamente como un Estado demoliberal.

Nuestro nacionalismo ha sido el cauce por el que hemos transitado en la larga e inacabada lucha por la democracia, mediante el perfeccionamiento y enriquecimiento de los derechos humanos y progresando en el largo e inacabado proceso de la democratización integral.

Nuestro nacionalismo mexicanista tiene también una amplia vertiente económica, al estatuir en el Artículo 27 constitucional, como derivación de la soberanía, el dominio directo o la potestad regulatoria de la Nación sobre sus recursos naturales, tanto de su territorio continental como insular, como los bienes del subsuelo y ha afirmado su soberanía sobre el espacio aéreo situado sobre nuestro territorio, nuestra plataforma continental y la zona marítima exclusiva.

Somos nacionalistas al establecer las bases constitucionales del régimen económico mixto, con la rectoría del Estado sobre el desarrollo y un sistema de planeación democrática en los artículos 25 y 26.

México ha buscado en ese terreno, el equilibrio equidistante de toda forma de estatismo o neoliberalismo, lo que ahora están pretendiendo muchos partidos políticos con la escuela de la llamada tercera vía; la tercera vía la inventamos nosotros desde hace muchos años.

También en la constitución están señalados los sectores estratégicos principalmente petróleo, electricidad, energía nuclear, Banca central que son propiedad y se rigen y operan por el Estado, mediante los organismos descentralizados que establecen las leyes de la República y los sectores prioritarios que ameritan una especial rectoría del Estado para proteger el interés nacional: ferrocarriles, vías de comunicación, comunicación satelital, etcétera.

Somos nacionalistas también en lo que se refiere a la cultura, porque queremos reafirmarla en su tradición y seguirla creando, alejados de cualquier sentimiento hostil o aislacionista respecto a otras culturas, pero queremos que nuestra cultura siga siendo creada y recreada por los mismos mexicanos, evitando las influencias que pretendan hacerla naufragar en el anárquico campo de las comunicaciones modernas.

Queremos que nuestra cultura sea libre y abierta y no monopolizada por el Estado; obra de libertad de nuestros intelectuales, científicos y artistas y de nuestro pueblo mismo.

Debemos reconocer y estimular las culturas regionales e indígenas a las que debemos considerar parte de nosotros mismos. Queremos que nuestra cultura, en una palabra, esté abierta al pensamiento y al arte de todo el mundo, pero deseamos que estas influencias internacionales la enriquezcan y la diversifiquen, pero no hagan desaparecer a esta cultura nacional que, por otra parte contribuye en forma valiosa a la pluralidad universal.

La educación y la cultura deben seguir siendo prioridades destacadas en la acción de la sociedad y del Estado. El reto actual y por venir de la educación en México es seguir ampliando y afianzando su cobertura en todo el país y, sobre todo, elevar sustancialmente su calidad para propiciar las mejores condiciones para el desarrollo de todo mexicano, así como para fomentar las capacidades de cada quien, para ubicarse útilmente y progresar en la vida social.

La calidad de nuestra nación dependerá de la calidad de la educación. La cultura es la verdadera frontera de la soberanía, por ello nunca serán excesivos los esfuerzos que hagamos para preservarla y fomentar, mediante el apoyo y el estímulo a los intelectuales, artistas, artesanos y creadores en general. Debemos difundir ampliamente la cultura mexicana, además del indispensable apoyo al libro, es ahora perentorio el aprovechamiento de los medios electrónicos: cine, radio, televisión, para educar y conocer a la obra de nuestros creadores.

Por ello nos pronunciamos por mantener la mexicanidad de estos medios e industrias culturales, con apoyo en la propiedad mayoritaria y la gestión directa en manos de mexicanos. Promovamos en cine, la radio y la televisión de calidad, tanto en el sector público como en el sector privado.

El nacionalismo mexicano también postula la justicia social, valor esencial de la Revolución Mexicana, lo cual nos debe llevar a luchar enérgicamente en contra de la desigualdad que agobia a nuestro país y a diseñar, a instrumentar programas efectivos para luchar contra la pobreza extrema.

Sin duda, el reto de los mexicanos para el Siglo XXI es, como lo dejó dicho Morelos, moderar la opulencia y la indigencia, realidades que todavía nos agobian a más de dos centurias de vida independiente.

Estas carencias son una llaga lacerante en nuestro ser nacional. La grave desigualdad y la extrema pobreza son fenómenos intolerables y ponen en peligro la existencia de la Nación, no podemos arriesgar el destino nacional sino encauzar la estrategia del desarrollo para superar estos obstáculos.

Al progreso de México como Nación independiente y libre, democrática y justa. El nacionalismo mexicano deberá reflejar las demandas de una sociedad dinámica, plural e incluyente. Debemos elevar el nivel de vida de todos los mexicanos, pero poner especial atención en los miserables y débiles y fortalecer los lazos de la coherencia social. Esta debe ser la gran causa de México en el Siglo XXI. Los intereses de la nación y la justicia social son inseparables. El nacionalismo sigue siendo un valor fundamental del pueblo mexicano.

Ahora bien, el nacionalismo que ha sido una de las guías principales de nuestro Partido, debe ser reafirmado y actualizado para que el pueblo mexicano subsista y se fortalezca como unidad autónoma e independiente en el conjunto de las demás naciones.

Propongo que el PRI, en esta etapa de renovación y reforma, tome las siguientes acciones:

Primera: Reiterar el nacionalismo como uno de los principios fundamentales de nuestro partido, así lo han de recoger en forma destacada, los documentos que apruebe la Asamblea General que se realizará el próximo mes de noviembre, particularmente en la Declaración de Principios, el Programa de Acción, el Código de Etica y lo que se ha dado en llamar la Visión de Futuro que la Asamblea sabrá donde la coloca, yo todavía no.

Segunda: Organizar una serie de eventos y programas que ayuden a definir una concepción actualizada y vigorosa del nacionalismo, con la más amplia participación de jóvenes y mujeres.

Tercera: Pugnar porque la educación y las políticas y programas de ciencia y tecnología, reciban la atención prioritaria en los planes, programas y presupuestos de todos los niveles de gobierno y que estos se orienten a inculcar en los educandos, el sentimiento del nacionalismo y el amor a la patria, debe enfatizarse la enseñanza del español, el civismo o valores y la historia nacional.

Cuarta: Impulsar el culto a los símbolos patrios.

Quinta: Defender, promover y apoyar nuestra cultura nacional y los diversos elementos que la integran. La cultura debe concebirse como un proceso que reconoce y enaltece nuestras raíces, que son además, diversas y plurales, y que han caracterizado a sus diversas manifestaciones en la evolución de la nación, como una cultura mestiza y a la vez abierta al mundo.

Sexta: Pugnar por la ampliación de la infraestructura cultural: escuelas y universidades, bibliotecas públicas, escolares y universitarias; museos nacionales, locales y municipales; teatros; instalaciones cada vez más amplias para la cultura del deporte; programas para apoyar el cine, la radio, el teatro y la televisión de calidad; impulsar el uso de las modernas tecnologías de la informática, el internet, para educar y fomentar la cultura nacional.

Séptima: Apoyar el desarrollo científico y tecnológico del país para lo cual el Partido como lo ha hecho, debe seguir impulsando la formación y retención de investigadores en todas las disciplinas del conocimiento humano.

Octava: Seguir impulsando la descentralización de la educación y la cultura, y reconocer y alentar las culturas regionales.

Novena: Apoyar la difusión de la cultura nacional en otros países, particularmente en los de habla hispánica y en las comunidades mexicanas e hispánicas de otros países, particularmente en los Estados Unidos.

Décima: Fortalecer nuestra industria editorial y los programas de fomento a la lectura, continuar con el programa de los libros de texto gratuitos que deben ser permanentemente actualizados.

Decimoprimera: Fortalecer los programas de afirmación y defensa de la lengua nacional y seguir apoyando la educación bilingüe y bicultural, respecto a las comunidades indígenas.

Decimosegunda: Oponernos a la extranjeri-zación de los medios de comunicación que deben seguir siendo concesionados y operados por mexicanos, pero con una mejoría sustancial en los contenidos de los programas.

Decimotercera: Defender nuestra soberanía y autodeterminación en los distintos ámbitos en la vida nacional. La globalización no debe ser pretexto para ceder nuestra soberanía y desfigurar la identidad nacional. Debemos gobernar los efectos internos de la globalización y pugnar porque ésta se regule internacionalmente para que sus beneficios se distribuyan más equitativamente entre los países. La globalización, hasta ahora, está beneficiando solo una minoría de países y dentro de los países, incluyendo el nuestro, solamente a grupos sociales minoritarios.

Decimocuarta: Defender y revertir el proceso de extranjerización de la economía que avanza desde hace varios años en forma alarmante. Para ello debemos pugnar por la ejecución de programas de fomenten y apoyen a los productores nacionales del campo, la industria, los servicios, esto es, comercio, turismo, sistema financiero, etc., este es un derecho que tenemos los mexicanos y que ejercen todos los países del mundo.

Recordemos el artículo 32 constitucional, el cual establece que los mexicanos serán preferidos a los extranjeros en igualdad de circunstancias para toda clase de concesiones; para ello, es decir, para que realmente sean competitivos, habrá que apoyar a los productores nacionales de bienes y servicios, principalmente en el aspecto financiero para que sean nuestros connacionales competitivos e impulsar la mejoría de los productos y servicios mexicanos, con el objeto de aumentar su consumo interno, pero también su exportación.

Decimoquinta: Respecto a los segmentos de la economía, que ya han sido dominados por extranjeros en forma alarmante como lo podemos apreciar, promover que el ejercicio de los diversos instrumentos de política, tengan como finalidad obligar o inducir a las empresas respectivas, a comportarse en beneficio de los intereses nacionales.

Por ejemplo, en el caso del sistema financiero, se deben dictar políticas y normas para que los recursos que capte en México dicho sistema, sean canalizados a los sectores económicos que determinen las políticas y programas de desarrollo que autoricen las autoridades competentes: sector agropecuario y forestal, agroindustria, pesca, industria pequeña, mediana y grande, turismo, infraestructura, etc.

Particular atención debe merecer la aplicación de los fondos que capten las AFORES, hacia los campos que determinen las políticas de desarrollo, por ejemplo, infraestructura y vivienda, siempre que los proyectos sean sólidos y rentables, ya que las AFORES manejan un patrimonio de la clase trabajadora mexicana y no hay que invertirla en cosas que no se tengan las características que acabo de indicar.

Decimosexta: Fortalecer la banca de desarrollo para apoyar los programas prioritarios de la política económica y social, cuidando en todo tiempo su solidez financiera y manejo profesional. Creo que a la Banca de desarrollo, las leyes respectivas están en trámite todavía en el Congreso de la Unión, les deben permitir operar también en el primer piso, debidamente reglamentadas las operaciones y supervisadas por las autoridades competentes, para evitar los errores y desvíos en que incurrimos en tiempos pasados.

Decimoséptima: Procurar la sanidad y fortaleza de las finanzas públicas, manteniendo el endeudamiento público, principalmente el externo, dentro de las proporciones adecuadas. La experiencia nos ha señalado que un Estado financieramente débil, disminuye su capacidad de gobierno, creo que en esto no debemos olvidar la lección del pasado.

Decimoctava: Elevar el ahorro interno de los sectores público y privado para sustentar el financiamiento y el desarrollo con menos dependencia respecto a recursos del exterior.

Decimonovena: Atraer a la inversión extranjera en los campos que convengan al desarrollo nacional y procurar su asociación con el capital nacional.

Vigésima: Diseñar una nueva política de sustitución de importaciones, en condiciones de competitividad y eficiencia, evitando incurrir en los errores del pasando, cuando a través de una política indiscriminada de subsidios y proteccionismo de todo tipo, establecimos una planta productiva totalmente incompetente para enfrentarse a los nuevos fenómenos de la globalización y de la competencia internacional.

Vigesimoprimera: Exigir que la política exterior se ajuste en todo momento, a los criterios que señala nuestra constitución y que tenga como orientación principal el interés de la nación.

Estos principios son el resultado de nuestra experiencia histórica y debemos mantenerlos incólumes, estos son la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de las controversias, la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales, la igualdad jurídica de los estados, la cooperación internacional para el desarrollo y la lucha por la paz y la seguridad nacionales, son preceptos que están en la Constitución Mexicana y que obligan por igual, al Presidente que es el conductor de la política de relaciones exteriores y al Senado de la República, organismo ante el cual se deben someter a ratificación, tratados y acuerdos que celebre el Presidente de la República.

Me congratulo que el Partido Revolucionario Institucional haya reiterado estos principios fundamentales, en ocasión a la grave crisis derivada del ataque terrorista a instalaciones simbólicas de los Estados Unidos, pero siempre exigiendo que se respeten los principios de la política exterior mexicana, que nos movamos dentro del marco del Derecho Internacional, a través de las Naciones Unidas, y que México se inserte en la lucha solidaria en contra del terrorismo, en términos adecuados a nuestras posibilidades y sin tomar más compromisos de nuestras capacidades.

Las políticas y acciones sumariamente descritas deberán promoverse por el PRI sin hostilidades ni exclusivismos, sin el nacionalismo rancio que a veces todavía anda pululando en el país.

Pero debemos fortalecer el nacionalismo con talento y voluntad, con un nacionalismo moderno, con un nacionalismo eficaz, un nacionalismo que sepa insertar a México en términos eficientes, en la nueva vida internacional.

Queremos seguir construyendo el México soberano, libre y democrático, justo y equitativo, que deseamos la mayoría de los mexicanos.

Emprendamos la marcha del nuevo siglo con renovado vigor, con imaginación y talento, encaminando nuestros esfuerzos mediante un sistema de planeación democrática, con visión de largo plazo. No nos dejemos agobiar por las circunstancias inciertas y peligrosas del presente.

Refirmemos la confianza en nosotros mismos. Hagamos honor a las generaciones que nos precedieron y que supieron vencer en su tiempo los entonces gigantescos retos animados por un profundo amor a la patria.

¡Viva México!

CELSO HUMBERTO DELGADO: En el uso de la palabra, el diputado Juan Manuel Carreras López.

JUAN MANUEL CARRERAS LOPEZ: Quiero agradecer a mi partido y en particular a nuestra Presidente, la invitación que se me hace para participar en esta mesa redonda, con tan distinguidos ponentes y asistentes, en relación a un ejercicio que en lo personal considero de gran actualidad, como lo es el de aportar ideas para ir delineando el nuevo concepto de nacionalismo mexicano, que nos permitirá insertarnos en el Siglo XXI unidos y con un proyecto común como país.

El nacionalismo, como concepto, sentimiento integrador, está siempre en constante evolución. Es algo que nos reafirma las raíces, nos recuerda nuestro pasado, como ya mencionó aquí en su brillante exposición el licenciado De la Madrid, pero que también en cada etapa histórica va integrando, en un proceso creativo, nuevos valores y principios, de la mano con la propia evolución de los países.

Decir que el mundo ha cambiado de manera acelerada en la última mitad del siglo pasado, cuya inercia sin lugar a dudas se prolongará en los próximos años, no es cosa nueva.

Las transformaciones en marcha son profundas y constantes. De ahí que para poder aportar elementos que construyan nuestro nuevo nacionalismo, debemos mencionar, aunque sea brevemente, algunas de las características que definen a nuestro país y al mundo en este inicio de siglo.

En primer lugar, habitamos ya este planeta muchas personas. En el año 2025 se espera que el mundo albergue a más de 8 mil 500 millones de seres humanos. Ello significa que en menos de 30 años se habrá de sumar a la población mundial actual una cifra similar a la que había en todo el planeta en el año de 1940, es decir, poco más de 2 mil 700 millones de personas.

En este mismo periodo, esperamos, nuestro país estabilizará su población en alrededor de 130 millones de mexicanos, pero no sólo hay más gente, sino que podemos dar por hecho que vivirá más tiempo por el crecimiento de la esperanza de vida.

En segundo lugar, debemos tomar en cuenta también la enorme inercia de cambios y transformaciones políticas que el siglo pasado nos dejó y que todavía continúan. Hubo en él guerras mundiales y con una rapidez que sorprenderá a los historiadores de este siglo, el imperialismo se vino abajo. Nacieron más de 120 nuevos estados soberanos y se vivieron horrores contra la humanidad, al amparo de regímenes totalitarios de distinto signo.

Hoy en día, increíblemente la sinrazón del ser humano, la violencia, vuelve a recorrer el mundo y nos amenaza, nos atemoriza en manifestaciones terroristas, que son expresiones de conflictos distintos, diferentes y aún poco definidos.

Además, prácticamente todos los estados no encontramos en la actualidad en plenas tareas de reformas de Estado, porque los gobiernos parecen resultar, en esta etapa histórica, pequeños para lidiar con los flujos de capital, las divisas y los productos que se mueven alrededor del mundo y, por el otro lado, muy grandes para reaccionar a tiempo, frente a la diversidad de problemas que se presentan en el nivel local de las ciudades y comunidades.

En el nivel económico y hasta cierto punto también en el político, se hace el esfuerzo para crear entidades supranacionales por regiones, tales como la Unión Europea, con su moneda única, y el Tratado de Libre Comercio entre Canadá, Estados Unidos y México.

Y en el nivel regional local marca la pauta, por el contrario, el principio de descentralización de recursos y atribuciones para las unidades más pequeñas de gobierno.

Así encontramos, cada vez más, por una parte, la integración económica, la globalización y por la otra, la fragmentación política de las unidades de gobierno en demanda de autonomía y capacidad de autogestión.

Por último, debemos mencionar los cambios a nivel de los patrones culturales, personales y familiares. El clan se ha transformado, la familia rural era una unidad interdependiente discreta, contenida y con una estructura de férrea disciplina vertical.

La vida urbana, en contraste, reclama menos hijos y una educación para ellos más intensa y extendida fuera del núcleo familiar. La enseñanza también requiere de mayor especialización y cada vez más tiempo y la participación de un mayor número de personas.

Asimismo, el cambio en el rol de la mujer no tiene paralelo en la historia. A principios del siglo pasado se le relegaba de la política y de prácticamente todas las profesiones. Sus derechos de propiedad eran limitados y tenían pocas alternativas de equidad legal con los hombres. Hoy, el papel de la mujer, por el contrario, es preponderante e igual en todos los órdenes de la vida. Lo anterior constituye, sin duda, algunas de las premisas de convivencia de la sociedad mexicana en la actualidad. Es sobre esta nueva realidad, entonces, que tenemos que concebir y adecuar los valores y principios de nuestro sentimiento comunitario para el presente y hacia el futuro.

Por ello, a continuación quiero subrayar algunas de las características que ya mencionó el licenciado De la Madrid y que me parece importante integremos en nuestra visión moderna de nacionalismo.

La primera es la de reafirmar nuestra vocación pacifista y universal. Es decir, como nación debemos estar abiertos al cambio y a las transformaciones globales, tanto económicas, comerciales, tecnológicas y ecológicas, en un marco de libertad que respete las ideas y costumbres de otros para no incurrir en actos que atenten contra el ser humano.

La segunda de las características tiene que ver con nuestra vocación del respeto a la dignidad humana, de ser una Nación que privilegia el sentido humanitario.

No hemos sido un Estado que haya incluido en nuestro nacionalismo conceptos, ni racistas ni de orden fundamentalista o religioso; por el contrario, el respeto a nuestra pluralidad cultural y étnica y a las creencias religiosas de todas las personas, ha sido nuestra divisa. Lo debe seguir siendo en el futuro como requisito elemental de nuestra convivencia social.

Tercero. Tenemos que reafirmar también nuestra convicción en el Estado de Derecho. Sólo con la ley podemos asegurar una convivencia armónica. El crimen organizado y la inseguridad pública no deben ser amenazas que nos fragmenten como Nación.

La red de intereses económicos y la corrupción que se genera alrededor de ambos, debe ser combatidos en el marco de un Estado de Derecho que nos garantice a todos los mexicanos la necesaria justicia en nuestro cotidiano convivir.

Nuestra vocación democrática debe ser también un valor de nuestro sentimiento nacionalista.

Los mexicanos hemos construido un sistema democrático imparcial, transparente y plural, como base de la competencia política. Esto implica que la tolerancia y la construcción de consensos entre distintas fuerzas políticas forman parte de nuestra convivencia pública. En ello destaca el respeto a la decisión del voto de los ciudadanos mexicanos como eje central de este arreglo político.

El combate a la pobreza y a la desigualdad constituyen un reto constante que marca el rumbo para el desarrollo del país.

Todos debemos estar conscientes que la cancelación de expectativas y la insatisfacción en los niveles de vida de una gran parte de la población no sólo son injustas, sino que además generan tensión en las relaciones del conjunto social. Por ello, es imprescindible la conducción económica seria y responsable.

Este reto es colectivo. La indiferencia o falta de solidaridad de la sociedad, aunque sea por omisión, nos hace a todos responsables de la violencia o de los desacuerdos que la inequidad social pueda generar.

La creencia en los valores educativos y culturales debe ser un vértice más de nuestro nacionalismo. Sólo con mayor educación para más mexicanos y con mejor calidad de la misma es que lograremos construir una sociedad más equitativa y ser un país menos desigual.

Además, tenemos que reconocer y acrecentar nuestro legado cultural, ya que el mismo no solamente nos proporciona tradiciones y manifestaciones artísticas del ser humano en las que nos reconocemos, sino que además nos enriquece, nos hace disfrutar nuestra vida colectiva y personal.

Por último, nuestro sentimiento nacionalista deberá implicar el orgullo de ser capaces de crear un desarrollo regional equilibrado.

Requerimos ser un Estado que genera igualdad de oportunidades en todas las regiones, para lo cual es necesario que existan tanto oportunidades laborales y de negocios en todo el país, como desarrollos de asentamientos humanos equilibrados y con calidad de vida. Para ello se debe construir la infraestructura que haga frente a las nuevas realidades tecnológicas en materia de telecomunicaciones y de los sistemas de información, procurando el acceso a las mismas del mayor número posible de mexicanos.

Como podemos ver, nuestro sentimiento nacionalista se configurará en el futuro por valores y principios, pero también por retos comunes que tenemos como mexicanos, como nación. Es precisamente en el esfuerzo cotidiano de reafirmación de estos principios y valores, y de superación de nuestros retos, que daremos el sentido de modernidad y actualidad a nuestro nacionalismo con orgullo, con confianza, con patriotismo.

Y este nuevo nacionalismo mexicano que construyamos no sólo reafirmará nuestra soberanía nacional, sino que también será nuestra principal aportación a una convivencia mundial, armónica y pacífica, que para serlo no sólo exige actitud para insertarse en la globalidad económica, sino también principios políticos claros que permitan superar la violencia, la exclusión social y la opresión de las identidades culturales.

CELSO HUMBERTO DELGADO: A continuación hará uso de la palabra la licenciada Helena Buscarón Soteno,

HELENA BUSCARÓN SOTENO: Señoras y señores; con su permiso, compañera Presidenta.

El nacionalismo es el contenido, el Estado es el continente. Por tanto, considerar la problemática del nacionalismo mexicano del siglo XXI exige de hecho plantear la problemática del Estado–Nación mexicano del siglo XXI.

Durante mucho tiempo, a lo largo de la historia se consideró que la Nación era un instrumento al servicio del Estado. Hoy en día tales aseveraciones son por mucho inciertas, toda vez que en este reacomodo de circunstancias, a la luz de los procesos de internacionalización, regionalización y globalización, tiene lugar el redescubrimiento de la cuestión nacional.

Ciertamente, tal y como lo señala el licenciado De la Madrid, si existe algún fenómeno auténticamente global, es el del Estado y el de la nación, ambos constituyen una realidad que indiscutiblemente condicionan nuestras estrategias políticas.

Es por eso que en este ejercicio prospectivo tenemos que pensar el nacionalismo, el Estado-Nación mexicano, en dos órdenes, el global y el local.

Terminó la Guerra Fría, experimentamos hoy más que nunca el proceso de trasnacionalización del capital y una política internacional que opera bajo otros cánones.

En este contexto, ¿es realmente necesario el Estado–Nación? Si lo es, ¿bajo qué parámetros se ha de legitimar?

En términos de la praxis económica, que son los términos prioritarios del capitalismo mundial, realmente pareciera que no lo es. Ya no controlan sus tasas de intercambio ni su moneda. En la actualidad son las empresas trasnacionales las que deciden las opciones, las que definen las directrices de la economía global.

En este orden de ideas, en el comienzo del siglo XXI, de acuerdo con concepto de nacionalismo integral propuesto para efectivamente no sólo considerar la idea política del mismo, no podemos estructurar al Estado-Nación sin entenderlo primeramente como unidad económica, para que en el marco de los procesos de globalización tenga, en consecuencia, viabilidad, comunidad política, sociológica y legal.

El capitalismo expansionista hizo del Estado-Nación su sustento, pero el capitalismo global, desde los años 80, ha hecho del Estado-región su principal operador.

Entre el Estado–Nación y el Estado-región vagamos entre dos realidades, una se resiste a la extinción y otra incapaz de emerger.

Los Estados–Nación no poseen recursos suficientes, carecen de los mercados de capital necesarios o de los mecanismos para transferirlos más allá de sus fronteras nacionales.

Los Estados–Nación han perdido su papel como unidades significativas de participación en la economía global. Las instituciones sobre las que tenían control hoy son vulnerables, requieren de una refuncionalización.

Pero mientras lo hacen, la economía avanza en otros tiempos, a otros ritmos.

Sin duda alguna, en lugares como Hong Kong, Malasia o Singapur no se oye hablar de explosiones nacionalistas, ni de las reivindicaciones a los derechos indígenas, ni de cómo mantener en el poder a un gobierno. Su única preocupación es cómo mejorar las condiciones económicas y materiales de sus miembros.

El Estado–región es una unidad económica, el Estado–Nación es una unidad política.

Para el Estado–región el interés nacional, entendido como soberanía política, se quedó sin fundamento al no reflejarse en una distribución equitativa de la riqueza, es por eso que para el Estado–región, soberanía política es indisoluble de la soberanía económica, puesto que la soberanía no se defiende, la soberanía se ejerce.

Los estados–Nación no son la etapa final, son una forma transitoria de organización que el capitalismo fortaleció para gestionar los asuntos económicos, como prerrogativa se les otorgó el poder militar, el control sobre los recursos, la centralización de las decisiones políticas y su legitimación jurídica.

Si en su momento los estados–Nación fueron generadores de control, hoy en día los estados-región son generadores de riqueza.

Todos estos razonamientos nos obligan a prospectar el nacionalismo mexicano del Siglo XXI, de manera diversificada, definiendo estrategias simultáneas para su consecución,.a nivel externo, a nivel global. El nacionalismo debe entenderse como el regionalismo mexicano del Siglo XXI, como una realidad que contribuye al fortalecimiento como unidad económica y, asimismo, coadyuve principalmente en la erradicación de la pobreza del pueblo de México.

A nivel interno, a nivel local, debe entenderse como un cuerpo ideológico que conjugue libertad, igualdad, legalidad, laicismo y democracia, un nuevo nacionalismo incluyente, moderno, firme en la defensa de los intereses de la sociedad como único motor de las transformaciones del país, todo lo cual presupone la lealtad imprescindible a la nación, en cuanto única fuente de poder político que reivindique los permanentes esfuerzos a favor de la soberanía popular y la democracia.

Un nacionalismo que contribuya al fortalecimiento del Estado como unidad política, un nacionalismo que se fundamente no sólo en una historia colectiva, valores e instituciones comunes, sino que se fundamente con nexos más fuertes aún, en un proyecto a futuro. La democracia económica, que no es otra cosa que efectivamente moderar la opulencia y la indigencia.

Finalmente, de la excelente aportación intelectual que hace De la Madrid, destaco la que se refiere a la educación como pieza clave del nacionalismo mexicano, que fortalece nuestros orgullosos orígenes, riqueza cultural y el civismo; asimismo, las alusiones a nuestra política exterior que debe apegarse a los principios establecidos en la Constitución de la República, con mayor razón, cuando el régimen actual de perfiles serviles al imperio, violan sistemáticamente la Carta Magna y las más elementales normas de la tradicionalmente respetada diplomacia mexicana.

Es por eso que el nacionalismo mexicano como estrategia de partido, deberá entenderse como el respeto a la ley, como la defensa de los intereses de la nación, como ideología, como fundamento de nuestros principios y valores, con la democracia integral como la única forma de hacer política, para que de este modo el PRI defina en los albores del nuevo siglo, la nacional democracia, el nacionalismo democrático como su proyecto de partido, como su razón de Estado, como su proyecto de nación.

CELSO HUMBERTO DELGADO: A continuación el Senador Miguel Ángel Navarro Quintero.

MIGUEL ÁNGEL NAVARRO QUINTERO: Muchas gracias, con su permiso señora Presidenta, distinguidos asistentes.

Hemos escuchado con gran interés la sólida y honesta disertación sobre nacionalismo, hecha por un hombre que nos merece respeto, que tuvo la enorme responsabilidad y honor de conducir a la nación y vivir lo que ha representado el sentimiento nacionalista para los mexicanos.

Compartimos totalmente su afirmación, de ser el nacionalismo el vínculo que nos une, además del hilo conductor que bajo ninguna circunstancia debe interrumpirse, sí actualizarse, que tiene como momentos relevantes en nuestra historia el movimiento de independencia, la reforma liberal y la revolución y que deberá continuar siendo motivo de cohesión e identidad en este Siglo XXI.

Sus reflexiones, licenciado, nos provocan, nos alientan y nos dan claridad, para desechar comentarios simplistas que consideran al nacionalismo como un sentimiento anacrónico.

Hoy, como ayer, deberá incorporarse al contenido constitucional ante la exigencia de una nación que de ninguna manera acepta la destrucción de su propia historia y de nuestro derecho nacional a mantener una identidad propia, esa que viene del pasado, de nuestra memoria y tradiciones pero que también está en gestación, pues nunca ha sido estática o petrificada y está en espera de los desenlaces del presente que deberán ser ajenos a toda confusión, duda o temor.

No habremos de abandonar por tanto, nuestros derechos a la autodeterminación política, económica y social como usted lo menciona y deberemos ser consecuentes con nuestras propias decisiones e intereses.

Hoy los mexicanos no podemos quedarnos con una visión estática, con una actitud desconfiada frente a fenómenos y procesos de intercambio e integración que se viven en el mundo, pues ello nos marginaría de los avances que se pueden lograr de la vida en sociedad, en áreas como las comunicaciones, la ciencia y la tecnología y el desarrollo sustentable.

Sin embargo, nuestra inserción en el mundo actual debe ser inteligente, sin poder ignorar las lecciones y enseñanzas que fortalecen nuestra identidad, debemos saber traducir los retos en oportunidades, en el marco de impresionantes asimetrías y desigualdades, entre países, continentes o grupos sociales, impidiendo que los intereses de las poderosas potencias, de los plutócratas universales atenten contra nuestros derechos, necesidades y reivindicaciones.

Aquí, nuestro Partido ha enriquecido, como usted lo ha mencionado en el marco del nuevo nacionalismo mexicano que propone, habrá de continuar siendo útil a la nación, en el fortalecimiento de la conciencia colectiva, en un nacionalismo que deberá agigantarse y no agotarse en el mero recuerdo, pues nuestros compromisos ante una sociedad demandante y desigual son inmensos.

Coincidimos con las propuestas que hace para nuestro partido, en esta etapa de renovación, las cuales deben tener visión de futuro, sustentadas en los grandes valores nacionales, considerando dar cauce al nacionalismo razonado y democrático, que impida conductas autoritarias, que acompañe un desarrollo económico con pleno derecho para los pobres, que sea tolerante con las diferentes corrientes de pensamiento, que respete a plenitud el mosaico pluricultural, que acerque cada vez más a los postulados constitucionales con la realidad nacional.

Que los cambios que requiere el país no se procesen avasallando a nadie, por el contrario, incluyendo a todos.

Teniendo total convencimiento que la unidad fundamental que debemos y podemos construir los mexicanos, tiene en el nacionalismo, en la soberanía y en nuestra identidad nacional, un referente perfectamente claro, ya que los mexicanos estamos convencidos que para ser una nación fuerte y justa en la globalidad, no debemos ni necesitamos dejar de ser nación.

CELSO HUMBERTO DELGADO: En el uso de la palabra el maestro Carlos Arriola.

CARLOS ARRIOLA: En primer lugar, creo que nadie mejor que el licenciado De la Madrid para presentar esta ponencia. No hay que olvidar que su sexenio fue el del nacionalismo revolucionario, que a la vez también modificó la Constitución para incluir la planeación democrática, con lo cual reforzó el papel del Estado en México y esto es importante porque también él fue quien abrió la economía al ingresar al GATT.

Entonces, supo juntar apertura al exterior, por un lado, y reforzamiento del papel del Estado y de la idea de nacionalismo revolucionario, en su sexenio.

Dicho esto, me siento obligado a mencionar al maestro Rafael Segovia, que todos conocemos y quien ha estudiado al nacionalismo hasta el punto de escribir un libro que acaba de reeditar El Colegio de México, «La politización de los Niños Mexicanos: el Nacionalismo», él señala que las definiciones que se han dado son muy numerosas y muy heterogéneas, ya que puede ser nacionalista un país con desarrollo capitalista muy avanzado y los países socialistas también fueron o son nacionalistas.

Entonces, señala dos grandes definiciones de nacionalismo: uno, la voluntad de una comunidad que por diversas circunstancias ha tomado conciencia de su individualidad histórica, para crear o desarrollar un Estado–Nación y esta idea se aplica a los lugares donde el Estado no está aún jurídicamente constituido.

La segunda gran definición es un sistema de pensamiento, de sentimientos o de emociones, esencialmente centrado en la defensa o exaltación de la idea nacional. Esta segunda idea correspondería a aquellos estados que ya están estructurados.

Podría señalar algunos párrafos más, debidos a la erudición y a la inteligencia de Rafael Segovia, pero también él, después de todas sus exposiciones eruditas en clase, citaba el caso de un sargento de la Guardia Civil Española, en tiempos de Franco, que después de tratar de explicar a los reclutas qué era el nacionalismo y hacerse bolas, concluía muy sencillamente: es lo que todos sentimos –decía el sargento– al ver un francés.

Y es que el nacionalismo también lleva una parte negativa, es decir, es algo que está en contra de alguien, lleva esa parte negativa: lo que puede sentir un polaco frente a un ruso o un mexicano, durante algún tiempo por lo menos cuando yo era joven, al ver un americano. Entonces, el nacionalismo también tiene ese otro lado.

Pero creo que el problema principal que plantea el licenciado De la Madrid es nacionalismo para el Siglo XXI, quitándole estas partes negativas.

Y creo que el verdadero dilema lo planteó entre nacionalismo y globalización y podríamos añadir, como lo hizo la compañera Helena Buscarón, también entre mercado y Estado. Creo que todo esto va íntimamente ligado.

Y si vemos ya de nacionalismo un poco, pero también al ver la parte de globalización, yo quisiera recordar que el fenómeno no es del todo inédito en la historia, es decir, los romanos globalizaron el mundo de su época: España creó un imperio donde no se ponía el sol y las mercancías de la Nao que venían de Filipinas se iban a Europa.

Inglaterra en el Siglo XIX globalizó el mundo, hubo una etapa y estamos viviendo un nuevo fenómeno y esto es importante recordar, porque a este fenómeno, a mí me gusta más la palabra internacionalización, que la mencionó el licenciado De la Madrid, porque globalización ni siquiera existe en el diccionario, esta internacionalización de la economía ha adquirido una dimensión mayor, una fuerza mayor por la revolución tecnológica, etcétera.

Entonces, creo que México ante el avasallamiento de la globalización del Siglo XIX en el porfiriato, que no es muy distinto a lo que está ocurriendo ahora, supo responder en 1910 con una idea nacional que fue bien mencionada por el licenciado De la Madrid.

Y creo que esto nos da un precedente para ver cómo debemos reaccionar en el Siglo XXI, frente a esta nueva modalidad que parece más avasalladora, más imponente y frente a la cual pareciera que no hay defensa.

Entonces, creo que el planteamiento que hizo el licenciado De la Madrid es muy adecuado. Creo que a priori y más teniendo en vista la 18 Asamblea, he escuchado en muchas discusiones como una especie de disyuntiva: o somos nacionalistas y cerramos nuestras fronteras o somos globalizadores neoliberales, etcétera.

Yo creo que la disyuntiva no es tal. Hay muchas disyuntivas que sí se plantean a un país, a un gobierno, a un Estado, muy concretamente y ésta es una de ellas, pero para esto hay las soluciones que se inventó la política y el licenciado De la Madrid, en sus últimos 21 puntos, fue tratando de compaginar lo que es el fenómeno de la internacionalización de la economía y cómo puede responder un Estado-Nación.

Porque yo creo no hay ni respuestas pasivas ni totalmente negativas de cerrarnos. El licenciado De la Madrid citaba a Europa, con toda razón, como los nacionalismos han subsistido y casi podríamos añadir los regionalismos.

Es muy importante, por ejemplo, Cataluña, cómo se ha cerrado. En Bélgica, balones y flamencos siguen aborreciéndose como antes de la Unión Europea y podemos ver a Italia del Norte e Italia del Sur y varias regiones de Francia. Entonces, los sentimientos nacionales e incluso regionales, no han desaparecido del todo.

Yo no creo que el Estado nacional vaya a desaparecer ni mucho menos, es la unidad política de la nación.

Por otro lado, viendo la disyuntiva mercado-Estado, también tenemos que pensar que una comunidad no la cohesiona ni la une el mercado. El mercado, por el contrario, separa, porque introduce la competencia y una competencia feroz en estos tiempos.

En cambio, sólo el Estado, a través de la educación, como muy bien subrayó usted lo que dijo el licenciado De la Madrid, es la educación la que puede integrar una comunidad, es el Estado mediante la justicia social, que también lo señaló usted, el que puede integrar una nación. Son los valores comunes de un país lo que pude integrar una nación.

Entonces, yo creo que la disyuntiva tiene una solución como la que ha dado el partido, siempre política. Ahora vemos el Siglo XX hacia atrás y pareciera que desde el principio contamos con una ideología nacional revolucionaria. Yo creo que esta ideología se fue elaborando a lo largo del siglo, cuando don Jesús Reyes Heroles nos habla de liberalismo social, después de publicar su libro, ya estamos a mitad del siglo, es algo que ya se fue forjando a lo largo de esta conjunción de 1857 y 1917 y que le fue dando forma e ideología al partido.

Yo creo que en la próxima convención, por ejemplo, para el Siglo XXI tenemos aquí un buen documento base, pero será únicamente desde el Estado donde podamos llevar a cabo esta conjunción de nacionalismo y globalización o internacionalización de la economía.

Creo que hay que felicitar al ponente por su síntesis de estos fenómenos tan complejos, tan disímbolos y que a veces plantean disyuntivas que hay que resolver sobre la marcha en la política y como estoy seguro que lo resolverá la XVIII Asamblea.

CELSO HUMBERTO DELGADO: Hará uso de la palabra para clausurar el evento, la Senadora y Presidenta del Comité Ejecutivo Nacional, Dulce María Sauri Riancho.

DULCE MARIA SAURI RIANCHO: En primer término, un agradecimiento, al licenciado Miguel de la Madrid por su ponencia magistral que permite sintetizar en un documento, un conjunto de reflexiones respecto al nacionalismo mexicano en el Siglo XXI.

Y un reconocimiento, asimismo, a quienes comentaron este importante documento. Desde luego, a Juan Manuel Carreras López, a la capacidad para sintetizar en las características del nacionalismo, los elementos que permitan orientar la acción de la sociedad mexicana, así como también los elementos que Helena Buscarón aportó a la discusión respecto a la función del Estado, Estado-Nación, hacia la política, Estado-región hacia la economía.

Y, desde luego, la aportación del senador Miguel Ángel Navarro, de quien rescato especialmente una frase feliz que ilustra lo que sucede en muchas ocasiones cuando se habla y se discute respecto al nacionalismo: «El nacionalismo no es un sentimiento obsoleto, no es algo que debamos de meter al cajón de los recuerdos como parte de un pasado que ya se fue en definitiva, sino es una actualidad vibrante e indispensable para orientar el futuro».

Y en el caso de Carlos Arriola, rescatar precisamente lo que también en un ejercicio de debate y discusión hacia la Asamblea Nacional se está presentando; no hay dilemas, no hay disyuntivas que no puedan ser resueltas mediante el ejercicio de la política que trae consigo el reconocimiento de nuestra experiencia histórica como país, como sociedad y como partido político.

Que debemos analizar con especial atención y cuidado las reformas a nuestros documentos básicos y, en particular, aquél documento que será la nueva Declaración de Principios de nuestro Partido, y la llamo nueva declaración porque seguramente recibirá por parte de los delegados y delegadas a la Asamblea, una nueva dinámica en los conceptos que le dan raíz a este partido.

Al decir nueva, estoy significando precisamente lo que aquí se señala, al denominar este evento como El Nacionalismo Mexicano en el Siglo XXI. Así tendremos que orientar la discusión sobre temas fundamentales en materia de principios, de valores y, sobre todo, en materia del papel del Estado Mexicano.

El gran debate hacia la Asamblea, es el papel del Estado Mexicano. En este momento lo hemos visto desde la perspectiva del nacionalismo, tendremos que verlo desde la perspectiva de su relación con la sociedad y de su inserción en el mercado.

En un debate en el que se intenta minimizar ideológicamente el Estado en su papel frente a la sociedad, es justamente vinculándolo al nacionalismo como podremos reforzar y dar una nueva orientación a su papel en el Siglo XXI. Un Estado que lucha por la justicia social, un Estado que ejerce plenamente su soberanía y la soberanía del país.

Un Estado que busca que el mercado sea una herramienta para desarrollar a la sociedad y no un fin en sí mismo. Así, el nuevo estado mexicano que formará parte del Proyecto de Nación que el PRI habrá de impulsar, surgirá, en su paradigma, de los debates y de las decisiones que tomen los delegados y delegadas a la XVIII Asamblea General del próximo mes de noviembre.

Reitero mi agradecimiento al licenciado Miguel de la Madrid, y mi reconocimiento a quienes hicieron estos interesantes comentarios.

Mesa Redonda «El Nacionalismo Mexicano en el Siglo XXI», organizado por el Consejo Político Nacional, con la conferencia magistral del licenciado Miguel de la Madrid Hurtado, comentada por el Dip. Juan Manuel Carreras López, la Lic. Helena Buscarón, el Sen. Miguel Ángel Navarro y el Maestro Carlos Arriola Woog, en el Salón de Usos Múltiples de la sede nacional del PRI, 20 de septiembre de 2001.