ELECCIÓN
DE CANDIDATOS EN LA LÓGICA DE LA TRANSFORMACIÓN
DEL PRI
LORENA MARTÍNEZ RODRÍGUEZ*
Análisis
preliminar
El
grito de la nueva transformación del PRI es asunto reiterado
de la comunidad priísta, también está en
voz de los críticos de afuera: intelectuales, politólogos,
comunicadores, sociólogos, psicólogos sociales,
pedagogos, opositores sistemáticos, detractores y, en sí,
analistas profesionales del fenómeno social.
El
concepto de transformación no representa para el PRI ninguna
originalidad y, a pesar de lo que se piense nos hemos movido históricamente
en la dialéctica de un cambio permanente, el cual nos permitió
conservar el mando de la República durante casi 12 sexenios,
sin embargo, el hábito del supremo ejercicio del poder,
en algunos casos, devino en vicio, y también en denigración
de los valores de la política. Muy a pesar de ello, fue
el PRI el que construyó las bases del Estado moderno mexicano:
sus obras, sus instituciones y sus leyes.
De
esta manera la mayor crisis del partido se reflejó en la
pérdida de la Presidencia de la República. Esta
suerte adversa nos hizo caer en la trampa del bizantinismo, en
discusiones inútiles y vanas, restando importancia al deseo
colectivo de hacer, construir o concretar un verdadero cambio
de forma, de fondo o de aspecto para sustituir lo viejo por lo
nuevo en términos de una obligada renovación del
lenguaje, órganos, normas y procedimientos.
El
asunto de la reforma es un problema de método, y de enfoque,
aunque los juegos de poder en lo interno también tienen
lo suyo. Estos juegos trasladados a las ideas contrapuestas de
militantes; militantes y dirigentes; y dirigentes contra dirigentes
más que dificultar la transformación del partido
ayudan mediante el debate a generar acuerdos fundamentales. Así
el PRI tiene en la XVIII Asamblea Nacional la gran oportunidad
de reformar sus documentos básicos y distinguir con acierto
las propuestas que sean pertinentes para armonizar normas, principios
y programas en la nueva arquitectura de conjunto que demanda el
PRI.
La
revolución dentro del PRI se hizo rutina y, en consecuencia,
contrasentido. Al derrumbarse sus mitos, la fuerza de sus principios
y la cohesión de sus cuadros calificados lo mantienen vigente
como partido histórico y como opción política
real. Se trata, entonces, de evitar una modernización tardía
toda vez que en México se montó un nuevo sistema
de partidos y un nuevo orden electoral. Al reconocer que hoy impera
un gobierno transicional emanado formalmente del Partido Acción
Nacional, nuestro partido está obligado a cambiar de lugar,
transformarse o sencillamente morir por voluntad propia.
El
PRI necesita para sobrevivir reafirmar sus bases ideológicas,
transformar sus estructuras y mantenerse en condición para
continuar la carrera hacia el poder. En este imperativo no existe
duda de que los cambios estructurales que exige deberán
ser consecuentes con las llamadas macrotendencias, pero sin hipotecar
soberanía popular, base ineludible de nuestra soberanía
nacional.
Como
partido, habremos de sellar con la sociedad una nueva alianza
política, necesaria ésta como desagravio por los
hechos ominosos del pasado inmediato. De ahí que la sociedad
civil pueda compartir candidaturas pero no entregar totalmente
el patrimonio humano del Partido a candidatos externos que no
sienten, no defienden o no pregonan la ideología del PRI.
En cambio, todos los cargos de todos lo niveles de dirección
partidista deben ser reservados para sus estructura fundamental;
es decir, los liderazgos del partido deben ser resueltos por militantes
y dirigentes del mismo.
En
esta nueva etapa apelaremos a la indulgencia moral de la sociedad,
atendiendo sus causas para que su voluntad se refleje en la confianza
a nuestros candidatos y se concrete en las urnas. El PRI necesita
el voto del pueblo, porque este inmolado país necesita
liderazgos colectivos fuertes que lo defiendan de la agresión
de las naciones imperio y de los mexicanos reaccionarios con poses
fundamentalistas. Tal liderazgo surgirá del PRI con dirigentes
y representantes populares que tengan sentido heroico. La sociedad
empieza a pagar el costo de la transición, los priístas
también, entonces movamos los pies para cambiar de lugar.
El
prolongado vaivén del péndulo priísta nos
delató como un partido con cambios estructurales de corto
alcance, coyunturales, temporales o sexenales. El Presidente de
la República, jefe real del Partido, casi siempre ordenaba
a la dirigencia formal del PRI acomodar la normatividad relativa
a la elección de candidatos para favorecer la postulación
a su muy posible sucesor o heredero, igual se hizo para los demás
cargos de elección popular jerárquicamente inferiores.
El
partido de la «Revolución Institucionalizada»
nació en el seno de una convención nacional de delegados
caudillo, convención hegemónica en la que se eligió
a Pascual Ortiz Rubio como presidente de la República.
Este partido, el PRI, cerró su primer ciclo en el año
2000, en cuya elección interna se practicó el procedimiento
de consulta directa a militantes, simpatizantes y ciudadanos en
general, favoreciendo la votación a nuestro correligionario
Francisco Labastida. Sin embargo, en la elección constitucional
el candidato del Partido Acción Nacional, Vicente Fox,
oficialmente fue electo Presidente de la República.
En
su devenir histórico el PRI se valió de distintos
procedimientos para la elección interna de candidatos a
presidentes de la República, gobernadores, senadores, diputados
federales, diputados locales, presidentes municipales, regidores
y síndicos; por ejemplo, los estatutos de 1929 establecen
el sistema de convenciones con delegados y, los estatutos de 1933
contemplan el mismo procedimiento con voto secreto y escrutinio
público especificando que los delegados a las convenciones
deberán ser considerados por el número total de
habitantes o por el número de miembros del partido.
La
reforma estatutaria de 1938, en su artículo 56 dice «el
partido establece para la elección interna de candidatos
a los puestos públicos la democracia funcional».
En realidad se refiere a la realización de asambleas políticas
sectoriales, incluyendo al sector militar, con delegados electos
previamente en comunidades agrarias, sindicatos de trabajadores
o zonas urbanas populares. En estas normas se contemplan y reconocen
ciertas parcelas de poder político, es decir, una democracia
corporativa y distributiva por regiones, sectores y clases.
En
1946 la exposición de motivos que crea al PRI advierte:
«en el nuevo partido las elecciones internas para candidatos
a ayuntamientos, diputados locales, diputados federales, senadores
y gobernadores no se harán por el procedimiento antidemocrá-tico
de votos por sectores que adoptó el PRM, sino por votos
individuales en casillas». De esta manera los nuevos estatutos
consignan lo anteriormente expuesto dejando a salvo el método
de elección de candidato a la presidencia de la República,
el cual se practicaría por asamblea nacional integrada
con delegados elegidos en cada uno de los distritos federales
electorales.
En
la siguiente reforma estatutaria, la de 1950, el Partido vuelve
a adoptar el sistema de asambleas para las elecciones internas
de candidatos de todos los niveles incluyendo la de presidente
de la República. En 1953 el método cambia y el PRI
se inclina por el procedimiento de convenciones en la elección
de candidatos de todos los estratos; los delegados siguen siendo
designados por los sectores. Esta misma modalidad es ratificada
en la reforma de los documentos básicos discutida en 1960,
pero en 1965, una vez más, los estatutos son reformados
y en lo que toca a elección de candidatos, se privilegia
el sistema de elecciones directas solamente para presidentes municipales,
regidores y síndicos.
Sobre
el particular, en la Asamblea Nacional Extraordinaria y en la
Convención Nacional Ordinaria celebradas en el mes de octubre
de 1969, los delegados hablaron de que «una militancia multiplicada,
más intensa y mejor preparada ideológica y políticamente
exige un proceso interno para postular candidatos coherente, flexible
y democrático». De ahí que proponen diversos
procedimientos para la integración de las convenciones
y diferentes métodos para la designación de candidatos.
No
así en la Asamblea Nacional Ordinaria de 1972, en la cual
se considera que la integración de las convenciones se
establezca de manera enumerativa y no limitativa, cuidando los
principios de proporcionalidad y escrutinio por listas. Además
se hace alusión a la pertinencia del método de votaciones
llamado de segunda vuelta, aquel que establece que en la primera
votación se exija la mitad más uno y, de no ser
así, en la segunda vuelta se decidirá por simple
mayoría de los asistentes.
Huelga
decir que a partir de la VIII Asamblea Nacional 1975
hasta la XIII 1987 el partido centró la atención
en la revisión de sus principios y programa de acción.
En este largo periodo sobresalió la práctica de
asambleas sectoriales y convenciones ordinarias integradas por
delegados para la elección de candidatos, y remotamente
se ejerció la democracia directa en las secciones del Partido.
La mayor parte de las asambleas en esta época fueron convocadas
para incluir las tesis y el pensamiento político de los
gobiernos en los documentos básicos del Partido, y no al
revés. En la gestión administrativa 19881994
sucedió lo mismo con la polémica frase del liberalismo
social y sus secuelas.
Fue
hasta la XIV Asamblea Nacional la de Colosio cuando
se le inyecta fuerza a la estructura territorial y se retoman
con gran interés procedimientos de selección interna
claros y abiertos fundamentalmente en presidencias municipales.
En cambio la XV Asamblea se enfoca más a la frustrada refundación
del partido.
En
las Asambleas Nacionales XVI y XVII se le concedieron más
facultades a los consejos políticos, destacando la de decidir
el procedimiento a través del cual se seleccionarían
los candidatos. Así, en las elecciones municipales, estatales
y federales podría utilizarse cualquiera de los siguientes
métodos:
a)
Consejo Político,
b) Convención de Consejeros Políticos,
c) Convención de Delegados,
d) Consulta directa a los militantes, a militantes y simpatizantes;
o a militantes, simpatizantes y ciudadanos en general y,
e) usos y costumbres.
No
obstante la apertura democrática experimentada en el PRI
en esta última década, son ya comunes las rebeliones,
divisiones y dimisiones internas, las cuales parecen ser efecto
de desavenencias internas, coyunturas políticas e intereses
encontrados, además de la aplicación de métodos
con resultados electorales no favorables a personajes que luego
abandonan al partido o al gobierno. La historia en este sentido
es muy ilustrativa.
La
rebelión de Obregón contra Carranza no fue en la
historia posrevolucionaria, están también las rebeliones
orozquista, delahuertista, escobarista, zedillista y la de Arnulfo
Gómez y Francisco Serrano en 1927. Otro tipo de rebeliones
políticas que demostraron indisciplina civil y militar
son las encabezadas por José Vasconcelos en 1929, Andrew
Almazán en 1940, Ezequiel Padilla en 1946 y Miguel Henríquez
Guzmán en 1952. Las últimas rebeliones de trascendencia
fueron las encabezadas por Carlos A. Madrazo en la década
de los sesenta y la de Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio
Muñoz Ledo y Rodolfo González Guevara en 19871988,
entre otras segregaciones posteriores.
En
México la génesis del Partido Revolucionario Institucional
se caracterizó por su gran capacidad transformadora hasta
construir un partido laxo. En cuanto a sistemas de selección
de candidatos el PRI ha recorrido todos los caminos: se inició
integrando convenciones con delegados caudillos, hizo historia
en el asambleísmo democrático, luego devino en asambleismo
corporativo, después practicó métodos diferenciados
atendiendo a las jerarquías de los candidatos. Igual en
distintas sucesiones recurrió a la imposición, a
la democracia funcional, transparente, directa, territorial y,
¿porqué no decirlo?, en ocasiones practicó
la democracia dirigida.
Por
otra parte el lanzamiento de las convocatorias a los distintos
cargos de elección popular durante el periodo 19292001
fue demasiado irregular, ya que a lo largo de la historia de nuestro
Partido se observan casos extremos en las bases de las convocatorias:
en 1929 se anunció con anticipación de un día
para elegir al candidato a Presidente de la República,
mientras que los estatutos reformados en 1938 establecen que el
Consejo Nacional convoque cuando menos con un año de anticipación
a la fecha en que deban efectuarse las elecciones constitucionales,
pero en los documentos que crean al PRI en 1946 fijan 9 meses,
por lo menos, para la publicación de la convocatoria sobre
el cargo antes mencionado.
Posteriormente
en algunos relevos presidenciales la intempestiva designación
del candidato no respetó las formas ni las normas establecidas.
La última experiencia que el PRI tuvo en este sentido fue,
quizás, en la sucesión presidencial de 1994, la
cual registró consideraciones especiales.
En
otras naciones el método más común de selección
de candidatos es el de convenciones, sobre todo en países
que cuentan con un sistema presidencialista. Por el contrario,
en países con prototipos de gobierno parlamentario el método
de selección de candidatos se hace más complejo
por las llamadas alianzas previas o las candidaturas comunes.
Objetivo
general
Discutir,
a través de las tribunas de debate, las propuestas para
reformar la normatividad contemplada en los documentos básicos
de nuestro partido sobre requisitos y procedimientos para la elección
de candidatos y sus obligaciones, así como definir los
criterios básicos para postular candidatos competitivos
y de elevada ética.
Objetivos
específicos:
1.
Innovar métodos para la postulación de candidatos
que satisfagan inquietudes e intereses de la comunidad priísta.
2.
Analizar y debatir la trascendencia que tiene la elección
de candidatos en el fortalecimiento del Partido y sus triunfos
electorales.
3.
Poner a consideración del priísmo nacional procedimientos
específicos para la elección de candidatos a presidente
de la República, gobernadores, senadores, diputados federales,
diputados locales, presidentes municipales, regidores y síndicos.
4.
Revisar y debatir los requisitos para ser candidato a cualquier
cargo de elección popular.
5.
Revisar y debatir las obligaciones de los candidatos a cargos
de elección popular.
6.
Debatir los nuevos criterios para la elegibilidad de candidatos
a cargos de elección popular tomando en cuenta la realidad
sociopolítica del país y las regiones que lo componen.
7.
Aportar propuestas contemporáneas, funcionales y novedosas
para la reforma de los documentos básicos de nuestro partido.
8.
Motivar la participación en las tribunas de debate organizadas
en el ámbito nacional, los estados y los municipios.
9.
Generar las condiciones políticas para el arribo a las
candidaturas de liderazgos natos.
10.
Construir y fomentar una sólida cultura política
que inaugure nuevas y eficaces prácticas democráticas
de un partido verdaderamente transformado.
11.
Definir criterios generales para la elección de candidatos
comprometidos con los principios , el programa de acción
y el código de ética partidista.
12.
Organizar tribunas para el debate, informar sobre los objetivos
de la XVIII asamblea nacional y divulgar ante la militancia y
la ciudadanía los alcances de dicha Asamblea.
13.
Consultar, debatir y resolver colegiadamente las cuestiones relacionadas
con el entorno de los candidatos antes, durante y después
de su elección interna.
14.
Madurar los tiempos y los ritmos políticos en la expedición
de convocatorias.
15.
Posponer la creación de un órgano electoral interno
autónomo y de carácter permanente para que vigile
el desarrollo de los procesos electorales.
Alcances:
1.
Alcanzar criterios objetivos, requisitos claros y coherentes,
confiabilidad en el procedimiento e inflexibilidad en las obligaciones
para la postulación, registro y elección interna
de los candidatos.
2.
Poner en práctica la nueva reforma estatutaria en donde
la normatividad para la elección de candidatos revista
características de imparcialidad, objetividad, legalidad,
certeza y confianza en los procesos internos.
3.
Ganar la mayoría en las cámaras de diputados y senadores
en el año 2003, recuperar el mando de la Presidencia de
la República en el año 2006 y por supuesto posicionarnos
como partido en las elecciones intermedias estatales y municipales
con candidatos altamente calificados en lo político, en
lo profesional y en lo ético.
4.
Generar por parte de los priístas conciencia de respeto
y aceptación acerca de la nueva normatividad para la elección
de candidatos.
5.
Lograr que el maquinismo de nuestro partido reformado, y bien
estructurado, mediante mecanismos de elección interna pertinentes
produzca candidatos que dignifiquen al partido para que el pueblo
vuelva a creer en él y en sus posteriores candidatos.
6.
Tras la XVIII Asamblea Nacional operar «métodos tipo»
de elección interna de candidatos aptos para cada nivel
político.
7.
Alcanzar y aplicar requisitos de elegibilidad claros, objetivos
y legales para aspirantes a candidatura alguna.
8.
Determinar y aplicar los criterios de carácter político,
social y electoral que sirvan de base para la viabilidad de precandidaturas,
luego candidaturas.
9.
Lograr que los candidatos electos en lo sucesivo cumplan con sus
obligaciones estatutarias y sus compromisos ético-políticos.
10.
Consagrar al PRI como un gran partido de vanguardia en lo relativo
a la elección de sus candidatos.
11.
Instalar tribunas informativas sobre las conclusiones y reformas
aprobadas en la XVIII Asamblea Nacional en el plano de la normatividad
y elección de candidatos.
12.
Estimular la participación de liderazgos natos en los procesos
electorales internos.
13.
Alcanzar la maduración y el perfeccionamiento de la democracia
interna, obteniendo la libertad para ejercer voluntariamente el
voto interno.
14.
Lograr que los priístas libremente y de manera directa
o por la vía de la representación elijan a sus candidatos,
excluyendo a los consejos políticos de esta función.
15.
Ejercer el derecho de igualdad en la participación de los
procesos electorales. De ahí que se pretenda alcanzar que
los dirigentes de todos los niveles del partido no sean juez y
parte, por lo que habrán de separarse del cargo con algún
tiempo de anticipación si desean participar como candidatos
a cargos de elección popular.
16.
Profesionalizar el oficio político de los candidatos para
que sean representantes populares eficaces y honestos.
17.
Demostrar ante la opinión pública que nuestra forma
de elegir candidatos es superior a la de los demás partidos.
18.
Dar certeza a cualquier aspirante a cargo de elección popular
acerca de cuándo y con qué método se llevará
a cabo la selección de candidatos.
19.
Separar la estructura vertical y horizontal del PRI del control
de procesos electorales internos, con el objeto de evitar niveles
de influencia o manipulación de candidaturas.
*Coordinadora
de la Tribuna «Normatividad y elección de candidatos»
de la Mesa «Proyecto de Partido: Estatutos» de la
18 Asamblea General de Delegados.
