RUMBO A UNA NUEVA ESTRATEGIA POLÍTICA PARA GANAR EL FUTURO
FLORENTINO CASTRO LÓPEZ*

Las organizaciones políticas progresistas, las que defendemos la construcción de un mundo nuevo conforme a valores de democracia y de justicia social, debemos hacer un importante esfuerzo de adecuación: el riesgo de que los cambios sociales y económicos que caracterizan al mundo del presente se produzcan al margen de la política, no sólo desdibuja la función de los partidos en la sociedad actual, sino que priva a los ciudadanos de una respuesta política que evite su indefensión ante la realidad compleja y cambiante de un mundo cada vez más pequeño, donde todo está más cerca, pero donde, al mismo tiempo, todo es extraño y donde, por ello, los intereses individuales se ven alentados a alejarse con demasiada frecuencia de los colectivos.

Hoy, los retos que debemos afrontar reclaman incorporar cambios internos y también aventurar algunas respuestas. Debemos analizar con una actitud nueva y abierta los nuevos desafíos, las incertidumbres que plantean y las oportunidades que nos ofrecen. Ha cambiado el papel del Estado y ello, necesariamente, cambia la función política y la organización y la actividad de los partidos políticos.

La nueva realidad nos exige, ciertamente, formular y ofrecer a los ciudadanos un nuevo proyecto que ofrezca respuestas sólidas y coherentes con los cambios acontecidos. Pero también nos reclama adaptar a esta nueva situación nuestras prácticas políticas, una nueva estrategia que haga posible que nuestro proyecto sea conocido y asumido por la mayoría de los ciudadanos. Una nueva estrategia, reformada, con permanente vocación de cambio, dinámica y bien articulada. Una estrategia que debe buscar el compromiso de todos los actores sociales, animar a la participación política y ofrecer un espacio –abierto, plural y flexible– para la realización de la misma.

La fijación de la nueva estrategia del Partido, destinada a asegurar el apoyo mayoritario de los ciudadanos que permita llevar a la práctica una acción de gobierno conforme a los valores y principios en los que creemos, debe ser la tarea prioritaria a debatir en el marco de nuestra 18 Asamblea Nacional de Delegados.

Pero ésta es la hora de señalar las líneas esenciales que deben sostenerla. Porque debe ser objetivo de la 18 Asamblea Nacional de Delegados consolidar una concepción del Partido que ofrezca a los ciudadanos, sin sombra alguna de duda, las características básicas de nuestra organización política.

El Partido Revolucionario Institucional es un partido político que quiere defender un proyecto político dirigido a todos los mexicanos y que tiene vocación mayoritaria para llevarlo a la práctica.

Trasladando el mismo mensaje en todos los lugares, los mismos objetivos en todas las instancias, la misma posición ante similares problemas.

El Partido Revolucionario Institucional tiene y ha de tener, ante todo, vocación de mayoría; y debe reafirmarla expresa y constantemente. El destinatario de sus propuestas, alternativas y mensajes debe ser, en consecuencia, el conjunto de los ciudadanos. Por ello, debe ser capaz de recoger las aspiraciones y preocupaciones colectivas; debe ser capaz de realizar una oferta política, diferenciada y propia, pero para todos.

El Partido Revolucionario Institucional es y quiere ser un partido para la acción política de todos los mexicanos. Es un partido que fija su atención en el conjunto de México y que tiene, por tanto, un único proyecto político para él. Es un partido que formula una oferta política cuyo valor aumentará en la medida en que seamos capaces de defender un proyecto cohesionado que responda a la idea que tenemos de país.

El Partido Revolucionario Institucional quiere ser reflejo de los intereses generales. Un partido con vocación mayoritaria como el nuestro requiere, por definición, integrar convicciones, intereses y aspiraciones de sectores sociales muy diversos; y, de este modo, en nuestro Partido, además de los sectores y la estructura territorial, tienen cabida las clases medias, los antiguos y los nuevos actores sociales y económicos, los intelectuales, los jóvenes, los mayores, la gente del campo y el segmento urbano de la población, los laicos pero también los cristianos y otros creyentes, así como los emigrantes y los inmigrantes. Esa ha sido nuestra tradición y esa es nuestra vocación de futuro. En nuestro Partido todos tienen cabida y todos pueden sentirse representados por nosotros. La nueva complejidad del proyecto democrático del Partido Revolucionario Institucional no excluye ningún segmento de una sociedad compleja, urbanizada, crecientemente instruida; de ahí la pertinencia de privilegiar la relación de nuestro Partido con los movimientos y las organizaciones de la sociedad.

El Partido Revolucionario Institucional es, además, un partido de valores, de los valores tradicionalmente identificados con el centro progresista. Un partido que sabe que la era de los dogmas es ya una fase del pasado, pero que sigue decidido a diseñar su teoría y práctica políticas conforme a los principios de libertad, igualdad, justicia social y democracia.

El Partido Revolucionario Institucional es y quiere ser un partido de Gobierno. Hemos de saber conjugar el respeto a nuestros principios y convicciones con la responsabilidad necesaria ante la adopción de determinadas decisiones. Nos importa, por encima de todo, nuestro país, la defensa de sus intereses y el bienestar general. Somos un partido con vocación de Gobierno y, en este sentido, con un programa político de inmediata aplicación.

El Partido Revolucionario Institucional es un partido irreductiblemente comprometido con la democracia. Este compromiso significa que nuestro proyecto político debe ser válido para todas y cada una de las tareas que la democracia encomienda a los partidos políticos en cuanto instrumentos de participación y representación política. En consecuencia, ha de ser válido no sólo para desempeñar las tareas de gobierno a las que nos sentimos llamados, sino también para el legítimo ejercicio de la oposición. Porque asumimos la responsabilidad de ofrecer una respuesta a los millones de personas que han depositado su confianza en nosotros para que velemos por sus intereses y defendamos sus derechos y aspiraciones.

Hacerlo así, ejercer una oposición activa, responsable, fiel a los compromisos contraídos con los electores, es una forma de poner en valor la democracia, activar sus múltiples posibilidades y dignificar la función política poniéndola al servicio de los ciudadanos.

Todo ello exige que el Partido haga una reflexión seria sobre el papel que ha de jugar en esta nueva etapa. Necesitamos cambios organizativos, nuevos procedimientos de adopción de decisiones, nuevos canales de participación, nuevas formas de seleccionar a nuestros dirigentes. Necesitamos un cambio de cultura política, nuevos medios y una nueva forma de hacer política, para que nuestros comportamientos sean coherentes con nuestro discurso.

Para servir realmente a los intereses generales de los mexicanos y conformar el futuro desde una perspectiva de progreso, bienestar y oportunidades para todos ellos, el partido que resulte de esa reflexión tendrá que asumir su condición de instrumento de la sociedad, y no propiedad de sus militantes. He aquí uno de los elementos decisivos para el futuro: la capacidad de escuchar, de interpretar y transformar en propuestas las demandas de los ciudadanos. Un partido político no puede ser el mero instrumento de sus afiliados, la organización cerrada en la que sólo se cumplen expectativas de sus integrantes, en ocasiones un debate de objetivos, con frecuencia una lucha de intereses locales o personales y, para ello, un partido como el nuestro no debe estar encerrado en los despachos ni en los locales de la organización. Debe estar en la calle, tener una presencia social.
La nueva etapa, que ahora iniciamos con la puesta en marcha de nuestra 18 Asamblea Nacional de Delegados, ha de asegurar que el Partido Revolucionario Institucional aparezca ante los ojos de los ciudadanos, como un partido abierto, volcado a la sociedad, en permanente diálogo con ellos, buscando su compromiso, atento a los cambios que se van produciendo. Un partido que resulte modelo de democracia, un referente para la ética cívica, preparado ante las crisis y con capacidad de respuesta ante el cambio social.

El Partido debe ser actor protagonista de la vida nacional y asegurar su presencia constante en todas las instituciones públicas donde tiene representación, pero también en los medios de comunicación y en esa amplia y compleja red que denominamos tejido social.

*Coordinador de la Tribuna «Relación con movimientos y organizaciones de la sociedad», de la Mesa «Estrategias Políticas» de la 18 Asamblea General de Delegados.