UN PARTIDO DEL FUTURO QUE RECONOZCA EL PASADO

examen: Esta Asamblea es quizá la más compleja que se haya organizado en toda la historia del Partido, convocada para ser deliberativa y resolutiva. Un tema fundamental es el de Principios y Valores del PRI.

Agustín Basave Benítez (AB): Creo que de los tres documentos básicos del Partido, el que menos requiere modificaciones es la Declaración de Principios; de hecho, el hilo conductor entre el PNR-PRM-PRI lo constituyen justamente los principios. El PRI debe seguir siendo un Partido de «democracia y justicia social», versión condensada, deshidratada, de su Declaración de Principios. En mi opinión no requiere de mayores transformaciones, ni de sustitución, sí de adecuación a los tiempos actuales, de incorporación quizás de alguno de los puntos de la agenda nacional-internacional del nuevo siglo. Pero en lo esencial, ahí están las cosas por las que el Partido ha luchado y por las que debería seguir luchando. Insisto, a nosotros, por ejemplo, se nos ha cuestionado la propuesta de creación de un nuevo partido, ¿qué tiene que ver este nuevo partido con el PNR-PRM-PRI? ¿cuál es la conexión?

La conexión son esos dos principios fundamentales, democracia y justicia social. Esos principios deben refrendarse. Son otras cosas las que deben cambiar: estructura, organización, interlocución con la sociedad (la forma y el fondo).

examen: Genaro, en el caso del Código de Etica, de la vinculación entre ética y política, ¿cómo sientes el momento del Partido y la oportunidad de la Asamblea?

Genaro Borrego Estrada (GBE): En primer lugar creo que es importante considerar que esta próxima Asamblea es oportunidad única para reconocer la realidad actual y proyectar hacia el futuro nuestro gran movimiento histórico. Consideramos que esta Asamblea debe recoger lo mejor, lo vigente de toda la trayectoria del movimiento histórico que representamos, que viene desde el siglo XIX con los liberales (quienes reivindicaron al ciudadano), la división de poderes, la República, la Revolución Mexicana y las causas ciudadanas de hoy.

La ética política forma parte del marco axiológico de nuestro Partido. Siempre ha sido premisa invariable para que sus integrantes actuemos con base en principios, en valores republicanos y que tengamos un compromiso invariable con la legalidad.

Ahí está el eje alrededor del cual debe construirse un marco axiológico actualizado para todos los militantes del Partido; ya sea en su desempeño como tales, como cuadros dirigentes o como servidores públicos surgidos del Partido.

examen: Óscar, ¿podrías agregar algo que se incluyera en la mesa de Principios y Valores?

Óscar González (OG): Me parece útil hacer una referencia general antes de hacer un comentario sobre principios y valores. A mi juicio todos estamos de acuerdo en que el PRI vive un momento histórico en el que enfrenta tres grandes retos.

El primero tiene que ver con lo interno, hacia su militancia. Por desgracia en el PRI se abusó de prácticas antidemocráticas, hubieron representantes que no representaban efectivamente a la militancia sino a los grupos de poder; hubo una selección insatisfactoria de candidatos y dirigentes, una sumisión a decisiones gubernamentales que la militancia no compartía; acuerdos cupulares al margen de la militancia. Así, el gran reto para el Partido es reconciliarse con su militancia.

El segundo reto debe ser la imagen del Partido ante la sociedad. El PRI debe combatir frontalmente la imagen negativa.

El tercer reto, es el de congruencia y capacidad. En los últimos 20 años el gobierno diseñó programas incompatibles con las metas y principios del Partido. Ha habido incompatibilidad entre los programas de Gobierno, algunos ciertamente extintos pero que no han sido suficientes o capaces de atender las demandas que nosotros mismos enarbolamos. Me parece importante que seamos capaces de construir una propuesta de Gobierno que garantice estabilidad y crecimiento, que atienda las demandas sociales para convertirnos en opción de Gobierno.

examen: Carlos, más allá del análisis del fracaso (de por qué perdimos la elección del 2000) ¿qué propondrías a la Asamblea del Partido? En esencia, ¿qué es lo que debería hacer el Partido, ¿cuál sería el resultado que te gustaría ver publicado en ocho columnas al día siguiente?

Carlos Rodríguez (CR): Sin modificar lo sustancial dentro del proyecto de nación que está en nuestra Constitución, podemos pensar en un partido nuevo en el sentido de renovación, de reinicio, como se ha dado ya en la historia de nuestro Partido a lo largo de más de siete décadas.

No estamos pensando específicamente en desapariciones, quebrantos o creaciones de la nada, hay elementos de evolución, importantes factores de refundación. Lo que espero ver al día siguiente de la Asamblea es que los priístas sintamos que tenemos un nuevo Partido, un Partido renovado, independientemente de nombres, como se han dado otros casos al surgir el PRI en 1946, que fue verdaderamente una Asamblea constitutiva, una Asamblea de fundación para crear un nuevo partido.

examen: Eduardo ¿cómo responderías a la misma pregunta?

Eduardo Bours (EB): Uno de los temas importantes hacia dentro del Partido es la autocrítica. Cuando nos criticamos, regularmente hay gente que cree que nos estamos flagelando, por eso también precisa hablar de los éxitos. Lo que no podemos ignorar en el Partido es tener una autocrítica sana, positiva, reconociendo lo bueno y lo malo, para que no parezca que los mismos priístas ignoramos los logros del Partido.

Lo que más me gustaría ver es que surjan acuerdos definitorios para el futuro del Partido y del país. Pero sobre todo, que haya unidad, que podamos mantener una discusión de buen nivel, manteniendo la unidad hacia dentro del Partido.

Coincido con Genaro cuando habla del Código de Ética. Toca un punto, junto con Óscar, fundamental, que es la honestidad o la corrupción. Sostengo que la mayoría de los priístas somos honestos, estoy convencido. Pero también estoy convencido de que la mayoría de los priístas hemos solapado deshonestidades.

Creo que el Código de Ética, la Comisión de Honor y Justicia y otros instrumentos deben de ser validados para que, en aquellos casos donde existan elementos probados de corrupción sea posible aplicar sanciones; que la Comisión de Honor y Justicia funcione. También está la parte de la reivindicación de las causas de la sociedad, llámense campesinos, obreros, jóvenes, mujeres. Creo que esto es parte fundamental de lo que debemos hacer. Debemos tener un Plan de Acción en el Partido y ser congruentes con las acciones, pero no coincido en que todo, o casi todo, estuvo mal de hace 20 años a la fecha.

examen: He anotado algunas cuestiones derivadas de sus comentarios. Una tiene que ver con la democracia interna, digamos mando colegiado, elección de la dirigencia; la segunda es una cuestión estructural. ¿Qué hacemos? ¿Seguimos con los sectores, no seguimos con los sectores? Una iniciativa de este grupo, presentada por Genaro en el Consejo Político Nacional, tuvo una gran aceptación: abrir la participación a delegadas y delegados que no fueran de la organización sectorial, territorial o tradicional del Partido.

La tercera pregunta es estratégica. Somos, al mismo tiempo, oposición y gobierno. Está el 2003 como meta fundamental; si no logramos un resultado favorable, entonces estaríamos en peligro de extinción. Esas son las tres preguntas. Genaro, ¿que opinas al respecto?

GBE: A mí me preocupa una cosa, y lo he dicho abiertamente al interior del Partido. Inclusive en alguna sesión del Consejo Político. Lo he dicho con mis amigos, mis compañeros de Partido, en los medios de comunicación. Lo que me preocupa es que desaprovechemos esta oportunidad única que se nos está presentando como organización política. Planteo las siguientes preguntas: ¿Terminó el régimen político creado por la Revolución Mexicana, ¿sí?, ¿no?, ¿por qué? ¿Se cumplió un ciclo histórico del PRI, sí, no, por qué sí o por qué no?

¿El 2 de julio tuvimos un accidente electoral, provocado por un sinnúmero de causas internas y externas? o ¿enfrentamos una derrota histórica.

¿La pérdida de la Presidencia de la República significa para el Partido perder su naturaleza original? Esas son las preguntas que debemos formular, si no lo hacemos corremos el riesgo de perder esta oportunidad única que se nos presenta.

Hoy vivimos una crisis: primero de identidad: ¿Qué somos, gobierno, cogobierno, oposición? ¿Cuál es nuestro papel y cómo cumplirlo? Hay una crisis de identidad incluso en el terreno ideológico. También tenemos, una crisis de gobernabilidad interna, porque antes seguíamos la línea del Presidente para todo, a todos nos consta. Eso fue para bien y para mal, pero ya no existe. ¿Cómo vamos a sustituir la figura, que históricamente desde su propio nacimiento, significó el Presidente de la República para nuestro Partido?

¿Cómo queremos ver al Partido después de la Asamblea? Lo importante es que no desencante a la sociedad, que no sea el parto de los montes. Es decir, que sigua siendo lo mismo ¿qué pasó? Se preguntará la gente: nada, dirían, siguen los mismos ¿Hicieron algún remozamiento de su ideario, de su programa de acción? Dijeron que serían más democráticos, pero no pasó nada.

Hay una nueva mayoría social en México que no está a la derecha panista, aunque haya ganado Fox; que no está a la izquierda perredista y que tiene en su convicción íntima los principios, la ideología, los programas del PRI como organización, pero que ya no quiere optar por él como partido político, aún cuando recientemente hayamos tenido elecciones afortunadamente satisfactorias, cuya lectura nos puede llevar a postergar la renovación y la transformación profunda.

Por eso creo que debe surgir un nuevo partido como acción deliberada, no como acto de ruptura, sino como proceso de evolución; un partido de reglas claras, democráticas para su vida interior y para la toma de sus decisiones; un partido con un ideario actualizado que enarbole las causas ciudadanas, un partido que no sea corporativo, con una nueva imagen.

Así como sucedió en 1938 y en 1946, ahora se presentan las condiciones para que los cambios de fondo tengan una correspondencia con los cambios de forma; que se revise el emblema y quizá el nombre, ¿por qué tener miedo a cambiarlo? Y por último y para no prolongarme más, con una auténtica apertura generacional.

La verdad de las cosas es que el electorado del país es joven. ¿Cuántos muchachos tienen hoy 16 años y van a votar en las elecciones del 2003? ¿Qué vamos a ofrecerles?, qué estamos ofreciéndoles y cuántos son y cuál es el elemento decisivo que tendrían en los desenlaces electorales?

Después de la Asamblea me gustaría ver reglas claras, una nueva elección de la dirigencia y jóvenes en todas partes, mujeres en todas partes, causas ciudadanas claras y precisas, y un partido del futuro que reconoce el pasado, pero sabe que ha concluido un ciclo.

examen: Vuelvo a la pregunta que hace Genaro: ¿Terminó el régimen político creado por la Revolución Mexicana?

AB: Creo que sí. Estamos en una etapa nueva de la vida del país, por eso hablamos de la necesidad de que este nuevo Partido recoja lo mejor de todas las luchas históricas del pueblo mexicano: desde la Independencia, esa lucha por la soberanía; después la Reforma y esta serie de valores implantados por los liberales, no solamente la separación Estado-Iglesia, sino todos estos principios liberales que tan importantes han sido en nuestro devenir histórico, y luego la Revolución, por supuesto, con su carga justiciera y libertaria.

La Revolución Mexicana es una gesta importantísima, fundamental en la vida de nuestro país y creemos que debe ser recogida, por supuesto, por el Partido, que además surgió como producto institucional de esa Revolución. Se trata de ver más hacia delante que hacia atrás.

Quisiera hacer una recapitulación de lo que se ha dicho aquí. Coincido con Óscar cuando habla de los retos, él mencionó tres. Sin embargo, lo resumo en dos reivindicaciones: una con la militancia y otra con la sociedad. La reivindicación con la militancia, porque efectivamente no fuimos democráticos, porque en buena medida privamos a la militancia de las decisiones que debió haber tomado y la marginamos.

Y la reivindicación con la sociedad, porque a la sociedad misma no le dimos muchas cosas que le ofrecimos y porque además, también es cierto, hubo una serie de desviaciones muy graves que solapamos. Me refiero fundamentalmente a la corrupción. Tiene que haber un mensaje inequívoco a la sociedad en el sentido de que ya no vamos a solaparla, que hay un compromiso con la honestidad, con la ética.

Para mí el imperativo es de congruencia entre lo que se dice y lo que se hace. Antes había una suerte de dicotomía entre el discurso y la realidad, una especie de esquizofrenia política, en donde los discursos no correspondían con la realidad.

Hay una razón muy clara en ese origen. En el famoso discurso de presidium de hace muchos años ¿a quién importaba llegarle? ¿a quien había que darle el mensaje? A quienes estaban ahí sentados en el presidium. Específicamente, a la persona importante, poderosa que estaba ahí, no al auditorio, no a la opinión pública, no a la sociedad. ¿Por qué? Porque estamos hablando de que era una sociedad mayoritariamente pasiva, mucho menos participativa que la de ahora, mucho menos activa políticamente.

Ahora a quien hay que llegarle, a quien hay que decirle las cosas, es a ese ciudadano común y corriente que sí escucha las noticias. En ese sentido, creo que habría que implantar en el Partido una democracia cotidiana, no una democracia idílica, teórica, perfecta en los Estatutos, pero inviable porque no se practica. Hay que bajar un poquito la norma y subir un poco la realidad para disminuir esa brecha. En lo personal no creo que las elecciones internas, éstas que ya han llamado primarias abiertas, sean la solución.

Debe haber órganos representativos, concretamente los Consejos Políticos, verdaderamente representativos, deliberativos y decisorios, que elijan dirigente y candidato. Pero para que puedan hacerlo deben tener esa calidad de representatividad; por lo tanto, debe ser una especie de parlamento partidista, con escaños electos por consulta a la base. Y una vez electos por un periodo determinado, que esos órganos, esos Consejos Políticos, elijan a todos, elijan dirigentes y candidatos, porque van a tener la representatividad para hacerlo.

Además, daríamos un estímulo importante a la militancia cada determinado tiempo. Ejercitaríamos un proceso de democracia interna que revitalizaría al Partido, porque haría lo posible por estar ahí. Es a lo que me refiero con una democracia cotidiana, realista, de todos los días.

Por otra parte, lo fundamental en la próxima Asamblea es que levantemos la mira, que veamos a largo plazo. Si la mentalidad de los delegados a la Asamblea es cortoplacista, no habrá cambios esenciales, como decía Churchill: «El político se preocupa por la próxima elección, el estadista por la próxima generación». Hay que ver hacia la próxima generación, el largo plazo, eso es lo que necesita el Partido.

Prefiero sacrificar el corto plazo en aras del mediano y el largo plazos. Prefiero erigir un nuevo partido, que de veras sea atractivo para la ciudadanía, para la mayoría de la sociedad mexicana, en el mediano y largo plazos, a mantener las cosas más o menos como están para evitar que haya algún desgajamiento y gente desilusionada, y que quienes no quieren cambiar o no quieren cambiar mucho, no se enojen, no se vayan y no deserten. Eso me parece fundamental, y otra cosa muy importante, que no dejemos de lado esta discusión de ideas.

Sé que es ingenuo pensar que un partido político que va a una asamblea no debata, no discuta, no se preocupe y ocupe por su liderazgo, pero si de veras estamos conscientes de la situación crítica que vivimos, si de veras estamos conscientes del momento histórico que estamos viviendo, de que perdimos el poder presidencial para el cual nacimos, de la situación tan importante de transformación profunda del país en la que estamos insertos, si de veras estamos conscientes de eso, entonces tendremos los arrestos para posponer momentáneamente la discusión sobre quién debe dirigir el Partido, para primero discutir, decidir y dilucidar qué tipo de Partido va a dirigir esa persona, qué tipo de Partido queremos.

Es muy importante que esta Asamblea sea de veras una Asamblea de ideas, una Asamblea que geste un nuevo partido político y no una Asamblea exclusivamente de liderazgo. Debemos cambiar la lógica política tradicional, la lógica del juega suma cero, lo que yo gano lo pierdes tú, viviendo en el inme-diatismo de las decisiones y de la vorágine política. Debemos pensar que no va haber un juego suma cero, debe haber un juego en el que todos podamos ganar para construir un partido acorde con las exigencias del México del siglo XXI.

examen: Óscar, una de las preguntas que hace Genaro es si la derrota fue circunstancial o histórica. Eso el tiempo nos lo está diciendo. Inclusive, en el Congreso de la Unión al PRI no le fue mal. No fue una derrota total, fue una derrota en la Presidencia de la República, que claro nos dolió hasta el alma, pero no fue total, como que hubo un desplazamiento del poder hacia el Congreso.

Quizá se terminó el régimen político creado por la Revolución Mexicana, quizá la alternancia dio lugar a un régimen no tan presidencialista; inclusive antes de la alternancia, entre De la Madrid, Salinas y Zedillo, le habían quitado por lo menos doce facultades importantes al Presidente de la República.

En este desplazamiento del poder, si es que es cierto que el Congreso está cobrando realmente poderío, lo que sugiere Agustín de hacer un parlamento para la gobernabilidad del PRI, como que tendría sentido porque estaríamos preparando a los parlamentarios constitucionales ¿Qué piensas de esto?

OG: Estoy totalmente de acuerdo con el planteamiento que hace Agustín, porque efectivamente, por un lado resuelve la democracia interna, y por otro la abona con cuadros nuevos, verdaderamente representativos, para, justamente, participar en lo que a mi juicio se convierte hoy en un poder efectivo que es el Legislativo, que antes, todos lo sabemos, de alguna manera estaba supeditado a las propuestas del propio Ejecutivo. examen hace una pregunta de fondo que me parece importante destacar.

Señala: ¿fue derrota de veras definitiva o una derrota marginal?, porque ciertamente somos el Partido con más gobernadores y con más legisladores en todos los congresos, estatales y las dos Cámaras Federales. Lo que te dice esto tiene varias lecturas y hay que analizarlo en varios niveles.

En principio destacaría que el principal activo del priísmo son sus cuadros, honestos, con capacidad administrativa, así lo han demostrado, con talento político para construir consensos y con sensibilidad y compromiso social. Esos activos pueden seguir rindiendo muchísimos triunfos, porque más que ninguna otra organización política, tenemos cuadros de primerísima en todos los sentidos, en todos los niveles y en todos los sectores.

Donde me parece que estuvo la derrota es en la circunstancia misma del Partido. Éste se había construido para dar un sustento social y popular al Gobierno, para dar legitimidad social a decisiones del Gobierno, justamente para articular la demanda y llevarla a órganos como el Congreso. El cambio no es que haya sufrido una derrota definitiva, sino que cambiamos de pista. Antes, los políticos del PRI servíamos más para justificar, promover, apoyar decisiones gubernamentales, que para articular demandas sociales. Hoy, la función sustantiva es ir y articular esas demandas, convertirlas en propuestas claras, no en crítica sino en propuesta, someterlas a la consideración de los órganos de Gobierno, tanto del Legislativo como de los Ejecutivos que gobernamos. Ahí es donde no veo contradicción entre ser oposición y ser Gobierno, y juntos, tratar de convertirnos, a los ojos de la sociedad, en la mejor opción. No soy de los que creen que el éxito del PRI deba sustentarse en el fracaso del adversario; una postura de esa naturaleza, me parece absurda, además de desleal a México. Creo que debemos convertirnos en la opción que dé más garantías para atender las demandas sociales y conducir al país en los términos en que todos aspiramos.

No quisiera perder la oportunidad de contestar una pregunta hecha hace unos minutos y me parece que es muy útil enfocarla, porque se ha prestado a malas interpretaciones.

Hay quien ha dicho, supongo que por una mala lectura, que estamos en contra de las causas obreras, campesinas y populares, porque nuestro planteamiento es organizar un partido de ciudadanos. Quisiera decir que no hay nada más falso que ello.

Al contrario, creemos que justamente la manera más efectiva de atender las causas de los obreros, de los campesinos y de las clases medias, es precisamente a través de un sistema de partido de ciudadanos. Doy varias razones. Pensamos que en cierta medida el sometimiento de los sectores organizados, clasistamente sometidos a las decisiones de partido, provocó unos términos de intercambio que no siempre favorecieron a los representados. Esos términos eran: acepta tales cosas a cambio de tales candidaturas.

De alguna manera se atrofiaba la capacidad de atención a las exigencias de los obreros y los campesinos, en razón de que a cambio se les daban posiciones de dirigencia política, gubernaturas, senadurías o diputaciones. Me parece que la mejor manera de que los obreros y los campesinos defiendan sus causas, es que no estén atados a un intercambio de negociación que a todas luces les ha sido desfavorable. Porque respetamos y queremos que triunfen las organizaciones sociales, creemos y queremos hacer un Partido de ciudadanos.

Segundo punto: los nuevos temas de la sociedad ya no están organizados por sectores. Hace muchos años los temas eran el reparto de la tierra, las reivindicaciones laborales. Hoy los temas son crecimiento económico, empleo, combate a la inflación, ecología, seguridad pública.

Algo fundamental es que logremos construir un partido en el que todos valgamos igual, en el que siendo, por ejemplo, miembro de un consejo municipal, estatal o nacional, el voto valga exactamente lo del voto del de al lado. Me parece que un tránsito sustantivo, fundamental en este cambio profundo, de fondo, que estamos proponiendo, es hacia un partido organizado de ciudadanos, que por sobre todo asuma el combate a la desigualdad en todas sus formas. Es sustantivo que dejemos en claro que somos los más comprometidos y convencidos de que en este momento los grandes problemas de México son el salario y el ingreso de los campesinos, y para hacer efectiva esa lucha, proponemos esta novedosa forma de organización política y que las organizaciones sigan existiendo.

Que hagamos un partido de ciudadanos, no quiere decir que desaparezcan las organizaciones sociales y sindicales. De ninguna manera, que sigan operando, funcionando, trabajando y demandando, pero al no formar parte orgánica de esa estructura del Partido, ya no puede haber negociaciones que frecuentemente posponen reivindicaciones mucho más urgentes de los obreros.

Que sigan operando en el país hoy más que nunca, fortalecidas. Queremos que se fortalezcan para que exijan, demanden, reclamen. Creemos que parte de esa fortaleza está en romper el cordón umbilical que ha sujetado, en ocasiones, sus demandas por negociaciones, a veces ni siquiera públicas.

GBE: Para recalcar lo importante que se ha señalado, y que es indispensable que sea conocido, es que tenemos un documento a disposición de todos los asambleístas, para que sea discutido ampliamente en la Asamblea previa.

examen: Las estrategias cambian con la coyuntura. Una cosa que hemos encontrado es que las reivindicaciones sociales son generalmente de la izquierda, llámese social democracia o de otra forma; los temas económicos son de la derecha y los políticos del centro.

La pregunta es: ¿Cuáles son los temas que el PRI debería abordar en la Asamblea? Desde luego, serán sociales, económicos, y políticos, pero tú Eduardo, como senador, con tu experiencia empresarial y como dirigente? ¿Cómo verías esa traducción hacia convertir el tema del crecimiento y la creación de empleos en un tema político?

EB: No creo que en el mundo actual los temas de la derecha sean económicos y los de la izquierda pertenezcan a las reivindicaciones sociales. La geometría política ya está superada sustancialmente. Somos de los pocos países que seguimos hablando de derechas y de izquierdas. A mí me impresionó mucho cuando, siendo presidente del Consejo Coordinador Empresarial, invité a Ricardo Lagos, en aquél entonces candidato en Chile, de la izquierda, izquierda, izquierda. Me acuerdo que dijo algo que me llamó la atención «lo que pasa es que el equilibrio presupuestal no es cuestión de política, de derecha o izquierda, es cuestión de seriedad para gobernar».

Creo que hacia allá van las cosas. No puedes disociar las reivindicaciones de las causas sociales, de la economía, porque le entras al populismo y al rato te salen más, de derecha o de izquierda. De repente lo vemos de uno y otro lado. Creo que el populismo es un problema diferente. Lo primero que te diría es que eso está superado y el Partido debería reivindicar las causas sociales. Debería hacer las cosas de una manera mucho más clara.

Y es que no se puede tener una estrategia si se carece de la visión de largo plazo y la definición de los objetivos. Estrategia para qué, si no tenemos definido a donde vamos, y no estamos de acuerdo en lo fundamental. Me pregunto: ¿generaríamos los consensos necesarios al centro del PRI hoy día? ¿Están dentro del ideario o dentro de diferentes puntos de vista? Creo que no, y es una cosa que debemos comenzar a definir.

Si no se tienen esos objetivos y el rumbo definido, lo veo cuesta arriba. Una de las cosas en que quiero insistir es en la democracia interna. Me pregunto, si en lugar del proceso democrático que vivimos hacia adentro del Partido el 7 de noviembre para elegir el candidato a la Presidencia de la República, con muchísimas fallas, costoso, política y económicamente, hubiera sido el Consejo Político Nacional del Partido el que elige al candidato.

Si el órgano de gobierno no está democratizado, la gente no te va a creer que eres democrático, y una vez que elijamos a los órganos de gobierno, ¿quién toma las decisiones de las candidaturas y las dirigencias? En cualquier parte del mundo son los órganos de gobierno. Nada más que éstos son democráticos y están legitimados, eso es lo de fondo. El Consejo Político Nacional del Partido debería ser una cosa parecida al Congreso de la Unión, debería haber un representante por distrito, elegido democráticamente, tal vez una participación de equis número por Estado, para equilibrar y que no solamente los estados con mayor población tengan mayor representación que los otros; algo que nivele, aunque siempre deben tener, por lo menos, mayor representación los que más gente tienen, los que más votantes van a tener al final del día.

¿No van a tener influencia? Creo que es una falsa disyuntiva. Creo que si haces un ejemplo de estos 300 consejeros políticos por distrito, me parece que los representantes de los distritos rurales se van a acordar y van a tener una influencia definitiva en el Consejo Político, ¿por qué? Porque van a ser elegidos por gente del sector rural y urbano.

Pero vamos a tener la justa representación. No es que estemos en contra de las organizaciones, ni mucho menos de las causas. Estamos en desacuerdo en cómo se ha venido manejando, porque además va en contra de ellos. En la próxima Asamblea es importante tener muy claro el Partido que queremos.

Hay que desterrar de la mentalidad de los priístas que la próxima Asamblea es para elegir a la dirigencia. Ahí debemos tener una estrategia muy clara para decir: no, no, se trata de la definición del Partido que queremos. Y ese mismo día definimos cuándo se va a elegir a la dirigencia, según las nuevas reglas del Partido. Hay que tener una estrategia muy clara para quitar eso, porque si no, no vamos a tener éxito.

Termino con un comentario que tal vez no guste mucho a la dirigencia. Deberíamos aclarar que las dirigencias no pueden competir para puestos de elección popular, no se vale ser juez y parte, casi ningún partido del mundo lo permite. Es decir, el presidente del Partido en un municipio no puede ser candidato a la presidencia municipal; porque si ya no hay línea, que renuncie antes. Esas son las cosas que debemos tener muy claras para que la gente se sienta tranquila en la manera en que el Partido está operando.

examen: Carlos, el asunto de los temas económicos, los salarios, empleos, el campo; es decir si la economía llena prácticamente el espacio político ¿cómo decirlo desde tu punto de vista, cómo abordarlo por el Partido?

CR: La política y la sociedad requieren que la economía funcione. Si lo vemos adecuadamente, no tienen porque operar dicotomías entre tecnocracias en la estructura y sensibilidad social. Algo que debe dar la economía a la política y a la justicia social es, precisamente, certidumbre de progreso. ¿Qué significa esto? Que haya participación de los trabajadores, de los ciudadanos, de los campesinos; participación económica a través de un empleo, que haya participación de los empresarios, los pequeños, los medianos, los grandes; que haya inversión, empleos y a través de ellos ingresos, que es la mejor forma de distribuir el ingreso.

Que se genere riqueza, impuestos, y que haya gasto público para equilibrar lo que no contribuye a hacerlo en el mercado. Esto significa abrirse al mundo.

En buena medida es la historia. Nuestros padres, nuestros abuelos, quienes nos dan la perspectiva de futuro, pero difícilmente pensamos en tiempos de globalización, de la que hay que defendernos y en la que hay que participar, difícilmente pensamos en un nacionalismo revolucionario. Debemos abrirnos, estamos orgullosos de nuestra historia, de nuestra revolución, pero no vamos a estar cerrados ahora.

Tampoco podemos pensar en volver a los orígenes en los que nace el Partido en 1929, después de ganar el poder en una Revolución; ahora estamos en una condición distinta, como oposición, sin el eje articulador en nuestra historia a través del Presidente.

De manera que el Partido debe ser diferente, estamos pensando en un mundo diferente y en un partido diferente, en un nuevo siglo; orgullosos de lo que hemos tenido, pero a partir de ello generar algo nuevo, que sea eficaz en las elecciones y que sea eficaz para darle bienestar a los mexicanos, porque los esquemas económicos no lo han hecho.

Es como el hijo que hereda al padre y tiene por obligación no sentarse para vivir de las hazañas del padre. Al contrario, tiene la responsabilidad de ver hacia delante y hacer crecer el patrimonio del padre. Este es el hecho, no renunciar al pasado, sino con la fuerza del pasado ver al futuro.
examen:¿Estamos enojados por el pasado?

CR: No. Al contrario, lo aplaudimos y nos sentimos orgullosos porque militamos en él, trabajamos por él y creemos en él. Pero me parece que la clave es que logremos un partido atractivo para la participación de los jóvenes, en donde sientan que es un espacio donde puedan trabajar.

Si logramos, a pesar de sacrificios pequeños que tuviéramos que hacer, convocar a la juventud y que sientan que éste es un espacio atractivo de participación política, vamos a ganar el futuro, a pesar de los riesgos que corramos.

examen: Creo que en la creación del Partido y en su desarrollo, han sido los jóvenes quienes en su momento han colaborado en forma más enfática y eficaz. Lázaro Cárdenas tenía 38 años cuando era Presidente de la República. Este Partido lo crearon y mantuvieron los jóvenes, pero en este momento los jóvenes están alejados ¿Por qué?

AB: No puedo decir en detalle la estrategia o las formas en las que podríamos atraer a los jóvenes. Lo que sí afirmo con toda claridad es cómo no los vamos a atraer, cómo los vamos a repeler.

Lo haremos con el viejo discurso del Partido, con las viejas formas, con la vieja imagen, las viejas prácticas; eso sí lo garantizo, con eso no los vamos a atraer.

Hay algo importante: primero tuvimos una racha de derrotas electorales, cuando digo primero, me refiero después del 2 de julio, de la gran derrota en la Presidencia de la República. Recientemente, hemos tenido algunos triunfos, para evitar que la lectura de esos triunfos sea equivocada y nos lleve a creer que el Partido está bien y no necesita cambios, deben atenderse al detalle las cifras electorales. No sólo se trata si ganamos o perdimos, sino en dónde están nuestros votos.

Si nuestros votos están entre los adultos, si están más en las zonas rurales que en las urbanas, en las zonas depauperadas, quiere decir que el futuro no está a nuestro favor; que las tendencias son desfavorables, porque en este país conforme vaya avanzando el tiempo, el voto decisivo en cualquier elección va a ser el más joven, el más urbano, el más clasemediero y el más pensante. No afirmo que hayamos llegado ahí, no digo que México ya esté en esa situación, sino que hacia allá apunta y cada vez nos vamos acercando más.

Entonces, ojo, no leamos equivocadamente estas recientes victorias electorales. Qué bueno que ganamos, pero si realmente queremos que el Partido retome el poder, si de veras nuestra intención es recobrar la Presidencia de la República, necesitamos ver a largo plazo y analizar con minuciosidad esas cifras electorales.

Durante muchos años el PRI reclutó a las mejores personas de este país, a los mejores hombres y mujeres. Actualmente sigue teniendo gente valiosa, muchísimos hombres y mujeres inteligentes, preparados, capaces, leales, honestos, ¿pero en qué grupo demográfico están?

Actualmente en el PRI tenemos jóvenes de entre 20 y 30 años. ¿Los mejores jóvenes están ya en el PRI, están en el Partido? Creo que no, esa es una triste realidad, pero no podemos cerrar los ojos.

La razón es que no estamos ofreciéndoles nada atractivo, porque además la forma no es la de un partido moderno, y si en política la forma es fondo, como decía don Jesús Reyes Heroles, parafraseando a Díaz Mirón, entonces atendamos también a la forma, eso es fundamental, es clave.

No la desdeñemos, porque cuando decimos que el PRI necesita cambiar de nombre, si necesita surgir un nuevo partido con un nuevo nombre, habrá mucha gente que diga: esa es cosa de forma, esa es fachada. No es cierto, la forma es fondo, y es fundamental la imagen que demos a la sociedad. Ya dije que tenemos dos reivindicaciones pendientes: con la militancia y con la sociedad.

Con la militancia, porque en buena medida les arrebatamos el Partido, hay que devolvérselo; con la sociedad, porque no le estamos ofreciendo nada atractivo, particularmente a los jóvenes.

¿Cuál es el catalizador para cambiar esa imagen ante la sociedad? El catalizador de forma es el cambio de nombre. No afirmo que eso baste, por supuesto que no, debe ser el corolario, el punto final de una serie de cambios de fondo.

Sí, pero si se dan esos cambios de fondo sin el cambio de forma, el cambio en la percepción de la gente va a ser más lento. Necesitamos un catalizador que acelere, que agilice ese cambio. Hay quienes esgrimen la historia para proclamar el inmovilismo, cuando sin cambio no hay historia. En 1938, los militantes del PNR entendieron perfectamente que había terminado una etapa. Que esa etapa de la confederación de partidos, que fue el Partido Nacional Revolucionario, de organizar y tener como base de sustentación a las fuerzas regionales, políticas, revolucionarias, ya no era funcional, y que había que estructurar el Partido y darle sustento en los nuevos grupos sociales emergentes, en las fuerzas organizadas de obreros y campesinos. Lo entendieron perfectamente y no regatearon el cambio y aceptaron perfectamente, y sin mayores discusiones, el nuevo nombre del Partido de la Revolución Mexicana.

En 1946, los miembros del Partido de la Revolución Mexicana también se dieron cuenta de que había terminado un ciclo histórico, que era necesario ver hacia delante; que ese partido que antes había estado dominado por militares ex revolucionarios, por razones hasta biológicas y generacionales, tenían que dar paso a una nueva clase política civil, que tenía que sustentar y dar una base de institucionalidad a un impulso, a un despegue económico fundamental que el país necesitaba y pedía a gritos. Así lo entendieron y sin problema alguno aceptaron el cambio de denominación a Partido Revolucionario Institucional.

Me pregunto si hoy, en el 2001, cuando las circunstancias son más demandantes de un cambio de fondo y de forma en el Partido, ¿por qué no entendemos esta situación y la aceptamos?

No se trata sólo del cambio de una estructura regional a una estructura sectorial, o un cambio de militarismo a civilismo. Es un cambio mucho más profundo; de un partido que nace desde el poder para conservarlo, que llega al poder por una lucha armada.

Tenemos que dar el salto hacia adelante y no podemos darlo si no estamos apoyados en una plataforma histórica que conocemos muy bien. Es ese pasado el que nos obliga a ver hacia el futuro y a renacer como partido político. Eso incluye un nuevo nombre, una nueva organización, una nueva estructura, una nueva interlocución con la sociedad, una nueva gobernabilidad interna.

No es que cerremos los ojos al pasado, los abrimos muy bien y lo conocemos. Vemos que la situación actual es totalmente diferente y la sociedad mexicana está organizada de otra manera.

Sugiero que todas las posiciones plurinominales sean para jóvenes, porque resulta que hoy se usan más para distribuir cotos de poder entre grupos, que para incorporar a las nuevas generaciones a la participación política. Me parece que una forma de incorporación definitiva y de compromiso definitivo con los jóvenes, es que todos los plurinominales sean jóvenes.

examen: Es muy audaz, muy atractiva. El PNR, creado por Calles, cuando se transforma PNR fue porque Cárdenas así lo indujo, y cuando Alemán induce el cambio hacia el PRI, lo hace para iniciar la lucha civilista en México. En este momento plantear el cambio de nombre, que debe estar entre los temas de la Asamblea, es ineludible, porque si no lo plantea la dirigencia o la Comisión Organizadora se van a plantear en más de 2000 asambleas municipales o en las estatales. El cambio de nombre es una posibilidad que está en el aire: ¿Cómo atraer a los jóvenes?

GBE: La respuesta respecto de los jóvenes nos lleva al conjunto del planteamiento. No es tan sólo una estrategia focalizada para jóvenes, es el resultado de un análisis integral, como el que hemos tratado de hacer en el grupo de una manera responsable, reflexiva y con una absoluta lealtad al Partido.

Mientras no seamos un partido del futuro y se nos siga percibiendo como del pasado, como un partido de políticos que defienden compromisos o situaciones del pasado y no un partido que plantea y se compromete con las causas de la Nación, del presente y del futuro y de los ciudadanos de hoy y de mañana, será muy difícil que podamos convertirnos en una auténtica alternativa real de gobierno y reconquistar el poder presidencial que es nuestro objetivo.

Hay varias estrategias. El nombre, en efecto, cataliza esa presencia de fondo y de forma ante la sociedad para demostrar que somos un futuro que está orgulloso de su pasado, que en los claroscuros son más las luces que las sombras, pero que estamos proyectados hacia el futuro y que el ciclo histórico del PRI ha concluido.

Vuelvo a ese punto, porque no podemos, en la respuesta de las preguntas iniciales que había planteado, entender que una derrota histórica significa una derrota definitiva, no es cierto, no cabe esa confusión.

Una derrota histórica es que estamos en una nueva cancha –valga la expresión–, es un nuevo escenario, una nueva realidad política. Hay quienes afirman que es un nuevo régimen político. Eso también pudiera estar a discusión. Pero en la medida en que realmente entendamos que cerramos un ciclo con orgullo, lo cerramos, perdón por mi digresión taurina: «pero lo bien toreado bien arrematado». Hay que rematar el tiempo histórico vivido y abrir otro.

Esta es nuestra posibilidad abrir un nuevo ciclo, como una acción deliberada, como un propósito propio, democrático y en la medida en que realmente seamos un partido del futuro, en esa medida seremos un partido en donde participen los jóvenes, que sea dirigido por jóvenes en sus secciones, en sus distritos, en los comités directivos estatales, y que se dé el entreveramiento generacional.

Logramos también como una propuesta nuestra, que el 30% de los delegados efectivos a la Asamblea sean jóvenes menores de 30 años.

Las cuotas es un tema debatible para jóvenes y mujeres, pero ayudan. Forman parte de una estrategia de conjunto, cambios de fondo, no de maquillaje, no de simulación, no superficiales; cambios reales, verdaderos, de fondo, que correspondan con cambios de forma que resultan ser cambios de fondo.

Debemos ser un partido en donde se dé el entreveramiento generacional, un partido de todos, independientemente de las edades. Un partido que realmente tenga capacidad de ofrecer alternativas para los jóvenes en el futuro, representar sus intereses, demandas, causas, y lo voy a decir con toda claridad: debemos ser generosos, hacernos a un lado, quizá gradualmente, no súbitamente, y darle paso a los jóvenes.

Un comentario final respecto del nombre: por ningún motivo podríamos aceptar que nuestro planteamiento de cambio de nombre, sea porque estamos avergonzados del nombre de nuestro Partido.

Estamos orgullosos del PRI, lo llevamos no tan sólo en la camiseta, lo tenemos tatuado, pero eso no quiere decir que el Partido hacia delante pueda presentar una opción distinta que refleje el inicio de un nuevo ciclo histórico en su trayectoria.

examen: ¿Me permites un paréntesis?

GBE: Con mucho gusto.

examen: El nombre nos preocupa a todos. En las doce elecciones después del 2 de julio, incluido Aguascalientes y Oaxaca, el número de votos que ha obtenido el PRI representa 44%. Esto refleja que la gente sigue votando por el PRI, es la primera fuerza electoral en el país, aunque hayamos perdido la Presidencia de la República. Es decir, ¿cómo abordar esta posibilidad del cambio de nombre sin que cauce enojo e inclusive resistencia hacia los cambios? Quería hacerte esta acotación de lo que significa el voto del PRI en este momento.

GBE: He escuchado ese argumento y otros de que es una marca a la que se le ha invertido durante mucho tiempo, que está en el ánimo de la gente. He escuchado con tristeza que nuestras posiciones han causado enojo. El PRI nos ha dado mucho durante toda la vida, no aspiramos a ningún cargo de dirigencia, lo que hemos querido de buena fe, con honestidad intelectual, es provocar el debate.

Fuimos los primeros, o uno de los primeros, que planteamos un proyecto discutible, pero atrás de nuestra propuesta de ninguna manera hay ni rencores ni resentimientos, ni un afán de hacer daño, de perjudicar a nuestro Partido. Al contrario, queremos que sea alternativa de Gobierno y que recupere el poder, por eso hacemos estos planteamientos.

Pero, si la visión es cortoplacista, nos va a dar mucho miedo cambiar; si la visión es de largo plazo, la calidad de las decisiones de la Asamblea y la eficacia hacia nuestros objetivos en el largo plazo, va a ser completamente diferente.

Es también un problema de diagnóstico, y ahí volvemos a otra de las preguntas: ¿el 2 de julio tuvimos un accidente electoral provocado por las circunstancias de la coyuntura o fue una derrota histórica? Depende mucho del diagnóstico, del análisis. También siento mucho orgullo por los colores, por el nombre. Me ha llevado a muchas elecciones, de diputado, de gobernador, de senador y he obtenido victorias con estos nombres. Pero no es un problema ni de desdén, ni de desapego, ni de desprecio, ni de falta de orgullo, sino de táctica, de estrategia; es de inteligencia, no de afectos, porque los afectos son invariables y los tenemos muy profundos.

Precisamente porque queremos luchar mejor por las causas de la ciudadanía, del pueblo, de los más desprotegidos, de las clases medias y de las clases populares, es que queremos evolucionar hacia un partido en que podamos realmente posicionarnos en cada una de las situaciones de la agenda nacional y sea una estrategia para ganar el poder y ejercerlo conforme a nuestro ideario, que ese es finalmente el propósito del Partido.

examen: El tiempo del coloquio ya se agotó, quizá una última ronda...

EB: La votación en las últimas elecciones ha sido de las más bajas. Hay un nivel de abstencionismo impresionante en casi todas las votaciones. No nos vayamos con la finta. Actualmente hay un desapego por la política y los políticos, parte de la culpa es del Ejecutivo Federal, parte de los partidos políticos. Ahí están las elecciones en Baja California, 30 y tantos por ciento del electorado, en Aguascalientes el 30 y tantos por ciento del electorado. Está votando muy poca gente. Creo que está votando el voto duro y tal vez a ese hay que convencer.

En torno a la estrategia siempre pongo el ejemplo de Gorvachov, la anécdota es muy buena. Cuando Gorvachov abre la economía rusa o pretende abrir la economía rusa al mundo, contrata a gente del Instituto Tecnológico de Massachusets; de Harvard; de la London Economic School. Y cuando le preguntaron: oye, ¿cómo vas? Dijo: voy bien, tengo a los mejores asesores, no sé ni a quién hacerle caso. No se trata nada más de tener gente que te asesore, necesitas tener ideas muy definidas.

Lo primero que debemos tener hacia adentro es lo de fondo, en qué estamos de acuerdo en el Partido. O sea, no puedes hacer grupos de enfoque para ver qué es lo que quiere la gente del Partido. Tú tienes que saber qué es lo que quiere el Partido y tienes que hacer grupos de enfoque para ver cómo comunicas, cómo convences a la gente, cómo le llevas el mensaje a la gente de lo que tú quieres.

Con respecto a los jóvenes, hay que preguntar cómo los jalamos. Este es un partido que no sabe comunicar y un partido que en esta época no sepa comunicar está en un problema grave. Seguimos teniendo discursos sólo para los priístas, o para un cierto grupo de priístas. O tenemos discursos para la sociedad y se lo sabemos decir a la sociedad, o estamos en un problema grave.

No nos preocupemos nada más de los priístas rumbo a la Asamblea, hay que preocuparnos de lo que dicen los priístas mayoritariamente. Preocupémonos de lo que va a leer la sociedad. Si no nos preocupamos de lo que va a leer la sociedad después de la XVIII Asamblea y la lectura de esto es diferente, estamos en un problema muy, muy serio.

og: La pregunta me parece crucial para que se entienda nuestra posición y hacer una buena estrategia. Uno, hay 44% de la votación, pero primero hay que estratificar bien el voto y proyectar a futuro, porque las elecciones pasadas ya son historia. Las importantes son las que vienen. Dos. Hay que evaluar muy bien el asunto del abstencionismo, porque si nada más nos quedamos con los votos duros, no estamos reconquistando la confianza de la sociedad. Si me dicen «no hay que cambiar el nombre, porque el 44% de la votación está siendo para el PRI, para qué lo cambias». Yo contesto: ¿y qué hace pensar que por cambiar el nombre van a dejar de votar por el PRI?

Me parece que quien argumente que parte de ese 44% se puede desviar hacia otros partidos por el cambio de nombre, es totalmente desleal a los propios electores que eligen por el PRI, porque sería suponer que votan por nosotros nada más por la marca y no por compromiso, por identificación ideológica y por propuestas.

Me parece que estaríamos siendo terriblemente injustos contra los candidatos, porque suponer que ese 44% dejaría de votar por nosotros simplemente porque le cambiemos el nombre, haría pensar que los candidatos no son de convencer a los mismos que tradicionalmente habían votado. El punto es: hay que cambiar para conservar a quienes hoy votan por nosotros, pero además para sumar el voto de la sociedad que hoy no está comprometida y que es creciente.

Hagamos justicia a nuestros militantes y a nuestros simpatizantes. No pensemos que, como autómatas, votan simplemente por colores o por nombre. Démosle la mayoría de edad, la madurez y la razón que merecen como ciudadanos; creo que son muchísimo más inteligentes de lo que muchos creen.

CR: En cuanto al nombre, hay algunos estigmas asociados; eso hay que reconocerlo.

También hemos visto que en las campañas cada vez se usan menos el nombre y el logotipo. No olvidemos que aún con cuarenta y tantos por ciento en las votaciones en las entidades federativas, en los últimos nueve meses ha habido elecciones en ocho estados, hemos ganado en uno, hemos perdido en siete, independientemente de esos porcentajes.

AB: Creo que en el renacimiento del Partido hay costos y beneficios, la pregunta es: ¿cuáles son mayores? La respuesta que doy es que son mayores los beneficios que los costos, no estoy diciendo que si el Partido renace en la próxima Asamblea no va a tener absolutamente ningún costo político. Sí lo va a tener.

No dudo que si el Partido cambia de nombre haya algunas personas que dejen de votar por el Partido. Creo es que van a ser muchas más las que van a votar y no votaban antes por nosotros. Creo que el beneficio excede con mucho al costo.

En el caso concreto de que en 1938–1946 había un Presidente de la República que inducía el cambio de nombre del Partido y que tenía el poder y el control. Yo te respondo, sí, efectivamente, así era, actualmente no hay el gran inductor.

Ahora hay más argumentos de mucha mayor contundencia para el cambio de nombre y para el renacimiento del Partido. Creo que esto se va a dar sólo si el debate en torno al tipo de partido que habremos de construir a partir de la próxima Asamblea General de Delegados es un debate realista y pragmático, un debate racional y no emotivo.

Creo que como alguna vez escribí, la política exige y admite pasión en todas sus manifestaciones, menos en una, el diagnóstico de la realidad. Ahí hay que ser muy fríos, muy cerebrales, realistas, pragmáticos. Creo que el diagnóstico de la realidad está claro, nos lo dijo la gente el 2 de julio, nos lo dijo después de siete u ocho elecciones. No se trata de buscar qué tipo de partido queremos los integrantes de Renacimiento o cada uno de los priístas, sino el partido que quiere la mayoría de los mexicanos, y en eso tenemos que hacer un claro deslinde.

Debemos ser objetivos y analizar qué nos demanda la realidad actual y los mexicanos de hoy y de mañana. En ese sentido hay que ser realistas y no dejarnos llevar por la emotividad y no hablo de ella en forma peyorativa. Me parece perfectamente respetable que haya priístas que sientan un apego sentimental a los colores del Partido, a su nombre.

GB: Esperamos que la XVIII Asamblea sea realmente una Asamblea fundacional, como reiteradamente lo hemos expresado. Y que en ella participemos con una visión de largo plazo, que levantemos la mira, que no nos perdamos en la coyuntura, porque estaríamos en riesgo de tomar decisiones equivocadas.

El segundo punto es que no caigamos en la simulación, que no tratemos de introducir cambios cosméticos, superficiales; que realmente sea una Asamblea en donde se debatan las ideas, se tomen decisiones de fondo, en donde se lleven a cabo cambios profundos. El mandato del cambio lo recibimos el 2 de julio, no tan sólo quienes ganaron, fue para todos, sobre todo para los políticos y para los partidos. Asumamos y cumplamos con ese mandato, cambiemos de verdad, eso es lo que nos demanda la sociedad.

En tercer lugar, que en la Asamblea tomemos en cuenta, sin simulaciones y con autenticidad, a los jóvenes y a la sociedad, que no sólo escuchemos la voz de los jóvenes que ya están con nosotros y que participan en el PRI, sino a los que no están con nosotros y quisiéramos que estuvieran. A esas voces hay que llevarlas a la Asamblea, esas causas, esas reivindicaciones, esos sentimientos, esa visión del país y ese idealismo de futuro.

Por último, que la unidad del Partido sea el proyecto democrático que surja de esta Asamblea.

En resumen, las propuestas de Renacimiento son:, democracia hacia el interior del Partido, a través de los Consejos Políticos, municipales, estatales y nacional, como órganos deliberativos, representativos y decisorios; una suerte de parlamento interno del Partido, que cada sitio del Consejo sea el resultado de una elección en la base y que los Consejos Políticos tomen las decisiones. Democracia interna, esa es nuestra primera posición, abanderamiento de las causas ciudadanas y evolucionar la estructura corporativa. Tercero: apertura genera-cional, impulso a los jóvenes y abanderamiento de sus causas.

Por último, la polémica del nombre, que no es un tema que merezca ser desdeñado automáticamente, ni que tampoco se adopte sin un análisis riguroso previo. Si en realidad estamos decididos a que haya cambios de fondo, porque así nos lo exigen las circunstancias, deben corresponder con los cambios de forma, que también son de fondo, como es el caso del nombre.

Un comentario final: lamentablemente he observado desde que hicimos esta propuesta hacia el debate del cambio de nombre, que quienes más se han opuesto, no lo han usado en las elecciones recientes.

examen: La Revista examen se siente muy complacida de que hayan participado. Reciban un cordial saludo de nuestra Presidenta Dulce María Sauri, quien está muy atenta hacia todo tipo de manifestaciones. En examen estamos conscientes de que si se presentan publicadas la mayor parte de las opiniones, el delegado o la delegada tendrán mayores opciones. Pero, ¿cómo socializarlo? Es difícil, porque finalmente un texto resulta pesado para el común de los mortales. Necesitamos socializar las propuestas para que la sociedad vea que hay muchas, contradictorias entre sí inclusive. Pero no importa, el hecho es que se van a discutir en la Asamblea.

GBE: Hay un documento.

examen: ¿En qué Asambleas lo van a presentar?

GBE: En las que podamos.

examen: ¿Van a sembrar gente?

GBE: No. Vamos a sembrar ideas. Este es un movimiento más de convocatoria y de ideas, que de militancia en grupos específicos.

*Coloquio de examen con el Grupo «Renacimiento» (Genaro Borrego Estrada, Agustín Basave Benítez, Eduardo Bours Castelo, Óscar González Rodríguez y Carlos Pérez García). 15 de agosto de 2001.