VIVIMOS
UN ESTADO CONTEMPLATIVO:ECONOMISTAS DEL PRI
examen:
Para abrir este coloquio cedemos la palabra a Ricardo Carrillo
Arronte.
Ricardo
Carrillo Arronte (RCA):
Primero quisiera referirme a quienes estamos aquí, ¿por
qué nosotros y no otros? Todos somos economistas priístas.
Somos gente experimentada en los sectores público y privado,
la docencia, la investigación, el trabajo de Partido; esto
último es importante, ser un economista priísta
es hacer trabajo de Partido y no sólo de presidium. Hay
quienes se han desempeñado en el Poder Legislativo, senadores
y ex diputados; en el servicio exterior. Todos cuentan con obra
publicada en la materia: libros, artículos, conferencias
y sobre todo acreditan un compromiso social.
Quisiera
empezar haciendo dos preguntas ¿hay relación entre
política y economía? ¿la hay entre votaciones
y resultados económicos?
Para
contestar recordemos que desde el nacimiento del Partido, en 1929,
hasta 1982, el Partido ganó más del 80% en promedio,
de las votaciones presidenciales y que de 1983 a la fecha, esos
porcentajes empezaron a disminuir hasta el año pasado en
que perdimos la presidencia.
Si
contrastamos esta información con los resultados económicos,
de 1930 a 1982, el período de mayor votación para
el PRI, los gobiernos del Partido hicieron crecer el producto
nacional a una tasa superior a 6.1% anual promedio. Esto es, durante
casi 50 años, cosa única en el mundo. La cifra contradice
todo lo que ahora manejan algunos funcionarios de «que 71
años de fracasos no se revierten en unos cuantos meses».
El crecimiento mencionado significó el doble del crecimiento
de la población, porque tuvimos un excedente a repartir,
que cada año crecía a 3.1% de producto per cápita.
También significó otra cosa importante: se hizo
una inversión fija bruta de 5.4% como promedio en esos
50 años. No estoy hablando de mercado de valores ni de
venta de empresas a extranjeros ni de transferencias o inversión
fija en capital contable. El 5.4% de inversión muestra
empleo y producción.
De
1983 al 2000, que coincide con la baja en la votación,
las cifras son negativas. El producto per capita disminuyó
en un promedio de 2%. En esos 17 años, la formación
bruta de capital disminuyó 1%. No hubo inversión,
ni producción.
Hoy
en día, los votantes, en su inmensa mayoría, no
saben ni les importan estos datos. Lo que quieren saber es cuánto
reciben en la mano, cuál es el nivel de vida que tienen,
si tienen empleo o no. Si vemos las cifras de empleo, resulta
que de 1930 a 1982, los gobiernos del Partido dieron empleo en
promedio al 80% de la población económicamente activa:
ocho de cada 10 nuevos mexicanos demandantes tuvieron un empleo
formal. De 1982 para acá sólo al 20%: uno de cada
cinco.
Y
si vemos los salarios reales, la situación está
igual de triste. De 1930 a 1982 el poder adquisitivo, una vez
descontada la inflación, creció a un promedio de
1.1%, mientras que de 1982 a la fecha disminuyó 7% en promedio
anual. Acumulados en estos 17 años, monta un 80% de pérdida
del poder adquisitivo.
Como
economista y político creo que si a nuestros votantes no
les damos ni cantidad ni calidad de empleo, para no hablar ya
de los campesinos cuya sotuación ofrece datos todavía
más tristes, ¿por que van a votar por nosotros?
No
obstante, me preguntaría, ¿tiene remedio el Partido?
O mejor dicho, ¿tiene remedio la política económica
de los gobiernos priístas del pasado y del futuro?
Pondría
sobre la mesa que George Bush, padre del actual Presidente estadounidense,
perdió las elecciones después de dos periodos de
auge de Reagan, porque bajo 3% el ingreso per cápita de
los norteamericanos, 3%. Margaret Tatcher, el torbellino de Liverpool,
perdió las elecciones porque bajo 7% el ingreso de los
trabajadores ingleses, y Mijail Gorbachov cayó, junto con
todo el sistema socialista que desintegró a la Unión
Soviética, por 22% de pérdida de poder adquisitivo
en los salarios soviéticos.
Nosotros
perdimos 80% y todavía obtuvimos el año pasado trece
y medio millones de votos; como Partido somos la fuerza número
uno del país. Creo que sí tenemos remedio y que
debemos analizar seriamente lo que hicimos hasta 1982, lo que
debemos mantener, profundizar, actualizar y acrecentar. Preguntarnos
¿qué hicimos mal, qué debemos corregir?
examen:
Humberto ¿cuál sería tu opinión?
Humberto
Roque Villanueva (HRV):
Estas expresiones de Ricardo nos introducen de manera muy rápida
al tema. Creo que las relaciones entre economía y política
son celosas en lo académico y sin embargo, reales en la
vida práctica. Yo diría que la política es
el arte de evitar el conflicto, para no irme a más definiciones
y que la economía consiste, y en esto coincido con Ricardo,
en cómo hacer crecer una sociedad. Pareciera que de 1982
a la fecha, para referirme a los mismos periodos aludidos por
Ricardo, privilegiamos el tema de la estabilidad económica.
Supusimos que si manteníamos en orden las llamadas variables
macroeconómicas, el crecimiento se iba a dar en forma natural.
Antes, en el tiempo indiscutibles errores y excesos que no resistían
ya las presiones, operamos al Estado y la inversión como
variables que podían ser manejadas, y el crecimiento económico
como el elemento esencial de nuestra meta.
La
primera característica distintiva que haría es que
en los primeros 50 años teníamos como meta crecer.
Después tuvimos como meta, y de hecho este gobierno (semipanista,
foxista o como se le quiera denominar), quiso mantener las variables
macroeco-nómicas en orden, para que hubiera crecimiento.
Y ¡Oh sorpresa! sin devaluación, con tasas de interés
a la baja, con tasas de inflación a la baja, ni tuvimos
ni tenemos crecimiento. Entonces lo primero por reivindicar, aunque
suene un poquito antiguo, pero creo que esto no puede ni debe
perder vigencia, es el papel del Estado en la economía.
Este papel, básicamente el mismo que tuvimos hasta 1982,
tiene que compartirse con otros actores, y sólo en términos
de lo que representa el sector privado.
Me
gusta el reto de Ricardo Carrillo, tenemos futuro, y de ello estoy
convencido por diversas razones. El crecimiento económico
va a depender estrictamente de las circunstancias estadounidenses,
aunque no debería ser el caso, ni siquiera este año,
porque (sin acudir a mayores sofisticaciones econométricas),
si alrededor de 30% del producto interno bruto lo representan
las exportaciones, y éstas no se han caído (en el
peor de los casos están en ceros) o sea que tenemos un
alto volumen exportado, que con todo y que es inferior al año
anterior, aún estamos exportando. De hecho, el superávit
comercial con Estados Unidos se ha ampliado, y la inversión
extranjera, particularmente del norte, será mayor este
año que el pasado. Sin embargo, no estamos creciendo.
Ello
quiere decir que estamos en condiciones de replantear la política
económica a través de nuestros representantes en
el Congreso de la Unión, impulsarla como partido político,
sobre la base de revisar la participación del Estado y
particularmente la inversión pública.
Hemos
concentrado el esfuerzo presupuestal en gasto corriente y a veces
en programas de carácter asistencialista, que no van con
un Estado impulsor del crecimiento económico. Si lo que
se gasta en programas asistenciales se empleara productivamente
en el campo, con esa sola variable de estrategia presupuestal,
tendríamos crecimiento económico; habría
un impulso de justicia social sobre quienes más nos han
apoyado a lo largo de nuestra historia como Partido.
Recuerdo
una conversación que tuve con Francisco Suárez Dávila
en la Cámara de Diputados en la LVI Legislatura, en el
sentido de que mientras no resolvamos un problema estructural
de que cada vez que crecemos aumenta nuestro nivel de importaciones,
al grado de provocarnos problemas en las balanzas comercial, en
la corriente y en la de pagos, ningún gobierno va a tener
éxito porque la condición para lidiar con esta circunstancia
será estar sometiendo el crecimiento económico a
tasas bajas por temor a una devaluación.
Aun
en la ineficiencia de los últimos 18 años, hacia
el final nos fuimos acercando a la posibilidad de que la elasticidad
de ingreso de las importaciones no fuera tan alta, y de no ser
por esa soberbia monetarista, de creer que es muy bueno tener
un superpeso, estaríamos en condiciones de regular de mejor
manera nuestros futuros déficit en la balanza, en la cuenta
corriente, con un manejo más inteligente del peso, y desde
luego combinando de mejor manera la política monetaria
y la política fiscal.
examen:
Francisco, por favor tu opinión...
Francisco
Suárez Dávila (FSD):
Considero que vale la pena apuntar que a casi un año de
la administración de Vicente Fox, estamos viviendo momentos
de gran peligro para la economía nacional. Se están
configurando muchos elementos de una película que ya vimos.
En la actualidad somos el único país con un tipo
de cambio revaluándose. Eso es un disparate en una economía
mundial en recesión, los norteamericanos ya reconocieron
que deben bajar su dólar fuerte. Otra vez estamos dependiendo
de la cuenta de capital. Pero aquí el otro elemento es
la creación de nuevo equipamiento, de inversión
extranjera, que está adquiriendo masivamente la planta
mexicana.
Nuevamente
tenemos una situación en que estamos privilegiando la baja
de la inflación, ¿cómo lo estamos haciendo?
Por una parte con recesión y por otra, utilizando el tipo
de cambio como ancla. Las corrientes más modernas de pensamiento,
inclusive el consenso de Washington, señalaron: no usen
el tipo de cambio como ancla para bajar la inflación, porque
les va a rebotar, y eso es verdad. Es decir, tarde o temprano
el tipo de cambio tendrá que ajustarse, otra vez volvemos
a la inflación, subirán las tasas de interés
y una nueva ola de crisis cambiaria y por tanto, habría
crisis en el sector real y en la economía.
Otro
elemento es que no hay banca. Estamos en un momento de verdad
crítico. Por lo tanto, es un momento de reflexión
para el Partido. La historia ayuda mucho ¿qué es
lo que hemos hecho mal? ¿Qué hemos hecho bien? Y
sobre todo ver al futuro. Hay muchas cosas que el PRI como gobierno
hizo bien, muchas cosas que ha hecho mal, pero debemos ver hacia
el futuro. Aquí el punto principal, en términos
de política económica, es encontrar alguna nueva
síntesis, que creo es lo que están haciendo todos
los partidos, desde los de centro-izquierda, hasta los social
demócratas. Se trata de encontrar una síntesis en
que retomemos lo más importante de nuestra historia, nuestras
raíces, pero sobre todo plantear un esquema progresista
y moderno. Tenemos historia y debe redefinirse el papel del Estado,
éste, obviamente, debe jugar un papel importante. Debemos
tener un Estado estratégico, no sólo regulador,
porque hemos visto que así no funciona.
Es
decir tenemos que trabajar por México, tiene que haber
una alianza con la pequeña y mediana empresa, pero también
con los pocos empresarios destacados que todavía quedan.
Hay que redefinir el papel del Estado en términos modernos.
No un Estado económico que pase la charolita.
La
historia económica de México puede dividirse en
etapas y periodos, en que lo importante fue el desarrollo y la
inflación un segundo elemento. Creo que en las etapas de
crecimiento el tipo de cambio se utilizó como un instrumento
para el desarrollo. En el difícil periodo de 1938 a 1941,
está claro que cuando las compañías petroleras
explotaron nuestros recursos, se flotó el tipo de cambio
y se devaluó para que cambiaran las importaciones. En la
etapa posterior a la Segunda Guerra Mundial, otra vez recesión.
En el periodo 19461948 se flota el tipo de cambio, la economía
mexicana vuelve a compensar y en 1954 lo mismo. Es decir, después
de la Guerra Mundial y de la guerra de Corea, hay recesión
mundial, se libera el tipo de cambio para crecer, sostener un
crecimiento y favorecer un desarrollo autónomo.
En
un estudio sobre cuál es la economía que más
ha crecido en América Latina en los últimos 50 años
me enteré que la economía que más ha crecido
es la de Colombia. Es el único país en que la deuda
externa no fue una crisis de proporciones mayores. Es un país
en que el crecimiento ha sido muy importante, el tipo de cambio
no le ha importado, y Colombia casi siempre ha tenido una inflación
que ha oscilado entre 10 y 30%, cuando llega a este porcentaje
le meten un poquito el freno, pero es el país que más
ha crecido.
examen:
En este contexto ¿resulta oportuno introducir el aspecto
exógeno, la globalización? Julio.
Julio
Zamora Bátiz (JZB):
No podríamos tomar el pasado tal cual, porque las condiciones
de hoy son distintas. Considero que el error fundamental de la
política económica ha sido el fundamentalismo neoliberal.
Lo grave de la política económica aplicada en los
últimos años, es que somos más papistas que
el Papa, hemos ido mucho más allá de lo que los
propios promotores del neoliberalismo señalan. Si confrontáramos
el consenso de Washington con lo que ha sucedido en este país,
encontraríamos que hemos sido fidelísimos cumplidores
de lo que ahí se establece.
Fox
sigue manteniendo la actitud neoliberal con la agravante de que
hay menos capacidad para manejarla, hay una total incapacidad
política para manejarla y una obcecación en las
medidas neoliberales, que le lleva a prescindir de las pocas actitudes
no neoliberales que manejaba el gobierno. Es el caso del comercio
internacional. Antes la Secofin abandonaba el fomento industrial
porque se dedicaba al fomento comercial; ahora ni tenemos fomento
industrial ni comercial. Pienso que el problema grave en estos
últimos años, es que se ha manejado la economía
en una forma totalmente ajena a las demandas sociales. No hemos
tenido conciencia de lo que está pasando con la población.
Entonces,
en el afán de quedar bien con todos, con los Estados Unidos,
con los inversionistas extranjeros y con quienes manejan los fondos
internacionales, con todo el mundo, se sirve a tantos amos al
mismo tiempo que hemos perdido totalmente el control del Estado.
¿Qué habría de hacerse? Yo propondría
volver a la economía Constitucional, la economía
de México según la Constitución, no dice
que sea una economía socialista, no dice que sea una economía
totalmente ajena a la vida del mercado. Dice, tienes que coordinar
los sectores que existen en este país, por más que
hayan tratado de acabárselos. Ahí está la
iniciativa privada, iniciativa social y todavía quedan
algunas empresas del Estado.
Hay
una responsabilidad de programar el desarrollo, que no se está
cumpliendo; es una vergüenza el Plan Nacional de Desarrollo
presentado, es una serie de buenos deseos con los cuales nadie
puede estar en desacuerdo. Pero no hay propuesta seria, ni proyecto
concreto: no hay programas estructurados. Creo que en las nuevas
condiciones mundo, en ese marco de globalidad, en esta situación
de recesión en la que se encuentra y no va a salir tan
fácilmente, se piensa con optimismo que en dos, tres meses
se repone la economía estadounidense y nosotros para arriba;
no hay tal. Esto va para más largo. Pero además
para nosotros el efecto es mayor, en la medida que somos una economía
débil nuestro proceso de recuperación es más
largo.
Debe
haber un esfuerzo verdaderamente significativo de inversión
en infraestructura. Desde que se hicieron las famosas carreteras
de cuota, que fracasaron financieramente, pero que están
funcionando desde el punto de vista de infraestructura física,
no hemos hecho inversión. El Estado no ha invertido, ni
siquiera ha mantenido la inversión que ya tenía.
Necesitamos no sólo mantener y actualizar lo que ya existe
de infraestructura, sino dar pasos muy importantes. Los déficit
en todos los órdenes de la infraestructura física
son cada día más notables. Son deficitarios en cuanto
a los promedios internacionales, en cuanto a lo que tenía
México, per cápita o por producto interno bruto
o por sector hace 25 años.
Luego
comprometer el presupuesto con metas físicas. De otra manera
tenemos una enorme liberalidad para el manejo presupuestal por
la Secretaría de Hacienda particularmente, además
de sus amplias facultades legislativas, que ejerce sin el menor
decoro o rubor. Fijar metas de largo plazo, invertir en infraestructura,
en educación. Hemos hablado de la meta en materia educativa,
pero no de metas en materia de nutrición, ni de cuántos
kilómetros de carretera se van a construir.
Necesitamos
impulsar la producción agrícola y ganadera, sobre
todo para volver a acercarnos a un nivel de, no diría yo
de soberanía alimentaria, que estamos todavía demasiado
lejos de ella, pero por lo menos una autosuficiencia elemental,
que permita atender las necesidades básicas de la población.
El Estado debe ser el que promueva estos programas y os aplique
y negocie con los factores de poder, son los empresarios, los
inversionistas extranjeros en este mundo globalizado, los grupos
de trabajadores y de campesinos.
examen:
Manuel Aguilera ¿quisieras participar en este momento?
Manuel
Aguilera Gómez (MAG):
No por mirar atrás vamos a quedarnos como estatuas de sal.
Más bien nos ayuda a dar perspectiva a los rumbos alternativos
hacia el futuro. Sinceramente creo que el tan llevado y traído
cambio que postuló el PAN y su candidato Vicente Fox, es
un cambio que se dio hace 20 años.
Los
cambios fundamentales en la conducción del Estado mexicano
comenzaron hace dos décadas y dieron como resultado lo
que acaba de señalar Carrillo Arronte. Son las cifras,
los resultados de las principales variables económicas
las que muestran que equivocamos el rumbo. Son incuestionables
las variables macroeconómicas negativas, medidas en términos
del producto interno bruto por habitante, de la participación
de los salarios en el producto nacional, el poder de compra de
los salarios, la variación del consumo privado por persona,
etcétera. Todo esto se reduce a un hecho: las últimas
dos décadas fueron escenario de un dramático descenso,
de un deterioro brutal en el nivel de vida de la población.
A lo largo de dos décadas aumentamos el número de
pobres que singularizan esta generación mexicana. Junto
a esto se produjo un cambio muy importante en la actitud del gobierno.
Hoy todo mundo habla, seguramente sin saber, del efecto nefasto
del presidencialismo y seguimos en el presidencialismo, y mientras
no se modifique la Constitución, el régimen político
mexicano seguirá siendo presidencialista.
Se
debilitó el poder económico del gobierno, que trajo
como consecuencia el debilitamiento del presidencialismo. Es muy
fácil comprobarlo. Hace 20 ó 25 años, si
algún sector social se acercaba al Presidente de la República
para resolver algún problema de dimensiones nacionales,
la acción del gobierno, cualquiera que fuera, se traducía
en un encauzamiento de ese conflicto. Veamos el caso de los cañeros,
que no es nuevo, pero es evidente que hay un cambio muy importante
entre cómo enfrentar el problema de los cañeros
y cómo no hacerles caso.
HRV:
Es que ahora es entre particulares.
MAG:
Es entre particulares, lo cual demuestra otra cosa, que aparentemente
el Estado mexicano no tiene capacidad de actuar. En estos años
hubo un proceso de aniquilamiento de varias instituciones muy
importantes. El Banco de México de hoy y el de hace 25
años tienen muy poco parecido. Hoy es un banco en gran
medida pasivo, cuyo instrumento más importante es el corto
y el largo, antes teníamos un Banco de México, excepcionalmente
activo, eficaz para la conducción de la política
económica, al extremo de que era una piedra angular en
todo programa económico.
Lo
mismo podemos decir de todas las instituciones de fomento que
se han venido desfigurando, aniquilando, debilitando sensiblemente,
al extremo casi de desaparecer. También tenemos un gobierno
debilitado por esta pasión insensata e irrefrenable de
la privatización, vendimos todo aquello que se podía
vender al precio que nos querían comprar. Y la enajenación
de los activos públicos sin tasa ni freno, significó
que pusiéramos en barata todos los activos públicos.
En este proceso es ampliamente conocido lo que ocurrió
con el sistema financiero: de la nacionalización a la privatización,
pasando por el proceso de la banca paralela, de la bursatilización,
lo que inevitablemente condujo a que hubo quienes acumularon grandes
fortunas al amparo de la bursatilización con los recursos
provenientes del sistema financiero.
Y
se produjo el terrible, el dramático descontrol del sistema
financiero que estamos viviendo hasta la fecha y nos convertimos,
quiérase o no, en los principales liberadores del comercio.
Creo que pocos países aplicaron tan literalmente todas
y cada una de las normas del GATT, más allá de los
recursos comerciales. Inclusive el GATT, el original, el modificado
y el ampliado, fue el libro de texto para negociar tratados comerciales.
Como me decía algún estudioso norteamericano, lo
que hicieron los mexicanos con el TLC fue obligar a los norteamericanos
a ceñirse a las normas del GATT. Con la libertad comercial
llegamos a la conclusión de que la mejor política
industrial y comercial era la que no existía. Adoptamos
la sobre evaluación, que es la disponibilidad casi ilimitada
de recursos prestables en el extranjero, en mi opinión
una decisión equivocada, para financiar un déficit
creciente en la balanza de transacciones en cuenta corriente de
la balanza de pagos. La consecuencia central es que seamos el
país que tiene, con libertad comercial, una de las tasas
más altas del mundo, con todas las implicaciones que tiene
esto en la formación interna de capital.
Y
junto con la liberalización comercial llegó otra
enfermedad, la extranjerización, identificada como el único
signo de la modernización posible. Así transitamos
del Estado reformador al Estado promotor, que abandonamos, y en
20 años nos volvimos el Estado regulador; hoy estamos en
una nueva y singular fase que se llama el Estado contemplativo,
deja pasar absolutamente todo y da signos de absoluta incapacidad
en el sentido estricto de la palabra. Mucha gente, a propósito
del Informe Presidencial, se pregunta con ironía y coraje,
inclusive con furia, y esta furia se resume en una frase: si ustedes
hubieran estado en el gobierno, ¿qué habrían
hecho? Y si uno es honesto debe reconocer que después de
este terrible proceso de desmantelamiento del sector público,
los márgenes de maniobra también se nos habrían
estrechado.
Entonces,
¿qué hacer?, ¿cuál es la propuesta
que debe tener el Partido hacia el futuro? En mi opinión,
insistir en que debemos recoger el espíritu original del
Estado mexicano, la tercera República surgida de la Constitución
del 17. La naturaleza que definió la Constitución
del Estado mexicano no es obra de Keynes, quien no había
escrito una letra cuando se escribió esto en Querétaro,
sino obra del sentimiento de los mexicanos y el pacto que los
mexicanos firmamos para garantizar la paz social a partir de 1917.
¿Hacia a dónde iríamos? Lo primero es restaurar
las instituciones fundamentales, reformarlas y crear otras nuevas.
Yo
les pregunto: ¿creen que podremos esperar que esta sea
una sociedad medianamente equilibrada en términos de distribución
de ingreso y de bienestar, mientras tengamos institucional y legalmente
segregados a quienes no son asalariados de un régimen de
seguridad social, cuando éstos representan casi el 60%
de la población? Nosotros, a través de este manejo
segmentado, estamos creando las raíces de la perpetuación
del atraso. Necesitamos restaurar y reincorporarles atribuciones
que correspondan con la actual realidad a órganos tan importantes
como el sistema de banca y crédito. Esto significa repensar
el papel del Banco de México. Si no lo hacemos, no veo
cómo podamos modificar todas las condiciones adversas del
esquema financiero. No veo sano que esté manipulado por
el sistema de especulación bursátil.
Las
otras tareas pueden resumirse en que el papel activo del Gobierno
debe traducirse en políticas de fomento. ¿Por qué
no hacemos política de fomento industrial, de comercio
exterior, de desarrollo rural? Mientras no tengamos esas guías,
difícilmente podemos establecer normas de negociación
en este proceso de inserción con el extranjero. Las condiciones
externas están determinando el rumbo y la intensidad de
la economía mexicana. En suma, si queremos llevar a los
mexicanos un mensaje del Partido respecto del destino colectivo,
debemos reconocer cuáles fueron las omisiones y errores
que cometimos en el pasado, nuestro propósito de corregirlo,
reformarlo, mejorar las condiciones de manejo institucional de
las políticas públicas y asegurarles, hasta donde
nos crean, que nunca seremos lo que antes fuimos.
examen:
José Luis Viveros
José
Luis Viveros (JLV):
Quiero retomar dos escenarios que me parecen muy importantes.
En el periodo de 1930 a 1982, que representó un crecimiento
económico de 6.1%, la política económica
puso en el centro de la lupa básicamente tres cuestiones
fundamentales: el impulso a la industrialización de la
economía, el empleo y la justicia social. A partir de la
década de los 80, con todas las transformaciones, liberalización
comercial, financiera y la desregulación en todos los sentidos,
¿qué tenemos ahora? Encontramos que la política
económica que predomina en el país pone en el centro
de la discusión, precisamente el combate a la inflación
como el más cruel de los impuestos para la sociedad. Se
privilegia el capital financiero internacional, la aplicación
de políticas contraccionistas desde el punto de vista fiscal
y monetario, lo que hace más vulnerable el entorno nacional
y atenta contra el presente y el futuro del país y de la
sociedad.
Ante
este escenario en el cual México pasa por una de la crisis
más dramáticas de su historia, es importante hacer
un planteamiento justo. Bajo las actuales condiciones de miseria,
desempleo, del gran rezago regional, de la disparidad, que lacera
a muchos mexicanos, debe replantearse la política económica,
rescatando tres factores: la equidad social, el empleo y el medio
ambiente, que en ocasiones se deja de lado y que juega un papel
fundamental en el crecimiento sostenible a largo plazo.
En
la equidad social se requiere avanzar en la distribución
del ingreso, a través de la creación y/o modernización
de instituciones eficientes y funcionales; con énfasis
en el sistema de seguridad social; una reforma educativa que genere
condiciones favorables al empleo y un Estado competitivo promotor
de las actividades del crecimiento económico.
Avanzar
en la autosuficiencia alimentaria, pues en los últimos
años la crisis ha hecho estragos en el sector agrícola.
Deben atenderse los rezagos que existen en el campo en materia
de infraestructura, inversión y créditos. Un estudio
del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM
señala que el crédito cayó de 1992 a la fecha
en más del 70%. La Reforma Fiscal es insoslayable, ¿cómo
hacerla?, ¿con qué criterios de justicia y equidad
para que se dé la promoción y la aplicación
de políticas regionales y estatales que favorezcan el avance
en materia de convergencia y de igualdad?
Importante es la regulación financiera. En fechas recientes
se ha señalado una estrategia aplicada por China durante
los últimos años, en materia de regulación
al actual capital financiero internacional que entra o que pretende
entrar.
Es
fundamental analizar y avanzar en materia de inversión
productiva a través del gasto público; pero que
esta inversión se asegure en su correcto funcionamiento
y no genere externalidades negativas como en el pasado.
El
apoyo e impulso a las micro, pequeñas y medianas empresas
es fundamental para el crecimiento económico.
Apoyar
a la agricultura como una estrategia fundamental, vinculada con
la política regional y el fortalecimiento del mercado interno
que impulse todo el proceso productivo que actualmente está
estancado.
En
ecología se necesita una regulación ambiental real,
profunda, así como la promoción de una cultura ecológica.
Avanzar
en los vínculos interregionales y en la coordinación
intergubernamental, que vea al municipio como un nivel de gobierno
para atender las necesidades urgentes de la sociedad. Esta coordinación
intergubernamental no solamente debe darse de manera horizontal,
también vertical.
Se
requiere un gasto público creciente, porque está
comprobado que para impulsar el crecimiento económico debe
emplearse un cierto grado de déficit racional, que impulse
el aparato productivo para generar condiciones de reembolso, obviamente
ajustado al diferencial de precios con nuestro principal socio
comercial para que no esté sobrevaluado y genere problemas
en la balanza comercial.
En política comercial es fundamental una intervención
selectiva del Estado, como la practican otros países, y
replantear en muchos aspectos el Tratado de Libre Comercio.
examen:
Damos la palabra a José Manuel Gil Padilla. La idea del
desplazamiento del poder político del Estado al capital,
que de alguna manera se ha manejado por todos, ¿cómo
se ha ido desplazando y cómo recuperar ese poder político
frente a la sociedad?
José
Manuel Gil Padilla (JMGP):
En las dos últimas décadas se acentuó la
aplicación de medidas políticas tendientes a favorecer
al mercado y a la libre competencia. Su efecto inmediato fue eliminar
los obstáculos a estas leyes de mercado y dar facilidad
al capital privado nacional y posteriormente extranjero. Se produjo
un gran esfuerzo de privatización que tuvo dos vicios adicionales
a los ya comentados. Uno, hay evidentes sospechas de corrupción
en este proceso. Dos, se incurrió en vicios como prestar
para que compraran bienes del Estado. Además de disminuir
la capacidad del Estado y de acentuar el poder del capital, ¿qué
produjo esta conducta?
Produjo
sobre todo una profundización en la ya existente desigualdad
en nuestro país.
Progresivamente
la distribución del ingreso se manifestó no sólo
en eso sino en que la educación se ha deteriorado; se han
incrementado los problemas de salud, no sólo se trata de
atender las enfermedades ancestrales vinculadas a la desnutrición.
Pero sobre todo se acentuó la pobreza, el signo más
oprobioso de la desigualdad y de las políticas económicas
aplicadas. Evidentemente llegaron a un equilibrio de las grandes
variables, como las macroeconómicas, pero creando paradojas
singulares, por ejemplo, un tipo de cambio estable y robustecido
que incrementa los niveles de importaciones y la propensión
a la importación. Una tasa de interés a la baja
con poco dinero disponible, pero sin demanda de crédito
por la incertidumbre de los inversionistas.
El
empleo está en niveles dramáticos, los no asalariados
no caben en la definición de desempleo y por lo tanto no
son motivo de políticas precisas. Nuestro desempleo abierto
anda por alrededor de 2.7 %, y sin embargo el millón de
personas que año con año se incorporan a la fuerza
de trabajo no tienen a dónde acudir y este año,
según las cifras que circulan, se han perdido 500 mil empleos,
más el rezago ancestral. Aquí juega un papel importante
la emigración, si no fuera por ella, tendríamos
demandantes de empleo en todas partes. El Estado ha reducido su
papel y quizá ahí esté la bandera del Partido
que buscamos como elemento básico para impulsar el desarrollo.
¿Pero cómo?
Creo
que inclusive en términos neoliberales habría que
decir: hay que ver que los pobres accedan al mercado dándoles
elementos para que sean demandantes en términos de ingreso,
de empleo, de educación, de vivienda, de todos los satisfactores
sociales. Considero que el empleo es uno de los pocos motores
que pueden servir. El Estado debe ser eficaz, ¿qué
quiere decir esto? Eficaz es que cumpla su tarea, casi se soportaría
ser ineficiente, pero no ineficaz. Esto es, gobernar para todos
y en especial para los que menos tienen. Debe participar en todas
las etapas del proceso productivo: en algunas actividades como
productor, en el caso de los energéticos, en otras como
distribuidor, comprador, regulador del mercado, como lo hacían
Conasupo, Inmecafé, o como consumidor a través del
gasto público. Aquí quisiera señalar que
casi es un crimen tener ahorros, subejercicio o superávitos,
esto significa necesidades no satisfechas.
El
Estado debe retomar su papel en la revisión de los tratados
internacionales, no sólo no podemos seguir importando maíz
y fructosa al amparo del TLC, pero tampoco arroz chino, ni café
vietnamita, ni carne neozelandesa, etc. Como Partido, debemos
ser progresistas. En este momento, vía el Legislativo,
pueden proponerse medidas de este tipo. Pero esto no podemos dejarlo
en un concepto. Lo primero es abanderar las causas sociales y
económicas; tenemos los problemas del campo que estaban
en la propia ciudad y según sé, no fue el Partido
que los abanderó, los dejamos, sólo los observamos.
Ahí tenemos el problema de los cañeros, el del maíz,
el del café, del trigo, la piña...
Por
último, la globalización ¿qué implica?
Para mí, lo que sucede entre los países es lo que
sucede entre los grupos sociales, los beneficiarios son los más
poderosos, los que se han apoderado de la globalización,
nadie más. ¿Por qué? Porque el factor que
se globaliza es el capital acompañado de la tecnología,
que no es precisamente un factor, pero sí un elemento que
puede transmitirse, sin embargo, en mano de obra es terriblemente
restrictivo. Además, la recesión en la que estamos
tiene características diferentes, creo que en los países
desarrollados sí puede calificarse como un tema cíclico,
no en países como el nuestro.
Es
un ciclo que nos sumerge en problemas estructurales, que nos deja
desnutridos y enfermos, no vamos a recobrar la salud ni los niveles
que teníamos. Por ejemplo, en el tema de salarios, 1976
fue el punto culminante de salarios altos; los actuales son equivalentes
a los de 1954, no es posible estar de esa manera.
¿Qué
papel juega la democracia en esto? El objetivo de toda sociedad,
de todo gobierno, del Estado mismo, es elevar el nivel y calidad
de vida de sus habitantes, pero no veo cómo la nuestra
participa. Hay ensayos, inclusive del Banco Mundial y del BID,
donde cuestionan qué significa la democracia. Para mí,
la democracia se ha convertido en el libre mercado de la política,
que sólo provoca que los poderosos tengan elementos cada
vez mayores para el desplazamiento del gobierno del poder y que
suba al poder del capital.
examen:
Julio pidió la palabra.
JZB:
Quiero recordar a quien decía que los economistas somos
como médicos legistas, hoy lo comprobamos. Hemos hecho
una maravillosa autopsia, coincidente, abundante, sólidamente
estructurada de lo que no debe hacerse.
Pero
estamos en un coloquio Rumbo a la XVIII Asamblea y yo invitaría
a que nos enfocáramos en esa reunión. Quisiera decir
que hay que entrar conscientes a la XVIII Asamblea y renovar al
Partido como señala nuestro recién estrenado logo.
Hay que estar conscientes de que el desplazamiento del poder político
a los capitales y a los poderes económicos en todo el mundo,
está fracasando políticamente. Lo afirmo porque
no es eficiente económicamente. Existía la idea
de que con la nueva economía y con el neoliberalismo se
iban a evitar los ciclos, pero vemos que no, se han presentado
en una forma mucho más rápida, porque el proceso
del punto alto a la baja, ha sido mucho más rápido,
sin la suavidad de antes. En el caso de países como el
nuestro se presenta en cuestión de horas, porque con el
teclazo de la computadora se van los capitales y entonces la economía
no baja, se desploma.
Creo
que eso hay que tenerlo en mente al plantear el programa económico
del Partido. En la XVIII Asamblea no incurramos en los errores
de otras asambleas, en que hacíamos programas enormemente
complejos, detallados, puntuales, en los que cubríamos
todos los aspectos de la política, de la que se estaba
aplicando para defenderla y de la que se pensaba aplicar para
quedar bien con los distintos posibles candidatos en la siguiente
elección. Nuestros programas, sobre todo en las últimas
tres o cuatro ediciones, van creciendo a un paso brutal. En los
años 30 y 40, el Plan Sexenal y hasta el plan de Miguel
Alemán, eran programas chicos, ahora son verdaderos tomos.
No caigamos en eso, porque la verdad es que a nadie le interesan,
a la complejidad se adiciona el volumen.
Yo
propondría que uno de los resultados del coloquio, fuera
una invitación a que tengamos un programa muy concreto
de principios, directo, sencillo, de medio y largo plazos con
metas factibles y que reafirme y proyecte los elementos positivos
del pasado; específicamente un Estado eficiente, actuante,
con compromiso social, con un nacionalismo, para continuar insertándonos
en la globalidad, que va a seguir, pero seguirá perjudicándonos
si no tenemos ese nacionalismo con el cual defendernos.
Otra
de las lecciones es el fundamentalismo, la aplicación a
ultranza de las medidas que en los últimos años
nos ha llevado a fracasar. Una de las grandes lecciones de nuestra
autopsia es que había flexibilidad, cambiábamos
el manejo de la política monetaria, de la política
hacia los bancos, los famosos cajones de los encajes y todas estas
cosas. Teníamos una política flexible en materia
de desarrollo regional, éramos consecuentes en la política
de fomento industrial.
examen:
Ricardo Carrillo Arronte.
RCA:
En 1968 se inicia la primera gran crisis sexenal que ya mostraba
deficiencias en todo este sistema; en 1976, se inicia la caída
del salario real.
Retomo
una observación porque tiene mucho que ver con el Partido
y con lo que podemos hacer. Se dijo que Manuel decía que
si estuviéramos en el gobierno tampoco podríamos
hacer gran cosa porque hay poco margen que lo permita. Ese argumento
sumado al de que no pueden revertirse en seis meses 71 años
de equivocaciones, quedó muy claro. Cuando el Secretario
de Agricultura se lava las manos y dice que el de los cañeros
es un problema entre particulares, es porque el señor no
sabe la función del gobierno ni las responsabilidades de
un funcionario público.
Recuerdo
que ya desde los 70, el Presidente de esa época dijo una
frase célebre: que el rescate de los ingenios estaba invertido
en edificios de lujo en Reforma, porque ya en ese entonces había
una crisis igual, donde los dueños de los ingenios se habían
quedado con el dinero y no pagaban a los cañeros. Los ingenios
estaban tronados, obsoletos, sin inversión, etc., el Estado
los tomó, los reacondicionó, los mejoró,
modernizó y los reprivatizó y otra vez volvieron
hacer lo mismo. Ahí hay una función de Estado, pero
no solamente eso, también hay un problema de aplicación
del Tratado de Libre Comercio, porque ¿cómo es posible
que se tenga que competir contra unas mieles de maíz importadas
de Estados Unidos, donde el maíz tiene, en estos momentos
más del 50% de subsidio?
Estamos
pasando por una curva de aprendizaje. Se ha hablado de globalización,
de la participación del Estado, de economía constitucionalista.
Creo que es importante analizar las fechas y los tiempos, desde
un punto de vista de economía política. Considero
que el modelo constitucional de México, que es el modelo
revolucionario, por supuesto, se aplicó desde 1925 con
el surgimiento y la creación del Banco de México
hasta 1970. Después tuvimos, y debemos aceptarlo, dos sexenios
de indefiniciones, donde participaron muchos economistas de izquierda,
inclusive priístas, y no supieron qué hacer. Debemos
reconocer que un grupo de esos economistas de izquierda renunció
a una posición clave que dio la entrada a los neoliberales.
Debemos hacer una evaluación de nuestros propios errores
y deficiencias.
Después
vino un sexenio, de 1982 a 1988, que para mí fue un intento
serio de volver al modelo constitucional, con los artículos
25 y 26 de la Constitución, de la participación
económica del Estado y la planeación democrática.
En 1988 es cuando realmente inicia el neoliberalismo. Considero
que el Partido debe abordar en la próxima Asamblea, directamente
y sin sutilezas, el problema de la globalización. En realidad,
si analizamos los modelos mexicanos que mencioné, el problema
surge cuando tenemos que globalizarnos, porque de 1925 a 1970
vivimos una economía cerrada. Cuando se agota el proceso
de sustitución de importaciones, no supimos cómo
globalizar al país. En uno de esos dos sexenios desperdiciamos
los recursos más grandes que ha tenido cualquier gobierno
mexicano en la historia, que fueron 100 mil millones de dólares
del petróleo, de 1976 a 1982, más 60 mil millones
de dólares de aumento en la deuda pública externa,
cosa que nunca más volveremos a ver. Aún así,
no se supo salir adelante. Y llegan los neoliberales con sus recetas
extranjeras a ser operadores de un modelo unisex, unitalla, diseñado
en el extranjero por nuestros competidores.
¿Qué
podemos hacer? Para empezar, reincorporar y redefinir un tema
que los neoliberales han estigmatizado con toda razón,
porque para ellos es el diablo, el nacionalismo. Debemos reincorporar,
refortalecer, revitalizar nuestro nacionalismo económico
y nuestro nacionalismo revolucionario.
El
Partido debe definir concretamente los elementos de participación
del Estado en la economía, para retomar la orientación,
el impulso y las compensaciones de la economía mexicana.
Solamente daré dos datos de referencia de las mismas patrias
reales de los neoliberales y de los que inexplicablemente se apoderaron
de la cabina de mando de los gobiernos priístas desde 1988
a la fecha. En Europa, la proporción del PIB que gasta
el Estado, que finalmente es el medidor, gasta lo mismo en estampillas
verdes que en investigaciones o en aviones. Hace 10 años
era 45% del PIB. Ahora, en la Unión Europea es de 50%.
O sea, lejos de que el desarrollo y el incremento en ingreso y
el bienestar signifique un Estado menor, ahora significa un Estado
mayor. Es más, creo que la única defensa que tenemos
contra la globalización es un Estado fuerte. Ese es un
punto de referencia.
El
otro, y que podemos implementarlo de inmediato, es la banca de
desarrollo. Aunque no se puede pedir que los bancos de desarrollo
funcionen si no se les promueve, y en cambio se les encierra en
el tapanco, y que simplemente ayudan y fortalecen la banca comercial,
a través de garantías o a través de lo que
sea.
Ahora
que vino Tony Blair trajo como gran novedad la tercera vía;
para nosotros no es ninguna novedad. Ya desde la Constitución
del 17 está la tercera vía mexicana, probamos que
funcionó. ¿Cómo es posible que en el desarrollo
estabilizador se haya tenido una inflación menor que la
de Estados Unidos, que es como la que tenemos? Nada más
que ahora la tenemos sin empleo, sin inversión, sin bienestar,
sin alimentación, sin exportación. En ese entonces
la teníamos con empleo, con inversión, con crecimiento,
con alimentación. Entonces, ¿de dónde retomar
el modelo de economía mixta? ¡Claro! del nacionalismo
revolucionario y el nacionalismo económico, la intervención
del Estado y todos los demás elementos que conocemos muy
bien.
examen:
Ha pedido la palabra Humberto Roque, después Francisco
Suárez, Manuel Aguilera y José Manuel Gil.
HRV:
Voy a tratar de señalar lo que serían las conclusiones
de esta conversación. Recojo la expresión de que
hemos sido más papistas que el Papa y la preocupación
sobre los márgenes de maniobra. En el caso de los Estados
Unidos, el Banco de la Reserva Federal está obligado a
controlar la inflación para proteger el empleo. En cambio
aquí, la Constitución señala exclusivamente
que la función del Banco de México es controlar
la inflación. Fuimos más papistas que el Papa.
La
Organización Mundial de Comercio acepta una cantidad impresionante
de subsidios en el sector agropecuario, en México los hemos
cancelado. El tipo de cambio que maneja Canadá lo hace
según convenga a las circunstancias de su economía
nacional, porque está junto al país poderoso de
la tierra en materia económica y militar. En otras palabras,
sí había márgenes de maniobra, pero los hemos
sustituido a base de dogmas y por falta de sentido histórico
y nacionalista. Entonces ¿cuáles serían mis
propuestas? Concretamente son tres las metas que en materia económica
puede proponer el PRI para cuando se recupere el poder; en tanto,
se harían a través de los poderes legislativos y
de los gobernadores: fortalecimiento del mercado interno; reestablecimiento
de las cadenas productivas y consolidación de nuestro mercado
externo.
MAG:
El problema está en que el banco central considera que
su responsabilidad no es fomentar el comercio exterior ni la competitividad
de las exportaciones. Dice que su misión sería bajar
la inflación, y si para eso es necesario sobrevaluar el
tipo de cambio, lo hacen.
HRV:
Coincido, justamente esa política de combate a la inflación
utilizando el ancla, el tipo de cambio, es la que estorba la promoción
de nuestros productos en el exterior. Por eso reitero y sintetizo,
es el fomento al mercado interno el que tiene una vinculación
estrecha con el desarrollo rural y los salarios. La reconstitución
de las cadenas productivas va directa a lo señalado, sobre
los fondos de fomento y la política industrial, y desde
luego, el fomento y la consolidación de nuestro mercado
externo a través de un manejo inteligente del tipo de cambio.
Alguien
podría decir: «esto es una carta a los reyes magos»,
porque sin Reforma Fiscal no se puede tener fondos de fomento,
no podemos amortiguar las diferencias en el tipo de cambio, etc.
Creo que hay dos cosas que el PRI debe proponer rumbo a la XVIII
Asamblea. No estamos en contra de una Reforma Fiscal, sino en
contra de que se grave a los que no tienen. Estamos de acuerdo
en una Reforma Fiscal, pero exigimos a este gobierno que envíe,
si es que quiere ser todavía propiciador de una Reforma
Fiscal, algo diferente, porque la propuesta no tiene sentido social,
ni mucho menos atiende nuestra injusta distribución del
ingreso.
Queda
también la posibilidad de la reestructuración presupuestal,
que sigue siendo una caja negra, que se decide en las altas esferas
de la burocracia dorada, donde se nos dice: no hay de otra, así
tiene que ser. Y no se ha hecho algún ejercicio imaginativo
para saber cuáles son las partidas y cómo se aplican,
sobre todo las de fomento al campo y a la industria. México
necesita un Estado fuerte, con sentido social y vocación
democrática, para mí, esa es la meta del PRI.
FSD:
Voy a hacer una propuesta en dos partes. Una, que el PRI dijera,
miren, en este momento tenemos que enfocar esta serie de problemas
concretos y enumerarlos: pobreza, desempleo, desigualdad. Habría
que subrayar el fenómeno gravísimo que tienen todos
los empresarios, la extranjerización en la economía.
El problema del campo se ha agravado, junto con un deterioro gravísimo
de la infraestructura, desde luego no hemos hecho nada. Hay una
frase del Banco Mundial que dice casi textualmente: «la
infraestructura estuvo ausente de Los Pinos en el sexenio anterior».
Totalmente cierto.
Otra,
fortalecer al Estado: proponer una alianza con los empresarios
nacionalistas, pequeños, medianos y grandes, preocupados
en el sentido de que negociar no significa que nos arrasen. Quizás
como objetivo del Estado, aparte de los objetivos internos que
son equilibrio, equidad y justicia social, hay que considerar
que un Estado debe orientar al país para alcanzar a las
naciones industriales en una cierta meta, esto implica no sucumbir,
porque en el fondo estamos hablando de un problema de supervivencia.
Retomando
la idea de la política selectiva de crédito y fomento,
que no se repite pero sí se adapta, creo que hay una enorme
veta, casi la única veta de recursos, me refiero a los
que se están captando en las Afores. Agregaría la
parte de educación, un concepto importante, moderno.
Para
no depender del entorno internacional, debemos fortalecer las
instituciones, como dijo Manuel, fortalecer la situación
económica del país para no ser vulnerables al entorno
internacional, si nos debilitamos nos crucifican como a Argentina
o Brasil. La posición que el Partido debe asumir tiene
que ver con su propia perspectiva política.
Debe
existir un compromiso para la restauración constitucional
del Gobierno, es decir, instaurar un Gobierno promotor del desarrollo,
obligado a cumplir con sus responsabilidades públicas previstas
en la Constitución. ¿Cuáles serían
los contenidos genéricos de un planteamiento de esta naturaleza?
El primero sería efectivamente erigirse en defensor de
la soberanía nacional, que es algo que pasa a menudo inadvertido
y para algunos sectores es hasta «demodé».
MAG:
Otro punto sería hacer un nuevo pacto fiscal. El problema
no es solamente quiénes y cómo gastan los ejecutantes
el gasto, reside en que tenemos un sistema de mala recaudación.
Con motivo de las iniciativas presentadas por el Presidente Fox
a la Cámara de Diputados y al Senado, hice un rápido
estudio comparativo del marco fiscal de los países de la
OCDE frente a lo que tenemos en México, a partir de esta
pregunta: ¿Por qué tenemos tal diferencia en nuestra
capacidad recaudatoria? ¿Obedece hice la pregunta
a que somos omisos en nuestro marco tributario? Para sorpresa
mía tenemos básicamente, con independencia de las
diferencias, sobre todo en el derecho mercantil, los mismos impuestos.
Es más, tenemos más impuestos que varios de los
países de la OCDE. La segunda pregunta, ¿es que
nuestra tasa base, sujeto, objeto de los tributos, está
tan mal diseñada? No, sigue casi escrupulosamente, las
modalidades de cada país, las mismas prácticas,
las mismas normas y definiciones que tienen los países
de la OCDE. Entonces se concluye que es esencialmente un problema
de instrumentación administrativa.
Al
investigar cómo está integrado el coeficiente fiscal
llegué a conclusiones interesantes. Una: a través
de los sistemas de coordinación fiscal hemos supeditado
los entes de Gobierno a la voluntad del Gobierno Federal. Al indagar
cuáles eran los impuestos que cobraban los estados, encontré
que el reclamo de los gobernadores, que los conduce indefectiblemente
a la pasividad, es que se les han dejado tres o cuatro tributos
menores como fuentes propias de ingreso: las placas, la tenencia,
pero cosas muy pequeñas. Es impresionante la ineficiencia
e ineficacia en el cobro de los tributos municipales. Debo decirles
que en el Distrito Federal, los dos principales renglones de ingresos
propios, son el impuesto predial y los derechos de cobro por el
servicio de agua potable.
En
1999 el monto de la recaudación de los ayuntamientos por
el servicio de agua potable sumaba 500 y tantos millones de pesos,
es apenas equiparable a la facturación de dos compañías
que embotellan esta agua. Y en el caso del impuesto predial es
dramático. La gente hace como que paga y los municipios
hacen como que cobran y entonces la recaudación, a medida
que se trasladó a los ayuntamientos, se ha desplomado.
Todo esto me llevó a la conclusión de que es indispensable,
no solamente un nuevo régimen de concurrencia fiscal, sino
un nuevo pacto fiscal que involucre a los tres ámbitos
de Gobierno. ¿Qué otra cosa debemos plantear como
defensa del proyecto de país que quisiéramos encabezar
desde el Gobierno? Crear nuevas instituciones para el bienestar.
Ya mencioné una, es el caso del Seguro Social para los
autoempleados; otra sería la restauración y fortalecimiento
de las funciones del Banco Central y de la banca de desarrollo,
sobre bases de eficacia, porque también debemos reconocer
que a menudo la banca de desarrollo se redujo a un intermediario
oneroso de créditos internacionales. Otro punto más
sería la reformulación del sistema financiero. No
podemos seguir teniendo un sistema financiero que en su perspectiva,
en sus objetivos, en su manejo y en su operación se encuentre,
por decisión de sus dueños y por complacencia de
las autoridades hacendarias, supeditado al mundo bursátil.
También
es importante instaurar políticas de fomento industrial,
de desarrollo rural, de fomento comercial, etcétera. Asimismo,
la reforma educativa. Coincido plenamente con lo dicho de que
es indispensable pensar en una nueva organización del sistema
oficial de educación si queremos seguir teniendo el control
del país. Y desde el punto de vista tecnológico,
no podemos condenar a la sociedad a una gran partición
que ya se advierte, aquellos que manejan con bastante fluidez
los instrumentos tecnológicos, como la computación,
y a quienes les resulta totalmente ajeno este sistema. En mi opinión,
lo que está en juego es el destino de la República,
el rumbo del país, la conformación de la nueva sociedad
y la viabilidad de México como Nación.
examen:
José Manuel, cinco minutos más.
JMGP:
Quisiera enfatizar en algunas cuestiones ya dichas. En primer
lugar, darle al Estado su papel como elemento estratégico
para reorientar la economía de nuestro país. Hacer
de la política económica un cúmulo de instrumentos
para que se cumplan los fines sociales. No podemos dedicar la
política económica sólo a mantener en equilibrio
los agregados nacionales, si no tiene como objetivo el bienestar
de la sociedad.
Pueden
desprenderse comentarios de lo aquí dicho, por ejemplo
la reforma educativa, que como en el caso de los migrantes, en
que el Estado se deshace de su responsabilidad, así pasa
con la educación, que se deteriora casi a propósito
o al menos por omisión o descuido, y en cambio ahí
está el auge de la educación privada a todos sus
niveles y con sellos ideológicos, con sellos raciales,
étnicos y religiosos. Pasa lo mismo con la salud, la seguridad
social está estancada, no abarca mucho más del 50%
de la población total; vemos grandes masas totalmente inermes
ante la salud privada, y con las tendencias de que este tipo de
esquemas se privaticen.
Cada
sector económico tiene sus peculiaridades, por supuesto,
y están íntimamente relacionados, pero debemos ver
qué hacemos con el campo, con la industria, con el comercio,
con los servicios, con los sistemas bancarios, etcétera.
Debemos tener planes sectoriales que en conjunto sean el Plan
Nacional de Desarrollo, o como le denominemos, pero no a partir
de las generalidades y de los buenos deseos. Un aspecto fundamental
es revisar nuestras relaciones con el exterior, con los organismos
internacionales, vincular el esquema de política industrial;
no seguir como en un país maquilador.
Ya
se ha mencionado una cuestión que definitivamente es fundamental,
el aspecto tecnológico. Sin tecnología de punta
no vamos a salir, y debemos importarla, pero además debemos
ver qué hacemos con nuestros factores excedentes de producción,
especialmente con mano de obra. Si nos vamos por la robotización,
pues seguramente supliremos las grandes masas de desempleados
que no pueden incluirse en este sector. La globalización,
que ya se ha mencionado, debe verse bajo estos dos conceptos:
profundo nacionalismo y soberanía, conceptos que se pueden
diferenciar entre sí, pero que pueden ser el común
denominador con el que enfrentemos la globalización.
examen:
Muchas gracias. José Luis Viveros, ¿quisieras hacer
algún comentario?
JLV:
Sólo para decir que estoy a favor de que en la próxima
Asamblea el Partido, sin titubeos, tome la bandera de las reivindicaciones
sociales, la justicia social, y la soberanía nacional,
en aras de una mayor justicia en el presente y en el futuro.
examen:
Señores, el PRI debe estar orgulloso de ustedes, de este
grupo de militantes experimentados y generosos, estamos seguros
que sus ideas y conceptos enriquecerán el debate de la
Asamblea.
Coloquio
de examen con Economistas del Partido Revolucionario Institucional,
realizado el 30 de agosto de 2001 (Ricardo Carrillo Arronte, Francisco
Suárez Dávila, Humberto Roque Villanueva, Manuel
Aguilera Gómez, José Manuel Gil Padilla, Julio Zamora
Bátíz, José Luis Viveros).
