SEMBRANDO VIENTOS
VÍCTOR MANUEL BARCELÓ R.*

Insultante, terrible, exacto, criminal fue el ataque terrorista al corazón del imperio. Sus finanzas fueron tocadas, pero no destruidas en el World Trade Center y sus tres edificios desmoronados; su potencia militar, el orgulloso Pentágono, herida, pero intacta en su poder destructivo.

¿Qué falló? ¿Porqué la señal suicida? Como estas hay muchas interrogantes a responder, que pueden tener, siempre dos interpretaciones, según el lado del cristal con que se mire. Lo cierto es que se escenificó el atentado más grande e imponente que haya ocurrido contra la potencia mayor del planeta y eso puede llevar a consecuencias graves, acordes con el grado de sensatez que se aplique a su solución y en ello va la actitud de los gobiernos que pueden influir en las decisiones políticas y contener las militares, del ejército más poderoso del mundo.

Bastante ha sufrido la humanidad con las dos guerras mundiales del siglo que feneció y con muchas guerras localizadas –todas dejaron secuelas físicas y morales suficientes para provocar la formación de un grupo tan especializado y decidido como el que actuó en Nueva York y Washington- bastante dolor y muerte para que un acto así inaugure un nuevo baño de sangre, que podría ser aún más destructivo, afectando incluso las perspectivas de vida sobre el planeta.

¿Quién fue? Dudo que algún grupo se adjudique seriamente el evento. Seguramente sus organizadores están “asustados” de la efectividad, pero sobre todo, de las posibles represalias que pueden ser aún más recias en pérdidas de vida y afectación de la economía, que lo ocurrido el martes negro. ¿Quién fue? Hay diversos grupos que pueden haber participado, sobre todo escisiones de aquellos que luchan por sus reivindicaciones y que tienen en sus filas a “fundamentalistas” dispuestos a todo, por sus medios o a través de mercenarios muy bien pagados, a los que se les puede comprar el derecho a morir. Pilotear aviones de tecnología de punta, no lo hace cualquiera y estrellarlos con la precisión y sangre fría que se apreciaron en las televisoras del mundo, es escalofriante.

Podría decirse que la inseguridad es total en el mundo, que los servicios de “inteligencia” perdieron el radar y muchas cosas más que sólo aumentaría el pánico y podrían meter al mundo en un tobogán de reacciones y contrarreacciones de alta peligrosidad psicomotora. Pero el asunto no es por ahí, porque no existe ni existirá en el globo terráqueo un grupo capaz de detectar la organización de un evento así, en que seguramente jugaron dos factores invencibles: cultura religiosa fundamentalista y dinero, mucho dinero. Pero esto debemos dejarlo para que lo resuelvan los grupos de inteligencia.

Lo que nos interesa a nosotros, a los pueblos y a los gobiernos del mundo, es que este bestial acto tenga consecuencias positivas para la humanidad –las grandes crisis pueden llevar a la muerte, pero también a mejores condiciones de vida-. Requerimos que los afectados hagan un acto de conciencia y no busquen el “ojo por ojo” que pareciera les están aplicando –al entender de los pueblos que incluso festejaron en las calles el atentado. Que no infunda en su pueblo el temor al temor mismo, al pánico –el Presidente Bush fue cuidadoso en su discurso vespertino del día 11 de septiembre, aunque lo equilibró para los halcones, cuando lanzó una amenaza a quienes encubran a los autores intelectuales-.

Obrar a tontas y locas no es digno de un pueblo poderoso, por más guerrero que sea. La cooperación internacional para localizar a los responsables debe ponerse en marcha a toda velocidad. Difícilmente un gobierno se va a negar a prestar auxilio en esta tarea. Llegar a la verdad requeriría de una acción muy precisa de inteligencia, en que participen: los países más fuertes de la Unión Europea, como Francia y Alemania, pero también los vulnerados por actos de este tipo, como España e Italia, sin Japón y su fuerza de información en el mundo y China tampoco puede hacer nada en el Oriente Medio, abandonado desde hace meses en la política exterior estadounidense-. Cuba y su red de información en Latinoamérica puede también auxiliar. Junto con las modestas redes de los demás países.

Hay que esforzarse. Todos los gobiernos y pueblos, para que el problema no se salga del cauce de la investigación, la negociación y revisión interna de políticas que están llevando al mundo a estas actitudes sangrientamente desesperadas. Nunca llegar a un estado de guerra -por más que sirva a la economía interna-, el programa de “Guerra de las Galaxias” puede acentuarse sin que se combine con los lamentables sucesos del martes negro, que dejó una secuela probable de más de diez mil sacrificios humanos.

La recuperación militar ya está hecha, la económica sería muy rápida, incluso en la reconstrucción de los tres enormes edificios colapsados... Lo que golpearon fueron símbolos pero no afectaron la capacidad circulatoria del poder. No permitiremos, todos los pueblos del mundo, que quede impune tanta barbarie, pero también evitaremos que se sigan sembrando vientos...

*Licenciado en Economía, Diplomático y Servidor Público.