UN
ENEMIGO ESPECTRAL
JOSÉ R. CASTELAZO*
La
palabra Paz pierde 1 a 9 frente al término
Guerra. Así lo demuestra un análisis
de contenido efectuado del miércoles 12 al viernes 14 de
septiembre en medios de comunicación de todo el mundo,
sobre los comentarios del espectacular ataque terrorista (y digo
espectacular porque se montó un espectáculo), La
agresión sufrida por los Estados Unidos puso fin al american
dream, evidenció el resquebrajamiento de la seguridad
del país más poderoso del planeta: el colapso de
las torres gemelas y el hoyo al Pentágono, significaron
la caída del mito de la invulnerabilidad del gigante.
Quizá
la humillación a los servicios de inteligencia, al ejército,
al poder económico y político provocó a Bush
decir que hay una ira contenida en el pueblo estadounidense.
Esa aislada sociedad está dolida por la masacre que cobró
miles de víctimas inocentes, está confundida y temerosa;
ya no hay superpoder que los proteja, Rambo fue aplastado el martes
11.
El
teatro del absurdo se va configurando. Resulta que un individuo
es capaz de poner en jaque no sólo a los Estados Unidos
sino a las naciones del mundo libre. El jueves 13
el Congreso norteamericano no hallaba la forma de redactar un
decreto que le permitiera al Presidente emprender una guerra contra
un enemigo espectral, puesto que no hay un Estado o grupo de estados
a quienes enfrentar; resuelta mediante una argucia jurídica
que sin llegar a ser una formal declaración de guerra,
otorga a Bush amplios poderes.
El
terror se globalizó. Se especula que hubo concertación
de grupos terroristas que en común identifican a Estados
Unidos como enemigo, que actúan en varios lugares y que
combinaron esfuerzos y recursos en complicidad con fuerzas interiores
para lograr su siniestro cometido.
El
terror se globalizó. Los ingenieros de esta declaración
de guerra aprovecharon la fuerza de la televisión,
aliada involuntaria, toda vez que el terrorismo justamente se
propone crear terror y eso fue lo que produjeron las imágenes
repetidas ad nauseam en los televisores de todo el
mundo.
El
terror se globalizó. Bush clama venganza contra los terroristas
en lo particular y amenaza con atacar a los países que
les den albergue (por ahora léase Afganistán, refugio
de Osama Bin Laden). La OTAN desempolva el Artículo 5º
del Tratado del Atlántico Norte del 4 de abril de 1949,
para sustentar el contraataque, vestirlo de legitimidad y dar
pie a los aliados de la Casa Blanca a combatir sin tregua al terrorismo.
Se
tratará de una guerra no convencional; según los
expertos, ahora más que nunca, la información es
poder. Miles de millones de dólares se canalizarán
a los sistemas de inteligencia para superar sus evidentes fallas,
al desarrollo de dispositivos de seguridad en los medios de transporte,
edificios públicos, centros de reunión, espectáculos,
estadios, etc. En todas las fronteras se levantarán restricciones
físicas e impondrán requisitos de ingreso sin precedente.
Sin duda, los residentes, visitantes y migrantes en los Estados
Unidos, habrán de sujetarse a severas medidas que acotarán
las libertades civiles por las que ha luchado esa nación
desde su independencia.
Adicionalmente
se destinarán recursos ilimitados a la coordinación
internacional para identificar y desmantelar redes de terrorismo.
Más vale que nos vayamos acostumbrando a vivir bajo Estados
Policíacos que creíamos parte de la ficción
hollywoodesca.
Más
que pensar en apoyar sin regateos a Bush, deberíamos
tener una iniciativa en sentido contrario a la guerra, es decir,
favorecedora de la cooperación humanitaria, de la inversión
en la paz que consiste en abatir la pobreza y cerrar las brechas
de la desigualdad, caldo de cultivo de la desesperación
que conduce a la violencia y al terrorismo, tanto al que se genera
desde la sociedad cobrando víctimas inocentes, cuanto al
que se produce desde el Estado que arrasa por igual a objetivos
militares y civiles. No es armando al mundo como se va a resolver
el terrorismo, violencia genera violencia.
*Director de examen
