MIGRACIÓN, TERRORISMO Y GLOBALIZACIÓN
MARÍA CRISTINA ROSAS*

Con motivo de su visita a Estados Unidos, el Presidente mexicano Vicente Fox propuso a su contraparte George W. Bush la negociación de un acuerdo en materia de migración entre ambas naciones. Ciertamente existen numerosos incentivos para que un arreglo de ese tipo se lleve a cabo, desde los referentes al respeto de los derechos humanos de nuestros connacionales en el vecino país del norte, hasta las implicaciones sociales, estratégicas, políticas y naturalmente económicas que una decisión de ese tipo podría generar. Convertir la migración indocumentada en documentada también crearía un clima de confianza necesario entre las dos naciones, dado que denotaría el reconocimiento a que la asimetría que caracteriza a la relación entre México y Estados Unidos estaría en posibilidad de ser reducida. Bien.

Pese a lo anterior, la tendencia en todos los países industrializados a los que llegan cada día miles de personas indocumentadas, apunta al endurecimiento de las políticas migratorias. Recuérdese que en la llamada «nueva agenda» se ha llegado a considerar a la migración como una amenaza a la seguridad internacional. Sin ir más lejos: hace unos cuantos días, Australia se vio inmersa en uno de los capítulos más bochornosos cuando le negó la entrada al territorio insular a medio millar de personas que solicitaban asilo. Las legislaciones en materia de inmigración en la gigantesca isla han sido endurecidas al punto de que Australia es el único país industrializado en el que los solicitantes de asilo son llevados a la cárcel en tanto su situación migratoria no sea aclarada.

Lo anterior revela que el mundo, a final de cuentas, no se encuentra tan globalizado, dado que con todo y la tendencia a que fluyan libremente bienes, servicios y capitales, las fronteras no se desdibujan respecto a las personas, cuyo libre tránsito ni siquiera en la Unión Europea está garantizado en un 100 por ciento.

A lo anterior habrá que añadir que tras los lamentables sucesos que se registraron en Estados Unidos el pasado 11 de septiembre, la migración indocumentada (e inclusive la documentada) podría ser elevada al rango de «amenaza central» a la seguridad nacional de los países ricos, sobre la base de que esa porosidad de las fronteras característica de la globalización da pie a que el terrorismo y quienes lo perpetran se globalicen igualmente.

Ante ello, la posibilidad de que el tan anhelado acuerdo migratorio entre México y Estados Unidos se concrete, es muy baja en el momento actual. La vecindad contigua convierte a México en una entidad esencial en la defensa de la seguridad nacional estadunidense. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ha aumentado la apertura de la frontera entre México y Estados Unidos, y con ello el flujo de muchas cosas (y personas).

De desatarse (como ya parece ser el caso) una ola antiinmigrante y xenofóbica en Estados Unidos tras los atentados terroristas del 11 de septiembre, México podría convertirse en el principal receptor de todo tipo de personas, desde los perseguidos por sus rasgos físicos, hasta aquellos involucrados en actos criminales. Asimismo, México estaría en posibilidad de tornarse en el centro de las operaciones de grupos subversivos interesados en desestabilizar a Estados Unidos. Ello convierte al propuesto tratado migratorio bilateral en un simple deseo.

El panorama es todavía más preocupante si se toma en cuenta que los países que pertenecen a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) han invocado el artículo 5 de la carta noratlántica con la idea de contrarrestar posibles intentos terroristas en su contra, y de hacer del conocimiento de los agresores en potencia que habrá una respuesta colectiva. Por supuesto que no es el contraterrorismo (o bien el uso del terror para combatir el terror) la estrategia más deseable, toda vez que se puede generar una espiral ascendente terrorismo–contraterrorismo–terrorismo que podría tener consecuencias mucho más dramáticas para la seguridad internacional debido a las represalias mutuas que involucra.

El temor también radica en que, con el pretexto de una cruzada contraterrorista, los países ricos asuman políticas punitivas, no sólo contra personas residentes en sus propios territorios, sino contra todo aquel individuo que desee ingresar a esos países, sea por canales documentados y/o indocumentados.

Algo todavía más complejo se vislumbra en términos de la definición del terrorismo, dado que acciones de protesta como las que llevan a cabo los llamados globalifóbicos podrían ser interpretadas como terroristas y susceptibles de una represión brutal. Llama la atención, por ejemplo, que en algunos círculos políticos e inclusive académicos se considere a activistas de organismos no gubernamentales (ONG’s) Greenpeace, por ejemplo, como terroristas ecológicos, término contradictorio, dado que no son ellos quienes destruyen el entorno natural, si bien se enfrentan a poderosos intereses en sus denuncias.

En conclusión: la migración no va de la mano de la globalización, y ello es muy paradójico, dado que hubo una época en la que los movimientos de población se efectuaban desde los países ricos hacia las periferias, por ejemplo en la llamada era de los «descubrimientos geográficos». Hoy la migración internacional es un proceso sobre todo desde el Sur que busca acceder al Norte como resultado de factores diversos como la situación económica imperante en el país de origen, o bien la búsqueda de asilo ante el inicio de las hostilidades en sus territorios de origen. De hecho, hay nuevas categorías de migrantes y refugiados: los llamados «refugiados ecológicos» categoría en la que tiende a incluirse a las personas que deben abandonar su lugar de origen ante la devastación ambiental, como lo ilustra la dramática experiencia de Chernobyl, en Ucrania. Pero todo apunta a que las distinciones entre los distintos tipos de migrantes que Estados Unidos y el resto de los países ricos llevan (y llevarán) a cabo, serán, además de discriminatorias, sumamente punitivas.

*Doctora en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Profesora de tiempo completo en esa Facultad. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores.