ES
NECESARIO ADMINISTRAR LA GLOBALIZACIÓN
ÉDGAR JIMÉNEZ*
Podemos
ver la globalización desde la perspectiva económica
y social: pobreza, exclusión, marginalidad; así
como desde el punto de vista de la comunicación, la informática
y la Internet; inclusive desde la óptica de las relaciones
internacionales. Sin embargo, como ciudadanos hay algo que nos
toca de manera directa, ¿cómo nos impacta la globalización
en el quehacer político nacional y cómo está
impactando en el devenir político de los partidos y de
las organizaciones sindicales?
Trataré
de dar respuesta a esta interrogante que se vive en Centroamérica,
el Caribe y el resto de Latinoamérica. Existe la impresión
de que el modelo neoliberal se apropió de la manera como
la globalización se está administrando en América
Latina. No basta decir que la globalización está
presente, hay que administrarla nacionalmente.
En
esta perspectiva, la administración de la globalización
debe reconocer tres situaciones, la primera que la globalización
es irreversible. Segundo, no se pueden revisar los componentes
que la definen, y tercero, la globalización no reconoce
fronteras regionales ni nacionales, es totalizadora. Quiere decir
que está presente en el Partido, está causando estragos
en la economía, provocando desintegración social
y modificando los términos de la soberanía nacional.
Esto hace que los proyectos que están surgiendo, como la
tercera vía, la segunda alternativa y la llamada quinta
vía, reconocen la globalización.
Por
otra parte, la globalización genera en América Latina
y en el resto del mundo un proceso también irreversible,
llamado de tránsito o transición. En mi opinión
la transición no se inicia el 2 de julio ni se cristaliza
en diciembre primero. La transición es el momento situacional
entre la desestructuración y la reestructuración
de las economías nacionales. Quiere decir que la transición
en México y en América Latina empezó aproximadamente
en los inicios de la década de los ochenta. Como consecuencia,
América Latina y en general el mundo de la globalización,
se vio impactado en sus componentes estructurales en el plano
económico, en su sistema político, así como
en su oferta partidaria y sindical.
En
suma, América Latina, incluido México, se desestructuró;
por lo tanto, la transición se da en el momento entre la
deses-tructuración y la reestructuración que hoy
viven México y América Latina. Por eso es que la
globalización debe administrarse. Se está recomponiendo
la economía que en su época se llamó «reconversión
industrial». Esto quiere decir que se está recomponiendo
ese tránsito de la micro y de la mediana empresa hacia
la gran empresa globalizada; significa también una recomposición
empresarial y del capital.
De
igual manera hay una recomposición política en el
ámbito del Estado. Se habla de la reforma del Estado, y
uno se pregunta ¿por qué hablar de esa reforma?
¿Es que no estaba suficientemente conformada, no existían
las instituciones que le dieron presencia, sentido y significación?,
¿para qué reformar al Estado? Y uno también
se pregunta, respecto de los partidos, ¿para qué
cambiar?, si estaba bien, hubo triunfos, éxitos electorales,
gobernó.
Y
hay que cambiar, porque el sistema político se ha visto
afectado por la desestructuración. Esto quiere decir, si
ustedes me permiten calificarla de manera periodística,
que la sociedad está herida de muerte, así como
la economía, la política, la educación, lo
social, la cultura, etc. Ahora, ¿qué significa la
gobernabilidad? Es el rostro político de la globalización.
Quiere decir, adaptar las condiciones en las cuales se desenvuelven
México y América Latina, a los requerimientos exigidos
por la globa-lización, eso es la gobernabilidad.
Quiere
decir, dotar de condiciones jurídicas, políticas
y sociales, para que el mercado interno, reinsertado en la economía
internacional pueda funcionar. Porque el mercado no funciona solo,
requiere de un Estado de Derecho, de un sistema jurídico,
de ética, de valores y principios. De ahí que la
globalización obliga a una reforma total, no hay posibilidad
de no hacerlo, esto debe ser parte de nuestro debate.
La
globalización tiene una agenda que transita por distintos
foros, organismos regionales e internacionales, y esa agenda no
podemos revisarla. Esto nos obliga a transitar por una sola vía:
se llama «modelo neoliberal». Hay que definir políticas
de privatización, lo han hecho Brasil, Argentina. Hay que
redefinir las formas de intervención del Estado en la sociedad,
el Estado debe retirarse de la economía, no puede estar
en ella, ni subsistir en ella y no hay otra alternativa si queremos
ser parte de la globalización. Es decir, la agenda define
la manera como los países deben transitar por esa globalización
administrada nacional o regionalmente. Ya no se habla de dependencias,
de países subdesarrollados o de la periferia; hoy se habla
de países emergentes, de países en vías de
emergencia, países de riesgo y países de alto riesgo.
Para la globalización sólo tienen valor y son viables
los países emergentes y los que están en vías
de emergencia. México es parte del primer grupo, junto
con Chile, Argentina, Brasil y Venezuela. El resto son países
de alto riesgo. Hay espacios que en el pasado tuvieron importancia,
hoy ya no. Lo que sucede en Argentina y en Brasil nos afecta de
manera directa, pero no nos afecta lo que acontece en Tegucigalpa
y en San Salvador, este es el gran problema. Quiere decir que
hay espacios revalorizados y la globalización también
pone en marcha un nuevo tiempo, que no es el tiempo histórico.
Más
allá del tiempo definido por la globalización, los
partidos no pueden decir, tenemos tiempo para reformarnos en el
2005 ó en el 2008, no; hay un tiempo para hacerlo. Porque
corremos el riesgo de llegar tarde. Los países no pueden
esperar aduciendo causas históricas para insertarse en
la globalización.
Apropiarse
de la transición es construir el futuro, es administrar
la globalización internamente, esa es la lucha política.
Es hacer posible el orden del futuro a partir del desorden en
el presente. Porque la globalización decodifica el sistema
jurídico, la normatividad económica, política
y social. En suma, la globalización desordena todo aquello
que estaba ordenado. La globalización provoca la ruptura
de los límites del sistema político, de los límites
de los partidos, la globalización despoja a los partidos
de la doctrina. En esta perspectiva los partidos carecen de oferta
y no es problema del comité ejecutivo o de la dirección,
es de este despojamiento, y para hacer posible una nueva oferta,
hay que reorganizarse.
Por
otra parte, por este impacto de la glo-balización la sociedad
se ha desquebrajado. Este resquebrajamiento nos impide hablar
de clases sociales, del viejo tejido, de sectores y de fracciones.
En este sentido, otra tarea de los partidos es otorgar a la sociedad
un nuevo espacio por el cual transite. Hablar de decodificación
significa que la ética no está presente ni la justicia,
ni la igualdad, ni la libertad, la sociedad no tiene marcos referenciales
para transitar, por eso el terrorismo, por eso la corrupción,
por eso el crimen organizado. Porque la tierra se convierte en
tierra de nadie, las sociedades no tienen donde asirse, ni donde
refugiarse, por esta decodificación.
De
ahí que los partidos están obligados a recodificar
a la sociedad, otorgarle una nueva ética, nuevos valores,
nuevos principios, una nueva doctrina, debemos repensar la Nación,
el nacionalismo, porque la globalización debe ser administrada
en esta frontera y no en otra; administrada de acuerdo con los
requerimientos de la idiosincrasia nacional. No es lo mismo la
globalización en Brasil que aquí, ni la de aquí
igual o similar a la de Haití. También debemos recuperar
algo que la globalización se llevó, que son los
objetivos de largo plazo de los partidos políticos. Debemos
recuperar la titularidad de largo plazo, que ahora pertenece a
la globalización, porque ella define la agenda, el futuro
del orden que se está construyendo como tal. En suma, debemos
apropiarnos del futuro, creo que es un reto importante desde la
perspectiva política, pero también desde la dimensión
económica.
Otra
cosa importante es que la globalización desnuda a las sociedades.
Desnuda a los países políticamente, lo hizo con
la ex Unión Soviética, con Yugoslavia, con Checoslovaquia.
Lo hizo con Ecuador y se desdibujó con Bucaran. Desnudó
también al sector empresarial, a las grandes corporaciones,
federaciones y confederaciones de empresarios. Hizo lo mismo con
las organizaciones sindicales, en su carácter feudal, caciquil,
etc., en ese sentido se rompió el orden sindical y el orden
político partidario, y no es problema del partido, es consecuencia
inmediata del impacto que provoca y genera la globalización.
En
el pasado, pensar país, pensar nación, pensar Estado,
pensar México, era pensar políticamente, era reflexionar
y analizar ideológicamente. Hoy no. Es en cambio pensar
en la marcha del mercado. Esto quiere decir que la rectoría
la tiene éste, no la política; lo cual es lamentable.
Y como partido lo que debe hacerse es que la política recupere
su lugar central en la vida nacional.
Otro
aspecto importante es que la política era el espacio a
partir del cual se podía hablar de dignidad y de identidad
nacional, era el espacio que garantizaba la unidad y la cohesión
nacional; había un espacio de identidad, de dignidad y
de pertenencia. Este desdibujamiento de la política impide
pensar con dignidad e identidad. Es imposible pensar en dignidad
sindical o partidaria, porque los partidos la perdieron, también
los sindicatos; ni qué decir de las clases sociales o de
los sectores empresariales, y este es el otro problema dramático,
producto y consecuencia de la globalización.
El
otro problema está en el ámbito político.
Así como la economía transita por su espacio formal
e informal, la política tiene los dos espacios. Hay una
política formal y hay una informal. Quiere decir que a
los espacios de los pobres, de los indigentes, no podemos llegar
con un discurso desde la política formal. Ésta tiene
un destinatario, argumentos, objetivos y no caben en la política
espacial de quienes viven la informalidad de la política.
Por eso el éxito del márketing político,
de la comunicación política que no tiene sujetos,
por eso el éxito de los candidatos no vinculados a partidos,
y por eso el éxito del nuevo liderazgo.
El
otro problema en este proceso de la globalización, es que
mientras se fortalece el Estado, se debilita la Nación.
Las políticas de privatización, ajuste y todo lo
que se está dando en este comportamiento económico,
no debilitan al Estado, sí a la Nación, porque está
perdiendo aquello que le permitía competir con otras naciones:
espacios estratégicos, fronteras, petróleo, minería,
etc. En suma, la nación se está debilitando y el
Estado se está fortaleciendo; la sociedad se está
desintegrando, porque la economía de mercado desintegra,
la democracia integra. Y los partidos son los únicos lugares
donde puede darse la confluencia de esa desintegración
e integración.
En
el pasado la nación tenía actores que la protegían,
que le ofrecían un proyecto de sociedad, que la conducían
y que abanderaban intereses nacionales; hoy la globalización
hace que esos actores hayan desaparecido del panorama. Y este
es el reto para los partidos, tienen que repensar cómo
abanderar y encauzar los intereses de la nación en el marco
de la globalización, este es el nuevo reto de lo que podría
llamarse, una nueva vertiente nacionalista, o el neonacionalismo,
o como Hugo Chávez lo plantea, neopopulismo, pero éste
es distinto al neonacionalismo.
Otro
aspecto importante producto de la globalización es cómo
enfrentar estos problemas, me refiero básicamente a tres.
El primero es la incertidumbre. Uno observa en el país
y en la región una incertidumbre económica sobre
el futuro en los mercados laboral, ocupacional, empresarial, etc.,
y no hay respuesta. Y junto con la incertidumbre, el riesgo. Hoy
se hacen análisis de riesgo, no sólo desde la perspectiva
empresarial, sino del Estado; hay direcciones generales de planeación
estratégica, cuyo objetivo además de planear, es
hacer análisis de riesgo y esto sí llama la atención.
Y este análisis de riesgo es también producto y
consecuencia de lo que llamamos globalización y transición.
Hay datos y cifras de la cantidad de empresas que están
cerrando sus puertas en América Latina. ¿Qué
quiere decir esto? Que hay un riesgo presente. Hay un riesgo político
importante, en donde la esperanza se convierte en desesperanza;
esto se observa en general en todos los países. Otro problema,
también vinculado con la globalización, es el caos.
Imagínense 40 partidos, 50, 70 partidos, por muy grande
que sea el país, eso significa una dimensión caótica
en el plano político; porque eso significa desintegración
política nacional, queramos admitirlo o no. Porque la globalización
vía mercado provoca desintegración social y caos
político, quiere decir que se está adaptando el
país caóticamente a la desintegración política,
que la globalización busca provocar.
Como
sucedió en Rumanía, igual pasó en otros países,
cuanto más fraccionado está el partido, cuanto más
fraccionado está el sindicato, mejor para la globalización
y su marcha. Por otra parte, y algo que es muy importante, la
agenda pública de la nación y del país se
está definiendo en espacios privados. Y esta agenda pública
no se debate, no surge de la consulta popular, de la negociación,
del acuerdo o del pacto, y este es un problema. Por otra parte,
es importante mencionar que en este marco surgen tres alternativas,
la primera de ellas es la llamada tercera vía, producto
de un interés de la Unión Europea muy marcada y
muy clara. Ésta busca ocupar el lugar que en el pasado
tenía la Unión Soviética y crear un nuevo
sistema bipolar, Estados Unidos-Unión Europea. Y ésta
no puede ocupar ese lugar, pues carece de proyecto político
y de un modelo económico. Y en esta perspectiva surge la
llamada tercera vía, que no es sólo el esfuerzo
de Tony Blair, de Antony Guidens, ni de Schrroeder en Alemania,
ni del Partido Socialista Francés. En mi opinión
es un proyecto de más largo alcance para hacer posible
la globalización por una vía radicalmente distinta.
¿Qué
propone la tercera vía? Primero, invita a América
Latina a ser parte de ella, y señala que no es concebible
Europa al margen de América Latina, ni América Latina
al margen de Europa por dos razones: porque la cultura política,
la institucionalidad política latinoamericana tiene desde
sus orígenes este sesgo eurocentrista, no anglosajón.
Segundo, la globalización podemos administrarla nacionalmente
y América Latina tiene el espacio para hacerlo. Tercero,
propone una nueva alianza entre el Estado y el mercado, que no
es volver a un régimen corporativo o corporativista como
en el pasado. Convoca al sector empresarial a sumarse de manera
directa en su lucha contra la pobreza, no para administrar la
pobreza, que es muy diferente, sino para resolver la pobreza.
Una cosa es resolverla y otra administrarla.
La
tercera vía plantea regular la presencia del capital financiero
llamado golondrino, si viene a México debe quedarse un
año, no puede salir a la semana siguiente. También
están planteando sistemas de seguridad social regionales
e internacionales, de manera que el Seguro Social acompañe
por doquier al ciudadano, si es derechohabiente. La tercera vía
tiene una serie de propuestas muy concretas para el funcionamiento
del mercado, en este marco del nuevo mundo laboral plantea humanizar
la nueva legislación laboral, humanizar el nuevo mundo
del trabajo.
También
están repensando los derechos políticos, la justicia,
la igualdad, la libertad, ¿qué es la libertad hoy?
La libertad es la posibilidad que tengo como individuo de participar
en el mercado para ver si en él soy exitoso, competitivo,
eficiente, realista y pragmático. También están
repensando la justicia, porque hoy en el marco del modelo neoliberal,
la justicia es aquello que el mercado me reconoce como éxito
o como fracaso, como pobre o como competitivo. El salario en esta
perspectiva no es una compensación que el Estado me reconoce
como ser humano; desde la dimensión neoliberal el salario
es un precio. Y la segunda alternativa está repensando
el contenido del salario, ¿qué es el salario? El
salario es la concreción de la igualdad, de la justicia
y de la libertad.
En
suma, esta segunda alternativa busca humanizar la globalización,
otorgar a ésta y al mercado este rostro humano que requieren
la sociedad mexicana y la sociedad latinoamericana.
*Licenciado
en Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales de la
Facultad de Derecho de la Universidad de Bolivia; maestría
y doctorado en Ciencias Políticas por la Universidad Católica
de Lovaina, Bélgica; doctorado en Economía por el
Instituto de Altos Estudios de la Universidad de la Sorbona, París.
Catedrático e investigador titular del Postgrado y profesor
de la Maestría en Sociología de la Universidad Iberoamericana.
Director General del Centro Internacional de Estudios Estratégicos.
