MÉXICO
ANTE LOS RETOS DE LA GLOBALIZACIÓN
FERNANDO SOLANA*
Hace
sólo algunos meses, Andrés Manuel López Obrador
argumentaba que para entrar a la globalización primero
había que ordenar la casa (México). Frente a ello
Felipe González, que también participaba en el debate,
no tuvo más que decirle que México ya estaba inmerso
en ella.
En
este sentido, es importante subrayar tres puntos: primero, la
globalización es hoy una realidad; segundo, todos participamos
en ella independientemente de que nos guste o no; tercero, viene
acompañada de importantes retos que México no puede
pasar por alto.
Hace
diez años, un artículo de la revista The Economist
recomendaba modestia frente a este concepto: «Globalización
es una de las modas de la administración que puede sobrevivir
la recesión, incluso si es más modestamente llamada
diversificación geográfica» («Surviving
the deluge», The Economist, 13 de octubre de 1990).
Hoy
sabemos que la globalización no es una estrategia; es un
hecho.
No
es posible hablar de un país sin situarlo dentro de un
contexto global. El mundo ha sido siempre interdependiente, pero
nunca tanto como lo es en la actualidad. La palabra «globalización»
es mucho más que una expresión: implica una auténtica
revolución en las estructuras tradicionales de nuestras
sociedades.
Sin
embargo, es necesario señalar que si bien la información,
la producción y los flujos financieros están globalizados,
el comercio internacional y los flujos migratorios no lo están.
Baste con mencionar que cada día se llevan a cabo movimientos
internacionales de capital del orden de 1.5 millones de millones
de dólares. En cambio, el comercio internacional, aunque
se ha incrementado en mayor medida que el producto mundial, asciende
sólo a unos 7 millones de millones de dólares al
año.
En otras palabras: los flujos financieros internacionales en una
semana son mayores que el comercio mundial total de todo un año.
El
comercio mundial no está completamente globalizado. Lo
que hay son acuerdos de preferencia comercial entre países
o regiones determinadas. Aún entre las regiones sigue habiendo
franquicias así como restricciones comerciales.
Otra
área que tampoco está globalizada es el movimiento
de personas más allá de las fronteras nacionales.
La migración es un tema que está fuera de las zonas
de libre comercio y de las uniones aduaneras. Existe, desde luego,
el caso excepcional de la Unión Europea, en donde las fronteras
fueron removidas para que los nacionales de sus Estados miembros
pudieran circular libremente. Sin embargo, en términos
generales, mientras las disparidades económicas persistan,
será muy difícil abrir las fronteras para asimilar
la fuerza de trabajo de otras naciones.
La
comunicación y la tecnología de la información
sí están altamente globalizados y son factores que
están aumentando la interdependencia económica a
escala mundial.
El
resultado de este intenso intercambio es contundente; la globalización
está transformando la escena mundial, tal y como la revolución
industrial lo hizo en algún momento.
No
obstante, esta «gran transformación» que ahora
experimentamos, no ha estado exenta de reacciones violentas por
parte de «neo-ludistas» que, amparados ocasionalmente,
en preocupaciones legítimas, externan sus inquietudes violentamente.
Por ello, lejos de comenzar un debate estéril sobre si
la globalización es buena o mala me ocuparé de resaltar
aquellos desafíos que nos impone.
«The
State of the World Forum» identifica seis grandes retos1:
la creciente brecha entre ricos y pobres; la explotación
laboral; la falta de transparencia y democracia en la rendición
de cuentas; la erosión de valores tradicionales y el derecho
de autodeterminación local; la degradación ambiental,
y los crecientes choques y violencia civil.
-
Primero, creciente brecha entre ricos y pobres. El mercado ha
demostrado ser un instrumento efectivo para la generación
de riqueza, pero no para su distribución. De acuerdo con
un estudio elaborado por el Banco Mundial, de los más de
6,000 millones de personas que viven en el mundo, 4,600 millones
viven en países en desarrollo; 1,200 millones viven con
menos de 1 dólar EU y 2,800 millones con menos de 2 dólares
EU. Esto sin olvidar que en México habitan más de
40 millones de personas en condiciones de pobreza.
-
Segundo, explotación laboral. Aunque los bienes, los servicios
y el capital han demostrado estar globalizados, la mano de obra
no ha tenido la misma suerte. Esto nos lleva a pensar que pese
a los esfuerzos que el gobierno mexicano está realizando
por alcanzar un acuerdo migratorio con EU, aún tendremos
que esperar mucho tiempo para gozar de una zona con libre movilidad
de mano de obra dentro del espacio comprendido por Tratado de
Libre Comercio de América del Norte.
-
Tercero, falta de transparencia y democracia en la rendición
de cuentas. Los organismos internacionales deben preservar su
base democrática. No es posible que tan sólo algunas
de las naciones más poderosas sean las que decidan el futuro
de la totalidad de la Comunidad Internacional. Por ello, debe
ponderarse la pertinencia de reformar los órganos y los
procedimientos de la Organización de las Naciones Unidas,
la Organización Mundial de Comercio, el Banco Mundial y
el Fondo Monetario Internacional.
Los
recientes disturbios suscitados en Seattle, Praga y Génova,
por mencionar algunos, son muestra clara de la urgencia de revisar
a fondo el desempeño de estas instituciones.
-
Cuarto, la erosión de los valores tradicionales y del derecho
de autodeterminación local. Si bien es deseable que existan
valores universales como la defensa de los derechos humanos, la
autodeterminación de los pueblos, la proscripción
del uso de la fuerza en las relaciones internacionales, la no
intervención, etcétera; es fundamental que las naciones
conserven aquellos elementos culturales que las hacen únicas.
No obstante, «la homogeneización y comercialización
de las culturas a través de la expansión no regulada
de mercados ha puesto en riesgo la capacidad de las sociedades
para escoger libremente y proteger sus culturas tradicionales
y el desarrollo de sus valores y normas consistentes con su historia,
ética y religión»2.
-
Quinto, degradación ambiental. La falta de acuerdos internacionales
en esta materia ha derivado en la degradación catastrófica
de la biósfera; baste con mencionar la negativa reciente
del Presidente Goerge Bush a cumplir con lo establecido en el
protocolo de Kioto.
-
Sexto, creciente temporada de choques y violencia civil. Las políticas
económicas internacionales actuales han incrementado el
desequilibrio social entre las naciones menos favorecidas por
los procesos de integración, lo que ha dado lugar a guerras
civiles, conflictos étnicos, migración y resurgimiento
de regímenes militares en muchas regiones del mundo.
MÉXICO
Para
que México se consolide como sujeto y no objeto de la globalización,
será fundamental que nuestro país cuente con un
rumbo claro e intereses nacionales definidos.
México
requiere de políticas públicas que le permitan alcanzar
el crecimiento sostenido que tanto necesita para reconstruir su
tejido social y combatir la creciente desigualdad.
De
igual forma será indispensable contar con una política
exterior abierta, pero recia en la defensa de los intereses nacionales.
La Cancillería se enfrenta al reto de combinar los principios
rectores de nuestra política exterior, consagrados en la
fracción décima del artículo 89 de la Constitución,
con un nacionalismo moderno, abierto y que responda a la nueva
realidad internacional.
Para
concluir, la globalización no es un fin en sí misma,
y debe estar siempre al servicio de los ideales de justicia, equidad
social, identidad cultural y protección del medio ambiente.
Y, lo que es más importante, debe ayudar a preservar y
fortalecer la equidad social, sin la cual no será posible
reconstruir y consolidar el sentido de pertenencia a una misma
nación, en otras palabras, la unidad y solidaridad de los
mexicanos.
1
Comisión de Globalización de «State of the
World Forum», http://www.worldforum.org
2 Ibídem.
*Fue
Secretario General de la UNAM; dos veces Secretario de Educación
Pública; Secretario de Comercio; Secretario de Relaciones
Exteriores; Director General de Banamex (Banca nacionalizada);
Senador de la República, entre otras funciones de servicio
público.
