EDITORIAL

El problema más álgido que plantea la globalización es el ejercicio pleno de la Soberanía y la Autodeterminación. Nuestra inclusión habrá de apegarse a los principios constitucionales de política exterior: autodeterminación de los pueblos, no intervención, solución pacífica de controversias, proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales, la igualdad jurídica de los Estados, cooperación internacional para el desarrollo y la lucha por la paz y la seguridad internacionales. Así, la insoslayable inserción habrá de ser equilibrada para aprovechar ventajas y reducir riesgos, es decir, participar engrandeciendo a la Nación.

Los condenables ataques terroristas contra Estados Unidos, nos advierten que además de la injerencia en la economía, con su efecto sobre la dependencia, se pretenderá la intervención política que limita las decisiones correspondientes al ámbito interno de la Nación. Por lo tanto, la cooperación que brinde México estará mejor fincada si se sustenta en la cohesión nacional, la cual consiste en intensificar una estrategia cultural, estrechamente vinculada a la educación (identidad), y a una socioeconómica, relacionada íntimamente al empleo pleno (bienestar).

Sin embargo, la cooperación internacional y la cohesión nacional están siendo vulneradas por intereses corporativos sin fronteras: la ideología dogmática del libre mercado va ganando terreno con la consecuente minimización del Estado, tanto de su tamaño como en su intervención equilibradora a favor de los marginados. Tal ideología basa la democracia electoral y el ejercicio del poder en la mercadotecnia; se promueve el inglés como el idioma funcional, se imponen costumbres laborales y de comunicación homogéneas de acuerdo con doctrinas empresariales. Se transgreden tradiciones al fomentar entretenimientos multitudinarios montados en espectáculos virtuales que excluyen y enajenan a grandes masas de la población.

Para algunos, el mundo ya no se divide entre poseedores y desposeídos, sino entre conectados a la red y quienes no lo están. Olvidan que estos últimos representan el 60% de las personas del mundo que no han hecho una sola llamada telefónica en su vida, o el 33% de la población del planeta que carece de electricidad. Ante este panorama de desigualdad, debemos tener claridad en los principios fundamentales que nos significan como Nación: Independencia, Soberanía, Libertades, Democracia Integral y Justicia Social. Igualmente pugnar porque el poder público se someta, como cualquier ciudadano, al Estado de Derecho, sólo entonces el pueblo estará realmente protegido.

En este número el lector encontrará calificadas opiniones sobre la globalización y en ese ámbito, reflexiones acerca de los efectos del atentado terrorista. En cuanto al Partido, continúan expresándose voces y propuestas plurales rumbo a la 18 Asamblea. En Documentos, se publica el mensaje en torno al Informe Presidencial y la respuesta de la Presidenta de la Cámara de Diputados, así como dos reflexiones sobre la política exterrior de nuestro país.

José R. Castelazo Director.