República
y virtud*
GABRIEL GARCÍA AYALA**
La
política, monárquica o republicana, es la lucha
por el poder.
Diálogo
en torno a la República es un intercambio de ideas y puntos
de vista entre Norberto Bobbio y Maurizio Viroli. En este nuevo
libro se publica un diálogo lúcido y sincero entre
dos estudiosos diferentes por su edad y formación, donde
discuten los grandes temas políticos «el amor a la
patria, la libertad, la corrupción, los derechos y las
obligaciones de los individuos», se exponen preguntas difíciles
sobre la fe religiosa, el significado de la vida y de la historia
y las razones y los límites de la ética laica. Norberto
Bobbio (Turín, 1909) es uno de los más grandes pensadores
contemporáneos. Sus obras van de la filosofía del
derecho a la teoría política; de la historia de
las ideas a los problemas de actualidad. Sobresale su Autobiografía,
publicada en 1999. Es senador vitalicio desde 1984. Maurizio Viroli
(Forlí, 1952) es profesor en la Universidad de Princenton.
Su principal interés es la historia del pensamiento político.
De entre sus obras publicadas destacan Repubblicane-simo y la
biografía de Maquiavelo (Il sorriso de Niccolö, 2000),
cuya reseña apareció publicada en las páginas
del número 135 de examen, de febrero del año pasado.
Debido a la actualidad de los temas, en esta entrega publicamos
una traducción de algunos pasajes del libro aludido.
Viroli.
Algunos estudiosos de teoría política sostienen
que existe una tradición del pensamiento republicano, que
se distingue tanto de la tradición liberal como de la tradición
democrática1.
A
juicio de estos estudiosos, juicio que comparto, la teoría
política republicana se caracteriza, en primer lugar, por
el principio de la libertad política. El liberalismo entiende
la libertad como ausencia de interferencia; la democracia identifica
la libertad «en el poder de nombrarse a sí mismos
y no obedecer otras normas que las dadas a sí mismos»
(son tus palabras); el republicanismo, por el contrario, identifica
la verdadera libertad en la ausencia de dependencia de la voluntad
arbitraria de un hombre o algunos hombres. El esclavo, para citar
un ejemplo obvio, puede no sufrir ni opresión ni interferencia,
sin embargo permanece no-libre, en cuanto depende de la voluntad
arbitraria de un hombre. ¿Crees que se pueda hablar de
una teoría y de una tradición política republicana
distinta de la tradición democrática y de la libertad?
Bobbio.
En mi formación de estudioso de la política, jamás
he encontrado ni republicanismo ni república. Conozco poco
o nada a los teóricos del republicanismo que te inspiraron.
Y es verdad: recientemente se publicó una colección
de mis escritos que tiene casi 700 páginas2. En el detalla-dísimo
índice no está la voz «repu-blicanismo».
Estoy preocupado al decirte que ni siquiera está, y esto
es verdaderamente increíble, «república».
Hace
algunos años publiqué un artículo titulado
¿Gobierno de las leyes o gobierno de los hombres? En él
trazo la historia del problema, empezando con el contraste entre
Aristóteles, autor del primero, y Platón, del segundo.
Jamás aparece la «república».
El
hecho es, y te lo he dicho muchas veces, que para mí, como
para la mayoría de los estudiosos de la política
y el derecho, «república» es el nombre de la
forma de gobierno, que se contrapone a «monarquía»
o «principado», empezando por nuestro Maquiavelo.
Piensa
en todas las discusiones que se han hecho, que tú conoces
muy bien, sobre la comparación entre república democrática
y república aristocrática, y sobre la superioridad
de una y otra, también a propósito de uno de tus
autores, Montesquieu. Sin embargo, ninguna de las dos se asemeja
a la república de los republicanos, como tú mismo
reconoces.
La
república es una forma ideal del Estado, fundada sobre
la virtud de los ciudadanos y sobre el amor a la patria. Virtud
y amor a la patria eran los ideales de los jacobinos, a los que
después agregaron el Terror. En realidad, la república
tiene necesidad del Terror. ¿Recuerdas el famoso discurso
de Robespierre sobre la virtud y el terror? Para mí la
república es un Estado ideal que no existe en parte alguna.
Es un ideal retórico; por lo tanto, es difícil para
mí entender tu significado de república, así
como el de los republicanos.
También
puede usarse «res publica» como término genérico
para indicar el Estado, cualquier Estado. En la famosa obra de
Jean Bodin, De la Republique, en la traducción italiana
apareció como Dello Stato, se distinguen y describen las
más diversas formas de gobierno; vale señalar las
tres clásicas: monarquía, aristocracia, democracia,
todas igualmente «repúblicas» o «res
publicae».
Viroli.
El significado más importante de república es el
clásico que le dio Cicerón, quien escribió
que «res publica» significa «esto pertenece
al pueblo» (res publica res populi), y agregó que
pueblo no es cualquier multitud de hombres reunidos, sino más
bien una sociedad organizada que tiene como fundamento la observancia
de la justicia y la comunión de intereses. Esta concepción
de la república, que como ves es muy diferente de la de
Bodin, en cuanto excluye el poder absoluto, también es
retomada por Rosseau cuando escribe: «llamo República
a todo Estado regido por las leyes, cualquiera que sea su forma
de administración, ya que entonces el interés público
gobierna y la cosa pública es cualquier cosa»3.
Pero
dejemos las definiciones. Quisiera más bien observar que
me sorprende escucharte decir que en tu formación de estudioso
de la política jamás has encontrado el republicanismo
y la república. Me sorprende porque en tu biografía
intelectual destaca un autor importante de la familia republicana,
Carlos Cattaneo. El Cattaneo que escribe «la libertad es
república» y subraya que a las repúblicas
italianas del medioevo se reconoce el mérito de «haber
difundido hasta la última plebe el sentido del derecho
y de la dignidad civil», superando en esto también
a la antigua Atenas, «cuya gentil ciudadanía tenía
para siempre el sustrato de la esclavitud»4.
Bobbio.
No he visto a Cattaneo a través del concepto de república;
lo he visto a través del federalismo, concepto por el cual
ha pasado a la historia. O bien la concepción federalista
de la república contrapuesta a la unitaria de Mazzini;
la concepción de la república como una federación
de republiquitas, que según Mazzini era un horror, era
un retroceso a la Italia de los Comunes, que tanto agrada a nuestro
Bossi, la Italia del Carroccio. Francamente te digo que el concepto
de república me ha entrado hace poco en la cabeza, hace
muy poco que forma parte de las categorías de un sistema
conceptual que para Cattaneo es el federalista del Resurgimiento,
que amplía después el federalismo a Europa, no el
republicano.
Viroli.
De acuerdo, pero si no hacemos entrar a Cattaneo en el marco de
nuestra discusión, debemos reconocer que hay por lo menos
dos versiones del republicanismo, el unitario y el federalista.
Bobbio.
Me parece que la república de los republicanos también
es la tuya, una forma de Estado ideal, un «modelo moral»,
como ha sido llamada la república de Montesquieu, quien
influenció a los revolucionarios franceses: un Estado ideal
que no existe en lugar alguno, y existe sólo literaria-mente
en los escritores que tú citas y son entre ellos tan hetero-géneos
que es difícil vincularlos mediante un hilo consistente:
de Tito Livio a Mazzini y Cattaneo, pasando por no sé cuantos
escritores medievales y modernos. Entre éstos hay escritores
verdaderamente políticos e históricos que han escrito,
como el mismo Ma-quiavelo, comentarios sobre la historia de Roma,
considerada como una historia ejemplar. El Estado como debería
ser, y como no es. Galanteo del futuro o nostalgia del pasado.
Viroli.
Te concedo esto sin dificultad. Suponiendo que la república
de los republicanos sea un ideal moral, ¿no podría
ser quizá un ideal moral y político importante,
en una fase como ésta, tan pobre de ideales políticos
capaces de sostener el empeño civil y ser un punto de referencia
para la acción política?
Bobbio.
Es el mismo discurso que hemos tratado muchas veces tú
y yo, a propósito de tu libro Dalla politica alla ragion
di Stato.v En política soy realista. Se puede hablar de
política sólo manteniendo una mirada fría
sobre la historia. La política, ya sea monárquica
o republicana, es la lucha por el poder. Hablar de ideales, así
como lo haces tú, para mí significa un discurso
retórico. También cuando tus celebérrimos
escritores hablaban de república, lo que en realidad sucedía
en el mundo era la política como siempre ha sido, desde
los griegos en adelante, La política como la lucha por
el poder la entiendo, si por el contrario, hablas de la política
que tiene como fin la república, basada en la virtud de
los ciudadanos, yo me pregunto qué cosa es la virtud de
éstos. Explícame dónde hay un Estado que
se gobierne sobre la virtud de los ciudadanos, un Estado que no
recurre a la fuerza. La definición de Estado a la que se
recurre continuamente, es según la cual el Estado es el
defensor del monopolio de la fuerza legítima, fuerza necesaria
porque la mayor parte de los ciudadanos no son virtuosos. He aquí
porqué el Estado tiene necesidad de la fuerza; esta es
mi concepción de la política.
Traducción:
Gabriel H. García Ayala.
1. Véase Philip Pettit, Republica-nism. A theory of freedom
and Government, Oxford University Press, Oxford, 1977, y a Quentin
Skinner, Liberty before liberalism, Cambridge University Press,
Cambridge, 1998.
2. Teoria generale della politica, a cura di Michelangelo Bovero,
Einaudi, Torino, 1999.
3. Jean Jaques Rousseau, Contrat Social in Oeuvres complètes,
a cura di Bernard Gagnebin e Marcel Raymond, Gallimard, Paris
1964, vol. III, pp. 379-80.
4. Carlo Cattaneo, La cittá considerata come principio
ideale delle istorie italiane, en Opere scelte, a cura di Delia
Castelnuovo Frigessi, Einaudi, Torino, 1972, vol. IV, p. 123.
5 Donzelli, Roma, 1994.
*Bobbio,
Norberto e Maurizio Viroli.
Dialogo intorno alla reppublica.
Editori Laterza, Roma-Bari, 2001, 122 pp.
**Colaborador de examen.
