Testimonios de la Guerra de Independencia*

EL ESCENARIO1

Al principiar el siglo XIX el virrei-nato de la Nueva España era la porción más importante de los dominios los reyes españoles poseían en el continente americano; extendíase éste vasto país por la costa del mar pacífico desde los 16°, en los confines con la capitanía general de Guatemala, hasta más allá del cabo Mendo, á los 42° de latitud septentrional. Por el lado del oriente, una línea que partiendo del golfo de Honduras continuaba por las costas de la península de Yucatán y seguía el contorno del golfo Mexicano hasta la Luisiana. Desde el extremo oriental de la Provincia de Texas, en el Seno ó golfo de mexicano, otra línea imaginaria que se dirigía hacia el noroeste e iba a terminar en las playas del Grande Océano, bajo los 42ª de latitud boreal, cerraba el perímetro de Nueva España, separándola por este lado, aunque de una manera incierta y vaga, de los Estados Unidos de América.

La vasta superficie comprendida entre los límites que hemos indicado, pudiera calcularse en cerca de doscientas mil leguas cuadradas. Una población que apenas ascendía á seis millones de habitantes ocupaba este inmenso territorio en los primeros años del presente siglo2....

... animados por móviles contrarios á los que impulsaban á los opresores de los indios, al descrédito de las aptitudes de sus protegidos; al sostener su causa no sólo confesaban sino que sentaban por principio que abandonados los indios á sí mismos no podrían igualarse con los blancos: unos alegaban su inocencia y simplicidad, otros su debilidad de carácter, otros su falta de fuerzas físicas, y algunos su natural ignorancia para que se les concediesen perpetuamente los privilegios de menores...

Sustraídos, pues, á título de menores é incapaces de la masa de la población mexicana; eliminados, no de la educación del espíritu, que nunca les negó del todo España, sino de la posesión de artes y oficios, como el de armero, entre otros muchos, en cuyo ejercicio pudieran fortalecerse y alentarse; amparados por ordenanzas y reales decretos, pero que eran frágiles hojas de papel en las manos de los que debían ejecutarlas si chocaban con sus intereses, ó si se atemperaban con los desmanes y crueldades de los opresores; reducidos á ganar mezquino jornal regando con el sudor de su frente las heredades de los blancos, excluidos de los empleos y cargos públicos; sin nociones ningunas de un estado mejor de vida; sin comercio y sin industria alguna, y sin contacto con los miembros de las otras razas, los tres millones y seiscientos mil indios que en los primeros años de este siglo se contaban aproximadamente en la Nueva España, dañados más que protegidos por los privilegios que al parecer les concedían las leyes.

Cerca de millón y medio de individuos, de la mezcla de los españoles con la clase indígena (mestizos), y de la de todos con los negros venían los mulatos, los zambos y los pardos, formaban la gran porción de los habitantes comprendida bajo el nombre genérico de castas. De todos los componentes de esta grande agrupación etnográfica, los mestizos merecen llamar de preferencia del historiador, tanto por su importancia... por sus rasgos característicos y su notable acción en los sucesos que pronto iban á conmover la hasta entonces tranquila Nueva España.

Los mestizos y demás miembros de las castas estaban privados de toda instrucción. Tenían defectos propios de la ignorancia en que se les conservaba, y dotados de mayor energía y de más pasiones que los indios eran enemigos temibles de los dominadores.

La raza blanca, menor en número que las agrupaciones anteriores, era, sin embargo, la predominante en la colonia por su ilustración y riqueza, y por el influjo exclusivo que ejercía, obteniendo sus miembros todos los empleos y disfrutando de los derechos y políticos. Dividíase en españoles ó europeos... y sus descendientes nacidos en América a quienes de dio el nombre de criollos que ellos cambiaron luego por el de americanos. Las leyes españolas concedían unos mismos derechos á todos los blancos, pero los encargados de ejecutarlas apuraban los medios de destruir una igualdad que ofendía el orgullo europeo y contrariaba los intereses de los hijos de España. Esta diferencia fue origen de una rivalidad sorda entre las dos clases de la raza blanca, rivalidad que había de estallar al fin tornándose en lucha terrible y encendida.

Poco más de un millón de individuos de la raza blanca había en Nueva España á principios de este siglo, y entre ellos, cerca de veinte mil eran españoles nacidos en Europa... En manos de éstos se hallaban el poder, la fuerza, la administración de justicia, el comercio, las propiedades y la riqueza.

El español... sólo por serIo, no hacía más que pisar las playas de Veracruz y encontrárselo todo hecho –con un acomodo, en que desde luego nada le faltaba, y era el principio de una fortuna, pues á muy poco tiempo de acomodado, el sueldo aumentaba–, después venía el partido en la negociación, y últimamente, el matrimonio con la hija del amo coronaba su fortuna, lo ponía en posesión de la casa y de la administración del caudal... El español tenía también la ventaja de que habiendo sido un hombre pobre en su país y de una educación muy frugal, venía acostumbrado á sufrir todas las necesidades y por lo mismo no tenia un estímulo para procurarse comodidad ninguna extraordinaria mientras no estuviese muy sobrado... Tras la fortuna y el parentesco que les ligaba á las familias más respetables de cada lugar, venían para los españoles el goce de preeminencias, el ejercicio de cargos distinguidos y la influencia que su posición les aseguraba. El cultivo de los campos, el comercio, y el aventurado trabajo de las minas formaban ó aumentaban los caudales de los españoles, en cuya formación y crecimiento entraban como robustos factores la economía,
Los españoles ejercían todos los altos empleos, y a ellos estaba confiada la administración de la justicia. Así, con excepción de la carrera de la Iglesia, cuyas altas dignidades recayeron en algunos criollos en los dos primeros siglos después de la Conquista, pero que en lo sucesivo ya no les fueron conferidas fácilmente estos descendientes de los europeos tenían cerrada senda de los honores, y su ambición se veía forzosamente limitada en las subalternas labores de las oficinas ó las humildes funciones de los curas...

LAS IDEAS

Fija desde entonces la atención de los mexicanos en esta vigorosa sociedad que apenas nacida á la vida política avanzaba con tan seguro paso por la senda de su engrandecimiento, se aplicó luego á pesar las ventajas que traería al país la independencia...

...Estas ideas se propagaban entre los hombres pensadores: tenían á la vista los beneficios que la libertad que puede derramaba sobre los Estados Unidos; allí, hechos innegables, comprobaban las seductoras teorías de independencia y vida propia, y por grande que fuera el peso de la dominación española no bastaba á comprimir ni le era dable evitar el incesante trabajo del pensamiento...Las obras de los filósofos franceses, que en todo el siglo XVIII representan una inmensa tarea de renovación; hallaron también en México admiradores ardentísimos, quienes fortalecían sus legítimas y generosas aspiraciones con los escritos de aquella numerosa falange que asestaba rudos y certeros golpes al viejo orden político fundado en el derecho de la fuerza, y por la fuerza y la violencia impuesto á los pueblos europeos. No obstante la vigilancia que el gobierno español ejerció siempre en esta materia, esos libros eran introducidos en la colonia; en ellos bebían los jóvenes generosas inspiraciones, ensanchando así furtivamente la instrucción oficial y medida que les dispensaba la suspicaz dominación; y los hombres formados ya, anhelaban concurrir antes de que terminara su vida á la realización de principios que consideraban salvadores, y cuya trascendencia les había revelado el estudio de aquellas obras que abrían vastos horizontes al espíritu humano. Admiraban con Mably las repúblicas antiguas; ensañá-banse con Raynal contra toda clase de instituciones; Rousseau los seducía con sus generosos arranques, y con Voltaire se burlaban de lo que antes habían reverenciado.

A pesar de las precauciones que, entonces más que nunca, tomó el gobierno español, resonó en las colonias el estruendo que produjo la caída de la monarquía francesa... Luego, al estallar la revolución francesa, vieron triunfar en el terreno de los hechos muchas teorías de las que difundido habían los ilustres pensadores del siglo.

La revolución, en efecto, cerraba majestuosamente el siglo y abría á la humanidad nuevos y luminosos senderos. El lento y constante trabajo de renovación cesó de ser teoría y se transformó en hecho...

LA ACCIÓN

... Desde 1808, el cura Hidalgo mantenía relaciones con Allende, Aldama, Abasolo y otros; celebraban frecuentes reuniones en las que se trataba nada menos que de proclamar la independencia de México; el primero sometía á sus correligionarios planes políticos que éstos aprobaban, hacía construir lanzas en Dolores durante los primeros meses de 1810 y enviaba emisarios á distintas partes del país con la misión de propagar el principio revolucionario... en esa época, todos están conformes en colocar á Hidalgo en el lugar prominente...

... Llegó Aldama... á las dos de la mañana del da 16. Entró desde luego en el cuarto en que estaba Allende y después de referirle brevemente el objeto de su intempestiva venida, pasaron ambos al aposento de Hidalgo, á quien informaron de los funestos sucesos de Querétaro.3 El cura de Dolores, que abarcó en un momento toda la extensión del peligro... exclamó con entero acento, lo he pensado bien, y veo que estamos perdidos y que no queda más recurso que ir á coger gachupines... Resuelto ya á proclamar la independencia...

Eran las cinco de la mañana del memorable 16 de septiembre de 1810, a la cabeza del ya cosiderable grupo de insurrectos, desembocó en el atrio de la iglesia.

El sol teñía vigorosamente la región oriental y sus primeros reflejos doraban las enhiestas cimas de las torres de Dolores, repicaban alegremente las campanas de la parroquia llamando a la misa del domingo, recurso que tuvo Hidalgo para convocar a los feligreses, y una muchedumbre que del pueblo mismo y de las rancherías inmediatas había acudido por ese motivo, ocupaba gran parte del atrio. El cura arengó entonces a la multitud diciendo que el movimiento que acababa de estallar tenía por objeto derribar al mal gobierno, quitando del poder a los españoles que trataban de entregar el reyno a los franceses; que con la ayuda de todos los mexicanos, la opresión vendría por tierra; en lo de adelante no pagarían ningún tributo y que a todo aquel que se alistase en sus filas con armas y caballo pagaría el un peso diario y la mitad al que se presentara a pie. Muchos de los que allí estaban se apresuraron a confundirse con los insurrectos y de aquella compacta muchedumbre salieron los gritos de ¡Viva la independencia! ¡Viva la América! y ¡Muera el gobierno! Que fueron el preludio de los que mil y mil veces atronarían los campos de batalla durante once años de pavorosa contienda.
Así se proclamó la independencia de México.

11 AÑOS DESPUÉS
ACTA DE INDEPENDENCIA DEL IMPERIO MEXICANO

«La nación mexicana, que por trescientos años ni ha tenido voluntad propia, ni libre el uso de la voz, sale hoy de la opresión en que ha vivido.

Los heroicos esfuerzos de sus hijos han sido coronados y está consumada la empresa enteramente memorable, que un genio superior a toda admiración y elogio, amor y gloria de su patria, principió en Iguala, prosiguió y llevó a cabo arrollando obstáculos insuperables.

Restituida, pues esta parte del Septentrión, ejercicio de cuantos derechos le concedió el Autor de la naturaleza y reconocen por inajenables y sagrados las naciones cultas de la tierra, en libertad de constituirse del modo que más convenga a su felicidad, y con representantes que puedan manifestar su voluntad y sus designios, comienza a hacer uso de tan preciosos dones y declara solamente, por medio de la Junta Suprema del Imperio, que es Nación soberana e independiente de la antigua España, con quien en lo sucesivo no mantendrá otra unión que la de una amistad estrecha en los términos que prescribieren los tratados: que entablará relaciones amistosas con las demás potencias, ejecutando, respecto de ellas, cuantos actos pueden y están en posesión de ejecutar las otras naciones soberanas: que va á constituirse con arreglo á las bases que en el Plan de Iguala y tratados de Córdoba estableció sabiamente el primer jefe del ejército imperial de las tres garantías, y en fin, que sostendrá á todo trance y con el sacrificio de los haberes y las vidas de sus individuos (si fuera necesario) esta solemne declaración hecha en la Capital del Imperio a 28 de septiembre del año de 1821, primero de la Independencia Mexicana».4

1 Los subtítulos son de examen.
2 El autor se refiere al siglo XIX.
3 El descubrimiento de la conspiración.
4 Se respeto la ortografía de la época.

*Fragmentos de «MÉXICO A TRAVÉS DE LOS SIGLOS», Obra monumental dirigida por Vicente Riva Palacio; sección escrita por Julio Zárate a partir de textos de Carlos María Bustamante. Libro primero (1808-1811).
Edición de 1954.