LOS
PROGRAMAS SOCIALES Y EL MUNICIPIO MEXICANO
JOSÉ FERNANDO LEÓN NAVA*
En
la actualidad el municipio en México ha dado dos pasos
fundamentales que lo muestran más sólido para enfrentar
la demanda social en este nivel de gobierno, el más cercano
a la población. Por un lado, las reformas al artículo
115 constitucional le dan solidez jurídica. Por otro, la
puesta en marcha, hace tres años, de los fondos de aportación,
propician que reciba con oportunidad y sin discrecionalidad recursos
económicos en los fondos de fortalecimiento municipal e
infraestructura social municipal.
En
el extremo de los niveles de gobierno se encuentra la federación,
que en la inmensa mayoría de sus dependencias se han dado
pasos progresivos hacia la descentralización y desconcentración
y se ha quedado más en el plano normativo; es decir, en
dictar politicas generales para el país. Este nivel de
gobierno, el central, no cuenta ya con los recursos humanos, materiales
y económicos que permitan bajar las estrategias y la vigilancia
de programas hasta el contacto con los beneficiarios o público
en general. En el punto intermedio, los gobiernos de los estados
se encuentran en circunstancias disímbolas, de acuerdo
con la región del país, además de las circunstancias
socio-politicas y culturales de cada región. Hay gobiernos
con un aparato burocrático eficiente, y con voluntad política
de compartir y convenir estrategias de trabajo con los gobiernos
locales o municipales; y hay gobiernos estatales que por su geografía,
ausencia de voluntad política e ineficiencia administrativa
buscan concentrar programas y recursos en el plano estatal, y
sólo en contadas ocasiones el aterrizaje de los programas,
sobre todo los sociales, se realiza con equidad y eficiencia.
Es
evidente que debemos impulsar un fortalecimiento del federalismo,
entendido éste como la justa distribución de responsabilidades
y acciones entre los tres niveles de gobierno, comprendiendo que
el municipio mexicano ya llegó a la mayoría de edad
y que al interior de los municipios debemos fortalecer su eficiencia
administrativa, con una rendición de cuentas clara y transparente
hacia la sociedad.
Resulta
obvio señalar que México sigue siendo un país
de desigualdades, en donde el proyecto economico de país
ha generado que se amplíe la brecha de desigualdades y
que aumente la población en extrema marginación.
El
desarrollo que todos debemos buscar debe ser un desarrollo con
rostro humano, incluyente, justo, equitativo y oportuno. Habitualmente
los programas sociales están destinados precisamente para
el apoyo de los grupos más desprotegidos. Sin embargo,
el hecho de que a la fecha sea el nivel federal, a través
de la Sedesol, de la Sagarpa, o de otras dependencias, el que
opere directamente el recurso económico y los programas,
dificulta que haga con puntualidad y dirigido realmente a los
más necesitados. Lo mismo sucede en algunos niveles estatales
que manejan programas de vivienda, desarrollo agropecuario o nutrición.
La
reflexión es muy clara, solamente los actores locales (municipales)
conocen de cerca colonia por colonia, calle por calle, a los grupos
desprotegidos; conocen la geografía y la necesidad real
y pueden identificar el oportunismo de grupos políticos
o de algunas organizaciones no gubernamentales.
Por
ello resulta importante para el desarrollo del país que
los programas sociales sean generados con directrices básicas
por el gobierno de la republica, pero que sean traslados al gobierno
más cercano a la sociedad, que es el municipal.
El
desarrollo de proyectos productivos, de los programas emergentes
de empleo, de limpieza de barrancas; los paquetes de recursos
materiales para la vivienda o la vivienda misma, sólo por
señalar algunos, deben ser programas operados directamente
por el municipio, incluyendo la parte económica.
No
existe otro nivel de gobierno con la capacidad directa para dar
seguimiento a cada una de las acciones de estos programas, no
existe entidad federal o estatal que pueda recorrer y verificar
en todos los rincones del municipio, que el recurso es bien aplicado
y que esto cumple con el objetivo de cambiar el rumbo a alguna
familia marginada del país.
La
resistencia es obvia, el temor a pulverizar los recursos a un
municipio que a la vista de muchos funcionarios federales se encuentra
en la minoría de edad, provoca desconfianza y temor por
el posible mal uso de los mismos; pero la realidad de México
ya es otra y así se ha demostrado en otros países:El
fortalecimiento de los gobiernos locales es el camino correcto
para lograr el desarrollo de un país y no al revés.
*Presidente
Municipal de Apizaco, Tlaxcala. Presidente de la Red Mexicana
de Municipios por la Salud; y vocal de la FENAMM.
