NUESTRO PARTIDO EN EL FUTURO
ELISEO RANGEL GASPAR*

Toda reflexión sobre el partido que queremos para el futuro deberá partir de la sociedad plural que somos, de la circunstancia histórica por la que atravezamos y de los ideales que nos proponemos hacer prevalecer.

Naturalmente un diagnóstico que explique el motivo de nuestra derrota electoral debió ser prioridad insoslayable, punto de partida de las tareas que el Partido reclama con urgencia.

La tarea, con toda su importancia no debe llevarnos al desgaste, pero tampoco a la inacción; la noche de los cuchillos largos, debe dejar el paso a la lucha revolucionaria; los que nos azuzan a odios inútiles son los logreros de todas las crisis, los ganadores en todas las encrucijadas.

Seamos claros: perdimos el apoyo popular porque olvidamos sus demandas, desertamos de sus luchas: asumamos visceral e ideológicamente sus causas y ello nos privilegiará con la adhesión popular inapreciable.

Aquí la respuesta al partido que queremos ser: un Partido vinculado al pueblo, comprometido con sus demandas históricas, con su bienestar y con la justicia que reclama, con la soberanía nacional que anhela; con un Estado democráticamente fuerte para servir aquellos objetivos y zanjar la brecha que sigue creciendo entre quienes todo tienen y entre los que nada poseen,

Será un Partido de masas, ideológicamente avanzado, llamado a defender soberanía e independencia, nacionalista por principio.

Por eso rechazamos ser un partido de cuadros, elitista, inclinado a privilegiar los intereses de las minorías.

Un partido con el que signen acuerdo de convicciones los millones de compatriotas que creen en la paz social la democracia, la justicia social y la Independencia.

Otro partido sería inaceptable y no merecería el apoyo del pueblo.

Si nos pronunciamos abiertamente en favor de las grandes causas populares y en pro del desarrollo nacional independiente de México; si postulamos el Estado democráticamente fuerte para que el Poder Público sirva a todos y vele por la fortaleza de la Nación estamos asumiendo una ideología que ve por Ia igualdad de oportunidades y, en consecuencia, rechaza el posicionamiento de la derecha que privIlegia a los grupos dueños del capital y de los medios de produccIón en los asuntos Públicos y, en esa virtud, nos definimos en favor de una izquierda que es además nacionalista desde que busca, como la Revolución Mexicana, defender los valores históricos de la Nación; su independencia, identidad y soberanía.

Pero aquí, además, tenemos razones históricas que nos conducen a definiciones de izquierda; así el movimiento por la independencia resueltamente opuesto al statu quo colonialista y opresor, las luchas por la Reforma y las del siglo XIX que desembocan en la Revolución Mexicana de donde procede la República de nuestros afanes.

El constitucionalismo social que procede de 1910, no es de derecha desde que, con los agregados constitucionales, vela por la justicia social y por el bienestar de los mexicanos.

La nuestra, en consecuencia, tiene que ser una ideología de izquierda sin reticencias ni contemporizaciones.

Si vamos a defender las demandas más sentidas del pueblo y si vamos a luchar en favor de la soberanía amenazada, si convocamos a defender identidad, capacidad de autodetermlnación, en suma un lugar en el concierto de las naciones; si nos proponemos alcanzar la justicia social, la democracia o el desarrollo de todas las potencialidades regionales y humanas de la República, no podemos ser un partido de centro, pero mucho menos de derecha o de derecha reaccionaria como la que ha ganado la titularidad del Poder Ejecutivo de la Nación, sino antes bien, un partido de izquierda al que el pueblo reclama eficacia para impedir que el proyecto regresivo progrese, vocación de servicio y entrega para servir a los fines históricos del pueblo y de la Nación.

La ideología del partido nuevo será nacionalista en el sentido de nutrir a la nación la cabal posibilidad de realizar sus fines y alcanzar sus metas.

El nacionalismo que postulamos será democrático por cuanto a que sin exclusivismos, provea lo necesario para alcanzar el gobierno bueno que históricamente nos hemos propuesto.

Nuestro nacionalismo buscará la solidaridad internacional para combatir las desigualdades y las injusticias, proscribir las agresiones de los poderosos, cancelar las relaciones de fuerza siempre en favor de las grandes potencias. El partido que deseamos abanderar será una organización de sectores y de ciudadanos, capaz de movilizar a la sociedad a la participación en favor de una bien concertada conjunción de políticas públicas en favor de los mexicanos y de ninguna manera en pro de la regresión ideológica que hemos combatido históricamente.

La ideología que invocamos, se construirá con los aportes de los trabajadores del campo y de la ciudad, con los jóvenes que desesperadamente buscan una señal que les oriente en la trabajosa construcción de su futuro, con los criterios de los profesionistas y de los maestros, de los hombres y de las mujeres que no admiten el proceso de derechización que cancela cuanto han edificado con sus luchas de ayer.

«El futuro, ha dicho Jacobo Burckardt, pertenece a las masas o a quienes puedan explicarles las cosas sencillamente».

Es, en consecuencia la hora del partido y de los liderazgos que el pueblo improvise, como siempre. Hoy día los oligopolios usufructuarios de la tecnología vienen hablando de la globalización como un fenómeno de realización fatal que encubre sus fines aviesos de dominación, adversos al interés legítimo de progreso que nuestros pueblos alimentan.

Al Partido corresponde desenmascarar esta tesis perversa y organizar a la colectividad para que obre en consecuencia.

La ideología que postulamos no pretende desembocar en una tesis estatista, ya descalificada por la historia, sino impulsar las funciones del Estado tal y como las asume la Constitución de Querétaro donde hay principios para vía política del partido que propugnamos.

Nos inclinamos también, por un Estado eficiente y porque su desempeño transite por la normatividad constitucional y para que nada ni nadie esté sobre la Constitución.

El partido que postulamos no debe temer estar fuera del poder y actuar como oposición política; lo que debe aterrarle es no mirar hacia abajo, olvidar que reside en el pueblo la inspiración de todo movimiento social, y que luchar al lado de los oprimidos y de los marginados y en favor de un sistema político viable es el único compromiso por el que vale la pena todo afán, todo esfuerzo social y personal.

Nosotros estamos contra la derecha porque somos enemigos del statu quo y de los que con él se benefician, porque apostamos a los cambios socialmente necesarios, la derecha está por restituir los privilegios arcaicos, el viejo orden liquidado por la Revolución.

Aunque sabemos que no hay cambio sin riesgo, somos históricamente partidarios del cambio porque además, sabemos que no hay cambio sin riesgo y estamos convencidos de que no hay riesgo mayor que no hacer nada o, peor aún, sumarse a la fuerza contensora del devenir histórico.

Deseamos una organización política caracterizada por sus vínculos con el pueblo y lo mejor de sus luchas, experiencia y sabiduría. Lo otro: que si cambiamos nombre, colores, logotipo, lema, no parece sino reflejar vergüenza de lo malo que han hecho quienes se creyeron dueños de las arcas de la alianza donde sus secretos resortes se resguardan, superiores a los intereses generales del Partido y de la Nación.

¿Renunciar al lema de Democracia y Justicia Social? Es algo que no puede caber en cabeza alguna, pues el señalamiento implica una empresa que a todos compromete y de la que nadie debe ser excluido.

Es cierto, el Partido gobernante de nuestros afanes, incurrió en desviaciones y en corruptelas y hasta con traición a los principios. Nos extraviamos en un centrismo enajenador de los principios, nos desideologizamos, abandonamos el sentimiento del pueblo.

Hoy la Nación reclama que nosotros o quienes acierten a interpretar con sensibilidad sus aspiraciones colectivas, organicemos al Partido para influir en la consolidación de un moderno sistema de partidos que necesita para su desarrollo.

Tenemos que acreditar en los hechos que somos el partido más antiguo y experimentado de México, el de la sabiduría acumulada y que, en consecuencia, estamos obligados enfrentar el desafío; lo demás nos vendrá por añadidura como en el Eclesiastés.

Lo nuestro, entonces, no debe ser un tibio planteamiento que en resumidas cuentas no nos acerque a las simpatías del pueblo y, en todo caso, nos devalúa frente a otras opciones políticas más definidas o perfiladas ideológicamente.

Es cierto, la modernidad viene ratificando la tesis según la cual son los hechos no las ideologías, lo que finalmente define a las multitudes tantas veces manipuladas por los medios adversos de toda vocación ideoIógica del ciudadano.

Pero lo cierto es que sólo actuando de frente a la realidad de la vida y con responsabilidad por los hechos que afrontamos, como puede convocarse a la colectividad y organizadamente levantar los ideales generosos.

Por otra parte, acción sin ideas es irraciona-lismo puro, en todo caso la brutalidad fascistoide de ciertos movimientos y de ciertos partidos que las comunidades que hoy repugnan .

Nosotros debemos poner manos a la obra por un partido popular, moderno, ágil, para penetrar los secretos resortes del alma popular y que de su decisión y voluntad recibamos la fuerza que nos ubique al nivel de su historia.

En lo económico estructural, las naciones viven hoy en crisis permanentes prácticamente totales; es el mál endémico del sistema, desde tiempo atrás explicado.

Querer encubrirlo con la prosperidad de las ciudadelas del sistema –que además cierran los oídos al estruendo de los reclamos–, es actuar de espaldas a la realidad.

En estas condiciones nuestros pueblos no pueden sumar a otras, las debilidades de sus sistemas de partidos, el único escudo capaz de poner resistencias sólidas a los poderes hegemónicos mundiales, con el apoyo de sus pueblos.

Empecemos pues, por denunciar como interesadas y proimperialistas las voces que descalifican a los partidos, esos instrumentos indispensables para la defensa de la identidad y de cuanto representa en cada entidad.

Pongamos en su sitio justo a quienes sin dar la cara desean sustituir la acción política responsable de los partidos.

A los partidos no se les persigue. se le estimula, decía Sartori, defendiendo la tesis de la política de cara a la sociedad y respondiendo de sus resultados ante ella.

Pugnemos, entonces, porque cuanto antes se concluya Ia tarea que nos compete en el esfuerzo plural por alcanzar un moderno sistema de partidos en que nuestro ágil, moderno, proqresista, asuma su responsabilidad ante su pueblo y frente a la historia.

* Exsenador de la República. Expresidente de la Comisión para el Debate Político del PRI. Recibió diploma y medalla por perseverancia en el Partido 2001.