LOS CAMBIOS EN LA SOCIEDAD MEXICANA URGEN A LA TRANSFORMACIÓN DEL PRI
EMILIO CHUAYFFET CHEMOR*

- Los principios inamovibles del Partido
requieren nuevas tesis, estrategias y programas

Al discutir los cambios que deben realizarse para que el Partido se fortalezca, es indispensable mirar hacia atrás para encontrar en nuestra historia los elementos que nos definen. Por otro lado, hoy los factores externos son cada vez más importantes; la globalización es un hecho y frente a ella el Partido no puede permanecer ajeno. La soberanía, el nacionalismo, la democracia, las libertades y la justicia social son los valores históricos que asume el PRI, y que hereda de la revolución mexicana. Historia, revolución y constitución son las fuentes principales de nuestros principios, sin menoscabo de su actualización.

El PNR fue espacio de unidad, negociación y conciliación entre las fuerzas regionales del país; incorporó a los poderes regionales y locales para resolver pacíficamente la disputa y transmisión del poder. Por eso el nuestro fue desde su origen un Partido que ha encontrado en la constitución y en las instituciones las vías para transformar al país. El PNR apoyó su institucionalización política en su coordinación con los bloques legislativos.

El PRM sumó la fuerza de los sectores para apoyar el programa de reformas del país; fue un partido de masas y sectores que se alió con el presidente de la república para asegurar la conducción orgánica de las fuerzas sociales, y garantizar así la realización del programa social y económico de la revolución. El PRM se declaró en favor de una democracia de trabajadores, y convirtió las necesidades sociales en demandas políticas.

El PRI, frente a los estratos medios emergentes, puso el acento en la conciliación de las clases, la industrialización para modernizar el país, y el fomento a la producción agrícola. Al mismo tiempo que consolidó los sectores, creó una organización territorial formada en los comités municipales. El desarrollo económico se volvió el objetivo primordial de la Revolución. El Estado se convirtió en el principal actor y promotor del desarrollo. El discurso dejó a un lado los conceptos de democracia de los trabajadores y lucha de clases, para adoptar el de unidad nacional. La consolidación de las instituciones y el intervencionismo estatal extensivo agudizaron la centralización nacional y el aumento del poder presidencial, en perjuicio de los regionalismos; también la injerencia gubernamental en los asuntos internos del PRI, lo que restó a éste capacidad de acción e iniciativa propia. Pero por otro lado, se logró estabilidad política y la atención a las demandas populares. Con el impulso del PRI se lograron avances para ampliar los derechos cívicos y fortalecer el pluralismo político.

En las últimas décadas, el crecimiento demográfico exponencial, la consolidación de una sociedad predominantemente urbana, mejor educada, más diversificada y participativa, y mejor informada, dotada con nuevos mecanismos de expresión, así como la mayor presencia de los medios de comunicación fueron factores que aceleraron el pluralismo social y político.

Hacia el inicio de la década de los ochenta, la crisis de crecimiento se agudizó. En 1983 se reemplazó el modelo por uno en el se dio mayor espacio a la iniciativa privada y al capital extranjero, se puso el acento en la apertura económica, el redimensio-namiento del Estado, la disciplina presupuestal, la eficiencia económica y la productividad. Los ajustes económicos generaron reducciones en la producción y el empleo, deterioro del salario real y pérdida de dinamismo de los servicios de bienestar social. La combinación de estos factores debilitó los consensos tradicionales que el PRI había construido con las diversas fuerzas sociales del país.

Por otro lado, la globalización se concretó fundamentalmente en: la integración de los mercados en bloques y la democracia como única fuente de legitimidad política de los gobiernos.

Hacia finales del siglo XX y comienzos del XXI han habido una serie de variables que han afectado a todos los partidos políticos del mundo: la expansión de la economía de servicios y la urbanización; los revisionismos ideológicos; la creciente diferenciación de las demandas del electorado y la volatilidad del voto; la penetración de los medios de comunicación y otras tecnologías; las organizaciones no gubernamentales y otras formas de asociación, y la creciente especialización y autonomía de las burocracias.

La expansión de la economía de servicios han cambiado los patrones de consumo y los estilos de vida, así como la localización y estabilidad de los electorados. En consecuencia, las organizaciones corporativas son cada vez menos importantes en la producción y como sustento de diversos partidos políticos.

La caída del socialismo redujo el debate ideológico e hizo aparecer al paradigma liberal como único viable y posible. Hay una disminución de extremismos y un predominio de la convergencia ideológica hacia «el centro», lo cual limita las posibilidades de éxito de partidos con planteamientos radicales.
La convergencia ideológica pragmática ha traído confusión a militantes y simpatizantes de los partidos. A pesar del movimiento de los electores al centro ideológico, los ciudadanos tienen hoy demandas cada vez más específicas y diferenciadas.

Por eso, partidos como el nuestro que aglutinan causas obreras, agrarias o de las clases medias, no deben ser víctimas de la homologación, porque aún en cada uno de esos grupos hay demandas múltiples y diferenciadas.

La alta volatilidad del electorado implica que la lealtad partidista explica cada vez menos el voto y que es el voto de los indecisos el que cada vez más decide la votación final. Los electores mutantes votan por su bienestar individual e inmediato, no por definiciones ideológicas. Para ellos, la política partidista ha dejado de ser espacio de debate y se ha convertido en una secuencia de contratos contingentes y renovables cada elección entre oferentes (candidatos y partidos) y demandante (electores).

Los medios electrónicos han revolucionado los sistemas de comunicación política, y han reemplazado a los partidos en esta función. Su creciente influencia en la política ha debilitado las funciones tradicionales de los partidos; continuamente se observa cómo los candidatos y sus imágenes influyen más en el electorado que las estructuras partidistas.

Debido a la fragmentación de las demandas ciudadanas más que un electorado, los partidos enfrentan múltiples electorados: amas de casa, jóvenes campesinos, burócratas, etcétera. Dada esa diversidad de intereses han surgido organizaciones sociales y no gubernamentales que representan demandas de grupos específicos, con creciente influencia en los asuntos públicos.

La creciente especialización y la consecuente autonomía política de las burocracias, limita la capacidad de los partidos para incidir en las políticas gubernamentales y en la formación de gobiernos.

En los umbrales del siglo XXI, y frente al recorrido histórico que hemos hecho y al diagnóstico de las condiciones imperantes en el comienzo del milenio, podemos decir sintéticamente que los militantes desean un PRI:

1. Mas fuerte y competitivo.
2. Internamente más democrático.
3. Con mayor capacidad para enarbolar causas populares justas.
4. Con una doctrina sólida y avanzada.
5. Más descentralizado en sus decisiones y atento a realidades regionales.
6. Más abierto a la sociedad.
7. Con mayor capacidad de gestoría.
8. Más vigilante de la acción del gobierno y sus gobernantes.
9. Con una nueva cultura de debate y de construcción de consensos.
10. Con imagen renovada.

Nuestra doctrina –principios y valores– debe conciliar sus orígenes y aspiraciones históricas con
el nuevo modelo económico y social que requiere el país, así como con las nuevas tendencias y corrientes del mundo. Para ello, es necesario reforzar la tarea de consolidación y actualización doctrinaria, siguiendo un método: pasar de los principios y tesis más generales y aceptados, a los más controvertidos y especializados del debate urbano y regional.

Como producto de la Revolución Mexicana y de la constitución de 1917, ya hemos dicho que el PRI ha mantenido como principios cardinales de su doctrina: la soberanía nacional, la democracia, la libertad y la justicia social. Al mismo tiempo que ha reafirmado estos valores, ha renovado tesis para irse adaptando a las circunstancias.
Y

a señalamos que los cambios mundiales, y los que han ocurrido en la propia sociedad mexicana, urgen la transformación del PRI, que hoy enfrenta nuevas circunstancias de competencia política y electoral. Ahora no se trata de un ejercicio más de adaptación a circunstancias cambiantes, sino de una reforma de gran alcance frente a la nueva etapa histórica que vive México.

Aun los principios inamovibles del Partido requieren nuevas tesis, estrategias y programas para que su expresión sea eficaz en la actualidad, sin confundirnos en cuanto a nuestra identidad propia y distintiva. Hay que deslindar con precisión los ámbitos doctrinarios del programático.

Entre los puntos de examen sobre la doctrina del Partido se apuntan algunos que son considerados insoslayables:

1. La globalización económica y el aumento sustancial de las empresas transnacionales, sobre todo lo que se refiere a reafirmar la soberanía ante las exigencias de la negociación y la concertación internacionales.

2. El riesgo de que el Estado sea rebasado por un poder económico -interno o externo, o interno y externo- que lo condicione en sus políticas y decisiones.

3. Repasar cómo han sido nuestras nuevas relaciones con las iglesias, su actuación en la vida nacional y sus implicaciones para el laicismo.

4. Estudiar la creciente influencia política de los medios de comunicación, en particular los electrónicos.

5. Profundizar el concepto de democracia integral que no se agota en lo electoral, sino que incluye una distribución del bienestar social.

6. La extensión de la pobreza y la marginación económica, social y cultural.

7. El régimen de propiedad, desarrollo y justicia social en el campo.

Los principios de la política económica se recogen fundamentalmente en los siguientes temas:

1. Reafirmar la consecución de la justicia social como anhelo básico, erradicar la pobreza extrema y lograr igualdad de oportunidades para el desarrollo de las capacidades de las personas.

2. Colocar el desarrollo al servicio del hombre, mediante el respeto a las garantías individuales, así como con una nutrición, salud, educación, vivienda y oportunidades de empleo bien remunerado, cuya cobertura y calidad permitan el desarrollo pleno de sus capacidades fundamentales.

3. Lograr la participación democrática de toda la sociedad al acordar las prioridades nacionales en materia económica, así como al definir los instrumentos a utilizar para alcanzarlos.

4. Reafirmar nuestra soberanía mediante la defensa de los intereses nacionales y el fortalecimiento de nuestra identidad.

5. Incrementar el federalismo, la descentralización y del desarrollo regional, mediante el incremento del capital financiero y las fuentes de financiamiento correspondientes.

Los principios del Partido en materia social podrían caracterizarse por su naturaleza como:

1. Promotor y solidario. Poner especial empeño en recoger las causas de la población para mantenerse a la vanguardia de los intereses sociales, promoviendo nuevas soluciones y derechos en materia de bienestar social.

2. Concertador y convocante. Actuar concertando con agrupaciones políticas acciones de bienestar de largo aliento, que no concluyan en un sexenio, generando así nuevas alianzas y pactos sociales.

3. Vigilante y gestor. Para garantizar su acción eficaz como gestor de las demandas populares y como vigilante de las acciones de gobierno y de los demás actores que concurren en la solución de
los problemas sociales.

A la heterogeneidad social se suma la regional, por lo que es pertinente considerar tanto en la actualización de las tesis del Partido como en el programa social consecuente, que se basen en una visión: plural, integral, participativa, regionalizada, ciudadana y reivindicativa.

En cuanto a las relaciones con el exterior, la revisión de los principios y valores es recomendable por dos razones. Por un lado, porque el Estado mexicano ha adoptado una estrategia de mayor vinculación hacia fuera, para promover el interés nacional. Por otro, porque el escenario internacional ha observado transformaciones profundas que ameritan una revisión de nuestras prioridades.

Además de su vinculación con partidos y organizaciones de otros países, la acción internacional del PRI comprende la atención de comunidades de mexicanos que se encuentran en el extranjero y la defensa de los derechos humanos de éstos.

En materia internacional se consideran como temas convenientes de debate en relación con la declaración de principios, los siguientes:

1. Soberanía. La soberanía del Estado mexicano es un patrimonio histórico, pero también es imperativo cotidiano que debe ejercerse sistemá-ticamente para conservar integridad y vitalidad. Hacia el exterior, la soberanía no implica ni reclusión ni aislamiento; sino por el contrario, la competencia del Estado mexicano para decidir de manera libre e independiente los destinos de la Nación, en convivencia pacífica y ordenada con los demás miembros de la comunidad internacional.

2. Una política exterior de principios. El Estado mexicano eligió para fortalecer la soberanía nacional, el apego a siete postulados tradicionales de nuestra política exterior, contenidos en nuestra constitución: la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de las controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de las fuerzas en las intervenciones internacionales, la igualdad jurídica de los Estados, la cooperación internacional para el desarrollo, y la lucha por la paz y seguridad internacionales.

Debe rechazarse toda pretensión de establecer un derecho de injerencia, invocado por quienes argumentan que hay circunstancias que permiten derogar el principio general que prohíbe la intervención. Los riesgos de aceptarlos son inmensos. Abrir la puerta a excepciones frustraría la seguridad y certidumbre que otorga el orden jurídico. Se introduciría además un elemento de arbitrariedad, pues es la potencia intervencionista la que juzga y califica la razón de ser de su injerencia.

3. Nacionalismo e identidad nacional. El Partido debe cultivar un nacionalismo ajeno a prejuicios, exclusivismos y hostilidades. La voluntad de afirmar el carácter propio, de tener conciencia de nuestros problemas y capacidad para encontrar soluciones, de preservar el dominio sobre nuestros recursos y de conducir soberanamente nuestro desarrollo, proporciona la fuerza de unión necesaria para enfrentar los problemas internos y externos. El nacionalismo nos ha dado fuerza para conducir, en un mundo adverso, un proceso soberano de transformación social.

4. Soberanía y recursos naturales. El Partido debe seguir insistiendo en el dominio de los mexicanos sobre sus recursos naturales, y la facultad de aprovecharlos en beneficio del desarrollo nacional. Esto supone el dominio directo de la Nación sobre los recursos energéticos.

5. Soberanía y globalización. Al acelerarse la globalización de los procesos productivos y las finanzas, así como el progreso en materia de comunicaciones, transportes e información, los vínculos entre individuos y grupos a través de las fronteras nacionales son cada vez más frecuentes y numerosos. El empeño por salvaguardar la competencia exclusiva de los mexicanos para tomar sus decisiones fundamentales es condición indispensable para aprovechar los beneficios de esos desarrollos.

El fortalecimiento de la soberanía es la tarea primordial del Estado, y no está reñida con la necesidad de participar como protagonistas en la construcción de un sistema internacional en proceso de cambio y en las nuevas tendencias de la economía internacional, adoptando iniciativas vigorosas para apoyar los proyectos políticos y los esfuerzos productivos de los mexicanos.

6. Derechos humanos. El PRI debe pronunciarse por la preservación y el desarrollo de los derechos humanos, no sólo al interior de nuestras fronteras, sino demandándolo en el concierto de las naciones, como principio de armonía y convivencia pacífica entre pueblos y sociedades. El Partido debe manifestar su más enérgico rechazo a toda forma de discriminación.

7. Derechos humanos y migración. El PRI debe mantener un especial interés en combatir toda especie de discriminación, pero de manera particular la que afecta a los nacionales mexicanos que viven y trabajan fuera de nuestro territorio. Es prioritario velar porque esos compatriotas reciban un trato digno y sean objeto de la protección de las leyes laborales que rijan en el país de su residencia, independientemente de si fueron admitidos por las autoridades de ese país de acuerdo con los procedimientos formales.

8. Asilo y refugiados. El Partido debe reafirmar su exigencia porque se mantenga la tradición de asilo y refugio.

9. Política exterior y desarrollo nacional. El Partido considera que la política exterior debe convertirse en una herramienta de promoción del desarrollo nacional, impulsando el progreso equitativo de la sociedad. A partir de iniciativas oportunas, la política exterior del Estado mexicano debe contribuir a mejorar las condiciones de vida de las familias mexicanas.

Si bien es deseable impulsar regímenes comerciales abiertos, éstos deben estar basados en los principios de reciprocidad y transparencia. El Estado mexicano tiene que jugar un papel más activo en defensa de los derechos económicos de los individuos y de las empresas nacionales que enfrentan competencias externas desleales, así como a contribuir a asegurar el acceso de los productos mexicanos a mercados.

10. Identidad latinoamericana. El PRI es un partido latinoamericano por vocación, afinidad, historia y cultura. En esa condición debe impulsar que el Estado mexicano fortalezca sus alianzas con América Latina y defina conjuntamente con ellas sus acciones en el mundo.

11. Asuntos multilaterales. Para el PRI, el Estado mexicano debe emprender esfuerzos para adecuar los foros multilaterales a las nuevas dinámicas mundiales.

La adecuación de los organismos multilaterales debe incluir también las estructuras, metas y procedimientos de los organismos internacionales, financieros y comerciales, a fin de que atiendan efectivamente las demandas y necesidades de los países no industrializados. Es indispensable que la comunidad internacional emprenda acciones concretas para revertir la polarización de la riqueza y la extrema desigualdad entre países.

El mundo ha cobrado una renovada conciencia de la importancia de un conjunto de problemas que trascienden las fronteras nacionales, como la degradación del medio ambiente y el crecimiento de diversas variedades de delincuencia transnacional, de manera particular el narcotráfico y el comercio ilegal de armas. El PRI debe pugnar porque los temas del desarrollo social y la lucha contra la pobreza se incorporen a la agenda internacional como especialmente prioritarios.

12. Cooperación contra el narcotráfico. El PRI debe pugnar porque el Estado intensifique su lucha contra el narcotráfico, en atención a la salud de los mexicanos, en defensa de la seguridad nacional y en cumplimiento de la cooperación internacional. El Partido puede exigir que la comunidad de naciones adopte enfoques compartidos de lucha contra la producción, tráfico y consumo de narcóticos, con pleno respeto a las soberanías nacionales y sin descuidar ninguno de los elementos de la cadena delictiva.

13. Medio ambiente. La protección del medio ambiente global es responsabilidad primordial de nuestras generaciones. El PRI debe abogar con más énfasis que se impulse la cooperación internacional adoptar esquemas de desarrollo sustentable compatibles con esta responsabilidad. La cooperación internacional en materia ambiental deberá ser respetuosa de las soberanías nacionales.

14. Cultura. México es una potencia cultural. La cultura representa la continuidad de la tradición del pensamiento, costumbres, valores y expresiones artísticas en las que se finca nuestra identidad como Nación. Es en la cultura, en donde la sociedad mexicana encuentra su principal elemento integrador y, en perspectiva histórica, donde radica nuestra independencia y nuestro futuro como pueblo soberano, con rostro e identidad propia, pero siempre dispuesto al diálogo con otras cultura del mundo.

La identidad cultural de una nación se enriquece al contacto con las sensibilidades, tradiciones y valores de otros pueblos. Una cultura aislada está condenada a perecer. El intercambio de culturas fortalece nuestra vida artística internacional. El partido deberá pugnar porque la política exterior de México tenga entre sus objetivos los de reafirmar la identidad nacional y ampliar la presencia de México en el mundo.

Esta es en grandes líneas una reflexión muy somera sobre nuestra declaración de principios. Quiero concluir diciendo que nuestra declaración de principios debe ser el aglutinante para que todas las capas y clases en el Partido encuentren cauce para la acción, instrumento de lucha en defensa de sus propios intereses diferenciados y al mismo tiempo, de los intereses superiores de la comunidad nacional.

*Coordinador de la Mesa «Principios y valores: Declaración de principios»