LA REFORMA INTERNA DEL PRI ES TAMBIÉN REFORMA NACIONAL

- Los sectores han sido rebasados
-La democracia interna debe contribuir a la unidad.

examen: En este coloquio participa un grupo de la Corriente Renovadora del Partido, representados por Raúl Moreno Wonchee, Miguel Ángel Camposeco, Irma Cué, y Enrique Mendoza, a quienes damos las gracias por haber aceptado esta invitación y de la cual, seguramente saldremos enriquecidos por las ideas, conceptos, que puedan aportar a la 18 Asamblea General de Delegados..

examen: tomó la iniciativa de convocar a estos coloquios, para que personas como ustedes, comprometidas a través de muchos años de militancia y con demostrada seriedad a lo largo de su vida política, pudieran opinar sobre la temática de la Asamblea o de algunos otros temas que cada quien, con toda libertad, quisiera incorporar.

Entrando en materia, la mesa uno trata de los Principios y Valores; las tres tribunas de debate ubicadas en este tema son: Declaración de Principios, Código de Etica y Reivindicación de las causas obreras, campesinas y populares. ¿Cuál pudiera ser su aportación? En lo particular ¿cuál sería el principio, el valor fundamental para ser tomado en cuenta en las deliberaciones?

IRMA CUÉ (IC): No es idea. La Corriente Renovadora ya se ha pronunciado sobre el particular. Dijimos que nosotros queríamos para el Partido, autonomía y democracia, pero para la Asamblea, queríamos que no se olvidara lo más importante, la satisfacción de los compromisos del Partido con la sociedad mexicana, no sólo con sus electores.

Esta ha sido la tarea fundamental a la que nos hemos orientado los miembros de la Corriente Renovadora; hemos recorrido el país, acudido a donde nos han invitado, hemos dicho que el PRI se alejó de sus principios rectores, que quizá dejamos atrás muchos de los compromisos que inicialmente tuvimos.

Y que este era el momento no sólo de reivindicarlos, sino de vivirlos, de compartirlos. Sentimos que eso es lo más importante para contribuir a combatir los graves problemas de pobreza, analfabetismo. En este momento hablamos primero de la alimentación, hablamos de que este es un punto que debe de estar crecientemente...

examen: Me permito interrumpirte... nada más un minuto, para decirte que en la mesa número dos está el Proyecto de Nación, que es el programa de acción y contiene en su composición, distintas discusiones o tribunas: soberanía, política y goberna-bilidad, economía y sustentabilidad, desarrollo social, igualdad de oportunidades y lucha contra la pobreza, salud, trabajo y seguridad, educación, ciencia y tecnología, cultura y recreación, ecología, recursos y calidad de vida, desarrollo rural, causas indígenas, justicia, seguridad y derechos humanos y política internacional, este es el proyecto de Nación. La mesa uno se refiere a los principios y valores...

IC: Correcto, entonces vamos a la mesa número uno. Cuando hablamos en la mesa número uno del Código de ética, la Corriente Renovadora ha externado en otros foros que no sólo queremos hoy un Código de ética, porque lo tenemos, sino que queremos que se cumpla, que sea estricto en su aplicación.

En segundo lugar dijimos que las causas no tenían un sector definido. En este sentido, una causa afecta a todos. Es una causa horizontal que a todos nos flagela, a los obreros, campesinos, clases populares; a los menos protegidos en cualquier parte, del campo, o la ciudad...

examen: Raúl ¿tú que opinas de eso?

RAUL MORENO WONCHE (RMW): Tengo una actitud crítica hacia la 18 Asamblea. Por razones obvias, tiene una tarea importante que no se acaba de definir ni de establecer las vías para que se cumpla.

Las asambleas del Partido y esta no es la excepción, estaban diseñadas para renegociar la alianza del Partido con el Presidente de la República, se trataba de un Partido en el gobierno, pero cuando lo dejamos, cuando nos sacan, la Asamblea queda planteada en los mismos términos, sin variación alguna, no sólo en cuanto a sus propósitos, sino hasta en su formato. Hasta ahora no se conoce algún documento en donde el Partido asuma lo que pasó, lo explique y en función de eso busque una redefinición de su papel político. Se supone que esto lo debería hacer la Asamblea, siempre y cuando tuviera una guía en su discusión, que al parecer no la tiene ni la podrá tener.

Ya no operan los estatutos planteados para que el Presidente estableciera una vía de conducción, una vía de transmisión. Sin embargo a ellos obedece en lo fundamental el diseño de la Asamblea.

Es significativo que la propia convocatoria del Partido en sus consideraciones que dan marco a la Asamblea, no haga una valoración de la situación política del país; es un documento absolutamente bofo, la parte introductoria, la que le da marco a la Asamblea no sirve para mucho.

Durante años el Partido demandó esta Asamblea, ahora se hace con un retraso de varios años, lo cual nos colocó en una situación de ilegalidad interna en el Partido. Sin embargo, cuando se decide hacerla, por la presión de las bases, no se le reubica en las nuevas condiciones el Partido, sino que se hace de acuerdo con condiciones inexistentes en el país.

Después, se hace un esfuerzo para rediseñar la Asamblea; una consulta nacional y reuniones del Comité, del Consejo Político Nacional, las peores reuniones en su historia, en el límite del quórum, inclusive en ocasiones sin él. Ya habiéndose salido la mayoría se definen situaciones importantes al grado del absurdo, que atentan contra la calidad de la representación política en la Asamblea. La Asamblea es un evento de representación política por excelencia.

Se han introducido cuotas por género, lo cual me parece un absurdo y luego más absurdo aún por edad. ¿Por qué por la edad?, ¿cuál es la presencia del Partido en el movimiento juvenil?, ¿cuál es su política juvenil? Cuando nos quejamos de no tener ascendencia entre los jóvenes, es porque no tenemos una política para ellos.

Si simple y sencillamente acudimos al expediente de llevar jóvenes a la Asamblea, o serán acarreados o en el mejor de los casos serán representantes de las ideologías a las que son susceptibles los jóvenes que son las de las universidades privadas, de la televisión, etcétera.

En el colmo se acude a procedimientos de insaculación que no tienen ninguna representatividad política. Así nos vamos a ver en la paradoja de que militantes probados queden fuera de la Asamblea y llegue a ésta gente que se sacó una rifa y que no entiende nada de nada.

Doce mil integrantes de la Asamblea, se me hace un número absurdo, ¿qué harán esas personas reunidas aquí? Lo que pueden hacer es ulular. Debemos hacer un ejercicio crítico que lleve a una redefinición de la función del Partido, que ahora sí, requiere de una reflexión a cargo de gente con experiencia y conocimiento.

La Asamblea se inicia sin documentos, ¿qué están discutiendo ahorita en las asambleas municipales? No lo sé, lo que se les ocurra a los miembros de las asambleas municipales, muchos de ellos sin mayor experiencia en el Partido y la mayor parte sin una relación orgánica cotidiana en los últimos tiempos y afectado seriamente por las condiciones en que hemos vivido actualmente.

Hay un retraso muy grande en los trabajos de la Asamblea. Además estamos respondiendo a un temario, unos documentos que ya no nos sirven, porque fueron hechos para otra realidad.

En este sentido, estoy muy preocupado, considero que hay una falta de rigor en la preparación de la Asamblea y sobre todo, hay una falta de orientación.

Creo interpretar que cuando se habla de «línea» y eso se critica en el Partido, es invocando el hecho anterior cuando la «línea» provenía de Los Pinos, cuando se nos imponía una determinada orientación o determinadas decisiones desde el poder presidencial.

Pero hablar de falta de «línea» hoy, es dejar al Partido al garete, es dejarlo sin dirección. Una discusión sin «línea», en este caso en la Asamblea, va a dar lugar al caos, al extravío y seguramente hará que muchos esfuerzos válidos se pierdan; y en ese sentido todo el temario está mal hecho.

No sé como en una Asamblea de 12 mil participantes se van a discutir cuestiones de ciencia y tecnología, cuando esas deliberaciones corresponderían a un órgano especializado del Partido. En este momento la Asamblea tendría que estar definiendo otras cuestiones: cuál es la nueva realidad nacional, cuál es el papel del Partido, cuál es la organización que debe corresponder a su papel del Partido, y eso lo tienen que hacer políticos.

Nos espanta que ahora los políticos respondan a intereses corporativos o preestablecidos, cuando así es la política. Esperar a que lleguen ahí jovenzuelos que traen insuflada el alma de nobleza y esperemos vayan a dar la luz para que podamos atraer a que voten por el Partido o a que participen en el Partido millones de jóvenes, En el mejor de los casos esto me parece una ingenuidad. Sin embargo, esta situación pudiera tener otro sesgo.

En las tribunas y comisiones temáticas estatales, los responsables son electos por los consejos políticos estatales. En el caso de los nacionales que van a tener a su cargo la verdadera Asamblea, que va a ser la Comisión Nacional de Dictamen, que durante cinco semanas creo o más, se va a estar reuniendo cotidianamente para elaborar los documentos que finalmente serán las resoluciones de la Asamblea, no veo ninguna vía que garantice que las discusiones desordenadas y sin sentido que tengan lugar en otros ámbitos del Partido, puedan en realidad nutrir este trabajo.

Lo cual abre la posibilidad de que en efecto, los documentos se hagan al margen de la colectividad política que es del Partido, por un núcleo de militantes, en su mayoría, o en su núcleo esencial, designados de manera vertical.

Es una asamblea en donde la parte democrática contribuye a que se haga una Asamblea sin estructura, sin vías de comunicación, sin vasos comunicantes entre los participantes, y otra parte tomada por un núcleo, que son quienes realmente van a tener a su cargo elaborar el diseño del Partido, me temo que al margen de las inquietudes y de las necesidades y las decisiones del conjunto de la militancia.

La democracia en el Partido no es una cosa para estarla improvisando a cada momento o estar trasladando criterios de un sitio para otro.

Este tipo de estructura que se ha elegido para la Asamblea, muy similar a la que se escogió por ejemplo para el Consejo Universitario la vez pasada, que ni ahí tuvo sentido, en un Partido me parece que tiene todavía mucho menor sentido.

Es muy válido que se recurra a instancias como ésta, en donde con toda libertad se pueden hacer expresiones que correspondan a otros propósitos. La declaración de principios del Partido debe ser, ante todo, un concentrado de los valores del pensamiento social mexicano, que a lo largo de la historia de México hemos desarrollado como Nación y como pueblo.

Estos valores y principios ya han sido considerados en ciertos momentos por las Asambleas anteriores, en unos momentos con mayor énfasis que en otros, pero ahí están.

Habría que hacer un trabajo sistemático, en gran medida lo va a realizar la Comisión Nacional Editorial para ofrecer a los militantes un catálogo ordenado de principios y de valores, para la formulación de una nueva declaración de principios, ya no inspirada ni determinada por las indicaciones del Presidente de la República, sino ahora extraída de la propia historia del Partido y frente a una realidad. Eso es lo que me preocupa, que no hemos dilucidado la realidad mexicana en la que estamos y la discusión, por su propia falta de jerarquía, de pertinencia, de método, es muy probable que no nos la ofrezca.

Entonces, las instancias de Partido en sus diferentes expresiones o los grupos de militantes, tendremos que hacer un esfuerzo adicional para ofrecer documentos o propuestas de discusión que la ordenen, guíen y conduzcan, porque si no, vamos a caer en una situación lamentable.

En este punto de declaración de principios, que ahora es de ética y reivindicación de las causas obreras, campesinas y populares, está definido lo que a mi juicio debe de ser la columna vertebral de la declaración de principios del Partido. En ciertos momentos la historia del Partido lo ha tenido y es la valoración del trabajo como valor social fundamental, que además es origen y destino de los derechos sociales, característicos de nuestro constitucionalismo revolucionario y, por lo tanto, de la ideología revolucionaria del Partido.

Debe de ser el eje que articule el conjunto de valores del Partido y defina el sentido de su lucha.

Enrique Mendoza: En primer lugar, para agradecerte la invitación para participar en este coloquio.

Suscribo puntualmente los señalamientos críticos que ha hecho Raúl en relación con la organización de nuestra 18 Asamblea.

Creo que anotarlo dentro de este espacio de libertad nos permite pensar en la posibilidad de que efectivamente los señalamientos críticos, autocríticos en este caso, tengan alguna influencia en la marcha de la Asamblea.

Como lo señalaba Raúl, la realidad que hemos desatendido durante mucho tiempo, ante la cual hemos sido rígidos, nos empuja a convertir la 18 Asamblea en una reunión para la redefinición del Partido.
Carecemos de un análisis objetivo de los antecedentes históricos que llevaron a nuestro Partido a la pérdida de la Presidencia de la República.

Las explicaciones subjetivas sobre este fenómeno han llevado al surgimiento de una serie de expertos, que yo llamaría derrotólogos, para decirnos por qué perdió el Partido. No lo hacen con seriedad, es la exposición muy personal de este fenómeno de frustración en relación con las elecciones del pasado 2 de julio.

Creo pertinente señalar que esta primera meta, dedicada a la declaración de principios, tiene todo el material histórico acumulado que debe expresarse en esta declaración de principios.

Durante muchos años quienes somos viejos militantes del Partido aprendimos en el discurso político que los principios de nuestro Partido estaban inspirados fundamentalmente en los principios de la Constitución Política de 1917, así como del resultado de este documento histórico, que dio lugar al surgimiento del llamado humanismo social de la Revolución Mexicana.

Los principios siguen vigentes, los principios están ahí para que los llevemos a la realidad. Lo que debemos modificar son los métodos y los programas de acción.

Si analizamos la declaración de principios de nuestro Partido a través de la historia, son excelentes, son magníficos. ¿Cuál ha sido el problema? Que no los hemos llevado a la realidad y que nuestra dependencia de la figura presidencial, históricamente considerada, nos llevó a la burocratización del Partido.

Sabíamos que en la repetición irracional y casi automática de ciertos signos, íbamos a transitar por el camino de la militancia de Partido hacia cierto tipo de posiciones. Eso ya no es posible ahora.

¿Pero qué pasó realmente y cuál debe ser la nueva posición del Partido frente a esta realidad?

Hoy nos encontramos con el problema de que somos un Partido de la tercera edad. Yo no veo jóvenes en las reuniones, en las Asambleas, en los actos políticos del Partido, como los vi hace 40 años que comencé a militar en este Partido,.

No hemos captado la extraordinaria diferencia que hay entre el modo de pensar de una incipiente clase media, que generó, estimuló y que apoyó el Partido, desconocemos la forma de pensar de la actual clase media, muy amplia y poderosa, que diverge sustancialmente de los intereses y los fines del Partido.

Tenemos un sector popular absolutamente derruido, que nada tiene que ver con la realidad actual, que no es representativo, que es la acumulación virtual de una serie de siglas de organizaciones inexistentes.

No quiero señalar con la misma crudeza, que esto ocurre también en los sectores obrero y campesino, pero es importante tomar en consideración esto: ¿cuál debe ser la finalidad primordial de la 18 Asamblea? Es necesaria una redefinición total, exhaustiva del Partido. Una readecuación a la realidad actual y privilegiar la acción, en relación con el Partido, porque la política es básicamente acción inspirada en un pensamiento, en una ideología, porque ahí están los documentos, muy hermosos, muy bien redactados, muy bien hechos, pero que han sido olvidados, que no se llevaron a la realidad.

Esa es una de las razones del divorcio con las clases medias, con los jóvenes de las nuevas generaciones. Es preciso explicar la derrota, las causas del 2 de julio.

Así, en el seno de estos coloquios es importante la expresión autocrítica abierta, que no podíamos hacer en otras reuniones, porque considero que no es prudente hacerlo frente a los medios. Es importante que hagamos este tipo de coloquios, porque eso va a permitir que este pensamiento, esta idea influya en la configuración dinámica, real, de la 18 Asamblea.

examen: Muchas gracias Enrique. Miguel Ángel.

MIGUEL ÁNGEL CAMPOSECO (MAC): Gracias. Mis primeras palabras llevan el agradecimiento por permitirme estar en esta reunión con nuestros compañeros de la Corriente Renovadora.

Quisiera nada más señalar dos cosas: qué bueno que es nuestra revista examen la que nos permite estar aquí; porque desde mi punto de vista, el examen implica una actividad intelectual, de análisis. Es decir, un cierto método, respecto del tratamiento de un objeto del conocimiento o de un asunto público o común y con el propósito de fijar un diagnóstico y establecer pronósticos, sugerencias, posibilidades o expectativas.

Qué bueno que sea nuestra revista la que nos abre esta página visual y escrita, para poder expresarnos.

Segundo, me gusta mucho que estemos en este coloquio, porque la propia manera de calificar el evento significa que estamos dialogando entre comunes, con asuntos comunes, con propósitos comunes, con ideas comunes. También agradecer lo que Irma ha dicho a nombre de nuestra corriente, lo que Raúl con claridad meridiana señala y lo que Enrique precisa en su última intervención.

Como dijo bien Enrique, los principios del Partido ya están perfectamente incorporados a nuestros documentos, han sufrido las modificaciones circunstanciales de los programas de los gobiernos de la República, que adecuaban al Partido a una realidad política de gobierno para todos.

Nuestro Partido siempre fue un Partido incluyente de todos los sectores, porque eso es lo que justifica su razón y su principio de ser democrático-social, tener el principio de la democracia social.
Si bien es cierto que partimos del principio de que toda organización política se organizaba para conseguir el poder público, pero las condiciones de la sociedad han cambiado.

Hoy en día la sociedad se ha politizado en grado extremo. En ello han contribuido la revolución tecnológica, la difusión de las ideas con mayor facilidad, el crecimiento de las universidades, el pensamiento crítico de los autores, la participación de los maestros en cada una de las aulas. Esto nos ha dado una sociedad muy diferente, una fuerza politizadora de movilización, que se encuentra básicamente entre las personas de entre 18 y 35 años.

Enrique lo precisa con una gran claridad y a esa fuerza política no le hemos hecho caso. Y es la fuerza política que, a juicio de algunos, inclinó por sus 4 millones 800 mil miembros, casi, casi, la formulación de voto, que nos hizo perder la Presidencia de la República, pero yo quiero decir varias cosas.

¿A qué se enfrentan los partidos políticos hoy y no sólo el nuestro? A una sociedad política demandante de condiciones de representatividad, de participación, de deliberación y de toma de decisiones comunes, en una sociedad política como la nuestra, en donde militan casi 60 millones de mexicanos, debemos entender qué quiere esa sociedad política.

Lo que estamos discutiendo aquí, Rumbo a la 18 Asamblea, no es lo que nos conviene discutir. Estamos de acuerdo, es un diagnóstico equivocado de quienes tomaron las decisiones. Ante esto ¿qué podemos hacer usted y yo como militante?

Independientemente de que estemos de acuerdo o no de acuerdo en esto, la pregunta es ¿qué vamos a proponer ahora para un Partido dinámico? No la readecuación de un Partido, sino un Partido que entienda que estamos en transición y que todo mundo está en transición política.

Por decir algo: 1974, después de la Guerra de los Claves de Portugal, en el mundo había 37 democracias exclusivamente; en 1996, casi 22 años después, en el mundo se habían celebrado elecciones en 117 países, elecciones limpias, honestas, democráticas.

Pero para el año 2000 se han celebrado 198 y todos estos proceso democráticos, son procedimientos electorales de transición, entre un grupo que domina en una sociedad, un Partido que dominaba y un Partido que accede hoy al poder para dominar.

Si tenemos una sociedad participativa, deliberativa y representativa, la pregunta es ¿qué espacios abrimos para que esto pueda ser real?

Primero, si vamos a hablar de que nuestro principio es democrático, estoy centrado en la esencia del Partido.

La democracia participativa significa que todos, en igualdad de condiciones, debemos tomar parte en las decisiones del Partido y resulta que aquí, en este Partido, ninguno somos iguales, todos somos desiguales.

Es decir, somos tratados proporcionalmente a lo que representamos. Si representamos una sola persona, somos reconocidos como un hombre intelectual, como un militante activo y se nos da la posibilidad de que estemos en un proceso de participación. Pero si representamos un grupo, entonces nos dan una cuota. Eso no es posible, eso no debe ser, no hay igualdad en el Partido, hay equidad y hay proporcionalidad, pero esos principios no son iguales en un Partido democrático, en donde permita la participación de todos.

Por lo tanto, hay que cambiar la estructura corporativa de asignación de posiciones dentro del Partido, para hacerlo dinámico y participativo.

Segundo, no somos deliberativos. ¿Por qué? Simple y sencillamente porque para deliberar hay que tener información común, establecer foros regulares y establecer las reglas de participación y saber si esa deliberación conduce a tomar o no tomar decisiones.

Doce mil personas en una Asamblea no pueden tomar decisiones de calidad. Van a tomar decisiones de cantidad. La pregunta es ¿nuestro Partido requiere hoy las condiciones de ser un organismo de oposición, frente a un Ejecutivo federal y de ser Partido en los gobiernos estatales, en los ejecutivos estatales? ¿O ser primeras minorías o mayorías dominantes en las Cámaras locales? ¿Requiere esta readecuación?

No, requiere adecuaciones funcionales, y en eso voy contigo, en sus programas de acción. Cada estado de la República necesita estrategias diferentes de trabajo.

Para mí, la fuerza democrática del Partido no se encuentra en el Ejecutivo, se representa en el Congreso, ahí es donde están representados los intereses del Partido.

En el Ejecutivo no pueden estar representados los intereses del Partido, porque cuando el Ejecutivo se percata que debe gobernar para todos los grupos económicos, políticos, sociales, culturales y de interés; atender los reclamos de todos los factores reales de poder que expresa la sociedad, atender las demandas y las presiones de orden internacional, para poder gobernar el país.

Por lo tanto, deja de ser tristemente miembro de un Partido, para convertirse en un articulador y un coordinador de las políticas públicas, que no tienen nada que ver con los principios esenciales del Partido.

Por eso, los últimos tres presidentes surgidos de nuestro Partido destruyeron los principios que debieron haber regido, ¿por qué? porque no podían. Esto me lleva al otro principio, la lealtad al Partido, ¿fueron leales? No. No fueron leales a los principios, fueron fieles a la función ejecutiva, coordinaron las acciones constitucionales, la Constitución es para todos, nuestro Partido no es para todos, es para atender las necesidades sociales y las clases desprotegidas, pero también para promover la inversión pública y privada, en fin, nuestro Partido es un gran frente.

No podemos discutir los mismos temas porque tenemos, por ejemplo, la Confederación Nacional de Organizaciones Populares, que igual tiene como clientes a los ambulantes, que al comercio organizado.

La pregunta es: ¿cómo en un espacio político del Partido, frente a la autoridad, gestiona, por un lado, que les den espacios a los ambulantes y no los agredan? y por otro lado, ¿cómo proponer al comercio organizado que tenga las seguridades de que podrá tener, pagando sus impuestos, utilidades cuando tiene la competencia enfrente? Entonces hay desproporción en la competencia.

Por lo tanto, pienso que no tenemos una función deliberativa y además no tenemos la misma información, cada quien tiene su propia información de acuerdo con sus intereses.

Por último, no tenemos una función representativa, ¿qué quiero decir con eso? Los estándares internacionales me dicen que la función representativa de los partidos radica esencialmente en las formas de elegir a sus representantes internos y a los cargos de elección popular.

Hoy debemos revisar métodos para elegir a nuestros miembros de Partido.

En este esquema genérico de sociedad política de 60 millones de mexicanos cabe analizar dos grandes vertientes, primero: ¿qué piensa la sociedad de los partidos políticos, no sólo de nuestro Partido, sino de todos? Que carecen de representatividad; los partidos políticos hoy en la Cámara de Diputados y de Senadores y en los ejecutivos, no representan los intereses del electorado. Prueba de ello es que se discuten las contribuciones, la ley indígena, sin el consenso popular, las cámaras no tienen la representatividad que anteriormente tuvieron como núcleos de acción política.

Por otro lado, si carecen de representatividad, no tienen la legitimidad, porque los electores no tenemos un derecho para conminarlos a que cumplan con el mandato político que les dimos, no tenemos los mecanismos de auditoría ciudadana política para traer a la gente y llamarla a cuentas.

Entonces vivimos una democracia de ficción, hemos crecido en ONG‘s, en los debates, en los medios de comunicación, pero no tenemos formas constitucionales de exigir el cumplimiento del voto que les dimos. Por lo tanto, se carece de legitimidad y eficacia.

¿Qué Partido queremos? ¿Es el Partido un problema de la sociedad, sólo del grupo militante, o es problema de la burocracia interna del Partido?

Desde mi punto de vista es una mezcla que debe empezarse a analizar, para dotar a los miembros de nuestro Partido de las capacidades de hacer auditorías políticas en toda la sociedad, de acuerdo con los estándares internacionales recomendados para el perfeccionamiento de las democracias.

Si la elección es importante en un proceso democrático, la elección no es la democracia. Esto hay que señalarlo con nitidez, que el señor Fox haya llegado o no haya llegado, no es democrático al final de cuentas, es un proceso electoral en donde participan las personas imbuidas de muchas cuestiones que no son necesariamente el producto del trabajo democrático de una sociedad.

Por lo tanto, lo que nos corresponde hoy como Partido, no solamente es asumir la idea de que debemos dar un vuelco o crear otro Partido en el sentido estructural mismo del Partido. Platicábamos con Enrique, ¿qué se quiere de nuestro Partido? ¿Qué se quería de nuestro Partido? Preguntaría nuevamente.

Se quería que fuéramos un Partido organizado territorialmente, cuantitativamente localizado, con focos de atención y acción en todo el país. Teníamos un Partido territorializado, corporativizado, organizado, ¿para qué? Para darle fuerza de legitimidad a las decisiones del Ejecutivo, no a las decisiones democráticas de los legislativos.

Y esto es muy importante señalarlo: no fuimos un Partido democrático en el campo de la organización de los poderes públicos, y nos olvidamos de la organización de los poderes sociales, y en los poderes sociales está la fuerza política de cualquier gobierno.

Lo que hoy nos interesa como Partido es organizar los poderes sociales, los poderes de la sociedad política, los poderes de revisión crítica de los ciudadanos para que podamos construir una democracia deliberativa, participativa y exigente.

Además, la crisis de representatividad del Partido se tiene que asumir como un problema de primera instancia. ¿Por qué carecemos de representativi-dad? Si en la democracia que estamos viviendo construimos todo el andamiaje para que hubiera derechos humanos, derechos civiles, derechos políticos, derechos constitucionales, organismos ciudadani-zados para calificar las elecciones, si nosotros construimos la decisión para otorgar a todo grupo político que quisiera erigirse, al Partido fundador para que pudiera participar, si establecimos la equidad en los medios de comunicación, hicimos todo un trabajo de andamiaje, no hicimos 71 años de corrupción, si el Partido no es corrupto, nunca ha sido corrupto, jamás ha sido corrupto el Partido, porque el Partido somos todos los votantes, han sido corruptos algunas personas que hemos elegido bajo condiciones indeseadas o bajo condiciones deseadas, pero que han traicionado no al Partido, a los valores esenciales que como pueblo le fue asignado por la cultura que tenemos.

examen: En esta primera ronda se hizo una brillante racionalización del fracaso. Pero para la segunda ronda, retomando sus ideas , ya que tocaron todos y cada uno, las cinco mesas en una forma tangencial, hay tres preguntas que están en la mente de todos nosotros. Primera pregunta: ¿qué debe pasar con los sectores?

Unos dicen, que hay que desaparecerlos de la estructura del Partido o mejor que sean más autónomos (porque no van a desaparecer). Que realicen sus propias gestiones y canalicen sus demandas, luchen por ellas y en la medida en que coincidan con las del Partido, acompañarlos, si no coincidieran, dejarlos a su propia fuerza. Es una pregunta obligada para todos nosotros: ¿qué hacer con los sectores?

En primer lugar para los propios sectores, o sea en primerísimo lugar por su autonomía e independencia; los sectores han influido mucho en el Partido, en cuanto a las cuotas de poder, en cuanto a la designación de candidatos y dirigentes.

La segunda pregunta se relaciona con la democracia interior que surge precisamente por la pérdida de la Presidencia de la República. La pérdida de esa línea presidencialista nos permite definir un mando colegiado o una cuestión más democrática, menos presidencialista, como expresó Miguel Ángel.

¿Qué vamos a hacer con el Consejo Político Nacional o los Consejos Políticos Estatales? ¿Van a funcionar como parlamentos, con periodos de sesiones? ¿Cómo van a deliberar, a dictaminar, a trabajar coordinadamente? ¿Cuál va a ser la dirigencia democrática, o sea, cómo vamos a escoger a nuestras dirigencias? ¿Cómo le vamos a hacer para ganar en el 2003 y en el 2006?

Para el 2003 es esencial que recuperemos la mayoría en la Cámara de Diputados y así evitar el avance de la derecha.

Necesitamos salir de esa tendencia perversa que empobrece a la mayoría de la gente y recuperar nuestro verdadero sentido.

Las tres preguntas serían: ¿Qué vamos a hacer con los sectores? ¿Qué vamos a hacer con la democracia interior? ¿Qué vamos a hacer con las elecciones del 2003? Es el turno de Irma.

IC: Vamos a una Asamblea con el propósito claro y definido, primero, de la participación. Por eso habrán 12 mil delegados y ojalá hubiera 2 millones, por una única y exclusiva razón: cada una de las mesas contendrá el tema en el que se van a exponer los puntos que interesan a los participantes.
Que hay cinco mesas definidas, que hay 23 temas establecidos, sí, pero hay un artículo en el que dice que se verán todos los asuntos importantes.

Como Partido, olvidamos que la participación política era lo más interesante para saber qué estaba pasando; se nos olvidó ir a las plazas públicas, ir a las calles, conversar con los jóvenes; el movimiento del 68 nos limitó el acceso a las instituciones de educación superior pública; vimos un devenir importante y no supimos apreciarlo en su momento.

Hoy vamos a acudir a cinco sedes, diez sedes, quinientas sedes y nos vamos a decir: ¿qué pasa?
Como producto de una clase media que empezó, en mi caso, en una escuela rural en la primaria y terminó en la Universidad Nacional Autónoma de México, sé bien que la educación es llave y es clave, es lo más importante que le puede pasar a un país.

¿Qué vamos a hacer con los sectores? Es algo que nosotros no lo vamos a saber en esta mesa. Vamos a participar en nuestros propios sectores; a decir qué creemos que debe hacerse; pero no lo vamos a decidir como Partido, son los sectores los que deben expresar su punto de vista.
¿Qué vamos a hacer en democracia interna?

El concepto en sí es tan extraordinario que permite hablar de democracia en Atenas donde las mujeres no votaban, por ejemplo; permite hablar de democracia entre los romanos donde solamente los ciudadanos votaban y no los extranjeros, porque estaban fuera de las murallas y puertas de Roma; permite hablar de democracia de partidos, en donde hay 50 partidos o en donde solamente hay uno. No podemos hacer una figura de democracia como camiseta y metérselo a fuerza a todos.

Este es un Partido que ha sido democrático, lo que ha sucedido es que han cambiado las formas de ejercer esa democracia. Recuerdo, hace dos años se dio la elección de la dirigencia nacional en este Partido por el Consejo Político Nacional, que es como lo marcan los Estatutos, pero antes los otros también vinieron por un ejercicio democrático.

La democracia no significa que me hagan caso a mí, la democracia significa, primero, comunicación, participación, información, deliberación, vamos a entendernos.

Lo que vamos a ganar en este proceso es, fundamentalmente, credibilidad.

Ese es el tema que nos va a unir, voy a saber qué le está pasando a usted, si está teniendo problemas porque las colegiaturas son muy caras, porque la casa se la llevaron en el problema del Fobaproa, porque pasaron mil cosas.

Y seguramente usted oirá que soy jubilada y que los problemas de los jubilados son de otro tipo, cosa que por su edad, en este momento está usted lejos de suponer que va a llegar.

Entonces vamos a sentarnos a saber qué pasa, todos vamos a convivir, nos vamos a contar nuestras cosas y nos vamos a fijar cuáles son exactamente los elementos a los que queremos llegar como Partido.

Esas son las reivindicaciones sociales a las que yo me refería. Entonces, creo que la frase con la que la Asamblea debe salir es Luchamos por ti, tu credibilidad nos interesa. Porque, de otra manera, no podremos pedir el voto, no vamos a poder ir a decir, fíjate que nos estamos organizando para hacer un parque en ese baldío que es lugar de rufianes y nada más andan molestando a las muchachas.

Vamos a hacer algo y vamos a proponernos que todos los que saben mucho, digan lo mucho que saben, para inscribirnos internacionalmente, como país, en un mundo cambiante.Y nosotros, como Partido, vamos a tomar esas definiciones y vamos a trabajar todos los días porque en el parque no haya rufianes.

examen: Regresamos con Miguel Ángel.

MAC: Gracias Irma. Estoy de acuerdo contigo. Hay que analizar los partidos en función de los momentos en que surgen. Se crearon partidos en función de su estructura, de la producción agraria, de las relaciones incipientes de las ciudades y entonces eran partidos que significaban y que tenían una acción específica.

Los partidos de la primera era de la sociedad abarca 10 mil años. Pero los partidos de la segunda era arrancan con el maquinismo y la industrialización de la sociedad y, por lo tanto, se construyen partidos diferentes, partidos que van a ver la lucha de clases, partidos que van a ver la estructura diferenciada de las funciones de la sociedad, que van a dar a la representatividad un interés corporativo.

Las negociaciones se realizan a través de la ley y la creación de las políticas públicas necesarias para satisfacer básicamente a los procesos productivos y regular la acumulación de la riqueza, para que se pueda distribuir eficazmente o, por lo menos, si no eficientemente, de una manera proporcional a las necesidades de las masas trabajadoras del campo y de la ciudad, y la clase media incipiente, empieza a cobrar, en esa segunda ola, una ubicación temporal.

Esa segunda ola es muy reciente; del siglo antepasado a principios de este siglo, y se acabaron esos partidos para que surgiera una tercera generación, que fueron los partidos que proclamaron la defensa del pueblo y que asumieron una actitud de reto, frente a la función capitalista creada por la sociedad industrial.

Pero esos partidos también ya se acabaron. Lo que hoy estamos viviendo es la generación de un nuevo Partido, lo cual a mí me preocupa sustancialmente: los partidos deben tener cantidad de militantes o calidad de dirigencias, rectoras de los trabajos políticos a una sociedad genérica, o los partidos necesitan justificar su presencia con un clientelismo numérico, para decir: «Estado: como tengo tanto número, regálame tantos dineros», que al fin de cuentas es el mismo dinero del pueblo.

Dentro de estos planteamientos genéricos, debemos fijar, a dónde está la sociedad, a dónde están los Estados que, en todo el mundo, hoy se han reducido en sus capacidades de gobierno, se han reducido a ser órganos rectores.

En Japón, por ejemplo, el gobierno es pequeñísimo ya y dialogan los partidos con los sectores productivos y con los sectores sociales, a ver qué candidato es el que ofrece más beneficios o cuál es el programa mejor. Se vota por programas, ya ni siquiera por partidos. Mientras, nosotros nos hemos enfrascado en mantener históricamente el Partido de la Revolución Mexicana, pensando en que es democrático...

En respuesta a la pregunta ¿qué vamos a hacer con la organización de los sectores?, considero que ese modelo de Partido está rebasado. Era un modelo diferente, era un modelo de clientelismo, en el cual se necesitaba tener los interlocutores con los grupos que iban a regular y a manejar ciertos procesos internos en la sociedad o participar en elecciones.

Hoy la sociedad reclama organizaciones dinámicas, democráticas, deliberativas, participativas y representativas. Y eso ya no son los sectores del Partido. El Partido debe abrirse a todas las organizaciones, sin clasificarlas.

¿Por qué? Porque el campesino ha dejado de ser campesino, para vivir en la ciudad, y es inquilino, por lo tanto es miembros del sector popular y a la vez, trabaja en una fábrica, por lo tanto es miembro del sector obrero, pero sigue siendo terrateniente en la zona de Milpa Alta, por ejemplo, por hablar de la conurbación. Entonces, ¿a dónde pertenece ese señor? O lo tenemos censado, 3 veces y entonces multiplicamos artificialmente la militancia.

Esa forma de clasificación que tomamos de la organización europea, hoy no tiene ya razón de ser. No obstante, implica una existencia funcional de remodelación de los sectores, para integrar las agrupaciones representativas en torno al Partido.

Ahora, ¿esto me lleva a una diferenciación nacional y territorial? Sí, evidentemente. Lo que habíamos era un Partido de modelo, un Partido federal, un modelo federal organizado y regulado por la Presidencia de la República. Hoy el Partido debe ser horizontal, organizado y regulado por los estados donde tenemos presencia, manteniendo la formulación vertical, en cuanto a los lineamientos generales.

Pero en donde no tenemos el ejecutivo de nuestro lado, entonces ahí debemos crear otro modelo de Partido, un Partido más deliberativo, diferente, en donde la decisión colegiada tenga una razón de ser.

Por lo tanto, esto me lleva a que no debemos pensar nada más que la elección de la dirigencia debe ser una elección formalizada y sacralizada como la llevamos, en el pasado. Ya no somos un modelo de Partido federal presidencialista, hoy somos un Partido federal en el sentido de que estamos integrados en cada una de las federaciones, y los ejemplos internacionales nos demuestran que hay partidos que están funcionando perfectamente bien así, en Estados Unidos el Partido Democráta son 51 partidos y el Partido Republicano son 51 partidos, y en otros, por ejemplo, en Rumania hay ahorita 80 partidos trabajando y aquí tenemos ya 17 y queremos todavía más.

Entonces debemos repensar estas cosas con un sentido de reingeniería constitucional de los partidos en México, y no nada más pensar en nuestro Partido, sino qué proponemos.

Y yo mientras digo que nuestro Partido hoy implica un trípode:

1.- La agenda de necesidades del ciudadano.
2.- La agenda política de gestión del Partido
3.- La agenda de las políticas públicas de la autoridad.

¿Por qué? Porque las necesidades del ciudadano se van a traducir en una captación de recursos, que el Partido, si los envuelve en un programa de negociación política como interlocutor con el gobierno, como mediador entre la sociedad y el gobierno, entonces podrá moderar la ejecución de los recursos públicos en beneficio del propio ciudadano.

Y aquí es donde insisto en el énfasis democrático de los poderes. El Poder Judicial no es un poder democrático, es un poder oligárquico, el Poder Ejecutivo es un poder de publicidad o política coyuntural propagandística, pero el verdadero poder democrático se encuentra en los parlamentos, en nuestros congresos, en nuestras legislaturas, en nuestras asambleas estatales, en la Cámara de Diputados y en la Cámara de Senadores.

Por lo tanto, remodelar el Partido implica atender esencialmente nuestro principio democrático, de voluntad política de militar.

Lo que llamamos «disciplina» hay que cambiarlo, ese era el modelo presencial, hoy lo que debemos entender es lealtad a los principios, hoy lo que debemos entender es solidaridad con las causas que postula el Partido, no disciplina partidaria, al contrario, debemos pensar que la unidad no es más que la suma de pluralidades que le dan esencia a una dimensión específica en la búsqueda de valores precisos del Partido.

La justicia social la definimos de diferentes maneras. La pregunta es: ¿Lo que es justicia social para los empresarios no es justicia social para los trabajadores? Habrá qué readecuar los programas de trabajo con el Partido y esto llevaría nada más a una conclusión final: Estoy en contra –y aquí me sumo a lo que de entrada dijo Raúl–, a que a una mesa le llamemos «Proyecto de Nación». Nosotros somos una Nación consolidada, con estructura, con instituciones, con trayectoria, con historia, con presas, con carreteras, con escuelas, con cultura.

¿Qué vamos a proyectar? ¿una nueva Nación? Lo que debemos hacer es una nueva función de Partido, entendamos que el Partido no está proyectando la Nación, la Nación está en la Constitución.

EM: Los sectores son el producto de una idea del Presidente de la República, en aquellas circunstancias en relación con la realidad política.

Recordemos que no fueron siempre los tres sectores que conocemos, había también un sector militar que salió del Partido en 1949 con la nueva nomenclatura de nuestro instituto político, con el Partido Revolucionario Institucional, y también que la figura dominante en el panorama político de México del siglo XX es la figura del Presidente de la República, que influye en la estructura esquemática del Partido de acuerdo con un modelo que se toma de los partidos europeos.

Creo específicamente que Lombardo Toledano se refería al Partido Comunista de la Unión Soviética y que de ahí se tomaron ideas para estructurar nuestro Partido, como el Presidente de la República, nosotros sabemos, que en su ubicación circunstancial de tiempo se encargó de fortalecer o de crear un sector obrero dentro del Partido.

No había una clase media que pudiera llenar los extremos de un sector, que ahora llamamos «Popular», eso se ha diluido, eso se va extinguiendo, eso es lo que nos damos cuenta que el nuevo enfoque que hace Heladio Ramírez de la CNC.

En nuestro Partido se agrupaban tres sectores porque representaban posibilidades numéricas de voto, aunque es importante diferenciar entre militantes y electores, es una diferenciación que nos interesa porque de ella depende la sobrevivencia del Partido, un Partido muy pequeño, de militantes convencidos, adoctrinados ideológicamente, pero un sector muy grande de electores que se identifica y participa con un programa de acción.

Veo que ineludiblemente los sectores del Partido van a desaparecer, corresponden a otra época del país, a otro modelo. Estamos frente a lo que señalabas al principio, Raúl, de que la realidad nos empuja a que la 18 Asamblea sea redefinitoria esencialmente de la estructura del Partido y eso no está ahí, eso no está aquí.

Estamos comportándonos como si el Partido todavía tuviera la organización de hace dos o tres sexenios con el Presidente de la República en la cúspide.

La democracia interna se dará por la participación, como decía, horizontal y más amplia de los militantes y de los electores.

La elección del 2003. Dicen que un pesimista es una persona que no está suficientemente informada, es probable que ese sea mi caso.

Veo con profundo desaliento las elecciones del 2003, lo veo en el comportamiento social de los jóvenes que van a votar en ese año.

No tenemos la conexión, el puente, la capacidad de convocatoria, de convencimiento para que voten por nuestro Partido. Tenemos, y esto hay que señalarlo, el problema grave de que los medios de comunicación son otro Partido político adversario del nuestro. Ese es otro problema a considerar.

Veo que a esta distancia, con esta perspectiva, el panorama para el 2003 no es muy alentador.

Muchos pensamos en la elección anterior que tal vez sería la última vez que nuestro Partido ganaría la Presidencia de la República. Nos equivocamos radicalmente, atenidos a una interpretación, a una estructura de educación partidaria que nos hacía pensar que esa estructura iba a funcionar y que aunque fuera por un número corto de votos íbamos a ganar la Presidencia de la República. No fue así.

Esa distancia, entre quienes votaron por el candidato de nuestro Partido y los que votaron por los candidatos de otros partidos se agrandará cada vez más, la inercia que en física es una fuerza que opera de una manera progresiva y que debe ser o puede ser detenida si una fuerza similar se le opone.

Yo no veo la fuerza similar que se oponga a la inercia antipriísta en la actual sociedad sobre la que estamos hablando.

Entonces, este señalamiento nos debe llevar a pensar también en una modificación. Todavía puede hacerse en relación con los temas de cada una de las mesas.

Es importante que esto no solamente se incluya en lo que se diga en la mesa cinco, como meta por el que comienza, que es la visión de futuro. No tenemos una correcta visión de futuro, digo, no somos adivinos.

Los partidos se adecuan a la realidad política que les toca vivir, de otra manera, son barridos y desaparecidos por esas fuerzas. Y parece que esto todavía no lo captamos. Veo con angustia que es muy probable que no alcance el tiempo para dar respuesta cumplida a los grandes temas que tenemos por delante.

RMW: Para dar respuesta a la situación de los sectores, yo quería solamente señalar lo siguiente. En realidad, a mi juicio, al Partido tradicionalmente se le consideran tres etapas en su vida que coinciden con los tres nombres que ha tenido.

En su origen el Partido fue una federación de partidos locales, nucleados en torno del jefe máximo y que fue un paso intermedio entre el régimen de los caudillos y de las instituciones. Después fue un espacio de lucha y de negociación, hasta que la integración del PRM con los sectores dio lugar a que el PRM fuera el Partido del Presidente, de la institución presidencial.

Es pertinente recordar que cuando se convoca a la formación del PRM, Cárdenas hace un llamado a todos los trabajadores del campo y de la ciudad, y a los sectores medios de la población, a que se integren a sus organizaciones de resistencia, a sus sindicatos, a sus ligas agrarias, etcétera, y que en la medida en que fueran miembros de estas instancias de los trabajadores organizados tenían, por ese solo hecho, el derecho de ser miembros del Partido de la Revolución.

Era un planteamiento que después se invirtió, ya no se consideró un derecho sino una obligación de los miembros de los sindicatos o de las organizaciones campesinas o de otro tipo de agrupaciones el ser miembros del Partido.

Pero los sectores le dieron fuerza de masas al Partido y fueron el vínculo que permitió al Partido ser el otro eje en el desarrollo del sistema político mexicano, que estaba sustentado en la alianza entre el Partido y el Presidente de la República.

Y los sectores, entonces, le dieron fuerza de masas al régimen, al Gobierno de la República; le dieron contexto a la acción del Partido, le dieron rumbo y fueron unos ineficaces instrumentos electorales casi siempre, porque en la medida en que avanzaba la democracia demoliberal se imponía el peso del individuo en la soledad de la urna a la hora de emitir su voto, y entonces los acuerdos corporativos que había en ese momento contaban poco, pero cada vez contaron menos. Pero curiosamente los sectores, con una tradición, con una fuerza objetiva, representando intereses muy concretos de clases y de grupos, imponían situaciones al Partido, en tanto cuotas de puestos de representación popular o de dirigencia partidista y entonces se produjo una situación paradójica.

Entonces, los sectores fueron una forma de darle sentido social, popular a la acción de gobierno, contenido de masas a la acción de gobierno, de consolidar el rumbo del Partido, pero cada vez fueron menos agentes políticos de la democracia representativa.

Este tipo de partido conservó su esencia hasta que perdimos la Presidencia de la República, el cual tuvo en los sectores su principal elemento de acción política. Ya en las últimas elecciones era evidente que los sectores aportaban pocos votos al Partido, que los mecanismos del voto transcurrían por otros cauces que no eran los de los sectores.

Los sectores, como instrumentos o como ámbitos de la acción del Partido, que imponían actividades al Partido, pero era el Partido incapaz de determinar políticas hacia los sectores.

Ciertamente esto se derivó de una regla que en su momento fue muy eficaz, que sobre todo la relación con el movimiento obrero fue muy válida, los sindicatos tenían derecho a intervenir en los asuntos del Partido, pero el Partido no tenía derecho de intervenir en los asuntos del sindicato.

Los mecanismos de control del sindicalismo por parte del Gobierno transcurrieron por otros canales, sobre todo por los registros de los sindicatos y la administración de los contratos colectivos, pero no fue por la vía del Partido, eso sí nos debe de quedar claro.

Sin embargo, esta virtud que en algún momento preservó la autonomía y la autodeterminación de los sectores, en mayor medida la del sector obrero, en mucha menor la del sector popular y todavía menor la del sector campesino, donde había, ahí sí, una intervención más directa del Partido.

Sin embargo, garantizaron una cosa: que las organizaciones sociales estaban al margen de la política partidista, es decir, como el líder era el dueño de la patente del Partido en determinado sindicato o liga, entonces ahí todos eran del Partido y ya no era necesario hacer trabajo partidista.

Y se abandonó el trabajo político durante décadas en los sindicatos, en las organizaciones campesinas y en las organizaciones de todo tipo, y entonces se daba una situación absurda, donde se decía que eran organizaciones del Partido, pero en donde el Partido no hacía absolutamente ningún trabajo político de ningún tipo.

Desde luego, mi pronunciamiento en contra de los sectores es un pronunciamiento a favor de que se haga trabajo político del Partido en los sindicatos, en las ligas campesinas, en las organizaciones de profesionales, o de empleados, etcétera, que retomemos esa veta de trabajo.

Donde los líderes pueden o no ser miembros del Partido, en última instancia las organizaciones sociales deben de ser devueltas a la sociedad. Ahí hay que hacer una precisión.

Si bien en algunos casos, como en la CTM se cometieron algunos abusos, como decir que todos los de la CTM son miembros del PRI, desde el origen mismo de los sectores, aunque cada sindicato, liga u organización participa en el PRI, sus miembros son libres de militar en el partido de su preferencia, tal como lo garantiza la Constitución.

Esta fue una fórmula que se aplicó en el Sindicato de Maestros desde su fundación, y ahí había grupos de diferentes partidos y siempre los ha habido y los sigue habiendo, aunque el Partido como tal, su peso como corporación, lo aplica en las decisiones y en la vida del Partido.

Esto hay que tenerlo claro, porque no se trató nunca de una acción, en donde el Partido arrojara a los trabajadores y los sometiera a situaciones anticonstitucionales, esto no ocurrió, salvo en algunos momentos muy específicos, pero que no son totalmente representativos.

Entonces, la idea del sector, como instancia de trabajo partidista, debe de ser reemplazada por la idea del frente de masas y nosotros debemos tener trabajo en el frente obrero, con una política obrera definida desde el Partido, con una concepción misma del sindicato y de su función en la sociedad, cosa que no hacemos ahora.

Ahora, la CTM, por ejemplo, nos dice que la concepción del sindicato es mía y si tú te atienes a ella, está bien y si no, pues no. Pero el Partido no actúa en esas instancias intermedias de la sociedad y entonces, no podemos llevar nuestro mensaje partidista a los trabajadores, a los campesinos, a los empleados.

Esto ya se empieza a corregir. Ahí ya la FSTSE ya se establece, según la modificación, en su último congreso, una modificación de tipo estatutario, como ahora pasó con la CNC, en donde ya se modifica esta situación.

Pero esto requiere de una solución ahora del Partido, ya no solamente de las organizaciones de masas. El Partido tiene que decir «esta es mi concepción del papel que juegan en la sociedad mexicana de ahora, los sindicatos, las ligas campesinas, las agrupaciones de profesionistas, etcétera, y yo voy a hacer en esos lugares, con mis militantes, un tipo de trabajo que oriente a ellos a votar por mí, porque represento estas opciones, estos valores, estas ideas».

Este es un trabajo que se dice rápido, pero que implica, además de una revisión conceptual profunda, atacar actitudes o como ahora se dice «usos y costumbres», muy complicados, porque además hay una situación: el régimen político al que obedecía esta organización, ya no existe.

Esa es la otra cosa que debemos analizar, lo que ocurrió el 2 de julio y lo que ha ocurrido a partir de entonces no fue solamente un fenómeno de alternancia en el poder, sino que se quebrantó profundamente el régimen político del presidencialismo institucional, que ya venía siendo vulnerado por una serie de decisiones tomadas, sobre todo, en los últimos tres sexenios, donde todavía tuvimos el gobierno, pero donde el Presidente de la República perdió una docena de sus principales atributos y facultades, que le permitían no solamente gobernar, sino relegitimar su poder a lo largo de su mandato.

En las actuales condiciones, el Presidente de la República ya no solamente no tiene esa docena de atribuciones y facultades que ya había perdido, sino que ahora ha perdido las atribuciones y facultades que Carpizo llama metaconstitucionales y que se las confería ser el líder de un Partido como el nuestro.

Cuando nos asomamos a lo que está ocurriendo en el país y lo que está ocurriendo en el Partido, vemos que el régimen político está quebrantado.

El Presidente hace el ridículo todos los días, porque no tiene otro remedio. No puede hacer otra cosa. El Presidente no puede ya gobernar como se gobernaba antes, no tiene el Congreso ni la Cámara de Senadores; la Cámara de Diputados, los gobiernos de los estados son de otro Partido distinto, etcétera, y el andamiaje institucional, del que disponemos, no puede resolver los problemas de gobernabilidad que hoy se presentan.

El Partido debe asumir que hoy estamos en vía y de lo que forma parte de nuestra reforma interna, es también una gran reforma nacional, para adecuar nuestro armazón constitucional a las nuevas realidades.

Ahí entra el tema de la democracia interna. Cuando nosotros hablamos de democracia interna, lo hicimos cuando empezamos a introducir los elementos de democracia interna en nuestro Partido. Lo hicimos a partir del reclamo que se nos hacía en la oposición y no de un proceso propio, o cuando menos el proceso propio de reconsideración de los recursos democráticos, no fue lo suficientemente sólido como para librarse de ese elemento extraño que nos venía de la oposición o que nos venía de otras situaciones externas, que no se compadecían de nuestras realidades.

Nosotros aplicamos métodos de la democracia, que se aplican en la democracia en el Estado, que tiene como propósito principal el diferenciar a las fuerzas políticas, el diferenciarlas y el establecer sus ámbitos, sus pesos específicos, para que pueda darse un sistema de gobierno en la sociedad.
En el Partido, la democracia debe tener un propósito muy distinto; unir al Partido, unir a partir de considerar las diferencias, valorarlas, pero unirlas en instancias de Partido, que atiendan a la composición real de las fuerzas.

Por eso, nuestra democracia interna debe variar de eje. Las elecciones para candidato presidencial tienen, representan una enorme enseñanza que la tenemos archivada. Nos fue tan mal que las guardamos, nos espantamos y las dejamos ahí, pero ahora las debemos digerir, debemos ver qué fue lo que ocurrió, cuál fue el daño ocasionado por haber introducido en la vida del Partido instancias y procedimientos que corresponden a otros ámbitos de la democracia.

En ese sentido, el Partido tiene una historia. Yo recuerdo muy bien que en algún momento en el Partido se habló y se teorizó sobre la democracia funcional, que incluso se trasladó a otros ámbitos de la vida institucional como la Universidad; hay un tratado muy famoso de Luis Villoro sobre la democracia funcional en la Universidad, que puede ser aplicado en sus elementos sustanciales al Partido.

El Partido y sus mecanismos democráticos tienen que garantizar la función del Partido, su función dirigente, su unidad, su éxito político y electoral.

Si la democracia no garantiza eso, no es democracia, es otra cosa, o cuando menos no es democracia partidista, estamos equivocando el sentido.

Todos estos elementos que estamos platicando ahora, nos indican que la Asamblea tendría que ser un gran trabajo a profundidad, de alta especialidad política.

Desde luego, ojalá y en la Asamblea participen dos millones de compañeros, pero que se estableciera, sería lo ideal, un sistema de representación que pudiera culminar en realmente hacer acopio de las aspiraciones, de las demandas, de las inquietudes de los millones de participantes y concentrarlos en un sistema de representación, útil para poder resolver los temas del Partido hoy y que sé nos llevan realmente a establecer la necesidad de un programa que pueda, a su vez, consolidar una nueva mayoría para México.

Ese es el gran problema de México. No lo resolvió la elección del 2000, por eso está el país totalmente desarticulado.

Debemos conformar una nueva mayoría democrática, ¿en torno a qué? En torno a un programa, en torno de un programa que parte de una consideración puntual, de un conocimiento científico de la realidad, que nos permita saber qué transformaciones están maduras en la sociedad mexicana y ¿cuáles son los agentes de estas transformaciones para poder lograr articular los esfuerzos políticos que nos permitan llegar a esas transformaciones y realizar los fines y los objetivos del Partido?

En ese sentido, para el 2003 necesitamos tener –desde luego– una clara idea de Partido, fundada en una noción de lo que está pasando en el país, pero que esta idea de Partido pueda, en el nuevo contexto del país, en su nueva contextura democrática, formular el programa de la nueva mayoría democrática para México, que una a la Nación, no porque cuando habla uno de unidad a la Nación no se piense en la idea aquella de que los explotados se sometan a los explotadores ni mucho menos, no, sino que incluso con las diferencias de clase, profundas o irreductibles que haya se reconozca un destino común, las grandes mayorías de mexicanos reconozcan un destino común y en función de eso realicen un arreglo institucional que nos permita que México pueda no solamente darle rumbo a los esfuerzos y a los conflictos que se presenten en la sociedad sino además empezar a superar realmente los grandes rezagos y las grandes carencias y desigualdades.

examen: Muchas gracias, agradezco la presencia a la Corriente Renovadora. Su análisis es inteligente, objetivo, a la vez apasionado y desapasionado, es informado, y sobre todo es comprometido.

Son muy atendibles sus reflexiones, sus orientaciones en lo histórico, en lo teórico, en lo político y en la práctica.

Me parece que examen debe poner énfasis en que estas ideas lleguen a quienes deben llegar, que son los delegados y delegadas a la Asamblea.

La Corriente Renovadora, como tal, tiene su espacio en la Asamblea, hay reglas que admiten que algunos de sus miembros sean delegados y delegadas. No podemos darnos el lujo de desperdiciar, de no escuchar esta capacidad de respuesta que tiene la Corriente Renovadora. El Partido los necesita, creo que nos necesitamos todos más que nunca, porque estamos en un grave peligro; de que esa inercia antipriísta se imponga en las próximas elecciones del 2003.

Este fue un ejercicio interesante, profundo, Estamos muy agradecidos con su participación. Muchas gracias.

Coloquio convocado por la revista examen del Partido Revolucionario Institucional, «Rumbo a la 18 Asamblea General de Delegados», con la Corriente Renovadora.