LA
REFORMA INTERNA DEL PRI ES TAMBIÉN REFORMA NACIONAL
-
Los sectores han sido rebasados
-La democracia interna debe contribuir a la unidad.
examen:
En este coloquio participa un grupo de la Corriente Renovadora
del Partido, representados por Raúl Moreno Wonchee, Miguel
Ángel Camposeco, Irma Cué, y Enrique Mendoza, a
quienes damos las gracias por haber aceptado esta invitación
y de la cual, seguramente saldremos enriquecidos por las ideas,
conceptos, que puedan aportar a la 18 Asamblea General de Delegados..
examen:
tomó la iniciativa de convocar a estos coloquios, para
que personas como ustedes, comprometidas a través de muchos
años de militancia y con demostrada seriedad a lo largo
de su vida política, pudieran opinar sobre la temática
de la Asamblea o de algunos otros temas que cada quien, con toda
libertad, quisiera incorporar.
Entrando
en materia, la mesa uno trata de los Principios y Valores; las
tres tribunas de debate ubicadas en este tema son: Declaración
de Principios, Código de Etica y Reivindicación
de las causas obreras, campesinas y populares. ¿Cuál
pudiera ser su aportación? En lo particular ¿cuál
sería el principio, el valor fundamental para ser tomado
en cuenta en las deliberaciones?
IRMA
CUÉ (IC): No es idea. La Corriente Renovadora ya se ha
pronunciado sobre el particular. Dijimos que nosotros queríamos
para el Partido, autonomía y democracia, pero para la Asamblea,
queríamos que no se olvidara lo más importante,
la satisfacción de los compromisos del Partido con la sociedad
mexicana, no sólo con sus electores.
Esta
ha sido la tarea fundamental a la que nos hemos orientado los
miembros de la Corriente Renovadora; hemos recorrido el país,
acudido a donde nos han invitado, hemos dicho que el PRI se alejó
de sus principios rectores, que quizá dejamos atrás
muchos de los compromisos que inicialmente tuvimos.
Y
que este era el momento no sólo de reivindicarlos, sino
de vivirlos, de compartirlos. Sentimos que eso es lo más
importante para contribuir a combatir los graves problemas de
pobreza, analfabetismo. En este momento hablamos primero de la
alimentación, hablamos de que este es un punto que debe
de estar crecientemente...
examen:
Me permito interrumpirte... nada más un minuto, para decirte
que en la mesa número dos está el Proyecto de Nación,
que es el programa de acción y contiene en su composición,
distintas discusiones o tribunas: soberanía, política
y goberna-bilidad, economía y sustentabilidad, desarrollo
social, igualdad de oportunidades y lucha contra la pobreza, salud,
trabajo y seguridad, educación, ciencia y tecnología,
cultura y recreación, ecología, recursos y calidad
de vida, desarrollo rural, causas indígenas, justicia,
seguridad y derechos humanos y política internacional,
este es el proyecto de Nación. La mesa uno se refiere a
los principios y valores...
IC:
Correcto, entonces vamos a la mesa número uno. Cuando hablamos
en la mesa número uno del Código de ética,
la Corriente Renovadora ha externado en otros foros que no sólo
queremos hoy un Código de ética, porque lo tenemos,
sino que queremos que se cumpla, que sea estricto en su aplicación.
En
segundo lugar dijimos que las causas no tenían un sector
definido. En este sentido, una causa afecta a todos. Es una causa
horizontal que a todos nos flagela, a los obreros, campesinos,
clases populares; a los menos protegidos en cualquier parte, del
campo, o la ciudad...
examen:
Raúl ¿tú que opinas de eso?
RAUL
MORENO WONCHE (RMW): Tengo una actitud crítica hacia la
18 Asamblea. Por razones obvias, tiene una tarea importante que
no se acaba de definir ni de establecer las vías para que
se cumpla.
Las
asambleas del Partido y esta no es la excepción, estaban
diseñadas para renegociar la alianza del Partido con el
Presidente de la República, se trataba de un Partido en
el gobierno, pero cuando lo dejamos, cuando nos sacan, la Asamblea
queda planteada en los mismos términos, sin variación
alguna, no sólo en cuanto a sus propósitos, sino
hasta en su formato. Hasta ahora no se conoce algún documento
en donde el Partido asuma lo que pasó, lo explique y en
función de eso busque una redefinición de su papel
político. Se supone que esto lo debería hacer la
Asamblea, siempre y cuando tuviera una guía en su discusión,
que al parecer no la tiene ni la podrá tener.
Ya
no operan los estatutos planteados para que el Presidente estableciera
una vía de conducción, una vía de transmisión.
Sin embargo a ellos obedece en lo fundamental el diseño
de la Asamblea.
Es
significativo que la propia convocatoria del Partido en sus consideraciones
que dan marco a la Asamblea, no haga una valoración de
la situación política del país; es un documento
absolutamente bofo, la parte introductoria, la que le da marco
a la Asamblea no sirve para mucho.
Durante
años el Partido demandó esta Asamblea, ahora se
hace con un retraso de varios años, lo cual nos colocó
en una situación de ilegalidad interna en el Partido. Sin
embargo, cuando se decide hacerla, por la presión de las
bases, no se le reubica en las nuevas condiciones el Partido,
sino que se hace de acuerdo con condiciones inexistentes en el
país.
Después,
se hace un esfuerzo para rediseñar la Asamblea; una consulta
nacional y reuniones del Comité, del Consejo Político
Nacional, las peores reuniones en su historia, en el límite
del quórum, inclusive en ocasiones sin él. Ya habiéndose
salido la mayoría se definen situaciones importantes al
grado del absurdo, que atentan contra la calidad de la representación
política en la Asamblea. La Asamblea es un evento de representación
política por excelencia.
Se
han introducido cuotas por género, lo cual me parece un
absurdo y luego más absurdo aún por edad. ¿Por
qué por la edad?, ¿cuál es la presencia del
Partido en el movimiento juvenil?, ¿cuál es su política
juvenil? Cuando nos quejamos de no tener ascendencia entre los
jóvenes, es porque no tenemos una política para
ellos.
Si
simple y sencillamente acudimos al expediente de llevar jóvenes
a la Asamblea, o serán acarreados o en el mejor de los
casos serán representantes de las ideologías a las
que son susceptibles los jóvenes que son las de las universidades
privadas, de la televisión, etcétera.
En
el colmo se acude a procedimientos de insaculación que
no tienen ninguna representatividad política. Así
nos vamos a ver en la paradoja de que militantes probados queden
fuera de la Asamblea y llegue a ésta gente que se sacó
una rifa y que no entiende nada de nada.
Doce
mil integrantes de la Asamblea, se me hace un número absurdo,
¿qué harán esas personas reunidas aquí?
Lo que pueden hacer es ulular. Debemos hacer un ejercicio crítico
que lleve a una redefinición de la función del Partido,
que ahora sí, requiere de una reflexión a cargo
de gente con experiencia y conocimiento.
La
Asamblea se inicia sin documentos, ¿qué están
discutiendo ahorita en las asambleas municipales? No lo sé,
lo que se les ocurra a los miembros de las asambleas municipales,
muchos de ellos sin mayor experiencia en el Partido y la mayor
parte sin una relación orgánica cotidiana en los
últimos tiempos y afectado seriamente por las condiciones
en que hemos vivido actualmente.
Hay
un retraso muy grande en los trabajos de la Asamblea. Además
estamos respondiendo a un temario, unos documentos que ya no nos
sirven, porque fueron hechos para otra realidad.
En
este sentido, estoy muy preocupado, considero que hay una falta
de rigor en la preparación de la Asamblea y sobre todo,
hay una falta de orientación.
Creo
interpretar que cuando se habla de «línea»
y eso se critica en el Partido, es invocando el hecho anterior
cuando la «línea» provenía de Los Pinos,
cuando se nos imponía una determinada orientación
o determinadas decisiones desde el poder presidencial.
Pero
hablar de falta de «línea» hoy, es dejar al
Partido al garete, es dejarlo sin dirección. Una discusión
sin «línea», en este caso en la Asamblea, va
a dar lugar al caos, al extravío y seguramente hará
que muchos esfuerzos válidos se pierdan; y en ese sentido
todo el temario está mal hecho.
No
sé como en una Asamblea de 12 mil participantes se van
a discutir cuestiones de ciencia y tecnología, cuando esas
deliberaciones corresponderían a un órgano especializado
del Partido. En este momento la Asamblea tendría que estar
definiendo otras cuestiones: cuál es la nueva realidad
nacional, cuál es el papel del Partido, cuál es
la organización que debe corresponder a su papel del Partido,
y eso lo tienen que hacer políticos.
Nos
espanta que ahora los políticos respondan a intereses corporativos
o preestablecidos, cuando así es la política. Esperar
a que lleguen ahí jovenzuelos que traen insuflada el alma
de nobleza y esperemos vayan a dar la luz para que podamos atraer
a que voten por el Partido o a que participen en el Partido millones
de jóvenes, En el mejor de los casos esto me parece una
ingenuidad. Sin embargo, esta situación pudiera tener otro
sesgo.
En
las tribunas y comisiones temáticas estatales, los responsables
son electos por los consejos políticos estatales. En el
caso de los nacionales que van a tener a su cargo la verdadera
Asamblea, que va a ser la Comisión Nacional de Dictamen,
que durante cinco semanas creo o más, se va a estar reuniendo
cotidianamente para elaborar los documentos que finalmente serán
las resoluciones de la Asamblea, no veo ninguna vía que
garantice que las discusiones desordenadas y sin sentido que tengan
lugar en otros ámbitos del Partido, puedan en realidad
nutrir este trabajo.
Lo
cual abre la posibilidad de que en efecto, los documentos se hagan
al margen de la colectividad política que es del Partido,
por un núcleo de militantes, en su mayoría, o en
su núcleo esencial, designados de manera vertical.
Es
una asamblea en donde la parte democrática contribuye a
que se haga una Asamblea sin estructura, sin vías de comunicación,
sin vasos comunicantes entre los participantes, y otra parte tomada
por un núcleo, que son quienes realmente van a tener a
su cargo elaborar el diseño del Partido, me temo que al
margen de las inquietudes y de las necesidades y las decisiones
del conjunto de la militancia.
La
democracia en el Partido no es una cosa para estarla improvisando
a cada momento o estar trasladando criterios de un sitio para
otro.
Este
tipo de estructura que se ha elegido para la Asamblea, muy similar
a la que se escogió por ejemplo para el Consejo Universitario
la vez pasada, que ni ahí tuvo sentido, en un Partido me
parece que tiene todavía mucho menor sentido.
Es
muy válido que se recurra a instancias como ésta,
en donde con toda libertad se pueden hacer expresiones que correspondan
a otros propósitos. La declaración de principios
del Partido debe ser, ante todo, un concentrado de los valores
del pensamiento social mexicano, que a lo largo de la historia
de México hemos desarrollado como Nación y como
pueblo.
Estos
valores y principios ya han sido considerados en ciertos momentos
por las Asambleas anteriores, en unos momentos con mayor énfasis
que en otros, pero ahí están.
Habría
que hacer un trabajo sistemático, en gran medida lo va
a realizar la Comisión Nacional Editorial para ofrecer
a los militantes un catálogo ordenado de principios y de
valores, para la formulación de una nueva declaración
de principios, ya no inspirada ni determinada por las indicaciones
del Presidente de la República, sino ahora extraída
de la propia historia del Partido y frente a una realidad. Eso
es lo que me preocupa, que no hemos dilucidado la realidad mexicana
en la que estamos y la discusión, por su propia falta de
jerarquía, de pertinencia, de método, es muy probable
que no nos la ofrezca.
Entonces,
las instancias de Partido en sus diferentes expresiones o los
grupos de militantes, tendremos que hacer un esfuerzo adicional
para ofrecer documentos o propuestas de discusión que la
ordenen, guíen y conduzcan, porque si no, vamos a caer
en una situación lamentable.
En
este punto de declaración de principios, que ahora es de
ética y reivindicación de las causas obreras, campesinas
y populares, está definido lo que a mi juicio debe de ser
la columna vertebral de la declaración de principios del
Partido. En ciertos momentos la historia del Partido lo ha tenido
y es la valoración del trabajo como valor social fundamental,
que además es origen y destino de los derechos sociales,
característicos de nuestro constitucionalismo revolucionario
y, por lo tanto, de la ideología revolucionaria del Partido.
Debe
de ser el eje que articule el conjunto de valores del Partido
y defina el sentido de su lucha.
Enrique
Mendoza: En primer lugar, para agradecerte la invitación
para participar en este coloquio.
Suscribo
puntualmente los señalamientos críticos que ha hecho
Raúl en relación con la organización de nuestra
18 Asamblea.
Creo
que anotarlo dentro de este espacio de libertad nos permite pensar
en la posibilidad de que efectivamente los señalamientos
críticos, autocríticos en este caso, tengan alguna
influencia en la marcha de la Asamblea.
Como
lo señalaba Raúl, la realidad que hemos desatendido
durante mucho tiempo, ante la cual hemos sido rígidos,
nos empuja a convertir la 18 Asamblea en una reunión para
la redefinición del Partido.
Carecemos de un análisis objetivo de los antecedentes históricos
que llevaron a nuestro Partido a la pérdida de la Presidencia
de la República.
Las
explicaciones subjetivas sobre este fenómeno han llevado
al surgimiento de una serie de expertos, que yo llamaría
derrotólogos, para decirnos por qué perdió
el Partido. No lo hacen con seriedad, es la exposición
muy personal de este fenómeno de frustración en
relación con las elecciones del pasado 2 de julio.
Creo
pertinente señalar que esta primera meta, dedicada a la
declaración de principios, tiene todo el material histórico
acumulado que debe expresarse en esta declaración de principios.
Durante
muchos años quienes somos viejos militantes del Partido
aprendimos en el discurso político que los principios de
nuestro Partido estaban inspirados fundamentalmente en los principios
de la Constitución Política de 1917, así
como del resultado de este documento histórico, que dio
lugar al surgimiento del llamado humanismo social de la Revolución
Mexicana.
Los
principios siguen vigentes, los principios están ahí
para que los llevemos a la realidad. Lo que debemos modificar
son los métodos y los programas de acción.
Si
analizamos la declaración de principios de nuestro Partido
a través de la historia, son excelentes, son magníficos.
¿Cuál ha sido el problema? Que no los hemos llevado
a la realidad y que nuestra dependencia de la figura presidencial,
históricamente considerada, nos llevó a la burocratización
del Partido.
Sabíamos
que en la repetición irracional y casi automática
de ciertos signos, íbamos a transitar por el camino de
la militancia de Partido hacia cierto tipo de posiciones. Eso
ya no es posible ahora.
¿Pero
qué pasó realmente y cuál debe ser la nueva
posición del Partido frente a esta realidad?
Hoy
nos encontramos con el problema de que somos un Partido de la
tercera edad. Yo no veo jóvenes en las reuniones, en las
Asambleas, en los actos políticos del Partido, como los
vi hace 40 años que comencé a militar en este Partido,.
No
hemos captado la extraordinaria diferencia que hay entre el modo
de pensar de una incipiente clase media, que generó, estimuló
y que apoyó el Partido, desconocemos la forma de pensar
de la actual clase media, muy amplia y poderosa, que diverge sustancialmente
de los intereses y los fines del Partido.
Tenemos
un sector popular absolutamente derruido, que nada tiene que ver
con la realidad actual, que no es representativo, que es la acumulación
virtual de una serie de siglas de organizaciones inexistentes.
No
quiero señalar con la misma crudeza, que esto ocurre también
en los sectores obrero y campesino, pero es importante tomar en
consideración esto: ¿cuál debe ser la finalidad
primordial de la 18 Asamblea? Es necesaria una redefinición
total, exhaustiva del Partido. Una readecuación a la realidad
actual y privilegiar la acción, en relación con
el Partido, porque la política es básicamente acción
inspirada en un pensamiento, en una ideología, porque ahí
están los documentos, muy hermosos, muy bien redactados,
muy bien hechos, pero que han sido olvidados, que no se llevaron
a la realidad.
Esa
es una de las razones del divorcio con las clases medias, con
los jóvenes de las nuevas generaciones. Es preciso explicar
la derrota, las causas del 2 de julio.
Así,
en el seno de estos coloquios es importante la expresión
autocrítica abierta, que no podíamos hacer en otras
reuniones, porque considero que no es prudente hacerlo frente
a los medios. Es importante que hagamos este tipo de coloquios,
porque eso va a permitir que este pensamiento, esta idea influya
en la configuración dinámica, real, de la 18 Asamblea.
examen:
Muchas gracias Enrique. Miguel Ángel.
MIGUEL
ÁNGEL CAMPOSECO (MAC): Gracias. Mis primeras palabras llevan
el agradecimiento por permitirme estar en esta reunión
con nuestros compañeros de la Corriente Renovadora.
Quisiera
nada más señalar dos cosas: qué bueno que
es nuestra revista examen la que nos permite estar aquí;
porque desde mi punto de vista, el examen implica una actividad
intelectual, de análisis. Es decir, un cierto método,
respecto del tratamiento de un objeto del conocimiento o de un
asunto público o común y con el propósito
de fijar un diagnóstico y establecer pronósticos,
sugerencias, posibilidades o expectativas.
Qué
bueno que sea nuestra revista la que nos abre esta página
visual y escrita, para poder expresarnos.
Segundo,
me gusta mucho que estemos en este coloquio, porque la propia
manera de calificar el evento significa que estamos dialogando
entre comunes, con asuntos comunes, con propósitos comunes,
con ideas comunes. También agradecer lo que Irma ha dicho
a nombre de nuestra corriente, lo que Raúl con claridad
meridiana señala y lo que Enrique precisa en su última
intervención.
Como
dijo bien Enrique, los principios del Partido ya están
perfectamente incorporados a nuestros documentos, han sufrido
las modificaciones circunstanciales de los programas de los gobiernos
de la República, que adecuaban al Partido a una realidad
política de gobierno para todos.
Nuestro
Partido siempre fue un Partido incluyente de todos los sectores,
porque eso es lo que justifica su razón y su principio
de ser democrático-social, tener el principio de la democracia
social.
Si bien es cierto que partimos del principio de que toda organización
política se organizaba para conseguir el poder público,
pero las condiciones de la sociedad han cambiado.
Hoy
en día la sociedad se ha politizado en grado extremo. En
ello han contribuido la revolución tecnológica,
la difusión de las ideas con mayor facilidad, el crecimiento
de las universidades, el pensamiento crítico de los autores,
la participación de los maestros en cada una de las aulas.
Esto nos ha dado una sociedad muy diferente, una fuerza politizadora
de movilización, que se encuentra básicamente entre
las personas de entre 18 y 35 años.
Enrique
lo precisa con una gran claridad y a esa fuerza política
no le hemos hecho caso. Y es la fuerza política que, a
juicio de algunos, inclinó por sus 4 millones 800 mil miembros,
casi, casi, la formulación de voto, que nos hizo perder
la Presidencia de la República, pero yo quiero decir varias
cosas.
¿A
qué se enfrentan los partidos políticos hoy y no
sólo el nuestro? A una sociedad política demandante
de condiciones de representatividad, de participación,
de deliberación y de toma de decisiones comunes, en una
sociedad política como la nuestra, en donde militan casi
60 millones de mexicanos, debemos entender qué quiere esa
sociedad política.
Lo
que estamos discutiendo aquí, Rumbo a la 18 Asamblea, no
es lo que nos conviene discutir. Estamos de acuerdo, es un diagnóstico
equivocado de quienes tomaron las decisiones. Ante esto ¿qué
podemos hacer usted y yo como militante?
Independientemente
de que estemos de acuerdo o no de acuerdo en esto, la pregunta
es ¿qué vamos a proponer ahora para un Partido dinámico?
No la readecuación de un Partido, sino un Partido que entienda
que estamos en transición y que todo mundo está
en transición política.
Por
decir algo: 1974, después de la Guerra de los Claves de
Portugal, en el mundo había 37 democracias exclusivamente;
en 1996, casi 22 años después, en el mundo se habían
celebrado elecciones en 117 países, elecciones limpias,
honestas, democráticas.
Pero
para el año 2000 se han celebrado 198 y todos estos proceso
democráticos, son procedimientos electorales de transición,
entre un grupo que domina en una sociedad, un Partido que dominaba
y un Partido que accede hoy al poder para dominar.
Si
tenemos una sociedad participativa, deliberativa y representativa,
la pregunta es ¿qué espacios abrimos para que esto
pueda ser real?
Primero,
si vamos a hablar de que nuestro principio es democrático,
estoy centrado en la esencia del Partido.
La
democracia participativa significa que todos, en igualdad de condiciones,
debemos tomar parte en las decisiones del Partido y resulta que
aquí, en este Partido, ninguno somos iguales, todos somos
desiguales.
Es
decir, somos tratados proporcionalmente a lo que representamos.
Si representamos una sola persona, somos reconocidos como un hombre
intelectual, como un militante activo y se nos da la posibilidad
de que estemos en un proceso de participación. Pero si
representamos un grupo, entonces nos dan una cuota. Eso no es
posible, eso no debe ser, no hay igualdad en el Partido, hay equidad
y hay proporcionalidad, pero esos principios no son iguales en
un Partido democrático, en donde permita la participación
de todos.
Por
lo tanto, hay que cambiar la estructura corporativa de asignación
de posiciones dentro del Partido, para hacerlo dinámico
y participativo.
Segundo,
no somos deliberativos. ¿Por qué? Simple y sencillamente
porque para deliberar hay que tener información común,
establecer foros regulares y establecer las reglas de participación
y saber si esa deliberación conduce a tomar o no tomar
decisiones.
Doce
mil personas en una Asamblea no pueden tomar decisiones de calidad.
Van a tomar decisiones de cantidad. La pregunta es ¿nuestro
Partido requiere hoy las condiciones de ser un organismo de oposición,
frente a un Ejecutivo federal y de ser Partido en los gobiernos
estatales, en los ejecutivos estatales? ¿O ser primeras
minorías o mayorías dominantes en las Cámaras
locales? ¿Requiere esta readecuación?
No,
requiere adecuaciones funcionales, y en eso voy contigo, en sus
programas de acción. Cada estado de la República
necesita estrategias diferentes de trabajo.
Para
mí, la fuerza democrática del Partido no se encuentra
en el Ejecutivo, se representa en el Congreso, ahí es donde
están representados los intereses del Partido.
En
el Ejecutivo no pueden estar representados los intereses del Partido,
porque cuando el Ejecutivo se percata que debe gobernar para todos
los grupos económicos, políticos, sociales, culturales
y de interés; atender los reclamos de todos los factores
reales de poder que expresa la sociedad, atender las demandas
y las presiones de orden internacional, para poder gobernar el
país.
Por
lo tanto, deja de ser tristemente miembro de un Partido, para
convertirse en un articulador y un coordinador de las políticas
públicas, que no tienen nada que ver con los principios
esenciales del Partido.
Por
eso, los últimos tres presidentes surgidos de nuestro Partido
destruyeron los principios que debieron haber regido, ¿por
qué? porque no podían. Esto me lleva al otro principio,
la lealtad al Partido, ¿fueron leales? No. No fueron leales
a los principios, fueron fieles a la función ejecutiva,
coordinaron las acciones constitucionales, la Constitución
es para todos, nuestro Partido no es para todos, es para atender
las necesidades sociales y las clases desprotegidas, pero también
para promover la inversión pública y privada, en
fin, nuestro Partido es un gran frente.
No
podemos discutir los mismos temas porque tenemos, por ejemplo,
la Confederación Nacional de Organizaciones Populares,
que igual tiene como clientes a los ambulantes, que al comercio
organizado.
La
pregunta es: ¿cómo en un espacio político
del Partido, frente a la autoridad, gestiona, por un lado, que
les den espacios a los ambulantes y no los agredan? y por otro
lado, ¿cómo proponer al comercio organizado que
tenga las seguridades de que podrá tener, pagando sus impuestos,
utilidades cuando tiene la competencia enfrente? Entonces hay
desproporción en la competencia.
Por
lo tanto, pienso que no tenemos una función deliberativa
y además no tenemos la misma información, cada quien
tiene su propia información de acuerdo con sus intereses.
Por
último, no tenemos una función representativa, ¿qué
quiero decir con eso? Los estándares internacionales me
dicen que la función representativa de los partidos radica
esencialmente en las formas de elegir a sus representantes internos
y a los cargos de elección popular.
Hoy
debemos revisar métodos para elegir a nuestros miembros
de Partido.
En
este esquema genérico de sociedad política de 60
millones de mexicanos cabe analizar dos grandes vertientes, primero:
¿qué piensa la sociedad de los partidos políticos,
no sólo de nuestro Partido, sino de todos? Que carecen
de representatividad; los partidos políticos hoy en la
Cámara de Diputados y de Senadores y en los ejecutivos,
no representan los intereses del electorado. Prueba de ello es
que se discuten las contribuciones, la ley indígena, sin
el consenso popular, las cámaras no tienen la representatividad
que anteriormente tuvieron como núcleos de acción
política.
Por
otro lado, si carecen de representatividad, no tienen la legitimidad,
porque los electores no tenemos un derecho para conminarlos a
que cumplan con el mandato político que les dimos, no tenemos
los mecanismos de auditoría ciudadana política para
traer a la gente y llamarla a cuentas.
Entonces
vivimos una democracia de ficción, hemos crecido en ONGs,
en los debates, en los medios de comunicación, pero no
tenemos formas constitucionales de exigir el cumplimiento del
voto que les dimos. Por lo tanto, se carece de legitimidad y eficacia.
¿Qué
Partido queremos? ¿Es el Partido un problema de la sociedad,
sólo del grupo militante, o es problema de la burocracia
interna del Partido?
Desde
mi punto de vista es una mezcla que debe empezarse a analizar,
para dotar a los miembros de nuestro Partido de las capacidades
de hacer auditorías políticas en toda la sociedad,
de acuerdo con los estándares internacionales recomendados
para el perfeccionamiento de las democracias.
Si
la elección es importante en un proceso democrático,
la elección no es la democracia. Esto hay que señalarlo
con nitidez, que el señor Fox haya llegado o no haya llegado,
no es democrático al final de cuentas, es un proceso electoral
en donde participan las personas imbuidas de muchas cuestiones
que no son necesariamente el producto del trabajo democrático
de una sociedad.
Por
lo tanto, lo que nos corresponde hoy como Partido, no solamente
es asumir la idea de que debemos dar un vuelco o crear otro Partido
en el sentido estructural mismo del Partido. Platicábamos
con Enrique, ¿qué se quiere de nuestro Partido?
¿Qué se quería de nuestro Partido? Preguntaría
nuevamente.
Se
quería que fuéramos un Partido organizado territorialmente,
cuantitativamente localizado, con focos de atención y acción
en todo el país. Teníamos un Partido territorializado,
corporativizado, organizado, ¿para qué? Para darle
fuerza de legitimidad a las decisiones del Ejecutivo, no a las
decisiones democráticas de los legislativos.
Y
esto es muy importante señalarlo: no fuimos un Partido
democrático en el campo de la organización de los
poderes públicos, y nos olvidamos de la organización
de los poderes sociales, y en los poderes sociales está
la fuerza política de cualquier gobierno.
Lo
que hoy nos interesa como Partido es organizar los poderes sociales,
los poderes de la sociedad política, los poderes de revisión
crítica de los ciudadanos para que podamos construir una
democracia deliberativa, participativa y exigente.
Además,
la crisis de representatividad del Partido se tiene que asumir
como un problema de primera instancia. ¿Por qué
carecemos de representativi-dad? Si en la democracia que estamos
viviendo construimos todo el andamiaje para que hubiera derechos
humanos, derechos civiles, derechos políticos, derechos
constitucionales, organismos ciudadani-zados para calificar las
elecciones, si nosotros construimos la decisión para otorgar
a todo grupo político que quisiera erigirse, al Partido
fundador para que pudiera participar, si establecimos la equidad
en los medios de comunicación, hicimos todo un trabajo
de andamiaje, no hicimos 71 años de corrupción,
si el Partido no es corrupto, nunca ha sido corrupto, jamás
ha sido corrupto el Partido, porque el Partido somos todos los
votantes, han sido corruptos algunas personas que hemos elegido
bajo condiciones indeseadas o bajo condiciones deseadas, pero
que han traicionado no al Partido, a los valores esenciales que
como pueblo le fue asignado por la cultura que tenemos.
examen:
En esta primera ronda se hizo una brillante racionalización
del fracaso. Pero para la segunda ronda, retomando sus ideas ,
ya que tocaron todos y cada uno, las cinco mesas en una forma
tangencial, hay tres preguntas que están en la mente de
todos nosotros. Primera pregunta: ¿qué debe pasar
con los sectores?
Unos
dicen, que hay que desaparecerlos de la estructura del Partido
o mejor que sean más autónomos (porque no van a
desaparecer). Que realicen sus propias gestiones y canalicen sus
demandas, luchen por ellas y en la medida en que coincidan con
las del Partido, acompañarlos, si no coincidieran, dejarlos
a su propia fuerza. Es una pregunta obligada para todos nosotros:
¿qué hacer con los sectores?
En
primer lugar para los propios sectores, o sea en primerísimo
lugar por su autonomía e independencia; los sectores han
influido mucho en el Partido, en cuanto a las cuotas de poder,
en cuanto a la designación de candidatos y dirigentes.
La
segunda pregunta se relaciona con la democracia interior que surge
precisamente por la pérdida de la Presidencia de la República.
La pérdida de esa línea presidencialista nos permite
definir un mando colegiado o una cuestión más democrática,
menos presidencialista, como expresó Miguel Ángel.
¿Qué
vamos a hacer con el Consejo Político Nacional o los Consejos
Políticos Estatales? ¿Van a funcionar como parlamentos,
con periodos de sesiones? ¿Cómo van a deliberar,
a dictaminar, a trabajar coordinadamente? ¿Cuál
va a ser la dirigencia democrática, o sea, cómo
vamos a escoger a nuestras dirigencias? ¿Cómo le
vamos a hacer para ganar en el 2003 y en el 2006?
Para
el 2003 es esencial que recuperemos la mayoría en la Cámara
de Diputados y así evitar el avance de la derecha.
Necesitamos
salir de esa tendencia perversa que empobrece a la mayoría
de la gente y recuperar nuestro verdadero sentido.
Las
tres preguntas serían: ¿Qué vamos a hacer
con los sectores? ¿Qué vamos a hacer con la democracia
interior? ¿Qué vamos a hacer con las elecciones
del 2003? Es el turno de Irma.
IC:
Vamos a una Asamblea con el propósito claro y definido,
primero, de la participación. Por eso habrán 12
mil delegados y ojalá hubiera 2 millones, por una única
y exclusiva razón: cada una de las mesas contendrá
el tema en el que se van a exponer los puntos que interesan a
los participantes.
Que hay cinco mesas definidas, que hay 23 temas establecidos,
sí, pero hay un artículo en el que dice que se verán
todos los asuntos importantes.
Como
Partido, olvidamos que la participación política
era lo más interesante para saber qué estaba pasando;
se nos olvidó ir a las plazas públicas, ir a las
calles, conversar con los jóvenes; el movimiento del 68
nos limitó el acceso a las instituciones de educación
superior pública; vimos un devenir importante y no supimos
apreciarlo en su momento.
Hoy
vamos a acudir a cinco sedes, diez sedes, quinientas sedes y nos
vamos a decir: ¿qué pasa?
Como producto de una clase media que empezó, en mi caso,
en una escuela rural en la primaria y terminó en la Universidad
Nacional Autónoma de México, sé bien que
la educación es llave y es clave, es lo más importante
que le puede pasar a un país.
¿Qué
vamos a hacer con los sectores? Es algo que nosotros no lo vamos
a saber en esta mesa. Vamos a participar en nuestros propios sectores;
a decir qué creemos que debe hacerse; pero no lo vamos
a decidir como Partido, son los sectores los que deben expresar
su punto de vista.
¿Qué vamos a hacer en democracia interna?
El
concepto en sí es tan extraordinario que permite hablar
de democracia en Atenas donde las mujeres no votaban, por ejemplo;
permite hablar de democracia entre los romanos donde solamente
los ciudadanos votaban y no los extranjeros, porque estaban fuera
de las murallas y puertas de Roma; permite hablar de democracia
de partidos, en donde hay 50 partidos o en donde solamente hay
uno. No podemos hacer una figura de democracia como camiseta y
metérselo a fuerza a todos.
Este
es un Partido que ha sido democrático, lo que ha sucedido
es que han cambiado las formas de ejercer esa democracia. Recuerdo,
hace dos años se dio la elección de la dirigencia
nacional en este Partido por el Consejo Político Nacional,
que es como lo marcan los Estatutos, pero antes los otros también
vinieron por un ejercicio democrático.
La
democracia no significa que me hagan caso a mí, la democracia
significa, primero, comunicación, participación,
información, deliberación, vamos a entendernos.
Lo
que vamos a ganar en este proceso es, fundamentalmente, credibilidad.
Ese
es el tema que nos va a unir, voy a saber qué le está
pasando a usted, si está teniendo problemas porque las
colegiaturas son muy caras, porque la casa se la llevaron en el
problema del Fobaproa, porque pasaron mil cosas.
Y
seguramente usted oirá que soy jubilada y que los problemas
de los jubilados son de otro tipo, cosa que por su edad, en este
momento está usted lejos de suponer que va a llegar.
Entonces
vamos a sentarnos a saber qué pasa, todos vamos a convivir,
nos vamos a contar nuestras cosas y nos vamos a fijar cuáles
son exactamente los elementos a los que queremos llegar como Partido.
Esas
son las reivindicaciones sociales a las que yo me refería.
Entonces, creo que la frase con la que la Asamblea debe salir
es Luchamos por ti, tu credibilidad nos interesa. Porque, de otra
manera, no podremos pedir el voto, no vamos a poder ir a decir,
fíjate que nos estamos organizando para hacer un parque
en ese baldío que es lugar de rufianes y nada más
andan molestando a las muchachas.
Vamos
a hacer algo y vamos a proponernos que todos los que saben mucho,
digan lo mucho que saben, para inscribirnos internacionalmente,
como país, en un mundo cambiante.Y nosotros, como Partido,
vamos a tomar esas definiciones y vamos a trabajar todos los días
porque en el parque no haya rufianes.
examen:
Regresamos con Miguel Ángel.
MAC:
Gracias Irma. Estoy de acuerdo contigo. Hay que analizar los partidos
en función de los momentos en que surgen. Se crearon partidos
en función de su estructura, de la producción agraria,
de las relaciones incipientes de las ciudades y entonces eran
partidos que significaban y que tenían una acción
específica.
Los
partidos de la primera era de la sociedad abarca 10 mil años.
Pero los partidos de la segunda era arrancan con el maquinismo
y la industrialización de la sociedad y, por lo tanto,
se construyen partidos diferentes, partidos que van a ver la lucha
de clases, partidos que van a ver la estructura diferenciada de
las funciones de la sociedad, que van a dar a la representatividad
un interés corporativo.
Las
negociaciones se realizan a través de la ley y la creación
de las políticas públicas necesarias para satisfacer
básicamente a los procesos productivos y regular la acumulación
de la riqueza, para que se pueda distribuir eficazmente o, por
lo menos, si no eficientemente, de una manera proporcional a las
necesidades de las masas trabajadoras del campo y de la ciudad,
y la clase media incipiente, empieza a cobrar, en esa segunda
ola, una ubicación temporal.
Esa
segunda ola es muy reciente; del siglo antepasado a principios
de este siglo, y se acabaron esos partidos para que surgiera una
tercera generación, que fueron los partidos que proclamaron
la defensa del pueblo y que asumieron una actitud de reto, frente
a la función capitalista creada por la sociedad industrial.
Pero
esos partidos también ya se acabaron. Lo que hoy estamos
viviendo es la generación de un nuevo Partido, lo cual
a mí me preocupa sustancialmente: los partidos deben tener
cantidad de militantes o calidad de dirigencias, rectoras de los
trabajos políticos a una sociedad genérica, o los
partidos necesitan justificar su presencia con un clientelismo
numérico, para decir: «Estado: como tengo tanto número,
regálame tantos dineros», que al fin de cuentas es
el mismo dinero del pueblo.
Dentro
de estos planteamientos genéricos, debemos fijar, a dónde
está la sociedad, a dónde están los Estados
que, en todo el mundo, hoy se han reducido en sus capacidades
de gobierno, se han reducido a ser órganos rectores.
En
Japón, por ejemplo, el gobierno es pequeñísimo
ya y dialogan los partidos con los sectores productivos y con
los sectores sociales, a ver qué candidato es el que ofrece
más beneficios o cuál es el programa mejor. Se vota
por programas, ya ni siquiera por partidos. Mientras, nosotros
nos hemos enfrascado en mantener históricamente el Partido
de la Revolución Mexicana, pensando en que es democrático...
En
respuesta a la pregunta ¿qué vamos a hacer con la
organización de los sectores?, considero que ese modelo
de Partido está rebasado. Era un modelo diferente, era
un modelo de clientelismo, en el cual se necesitaba tener los
interlocutores con los grupos que iban a regular y a manejar ciertos
procesos internos en la sociedad o participar en elecciones.
Hoy
la sociedad reclama organizaciones dinámicas, democráticas,
deliberativas, participativas y representativas. Y eso ya no son
los sectores del Partido. El Partido debe abrirse a todas las
organizaciones, sin clasificarlas.
¿Por
qué? Porque el campesino ha dejado de ser campesino, para
vivir en la ciudad, y es inquilino, por lo tanto es miembros del
sector popular y a la vez, trabaja en una fábrica, por
lo tanto es miembro del sector obrero, pero sigue siendo terrateniente
en la zona de Milpa Alta, por ejemplo, por hablar de la conurbación.
Entonces, ¿a dónde pertenece ese señor? O
lo tenemos censado, 3 veces y entonces multiplicamos artificialmente
la militancia.
Esa
forma de clasificación que tomamos de la organización
europea, hoy no tiene ya razón de ser. No obstante, implica
una existencia funcional de remodelación de los sectores,
para integrar las agrupaciones representativas en torno al Partido.
Ahora,
¿esto me lleva a una diferenciación nacional y territorial?
Sí, evidentemente. Lo que habíamos era un Partido
de modelo, un Partido federal, un modelo federal organizado y
regulado por la Presidencia de la República. Hoy el Partido
debe ser horizontal, organizado y regulado por los estados donde
tenemos presencia, manteniendo la formulación vertical,
en cuanto a los lineamientos generales.
Pero
en donde no tenemos el ejecutivo de nuestro lado, entonces ahí
debemos crear otro modelo de Partido, un Partido más deliberativo,
diferente, en donde la decisión colegiada tenga una razón
de ser.
Por
lo tanto, esto me lleva a que no debemos pensar nada más
que la elección de la dirigencia debe ser una elección
formalizada y sacralizada como la llevamos, en el pasado. Ya no
somos un modelo de Partido federal presidencialista, hoy somos
un Partido federal en el sentido de que estamos integrados en
cada una de las federaciones, y los ejemplos internacionales nos
demuestran que hay partidos que están funcionando perfectamente
bien así, en Estados Unidos el Partido Democráta
son 51 partidos y el Partido Republicano son 51 partidos, y en
otros, por ejemplo, en Rumania hay ahorita 80 partidos trabajando
y aquí tenemos ya 17 y queremos todavía más.
Entonces
debemos repensar estas cosas con un sentido de reingeniería
constitucional de los partidos en México, y no nada más
pensar en nuestro Partido, sino qué proponemos.
Y
yo mientras digo que nuestro Partido hoy implica un trípode:
1.-
La agenda de necesidades del ciudadano.
2.- La agenda política de gestión del Partido
3.- La agenda de las políticas públicas de la autoridad.
¿Por
qué? Porque las necesidades del ciudadano se van a traducir
en una captación de recursos, que el Partido, si los envuelve
en un programa de negociación política como interlocutor
con el gobierno, como mediador entre la sociedad y el gobierno,
entonces podrá moderar la ejecución de los recursos
públicos en beneficio del propio ciudadano.
Y
aquí es donde insisto en el énfasis democrático
de los poderes. El Poder Judicial no es un poder democrático,
es un poder oligárquico, el Poder Ejecutivo es un poder
de publicidad o política coyuntural propagandística,
pero el verdadero poder democrático se encuentra en los
parlamentos, en nuestros congresos, en nuestras legislaturas,
en nuestras asambleas estatales, en la Cámara de Diputados
y en la Cámara de Senadores.
Por
lo tanto, remodelar el Partido implica atender esencialmente nuestro
principio democrático, de voluntad política de militar.
Lo
que llamamos «disciplina» hay que cambiarlo, ese era
el modelo presencial, hoy lo que debemos entender es lealtad a
los principios, hoy lo que debemos entender es solidaridad con
las causas que postula el Partido, no disciplina partidaria, al
contrario, debemos pensar que la unidad no es más que la
suma de pluralidades que le dan esencia a una dimensión
específica en la búsqueda de valores precisos del
Partido.
La
justicia social la definimos de diferentes maneras. La pregunta
es: ¿Lo que es justicia social para los empresarios no
es justicia social para los trabajadores? Habrá qué
readecuar los programas de trabajo con el Partido y esto llevaría
nada más a una conclusión final: Estoy en contra
y aquí me sumo a lo que de entrada dijo Raúl,
a que a una mesa le llamemos «Proyecto de Nación».
Nosotros somos una Nación consolidada, con estructura,
con instituciones, con trayectoria, con historia, con presas,
con carreteras, con escuelas, con cultura.
¿Qué
vamos a proyectar? ¿una nueva Nación? Lo que debemos
hacer es una nueva función de Partido, entendamos que el
Partido no está proyectando la Nación, la Nación
está en la Constitución.
EM:
Los sectores son el producto de una idea del Presidente de la
República, en aquellas circunstancias en relación
con la realidad política.
Recordemos
que no fueron siempre los tres sectores que conocemos, había
también un sector militar que salió del Partido
en 1949 con la nueva nomenclatura de nuestro instituto político,
con el Partido Revolucionario Institucional, y también
que la figura dominante en el panorama político de México
del siglo XX es la figura del Presidente de la República,
que influye en la estructura esquemática del Partido de
acuerdo con un modelo que se toma de los partidos europeos.
Creo
específicamente que Lombardo Toledano se refería
al Partido Comunista de la Unión Soviética y que
de ahí se tomaron ideas para estructurar nuestro Partido,
como el Presidente de la República, nosotros sabemos, que
en su ubicación circunstancial de tiempo se encargó
de fortalecer o de crear un sector obrero dentro del Partido.
No
había una clase media que pudiera llenar los extremos de
un sector, que ahora llamamos «Popular», eso se ha
diluido, eso se va extinguiendo, eso es lo que nos damos cuenta
que el nuevo enfoque que hace Heladio Ramírez de la CNC.
En
nuestro Partido se agrupaban tres sectores porque representaban
posibilidades numéricas de voto, aunque es importante diferenciar
entre militantes y electores, es una diferenciación que
nos interesa porque de ella depende la sobrevivencia del Partido,
un Partido muy pequeño, de militantes convencidos, adoctrinados
ideológicamente, pero un sector muy grande de electores
que se identifica y participa con un programa de acción.
Veo
que ineludiblemente los sectores del Partido van a desaparecer,
corresponden a otra época del país, a otro modelo.
Estamos frente a lo que señalabas al principio, Raúl,
de que la realidad nos empuja a que la 18 Asamblea sea redefinitoria
esencialmente de la estructura del Partido y eso no está
ahí, eso no está aquí.
Estamos
comportándonos como si el Partido todavía tuviera
la organización de hace dos o tres sexenios con el Presidente
de la República en la cúspide.
La
democracia interna se dará por la participación,
como decía, horizontal y más amplia de los militantes
y de los electores.
La
elección del 2003. Dicen que un pesimista es una persona
que no está suficientemente informada, es probable que
ese sea mi caso.
Veo
con profundo desaliento las elecciones del 2003, lo veo en el
comportamiento social de los jóvenes que van a votar en
ese año.
No
tenemos la conexión, el puente, la capacidad de convocatoria,
de convencimiento para que voten por nuestro Partido. Tenemos,
y esto hay que señalarlo, el problema grave de que los
medios de comunicación son otro Partido político
adversario del nuestro. Ese es otro problema a considerar.
Veo
que a esta distancia, con esta perspectiva, el panorama para el
2003 no es muy alentador.
Muchos
pensamos en la elección anterior que tal vez sería
la última vez que nuestro Partido ganaría la Presidencia
de la República. Nos equivocamos radicalmente, atenidos
a una interpretación, a una estructura de educación
partidaria que nos hacía pensar que esa estructura iba
a funcionar y que aunque fuera por un número corto de votos
íbamos a ganar la Presidencia de la República. No
fue así.
Esa
distancia, entre quienes votaron por el candidato de nuestro Partido
y los que votaron por los candidatos de otros partidos se agrandará
cada vez más, la inercia que en física es una fuerza
que opera de una manera progresiva y que debe ser o puede ser
detenida si una fuerza similar se le opone.
Yo
no veo la fuerza similar que se oponga a la inercia antipriísta
en la actual sociedad sobre la que estamos hablando.
Entonces,
este señalamiento nos debe llevar a pensar también
en una modificación. Todavía puede hacerse en relación
con los temas de cada una de las mesas.
Es
importante que esto no solamente se incluya en lo que se diga
en la mesa cinco, como meta por el que comienza, que es la visión
de futuro. No tenemos una correcta visión de futuro, digo,
no somos adivinos.
Los
partidos se adecuan a la realidad política que les toca
vivir, de otra manera, son barridos y desaparecidos por esas fuerzas.
Y parece que esto todavía no lo captamos. Veo con angustia
que es muy probable que no alcance el tiempo para dar respuesta
cumplida a los grandes temas que tenemos por delante.
RMW:
Para dar respuesta a la situación de los sectores, yo quería
solamente señalar lo siguiente. En realidad, a mi juicio,
al Partido tradicionalmente se le consideran tres etapas en su
vida que coinciden con los tres nombres que ha tenido.
En
su origen el Partido fue una federación de partidos locales,
nucleados en torno del jefe máximo y que fue un paso intermedio
entre el régimen de los caudillos y de las instituciones.
Después fue un espacio de lucha y de negociación,
hasta que la integración del PRM con los sectores dio lugar
a que el PRM fuera el Partido del Presidente, de la institución
presidencial.
Es
pertinente recordar que cuando se convoca a la formación
del PRM, Cárdenas hace un llamado a todos los trabajadores
del campo y de la ciudad, y a los sectores medios de la población,
a que se integren a sus organizaciones de resistencia, a sus sindicatos,
a sus ligas agrarias, etcétera, y que en la medida en que
fueran miembros de estas instancias de los trabajadores organizados
tenían, por ese solo hecho, el derecho de ser miembros
del Partido de la Revolución.
Era
un planteamiento que después se invirtió, ya no
se consideró un derecho sino una obligación de los
miembros de los sindicatos o de las organizaciones campesinas
o de otro tipo de agrupaciones el ser miembros del Partido.
Pero
los sectores le dieron fuerza de masas al Partido y fueron el
vínculo que permitió al Partido ser el otro eje
en el desarrollo del sistema político mexicano, que estaba
sustentado en la alianza entre el Partido y el Presidente de la
República.
Y
los sectores, entonces, le dieron fuerza de masas al régimen,
al Gobierno de la República; le dieron contexto a la acción
del Partido, le dieron rumbo y fueron unos ineficaces instrumentos
electorales casi siempre, porque en la medida en que avanzaba
la democracia demoliberal se imponía el peso del individuo
en la soledad de la urna a la hora de emitir su voto, y entonces
los acuerdos corporativos que había en ese momento contaban
poco, pero cada vez contaron menos. Pero curiosamente los sectores,
con una tradición, con una fuerza objetiva, representando
intereses muy concretos de clases y de grupos, imponían
situaciones al Partido, en tanto cuotas de puestos de representación
popular o de dirigencia partidista y entonces se produjo una situación
paradójica.
Entonces,
los sectores fueron una forma de darle sentido social, popular
a la acción de gobierno, contenido de masas a la acción
de gobierno, de consolidar el rumbo del Partido, pero cada vez
fueron menos agentes políticos de la democracia representativa.
Este
tipo de partido conservó su esencia hasta que perdimos
la Presidencia de la República, el cual tuvo en los sectores
su principal elemento de acción política. Ya en
las últimas elecciones era evidente que los sectores aportaban
pocos votos al Partido, que los mecanismos del voto transcurrían
por otros cauces que no eran los de los sectores.
Los
sectores, como instrumentos o como ámbitos de la acción
del Partido, que imponían actividades al Partido, pero
era el Partido incapaz de determinar políticas hacia los
sectores.
Ciertamente
esto se derivó de una regla que en su momento fue muy eficaz,
que sobre todo la relación con el movimiento obrero fue
muy válida, los sindicatos tenían derecho a intervenir
en los asuntos del Partido, pero el Partido no tenía derecho
de intervenir en los asuntos del sindicato.
Los
mecanismos de control del sindicalismo por parte del Gobierno
transcurrieron por otros canales, sobre todo por los registros
de los sindicatos y la administración de los contratos
colectivos, pero no fue por la vía del Partido, eso sí
nos debe de quedar claro.
Sin
embargo, esta virtud que en algún momento preservó
la autonomía y la autodeterminación de los sectores,
en mayor medida la del sector obrero, en mucha menor la del sector
popular y todavía menor la del sector campesino, donde
había, ahí sí, una intervención más
directa del Partido.
Sin
embargo, garantizaron una cosa: que las organizaciones sociales
estaban al margen de la política partidista, es decir,
como el líder era el dueño de la patente del Partido
en determinado sindicato o liga, entonces ahí todos eran
del Partido y ya no era necesario hacer trabajo partidista.
Y se abandonó el trabajo político durante décadas
en los sindicatos, en las organizaciones campesinas y en las organizaciones
de todo tipo, y entonces se daba una situación absurda,
donde se decía que eran organizaciones del Partido, pero
en donde el Partido no hacía absolutamente ningún
trabajo político de ningún tipo.
Desde
luego, mi pronunciamiento en contra de los sectores es un pronunciamiento
a favor de que se haga trabajo político del Partido en
los sindicatos, en las ligas campesinas, en las organizaciones
de profesionales, o de empleados, etcétera, que retomemos
esa veta de trabajo.
Donde
los líderes pueden o no ser miembros del Partido, en última
instancia las organizaciones sociales deben de ser devueltas a
la sociedad. Ahí hay que hacer una precisión.
Si
bien en algunos casos, como en la CTM se cometieron algunos abusos,
como decir que todos los de la CTM son miembros del PRI, desde
el origen mismo de los sectores, aunque cada sindicato, liga u
organización participa en el PRI, sus miembros son libres
de militar en el partido de su preferencia, tal como lo garantiza
la Constitución.
Esta
fue una fórmula que se aplicó en el Sindicato de
Maestros desde su fundación, y ahí había
grupos de diferentes partidos y siempre los ha habido y los sigue
habiendo, aunque el Partido como tal, su peso como corporación,
lo aplica en las decisiones y en la vida del Partido.
Esto
hay que tenerlo claro, porque no se trató nunca de una
acción, en donde el Partido arrojara a los trabajadores
y los sometiera a situaciones anticonstitucionales, esto no ocurrió,
salvo en algunos momentos muy específicos, pero que no
son totalmente representativos.
Entonces,
la idea del sector, como instancia de trabajo partidista, debe
de ser reemplazada por la idea del frente de masas y nosotros
debemos tener trabajo en el frente obrero, con una política
obrera definida desde el Partido, con una concepción misma
del sindicato y de su función en la sociedad, cosa que
no hacemos ahora.
Ahora,
la CTM, por ejemplo, nos dice que la concepción del sindicato
es mía y si tú te atienes a ella, está bien
y si no, pues no. Pero el Partido no actúa en esas instancias
intermedias de la sociedad y entonces, no podemos llevar nuestro
mensaje partidista a los trabajadores, a los campesinos, a los
empleados.
Esto
ya se empieza a corregir. Ahí ya la FSTSE ya se establece,
según la modificación, en su último congreso,
una modificación de tipo estatutario, como ahora pasó
con la CNC, en donde ya se modifica esta situación.
Pero
esto requiere de una solución ahora del Partido, ya no
solamente de las organizaciones de masas. El Partido tiene que
decir «esta es mi concepción del papel que juegan
en la sociedad mexicana de ahora, los sindicatos, las ligas campesinas,
las agrupaciones de profesionistas, etcétera, y yo voy
a hacer en esos lugares, con mis militantes, un tipo de trabajo
que oriente a ellos a votar por mí, porque represento estas
opciones, estos valores, estas ideas».
Este
es un trabajo que se dice rápido, pero que implica, además
de una revisión conceptual profunda, atacar actitudes o
como ahora se dice «usos y costumbres», muy complicados,
porque además hay una situación: el régimen
político al que obedecía esta organización,
ya no existe.
Esa
es la otra cosa que debemos analizar, lo que ocurrió el
2 de julio y lo que ha ocurrido a partir de entonces no fue solamente
un fenómeno de alternancia en el poder, sino que se quebrantó
profundamente el régimen político del presidencialismo
institucional, que ya venía siendo vulnerado por una serie
de decisiones tomadas, sobre todo, en los últimos tres
sexenios, donde todavía tuvimos el gobierno, pero donde
el Presidente de la República perdió una docena
de sus principales atributos y facultades, que le permitían
no solamente gobernar, sino relegitimar su poder a lo largo de
su mandato.
En
las actuales condiciones, el Presidente de la República
ya no solamente no tiene esa docena de atribuciones y facultades
que ya había perdido, sino que ahora ha perdido las atribuciones
y facultades que Carpizo llama metaconstitucionales y que se las
confería ser el líder de un Partido como el nuestro.
Cuando
nos asomamos a lo que está ocurriendo en el país
y lo que está ocurriendo en el Partido, vemos que el régimen
político está quebrantado.
El
Presidente hace el ridículo todos los días, porque
no tiene otro remedio. No puede hacer otra cosa. El Presidente
no puede ya gobernar como se gobernaba antes, no tiene el Congreso
ni la Cámara de Senadores; la Cámara de Diputados,
los gobiernos de los estados son de otro Partido distinto, etcétera,
y el andamiaje institucional, del que disponemos, no puede resolver
los problemas de gobernabilidad que hoy se presentan.
El
Partido debe asumir que hoy estamos en vía y de lo que
forma parte de nuestra reforma interna, es también una
gran reforma nacional, para adecuar nuestro armazón constitucional
a las nuevas realidades.
Ahí
entra el tema de la democracia interna. Cuando nosotros hablamos
de democracia interna, lo hicimos cuando empezamos a introducir
los elementos de democracia interna en nuestro Partido. Lo hicimos
a partir del reclamo que se nos hacía en la oposición
y no de un proceso propio, o cuando menos el proceso propio de
reconsideración de los recursos democráticos, no
fue lo suficientemente sólido como para librarse de ese
elemento extraño que nos venía de la oposición
o que nos venía de otras situaciones externas, que no se
compadecían de nuestras realidades.
Nosotros
aplicamos métodos de la democracia, que se aplican en la
democracia en el Estado, que tiene como propósito principal
el diferenciar a las fuerzas políticas, el diferenciarlas
y el establecer sus ámbitos, sus pesos específicos,
para que pueda darse un sistema de gobierno en la sociedad.
En el Partido, la democracia debe tener un propósito muy
distinto; unir al Partido, unir a partir de considerar las diferencias,
valorarlas, pero unirlas en instancias de Partido, que atiendan
a la composición real de las fuerzas.
Por
eso, nuestra democracia interna debe variar de eje. Las elecciones
para candidato presidencial tienen, representan una enorme enseñanza
que la tenemos archivada. Nos fue tan mal que las guardamos, nos
espantamos y las dejamos ahí, pero ahora las debemos digerir,
debemos ver qué fue lo que ocurrió, cuál
fue el daño ocasionado por haber introducido en la vida
del Partido instancias y procedimientos que corresponden a otros
ámbitos de la democracia.
En
ese sentido, el Partido tiene una historia. Yo recuerdo muy bien
que en algún momento en el Partido se habló y se
teorizó sobre la democracia funcional, que incluso se trasladó
a otros ámbitos de la vida institucional como la Universidad;
hay un tratado muy famoso de Luis Villoro sobre la democracia
funcional en la Universidad, que puede ser aplicado en sus elementos
sustanciales al Partido.
El
Partido y sus mecanismos democráticos tienen que garantizar
la función del Partido, su función dirigente, su
unidad, su éxito político y electoral.
Si
la democracia no garantiza eso, no es democracia, es otra cosa,
o cuando menos no es democracia partidista, estamos equivocando
el sentido.
Todos
estos elementos que estamos platicando ahora, nos indican que
la Asamblea tendría que ser un gran trabajo a profundidad,
de alta especialidad política.
Desde
luego, ojalá y en la Asamblea participen dos millones de
compañeros, pero que se estableciera, sería lo ideal,
un sistema de representación que pudiera culminar en realmente
hacer acopio de las aspiraciones, de las demandas, de las inquietudes
de los millones de participantes y concentrarlos en un sistema
de representación, útil para poder resolver los
temas del Partido hoy y que sé nos llevan realmente a establecer
la necesidad de un programa que pueda, a su vez, consolidar una
nueva mayoría para México.
Ese
es el gran problema de México. No lo resolvió la
elección del 2000, por eso está el país totalmente
desarticulado.
Debemos
conformar una nueva mayoría democrática, ¿en
torno a qué? En torno a un programa, en torno de un programa
que parte de una consideración puntual, de un conocimiento
científico de la realidad, que nos permita saber qué
transformaciones están maduras en la sociedad mexicana
y ¿cuáles son los agentes de estas transformaciones
para poder lograr articular los esfuerzos políticos que
nos permitan llegar a esas transformaciones y realizar los fines
y los objetivos del Partido?
En
ese sentido, para el 2003 necesitamos tener desde luego
una clara idea de Partido, fundada en una noción de lo
que está pasando en el país, pero que esta idea
de Partido pueda, en el nuevo contexto del país, en su
nueva contextura democrática, formular el programa de la
nueva mayoría democrática para México, que
una a la Nación, no porque cuando habla uno de unidad a
la Nación no se piense en la idea aquella de que los explotados
se sometan a los explotadores ni mucho menos, no, sino que incluso
con las diferencias de clase, profundas o irreductibles que haya
se reconozca un destino común, las grandes mayorías
de mexicanos reconozcan un destino común y en función
de eso realicen un arreglo institucional que nos permita que México
pueda no solamente darle rumbo a los esfuerzos y a los conflictos
que se presenten en la sociedad sino además empezar a superar
realmente los grandes rezagos y las grandes carencias y desigualdades.
examen:
Muchas gracias, agradezco la presencia a la Corriente Renovadora.
Su análisis es inteligente, objetivo, a la vez apasionado
y desapasionado, es informado, y sobre todo es comprometido.
Son
muy atendibles sus reflexiones, sus orientaciones en lo histórico,
en lo teórico, en lo político y en la práctica.
Me
parece que examen debe poner énfasis en que estas ideas
lleguen a quienes deben llegar, que son los delegados y delegadas
a la Asamblea.
La
Corriente Renovadora, como tal, tiene su espacio en la Asamblea,
hay reglas que admiten que algunos de sus miembros sean delegados
y delegadas. No podemos darnos el lujo de desperdiciar, de no
escuchar esta capacidad de respuesta que tiene la Corriente Renovadora.
El Partido los necesita, creo que nos necesitamos todos más
que nunca, porque estamos en un grave peligro; de que esa inercia
antipriísta se imponga en las próximas elecciones
del 2003.
Este
fue un ejercicio interesante, profundo, Estamos muy agradecidos
con su participación. Muchas gracias.
Coloquio
convocado por la revista examen del Partido Revolucionario Institucional,
«Rumbo a la 18 Asamblea General de Delegados», con
la Corriente Renovadora.
