POR UN PARTIDO RENOVADO Y FORTALECIDO

- La Asamblea es oportunidad y reto
- Debemos prepararnos para el 2003 y 2006
- Recuperar las banderas de las causas populares

examen: Está con nosotros el licenciado Miguel de la Madrid Hurtado, Presidente de México de 1982 a 1988; Adolfo Lugo Verduzco quien fue presidente del PRI y gobernador de Hidalgo entre otros; Jorge de la Vega Domínguez, también Presidente del PRI, Gobernador de Chiapas, Secretario de Comercio, y de Agricultura, Director del IEPES; Mariano Palacios Alcocer, expresidente del PRI, Senador, Gobernador de Querétaro, Diputado Federal, Secretario de la CNOP, Secretario del Trabajo y Previsión Social; Humberto Lugo Gil, 9 veces miembro del CEN, delegado 32 veces en distintos lugares de la República, Diputado Federal 3 veces, senador, fue líder de las Cámaras de Diputados y Senadores, Gobernador Interino de Hidalgo; Miguel González Avelar, Secretario de Prensa y Propaganda del CEN, Presidente de la Comisión Nacional de Ideología, Senador, líder de la Cámara alta, Diputado Federal, Secretario de Educación Pública; Bernardo Sepúlveda Amor, Secretario de Asuntos Internacional del CEN, Embajador en Estados Unidos, Secretario de Relaciones Exteriores, Embajador en Gran Bretaña; Sergio García Ramírez, Secretario General del CEN, Procurador General de la República, Secretario del Trabajo y Previsión Social. Nuestro agradecimiento por estar con nosotros.

Se trata de una entrevista conjunta cuyo objetivo es analizar el futuro del PRI, aprovechando la oportunidad que nos brinda la 18 Asamblea. Aunque la convocatoria que ustedes conocen señala la temática, sus reflexiones se pueden referir a uno o varios de los temas enunciados o bien introducir otros no considerados expresamente en la misma.

examen será honrada con sus opiniones, las páginas están en blanco y a ustedes, junto con otros militantes, corresponde llenarlas.

Es del interés de nuestros lectores abrevar de su experiencia, conocimiento y buen juicio político, de su comprobada militancia y demostrado compromiso social para enriquecer el debate partidario y construir el modelo de Nación que todos queremos.

Cedo la palabra al licenciado Miguel de la Madrid, para que en una exposición inicial, fije las premisas de la deliberación, muchas gracias a todos.

MIGUEL DE LA MADRID HURTADO: Somos un grupo de amigos. Todos priístas indudables, quienes tenemos alguna experiencia y podemos aportar puntos de vista útiles. La opinión de cada quien es estrictamente personal; compartimos muchas ideas, en otras hay matices, pero pareció que era útil acceder a la invitación y agradecemos el interés que muestra la revista examen y, en consecuencia el Comité Ejecutivo Nacional en tener nuestra opinión.

México se encuentra en una acelerada etapa de cambio en los diversos aspectos de su vida social. Desde luego, ese proceso de cambio se está observando con especial intensidad o actividad en el campo político.

Este cambio lo hemos propiciado los gobiernos de la Revolución Mexicana, como un largo y difícil proceso que consideramos una secuencia, aunque con ritmos diferentes, según las circunstancias.

Baste mencionar la reforma promovida por Adolfo López Mateos sobre los diputados de Partido, ampliada después por Luis Echeverría; las importantes reformas electorales del gobierno de José López Portillo, de la Constitución y las leyes electorales.

Cuando tuve el privilegio de servir la Presidencia de la República logré reformas a la Constitución; a la legislación electoral y a la estructura de los poderes de la unión y de los municipios. Más recientemente destacan las muy amplias reformas que iniciaron los presidentes Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, y que por cierto el PRI se encargó de que se aprobaran en el Congreso, con el voto en contra, en varias ocasiones, o la abstención de los partidos de oposición.

Ahora esos partidos se benefician de una legislación electoral moderna, avanzada, que inclusive ha sido ponderada favorablemente por organismos internacionales y por políticos y analistas de otros países.

Bajo este marco renovado, ahora existe ahora un pluralismo mucho más dinámico, con la amenaza inclusive de seguir creciendo, lo cual considero negativo. Un pluralismo excesivo puede dificultar la realización eficaz del proceso político.

Las elecciones del 2 de julio constituyeron una verdadera conmoción para el país. El PRI perdió la Presidencia de la República, la mayoría absoluta en el Congreso de la Unión y el Gobierno de la Ciudad de México. Sin embargo, la candidatura de nuestro candidato obtuvo más de 13 millones de votos y el PRI ganó las mayorías relativas, tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores.

Conservamos todavía una mayoría importante de las gubernaturas de los estados, aunque hemos perdido algunas, principalmente por defecciones de miembros del PRI en el plano nacional y con candidatos que de alguna manera fueron miembros de este Partido. Baja California Sur, Tlaxcala, Chiapas, recientemente perdimos Yucatán por una mínima diferencia, aunque lo perdimos por la alianza de los demás partidos. Si hubiera jugado solo el PAN hubiera ganado el PRI. En cambio, de acuerdo con una tendencia favorable, acabamos de ganar Tabasco.

Las pérdidas del PRI, como decía, se dan ante la alianza de varios partidos por separado. Muchos de ellos sin la fuerza suficiente inclusive para que, de haber actuado solos, no hubiesen ganado las gubernaturas.

Si examinamos conjuntamente las elecciones locales desarrolladas a partir del 2 de julio del año 2000, podemos apreciar que el PRI sigue siendo el partido mayoritario. Su participación en la votación emitida ha sido de más del 42 por ciento; Acción Nacional un poco más de 30 y el PRD ha quedado en el tercer lugar, con 17 por ciento aproximadamente. El PRI no está muerto como muchos quisieran, sigue vivo y mantiene un poderoso potencial electoral.

Los diversos partidos políticos en México se hayan en proceso de redefinición y reestructuración.

Nadie ha escapado del proceso de cambio vertiginoso que estamos viviendo. Sin embargo, los medios de comunicación y varios elementos creen equivocadamente que la decadencia del PRI es un proceso irreversible y aún deseable.

No saben lo que dicen. Un hipotético fraccionamiento del PRI haría mucho más difícil, la vida política del país y, en consecuencia, la gobernabilidad.

El PRI ha llegado a coincidencias con los otros dos partidos y principalmente con el PAN en asuntos de gran interés que se han ventilado en el Congreso de la Unión, como el presupuesto del año 2000, leyes del sistema financiero y otras de mayor relevancia, como la reforma constitucional indígena.

No somos un Partido obstruccionista, sino un Partido de oposición seria, responsable y consciente de la necesidad de que contribuyamos al manejo político del país, aunque mantenemos serias diferencias con el gobierno del Presidente Fox y con varios de sus proyectos.

Respetamos a todos los partidos políticos. El PRI está comprometido con una reforma sustancial y profunda de su identidad, su estructura, sus estrategias y su programa de acción. Se ha convenido que la 18 Asamblea se concluya el próximo 20 de noviembre, y ya arrancaron los procesos correspondientes.

Aún cuando este proceso representa complejidades y dificultades en la práctica, ya que somos un Partido muy grande y somos un Partido heterogéneo históricamente, yo confío en el talento y en la habilidad política de los priístas para que podamos conducir y concluir este proceso de la Asamblea con buen éxito para nuestro Partido.

De hecho, yo diría que el PRI ya ha cambiado en los últimos meses en una serie de mecanismos de trabajo, de prácticas, de actividades, con sistemas de selección más abiertos, pero eficaces para designar a sus candidatos y dirigentes en los ámbitos nacional, local y municipal.

El PRI definirá sus principales propuestas de gobierno y se preparará para ganar mayores posiciones en las elecciones federales, intermedias del año 2003 y recuperar la Presidencia de la República; así como una mayoría más definida en las cámaras del Congreso de la Unión en el año 2006.

El PRI seguirá preocupándose por mantener las gubernaturas que tiene bajo su responsabilidad y su participación en congresos locales y municipios de preferencia con mayoría. Es el interés que tienen los demás partidos.

El PRI sigue reconociendo como referencia fundamental e inevitable de nuestro ser a los principios básicos de la Revolución Mexicana, tal como están expresados en la Constitución de 1917 y sus muy numerosas reformas. Estos principios básicos son los siguientes: soberanía popular entendida con un sentido nacionalista; derechos humanos, individuales y sociales; división de poderes en los tres niveles de gobierno; sistema federal actualizado y dinámico; sistema económico mixto, con rectoría del estado sobre el desarrollo nacional y un sistema de planeación democrática.

Nuestro programa deberá incluir también, desde luego, la separación de la iglesia y el Estado.

Todos estos principios son fundamentales para nosotros, y si bien se han interpretado y aplicado con diferentes estrategias a través del tiempo que han gobernado los gobiernos revolucionarios, en lo esencial los consideramos vigentes.

Nuestro lema sigue vigente, yo así lo creo, democracia y justicia social. En materia de justicia social, no obstante los avances obtenidos, reconocemos que existe en el país una gran desigualdad social y un fenómeno intolerable de crecimiento de la pobreza. Estos son los retos fundamentales de México y del PRI para el siglo XXI.

Nuestro programa económico deberá incluir la recuperación de altas tasas de crecimiento, debidamente armonizadas con el desarrollo social y con la meta central de crear más empleo.

La estrategia económica por la que propugnaremos deberá de ser ejecutada frente a los problemas del presente y del futuro a largo plazo: Sin embargo, estoy seguro, que el PRI sabrá armonizar dinámicamente los objetivos del crecimiento con los de la justicia social y la estabilidad, esta última muy importante tanto en materia económica, como social y política.

No deben repetirse los errores del pasado que hemos cometido. Sobre todo las políticas expan-sionistas, fincadas en el déficit público, que llevaron a un crecimiento indiscriminado del sector público y la intervención del Estado en la economía con un proteccionismo excesivo y prolongado. Esto trajo como consecuencia un endeudamiento público, interno y externo masivos, que deberemos rechazarlos, aunque tendremos que seguir haciendo uso del crédito externo pero en proporciones moderadas y no en forma excesiva, como aconteció en años pasados.

El PRI debe propugnar porque además de mantener y afianzar los grandes equilibrios de la macroeconomía, ahora deberán definirse nuevos instrumentos de fomento y apoyo a diversos sectores productivos, principalmente el agropecuario y pesquero, el forestal, la industria grande, mediana y pequeña. No podemos resignarnos a ser un país de changarros. También debemos fomentar el turismo, la ampliación y modernización de nuestra estructura en general, de nuestra infraestructura en particular, principalmente comunicaciones y transportes con nuevos programas económicos y sociales que definan un equilibrio adecuado entre Estado y mercado.

Para la gran mayoría de los priístas, la privatización del sector energético del país no está a debate, ni siquiera podemos admitirlo. Debemos seguir manteniendo al petróleo y la energía eléctrica bajo la propiedad y la gestión directa de Estado; sin que esto excluya formas de recibir recursos del exterior bajo normas imaginativas, novedosas, pero que no impliquen una privatización disfrazada de este sector tan importante.

El mercado es creación del estado, no existe sin normas, instituciones, mecanismos y convenciones y su adecuado funcionamiento requiere la permanente vigilancia e intervención del estado para su sano desarrollo y para evitar las tendencias monopólicas y de concentración económica que nos están afectando actualmente y tienden a crecer.

En el desarrollo social las prioridades deben ser educación y salud, sin perjuicio de atender otros sectores, muy destacadamente el de la vivienda popular, la protección y estímulo de niños y jóvenes, la atención a la población de la tercera edad; seguiremos nuestra tradición de promover la igualdad de oportunidades entre la mujer y el hombre en todos los aspectos de la vida nacional, incluyendo desde luego el político.

Lamento que la mayoría de la propiedad y el control del sistema financiero mexicano, que con tanto esfuerzos se construyó en los años posteriores a la revolución, se haya extranjerizado casi totalmente. Reconozco que este fenómeno obedece a diferentes causas, entre ellas un inadecuado manejo de las políticas financieras públicas, las crisis recurrentes de la balanza de pagos con alteraciones del tipo de cambio, la falta adecuada e inoportuna de apoyo a los deudores que incurrieron en insolvencia por factores ajenos a su voluntad.

Fue un tremendo error el esquema de salvamento bancario del Fobaproa, ahora IPAB, y otras formas que operaron con falta de decisión política y nacionalista y con poca imaginación técnica y poco respeto a la ley.

El PRI debe propugnar porque se desarrollen nuevas instituciones y mecanismos para recuperar gradualmente la participación de los mexicanos en nuestro sistema financiero, por ejemplo el fortalecimiento de la banca de desarrollo, que debe ser autorizada para operar no sólo en el segundo piso, sino también en el primero, siempre claro, bajo el principio de sanas prácticas bancarias y con el fortalecimiento sustancial de las instituciones encargadas de la inspección y vigilancia de todo el sistema financiero, cuyo debilitamiento y errónea actuación, me refiero a las instituciones encargadas de inspección y vigilancia, en mucho causaron y agravaron el desastre bancario.

Todo el esfuerzo para darle una nueva dinámica a nuestro desarrollo económico y social deberá orientarse bajo el concepto de desarrollo sustentable, eso es bajo el compromiso de evitar que se sigan deteriorando gravemente nuestros recursos naturales: tierra, agua, aire, suelos, bosques. La corresponsabilidad de este esfuerzo requiere la participación de los sectores público y privado Es una tarea tan grande que bajo la rectoría del Estado, se debe obtener la cooperación también del sector privado, la cual puede realizarse inclusive en términos rentables.

Mediante esta idea de desarrollo sustentable debemos asegurar el desarrollo futuro de la Nación y esto debe constituir un compromiso de las actuales con las futuras generaciones. Punto de especial interés deberá ser el adecuado manejo y aprovechamiento de desechos sólidos, puesto que el manejo inadecuado es práctica común en todo el territorio nacional.

Por otra parte, el PRI debe comprometerse real y decisivamente con su Código de Ética, debidamente reforzado, espero que lo haga la Asamblea y se aparte para siempre de las faltas de honestidad y las desviaciones en que incurrieron algunos de nuestros militantes que fueron los menos, la mayoría de los militantes del PRI no participaron en estas desviaciones, corrupciones y faltas de honestidad.

Otra actividad urgente y angustiosa es, desde luego, y así lo sienten todos los mexicanos y los priístas es manejar los mecanismos relativos a la procuración y administración de justicia que están incidiendo gravemente en la seguridad pública y nacional y en la gobernabilidad del país.

Toda esta compleja y gigantesca tarea que nos espera a los mexicanos y que debe enarbolar el PRI con las banderas más avanzadas, deberán guiarse bajo los principios esenciales de nuestro nacionalismo y apoyados en nuestra actitud, convicción y sentimiento de seguir trabajando entusiastamente por la construcción de una patria cada vez mejor.

examen: Muchas gracias, licenciado Miguel de la Madrid. Ha solicitado la palabra el Doctor Sergio García Ramírez.

SERGIO GARCÍA RAMÍREZ: Hemos escuchado una reflexión muy rica y sustanciosa acerca de los grandes temas del país y del Partido. Ciertamente, los grandes temas del país deben ser los grandes temas del Partido.

En efecto, durante mucho tiempo, los gobiernos emanados de la Revolución Mexicana propiciaron el cambio, lo alentaron en los más distintos órdenes de la existencia: social, político, económico, educativo y cultural; y se trató invariablemente —aunque con tropiezos, errores, problemas, pero manteniendo una línea general de congruencia— de un cambio dirigido en un sentido claro, compartido y conveniente.

Los aspectos centrales de ese rumbo eran el nacionalismo –la democracia, la democracia integral, no solamente la democracia electoral, muy importante pero insuficiente; la democracia integral, como la concibe nuestra Constitución– y la justicia social.

Este rumbo se encuentra gravemente comprometido en la actual etapa de la vida del país. El signo que preside las tareas del actual gobierno de la República, no es el más alentador ni desde el punto de vista de la preservación de nuestro nacionalismo ni de la preservación de nuestra democracia, tanto en el sentido electoral como en el sentido integral, ni tampoco desde el ángulo de la justicia social.

Conviene que se tome nota de esto, tanto por los miembros del Partido, como por parte de quienes no lo son, para los efectos de su propia conducción política. Hemos visto en estos últimos meses, signos inquietantes sobre este particular.

El pluralismo es otra de las grandes cuestiones que ahora nos llaman la atención. En efecto, tenemos una sociedad más plural y un sistema político mucho más plural. Vale la pena que reflexionemos acerca de lo que significa este pluralismo en un esquema democrático. Significa, entre otras cosas, coexistencia, tolerancia, prudencia, respeto.

Lo que el Partido representa se ha visto acosado en estos últimos meses por una actitud que, más que respetar y tolerar, más que propiciar y permitir, pretende acosar y destruir, y esto, por cierto, no sirve a la democracia. No es ese el pluralismo, al menos como yo lo entiendo; no es esa la oferta democrática, al menos como yo la oigo.

Nuestro Partido también se acaba de decir aquí, con toda razón sigue siendo un Partido mayoritario. Su votación es mayoritaria, en términos relativos. Contra los presagios de destrucción y muerte del Partido, de desanimación, de desaliento del Partido, éste se ha mostrado como una fuerza muy importante, muy viva y cada vez más consciente y segura de sí misma.

Conviene que los priístas nos preguntemos y respondamos adecuadamente sobre a dónde encauzar esas enormes fuerzas actuales del Partido, y sus fuerzas potenciales.

Es evidente que debemos encauzarlas en un doble sentido: resistir la oleada de derechización que se está tratando de imprimir al país, por una parte, y construir, con nuestras propias ideas, de carácter social, de carácter liberal, con el sabido concepto sobre democracia, derechos humanos y justicia social, una alternativa: una alternativa adecuada y razonable, que proponer al pueblo de México para el relevo del actual gobierno cuando llegue el momento

Nuestra organización política es un Partido en la oposición, en el plano federal por ahora, que no pretende, sin embargo, mantenerse para siempre en la oposición. Es un Partido que aspira a volver a gobernar en la federación y para esto debemos tener una propuesta alternativa.

Somos y debemos ser una leal oposición para servir al pueblo, no una leal oposición para quien gobierna, sino para servir al pueblo, para atender lo que el pueblo exige, lo que el pueblo merece, a lo que el pueblo demanda. En ese sentido, seamos leal oposición.

La Asamblea es una cuestión fundamental para los priístas. Yo diría que también para todos los mexicanos interesados en la política, que quizás sean todos los mexicanos, porque lo que pase o no pase con el Partido, influye o influirá de manera decisiva en el conjunto nacional.

La Asamblea supone para los priístas el nacimiento o el renacimiento de una esperanza que nos corresponde justificar desde ahora en los actos de organización y de convocatoria a la Asamblea, como en efecto se está haciendo, y justificar mañana con resultados.

¿Cuáles serían, si yo pudiera expresarlos en voz alta, los fines deseables, los alcances deseables de la Asamblea? Independientemente de que todo esto se dé a la luz de los temas, de la riqueza temática que se está planteando a los priístas en todo el país, a través de una acción organizativa muy enérgica.

Primero. Hay que profundizar en nuestra democracia interna, con una unidad razonada entre los priístas, la unidad de la voz que se pronuncia, no del silencio, y en la democracia que permita una participación real, efectiva, de los priístas, con respeto mutuo y tolerancia recíproca.

Segundo. Debemos reafirmar y actualizar los principios que son hoy el eje articulador del priísmo nacional. No contándose ya con la figura, el liderazgo, la conducción presidencial, contamos, sin embargo, con algo que tiene mayor consistencia a largo plazo y que es más profundo: son nuestras convicciones, nuestros principios, nuestras buenas razones, nuestro proyecto nacional.

Esto debe ser revisado, actualizado en forma tal que constituya un nuevo eje articulador y que satisfaga y convenza a los priístas y a quienes no lo son.

Tercero. Es preciso abrir espacios para los grandes sectores sociales que se han retraído y que están pendientes de una convocatoria persuasiva. Espacios para la juventud, reales espacios para la juventud, como lo hace la proclama de la convocatoria, espacios para la mujer, efectivos espacios para la mujer, espacios para los grupos urbanos, en este país que paulatinamente está haciéndose más y más urbano, de ciudades medias y de grandes ciudades.

Todos estos espacios deben ser franqueados, para que en nuestra Asamblea se les reconozca y se tiendan los puentes necesarios para una buena comunicación con ellos.

Cuarto, es necesario asumir el reclamo ciudadano. No haberlo atendido, no haberlo oído cuando era perfectamente posible escucharlo y sentirlo, haber permanecido con los ojos cerrados, con los oídos obstruidos. Un precio que ya pagamos y que no debemos volver a pagar. El PRI está haciendo su mejor esfuerzo y debe intensificarlo por recuperar las causas ciudadanas, por encauzarlas, representarlas y atenderlas.

Yo celebro, en este sentido, muchas de las tareas que ha asumido y que está cumpliendo el Partido. Por ejemplo, celebro su actitud seria y responsable frente al tema de la reforma fiscal. Creo yo que el PRI ha hecho, está haciendo y seguramente hará lo que debía hacer: escuchar la voz del pueblo y actuar de una manera racional, de una manera responsable, sin demagogia, sin precipitación en forma razonable y responsable.

Quinto. Finalmente –la palabra finalmente es aquí simplemente una palabra– hay muchas cosas que agregar, pero por ahora mencionaré la necesidad de consolidar a todo trance el compromiso ético del Partido, el compromiso ético de sus militantes, de sus dirigentes y de los funcionarios que de él surjan.

Los gobernantes emanados del Partido, los dirigentes del Partido, los militantes del Partido, quieren, ¡claro que queremos!, recuperar el favor popular, el convencimiento y el voto. Debemos hacer un enorme esfuerzo, porque el compromiso ético se consolide y resplandezca; porque se sienta que somos, como en efecto lo somos, un partido que quiere manejar y manejarse de acuerdo con compromisos morales, compartidos por el pueblo mexicano; un partido que no se apene de la conducta de algunos de sus integrantes, sino se enorgullezca de ellos. Este es un tema fundamental para la vida del Partido y seguramente será un tema importante para la deliberación de la Asamblea.

examen: Gracias, doctor. Cedemos la palabra a Miguel González Avelar.

MIGUEL GONZÁLEZ AVELAR: En primer lugar celebrar la contundencia, la claridad del análisis que ha hecho el licenciado De la Madrid acerca de las cuestiones que encara en este momento el Partido, pero también y sobre todo el país.

En la desembocadura del Siglo XX y el descalabro electoral de julio pasado coincidieron en circunstancias que debemos esclarecer muy bien entre nosotros los priístas.

Por una parte, el agotamiento de lo que consideramos un modelo de desarrollo inviable, montado en unas ideas, a mi juicio obsoletas, que reciclaron en los años 80 la señora Margaret Tatcher y el Presidente Reagan, conforme a las cuales la evolución que había tenido el mundo en cuanto a desarrollar los conceptos de bienestar colectivo, de solidaridad social, etcétera, se vieron canjeados por un egoísmo social, un verdadero darwinismo social en el que cada cual tendría que atenerse a sus propias fuerzas para poder sobrevivir en ese mundo de un mercado sin obstáculos, sin cortapisas de ninguna especie.

Yo diría que esa película los mexicanos la vimos. La vivimos durante el porfirismo, que se parece de una manera extraordinaria, en más de un aspecto, incluso el político, los postulados de esa nueva manera de ver el desarrollo de la sociedad. Fue la Revolución Mexicana precisamente la que incorporó, ante el fracaso evidente de una política desnuda de contenido social, fue la Revolución la que recuperó la idea de un humanismo social en el que quisimos y hemos querido vivir los mexicanos claramente desde la Constitución de 17.

Por lo tanto tenemos, en una perspectiva mundial, una cierta manera de ver las cosas, y desde la perspectiva del Partido tenemos la obligación –así me parece– de desarrollar cuál es la propuesta que nuestro Partido puede hacerle al país para escapar de ese darwinismo social, con base en las instituciones y en las convicciones que nosotros mismos hemos desarrollado en el curso de nuestra historia. No sólo a partir de la Revolución sino desde el momento mismo que nacimos como Nación independiente y soberana.

Lo más práctico que podemos hacer es aferrarnos a nuestros principios y darles el desarrollo moderno; el desarrollo que las circunstancias actuales del país nos obligan a explorar y a buscar.
Ha cambiado la composición demográfica de México de una manera extraordinaria y pongo a este efecto el ejemplo de la seguridad social.

El sistema de seguridad social se está viendo amenazado por la imposibilidad de atender un creciente número de personas que dependerán de él.

Y por otro lado, la insuficiente incorporación de mexicanos al mundo del trabajo productivo, permanente y bien remunerado que permitiría financiar ese proceso.

Debemos replantearnos esta situación con seriedad, con la mayor profundidad, de tal manera que no canjeemos nuestras convicciones de comunidad de fortuna como pueblo, como país, por un esquema en el que cada quien tiene que rascarse con sus propias uñas, para decirlo coloquialmente.

Para eso debemos apostarle al empleo; a un empleo permanente, socialmente productivo, bien remunerado, que permita la operación de esos mecanismos de solidaridad y de justicia social que hemos ido creando los mexicanos durante el curso de los decenios anteriores. No los podemos desmantelar, sería un error craso el lanzar a la gente, en las condiciones en que se encuentra la población mexicana hoy en día, a contratar seguros individuales, a valerse por sí misma en condiciones de desempleo o de empleo mal pagado.

Por el contrario, me parece que es el momento de unificar fuerzas, de reunir lo que como pueblo tenemos capacidad de producir y eso ponerlo al servicio de la solidaridad y de la justicia social.

Quisiera también hacer un comentario específico: estamos en el plano internacional envueltos en la idea de la globalización. Y cabe decir que no es una idea a menos que esa idea o que esa situación se coloree de intenciones políticas. La globalización es un hecho, es un fenómeno propio del fin del Siglo XX y principios del XXI.

Pero lo que no podemos aceptar como país y, en consecuencia, como partido, que es lo que ahora nos importa, es que lo que se globalice sea la injusticia y sea la miseria, que son los resultados más patentes que hemos observado hasta ahora.

Debemos globalizar, sí, pero la justicia y debemos llevar al plano internacional las preocupaciones que internamente como país hemos tenido durante todo el Siglo XX. Esta es la verdadera tarea que el Partido tiene -en mi opinión- frente a ese fenómeno. La necesidad de regularlo, de trabajar en los foros internacionales, a través de las vías políticas y diplomáticas y de la concertación de los países, para que protejamos al mundo de estos fenómenos de especulación, de rapiña, de voracidad en los que estamos indudablemente envueltos.

examen: Muchas gracias. Es el turno de Mariano Palacios.

MARIANO PALACIOS ALCOCER: El planteamiento formulado por el señor licenciado De la Madrid, nos da una visión de conjunto sobre las principales preocupaciones del país y del Partido.

Quisiera retomar uno de los temas que él enunció con mucha propiedad y que es el relativo a la cuestión de orden ideológico, que tiene que ver con la vigencia de la Revolución Mexicana.

Uno de los temas centrales que están hoy en discusión, es sobre si el Partido, que es heredero histórico de la Revolución, que surge por la Revolución, ¿puede o no puede seguir manejando las tesis de la Revolución Mexicana?

Indudablemente que quienes mucho tiempo dedicamos nuestra vida al estudio del Derecho Constitucional y a su enseñanza, no podemos pasar inadvertido que las tesis fundamentales del constitucio-nalismo mexicano son heredadas por la Revolución Mexicana.

Bastaría simplemente con echar una ojeada a tres o cuatro de estos valores esenciales para advertir si la Revolución Mexicana existe o no y si se le puede dar o no una lectura actualizada y dinámica de cara al Siglo XXI.

La incorporación más importante, esto es, la adopción del principio de la propiedad originaria de los bienes a favor de la Nación, me parece una tesis que no está a discusión y es un legado fundamental de la Revolución Mexicana.

El contenido social de la Revolución Mexicana en materia de educación, en materia agraria, en materia laboral, son herencia fundamental de la Revolución Mexicana, que no pueden estar a discusión cuando más de 30 millones de jóvenes mexicanos son beneficiarios del sistema educativo nacional producto de los gobiernos de la Revolución Mexicana; cuando la Organización Mundial de la Salud ha dicho que hemos llegado prácticamente a la cobertura universal en materia de atención primaria a la salud y cuando tenemos todavía hoy en día una de las legislaciones más avanzadas en materia laboral.

Es herencia de la Revolución Mexicana el principio determinante de la secularización ya adoptada desde el Siglo XIX, la separación del Estado y las iglesias; y quizás su legado político más importante sea la reivindicación del municipio libre.

Estas ideas, con una lectura moderna, no nos deben hacer esconder la cara para hablar de la Revolución Mexicana. Es indispensable que advirtamos que el país no se improvisa ni se inventa con una simple transferencia de partidos políticos en los cargos de poder y que formamos parte de una corriente histórica.

¿Qué podríamos rescatar de esto? Que somos herederos del esfuerzo de muchas generaciones de mexicanos que han logrado imprimirle al Estado mexicano un carácter social predominante y que los retos que se plantearon entonces como era repartir la tierra con un propósito de justicia, organizar las relaciones laborales con un propósito de equidad, hoy debe tener una lectura moderna y dinámica para combatir la pobreza, la inequidad en el ingreso y para poder hacerle frente a los nuevos sectores sociales emergentes como serían los jóvenes que demandan empleo, como serían las mujeres, como serían los indígenas, como serían los migrantes, como serían los jornaleros agrícolas.

Qué me parece importante, que esta tesis que ha planteado aquí el licenciado Miguel de la Madrid, con los principios fundamentales del constitu-cionalismo, es decir, la defensa de la soberanía es algo que debe hacer el PRI, no es admisible que la soberanía se ceda a tajos, como lo ha ofrecido el titular del Ejecutivo.

Los derechos individuales y sociales deben ser respetados, el principio de la división de poderes es algo que no está bajo sospecha, el decir que el Presidente propone y el Congreso dispone, y evitar o no publicar las leyes, contradice en la práctica a las tesis propuestas y los principios de la constitución.

La vigencia de un sistema federal es algo que necesitamos fortalecer y dinamizar, esas convocatorias a los gobernadores en la clandestinidad del coto de San Francisco del Rincón y sus alrededores, en poco ayuda al fortalecimiento institucional del federalismo.

Y el sistema de economía mixta no puede ser suplantado por la oferta de los recursos del estado y de los bienes estratégicos con un pragmatismo ramplón. El sistema de planeación democrática y participativa, debe ser enfatizado, porque la verdad es que no hay ideas de lo público por quienes hoy, diciéndose empresarios gobiernan con criterios gerenciales.

Y algo más, el principio de la libertad de conciencia consagrado en la constitución, no debe contaminarse con el proselitismo a favor de una religión, haciendo públicos los actos de conciencia del titular del Ejecutivo.

Todos estos elementos nos deben llevar a fortalecer el principio republicano del ejercicio del poder, los priístas hemos sido muy claros en plantear las bondades del sistema republicano, la transitoriedad de los hombres públicos en los cargos de poder, el acceso universal de los ciudadanos a la representación nacional, la consulta periódica al pueblo para respetar su veredicto como lo hemos hecho ganando y perdiendo, pero no podríamos tolerar que el ejercicio republicano del poder, hoy tenga como lectura del cambio, el culto a la personalidad, los gastos excesivos en propaganda de imagen desde la Presidencia de la República, en tanto que no se ejercen las partidas dedicadas a inversión en los sectores prioritarios y productivos del país.

Un ejercicio republicano del poder implica discreción en la profesión de los actos de fe: debe ser privada y no pública la creencia religiosa y la práctica de culto del Presidente de la República.

Necesitamos tener la mente fresca, para advertir los excesos, los desbordamientos y las insuficiencias del gobierno, del conservadurismo, a efecto de que podamos hacer frente a los retos que nos plantea la sociedad.

Dos elementos adicionales, vale la pena que se reflexione en la Asamblea, sobre el papel de los medios de comunicación en el componente político democrático del México de nuestros días, vale la pena reflexionar igualmente sobre los financiamientos no fiscalizables a los partidos políticos como un ingrediente que altera la vida democrática del país.

Y vale la pena reflexionar sobre la verdadera imparcialidad de los titulares de los organismos electorales y de los órganos de jurisdicción electoral en nuestro país, en lo personal tengo serias dudas al respecto.

examen: Muchas gracias. Escuchemos ahora a Jorge de la Vega Domínguez.

JORGE DE LA VEGA DOMÍNGUEZ: Me solidarizo con lo expresado por el licenciado De la Madrid.

Con orgullo presidí a nuestro Partido durante la presidencia del licenciado De la Madrid. Siempre tuve contacto permanente y fructífero con él. Sistemáticamente nos comentaba las acciones y programas de trabajo de su gobierno para que el Partido pudiera actuar en consecuencia. Por mi parte, siempre informé al Presidente de la República el desarrollo de nuestras actividades y los proyectos de trabajo para recibir su orientación y apoyo, lo cual aconteció puntualmente.

En aquellos años, el licenciado De la Madrid impulsó, de la manera más amplia, las actividades del PRI. Durante su sexenio se reconstruyeron los edificios número uno y dos de la sede nacional del PRI que fueran edificados cuando dirigieron el Partido los licenciados Alfonso Corona del Rosal y Gustavo Carvajal. El edificio número dos prácticamente se rehizo al quitársele dos pisos, fortalecer toda su cimentación y reconstruir los daños tan severos que le ocasionaron los sismos de 1985. También se construyó la gran plaza de la sede de nuestro partido y el auditorio Plutarco Elías Calles.

El PRI aumentó notablemente su patrimonio físico en todo el país, aunque dudo que, aun en la sede nacional existan las placas conmemorativas de las inauguraciones correspondientes durante la etapa a que me refiero.

En su intervención, el licenciado De la Madrid abordó diversos temas. Entre ellos se refirió al grave deterioro de los recursos naturales del país; por ello, he de referirme a la grave preocupación que debiera causarnos el mal uso y el agotamiento del agua, así como su contaminación; la desertificación creciente del territorio nacional que por la deforestación progresiva, alarmante e incontrolada, genera la erosión de los suelos y la pérdida de millones de toneladas de tierra fértil, que asolvan las presas para riego, para generar electricidad, y los lechos de ríos y arroyos.

Planteo lo anterior porque está íntimamente relacionado con el deterioro de la vida de los campesinos y los indígenas del país.

En toda la historia de nuestro Partido el voto más leal a favor de sus candidatos ha sido el de los ciudadanos que viven en el campo; sin embargo, en fechas recientes, muy poco hemos hecho para mejorar sus condiciones de producción y comerciali-zación. Las nuevas políticas iniciadas a principios de 1989 desmantelaron el sistema de subsidios al campo. Desparecieron Conasupo y la mayoría de sus filiales, los sistemas de almacenamiento, el Inmecafé, el Banrural, etc. Pero lo grave es que ninguna de las medidas ideadas para apoyar el campo han dado resultados necesarios para evitar la creciente emigración a las zonas urbanas y hacia Estados Unidos.

Con preocupación observo que, en el gobierno actual, sigue privando la tesis de que «el productor rural que no sea eficiente se dedique a otras actividades», hecho que me parece aberrante en la medida en que no se les dota de los recursos necesarios para cambiar su status de improductividad ni se les capacita para que puedan ocuparse en otro tipo de actividades.

En la discutida reforma fiscal se retoma la idea de meter al campo al sistema normal de tributación. Recordemos que durante el gobierno del Presidente Salinas se suprimió el régimen especial y, ante la protesta de las organizaciones de productores rurales se creó el régimen «simplificado». Hoy tengo la convicción que este sistema lo ha empobrecido más y ha generado una nueva cadena de corruptelas. Por lo mismo es necesario considerar que si esto sucede con el régimen simplificado actual, con el nuevo que se propone la situación del campo empeoraría.

Debido a lo anterior, y a nuestra deuda partidista con los campesinos de México, sugiero que nuestras fracciones parlamentarias en el Congreso de la Unión se compenetren a fondo de los alcances de la iniciativa fiscal del ejecutivo federal, para proceder en consecuencia en apoyo de los productores rurales. También es urgente que se replanteen los apoyos reales que deben otorgarse al campo en sus cadenas productivas para que pueda competir con los productos de importación que tienen un alto contenido de subsidios abiertos y ocultos, particularmente los provenientes de Estados Unidos, Canadá, la Comunidad Europea y algunos países del oriente, que con grandes apoyos financieros y tecnológicos, invaden con su producción los mercados del mundo, dejando a México fuera de toda posibilidad competitiva.

Debo decir con profundo orgullo que fui presidente de nuestro Partido, durante la presidencia del licenciado De la Madrid, que hubo un contacto constante y permanente y que finalmente entregamos buenas cuentas al priísmo nacional.

El licenciado De la Madrid, en aquél tiempo brindó todo su apoyo al Partido, quizá muchos hayan olvidado que la sede actual del mismo fue edificada durante su régimen y que ahí habíamos colocado inclusive algún reconocimiento en fechas a esas edificaciones, fue la reconstrucción del edificio número dos, fue toda la gran macroplaza del Partido, fue su auditorio, fueron los edificios donde se ubicaba en aquel entonces a la prensa nacional.

Bien, que ya les hicimos un reconocimiento expreso a todos los priístas que habían contribuido a ese proyecto y dejamos una placa que después desapareció, así lo marca la historia pero es una realidad, tomo el tema porque parece que nuestra memoria es flaca.

El licenciado De la Madrid tocó varios temas y acotó el relacionado con la preocupación por el deterioro de los recursos naturales del país. Es un hecho este de la mayor gravedad, el deterioro del aire, la insuficiencia de agua y su contaminación, el problema gravísimo que esto conlleva a la agricultura nacional, a la ganadería, la destrucción de nuestros bosques y vuelve a mi memoria algo que se intentó en años anteriores por el que ahora es Secretario de Hacienda y Crédito Público, meter al campo mexicano al régimen normal, como una empresa más, como si fuese una empresa industrial de otra naturaleza.

En aquel tiempo el campo mexicano estaba sujeto a un régimen especial, porque especiales son sus circunstancias de solvencia, de productividad y de pobreza.

En ese entonces me tocó ser Secretario de Agricultura y obviamente me opuse a ese cambio que se trató de efectuar, hubieron muchas voces en el país que también alertaron sobre el mismo, la miseria del campo significa muchos males para el país, sobre todo dos: emigración al extranjero, emigración a las ciudades, con costos que no pueden pagar quienes dirigen al país, las finanzas públicas, las finanzas municipales, lo que estamos viendo que acontece día con día, de manera cada vez más grave y a esto vienen aparejados desempleo, criminalidad, etcétera.

En este momento sugiero que nuestro Partido actúe de manera responsable con los expertos en la materia para determinar si lo que ahora se denomina Régimen Simplificado para el Campo, en materia impositiva en la reforma fiscal, debe volver a lo que se pretendió meter al campo al régimen normal, cuando el campo está más empobrecido que nunca.

Señalo esto porque en las últimas elecciones, me refiero a las del 2 de julio de 2000, el voto campesino siguió siendo un voto leal a nuestro Partido y nuestro Partido no siento que haya respondido a los campesinos en los términos que debiera, por ello sugiero que el PRI adopte como una responsabilidad directa, este tema, que analice qué es viable para el campo mexicano en este momento, que demuestre como el régimen especial, tal vez primitivo se pagaba por cada tonelada que salía de un rancho a la venta, o por cada cabeza de ganado, pero producía muchos más ingresos al erario federal, que el régimen simplificado actual implica contratar contadores, despachos, que nadie puede pagar y en donde la evasión fiscal y la corrupción ha aumentado muchísimo.

Señalo esto porque estamos viendo en este momento manifestaciones de los campesinos, que ya llegaron aún límite en donde no pueden sobrevivir en las condiciones actuales.

Se acabaron los subsidios convenientes para el campo. Se cerró Conasupo, antes se corrompió. Se liquidó prácticamente a Banrural, otro tanto pasó con Inmecafé, sería larga la lista.

A través de estos mecanismos llevamos recursos frescos al campo mexicano. Que había fallas, claro, todas eran corregibles, pero no se han sustituido estos subsidios por otros que hagan competitivo al campesino, al productor mexicano, con otros productores internacionales que sí están recibiendo subsidios por distintos medios y muy grandes.

Veamos los de la Comunidad Europea, veamos los de Norteamérica, los de Canadá y simplemente que nuestro Partido compare con lo que está aconteciendo en México.

Me preocupa y por eso quise tocar este tema, de manera fundamental, la desatención del Partido hacia los campesinos que constituyen su voto permanente y más leal.

examen: Muchas gracias. Continúa Adolfo Lugo Verduzco.

ADOLFO LUGO VERDUZCO: No solamente comparto plenamente lo que ha expresado el licenciado Miguel de la Madrid, en este evento de reflexión a que nos convoca el Partido, sino que el comentario que hace ahora Jorge de la Vega, me da pie también a afirmar el compromiso que el Presidente De la Madrid mantuvo siempre con su Partido político.

Y la orientación muy clara que, como jefe del Partido, como cabeza, como líder del Partido, el presidente planteaba sistemáticamente a nuestra organización política.

El compromiso con el ideario de la Revolución Mexicana, ahora, a más de tres lustros del término del gobierno de Miguel de la Madrid, se pueden hacer afirmaciones superficiales acerca la actitud del Presidente con respecto a nuestro Partido y a la Revolución Mexicana.

Reitero esto, porque es importante que los priístas no solamente pensemos en la prospectiva, la proyección del Partido, sino que tengamos una memoria fresca de lo que nuestros mejores hombres han hecho en beneficio de nuestra organización política.

Planteaba el director de la Revista examen: una cuestión que de hecho se ha estado desahogando en los comentarios previos. ¿Cuál es el futuro del PRI?, preguntaba José Castelazo.

Creo yo que el futuro del Partido depende de todos quienes lo integramos. Estoy convencido de que el Partido no le pertenece a nadie, ni a ninguna persona ni a ningún organismo, ni a ningún grupo.

Es un partido que a través de 7 décadas de existencia ha sabido mantener con una gran claridad lo que es esa identidad que le ha caracterizado y ha sabido ponerse por encima de intereses personales y de esa manera preservar la estabilidad política y la paz social de la Nación.

Esto es conveniente también que lo recojamos los priístas con atención. A veces queda la impresión de que al Partido se lo pueden repartir grupos de interés o persona militante de nuestra organización política.

Reitero mi punto de vista, seamos respetuosos, no solamente de la historia del Partido, sino lo que es el Partido y el enorme potencial de nuestro Partido político.

Estamos frente a un evento que no solamente constituye el órgano superior de conducción del PRI, sino que además se da en circunstancias en las que debemos actuar con un gran talento, con una gran sensibilidad, con una gran lealtad al Partido, para coadyuvar todos a que el evento se conduzca y se realice, de forma que el Partido salga renovado y fortalecido de la próxima Asamblea General de Delegados.

Este evento evidentemente debe constituir, desde mi punto de vista, estoy convencido de ello, un foro de debate franco, una discusión abierta, en la que en torno de la temática que se ha planteado y otros muchos temas que surgen en el camino, se pueda llevar a cabo un análisis, una reflexión seria acerca de lo que deben de ser los postulados del Partido, su programa de acción, sus normas, esto es, los Estatutos que nos rigen, pero es fundamental que este ejercicio se haga a través de una representati-vidad incuestionable.

Estos foros tan importantes, en este caso el más importante, que es la Asamblea Nacional del Partido, tiene que disponer, debe tener en su seno a los militantes más representativos de nuestro Partido.

Ahí debemos y particularmente quiere decir en la responsabilidad de organizar el evento, deben tener presente, como sé yo que se está considerando, una representatividad cuidadosa y suficiente de los sectores del Partido, de su estructura territorial.

Estamos por entrar a la etapa de una movilización más amplia del Partido en todas las asambleas, así debe ser, de lo que es esa estructura territorial tan compleja, pero tan bien concebida y que parte no de los órganos de dirección partidista a nivel estatal y menos nacional, sino que la base misma que son los comités seccionales, los comités municipales, los comités distritales, deben estar involucrados en lo que es esta reflexión acerca del Partido renovado que queremos los priístas.

Mucha atención con ello, porque el buen éxito de la Asamblea depende en una gran medida de esa calificación que va a tener, sin duda, la representatividad de los delegados que concurran a la misma.

De ahí tendrán que salir los mandatos fundamentales que requiere el priísmo. Ahí se tendrá que discutir suficientemente y plantear los grandes temas acerca de la reafirmación ideológica del Partido. Aquí se han expresado algunos de esos temas torales, tienen que plantearse ahí, pero tienen, insisto, que plantearse desde la base.

No olvidemos que el 2 de julio, la base del Partido le dio a nuestra organización política más de 13 millones de votos, en la medida que sacudamos esa base y la hagamos participar, la asamblea será exitosa.

No debe perderse de vista que el Partido tendrá que rescatar con un gran vigor, como tesis fundamental el abanderamiento de las causas populares, no podemos manejarnos en una actitud contemplativa de los que son las tesis de la derecha del actual gobierno, ni las tesis moderadas de algunos de nuestros militantes, que no advierten que la raíz del Partido está justamente en las causas populares, a ellas debemos regresar, el Partido debe replantearse la forma de actuar en lo que es esa tradición de tantos años, que consistió en la gestoría social.

Hay esquemas de la estructura del Partido que se han venido perdiendo, uno de ellos es aquel baluarte de nuestro Partido que deba a las organizaciones la posibilidad de iniciar desde las bases, ante las autoridades la lucha por satisfacer las necesidades fundamentales. En ese mismo esquema habrá que evaluar la pertinencia de recuperar otros órganos que han sido fundamentales para el vigor del Partido, uno de ellos el Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales, inexplicablemente, el PRI de pronto prescinde de ese foro de investigación, de reflexión al que ocurrían intelectuales, profesionistas, estudiantes, técnicos, para plantear lo que era su visión de los grandes problemas nacionales y locales, el IEPES tenía su expresión en los ámbitos estatales a través de los Centros de Estudios, Económicos, Políticos y Sociales, ese es uno de los elementos de la estructura del Partido que abandonamos por razones, reitero, nunca explicables. Divulgación, información: sabemos que el Partido enfrenta una situación económica delicada, el Partido no tiene, proveniente de las asignaciones que hace el gobierno federal a las organizaciones política, los recursos que tuvo en otro tiempo, pero deben establecerse prioridades y una de ellas es informar a los militantes de los que es el estado de cosas, en lo personal no he tenido prácticamente información, y formo parte del Consejo Político Nacional, sobre el avance de la asamblea, tengo la esperanza de que se cumpla con el calendario de actividades, es importante que todos los priístas estemos al tanto de los avances de este evento que es tan importante. Estos dos órganos de difusión examen y «La República», debemos recibirlos los militantes del Partido.

Además de ello, existen tantos otros temas de carácter ideológico que debemos empezar a discutir desde la base. La sabiduría de la gente de base es enorme, nos dice lo que quiere que sea su Partido. En asambleas anteriores en donde he tenido la oportunidad de participar en su organización, se planteaban temas como: la pertinencia de que se conserven o no el emblema, colores y nombre del Partido, como si eso fuese lo definitorio del partido; habrá que preguntarle a la gente, será la Asamblea, que ya está en curso, la que dé respuesta a estas cuestiones, que sí son fundamentales para que el partido afirme su identidad, sus mecanismos de trabajo, su organización, una revisión cuidadosa de sus temas, quiero partir de la base que todo eso se está ventilando, en esta invitación que nos hace el director de examen, yo lo planteo en actitud más franca y más abierta, como debe ser la Asamblea, que debe caracterizarse por un diálogo franco, abierto, donde se ventile esa vasta temática que nos haga salir del evento con ese partido renovado que requerimos.

Otro elemento fundamental que de la asamblea salga un Partido unificado. El Partido nace de la concurrencia de partidos políticos regionales, agrupaciones, más de ciento cincuenta en todo el país que finalmente conforman el Partido Nacional Revolucionario. Esto es necesario que lo tengamos presente, unidad en torno a la ideología, de sus programas, es necesario que preservemos esa unidad es esencial para nuestra organización política. El pacto de unidad con el que nace el Partido en 1929 debe ser renovado en la 18 Asamblea. Este es un gran compromiso de la Asamblea y hago mis mejores votos porque todos entendamos que de esa unidad esencial depende la fortaleza del Partido. siempre cuando se promueve este tipo de eventos, con la anticipación adecuada, como ha sido este caso, aportan al Partido los elementos que requiere el partido para su fortaleza.

examen: Por favor, Licenciado Lugo Gil.

HUMBERTO LUGO GIL: La 18 Asamblea debe llevarnos a hacer varias reflexiones a todas las personas que estamos comprometidas de toda la vida con nuestro partido, y que con una sentida convicción podamos plantearlas abiertamente, a través de este medio, de gran importancia en la vida interna del Partido.

Mucho es lo que se ha comentado y escrito en relación con la pasada elección federal del 2 de julio y los resultados negativos que obtuvo nuestro Partido en esa contienda. No es mi intención analizar, diagnosticar a fondo este resultado, sino sencillamente apuntar algunas ideas que tal vez pudieran contribuir a esclarecer la postura y la acción que el PRI habrá de adoptar ante nuestra próxima asamblea.

Nos parece necesario establecer como premisa básica, las necesidades de que el partido, a la luz de una nueva realidad social, económica y política, se transforme y actualice de acuerdo con esta nueva circunstancia. Este enunciado resulta sencillo de plantear pero su aplicación en la práctica resultará, sin duda, una tarea que requerirá un trabajo serio, profundo y reflexivo, al cual se sume la participación de miles de priístas de todas las regiones del país; de la base territorial, las organizaciones afiliadas al Partido y que inclusive de gente que simpatice con nuestros principios que han sido planteados.

Hemos señalado la conveniencia –en términos acordes con lo aquí planteado por el licenciado Miguel de la Madrid– de que en la próxima Asamblea se analicen, entre otros puntos los siguientes: la necesidad de que nuestro Partido se constituya en una opción seria, responsable, con alternativas reales, una oposición plenamente consciente de que el voto de más de trece millones de mexicanos, el gobierno de 18 entidades de la federación y de un gran número de municipios, y su alta representatividad en el Congreso de la Unión y en los congresos locales, constituyen un amplio mandato popular que implica una alta responsabilidad política, y social, naturalmente; el imperativo de que nuestro Partido retome los principios fundamentales de libertad, democracia, soberanía, nacionalismo, derechos individuales y sociales, Estado laico y otros más, y que dieron origen y razón de ser a la Revolución Mexicana, –movimiento que después determina la creación del PRI– y que fueron plasmados en la Constitución del 17; la exigencia de que nuestro Partido vuelva a sustentar sus principios y su acción en una vinculación con las causas populares. Es claro que el alejamiento del Partido a las cuestiones que han representado los más auténticos y legítimos anhelos de superación y justicia de nuestro pueblo, han sido la causa profunda y esencial de la respuesta electoral, que no puede interpretarse sino como un rechazo popular a la postura política real que nuestro Partido ha asumido y que no quisimos ver en su momento como tal.

Hay otros aspectos que también deben ser objeto de análisis cuidadoso, que enumero brevemente a continuación; para los cuales fue de especial importancia la oportunidad que me fue brindada para presidir la Comisión Nacional para el Desarrollo del Proceso Interno:

El proceso de avance democrático en nuestro país es definitivo e irreversible; al interior del PRI es evidente que también debe posibilitarse en la democracia partidista, sin embargo esto no debe representar el contrasentido de que con base en un supuesto avance democrático dividamos nuestra fuerza y nos limitemos; y limitemos nuestras posibilidades electorales, en procesos de supuesta consulta interna, que en la práctica, todos los sabemos, han estado lejos de resultar auténticos ejercicios democráticos; nos han fracturado y debilitado, los métodos de selección interna de nuestros candidatos deberán ser como sucede con otros partidos de nuestro país y de otras naciones, los que determinan las normas internas y los legítimos órganos directivos del propio partido. La democracia –que es un sistema acorde con nuestra ideología y por cuya plena vigencia luchamos– se ejerce en el momento de competir en las urnas contra los candidatos de otros partidos. Nosotros debemos revisar a fondo el artículo 146 y 147 de los Estatutos para realmente contar con los elementos suficientes al interior de nuestro Partido, para realizar la determinación de quienes serán nuestros dirigentes y quienes llevarán la ideología y los principios de nuestro Partido junto a la aspiración de ganar un puesto de elección popular. Al interior de los partidos, debe ser internamente la mejor selección para presentar a la ciudadanía, a su voluntad política a través del voto y allí tendremos el resultado positivo o negativo de la elección de los candidatos a representarnos.

Por otra parte, mal se podrá hablar de elecciones internas mientras no se cuente con un padrón auténtico y confiable. Aceptar la participación de supuestos «simpatizantes» se presta a todo tipo de maniobras de nuestros adversarios, que irían en demérito de nuestra unidad y fortaleza interna. Es conveniente, por otro lado, que se revisen a fondo los procedimientos de selección de candidatos a puestos de elección popular, como acaba de exponer la experiencia reciente de las elecciones de Aguascalientes, Oaxaca y Tabasco, nos muestran claramente que cuando los candidatos son los idóneos, los resultados electorales nos son satisfactorios.

Igualmente debemos revisar toda la estructura del Partido, desde la correspondiente a los órganos de dirección, hasta las estructuras territoriales y, desde luego, sectoriales; en este último caso el análisis deberá realizarse a la luz de una nueva realidad que si bien ya se percibía con claridad, se hizo muy evidente en las elecciones de julio del 2000.

Nos parece claro que el sector obrero debe seguir constituyendo un pilar básico de nuestro instituto político, con el sustento de una participación individual convencida, consecuente con las modalidades de la nueva relación con los factores de la producción, que la realidad global demanda pero sustentada en el inequívoco apoyo de nuestro Partido a las legítimas demandas y conquistas laborales; que están en riesgo ante las pretensiones de los actuales responsables de la política del trabajo en el país. No podemos olvidar los principios fundamentales y las conquistas obtenidas por nuestros trabajadores a través de una gran etapa de sufrimiento, que no podemos dejar de lado frente a posturas eficientistas o propósitos privatizadores que, además de haber probado ineficacia, son contrarias al espíritu vigente de la Revolución Mexicana, que sostenemos en plena concordancia con lo aquí expuesto por el licenciado Mariano Palacios Alcocer.

El sector campesino ha sufrido cambios sustantivos y derivados, por una parte de la nueva composición demográfica y social del país, en la que ya menos del 40 por ciento de los mexicanos se dedican a las labores rurales, así como por el hecho de que en campo se está produciendo un incuestionable fenómeno de politización y mayor receptividad a posiciones políticas diferentes y aún opuestas a las que ha sostenido nuestro Partido, las cuales no han tenido un efecto tangible y positivo en la mejoría de las condiciones y calidades de vida de los campesinos.

En las últimas semanas hemos observado con preocupantes fracturas al interior de nuestra Confederación Nacional Campesina, cuando la unidad interna es tal vez el factor más importante para nuestro Partido en estos momentos.

El PRI deberá asumir un renovado compromiso de apoyo a los campesinos de México, que deben producir con eficiencia creciente los alimentos y satisfactores que la población demanda y que tienen un incuestionable derecho a mejorar sus niveles de vida y oportunidades de superación.

Esto resulta particularmente válido ante la ausencia de una política agropecuaria del gobierno federal actual y la evidente incapacidad para poner en marcha programas eficaces de apoyo al sector rural.

Las clases medias revolucionarias, que emergen en nuestro país como producto de la Revolución Mexicana y, sin embargo, en las pasadas elecciones federales se constituyen en un sector determinante para la derrota de nuestro Partido.

Los jóvenes, por su parte, hombres y mujeres de distintos estratos socioeconómicos, que desde que tienen capacidad de percepción, no han percibido otra situación que no sea la crisis económica en el país. También expresan el pasado 2 de julio su inconformidad con esta realidad.

Por ello, es muy razonable tener una preocupación profunda de cómo proyectar a los jóvenes después de nuestra Asamblea, el proyecto político que surja de ella y que será muy importante.

En este contexto, salta a la vista la necesidad de una revisión profunda del sector popular. Es imperativo considerar de la mayor prioridad articular el discurso político y la acción consecuente para proponer opciones viables y atractivas a las clases medias urbanas, con énfasis especial hacia jóvenes y mujeres.

Debemos recoger también el pensamiento y el sentir de muchos miles de mexicanos de todos los sectores que integran las bases de nuestro Partido a lo largo de todo el territorio nacional, que han apoyado y siguen apoyando con fidelidad las causas y banderas originales de nuestro instituto político y sostienen convencidamente valores permanentes como el nacionalismo, la educación laica y gratuita, el derecho a la salud, a la vivienda, a la seguridad y concentran sus anhelos y su esfuerzo en el ideal de la justicia social.

Especial atención habrá de darse al aspecto de la comunicación social que planteaba aquí el director de la Revista examen. En la vida contemporánea resulta axiomático afirmar que sin el uso adecuado de los medios masivos de comunicación, el mensaje que se emita, así tenga un gran valor intrínseco, corre el riesgo de perderse o cuando menos de no tener el efecto que se persigue.

Resultará determinante para nuestro Partido diseñar las políticas y estrategias idóneas y las relaciones adecuadas con los comunicadores, para actuar en la política eficazmente, con el uso adecuado e imprescindible de los medios masivos de comunicación social, en particular los electrónicos, que en la nueva composición de la sociedad son los que tienen una mayor y creciente penetración.

Y aquí yo veo en la preocupación del licenciado Lugo Verduzco sobre la tarea de gestoría social, que tradicionalmente se había llevado a cabo por legisladores de nuestro Partido y por grupos y organizaciones vinculadas a él, se ha diluido y perdido en el camino de la evolución social y política que hemos transitado.

Pensemos que esta labor tiene un muy particular significado y que se deberá considerar prioritariamente para darle un impulso renovado, lo cual además de implicar una mayor vinculación con los representantes de nuestro Partido, y con sus electores, atendiendo a sus necesidades y demandas, determinará consecuencias electorales favorables a nuestro instituto político.

Podríamos concluir estos comentarios haciendo la reflexión de que es evidente e irrebatible la necesidad que tiene nuestro Partido de una profunda renovación.

Sin embargo, también es evidente que no sería aconsejable ni resultaría posible hacer todos los cambios en una etapa limitada o predeterminada, como algunas voces han sugerido.

Consideramos fundamental que se vaya poco a poco en un proceso sin pausas, pero sin prisas. Es indispensable fijarse metas y situarlas en el tiempo, en función de nuestro objetivo final, que en este caso es la Asamblea General de nuestro Partido.

Este objetivo sería el que define y constituya la misión de cualquier Partido político: la conquista del poder público. Algunas de sus metas intermedias se antojan idóneas para el logro del objetivo esencial que serían, entre otras, las que de reagruparse, lograr la gobernabilidad interna, preservar la unidad priísta y evitar la fragmentación del Partido.

Estas metas deberán alcanzarse en la medida en que seamos capaces de plantear a nuestros militantes y simpatizantes primero y a los mexicanos en general después, una plataforma ideológica renovada, acorde con las realidades económicas y sociales de México y del entorno internacional, pero esencialmente apegada a los más legítimos anhelos populares y a los más auténticos intereses que tiene nuestro país.

Yo concluiría que nuestra Asamblea General deberá producir un proyecto político, moderno, adecuado a las circunstancias que vive el país en lo interno y en lo externo, para que también surja de esa Asamblea General una nueva confianza hacia nuestro Partido de la ciudadanía, y que volvamos a ser la mejor opción política del pueblo de México.

examen: Muchas gracias. Ahora es el turno de Bernardo Sepúlveda Amor.

BERNARDO SEPÚLVEDA AMOR: Yo tuve la fortuna de ser secretario de Asuntos Internacionales del PRI durante la campaña del Presidente De la Madrid. En ese entonces tenía también el privilegio de formar parte del Comité Ejecutivo Nacional del Partido.

Advierto, sin embargo, que en la etapa contemporánea, no se le otorga ese mismo rango a quien tiene la responsabilidad de conducir los asuntos internacionales del Partido y esto me parece lamentable, porque supone sustraer una de las funciónes esenciales del propio Partido, como lo son las tareas internacionales.

También tuve la fortuna de presidir la Comisión de Asuntos Internacionales del Partido, comisión que entiendo ha perdido relevancia, aunque se estén haciendo esfuerzos en este mismo momento para su recuperación.

La función internacional del Partido no se debe ni puede desconocer. Resultaría miope el suponer que esa actividad internacional no tiene una incidencia en los quehaceres políticos del Partido.

Hay distintas instancias, desde luego, para establecer una vinculación con el exterior. Una primera, obvia, tiene que ver con la asociación con otros partidos políticos afines en ideología y en propósitos; otra función es la que tiene que ver con el trato con medios internacionales de comunicación, que llevaría como objetivo asegurar que la imagen de este partido político es la imagen que se merece.

Como Partido que aspira a recuperar el poder, debe entablar una interlocución con aquellos gobiernos que tienen de nueva cuenta una afinidad con relación a los objetivos del Partido, para efectos de que cuando éste alcance de nueva cuenta el gobierno tenga esa necesaria interlocución con los gobiernos con los cuales haya dialogado y establecido entendimientos políticos con anterioridad.

En este sentido yo haría una exhortación con relación a la próxima Asamblea: restaurar en el Comité Ejecutivo Nacional las responsabilidades internacionales con el peso y la importancia que se merece un órgano de esta naturaleza, asignando los recursos humanos y los recursos económicos suficientes, para que la presencia del Partido en el ámbito internacional sea todo lo relevante que se requiere.

Por cierto, esta función internacional también se debe reflejar en la composición de las tareas priístas en el Congreso de la Unión. En efecto, por la vía de los senadores y de los diputados priístas es preciso ejercer una competencia no sólo en lo que hace a cuestiones internacionales que caen bajo la jurisdicción, por ejemplo, del Senado de la República y en donde se requiere un conocimiento de esos asuntos internacionales, si no, de manera adicional, en la forma en que senadores y diputados de origen priísta habrán de vincularse con congresos o parlamentos en el exterior, incluyendo reuniones bilaterales y, por supuesto, en el ámbito del Parlamento Latinoamericano o en el ámbito del Parlamento Europeo o de la Unión Parlamentaria Mundial, que tienen todos ellos de nueva cuenta una incidencia en quehaceres políticos muy relevante.

Mi segunda observación tendría que ver con la carta de navegación que requiere el Partido con relación a la definición de una política internacional.

Ahí la cuestión es relativamente sencilla, porque afortunadamente se cuenta con directrices muy precisas, que es el marco de referencia constitucional.

Como se recordará, durante el mandato del presidente Miguel de la Madrid, el artículo 89 constitucional, en su fracción X, fue reformado para incluir los principios normativos esenciales que habrán de guiar la conducta internacional de México.

En este sentido haría una primera anotación que tiene que ver con el doble carácter este artículo 89 Constitucional en su fracción X. Impone una serie de facultades al titular del Ejecutivo Federal, pero también le impone una serie de obligaciones, es decir, no es un conjunto de reglas constitucionales que puedan ser utilizadas a capricho y de manera arbitraria. Son principios constitucionales que suponen un deber en lo que hace al comportamiento internacional de México y en lo que hace a la dirección que habrá de dar el Ejecutivo Federal a la presencia internacional de México. Y esto, desde luego, lleva a una serie de consideraciones con relación a la aplicación práctica de estos principios en la realidad.

En el contexto de las disposiciones constitucionales, lo que se plantea, al final del día, es la reivindicación de un Estado nacional y la reivindicación de un Estado soberano.

El tema de la soberanía es un tema que se ha manejado en ocasiones con frivolidad y que debe ser acotado en sus justos límites a la luz de la realidad contemporánea.

En este sentido, es probable que existan tres categorías de Estados y, por ende, tres categorías distintas del ejercicio de la soberanía en el sistema internacional.

En un primer capítulo estarían aquellos Estados en donde el concepto político de soberanía es intrascendente; y es intrascendente, porque no tienen las instituciones políticas suficientes para efectuar el ejercicio real de sus competencias soberanas, es decir, la institución gubernamental es prácticamente inexistente. No existe la capacidad para poner en práctica los atributos de la soberanía porque no se ha construido un Estado facultado para reclamar esa soberanía. Es el caso de ciertos países africanos, en donde las tribus aún prevalecen, en contraste con el Estado nacional.

Una segunda categoría supondría aquellos Estados que siguen conservando los principios y la estructura emanados de la Paz de Westfalia, esto es, el Estado moderno en donde los títulos soberanos son títulos esenciales en la conformación de un estado nacional, porque se encuentran todavía construyendo y reafirmando las instituciones políticas, los mecanismos económicos y el tejido social que conforman a ese Estado nacional.

En este sentido, el estado soberano es una pieza fundamental para el funcionamiento político de esas comunidades, para efectos de su relacionamien-to interno, pero también para su relacionamiento en el ámbito internacional.

En una tercera categoría, habría Estados en donde el concepto de soberanía ya no importa porque están en un esquema de supranacionalidad y ese es el caso, por ejemplo, de los países de la Unión Europea, que están cediendo porciones importantes de su soberanía con el ánimo de construir una confederación en donde se delegan poderes soberanos originales.

El caso mexicano cabe la segunda hipótesis, es decir, donde el Estado nacional soberano es fundamental para el funcionamiento de su orden interno y es fundamental para su relacionamiento internacional.

En este contexto de ejercicios de poderes soberanos hay una serie de temas que suponen la aplicación práctica de los principios emanados del texto constitucional.

Una primera cuestión tiene que ver con democracia y derechos humanos. Aquí, sin duda, hay por parte del Partido una reafirmación de los valores propios de la democracia. En su lema mismo está la noción de democracia. Pero reivindicar ese principio no supone la necesidad de que México se constituya en un evangelizador hacia el exterior de las normas relacionadas con la democracia o, en su caso, con los derechos humanos, pretendiendo imponer esos criterios a otros Estados.

Ahí imperaría el principio de la no intervención y de la libre determinación, porque cada pueblo habrá de darse el tipo de régimen político que mejor convenga a su propia idiosincrasia. La democracia no puede ser impuesta desde fuera, es un producto de la cultura política de cada nación y no resulta adecuado pretender realizar esta exportación de los principios democráticos tratando de implantarlos con base en presiones en terceras naciones, sin que esas naciones concurran en una decisión política fundamental que sólo a ellas les compete.

En el caso de los derechos humanos, se pueden aplicar criterios semejantes. Es cierto que en el caso de los derechos humanos hay un proceso de internacionalización en lo que hace a las garantías individuales y al respeto de esos derechos humanos, pero ello no supone, en negación de la mejor tradición mexicana, forzar coercitivamente la voluntad política de otros Estados y pasar juicios de valor sobre aquellas cuestiones que corresponden estrictamente a la jurisdicción doméstica de los Estados.

Un segundo tema que está