POR
UN PARTIDO RENOVADO Y FORTALECIDO
-
La Asamblea es oportunidad y reto
- Debemos prepararnos para el 2003 y 2006
- Recuperar las banderas de las causas populares
examen:
Está con nosotros el licenciado Miguel de la Madrid Hurtado,
Presidente de México de 1982 a 1988; Adolfo Lugo Verduzco
quien fue presidente del PRI y gobernador de Hidalgo entre otros;
Jorge de la Vega Domínguez, también Presidente del
PRI, Gobernador de Chiapas, Secretario de Comercio, y de Agricultura,
Director del IEPES; Mariano Palacios Alcocer, expresidente del
PRI, Senador, Gobernador de Querétaro, Diputado Federal,
Secretario de la CNOP, Secretario del Trabajo y Previsión
Social; Humberto Lugo Gil, 9 veces miembro del CEN, delegado 32
veces en distintos lugares de la República, Diputado Federal
3 veces, senador, fue líder de las Cámaras de Diputados
y Senadores, Gobernador Interino de Hidalgo; Miguel González
Avelar, Secretario de Prensa y Propaganda del CEN, Presidente
de la Comisión Nacional de Ideología, Senador, líder
de la Cámara alta, Diputado Federal, Secretario de Educación
Pública; Bernardo Sepúlveda Amor, Secretario de
Asuntos Internacional del CEN, Embajador en Estados Unidos, Secretario
de Relaciones Exteriores, Embajador en Gran Bretaña; Sergio
García Ramírez, Secretario General del CEN, Procurador
General de la República, Secretario del Trabajo y Previsión
Social. Nuestro agradecimiento por estar con nosotros.
Se
trata de una entrevista conjunta cuyo objetivo es analizar el
futuro del PRI, aprovechando la oportunidad que nos brinda la
18 Asamblea. Aunque la convocatoria que ustedes conocen señala
la temática, sus reflexiones se pueden referir a uno o
varios de los temas enunciados o bien introducir otros no considerados
expresamente en la misma.
examen
será honrada con sus opiniones, las páginas están
en blanco y a ustedes, junto con otros militantes, corresponde
llenarlas.
Es
del interés de nuestros lectores abrevar de su experiencia,
conocimiento y buen juicio político, de su comprobada militancia
y demostrado compromiso social para enriquecer el debate partidario
y construir el modelo de Nación que todos queremos.
Cedo
la palabra al licenciado Miguel de la Madrid, para que en una
exposición inicial, fije las premisas de la deliberación,
muchas gracias a todos.
MIGUEL
DE LA MADRID HURTADO: Somos un grupo de amigos. Todos priístas
indudables, quienes tenemos alguna experiencia y podemos aportar
puntos de vista útiles. La opinión de cada quien
es estrictamente personal; compartimos muchas ideas, en otras
hay matices, pero pareció que era útil acceder a
la invitación y agradecemos el interés que muestra
la revista examen y, en consecuencia el Comité Ejecutivo
Nacional en tener nuestra opinión.
México
se encuentra en una acelerada etapa de cambio en los diversos
aspectos de su vida social. Desde luego, ese proceso de cambio
se está observando con especial intensidad o actividad
en el campo político.
Este
cambio lo hemos propiciado los gobiernos de la Revolución
Mexicana, como un largo y difícil proceso que consideramos
una secuencia, aunque con ritmos diferentes, según las
circunstancias.
Baste
mencionar la reforma promovida por Adolfo López Mateos
sobre los diputados de Partido, ampliada después por Luis
Echeverría; las importantes reformas electorales del gobierno
de José López Portillo, de la Constitución
y las leyes electorales.
Cuando
tuve el privilegio de servir la Presidencia de la República
logré reformas a la Constitución; a la legislación
electoral y a la estructura de los poderes de la unión
y de los municipios. Más recientemente destacan las muy
amplias reformas que iniciaron los presidentes Carlos Salinas
y Ernesto Zedillo, y que por cierto el PRI se encargó de
que se aprobaran en el Congreso, con el voto en contra, en varias
ocasiones, o la abstención de los partidos de oposición.
Ahora
esos partidos se benefician de una legislación electoral
moderna, avanzada, que inclusive ha sido ponderada favorablemente
por organismos internacionales y por políticos y analistas
de otros países.
Bajo
este marco renovado, ahora existe ahora un pluralismo mucho más
dinámico, con la amenaza inclusive de seguir creciendo,
lo cual considero negativo. Un pluralismo excesivo puede dificultar
la realización eficaz del proceso político.
Las
elecciones del 2 de julio constituyeron una verdadera conmoción
para el país. El PRI perdió la Presidencia de la
República, la mayoría absoluta en el Congreso de
la Unión y el Gobierno de la Ciudad de México. Sin
embargo, la candidatura de nuestro candidato obtuvo más
de 13 millones de votos y el PRI ganó las mayorías
relativas, tanto en la Cámara de Diputados como en la de
Senadores.
Conservamos
todavía una mayoría importante de las gubernaturas
de los estados, aunque hemos perdido algunas, principalmente por
defecciones de miembros del PRI en el plano nacional y con candidatos
que de alguna manera fueron miembros de este Partido. Baja California
Sur, Tlaxcala, Chiapas, recientemente perdimos Yucatán
por una mínima diferencia, aunque lo perdimos por la alianza
de los demás partidos. Si hubiera jugado solo el PAN hubiera
ganado el PRI. En cambio, de acuerdo con una tendencia favorable,
acabamos de ganar Tabasco.
Las
pérdidas del PRI, como decía, se dan ante la alianza
de varios partidos por separado. Muchos de ellos sin la fuerza
suficiente inclusive para que, de haber actuado solos, no hubiesen
ganado las gubernaturas.
Si
examinamos conjuntamente las elecciones locales desarrolladas
a partir del 2 de julio del año 2000, podemos apreciar
que el PRI sigue siendo el partido mayoritario. Su participación
en la votación emitida ha sido de más del 42 por
ciento; Acción Nacional un poco más de 30 y el PRD
ha quedado en el tercer lugar, con 17 por ciento aproximadamente.
El PRI no está muerto como muchos quisieran, sigue vivo
y mantiene un poderoso potencial electoral.
Los
diversos partidos políticos en México se hayan en
proceso de redefinición y reestructuración.
Nadie
ha escapado del proceso de cambio vertiginoso que estamos viviendo.
Sin embargo, los medios de comunicación y varios elementos
creen equivocadamente que la decadencia del PRI es un proceso
irreversible y aún deseable.
No
saben lo que dicen. Un hipotético fraccionamiento del PRI
haría mucho más difícil, la vida política
del país y, en consecuencia, la gobernabilidad.
El
PRI ha llegado a coincidencias con los otros dos partidos y principalmente
con el PAN en asuntos de gran interés que se han ventilado
en el Congreso de la Unión, como el presupuesto del año
2000, leyes del sistema financiero y otras de mayor relevancia,
como la reforma constitucional indígena.
No
somos un Partido obstruccionista, sino un Partido de oposición
seria, responsable y consciente de la necesidad de que contribuyamos
al manejo político del país, aunque mantenemos serias
diferencias con el gobierno del Presidente Fox y con varios de
sus proyectos.
Respetamos
a todos los partidos políticos. El PRI está comprometido
con una reforma sustancial y profunda de su identidad, su estructura,
sus estrategias y su programa de acción. Se ha convenido
que la 18 Asamblea se concluya el próximo 20 de noviembre,
y ya arrancaron los procesos correspondientes.
Aún
cuando este proceso representa complejidades y dificultades en
la práctica, ya que somos un Partido muy grande y somos
un Partido heterogéneo históricamente, yo confío
en el talento y en la habilidad política de los priístas
para que podamos conducir y concluir este proceso de la Asamblea
con buen éxito para nuestro Partido.
De
hecho, yo diría que el PRI ya ha cambiado en los últimos
meses en una serie de mecanismos de trabajo, de prácticas,
de actividades, con sistemas de selección más abiertos,
pero eficaces para designar a sus candidatos y dirigentes en los
ámbitos nacional, local y municipal.
El
PRI definirá sus principales propuestas de gobierno y se
preparará para ganar mayores posiciones en las elecciones
federales, intermedias del año 2003 y recuperar la Presidencia
de la República; así como una mayoría más
definida en las cámaras del Congreso de la Unión
en el año 2006.
El
PRI seguirá preocupándose por mantener las gubernaturas
que tiene bajo su responsabilidad y su participación en
congresos locales y municipios de preferencia con mayoría.
Es el interés que tienen los demás partidos.
El
PRI sigue reconociendo como referencia fundamental e inevitable
de nuestro ser a los principios básicos de la Revolución
Mexicana, tal como están expresados en la Constitución
de 1917 y sus muy numerosas reformas. Estos principios básicos
son los siguientes: soberanía popular entendida con un
sentido nacionalista; derechos humanos, individuales y sociales;
división de poderes en los tres niveles de gobierno; sistema
federal actualizado y dinámico; sistema económico
mixto, con rectoría del estado sobre el desarrollo nacional
y un sistema de planeación democrática.
Nuestro
programa deberá incluir también, desde luego, la
separación de la iglesia y el Estado.
Todos
estos principios son fundamentales para nosotros, y si bien se
han interpretado y aplicado con diferentes estrategias a través
del tiempo que han gobernado los gobiernos revolucionarios, en
lo esencial los consideramos vigentes.
Nuestro
lema sigue vigente, yo así lo creo, democracia y justicia
social. En materia de justicia social, no obstante los avances
obtenidos, reconocemos que existe en el país una gran desigualdad
social y un fenómeno intolerable de crecimiento de la pobreza.
Estos son los retos fundamentales de México y del PRI para
el siglo XXI.
Nuestro
programa económico deberá incluir la recuperación
de altas tasas de crecimiento, debidamente armonizadas con el
desarrollo social y con la meta central de crear más empleo.
La
estrategia económica por la que propugnaremos deberá
de ser ejecutada frente a los problemas del presente y del futuro
a largo plazo: Sin embargo, estoy seguro, que el PRI sabrá
armonizar dinámicamente los objetivos del crecimiento con
los de la justicia social y la estabilidad, esta última
muy importante tanto en materia económica, como social
y política.
No
deben repetirse los errores del pasado que hemos cometido. Sobre
todo las políticas expan-sionistas, fincadas en el déficit
público, que llevaron a un crecimiento indiscriminado del
sector público y la intervención del Estado en la
economía con un proteccionismo excesivo y prolongado. Esto
trajo como consecuencia un endeudamiento público, interno
y externo masivos, que deberemos rechazarlos, aunque tendremos
que seguir haciendo uso del crédito externo pero en proporciones
moderadas y no en forma excesiva, como aconteció en años
pasados.
El
PRI debe propugnar porque además de mantener y afianzar
los grandes equilibrios de la macroeconomía, ahora deberán
definirse nuevos instrumentos de fomento y apoyo a diversos sectores
productivos, principalmente el agropecuario y pesquero, el forestal,
la industria grande, mediana y pequeña. No podemos resignarnos
a ser un país de changarros. También debemos fomentar
el turismo, la ampliación y modernización de nuestra
estructura en general, de nuestra infraestructura en particular,
principalmente comunicaciones y transportes con nuevos programas
económicos y sociales que definan un equilibrio adecuado
entre Estado y mercado.
Para
la gran mayoría de los priístas, la privatización
del sector energético del país no está a
debate, ni siquiera podemos admitirlo. Debemos seguir manteniendo
al petróleo y la energía eléctrica bajo la
propiedad y la gestión directa de Estado; sin que esto
excluya formas de recibir recursos del exterior bajo normas imaginativas,
novedosas, pero que no impliquen una privatización disfrazada
de este sector tan importante.
El
mercado es creación del estado, no existe sin normas, instituciones,
mecanismos y convenciones y su adecuado funcionamiento requiere
la permanente vigilancia e intervención del estado para
su sano desarrollo y para evitar las tendencias monopólicas
y de concentración económica que nos están
afectando actualmente y tienden a crecer.
En
el desarrollo social las prioridades deben ser educación
y salud, sin perjuicio de atender otros sectores, muy destacadamente
el de la vivienda popular, la protección y estímulo
de niños y jóvenes, la atención a la población
de la tercera edad; seguiremos nuestra tradición de promover
la igualdad de oportunidades entre la mujer y el hombre en todos
los aspectos de la vida nacional, incluyendo desde luego el político.
Lamento
que la mayoría de la propiedad y el control del sistema
financiero mexicano, que con tanto esfuerzos se construyó
en los años posteriores a la revolución, se haya
extranjerizado casi totalmente. Reconozco que este fenómeno
obedece a diferentes causas, entre ellas un inadecuado manejo
de las políticas financieras públicas, las crisis
recurrentes de la balanza de pagos con alteraciones del tipo de
cambio, la falta adecuada e inoportuna de apoyo a los deudores
que incurrieron en insolvencia por factores ajenos a su voluntad.
Fue
un tremendo error el esquema de salvamento bancario del Fobaproa,
ahora IPAB, y otras formas que operaron con falta de decisión
política y nacionalista y con poca imaginación técnica
y poco respeto a la ley.
El
PRI debe propugnar porque se desarrollen nuevas instituciones
y mecanismos para recuperar gradualmente la participación
de los mexicanos en nuestro sistema financiero, por ejemplo el
fortalecimiento de la banca de desarrollo, que debe ser autorizada
para operar no sólo en el segundo piso, sino también
en el primero, siempre claro, bajo el principio de sanas prácticas
bancarias y con el fortalecimiento sustancial de las instituciones
encargadas de la inspección y vigilancia de todo el sistema
financiero, cuyo debilitamiento y errónea actuación,
me refiero a las instituciones encargadas de inspección
y vigilancia, en mucho causaron y agravaron el desastre bancario.
Todo
el esfuerzo para darle una nueva dinámica a nuestro desarrollo
económico y social deberá orientarse bajo el concepto
de desarrollo sustentable, eso es bajo el compromiso de evitar
que se sigan deteriorando gravemente nuestros recursos naturales:
tierra, agua, aire, suelos, bosques. La corresponsabilidad de
este esfuerzo requiere la participación de los sectores
público y privado Es una tarea tan grande que bajo la rectoría
del Estado, se debe obtener la cooperación también
del sector privado, la cual puede realizarse inclusive en términos
rentables.
Mediante
esta idea de desarrollo sustentable debemos asegurar el desarrollo
futuro de la Nación y esto debe constituir un compromiso
de las actuales con las futuras generaciones. Punto de especial
interés deberá ser el adecuado manejo y aprovechamiento
de desechos sólidos, puesto que el manejo inadecuado es
práctica común en todo el territorio nacional.
Por
otra parte, el PRI debe comprometerse real y decisivamente con
su Código de Ética, debidamente reforzado, espero
que lo haga la Asamblea y se aparte para siempre de las faltas
de honestidad y las desviaciones en que incurrieron algunos de
nuestros militantes que fueron los menos, la mayoría de
los militantes del PRI no participaron en estas desviaciones,
corrupciones y faltas de honestidad.
Otra
actividad urgente y angustiosa es, desde luego, y así lo
sienten todos los mexicanos y los priístas es manejar los
mecanismos relativos a la procuración y administración
de justicia que están incidiendo gravemente en la seguridad
pública y nacional y en la gobernabilidad del país.
Toda
esta compleja y gigantesca tarea que nos espera a los mexicanos
y que debe enarbolar el PRI con las banderas más avanzadas,
deberán guiarse bajo los principios esenciales de nuestro
nacionalismo y apoyados en nuestra actitud, convicción
y sentimiento de seguir trabajando entusiastamente por la construcción
de una patria cada vez mejor.
examen:
Muchas gracias, licenciado Miguel de la Madrid. Ha solicitado
la palabra el Doctor Sergio García Ramírez.
SERGIO
GARCÍA RAMÍREZ: Hemos escuchado una reflexión
muy rica y sustanciosa acerca de los grandes temas del país
y del Partido. Ciertamente, los grandes temas del país
deben ser los grandes temas del Partido.
En
efecto, durante mucho tiempo, los gobiernos emanados de la Revolución
Mexicana propiciaron el cambio, lo alentaron en los más
distintos órdenes de la existencia: social, político,
económico, educativo y cultural; y se trató invariablemente
aunque con tropiezos, errores, problemas, pero manteniendo
una línea general de congruencia de un cambio dirigido
en un sentido claro, compartido y conveniente.
Los
aspectos centrales de ese rumbo eran el nacionalismo la
democracia, la democracia integral, no solamente la democracia
electoral, muy importante pero insuficiente; la democracia integral,
como la concibe nuestra Constitución y la justicia
social.
Este
rumbo se encuentra gravemente comprometido en la actual etapa
de la vida del país. El signo que preside las tareas del
actual gobierno de la República, no es el más alentador
ni desde el punto de vista de la preservación de nuestro
nacionalismo ni de la preservación de nuestra democracia,
tanto en el sentido electoral como en el sentido integral, ni
tampoco desde el ángulo de la justicia social.
Conviene
que se tome nota de esto, tanto por los miembros del Partido,
como por parte de quienes no lo son, para los efectos de su propia
conducción política. Hemos visto en estos últimos
meses, signos inquietantes sobre este particular.
El
pluralismo es otra de las grandes cuestiones que ahora nos llaman
la atención. En efecto, tenemos una sociedad más
plural y un sistema político mucho más plural. Vale
la pena que reflexionemos acerca de lo que significa este pluralismo
en un esquema democrático. Significa, entre otras cosas,
coexistencia, tolerancia, prudencia, respeto.
Lo
que el Partido representa se ha visto acosado en estos últimos
meses por una actitud que, más que respetar y tolerar,
más que propiciar y permitir, pretende acosar y destruir,
y esto, por cierto, no sirve a la democracia. No es ese el pluralismo,
al menos como yo lo entiendo; no es esa la oferta democrática,
al menos como yo la oigo.
Nuestro
Partido también se acaba de decir aquí, con toda
razón sigue siendo un Partido mayoritario. Su votación
es mayoritaria, en términos relativos. Contra los presagios
de destrucción y muerte del Partido, de desanimación,
de desaliento del Partido, éste se ha mostrado como una
fuerza muy importante, muy viva y cada vez más consciente
y segura de sí misma.
Conviene
que los priístas nos preguntemos y respondamos adecuadamente
sobre a dónde encauzar esas enormes fuerzas actuales del
Partido, y sus fuerzas potenciales.
Es
evidente que debemos encauzarlas en un doble sentido: resistir
la oleada de derechización que se está tratando
de imprimir al país, por una parte, y construir, con nuestras
propias ideas, de carácter social, de carácter liberal,
con el sabido concepto sobre democracia, derechos humanos y justicia
social, una alternativa: una alternativa adecuada y razonable,
que proponer al pueblo de México para el relevo del actual
gobierno cuando llegue el momento
Nuestra
organización política es un Partido en la oposición,
en el plano federal por ahora, que no pretende, sin embargo, mantenerse
para siempre en la oposición. Es un Partido que aspira
a volver a gobernar en la federación y para esto debemos
tener una propuesta alternativa.
Somos
y debemos ser una leal oposición para servir al pueblo,
no una leal oposición para quien gobierna, sino para servir
al pueblo, para atender lo que el pueblo exige, lo que el pueblo
merece, a lo que el pueblo demanda. En ese sentido, seamos leal
oposición.
La
Asamblea es una cuestión fundamental para los priístas.
Yo diría que también para todos los mexicanos interesados
en la política, que quizás sean todos los mexicanos,
porque lo que pase o no pase con el Partido, influye o influirá
de manera decisiva en el conjunto nacional.
La
Asamblea supone para los priístas el nacimiento o el renacimiento
de una esperanza que nos corresponde justificar desde ahora en
los actos de organización y de convocatoria a la Asamblea,
como en efecto se está haciendo, y justificar mañana
con resultados.
¿Cuáles
serían, si yo pudiera expresarlos en voz alta, los fines
deseables, los alcances deseables de la Asamblea? Independientemente
de que todo esto se dé a la luz de los temas, de la riqueza
temática que se está planteando a los priístas
en todo el país, a través de una acción organizativa
muy enérgica.
Primero.
Hay que profundizar en nuestra democracia interna, con una unidad
razonada entre los priístas, la unidad de la voz que se
pronuncia, no del silencio, y en la democracia que permita una
participación real, efectiva, de los priístas, con
respeto mutuo y tolerancia recíproca.
Segundo.
Debemos reafirmar y actualizar los principios que son hoy el eje
articulador del priísmo nacional. No contándose
ya con la figura, el liderazgo, la conducción presidencial,
contamos, sin embargo, con algo que tiene mayor consistencia a
largo plazo y que es más profundo: son nuestras convicciones,
nuestros principios, nuestras buenas razones, nuestro proyecto
nacional.
Esto
debe ser revisado, actualizado en forma tal que constituya un
nuevo eje articulador y que satisfaga y convenza a los priístas
y a quienes no lo son.
Tercero.
Es preciso abrir espacios para los grandes sectores sociales que
se han retraído y que están pendientes de una convocatoria
persuasiva. Espacios para la juventud, reales espacios para la
juventud, como lo hace la proclama de la convocatoria, espacios
para la mujer, efectivos espacios para la mujer, espacios para
los grupos urbanos, en este país que paulatinamente está
haciéndose más y más urbano, de ciudades
medias y de grandes ciudades.
Todos
estos espacios deben ser franqueados, para que en nuestra Asamblea
se les reconozca y se tiendan los puentes necesarios para una
buena comunicación con ellos.
Cuarto,
es necesario asumir el reclamo ciudadano. No haberlo atendido,
no haberlo oído cuando era perfectamente posible escucharlo
y sentirlo, haber permanecido con los ojos cerrados, con los oídos
obstruidos. Un precio que ya pagamos y que no debemos volver a
pagar. El PRI está haciendo su mejor esfuerzo y debe intensificarlo
por recuperar las causas ciudadanas, por encauzarlas, representarlas
y atenderlas.
Yo
celebro, en este sentido, muchas de las tareas que ha asumido
y que está cumpliendo el Partido. Por ejemplo, celebro
su actitud seria y responsable frente al tema de la reforma fiscal.
Creo yo que el PRI ha hecho, está haciendo y seguramente
hará lo que debía hacer: escuchar la voz del pueblo
y actuar de una manera racional, de una manera responsable, sin
demagogia, sin precipitación en forma razonable y responsable.
Quinto.
Finalmente la palabra finalmente es aquí simplemente
una palabra hay muchas cosas que agregar, pero por ahora
mencionaré la necesidad de consolidar a todo trance el
compromiso ético del Partido, el compromiso ético
de sus militantes, de sus dirigentes y de los funcionarios que
de él surjan.
Los
gobernantes emanados del Partido, los dirigentes del Partido,
los militantes del Partido, quieren, ¡claro que queremos!,
recuperar el favor popular, el convencimiento y el voto. Debemos
hacer un enorme esfuerzo, porque el compromiso ético se
consolide y resplandezca; porque se sienta que somos, como en
efecto lo somos, un partido que quiere manejar y manejarse de
acuerdo con compromisos morales, compartidos por el pueblo mexicano;
un partido que no se apene de la conducta de algunos de sus integrantes,
sino se enorgullezca de ellos. Este es un tema fundamental para
la vida del Partido y seguramente será un tema importante
para la deliberación de la Asamblea.
examen:
Gracias, doctor. Cedemos la palabra a Miguel González Avelar.
MIGUEL
GONZÁLEZ AVELAR: En primer lugar celebrar la contundencia,
la claridad del análisis que ha hecho el licenciado De
la Madrid acerca de las cuestiones que encara en este momento
el Partido, pero también y sobre todo el país.
En
la desembocadura del Siglo XX y el descalabro electoral de julio
pasado coincidieron en circunstancias que debemos esclarecer muy
bien entre nosotros los priístas.
Por
una parte, el agotamiento de lo que consideramos un modelo de
desarrollo inviable, montado en unas ideas, a mi juicio obsoletas,
que reciclaron en los años 80 la señora Margaret
Tatcher y el Presidente Reagan, conforme a las cuales la evolución
que había tenido el mundo en cuanto a desarrollar los conceptos
de bienestar colectivo, de solidaridad social, etcétera,
se vieron canjeados por un egoísmo social, un verdadero
darwinismo social en el que cada cual tendría que atenerse
a sus propias fuerzas para poder sobrevivir en ese mundo de un
mercado sin obstáculos, sin cortapisas de ninguna especie.
Yo
diría que esa película los mexicanos la vimos. La
vivimos durante el porfirismo, que se parece de una manera extraordinaria,
en más de un aspecto, incluso el político, los postulados
de esa nueva manera de ver el desarrollo de la sociedad. Fue la
Revolución Mexicana precisamente la que incorporó,
ante el fracaso evidente de una política desnuda de contenido
social, fue la Revolución la que recuperó la idea
de un humanismo social en el que quisimos y hemos querido vivir
los mexicanos claramente desde la Constitución de 17.
Por
lo tanto tenemos, en una perspectiva mundial, una cierta manera
de ver las cosas, y desde la perspectiva del Partido tenemos la
obligación así me parece de desarrollar
cuál es la propuesta que nuestro Partido puede hacerle
al país para escapar de ese darwinismo social, con base
en las instituciones y en las convicciones que nosotros mismos
hemos desarrollado en el curso de nuestra historia. No sólo
a partir de la Revolución sino desde el momento mismo que
nacimos como Nación independiente y soberana.
Lo
más práctico que podemos hacer es aferrarnos a nuestros
principios y darles el desarrollo moderno; el desarrollo que las
circunstancias actuales del país nos obligan a explorar
y a buscar.
Ha cambiado la composición demográfica de México
de una manera extraordinaria y pongo a este efecto el ejemplo
de la seguridad social.
El
sistema de seguridad social se está viendo amenazado por
la imposibilidad de atender un creciente número de personas
que dependerán de él.
Y
por otro lado, la insuficiente incorporación de mexicanos
al mundo del trabajo productivo, permanente y bien remunerado
que permitiría financiar ese proceso.
Debemos
replantearnos esta situación con seriedad, con la mayor
profundidad, de tal manera que no canjeemos nuestras convicciones
de comunidad de fortuna como pueblo, como país, por un
esquema en el que cada quien tiene que rascarse con sus propias
uñas, para decirlo coloquialmente.
Para
eso debemos apostarle al empleo; a un empleo permanente, socialmente
productivo, bien remunerado, que permita la operación de
esos mecanismos de solidaridad y de justicia social que hemos
ido creando los mexicanos durante el curso de los decenios anteriores.
No los podemos desmantelar, sería un error craso el lanzar
a la gente, en las condiciones en que se encuentra la población
mexicana hoy en día, a contratar seguros individuales,
a valerse por sí misma en condiciones de desempleo o de
empleo mal pagado.
Por
el contrario, me parece que es el momento de unificar fuerzas,
de reunir lo que como pueblo tenemos capacidad de producir y eso
ponerlo al servicio de la solidaridad y de la justicia social.
Quisiera
también hacer un comentario específico: estamos
en el plano internacional envueltos en la idea de la globalización.
Y cabe decir que no es una idea a menos que esa idea o que esa
situación se coloree de intenciones políticas. La
globalización es un hecho, es un fenómeno propio
del fin del Siglo XX y principios del XXI.
Pero
lo que no podemos aceptar como país y, en consecuencia,
como partido, que es lo que ahora nos importa, es que lo que se
globalice sea la injusticia y sea la miseria, que son los resultados
más patentes que hemos observado hasta ahora.
Debemos
globalizar, sí, pero la justicia y debemos llevar al plano
internacional las preocupaciones que internamente como país
hemos tenido durante todo el Siglo XX. Esta es la verdadera tarea
que el Partido tiene -en mi opinión- frente a ese fenómeno.
La necesidad de regularlo, de trabajar en los foros internacionales,
a través de las vías políticas y diplomáticas
y de la concertación de los países, para que protejamos
al mundo de estos fenómenos de especulación, de
rapiña, de voracidad en los que estamos indudablemente
envueltos.
examen:
Muchas gracias. Es el turno de Mariano Palacios.
MARIANO
PALACIOS ALCOCER: El planteamiento formulado por el señor
licenciado De la Madrid, nos da una visión de conjunto
sobre las principales preocupaciones del país y del Partido.
Quisiera
retomar uno de los temas que él enunció con mucha
propiedad y que es el relativo a la cuestión de orden ideológico,
que tiene que ver con la vigencia de la Revolución Mexicana.
Uno
de los temas centrales que están hoy en discusión,
es sobre si el Partido, que es heredero histórico de la
Revolución, que surge por la Revolución, ¿puede
o no puede seguir manejando las tesis de la Revolución
Mexicana?
Indudablemente
que quienes mucho tiempo dedicamos nuestra vida al estudio del
Derecho Constitucional y a su enseñanza, no podemos pasar
inadvertido que las tesis fundamentales del constitucio-nalismo
mexicano son heredadas por la Revolución Mexicana.
Bastaría
simplemente con echar una ojeada a tres o cuatro de estos valores
esenciales para advertir si la Revolución Mexicana existe
o no y si se le puede dar o no una lectura actualizada y dinámica
de cara al Siglo XXI.
La
incorporación más importante, esto es, la adopción
del principio de la propiedad originaria de los bienes a favor
de la Nación, me parece una tesis que no está a
discusión y es un legado fundamental de la Revolución
Mexicana.
El
contenido social de la Revolución Mexicana en materia de
educación, en materia agraria, en materia laboral, son
herencia fundamental de la Revolución Mexicana, que no
pueden estar a discusión cuando más de 30 millones
de jóvenes mexicanos son beneficiarios del sistema educativo
nacional producto de los gobiernos de la Revolución Mexicana;
cuando la Organización Mundial de la Salud ha dicho que
hemos llegado prácticamente a la cobertura universal en
materia de atención primaria a la salud y cuando tenemos
todavía hoy en día una de las legislaciones más
avanzadas en materia laboral.
Es
herencia de la Revolución Mexicana el principio determinante
de la secularización ya adoptada desde el Siglo XIX, la
separación del Estado y las iglesias; y quizás su
legado político más importante sea la reivindicación
del municipio libre.
Estas
ideas, con una lectura moderna, no nos deben hacer esconder la
cara para hablar de la Revolución Mexicana. Es indispensable
que advirtamos que el país no se improvisa ni se inventa
con una simple transferencia de partidos políticos en los
cargos de poder y que formamos parte de una corriente histórica.
¿Qué
podríamos rescatar de esto? Que somos herederos del esfuerzo
de muchas generaciones de mexicanos que han logrado imprimirle
al Estado mexicano un carácter social predominante y que
los retos que se plantearon entonces como era repartir la tierra
con un propósito de justicia, organizar las relaciones
laborales con un propósito de equidad, hoy debe tener una
lectura moderna y dinámica para combatir la pobreza, la
inequidad en el ingreso y para poder hacerle frente a los nuevos
sectores sociales emergentes como serían los jóvenes
que demandan empleo, como serían las mujeres, como serían
los indígenas, como serían los migrantes, como serían
los jornaleros agrícolas.
Qué
me parece importante, que esta tesis que ha planteado aquí
el licenciado Miguel de la Madrid, con los principios fundamentales
del constitu-cionalismo, es decir, la defensa de la soberanía
es algo que debe hacer el PRI, no es admisible que la soberanía
se ceda a tajos, como lo ha ofrecido el titular del Ejecutivo.
Los
derechos individuales y sociales deben ser respetados, el principio
de la división de poderes es algo que no está bajo
sospecha, el decir que el Presidente propone y el Congreso dispone,
y evitar o no publicar las leyes, contradice en la práctica
a las tesis propuestas y los principios de la constitución.
La
vigencia de un sistema federal es algo que necesitamos fortalecer
y dinamizar, esas convocatorias a los gobernadores en la clandestinidad
del coto de San Francisco del Rincón y sus alrededores,
en poco ayuda al fortalecimiento institucional del federalismo.
Y
el sistema de economía mixta no puede ser suplantado por
la oferta de los recursos del estado y de los bienes estratégicos
con un pragmatismo ramplón. El sistema de planeación
democrática y participativa, debe ser enfatizado, porque
la verdad es que no hay ideas de lo público por quienes
hoy, diciéndose empresarios gobiernan con criterios gerenciales.
Y
algo más, el principio de la libertad de conciencia consagrado
en la constitución, no debe contaminarse con el proselitismo
a favor de una religión, haciendo públicos los actos
de conciencia del titular del Ejecutivo.
Todos
estos elementos nos deben llevar a fortalecer el principio republicano
del ejercicio del poder, los priístas hemos sido muy claros
en plantear las bondades del sistema republicano, la transitoriedad
de los hombres públicos en los cargos de poder, el acceso
universal de los ciudadanos a la representación nacional,
la consulta periódica al pueblo para respetar su veredicto
como lo hemos hecho ganando y perdiendo, pero no podríamos
tolerar que el ejercicio republicano del poder, hoy tenga como
lectura del cambio, el culto a la personalidad, los gastos excesivos
en propaganda de imagen desde la Presidencia de la República,
en tanto que no se ejercen las partidas dedicadas a inversión
en los sectores prioritarios y productivos del país.
Un
ejercicio republicano del poder implica discreción en la
profesión de los actos de fe: debe ser privada y no pública
la creencia religiosa y la práctica de culto del Presidente
de la República.
Necesitamos
tener la mente fresca, para advertir los excesos, los desbordamientos
y las insuficiencias del gobierno, del conservadurismo, a efecto
de que podamos hacer frente a los retos que nos plantea la sociedad.
Dos
elementos adicionales, vale la pena que se reflexione en la Asamblea,
sobre el papel de los medios de comunicación en el componente
político democrático del México de nuestros
días, vale la pena reflexionar igualmente sobre los financiamientos
no fiscalizables a los partidos políticos como un ingrediente
que altera la vida democrática del país.
Y
vale la pena reflexionar sobre la verdadera imparcialidad de los
titulares de los organismos electorales y de los órganos
de jurisdicción electoral en nuestro país, en lo
personal tengo serias dudas al respecto.
examen:
Muchas gracias. Escuchemos ahora a Jorge de la Vega Domínguez.
JORGE
DE LA VEGA DOMÍNGUEZ: Me solidarizo con lo expresado por
el licenciado De la Madrid.
Con
orgullo presidí a nuestro Partido durante la presidencia
del licenciado De la Madrid. Siempre tuve contacto permanente
y fructífero con él. Sistemáticamente nos
comentaba las acciones y programas de trabajo de su gobierno para
que el Partido pudiera actuar en consecuencia. Por mi parte, siempre
informé al Presidente de la República el desarrollo
de nuestras actividades y los proyectos de trabajo para recibir
su orientación y apoyo, lo cual aconteció puntualmente.
En
aquellos años, el licenciado De la Madrid impulsó,
de la manera más amplia, las actividades del PRI. Durante
su sexenio se reconstruyeron los edificios número uno y
dos de la sede nacional del PRI que fueran edificados cuando dirigieron
el Partido los licenciados Alfonso Corona del Rosal y Gustavo
Carvajal. El edificio número dos prácticamente se
rehizo al quitársele dos pisos, fortalecer toda su cimentación
y reconstruir los daños tan severos que le ocasionaron
los sismos de 1985. También se construyó la gran
plaza de la sede de nuestro partido y el auditorio Plutarco Elías
Calles.
El
PRI aumentó notablemente su patrimonio físico en
todo el país, aunque dudo que, aun en la sede nacional
existan las placas conmemorativas de las inauguraciones correspondientes
durante la etapa a que me refiero.
En
su intervención, el licenciado De la Madrid abordó
diversos temas. Entre ellos se refirió al grave deterioro
de los recursos naturales del país; por ello, he de referirme
a la grave preocupación que debiera causarnos el mal uso
y el agotamiento del agua, así como su contaminación;
la desertificación creciente del territorio nacional que
por la deforestación progresiva, alarmante e incontrolada,
genera la erosión de los suelos y la pérdida de
millones de toneladas de tierra fértil, que asolvan las
presas para riego, para generar electricidad, y los lechos de
ríos y arroyos.
Planteo
lo anterior porque está íntimamente relacionado
con el deterioro de la vida de los campesinos y los indígenas
del país.
En
toda la historia de nuestro Partido el voto más leal a
favor de sus candidatos ha sido el de los ciudadanos que viven
en el campo; sin embargo, en fechas recientes, muy poco hemos
hecho para mejorar sus condiciones de producción y comerciali-zación.
Las nuevas políticas iniciadas a principios de 1989 desmantelaron
el sistema de subsidios al campo. Desparecieron Conasupo y la
mayoría de sus filiales, los sistemas de almacenamiento,
el Inmecafé, el Banrural, etc. Pero lo grave es que ninguna
de las medidas ideadas para apoyar el campo han dado resultados
necesarios para evitar la creciente emigración a las zonas
urbanas y hacia Estados Unidos.
Con
preocupación observo que, en el gobierno actual, sigue
privando la tesis de que «el productor rural que no sea
eficiente se dedique a otras actividades», hecho que me
parece aberrante en la medida en que no se les dota de los recursos
necesarios para cambiar su status de improductividad ni se les
capacita para que puedan ocuparse en otro tipo de actividades.
En
la discutida reforma fiscal se retoma la idea de meter al campo
al sistema normal de tributación. Recordemos que durante
el gobierno del Presidente Salinas se suprimió el régimen
especial y, ante la protesta de las organizaciones de productores
rurales se creó el régimen «simplificado».
Hoy tengo la convicción que este sistema lo ha empobrecido
más y ha generado una nueva cadena de corruptelas. Por
lo mismo es necesario considerar que si esto sucede con el régimen
simplificado actual, con el nuevo que se propone la situación
del campo empeoraría.
Debido
a lo anterior, y a nuestra deuda partidista con los campesinos
de México, sugiero que nuestras fracciones parlamentarias
en el Congreso de la Unión se compenetren a fondo de los
alcances de la iniciativa fiscal del ejecutivo federal, para proceder
en consecuencia en apoyo de los productores rurales. También
es urgente que se replanteen los apoyos reales que deben otorgarse
al campo en sus cadenas productivas para que pueda competir con
los productos de importación que tienen un alto contenido
de subsidios abiertos y ocultos, particularmente los provenientes
de Estados Unidos, Canadá, la Comunidad Europea y algunos
países del oriente, que con grandes apoyos financieros
y tecnológicos, invaden con su producción los mercados
del mundo, dejando a México fuera de toda posibilidad competitiva.
Debo
decir con profundo orgullo que fui presidente de nuestro Partido,
durante la presidencia del licenciado De la Madrid, que hubo un
contacto constante y permanente y que finalmente entregamos buenas
cuentas al priísmo nacional.
El
licenciado De la Madrid, en aquél tiempo brindó
todo su apoyo al Partido, quizá muchos hayan olvidado que
la sede actual del mismo fue edificada durante su régimen
y que ahí habíamos colocado inclusive algún
reconocimiento en fechas a esas edificaciones, fue la reconstrucción
del edificio número dos, fue toda la gran macroplaza del
Partido, fue su auditorio, fueron los edificios donde se ubicaba
en aquel entonces a la prensa nacional.
Bien,
que ya les hicimos un reconocimiento expreso a todos los priístas
que habían contribuido a ese proyecto y dejamos una placa
que después desapareció, así lo marca la
historia pero es una realidad, tomo el tema porque parece que
nuestra memoria es flaca.
El
licenciado De la Madrid tocó varios temas y acotó
el relacionado con la preocupación por el deterioro de
los recursos naturales del país. Es un hecho este de la
mayor gravedad, el deterioro del aire, la insuficiencia de agua
y su contaminación, el problema gravísimo que esto
conlleva a la agricultura nacional, a la ganadería, la
destrucción de nuestros bosques y vuelve a mi memoria algo
que se intentó en años anteriores por el que ahora
es Secretario de Hacienda y Crédito Público, meter
al campo mexicano al régimen normal, como una empresa más,
como si fuese una empresa industrial de otra naturaleza.
En
aquel tiempo el campo mexicano estaba sujeto a un régimen
especial, porque especiales son sus circunstancias de solvencia,
de productividad y de pobreza.
En
ese entonces me tocó ser Secretario de Agricultura y obviamente
me opuse a ese cambio que se trató de efectuar, hubieron
muchas voces en el país que también alertaron sobre
el mismo, la miseria del campo significa muchos males para el
país, sobre todo dos: emigración al extranjero,
emigración a las ciudades, con costos que no pueden pagar
quienes dirigen al país, las finanzas públicas,
las finanzas municipales, lo que estamos viendo que acontece día
con día, de manera cada vez más grave y a esto vienen
aparejados desempleo, criminalidad, etcétera.
En
este momento sugiero que nuestro Partido actúe de manera
responsable con los expertos en la materia para determinar si
lo que ahora se denomina Régimen Simplificado para el Campo,
en materia impositiva en la reforma fiscal, debe volver a lo que
se pretendió meter al campo al régimen normal, cuando
el campo está más empobrecido que nunca.
Señalo
esto porque en las últimas elecciones, me refiero a las
del 2 de julio de 2000, el voto campesino siguió siendo
un voto leal a nuestro Partido y nuestro Partido no siento que
haya respondido a los campesinos en los términos que debiera,
por ello sugiero que el PRI adopte como una responsabilidad directa,
este tema, que analice qué es viable para el campo mexicano
en este momento, que demuestre como el régimen especial,
tal vez primitivo se pagaba por cada tonelada que salía
de un rancho a la venta, o por cada cabeza de ganado, pero producía
muchos más ingresos al erario federal, que el régimen
simplificado actual implica contratar contadores, despachos, que
nadie puede pagar y en donde la evasión fiscal y la corrupción
ha aumentado muchísimo.
Señalo
esto porque estamos viendo en este momento manifestaciones de
los campesinos, que ya llegaron aún límite en donde
no pueden sobrevivir en las condiciones actuales.
Se
acabaron los subsidios convenientes para el campo. Se cerró
Conasupo, antes se corrompió. Se liquidó prácticamente
a Banrural, otro tanto pasó con Inmecafé, sería
larga la lista.
A
través de estos mecanismos llevamos recursos frescos al
campo mexicano. Que había fallas, claro, todas eran corregibles,
pero no se han sustituido estos subsidios por otros que hagan
competitivo al campesino, al productor mexicano, con otros productores
internacionales que sí están recibiendo subsidios
por distintos medios y muy grandes.
Veamos
los de la Comunidad Europea, veamos los de Norteamérica,
los de Canadá y simplemente que nuestro Partido compare
con lo que está aconteciendo en México.
Me
preocupa y por eso quise tocar este tema, de manera fundamental,
la desatención del Partido hacia los campesinos que constituyen
su voto permanente y más leal.
examen:
Muchas gracias. Continúa Adolfo Lugo Verduzco.
ADOLFO
LUGO VERDUZCO: No solamente comparto plenamente lo que ha expresado
el licenciado Miguel de la Madrid, en este evento de reflexión
a que nos convoca el Partido, sino que el comentario que hace
ahora Jorge de la Vega, me da pie también a afirmar el
compromiso que el Presidente De la Madrid mantuvo siempre con
su Partido político.
Y
la orientación muy clara que, como jefe del Partido, como
cabeza, como líder del Partido, el presidente planteaba
sistemáticamente a nuestra organización política.
El
compromiso con el ideario de la Revolución Mexicana, ahora,
a más de tres lustros del término del gobierno de
Miguel de la Madrid, se pueden hacer afirmaciones superficiales
acerca la actitud del Presidente con respecto a nuestro Partido
y a la Revolución Mexicana.
Reitero
esto, porque es importante que los priístas no solamente
pensemos en la prospectiva, la proyección del Partido,
sino que tengamos una memoria fresca de lo que nuestros mejores
hombres han hecho en beneficio de nuestra organización
política.
Planteaba
el director de la Revista examen: una cuestión que de hecho
se ha estado desahogando en los comentarios previos. ¿Cuál
es el futuro del PRI?, preguntaba José Castelazo.
Creo
yo que el futuro del Partido depende de todos quienes lo integramos.
Estoy convencido de que el Partido no le pertenece a nadie, ni
a ninguna persona ni a ningún organismo, ni a ningún
grupo.
Es
un partido que a través de 7 décadas de existencia
ha sabido mantener con una gran claridad lo que es esa identidad
que le ha caracterizado y ha sabido ponerse por encima de intereses
personales y de esa manera preservar la estabilidad política
y la paz social de la Nación.
Esto
es conveniente también que lo recojamos los priístas
con atención. A veces queda la impresión de que
al Partido se lo pueden repartir grupos de interés o persona
militante de nuestra organización política.
Reitero
mi punto de vista, seamos respetuosos, no solamente de la historia
del Partido, sino lo que es el Partido y el enorme potencial de
nuestro Partido político.
Estamos
frente a un evento que no solamente constituye el órgano
superior de conducción del PRI, sino que además
se da en circunstancias en las que debemos actuar con un gran
talento, con una gran sensibilidad, con una gran lealtad al Partido,
para coadyuvar todos a que el evento se conduzca y se realice,
de forma que el Partido salga renovado y fortalecido de la próxima
Asamblea General de Delegados.
Este
evento evidentemente debe constituir, desde mi punto de vista,
estoy convencido de ello, un foro de debate franco, una discusión
abierta, en la que en torno de la temática que se ha planteado
y otros muchos temas que surgen en el camino, se pueda llevar
a cabo un análisis, una reflexión seria acerca de
lo que deben de ser los postulados del Partido, su programa de
acción, sus normas, esto es, los Estatutos que nos rigen,
pero es fundamental que este ejercicio se haga a través
de una representati-vidad incuestionable.
Estos
foros tan importantes, en este caso el más importante,
que es la Asamblea Nacional del Partido, tiene que disponer, debe
tener en su seno a los militantes más representativos de
nuestro Partido.
Ahí
debemos y particularmente quiere decir en la responsabilidad de
organizar el evento, deben tener presente, como sé yo que
se está considerando, una representatividad cuidadosa y
suficiente de los sectores del Partido, de su estructura territorial.
Estamos
por entrar a la etapa de una movilización más amplia
del Partido en todas las asambleas, así debe ser, de lo
que es esa estructura territorial tan compleja, pero tan bien
concebida y que parte no de los órganos de dirección
partidista a nivel estatal y menos nacional, sino que la base
misma que son los comités seccionales, los comités
municipales, los comités distritales, deben estar involucrados
en lo que es esta reflexión acerca del Partido renovado
que queremos los priístas.
Mucha
atención con ello, porque el buen éxito de la Asamblea
depende en una gran medida de esa calificación que va a
tener, sin duda, la representatividad de los delegados que concurran
a la misma.
De
ahí tendrán que salir los mandatos fundamentales
que requiere el priísmo. Ahí se tendrá que
discutir suficientemente y plantear los grandes temas acerca de
la reafirmación ideológica del Partido. Aquí
se han expresado algunos de esos temas torales, tienen que plantearse
ahí, pero tienen, insisto, que plantearse desde la base.
No
olvidemos que el 2 de julio, la base del Partido le dio a nuestra
organización política más de 13 millones
de votos, en la medida que sacudamos esa base y la hagamos participar,
la asamblea será exitosa.
No
debe perderse de vista que el Partido tendrá que rescatar
con un gran vigor, como tesis fundamental el abanderamiento de
las causas populares, no podemos manejarnos en una actitud contemplativa
de los que son las tesis de la derecha del actual gobierno, ni
las tesis moderadas de algunos de nuestros militantes, que no
advierten que la raíz del Partido está justamente
en las causas populares, a ellas debemos regresar, el Partido
debe replantearse la forma de actuar en lo que es esa tradición
de tantos años, que consistió en la gestoría
social.
Hay
esquemas de la estructura del Partido que se han venido perdiendo,
uno de ellos es aquel baluarte de nuestro Partido que deba a las
organizaciones la posibilidad de iniciar desde las bases, ante
las autoridades la lucha por satisfacer las necesidades fundamentales.
En ese mismo esquema habrá que evaluar la pertinencia de
recuperar otros órganos que han sido fundamentales para
el vigor del Partido, uno de ellos el Instituto de Estudios Políticos,
Económicos y Sociales, inexplicablemente, el PRI de pronto
prescinde de ese foro de investigación, de reflexión
al que ocurrían intelectuales, profesionistas, estudiantes,
técnicos, para plantear lo que era su visión de
los grandes problemas nacionales y locales, el IEPES tenía
su expresión en los ámbitos estatales a través
de los Centros de Estudios, Económicos, Políticos
y Sociales, ese es uno de los elementos de la estructura del Partido
que abandonamos por razones, reitero, nunca explicables. Divulgación,
información: sabemos que el Partido enfrenta una situación
económica delicada, el Partido no tiene, proveniente de
las asignaciones que hace el gobierno federal a las organizaciones
política, los recursos que tuvo en otro tiempo, pero deben
establecerse prioridades y una de ellas es informar a los militantes
de los que es el estado de cosas, en lo personal no he tenido
prácticamente información, y formo parte del Consejo
Político Nacional, sobre el avance de la asamblea, tengo
la esperanza de que se cumpla con el calendario de actividades,
es importante que todos los priístas estemos al tanto de
los avances de este evento que es tan importante. Estos dos órganos
de difusión examen y «La República»,
debemos recibirlos los militantes del Partido.
Además
de ello, existen tantos otros temas de carácter ideológico
que debemos empezar a discutir desde la base. La sabiduría
de la gente de base es enorme, nos dice lo que quiere que sea
su Partido. En asambleas anteriores en donde he tenido la oportunidad
de participar en su organización, se planteaban temas como:
la pertinencia de que se conserven o no el emblema, colores y
nombre del Partido, como si eso fuese lo definitorio del partido;
habrá que preguntarle a la gente, será la Asamblea,
que ya está en curso, la que dé respuesta a estas
cuestiones, que sí son fundamentales para que el partido
afirme su identidad, sus mecanismos de trabajo, su organización,
una revisión cuidadosa de sus temas, quiero partir de la
base que todo eso se está ventilando, en esta invitación
que nos hace el director de examen, yo lo planteo en actitud más
franca y más abierta, como debe ser la Asamblea, que debe
caracterizarse por un diálogo franco, abierto, donde se
ventile esa vasta temática que nos haga salir del evento
con ese partido renovado que requerimos.
Otro
elemento fundamental que de la asamblea salga un Partido unificado.
El Partido nace de la concurrencia de partidos políticos
regionales, agrupaciones, más de ciento cincuenta en todo
el país que finalmente conforman el Partido Nacional Revolucionario.
Esto es necesario que lo tengamos presente, unidad en torno a
la ideología, de sus programas, es necesario que preservemos
esa unidad es esencial para nuestra organización política.
El pacto de unidad con el que nace el Partido en 1929 debe ser
renovado en la 18 Asamblea. Este es un gran compromiso de la Asamblea
y hago mis mejores votos porque todos entendamos que de esa unidad
esencial depende la fortaleza del Partido. siempre cuando se promueve
este tipo de eventos, con la anticipación adecuada, como
ha sido este caso, aportan al Partido los elementos que requiere
el partido para su fortaleza.
examen:
Por favor, Licenciado Lugo Gil.
HUMBERTO
LUGO GIL: La 18 Asamblea debe llevarnos a hacer varias reflexiones
a todas las personas que estamos comprometidas de toda la vida
con nuestro partido, y que con una sentida convicción podamos
plantearlas abiertamente, a través de este medio, de gran
importancia en la vida interna del Partido.
Mucho
es lo que se ha comentado y escrito en relación con la
pasada elección federal del 2 de julio y los resultados
negativos que obtuvo nuestro Partido en esa contienda. No es mi
intención analizar, diagnosticar a fondo este resultado,
sino sencillamente apuntar algunas ideas que tal vez pudieran
contribuir a esclarecer la postura y la acción que el PRI
habrá de adoptar ante nuestra próxima asamblea.
Nos
parece necesario establecer como premisa básica, las necesidades
de que el partido, a la luz de una nueva realidad social, económica
y política, se transforme y actualice de acuerdo con esta
nueva circunstancia. Este enunciado resulta sencillo de plantear
pero su aplicación en la práctica resultará,
sin duda, una tarea que requerirá un trabajo serio, profundo
y reflexivo, al cual se sume la participación de miles
de priístas de todas las regiones del país; de la
base territorial, las organizaciones afiliadas al Partido y que
inclusive de gente que simpatice con nuestros principios que han
sido planteados.
Hemos
señalado la conveniencia en términos acordes
con lo aquí planteado por el licenciado Miguel de la Madrid
de que en la próxima Asamblea se analicen, entre otros
puntos los siguientes: la necesidad de que nuestro Partido se
constituya en una opción seria, responsable, con alternativas
reales, una oposición plenamente consciente de que el voto
de más de trece millones de mexicanos, el gobierno de 18
entidades de la federación y de un gran número de
municipios, y su alta representatividad en el Congreso de la Unión
y en los congresos locales, constituyen un amplio mandato popular
que implica una alta responsabilidad política, y social,
naturalmente; el imperativo de que nuestro Partido retome los
principios fundamentales de libertad, democracia, soberanía,
nacionalismo, derechos individuales y sociales, Estado laico y
otros más, y que dieron origen y razón de ser a
la Revolución Mexicana, movimiento que después
determina la creación del PRI y que fueron plasmados
en la Constitución del 17; la exigencia de que nuestro
Partido vuelva a sustentar sus principios y su acción en
una vinculación con las causas populares. Es claro que
el alejamiento del Partido a las cuestiones que han representado
los más auténticos y legítimos anhelos de
superación y justicia de nuestro pueblo, han sido la causa
profunda y esencial de la respuesta electoral, que no puede interpretarse
sino como un rechazo popular a la postura política real
que nuestro Partido ha asumido y que no quisimos ver en su momento
como tal.
Hay
otros aspectos que también deben ser objeto de análisis
cuidadoso, que enumero brevemente a continuación; para
los cuales fue de especial importancia la oportunidad que me fue
brindada para presidir la Comisión Nacional para el Desarrollo
del Proceso Interno:
El
proceso de avance democrático en nuestro país es
definitivo e irreversible; al interior del PRI es evidente que
también debe posibilitarse en la democracia partidista,
sin embargo esto no debe representar el contrasentido de que con
base en un supuesto avance democrático dividamos nuestra
fuerza y nos limitemos; y limitemos nuestras posibilidades electorales,
en procesos de supuesta consulta interna, que en la práctica,
todos los sabemos, han estado lejos de resultar auténticos
ejercicios democráticos; nos han fracturado y debilitado,
los métodos de selección interna de nuestros candidatos
deberán ser como sucede con otros partidos de nuestro país
y de otras naciones, los que determinan las normas internas y
los legítimos órganos directivos del propio partido.
La democracia que es un sistema acorde con nuestra ideología
y por cuya plena vigencia luchamos se ejerce en el momento
de competir en las urnas contra los candidatos de otros partidos.
Nosotros debemos revisar a fondo el artículo 146 y 147
de los Estatutos para realmente contar con los elementos suficientes
al interior de nuestro Partido, para realizar la determinación
de quienes serán nuestros dirigentes y quienes llevarán
la ideología y los principios de nuestro Partido junto
a la aspiración de ganar un puesto de elección popular.
Al interior de los partidos, debe ser internamente la mejor selección
para presentar a la ciudadanía, a su voluntad política
a través del voto y allí tendremos el resultado
positivo o negativo de la elección de los candidatos a
representarnos.
Por
otra parte, mal se podrá hablar de elecciones internas
mientras no se cuente con un padrón auténtico y
confiable. Aceptar la participación de supuestos «simpatizantes»
se presta a todo tipo de maniobras de nuestros adversarios, que
irían en demérito de nuestra unidad y fortaleza
interna. Es conveniente, por otro lado, que se revisen a fondo
los procedimientos de selección de candidatos a puestos
de elección popular, como acaba de exponer la experiencia
reciente de las elecciones de Aguascalientes, Oaxaca y Tabasco,
nos muestran claramente que cuando los candidatos son los idóneos,
los resultados electorales nos son satisfactorios.
Igualmente
debemos revisar toda la estructura del Partido, desde la correspondiente
a los órganos de dirección, hasta las estructuras
territoriales y, desde luego, sectoriales; en este último
caso el análisis deberá realizarse a la luz de una
nueva realidad que si bien ya se percibía con claridad,
se hizo muy evidente en las elecciones de julio del 2000.
Nos
parece claro que el sector obrero debe seguir constituyendo un
pilar básico de nuestro instituto político, con
el sustento de una participación individual convencida,
consecuente con las modalidades de la nueva relación con
los factores de la producción, que la realidad global demanda
pero sustentada en el inequívoco apoyo de nuestro Partido
a las legítimas demandas y conquistas laborales; que están
en riesgo ante las pretensiones de los actuales responsables de
la política del trabajo en el país. No podemos olvidar
los principios fundamentales y las conquistas obtenidas por nuestros
trabajadores a través de una gran etapa de sufrimiento,
que no podemos dejar de lado frente a posturas eficientistas o
propósitos privatizadores que, además de haber probado
ineficacia, son contrarias al espíritu vigente de la Revolución
Mexicana, que sostenemos en plena concordancia con lo aquí
expuesto por el licenciado Mariano Palacios Alcocer.
El
sector campesino ha sufrido cambios sustantivos y derivados, por
una parte de la nueva composición demográfica y
social del país, en la que ya menos del 40 por ciento de
los mexicanos se dedican a las labores rurales, así como
por el hecho de que en campo se está produciendo un incuestionable
fenómeno de politización y mayor receptividad a
posiciones políticas diferentes y aún opuestas a
las que ha sostenido nuestro Partido, las cuales no han tenido
un efecto tangible y positivo en la mejoría de las condiciones
y calidades de vida de los campesinos.
En
las últimas semanas hemos observado con preocupantes fracturas
al interior de nuestra Confederación Nacional Campesina,
cuando la unidad interna es tal vez el factor más importante
para nuestro Partido en estos momentos.
El
PRI deberá asumir un renovado compromiso de apoyo a los
campesinos de México, que deben producir con eficiencia
creciente los alimentos y satisfactores que la población
demanda y que tienen un incuestionable derecho a mejorar sus niveles
de vida y oportunidades de superación.
Esto
resulta particularmente válido ante la ausencia de una
política agropecuaria del gobierno federal actual y la
evidente incapacidad para poner en marcha programas eficaces de
apoyo al sector rural.
Las
clases medias revolucionarias, que emergen en nuestro país
como producto de la Revolución Mexicana y, sin embargo,
en las pasadas elecciones federales se constituyen en un sector
determinante para la derrota de nuestro Partido.
Los
jóvenes, por su parte, hombres y mujeres de distintos estratos
socioeconómicos, que desde que tienen capacidad de percepción,
no han percibido otra situación que no sea la crisis económica
en el país. También expresan el pasado 2 de julio
su inconformidad con esta realidad.
Por
ello, es muy razonable tener una preocupación profunda
de cómo proyectar a los jóvenes después de
nuestra Asamblea, el proyecto político que surja de ella
y que será muy importante.
En
este contexto, salta a la vista la necesidad de una revisión
profunda del sector popular. Es imperativo considerar de la mayor
prioridad articular el discurso político y la acción
consecuente para proponer opciones viables y atractivas a las
clases medias urbanas, con énfasis especial hacia jóvenes
y mujeres.
Debemos
recoger también el pensamiento y el sentir de muchos miles
de mexicanos de todos los sectores que integran las bases de nuestro
Partido a lo largo de todo el territorio nacional, que han apoyado
y siguen apoyando con fidelidad las causas y banderas originales
de nuestro instituto político y sostienen convencidamente
valores permanentes como el nacionalismo, la educación
laica y gratuita, el derecho a la salud, a la vivienda, a la seguridad
y concentran sus anhelos y su esfuerzo en el ideal de la justicia
social.
Especial
atención habrá de darse al aspecto de la comunicación
social que planteaba aquí el director de la Revista examen.
En la vida contemporánea resulta axiomático afirmar
que sin el uso adecuado de los medios masivos de comunicación,
el mensaje que se emita, así tenga un gran valor intrínseco,
corre el riesgo de perderse o cuando menos de no tener el efecto
que se persigue.
Resultará
determinante para nuestro Partido diseñar las políticas
y estrategias idóneas y las relaciones adecuadas con los
comunicadores, para actuar en la política eficazmente,
con el uso adecuado e imprescindible de los medios masivos de
comunicación social, en particular los electrónicos,
que en la nueva composición de la sociedad son los que
tienen una mayor y creciente penetración.
Y
aquí yo veo en la preocupación del licenciado Lugo
Verduzco sobre la tarea de gestoría social, que tradicionalmente
se había llevado a cabo por legisladores de nuestro Partido
y por grupos y organizaciones vinculadas a él, se ha diluido
y perdido en el camino de la evolución social y política
que hemos transitado.
Pensemos
que esta labor tiene un muy particular significado y que se deberá
considerar prioritariamente para darle un impulso renovado, lo
cual además de implicar una mayor vinculación con
los representantes de nuestro Partido, y con sus electores, atendiendo
a sus necesidades y demandas, determinará consecuencias
electorales favorables a nuestro instituto político.
Podríamos
concluir estos comentarios haciendo la reflexión de que
es evidente e irrebatible la necesidad que tiene nuestro Partido
de una profunda renovación.
Sin
embargo, también es evidente que no sería aconsejable
ni resultaría posible hacer todos los cambios en una etapa
limitada o predeterminada, como algunas voces han sugerido.
Consideramos
fundamental que se vaya poco a poco en un proceso sin pausas,
pero sin prisas. Es indispensable fijarse metas y situarlas en
el tiempo, en función de nuestro objetivo final, que en
este caso es la Asamblea General de nuestro Partido.
Este
objetivo sería el que define y constituya la misión
de cualquier Partido político: la conquista del poder público.
Algunas de sus metas intermedias se antojan idóneas para
el logro del objetivo esencial que serían, entre otras,
las que de reagruparse, lograr la gobernabilidad interna, preservar
la unidad priísta y evitar la fragmentación del
Partido.
Estas
metas deberán alcanzarse en la medida en que seamos capaces
de plantear a nuestros militantes y simpatizantes primero y a
los mexicanos en general después, una plataforma ideológica
renovada, acorde con las realidades económicas y sociales
de México y del entorno internacional, pero esencialmente
apegada a los más legítimos anhelos populares y
a los más auténticos intereses que tiene nuestro
país.
Yo
concluiría que nuestra Asamblea General deberá producir
un proyecto político, moderno, adecuado a las circunstancias
que vive el país en lo interno y en lo externo, para que
también surja de esa Asamblea General una nueva confianza
hacia nuestro Partido de la ciudadanía, y que volvamos
a ser la mejor opción política del pueblo de México.
examen:
Muchas gracias. Ahora es el turno de Bernardo Sepúlveda
Amor.
BERNARDO
SEPÚLVEDA AMOR: Yo tuve la fortuna de ser secretario de
Asuntos Internacionales del PRI durante la campaña del
Presidente De la Madrid. En ese entonces tenía también
el privilegio de formar parte del Comité Ejecutivo Nacional
del Partido.
Advierto,
sin embargo, que en la etapa contemporánea, no se le otorga
ese mismo rango a quien tiene la responsabilidad de conducir los
asuntos internacionales del Partido y esto me parece lamentable,
porque supone sustraer una de las funciónes esenciales
del propio Partido, como lo son las tareas internacionales.
También
tuve la fortuna de presidir la Comisión de Asuntos Internacionales
del Partido, comisión que entiendo ha perdido relevancia,
aunque se estén haciendo esfuerzos en este mismo momento
para su recuperación.
La
función internacional del Partido no se debe ni puede desconocer.
Resultaría miope el suponer que esa actividad internacional
no tiene una incidencia en los quehaceres políticos del
Partido.
Hay
distintas instancias, desde luego, para establecer una vinculación
con el exterior. Una primera, obvia, tiene que ver con la asociación
con otros partidos políticos afines en ideología
y en propósitos; otra función es la que tiene que
ver con el trato con medios internacionales de comunicación,
que llevaría como objetivo asegurar que la imagen de este
partido político es la imagen que se merece.
Como
Partido que aspira a recuperar el poder, debe entablar una interlocución
con aquellos gobiernos que tienen de nueva cuenta una afinidad
con relación a los objetivos del Partido, para efectos
de que cuando éste alcance de nueva cuenta el gobierno
tenga esa necesaria interlocución con los gobiernos con
los cuales haya dialogado y establecido entendimientos políticos
con anterioridad.
En
este sentido yo haría una exhortación con relación
a la próxima Asamblea: restaurar en el Comité Ejecutivo
Nacional las responsabilidades internacionales con el peso y la
importancia que se merece un órgano de esta naturaleza,
asignando los recursos humanos y los recursos económicos
suficientes, para que la presencia del Partido en el ámbito
internacional sea todo lo relevante que se requiere.
Por
cierto, esta función internacional también se debe
reflejar en la composición de las tareas priístas
en el Congreso de la Unión. En efecto, por la vía
de los senadores y de los diputados priístas es preciso
ejercer una competencia no sólo en lo que hace a cuestiones
internacionales que caen bajo la jurisdicción, por ejemplo,
del Senado de la República y en donde se requiere un conocimiento
de esos asuntos internacionales, si no, de manera adicional, en
la forma en que senadores y diputados de origen priísta
habrán de vincularse con congresos o parlamentos en el
exterior, incluyendo reuniones bilaterales y, por supuesto, en
el ámbito del Parlamento Latinoamericano o en el ámbito
del Parlamento Europeo o de la Unión Parlamentaria Mundial,
que tienen todos ellos de nueva cuenta una incidencia en quehaceres
políticos muy relevante.
Mi
segunda observación tendría que ver con la carta
de navegación que requiere el Partido con relación
a la definición de una política internacional.
Ahí
la cuestión es relativamente sencilla, porque afortunadamente
se cuenta con directrices muy precisas, que es el marco de referencia
constitucional.
Como
se recordará, durante el mandato del presidente Miguel
de la Madrid, el artículo 89 constitucional, en su fracción
X, fue reformado para incluir los principios normativos esenciales
que habrán de guiar la conducta internacional de México.
En
este sentido haría una primera anotación que tiene
que ver con el doble carácter este artículo 89 Constitucional
en su fracción X. Impone una serie de facultades al titular
del Ejecutivo Federal, pero también le impone una serie
de obligaciones, es decir, no es un conjunto de reglas constitucionales
que puedan ser utilizadas a capricho y de manera arbitraria. Son
principios constitucionales que suponen un deber en lo que hace
al comportamiento internacional de México y en lo que hace
a la dirección que habrá de dar el Ejecutivo Federal
a la presencia internacional de México. Y esto, desde luego,
lleva a una serie de consideraciones con relación a la
aplicación práctica de estos principios en la realidad.
En
el contexto de las disposiciones constitucionales, lo que se plantea,
al final del día, es la reivindicación de un Estado
nacional y la reivindicación de un Estado soberano.
El
tema de la soberanía es un tema que se ha manejado en ocasiones
con frivolidad y que debe ser acotado en sus justos límites
a la luz de la realidad contemporánea.
En
este sentido, es probable que existan tres categorías de
Estados y, por ende, tres categorías distintas del ejercicio
de la soberanía en el sistema internacional.
En
un primer capítulo estarían aquellos Estados en
donde el concepto político de soberanía es intrascendente;
y es intrascendente, porque no tienen las instituciones políticas
suficientes para efectuar el ejercicio real de sus competencias
soberanas, es decir, la institución gubernamental es prácticamente
inexistente. No existe la capacidad para poner en práctica
los atributos de la soberanía porque no se ha construido
un Estado facultado para reclamar esa soberanía. Es el
caso de ciertos países africanos, en donde las tribus aún
prevalecen, en contraste con el Estado nacional.
Una
segunda categoría supondría aquellos Estados que
siguen conservando los principios y la estructura emanados de
la Paz de Westfalia, esto es, el Estado moderno en donde los títulos
soberanos son títulos esenciales en la conformación
de un estado nacional, porque se encuentran todavía construyendo
y reafirmando las instituciones políticas, los mecanismos
económicos y el tejido social que conforman a ese Estado
nacional.
En
este sentido, el estado soberano es una pieza fundamental para
el funcionamiento político de esas comunidades, para efectos
de su relacionamien-to interno, pero también para su relacionamiento
en el ámbito internacional.
En
una tercera categoría, habría Estados en donde el
concepto de soberanía ya no importa porque están
en un esquema de supranacionalidad y ese es el caso, por ejemplo,
de los países de la Unión Europea, que están
cediendo porciones importantes de su soberanía con el ánimo
de construir una confederación en donde se delegan poderes
soberanos originales.
El
caso mexicano cabe la segunda hipótesis, es decir, donde
el Estado nacional soberano es fundamental para el funcionamiento
de su orden interno y es fundamental para su relacionamiento internacional.
En
este contexto de ejercicios de poderes soberanos hay una serie
de temas que suponen la aplicación práctica de los
principios emanados del texto constitucional.
Una
primera cuestión tiene que ver con democracia y derechos
humanos. Aquí, sin duda, hay por parte del Partido una
reafirmación de los valores propios de la democracia. En
su lema mismo está la noción de democracia. Pero
reivindicar ese principio no supone la necesidad de que México
se constituya en un evangelizador hacia el exterior de las normas
relacionadas con la democracia o, en su caso, con los derechos
humanos, pretendiendo imponer esos criterios a otros Estados.
Ahí
imperaría el principio de la no intervención y de
la libre determinación, porque cada pueblo habrá
de darse el tipo de régimen político que mejor convenga
a su propia idiosincrasia. La democracia no puede ser impuesta
desde fuera, es un producto de la cultura política de cada
nación y no resulta adecuado pretender realizar esta exportación
de los principios democráticos tratando de implantarlos
con base en presiones en terceras naciones, sin que esas naciones
concurran en una decisión política fundamental que
sólo a ellas les compete.
En
el caso de los derechos humanos, se pueden aplicar criterios semejantes.
Es cierto que en el caso de los derechos humanos hay un proceso
de internacionalización en lo que hace a las garantías
individuales y al respeto de esos derechos humanos, pero ello
no supone, en negación de la mejor tradición mexicana,
forzar coercitivamente la voluntad política de otros Estados
y pasar juicios de valor sobre aquellas cuestiones que corresponden
estrictamente a la jurisdicción doméstica de los
Estados.
Un
segundo tema que está