EL DIVORCIO DE LAS PALABRAS CON LOS HECHOS
GEORGINA TRUJILLO ZENTELLA*

* Posicionamiento del grupo parlamentario del PRI en la Comisión Permanente sobre el desempeño del Poder Ejecutivo Federal.

Como legisladores, tenemos la obligación de fortalecer el equilibrio de poderes y conformar un auténtico y legítimo contrapeso que pondere con objetividad las acciones del Poder Ejecutivo Federal y el cumplimiento de los compromisos contraídos en beneficio de los mexicanos.

El afán es comprometer nuestro esfuerzo para defender los intereses de las mayorías populares y apostar a que le vaya bien a México y no sólo a sus dirigentes.

La gobernabilidad democrática en una sociedad plural, requiere de varios ingredientes que no se han cumplido cabalmente.

A la oferta incumplida de acotar el presidencialismo exacerbado, el régimen ha centrado su actuar político en la figura presidencial, lo que rompe con la esperanza democrática de limitar el culto a la personalidad.

La tolerancia, que no el autoritarismo, debe ser la conducta que concilie y promueva el debate sobre los grandes asuntos nacionales.

El vigor de nuestra democracia debe sustentarse en el respeto al Poder Legislativo electo por el pueblo. No olvidemos que en este foro parlamentario está la representación nacional de las mayorías. Por ello, es elemental que el Poder Ejecutivo, electo por una minoría de mexicanos, pondere la importancia de su relación con este poder soberano.

En más de una ocasión, esta soberanía ha reclamado con enérgica dignidad los desaciertos del Poder Ejecutivo.

El Presidente propone y el Congreso dispone, ha quedado como una frase retórica.

Hay evidencias de la intención del Poder Ejecutivo para actuar excediendo sus atribuciones y hacer a un lado las decisiones mayoritarias del Congreso de la Unión.

El veto a la Ley de Desarrollo Rural y la Controversia Constitucional planteada por la emisión del decreto con Reformas al Reglamento de la Ley del Servicio Público de Energía, son ejemplos de nuestras afirmaciones.

Nos preocupa, porque daña al país, el divorcio de las palabras con los hechos. Nos preocupa que la Institución Presidencial pierda dignidad y decoro por privilegiar simpatías mediáticas que poco ayudan a la buena marcha del gobierno y a la discusión y solución de los problemas que aquejan a la sociedad.

Es un clamor incesante, el referente a las fallas en el combate a la inseguridad pública. El gobierno federal no ha sabido o no ha podido instrumentar medidas coordinadas con las diferentes dependencias, para dar una lucha frontal contra la delincuencia y recuperar la seguridad pública.

Nos preocupa que la incongruencia y las contradicciones del discurso político, generen incertidumbre, incredulidad y desconfianza, porque debilitan a nuestras instituciones y a la unidad de los mexicanos.
No hay rumbo en la gestión del gobierno. El Plan Nacional de Desarrollo tiene serias deficiencias y objetivos poco claros y viables que auguran un lamentable fracaso de las expectativas originalmente propuestas y comprometidas ante la nación.

La política de comunicación del régimen se ha caracterizado por enaltecer la imagen presidencial, haciendo del titular del ejecutivo el centro de todas las acciones de gobierno. Insisten en continuar realizando una campaña publicitaria que reacciona según los puntos de las encuestas de popularidad, sin preocuparse por los asuntos de fondo que merece conocer el pueblo y a lo que está obligado un régimen democrático.

Esperamos que las actitudes y los hechos futuros contribuyan, por el bien de la nación, a construir una relación de colaboración responsable, equilibrada y productiva entre los Poderes de la Unión.

En materia de política económica debemos recordar que se integró un equipo de transición que trabajó en los cinco meses previos a la toma de posesión, que recibió fondos públicos para conocer a tiempo de los asuntos de las dependencias y entidades federales, así como para entregarnos en diciembre del 2000 el Plan Nacional de Desarrollo 2001-2006 y el estudio de gran visión 2000-2025. Es evidente que el PND llegó bastante después y el otro estudio ni siquiera ha llegado.

Esta legislatura ha tenido una actuación responsable y seria en ambas cámaras, que enriquecieron con modificaciones consensadas la Ley de Ingresos y el Decreto de Presupuesto de Egresos.

Es de reconocer aquí la buena disposición que tuvo el ejecutivo federal para llegar a los acuerdos necesarios de todas las fuerzas políticas en el Congreso.

Las expectativas de crecimiento económico han creado un ambiente de desaliento por las reiteradas menciones del titular del Ejecutivo para decretar, como un acto voluntarista, que su oferta de campaña de crecer al 7% se va a cumplir. Manejar la economía con slogans de campaña para crear ilusiones, no sólo es irresponsable sino poco ético, engaña a la ciudadanía.

Vivimos un federalismo retórico, sin gasto ni inversión de los recursos que originariamente son de los estados y no de la federación. El subejercicio en el gasto público es más grave aún en materia de infraestructura y del sector agropecuario, que atraviesa por una situación dramática ante la falta de una política adecuada para su desarrollo. No considerar una reforma tributaria para el año 2001 fue un error, pero utilizarla ahora como causal de la desaceleración económica es injustificable.

Las expectativas del crecimiento con calidad han quedado en simples propósitos, porque lo único que ha crecido en este tiempo es el desempleo. El millón 300 mil empleos ofrecidos a las mexicanas y los mexicanos, se convirtió en 400 mil desempleados con la frustración de su expectativa laboral y el impacto, en la de por sí frágil, economía familiar.

El programa de microcréditos, se sabe bien, no responde a lo ofertado y es por sí mismo una burla para quienes cifraron en él sus esperanzas de mejorar sus condiciones de vida.

La inversión nacional y extranjera directa se ha retraído y los ingresos al país son de capitales especulativos que revalúan la moneda pero no ingresan a la actividad económica productiva que requerimos. La confianza se logra con certidumbre en la política económica y un clima de gobernabilidad democrática que dé rumbo al desarrollo del país.

Los problemas de México no son coyunturales. Los desafíos que le marca su estructura demográfica, requieren políticas de estado que demandan la participación de todas las fuerzas políticas y de la sociedad en su conjunto.

Vivimos un momento difícil que requiere de todos mesura, prudencia, reflexión y sensatez, más aun del titular del ejecutivo federal.

La política social del régimen recoge parcialmente las propuestas de campaña quedando muy atrás los resultados comprometidos.

La oferta para duplicar el presupuesto del gasto social quedó en el 5%. 95% menos de lo comprometido.

Esta es la dimensión real de la respuesta en materia de compromiso social del régimen. Podemos decir que es casi nula.

En materia de vivienda, el INFONAVIT redujo a la mitad los créditos ofertados.

En salud, no existe un programa específico de acceso a los servicios y no se ha profundizado en el compromiso de la federalización de los mismos.

Por lo que hace a la educación, sólo se ha informado de avances mínimos en algunos programas.

El tan anunciado sistema nacional de becas no se ha concretado y menos aún se ha trabajado en el federalismo educativo.

Es necesario impulsar una política económica con sustento fiscal y responsabilidad social, que se vincule estructuralmente con la superación de la pobreza y que sea parte de las políticas compensatorias que atiendan la realidad que lacera y denigra a diversos sectores sociales. Una política que permita alcanzar el desarrollo con justicia social.

Es inadmisible que en el primer trimestre del año 2001 se presente un sub-ejercicio del gasto de más del 10% en la Secretaría de Desarrollo Social, como si no fuera la política social una prioridad. ¿Qué avance tiene la aprobación del Congreso para incorporar a 750,000 familias más en el PROGRESA?

¿Por qué se aumenta el precio de la leche de Liconsa, siendo que esta empresa presentó un balance financiero favorable en 100 millones de pesos correspondientes al periodo del 2000?

¿Qué acaso la política social no debe considerar el deterioro en la economía de las clases más necesitadas?

¿Cómo entender la propuesta de la llamada nueva Hacienda Pública Distributiva para cobrar el 15% de IVA en alimentos y medicamentos y convencer a millones de mexicanos en pobreza extrema con el engaño de una compensación de 108 pesos mensuales para amortiguar el golpe a su raquítica subsistencia? No hay respuestas serias a estas interrogantes.

Una política social debe establecer un programa integral en los tres niveles de gobierno para el combate a la pobreza.

Los avances en materia de política social son mínimos y el horizonte es desalentador, porque un gobierno sin compromiso social no puede llamarse democrático.

La política exterior mexicana debe ser una política de estado. El distinguido lugar que ocupa nuestro país en el concierto de las naciones ha sido ganado a través de una tradición diplomática profesional, propositiva, activa y deliberativa sobre los temas mundiales, defendiendo siempre los intereses nacionales, la integridad de nuestro territorio, la no intervención, la autodeterminación de los pueblos, la cooperación internacional, la solución pacífica de controversias y la defensa de la independencia y soberanía del país.

Somos una nación respetada y respetable que ha sabido sortear con base en los principios y valores de nuestra política internacional la problemática de un mundo globalizado.

Sin embargo, el régimen ha centrado su acción internacional en una definición falsa, que intenta ubicar al titular del Ejecutivo como el primer Presidente Mexicano demócrata.

Este bono democrático como lo llaman, niega, en perjuicio del país, las acciones anteriores en esta materia de los Presidentes de México y sus cancilleres.

Es un concepto falso y tendencioso que reprueba la exitosa política internacional de varias generaciones y sobre todo la fiel interpretación de las luchas del pueblo de México contra los apetitos hegemónicos en diversas épocas de nuestra historia.

Es grave la propuesta de una política exterior injerencista que acuda a la evaluación unilateral del estado de la democracia en otras naciones para la toma de decisiones. Las frases del «pellizco a la soberanía» o «la cesión inteligente de soberanía» son ofensas que por ningún motivo debemos aceptar.

En las reuniones con los Estados Unidos de Norteamérica, oficiales y no, ha sido tema recurrente la energía. Este asunto se inserta en la necesidad de una política clara, firme y decidida, en la defensa de nuestros recursos naturales y la soberanía para el manejo de los mismos. No olvidemos que estos son patrimonio de los mexicanos y no del Ejecutivo Federal.

En materia migratoria no hay avances pero sí retrocesos en los temas de protección de mexicanos y de acciones reales para enfrentar con energía la violencia fronteriza contra nuestros connacionales. Es vergonzante que a cambio de acciones de patrullaje fronterizo por parte de seudoautoridades mexicanas como los grupos «Beta», se acuerde la utilización de balas de goma contra los migrantes mexicanos.

El llamado Plan Puebla-Panamá no es otra cosa que la sustitución de la conferencia de Tuxtla que buscó establecer el libre comercio y un mecanismo político para emprender iniciativas de beneficio para la región. Además de no plantear asuntos concretos sobre los sensibles problemas del combate al narcotráfico y la migración, ha sido evidente la contradicción en el discurso al proponer militarizar la frontera sur y hacerle el juego de contención migratoria a los Estados Unidos.

Los viajes del Presidente y su comitiva a diversos países del mundo no han tenido resultados de beneficio para el país, ni siquiera proyectos que pudieran ser viables en el mediano plazo. La intención manifiesta y publicitada, ha sido lograr los votos necesarios de esas naciones para que México participe como miembro no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Nadie ha explicado porqué es importante y útil para el país buscar esa posición temporal para el período 2002-2004.

Más allá del anecdotario sobre el peculiar comportamiento del Ejecutivo y su comitiva en las giras internacionales, sería alentador que la imagen de nuestro país continuara siendo respetada y reconocida por su firme y progresista conducta diplomática.

La alternancia no debe quedar en una simple sustitución de dirigentes, sino en la búsqueda de mejores resultados para el país. Lo que está en juego es la gobernabilidad democrática y compartida para el desarrollo del país. Lo que está en juego es la consolidación de la democracia, la defensa de los valores nacionales, el reconocimiento y respeto de nuestra historia y la búsqueda incesante del bienestar del pueblo de México.

A todo ello, los priístas comprometemos nuestros esfuerzos como legisladores y como mexicanos.

*Senadora de la República a la LVIII Legislatura. (Estado de Tabasco). Secretaria del Programa de Acción y Gestión Social del CEN.