Visiones del futuro*
ROBERTO CEREZO ALBARRÁN/ALEJANDRO GÁNDARA ALVARADO**

Fue un día después del ataque a Pearl Harbor en el marco de la Segunda Guerra Mundial, cuando Abraham Maslow decidió encaminar sus esfuerzos profesionales a la conceptualización y desarrollo de instituciones que contribuyeran a la cohesión y el entendimiento social. La comprensión de la motivación humana sería la aportación de su vida al mundo.

Hablar de Maslow es citar a uno de los psicólogos más influyentes de la historia. Es hablar del hombre que, inspirado en Adler, logra desarrollar de forma sustentada un rompimiento con la teoría pansexualista de Freud y posicionarse favorablemente en el círculo psicocientífico de mediados del siglo XX en los Estados Unidos.

El legado de Maslow se ha compilado en varios textos como: El Hombre Autorrealizado, La Personalidad Creadora, Más Allá del Ego y La Experiencia Mística entre otros.

La vigencia del trabajo de Maslow se hace patente en su obra póstuma Visiones del Futuro, cuya edición corrió a cargo del estadounidense Edward Hoffman, quien hizo uso de material inédito que Maslow le compartió en la década de los años 60.

Visiones del Futuro esboza una interesante colección de artículos y trabajos de Maslow que encuentran justificación en las motivaciones inherentes a la naturaleza humana. Así, es necesario puntualizar el contenido de la tercera parte del trabajo llamada: Gestión, organizaciones y cambio social.

En la parte anteriormente citada, Hoffman trata de hacer suyas las palabras de Maslow, e intenta que pensemos que éste concuerda totalmente con su visión de lo que llaman la psico-política.

Resulta difícil en cualquier actividad, en especial en la política, la polarización ideológica, ya que aunque ésta pretenda abarcar de manera amplia un espectro social, difícilmente podrá aglutinar a la totalidad de la sociedad.

Maslow y Hoffman sustentan la construcción de una nueva política en la identificación, difusión y práctica de valores universales como la virtud y el autodesarrollo, resultando esto en una lejana concepción de la realidad política de nuestro tiempo, por lo que si el autor y editor de la obra hubiesen participado en los diálogos en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, hubieran sido arrollados por el florentino ante lo contundente de la praxis y lo lejano del romanticismo de la política.

Esto último no implica la negativa de compartir la teoría del autor en la cual afirma que la ciencia del poder necesita contener valores universales positivos y esenciales, sin embargo, en el aspecto formal y operativo, la política requiere contar con datos que permitan comprender la realidad social en la cual opera.

Maslow cuestiona de manera aguda la deficiente operación de la democracia parlamentaria de los Estados Unidos a finales de los años sesenta, y atribuye este fenómeno a la disminución del público de corte crítico y a la mediatización de la sociedad norteamericana, aunado a las constantes presiones derivadas de la publicidad y la poco escrupulosa gestión del gasto público. Ante esta afirmación es oportuno mencionar que el diagnóstico de Maslow parece acertado, sin embargo, la evolución de la conciencia crítica del electorado norteamericano no corresponde más al concepto desarrollado por el psicólogo neoyorkino.

En la actualidad, los estudios llevados a cabo por Dick Morris, James Carville o Kathleen Hall Jaimeson, reconocidos investigadores y consultores políticos de corte mundial, han demostrado que la sociedad estadounidense se comporta de forma más suspicaz y analítica ante las campañas políticas mediáticas basadas en el márketing. En nuestro país tal vez siga teniendo vigencia la concepción inicial de Maslow, ya que plataformas ideológicas y planes de gobierno viables han sucumbido en fechas recientes ante el bombardeo mercadológico basado en la imagen de los candidatos, teniendo mayor peso la forma que el fondo. Lo anterior, sin dejar de lado la importancia que el marketing ha cobrado en las sociedades modernas al convertirse en la vía para posicionar las propuestas políticas. Cabría entonces preguntarse: ¿Cúal es la responsabilidad cualitativa de la sociedad y cuál la del márketing en la mediatización de la primera?

Otro de los aspectos importantes del libro que nos ocupa es la visión del autor en lo que se refiere a la importancia de la comunicación política, es decir la retroalimentación que debe existir entre los sujetos que ejercen el poder en relación con los gobernados. Menciona que una efectiva comunicación es la base para el desarrollo de una gestión eficiente que corresponda a las expectativas que la sociedad ha depositado en sus gobernantes. Es posible transferir lo anterior a la actualidad donde si bien no existe un mecanismo de retroalimentación gobierno-sociedad, el primero sí emplea mecanismos como encuestas y sondeos para poder dirigir si bien no sus estrategias, sí la dirección del spin* diario que saldrá al aire en los noticieros del prime time, sin corresponder lo anterior a las aspiraciones de Maslow en cuestiones de comunicación.

El trabajo póstumo de Abraham Maslow conviene ser leído como aportación de un romántico visionario del comportamiento humano determinado por las motivaciones del mismo, aplicando de forma ética los resultados de sus investigaciones al campo de la política. Sin embargo, la actividad política hoy día se desarrolla desde las más complejas trincheras y tiene como escenarios los marcos contextuales más diversos que cualquier actividad humana pudiera tener, correspondiendo poco a los ideales del autor.

*spin: término con el cual se denominan las maniobras políticas técnicas en materia de comunicación y difusión de mensajes.

* Maslow, Abraham
Edición de Edward Hoffman, Barcelona, Ed, Kairós, 2001. 308 pp.
**Integrantes del CEN del Movimiento Territorial