LOS JÓVENES QUEREMOS UN PARTIDO ABIERTO Y PARTICIPATIVO
JOSÉ LUIS MANCILLA ROSALES*

Todo cambio es una oportunidad de corregir errores y de ser mejor. La oportunidad para trascender inercias, señalar y castigar abusos, transformar vicios, impedir corruptelas, fortalecer el imperio de la ley y erradicar impunidades. No hay mejor escuela para la sensibilidad política y social que escuchar y seguir al pueblo, el que representa esos sentimientos de la nación que desea moderar la opulencia y erradicar la indigencia. No se puede hacer una política responsable socialmente si no se conocen las necesidades individuales y colectivas.

Los jóvenes queremos un partido fuerte y cohesionado, con una organización moderna, con democracia interna y que actualice su funcionamiento para abrirlo a la sociedad, aplique su estrategia e impliquen en la misma a las organizaciones nacionales, sectoriales, estatales, municipales, territoriales y diseñen su oferta política y, a la vez, estructuren y construyan una alternativa política que movilice en su entorno a la mayoría, que sea una sólida tarea de oposición política.

Los priístas, y sobre todo los priístas jóvenes, requerimos frescura de ideas, libertad de pensamiento, compromiso con valores, generosidad ante el pluralismo, respeto y tolerancia. Queremos mostrar nuestra verdadera identidad y nuestra vocación de transformación social. Conscientes de que mirar al futuro no debe representar una ruptura con el pasado, con nuestras tradiciones y nuestros valores, sino redescubrir el verdadero significado de nuestro Partido y de la nueva sociedad del siglo XXI

Debemos afrontar esta nueva etapa con energía y confianza. Lo hacemos con la fuerza de nuestras ideas y con un proyecto político realista para nuestro país. Nuestra meta debe ser la construcción de un partido sólido, con vocación de triunfo, para un país moderno y una sociedad más justa. Una sociedad democrática y con desarrollo. Con rostros nuevos y manos limpias.

En los nuevos tiempos que vive nuestro Partido, es justa la crítica de sí mismo: Queremos un partido incluyente, que no sea propiedad de nadie Que no sea un club de amigos. Con cierto pragmatismo, pero que no genere resistencias ni oportunismos, ni mucho menos actitudes cínicas. Con dosis de idealismo, de mística revolucionaria, pero sin ignorar la realidad; que no devenga en dogmático.

Al reconocer los males que aquejan a nuestro partido buscamos su remedio, su solución. Muchos males ha padecido, pero siempre ha sabido encontrar la medicina adecuada. Hoy una nueva política habrá de indicarnos la dirección deseada para bien de México.

Las distintas fuerzas del Partido, los diversos grupos de interés, deben alcanzar el acuerdo en lo fundamental, que en el pasado logró superar la propia heterogeneidad del partido y hoy debe conducirle a su renovación y fortalecimiento. Que aun con posiciones diferentes hagamos tareas comunes, que se favorezca la crítica interna pero que construyamos los caminos para avanzar. Debemos enfrentar de manera resuelta y con firme decisión, con democracia generalizada los entendimientos comunes. Mantener la unidad en la diversidad

No queremos la comedia de la democracia que siempre termina en la tragedia de la derrota electoral.
Muchos de los documentos básicos, de operación y de posicionamiento del PRI tienen una amplia variedad de propuestas, de acciones concretas para responder a los nuevos retos individuales y colectivos. Atienden la agenda nacional e internacional, consideran la mejora de las condiciones de vida de mujeres, jóvenes, ancianos, inmigrantes, disca-pacitados, familias. Atienden los problemas de la educación, la salud, los servicios asistenciales y de pensiones, la necesidad de infraestructura, de pleno empleo, de fomento a nuevas empresas, de la defensa de los consumidores. Consideran la protección del medio ambiente, energía limpia, aprovechamiento del agua, atención de la vivienda, de necesidades rurales, mejora de ciudades y comunidades. Garantizar la seguridad ciudadana, promover un mejor sistema productivo. Defender nuestra soberanía y mejorar nuestra vida democrática.

Nuestro programa tiene validez y constituye el compromiso que hoy mantiene nuestro Partido con los mexicanos. Habrá que buscar ponerlo en práctica desde las posiciones que hoy se mantienen, pero también debe permitir conducir nuestro quehacer desde la oposición.

Sin embargo, debemos elaborar un nuevo proyecto político para este nuevo siglo. Que mantenga nuestros valores y principios, que vislumbre el nuevo Estado mexicano que requerimos los mexicanos, que considere las condiciones, consecuencias y problemas de la economía globalizada. Que considere las características y posicionamiento de los otros poderes de la Federación y de los niveles de gobierno. Que fortalezca la unidad y la seguridad ciudadana. Que imprima oportunidades nuevas, paritarias, de empleo en todos los ámbitos de la vida nacional. Estos son los temas en donde el Partido debe dejar oír su voz en forma única, constante, coherente y en defensa de los intereses y derechos de todos los ciudadanos.

Debemos volcarnos hacia los ciudadanos. Establecer un modelo que implique la plena certeza de que debemos avanzar juntos, con la convicción del respeto y la tolerancia a la diversidad, pero con la firmeza de que voluntariamente participamos de un proyecto común. El futuro ya nos alcanzó. Son presente político el 2003 y el 2006. Sin menoscabar el esfuerzo político electoral que debe realizarse para atender los procesos locales que tocan a nuestra puerta. No se puede descuidar la actividad electoral local en aras de las consideraciones que requiere la estrategia rumbo a la XVIII Asamblea.

Los jóvenes quedarán fuera de los sistemas de integración social si no estamos incluidos en nuevas acciones dirigidas a facilitar nuestro derecho a construir nuestro propio proyecto de vida: vivienda, trabajo estable, posibilidades reales de estudio, especialización y formación, reconocimiento de cauces reales de participación.

La construcción de una sociedad sólida y moderna exige contar con el mejor recurso humano que tenemos: la juventud. Los jóvenes debemos tener la posibilidad de construir en libertad nuestras vidas, y ello no será posible si nos sentimos o si nos excluyen, lo que impedirá que nos integremos y articulemos a la propia sociedad. Para desarrollar políticas orientadas a solucionar los problemas que nos preocupan y afectan, debemos hacerlo desde nuestras demandas y contando con que nuestra participación realmente cuenta en la búsqueda y puesta en práctica de nuevas soluciones.

En el Partido necesitamos, y así lo queremos los jóvenes, una estrategia reformada, con permanente vocación de cambio, dinámica y bien articulada. Que busque el compromiso de todos los actores sociales, que anime a la participación política y ofrezca un espacio abierto, plural y flexible para la realización de dicha estrategia participativa.

No queremos un partido electorero que se reduce a una maquinaria que está dormida o en espera de una nueva convocatoria electoral. Queremos una organización viva donde haya ciudadanos, militantes y dirigentes comprometidos de manera permanente en actividades de interés para la sociedad, en la defensa de aquello que la moviliza. Queremos un partido abierto y participativo, donde la democracia interna y los canales de participación estén garantizados. No podremos defender a los ciudadanos con valores que no practicamos al interior del Partido.

Los jóvenes queremos un partido abierto, volcado a la sociedad, en permanente diálogo con los ciudadanos, buscando su compromiso, atento a los cambios que se van produciendo. Un partido unido que sea modelo de democracia, referente para la ética cívica, preparado ante las crisis y con capacidad de respuesta ante el cambio social.

Los cambios en nuestros procedimientos internos deben producirse salvaguardando una serie de principios básicos. La próxima XVIII Asamblea es nuestra gran oportunidad de conquistar nuestro futuro. En la futura asamblea, avanzar, retroceder o estancarse, depende de la capacidad de todos. De lo que hagamos desde ahora hasta el inicio de la reunión, sabremos cómo se escribirá la historia futura e inmediata del PRI. El objetivo fundamental debe ser doble: establecer un proyecto político de vocación mayoritaria que responda a las nuevas condiciones de la sociedad mexicana y ser la organización política que represente la voluntad y las ideas de los ciudadanos para que sean transformadas en acción política eficaz.

Debemos devenir en una fuerza política en torno a la cual puede y debe construirse el proyecto común de todos los mexicanos. Basado en los valores y principios que nos construyeron como Nación independiente y soberana, con libertad e igualdad, respetuosos de la pluralidad y capaces de ofrecer una perspectiva de progreso a una sociedad activa, dinámica, deseosa de encontrar en el futuro la seguridad de preservar lo conseguido y las respuestas a aquello que no ha sido proporcionado hasta ahora.

Requerimos un nuevo espíritu partidario de lucha. No podemos continuar regodeándonos en nuestra propia individualidad, en nuestra comodidad y satisfacción personal. Debemos trascender esta situación y comprometernos en una nueva totalidad. La dignidad humana debe preservar actitudes casi olvidadas de respeto, de humildad y de justicia. Más allá del deseo, la pasión debe trasformar las creencias y pensamientos. Usar la política para beneficio de los demás. El Uno debe devenir en ese Otro que satisfaga el Todo social al que finalmente pertenecemos.

*Ensayo ganador en el Primer Concurso Nacional de ensayo político: Visión de los Jóvenes: Retos del PRI rumbo a la XVIII Asamblea Nacional.