RAZÓN
DE PARTIDO, RAZÓN DE ESTADO*
HELENA BUSCARÓN
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La prospectiva del PRI
Hoy
en día, en los inicios del siglo XXI, no existen condiciones
suficientes que muevan a un estado de ánimo optimista,
respecto de la situación del Partido Revolucionario Institucional;
signos adversos presiden el arreglo tanto de los actores como
de las realidades que caracterizan la culminación del siglo
más corto en la Historia en México, 1910-2000. En
la coyuntura actual, en donde lo político y lo económico
dejan de ser absolutamente contradictorios, la razón de
Estado, la razón de mercado y la razón de partido
se funden, se confunden entre los intereses nacionales, los intereses
económicos, entre el poder y la efectividad.
En
el marco de las problemáticas del poder al interior de
las instituciones partidistas todo es objeto de reflexión,
desde los elevados problemas del neoizquierdismo, la socialdemocracia
o la reestructuración organizativa de un partido hasta
los mecanismos de financiamiento y la cooptación de militantes.
Sin embargo, son pocos quienes se percatan de la urgencia para
definir integralmente con coherencia, sistematización y
viabilidad una propuesta prospectiva de esta naturaleza. En la
actualidad se traducen de distinto modo, y con base en nuevos
procedimientos los asuntos políticos, los asuntos del poder,
los asuntos del PRI. Frente a los nuevos retos debemos definir
qué debe dilucidarse, qué debe objetarse, qué
podemos saber, qué debemos hacer y qué se nos está
permitido prospectar. Si bien al interior del Partido existen
diferentes corrientes, opiniones y prospectivas con enfoques particulares,
no obstante, en el fondo, el número de soluciones posibles
de modo alguno resulta ser ilimitado.
La
refuncionalización del PRI, su redimensionalización
en referencia al sistema político mexicano, es un asunto
prioritario. Más allá de dirigencias, lo único
cierto es que por cualesquiera motivos que se argumenten el PRI
perdió las elecciones a la Presidencia de la República,
perdió su capacidad de decisión, perdió el
poder, poder que es la única razón de ser de un
partido político. En consecuencia, actualmente el PRI requiere
una reestructuración a fondo, que va desde una nueva fundamentación
ideológica hasta mecanismos operativos que lo legitimen
en la estabilidad o el cambio institucional.
Hoy
experimentamos una realidad nacional fragmentada en la que todo
se convalida; una realidad partidista que requiere de nuevos mapas
estratégicos y un prisma operativo que legitime las transformaciones
de la política en el marco de la globalización económica,
que definitivamente nos obliga a proporcionarle un nuevo sentido
epistemológico al sistema de partidos en México
frente a nuevos conceptos, actores, factores y relaciones de poder.
Sin embargo, lo único cierto, aún bajo la adjetivación
neoliberal, lo único que ha permanecido constante al pretender
una consideración prospectiva del PRI es el poder, el poder
que ni se mide ni se pesa, sólo se expresa. Es el ejercicio
del poder entendido como el control en la toma de decisiones,
la única la razón objetiva del Partido, con base
en la cual deben conducirse las acciones de nuestro instituto
político.
En
la actualidad es evidente la transformación de las categorías
politológicas, de las formas de pensar lo político
y de la percepción ciudadana sobre los asuntos públicos.
Confrontamos así el surgimiento de nuevas perspectivas
en donde todo se trastoca, en donde la coyuntura neoliberal cuestiona
incluso la permanencia de las instituciones, llámense Estados,
sindicatos o partidos. Existe una revaloración práctica
en el plano político en torno a todo lo que atañe
a la funcionalidad del Estado y sus instituciones. La mediocracia,
los nuevos agentes políticos, el surgimiento de nuevos
grupos de interés, los glocalismos1, las comunidades de
base, la diversificación de la actividad política,
la inoperatividad de las ideologías, la ineficacia sistémica,
la falta de identificación entre los electores y los partidos
políticos, así como la ruptura de los monopolios
institucionales se constituyen como las características
más comunes. Esta revaloración, esta reconsideración
constituye una redimensionalización en las formas de pensar
lo político; esencias y contenidos de tales parámetros
han cambiado su sentido frente a la interdependencia y transnacionalización
del capital, en donde el zoon politikon pareciera haber sido superado
por el zoon economikon ante la preeminencia de los factores económicos
en la política internacional.
El
PRI perdió prácticamente todas sus funciones como
Partido de Estado. Empero este Partido fue en su momento uno de
los pilares esenciales del sistema político mexicano, con
su derrota, el 2 de julio de 2000, se alteraron los acuerdos fundamentales
que proporcionaron paz social y proyecto nacional a nuestro país.
Sin dejar de reconocer las enormes insuficiencias y deficiencias
en el proceso de desarrollo nacional, se habrá de recordar
que el PRI generó la cultura de reivindicaciones sociales
más importante en la historia de México.
Durante
más de setenta años, las interacciones políticas
estaban perfectamente delineadas, tanto los actores, factores
y vinculaciones de poder, como las opciones y posibilidades de
acción de los mismos, por lo que su desestructuración
tanto conceptual como operativa en la coyuntura actual tiene que
pasar de las consideraciones dogmáticas a estrategias operativas
que proporcionen pragmatismo y eficacia. La derrota del PRI en
el ámbito nacional y en todos los órdenes, ya sea
municipales, estatales o federales, se ubica como el cuestionamiento
a los métodos del Partido y a la insatisfacción
de las demandas ciudadanas. Pero esto no es un fenómeno
exclusivo del PRI, tampoco es un fenómeno que tenga lugar
solamente en nuestro país. Las opciones partidistas, actores,
factores, técnicas y realidades cobraron una nueva connotación,
un nuevo significado y una nueva lógica de funcionamiento,
por lo que la manera en que funcionaron durante muchos años
carece hoy en día de toda legitimidad.
Desde
los años ochenta todo se ha transformado, se ha refuncionalizado.
Pero ni el poder ni el Estado, ni las instituciones, ni las ideologías,
ni la democracia, ni la cuestión nacional se encuentran
plenamente en transición, vigencia o anquilosados. Todos
y cada uno de estos conceptos y realidades constituyen una fenomenología
contemporánea en la que nada está creado y todo
está por acabar, en donde no es que el PRI llegue políticamente
a su fin porque ya no tenga algo que ofrecer, sino porque continúa
ofreciéndose a sí mismo.
El
3 de julio de 2000 define indiscutiblemente un punto de partida
como rompimiento epistemoló-gico para repensar lo político,
para repensar el sistema de partidos en México, para repensar
al PRI y así definirse desde la óptica de los intereses
priístas. A partir de los acontecimientos electorales del
3 de julio de 2000 se requiere diseñar la prospectiva estratégica
del PRI, con base en tres líneas de acción de cuyo
tratamiento dependerá la definición de los mecanismos
estratégicos para el reposicionamiento electoral del PRI
y la consecución de su objetivo como institución
política, que es la detentación del poder:
1.
La reestructuración a fondo del PRI implica replantear
el perfil ideológico del Partido. Es decir, especificar
en el marco del contexto nacional en convergencia con los intereses
del Partido cuáles son los principios y fundamentos éticos
que serán los valores que legitimen las acciones de la
organización política. El basamento ideológico
es un asunto de fondo. Significa la congruencia entre un proyecto
de Nación desde la óptica partidista y las demandas
ciudadanas. La legitimación y credibilidad de las decisiones
partidistas dependen de modo directo de una estructuración
clara y precisa de este perfil ideológico, del cual se
debe llevar a cabo una difusión amplia para que el electorado
conscientice que es precisamente el proyecto de nación
estructurado por el PRI, con el que en mayor medida pueden identificarse
las demandas de la sociedad civil.
2.
La Estructura del Partido constituye el andamiaje operativo para
el funcionamiento óptimo del PRI, en donde lo importante
no es quiénes son los dirigentes, el número de representantes
que tiene cada sector en el Comité Ejecutivo o la sede
para la realización de las Asambleas del Partido. Si bien
la estructura del PRI involucra el organigrama y las formas en
que éste funciona, lo trascendental no es la estructura
en sí, sino los perfiles para integrarla. De esto precisamente
dependerá el funcionamiento cualitativo de dicha estructura.
3.
El Partido como Poder Legislativo es el ámbito a partir
del cual deben estructurarse los mecanismos estratégicos
redituables políticamente al PRI. El Congreso constituye
el tópico de acción por excelencia para el reposicionamiento
partidista. Es aquí donde tanto los legisladores como la
institución partidista fortalecen e incrementan su capital
político. La fracción parlamentaria del PRI en el
Congreso es el motor, el eje cualitativo que debe orientar las
acciones del Partido; del desempeño que tenga el Partido
como Poder Legislativo en el Congreso dependerá el resultado
electoral a futuro. De este modo, identificando la razón
de Estado, es decir, el interés nacional con la razón
de Partido y con los intereses específicos del Partido,
es como se logrará el reposicionamiento electoral ocasiones
el tiempo ni siquiera ha sido suficiente para digerir los alcances,
magnitudes y trascendencia de lo acontecido. En lo político,
lo económico, lo social, lo cultural y con una revolución
científico tecnológica como marco de referencia,
los conceptos, valores y significados han adquirido otras connotaciones
que no se alcanzan a reconocer, mucho menos a comprender de manera
inmediata.
La
política, otrora baluarte de las relaciones de poder, se
ha prostituido. Se ha creado así una actividad que es una
relación lúdica, un espectáculo en donde
priva el vedettismo, cuando realmente ser un político es
todo un compromiso, no sólo por una vocación de
servicio, sino de modo personal, no sólo es una profesión,
sino una forma de vida que va más allá de ser legislador
o dirigente. Es un compromiso que se asume las veinticuatro horas
del día; se tiene una familia, amigos, diversiones, se
lee, se vive, se actúa y se piensa en función de
la política. Lamentablemente existe mucho interés,
pero poca responsabilidad y menos preparación. Sin embargo,
la política no sólo es eso. Entenderla así
sería medirla someramente con los límites de la
razón. La política es también pasión,
es vocación; ser o pretender ser un político, insisto,
es todo un compromiso. Ser un político es algo muy serio
y quienes participan en la política tienen que asumirlo
con toda la importancia que ello implica.
No
son ya los tiempos de juicios, ni de hacer una interpretación
inquisitiva de los errores u omisiones, de lo que se hizo o de
lo que no se decidió. Lo único cierto es que el
PRI no tiene hoy en día ofertas políticas sólidas,
concretas y viables para los jóvenes. Esta generación
entre los 18 y los 30 años fue formada por un Estado priísta.
Fue educada con los valores y por las instituciones de un Estado
Priita. El Estado invirtió en nosotros y hoy ese Estado
ya no existe. De hecho, los jóvenes constituimos el único
capital humano-institucional con que hoy cuenta el Partido. No
todos los jóvenes están interesados en hacer política,
de ese reducido núcleo, son pocos los que hemos decidido
hacerlo en el Partido Revolucionario Institucional. Que no sea
por una indefinición estratégica que el Partido
no cuente a futuro ni siquiera con lo que queda de ese Estado;
el peor de los mundos posibles sería que lo invertido por
un Estado priísta fuese a ser redituable en un escenario
opositor, no porque sean la mejor opción, sino porque aquí,
en el Partido, no se nos permite crear nuestros propios espacios
de participación política.
Lo
que exigimos son espacios, que los jóvenes podamos crear
nuestras propias oportunidades. Hemos decidido desarrollar una
carrera política en las filas priístas, ciertamente
con miras a ocupar dignamente una curul en el Congreso, y en este
sentido exigimos espacios no sólo de participación,
también de decisión. De poco o nada sirve ahora
la red política que se construyó por más
de setenta años, porque hoy el PRI no es el centro de decisión
nacional, nosotros, hoy en día, empezamos de cero, cualquier
aspiración que se tenga siquiera a una diputación
local nos costará cinco veces más de lo que pudo
haber costado antaño. Somos la savia que el Partido requiere
para la renovación de sus cuadros, para ir al frente de
lo que se ofertará a la ciudadanía en términos
de refuncionalización partidista, en términos de
competitividad legislativa y profesional.
La
real politik nos obliga a entender que la ingenuidad no cabe en
las relaciones de poder. Si bien hoy los jóvenes han cobrado
una vigencia inusitada es debido a la cuantía que representan
junto con las mujeres en el padrón electoral. Sin embargo,
aunque de manera formal las demandas de los jóvenes han
ocupado los principales espacios en las plataformas y discursos
electorales, la realidad dista mucho de esto. En la praxis los
jóvenes no forman parte ni del gabinete panista ni del
Comité Ejecutivo Nacional del PRI. Los jóvenes participan,
pero no son coadyuvantes en la toma de decisiones.
Tenemos
convicción en el Partido, el momento coyuntural significa
para nosotros una oportunidad para que el Partido que pensamos,
el Partido que prospectamos sea en el futuro una realidad. Después
de todo es gracias al Partido que podemos encauzar nuestra pasión
por la política. En todo momento sus militantes siempre
hemos tenido algo nuevo que proponer; de hecho los problemas que
hoy enfrenta el PRI no son porque ya no tenga algo que ofrecer,
sino porque continúa ofreciéndose a sí mismo.
Podría ser que en esto consista la evolución institucional
del Partido, en la oportunidad de un nuevo, débilmente
nuevo comienzo.
1
Término utilñizado por Ulrich Bech, quien en su
obra Qué es la globalización lo utiliza para referirse
a los grupos que se insertan en la dinámica global sin
perder su identidad local.
*Ensayo
ganador en el Primer Concurso Nacional de ensayo político:
Visión de los Jóvenes: Retos del PRI rumbo a la
XVIII Asamblea Nacional.
