EL PAPEL DEL CONGRESO LOCAL
MOISÉS CARRASCO MALPICA*

Actualmente los ciudadanos demandan una actuación que sea transparente y efectiva por parte de las instituciones políticas que los representan. Por lo tanto existe una creciente presión social sobre todas las ramas del poder público para que funcionen apropiadamente. En particular, al área legislativa se le demanda ejercer sus responsabilidades eficientemente dentro de un sistema democrático, el cual se caracteriza por una sana y equilibrada división de poderes públicos.

La rama legislativa es responsable de representar los intereses de los ciudadanos, estableciendo y adaptando la legislación, así como la supervisión de las otras áreas del poder público. La percepción del Poder Legislativo es mala entre el ciudadano promedio. Hay entre académicos y líderes de opinión la impresión de que este Poder público no ha practicado sus funciones adecuadamente restándole credibilidad y legitimidad.

Es importante que los esfuerzos para modernizar la tarea legislativa, que enfrenta el reto de satisfacer las necesidades de ciudadanos más informados y mejor educados, se erijan como una de las prioridades de los Congresos Locales, para reducir críticas e incrementar la credibilidad social de este poder público.

De tal forma que el fortalecimiento del Poder Legislativo local se constituye en tarea prioritaria para avanzar en la democracia y la equidad social en el territorio nacional.

Los desafíos de esta labor involucran la adecuada expresión de la voluntad popular, la sana representación y el eficaz desarrollo de las funciones legislativas formales y las de control, deliberación, jurisdiccional, administrativa y política en el ámbito correspondiente.

Estoy convencido que cumplimentar estas condiciones nos permitirá alcanzar el objetivo fundamental que el Poder Legislativo se ha formulado en un mundo globalizado, mantener el Estado de Derecho y Libertad que hemos construido, ya que su conservación garantiza que la libertad de cada individuo sea compatible con la libertad de todos.

Es en este contexto, donde el papel del Poder Legislativo Local adquiere gran preponderancia en el sustento de la equidad social. Las profundas desigualdades existentes en los territorios de las distintas entidades federativas, podemos afirmar, provienen en gran medida de una visión limitada de la asignación de recursos en el gasto social, donde se excluye a segmentos importantes de la población. Entonces el reto del Poder Legislativo Local se centra en la transformación de un Estado de Derecho Jurídico y Económico a uno esencialmente Social.

Para solventar esta percepción, no es posible reducirse a la administración del gasto social, sino ampliarse a la creación de arreglos institucionales que sean el consenso de la demanda social; propiciando un cambio en el concepto de la acción legislativa como institución, a uno innovador que la contemple como organización dinámica.

Esta permuta conceptual sugiere la valoración del desempeño legislativo en función del cumplimiento de una agenda que corresponda a objetivos de corto y mediano plazo que observe la eficiencia legislativa en términos de producción legislativa, debates, planes de información, etc.

Esta visión sobre el papel del Legislativo Local restablece el fortalecimiento del contrato que tienen el gobierno y la ciudadanía para incrementar su eficiencia social en términos de bienestar general.

Ante las condiciones actuales debemos repensar, con responsabilidad social, el papel que ha desempeñado el Poder Legislativo local como Constituyente Permanente. No es con mayor asignación de recursos disponibles ni con mejorar la gestión social, es decir con un desarrollo organizacional óptimo, como este Poder Público ganará la legitimidad necesaria que demuestre la conformación de un Estado de Derecho Social, sino con el esfuerzo colectivo concertado entre los distintos actores sociopolíticos activos y emergentes para avanzar en la construcción de los valores sociales que deberán regir las nuevas reglas del juego.

Esta nueva propuesta de la edificación axiomática de la vida legislativa conllevará a desterrar el sentimiento de alineación social respecto a que los cuerpos legislativos se visualizan representando más a los propios partidos políticos que a la ciudadanía, contribuyendo al desprestigio de los mismos. Es por ello que el funcionamiento de una democracia sana, se sitúa en el aceptado desarrollo de la vida legislativa, donde la mediación de los partidos políticos se advierta como adecuada por obedecer los anhelos y aspiraciones sociales, de tal forma que contribuya a superar la crisis de legitimidad de las instituciones democráticas actuales, evitando así, la «partidocracia» que padecemos.

En otras palabras, la institucionalización de la vida legislativa como la organización representante de a voluntad popular se interpreta como una exigencia ciudadana. Donde los legisladores locales como parte del Constituyente Permanente se convierten en los portadores de proyectos nacionales, movilizadores de opinión pública y agentes de cambio que defienden y promueven los valores de soberanía e independencia consagrados en nuestra Carta Magna.

El compromiso que los legisladores locales han asumido con sus representados debe trasladarse de manera íntegra a un plano más amplio que lo juzgue como un compromiso nacional que denote una óptica social que asegure libertad y participación de todos lo mexicanos. Esta actitud debe verse como parte del Constituyente Permanente que proclama y protege la identidad nacional.

*Presidente de la Gran Comisión del Congreso del Estado de Puebla, LIV Legislatura.